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Por el amor a la cerveza y sus amigos…


Chuck Donohue (izquierda) en Vietnam

Esta historia comienza un día de noviembre de 1967 en el Doc Fiddler’s, uno de los numerosos pubs del barrio neoyorquino de Inwood. Inwood es el barrio más norteño de la isla de Manhattan, por aquel entonces poblado fundamentalmente por descendientes de irlandeses (en la actualidad predominan los latinos, especialmente los dominicanos), y con un fuerte sentido de comunidad: era el típico barrio donde casi todos se conocen y se ayudan entre ellos cuando lo necesitan.

Entre los parroquianos del Doc Fiddler’s estaba John Donohue, al que todos llamaban Chick. Donohue, de 26 años, era un antiguo Marine que por entonces se ganaba la vida como marino mercante. Aquel día el barman del Fiddler’s, George Lynch, apodado El Coronel, estaba bastante enfadado.

Por todo el país se multiplicaban las protestas contra la guerra de Vietnam, y a Lynch eso le parecía una falta de respeto para los soldados que estaban allí combatiendo.

En aquel momento estaban movilizados en Vietnam varios soldados de Inwood, chicos a los que conocía de toda la vida, y sentía que no se estaba valorando su sacrificio. Lynch acabó diciendo que alguien debería a ir a ver a esos chicos e invitarlos a una cerveza para hacerles saber que no les habían olvidado. Y Donohue pensó, «Bueno, ¿por qué no?«. 

Los siguientes días, Chick Donohue estuvo yendo y viniendo por Inwood, viendo a viejos conocidos, haciendo preguntas, hasta que logró tener una lista con los nombres de un puñado de soldados de Inwood que estaban entonces en Vietnam y las unidades en las que servían.

Acto seguido, lió su petate, se hizo con unas cuantas cajas de cerveza PBR, y se embarcó en el Drake Victory, un carguero que partía de Nueva York cargado de municiones rumbo a Vietnam.

Un par de meses mas tarde, Donohue y el Drake Victory arribaban al puerto vietnamita de Qui Nhon. No así las cervezas; dos meses en alta mar se hacen muy largos, y para cuando llegaron a su destino Donohue se las había bebido todas.

Pero no era un gran problema; en un puerto nunca faltará donde conseguir alcohol. Así que Chick se hizo con más cerveza y se dispuso a seguir con su plan.

Nada más llegar tuvo su primer golpe de suerte: un grupo de policías militares se presentó para inspeccionar el Drake Victory, y Donohue se dio cuenta de que sus insignias eran de la 127ª Compañía de Policía Militar, la unidad en la que servía uno de los nombres de su lista, Tommy Collins. Donohue se llevó aparte a uno de los policías para preguntarle por Collins afirmando ser su cuñado.

Collins llegó poco después y su sorpresa fue mayúscula. «Chickie Donohue, ¿qué demonios estás haciendo aquí?» Y Donohue respondió: «He venido a traerte una cerveza«. Y tal como se había propuesto, compartió unos tragos con Collins antes de partir en busca de los demás nombres de su lista.

Chick Donohue (derecha) y Ricky Duggan (segundo por la izquierda, mirando a cámara)

Y así, durante las siguientes semanas, Chick Donohue recorrió un Vietnam en guerra tachando nombres de su lista.

De una ciudad a otra, de una base a otra, Donohue se pasó meses buscando a sus amigos, vestido con unos vaqueros y una camisa («Era una zona de guerra y allí estaba él paseando como si fuera a jugar al golf o a cualquier otro sitio» diría Collins), viajando como podía, en convoys militares, en helicópteros de transporte, en aviones de correo, para darles sus cervezas (y también algunos mensajes de sus familias).

Ni el hecho de verse envuelto en plena Ofensiva del Tet (una de las mayores ofensivas de los norvietnamitas), ni haberse quedado varado en tierra cuando el Drake Victory partió sin esperarle, le hicieron desistir.

Finalmente, en marzo de 1968, tras haber encontrado a cuatro de los seis nombres de su lista, Donohue decidió que ya era hora de regresar. Consiguió llegar a la embajada norteamericana en Saigón y allí le encontraron hueco en un vuelo a Manila, donde pudo embarcarse en un buque que regresaba a EEUU. 

