Historias de Tinder para no dormir: del horror de la chica que era chico al chantaje sexual con fotos…

El ESpañol(L.Garófano/D.Serrano/A.Reinosa/DDíaz-N.Pérez) — Una semana como ésta, pero de 2012, los norteamericanos Sean Rad, Justin Mateen y Jonathan Badeen lanzaban al mundo una aplicación que, diez años después, ha revolucionado en gran medida el modus operandi del ligoteo al poder hacerlo a través de una pantalla de móvil. Tinder sirve para ligar, bien sea para una única cita, esporádicas o, llegado el caso, para crear relaciones afectivas duraderas.
En una década, la aplicación Tinder ha monopolizado el sector de las citas en línea. Tiene más de 50 millones de usuarios en 2022, su principal público son los jóvenes de entre 18 y 25 años y según Forbes, en septiembre del pasado año facturó 33,8 millones de dólares en la tienda virtual de iPhone. La millonada la catapultó hacia las apps que más ingresos genera en todo el mundo.
Pero lo mismo que aporta ingresos, más que relaciones duraderas, Tinder sobre todo genera decepciones. «Muchas. Porque, para encontrar lo bonito, antes hay mil historias de horrores«, cuenta a El ESPAÑOL Carmen, una usuaria de 45 años, soltera y sin compromiso.
Para amateurs, el funcionamiento de esta aplicación es sencillo: introduces nombre, sexo, edad, ubicación y foto. Ahí es donde tiene un cometido fundamental la triquiñuela.
Usar filtros para las fotos, o utilizarlas con un tiro de cámara tan favorecedor que es capaz de regalar 50 centímetros de altura al usuario, disminuir peso o, simplemente, poner una foto antigua, de las que quitan actualmente años, o poner una que no pertenece a la persona real.
Así es como suelen darse las decepciones más comunes. Aquí, por tanto, no cuentan las rarezas, que se suelen detectar a la primera, la segunda o tercera cita, e incluso más tarde.
Eso fue lo que le ocurrió a Carmen, a Sergio, a Manuel, a Elena*… EL ESPAÑOL desgrana ocho casos de usuarios y usuarias de Tinder que mantuvieron citas, e incluso relaciones más continuadas, con contactos a través de la aplicación… y que acabaron horrorosamente mal.
– Sergio y la chica-chico
Sergio es usuario de Tinder y tiene una máxima: huir de las fotos de las chicas que parecen modelos, «porque no existen, suelen ser perfiles falsos». ¿La experiencia más surrealista? Contactó con una chica de aspecto agradable y fotos reales.
Tras hablar durante varios días «de lo divino y lo humano. Conectamos mucho y decidimos quedar en un bar».
Llegó a la hora acordada y se sentó a esperar, pero su cita no aparecía por ningún lado. «Y de pronto se me acerca un hombre y me dice que es ella, que se había hecho pasar por una mujer». Su estupor fue mayúsculo, pero hubo más.
«Me empezó a decir que todo lo que me había escrito era real, y que no importaba si él era hombre o mujer porque lo importante es el alma y el interior de las personas». Sergio pagó su consumición y se fue.