De vuelta a Inwood, el Doc Fiddler’s era una parada obligada. Los habituales del local se quedaron con la boca abierta cuando Donohue, sin darle demasiada importancia, les contó lo que había estado haciendo durante los últimos meses.

Lynch, en silencio, sirvió cervezas para todos los presentes, incluido él mismo, y levantando su bebida, brindó «por Chickie, que llevó a nuestros chicos cerveza, respeto, orgullo y cariño, maldita sea«. La historia convirtió a Donohue en una celebridad local.

«No tuve que pagar por una cerveza en Inwood durante mucho tiempo«, admitiría el propio Donohue.

Los seis chicos de la lista de Donohue regresaron vivos a sus hogares. Todos admitirían más tarde lo mucho que significó para ellos la inesperada visita de su amigo.

Bob Pappas, uno de ellos, que pasaba entonces por un mal momento, diría que «Ver a Chickie me animó para convencerme de que iba a conseguir volver«.

Ricky Duggan le dijo de aquel momento que «Verte aparecer allí de aquella manera nos recordó que de verdad había gente en casa que se preocupaba por nosotros«.

Algo que refrendó Collins: «Ese es Chickie, uno de los mejores y más chiflados tipos que jamás querrás conocer«.

Chickie Donohue, de 81 años, ha relatado historias de taberna desde su adolescencia, pero hay una en particular que ya no tiene que contar.

Se trata de su absurdo e improbable viaje a Vietnam en 1967 para llevarles a sus amigos soldados una cerveza y un abrazo de apoyo desde su barrio natal de Inwood, en el alto Manhattan.

Por décadas, este se convirtió en un relato ampliamente conocido y poco creído en las tabernas de Inwood y entre los compañeros “topos” de Donohue, los mineros urbanos que excavan túneles para trenes y agua en las profundidades del lecho rocoso de la ciudad.

Pero en la actualidad, Donohue está tan asombrado como cualquiera al ver cómo su historia pasó de los bares polvorientos y los túneles embarrados de Nueva York a la pantalla grande.

El relato se ha convertido en “Operación Cerveza”, una comedia de aventura dirigida por Peter Farrelly y protagonizada por Zac Efron como Donohue. Se estrenó en los cines el 23 de septiembre y llegará a Apple TV+ el viernes 30 de septiembre.

Chickie Donohue

Durante sus cuatro meses en Vietnam, Donohue visitó a cuatro amigos. Todos sobrevivieron espantosas giras de combate para poder regresar a casa. Todos siguen vivos y se reúnen con regularidad para cenar en Nueva York.

Cuando la película se estrenó este mes en el Festival Internacional de Cine de Toronto, los productores les pagaron los vuelos y todos los demás gastos para que asistieran. Sin duda fue algo radicalmente diferente a las modestas raciones que comían en las trincheras llenas de lodo.

En esta oportunidad, disfrutaron de lujosas habitaciones de hotel, estipendios diarios para comida de 250 dólares, una alfombra roja y una proyección en la que los amigos se ganaron una ovación de pie.

Hace algunos días, un día después de regresar a casa, Donohue puso un billete de 100 dólares en la barra de Tubby Hook Tavern, en Inwood. Su amigo Rick Duggan, de 74 años, estaba sentado a su lado.

El propietario, Niall Henry, le dio una palmada en el hombro a Donohue y le dijo: “A ver Chickie, eres un tipo bien parecido, pero por favor, ¿Zac Efron? Qué va”.

“Nunca había oído hablar de él”, dijo Donohue. “Pero mi nieta me dijo que había hecho esto y lo otro, así que pasó la prueba de autenticidad de la familia”.

Donohue, cuyo nombre de nacimiento es John, creció en Inwood cuando solía ser un enclave irlandés-estadounidense repleto de bares. Hacía mandados para los tipos viejos de los clubes demócratas y los locales de apuestas.

Donohue afirma que para finales de 1967 ya conocía a más de 20 jóvenes del vecindario que habían muerto en la guerra de Vietnam.

“La historia recorrió todo el vecindario, pero algunas personas estaban escépticas”, afirmó Duggan, un teniente jubilado de la policía de la ciudad de Nueva York que creció en el mismo edificio de Inwood que Donohue.

Duggan les mostró a los clientes del bar fotografías de Donohue comiendo con su unidad de patrullaje de emboscada. Las imágenes las capturó en Vietnam con la cámara Kodak Instamatic que su madre le había enviado.

La manera en que la historia de la “operación cervecera” pasó de los bares de Inwood a la pantalla grande es en sí mismo otro relato vertiginoso de Chickie. Andrew Muscato, uno de los productores de la película, lo explica: “Haber hecho esta película fue casi tan improbable como la misma operación cervecera de Chickie”, y requirió “el mismo tipo de arrogancia e ingenuidad que se necesita para llevar cerveza a una zona de guerra”.

Donohue afirmó que la historia comenzó con la huelga del New York Daily News de 1990, cuando los propietarios tenían la intención de publicar un “periódico de esquiroles” a pesar del paro laboral.

Donohue contó que frustró los esfuerzos de la directiva al desviar su envío ferroviario de papel periódico canadiense a las Dakotas, con la ayuda de sus aliados sindicales.

Durante la huelga, Donohue y su relato sobre la operación cervecera llamaron la atención de una reportera del Daily News llamada Joanna Molloy, quien terminaría colaborando con él en un libro de 2017 sobre esa historia, titulado “The Greatest Beer Run Ever”.

Mientras escribía el libro, Molloy conoció a Muscato, un documentalista que estaba en busca de un proyecto. Acordaron reunirse con Donohue y sus cuatro amigos de la guerra de Vietnam en un bar para escuchar la historia definitiva de la operación cervecera.

Los amigos llevaron sus fotos y Donohue mostró el pasaporte sellado emitido por la Embajada de Estados Unidos en Saigón.

Dos militares del ejército de los Estados Unidos bebiendo el único Pabst Blue Ribbon, Vietnam, 1968.

Muscato obtuvo financiamiento de Pabst Blue Ribbon para realizar un corto documental llamado igual que el libro, “The Greatest Beer Run Ever”, el cual fue ampliamente visto en el canal de YouTube de Pabst Blue Ribbon.

Muscato afirmó que su objetivo había sido documentar el viaje, “pues de lo contrario habría seguido siendo solo un fantástico relato de taberna”.

El corto documental solo duró 13 minutos, pero solidificó la credibilidad de la historia y llamó la atención de los ejecutivos de la productora Skydance, que en 2017 decidió realizar la película junto con Muscato.

El cortometraje de Muscato también captó la atención de Farrelly mientras hacía “Green Book: una amistad sin fronteras”, el largometraje dramático de 2018 que terminaría ganando el Oscar a mejor película, y quedó enganchado de inmediato.

“Tras ver un minuto me dije: ‘Esto no puede ser cierto’”, contó en una entrevista telefónica.

“El concepto, a simple vista, es ridículo: un tipo les lleva cerveza a sus amigos en la guerra de Vietnam. Es un disparate”, afirmó Farrelly, quien poco después entraría al proyecto como director.

Muscato contó que Efron leyó el guion y rápidamente contactó a Skydance con la esperanza de poder interpretar a Donohue. (Efron no estuvo disponible para comentar en este artículo).

Esto fue muy divertido para los amigos y familiares de Donohue, el que un galán como Efron interpretara a un hombre que nunca había prestado mucha atención a las apariencias, en especial cuando trabajaba bajo tierra o gestionaba el tráiler de vestuario de un sitio de construcción conocido como “la casa de cerdos”, en la que los excavadores se duchaban y lavaban su ropa de mineros una vez que volvían a la superficie.

Chickie Donohue al centro con sus amigos veteranos de Vietnam

Durante su primera vez en un plató de cine, Donohue vio a Efron y al principio le confundió el hecho de que la filmación requiriera tantas tomas.

“Al principio no me impresionó”, contó Donohue. “Pensé: ‘Dios mío, ¿es que este chico no escucha?’. He tenido muchos empleos y si hubieran tenido que decirme que hiciera algo una y otra vez, me habrían despedido de inmediato”.

Donohue luego vio que Efron estaba utilizando esas tomas para perfeccionar su interpretación.

“Me preguntó: ‘¿Hiciste esto o aquello?’. Quería mi ayuda”, afirmó Donohue. “Se sintió bien que quisiera mi participación”.

“No soy un juez de las grandes actuaciones, pero realmente creo que Efron me interpretó a la perfección”, afirmó Donohue. “Verlo interpretarme me hizo sentir la misma emoción que tuve hace unos 50 años”.

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