– Elena, con un crédito
Elena era hasta hace cuatro o cinco años usuaria de Tinder. Lo dejó porque conoció a su actual pareja a la antigua usanza: de marcha en un bar.
La aplicación que hacía años había borrado de su móvil volvió a su cabeza hace unos meses, cuando recibió una notificación del juzgado, en la que le reclamaban el pago de un crédito solicitado en 2018. Se quedó estupefacta, porque ni era cliente ni había pedido nada jamás a esa entidad bancaria.
«Los llamé, les mandé correos electrónicos y me dieron los datos. Un correo electrónico a mi nombre, mi DNI, y un teléfono que no era el mío», cuenta.
Habían pasado tantos años que no recordaba que coincidiendo aproximadamente con la fecha de la petición del préstamo le había desaparecido el ordenador portátil de su casa.
«En 2018, cuando lo eché en falta, llamé al chico con el que había quedado varias veces por Tinder y me juró y perjuró que él no había sido. Pero al llamar años después al teléfono con el que solicitaron el préstamo, y que ascendía ya a más de 700 euros, reconocí su voz».
«Yo a él lo dejé a la cuarta cita, durante una fiesta, porque no me gustaron varias cosas que le vi allí. Al teléfono, me reconoció que sí, que había pedido el préstamo a mi nombre, que me había suplantado la personalidad utilizando dos fotos del DNI y que había pedido un crédito y que se le había olvidado pagarlo. Pero que no lo denunciara, por favor, porque tenía antecedentes: ahora había rehecho su vida y podía ir a la cárcel. Vamos, que me cité con un delincuente».
– Manuel y los jabones
Manuel entraba con el AVE en Atocha para pasar el fin de semana en Madrid y activó la geo posición de la aplicación. Contactó con una chica morena, «muy guapa» y quedaron para cenar en una esquina del Santiago Bernabéu. Al llegar en taxi se telefonearon. «Era el doble de grande que en la foto», dice Manuel, «pero quitando eso, era agradable, así que nos fuimos a cenar».
Durante la cena se contaron más o menos sus vidas. «Yo le dije que era autónomo, y ella, que era traductora, pero que lo que más le gustaba era la cosmética natural». Hasta ahí, todo bien. «Pero es que a continuación me dijo de sopetón que hacía jabones naturales con aceites usados, de los de freír… y que se los daba a los sin techo de Madrid para probarlos. Obviamente, no fuimos más allá del postre».
– Carmen y el yogui
Carmen vive en Sevilla y el chico con el que hizo match y que conoció luego en persona a través de Tinder vivía en una casa en la Sierra de Madrid.
«Practicaba meditación y yoga, las terapias naturales… y cuando le conocí, no había mentido con su foto, era guapo y alto. Me gustó, me ilusioné, nos ilusionamos. Quedábamos en Sevilla, yo fui a verle a Madrid y me quedaba en un hotel… pasamos juntos unos dos meses, hasta que fui a su casa a quedarme. Ahí me di cuenta de que era un friki».
-¿Por qué? ¿Tenía algo en su casa raro?
-No, no. Porque se ve que ya tenía confianza y empezó a mostrarse tal y como era. Que una cosa es que a mí me guste el yoga y las terapias naturales y otra que me digan que se comunican con los extraterrestres.
«Ese fue el inicio de unas horas un poco angustiosas, porque me fui al día siguiente. Fue una cosa loquísima. Me decía que era como Neo, el de Matrix. Que vivíamos allí, en un mundo paralelo, pero que él era capaz de doblar cucharas y de pasar de un mundo a otro. Que su misión era despertar a la humanidad y que había seres superiores que hablaban a través de él. En resumen, que oía voces».
Al día siguiente cortó con él. «Se enfadó. Y a los pocos días, de madrugada, llamaron a la puerta de mi casa en Sevilla y era él. Al abrir me dijo que había sentido una llamada de las voces para viajar en autobús desde Madrid a mi casa y que las voces le decían que yo era la elegida. De buenas maneras le dije que no podía quedarse y lo llevé en coche a la estación de autobuses, le compré un billete de vuelta y lo despaché. Y le dije que como volviera a hacer algo así llamaría a la Policía».
Lo bloqueó de sus redes sociales, de su teléfono y de todo. Unos meses más tarde le envió un correo electrónico. «Me confesó que estaba yendo a terapia y que todavía me quería», dice Carmen, mientras se agarra los hombros para refrenar un súbito escalofrío.

– Lorena y el ‘terrateniente’
Lorena aún no se explica cómo le pudo suceder, y lo que es más, «cómo se me ocurrió meterme en Tinder». Es soltera, y es notaria. A través de la aplicación conoció a un cordobés que le dijo que era un terrateniente dedicado a la agricultura y la ganadería.
«Comenzamos a hablar… y la verdad es que lo hacíamos todas las noches, durante horas, al menos tres meses. Por escrito y al teléfono. Yo no podía ir a Córdoba, ni tampoco quería verlo todavía».
-Ya le habrías dicho que eras notaria…
–Sí, claro. Se lo había dicho.
-¿Y qué pasó?
–Pues que un día me pidió que le mandara fotos subidas de tono. Y a continuación, me envió una foto de su pene.
«Me quedé de piedra. Le dije que se estaba equivocando. Entonces empezó a exigirme que yo le enviara fotos semidesnuda, o desnuda, de manera muy insistente. Ahí corté todo tipo de vínculo con él. Se lo conté a una amiga que es Policía Nacional y me dijo que así es como actúan los extorsionadores: te engañan, te piden fotos, se las mandas y luego te chantajean con hacerlas públicas a cambio de dinero. Y que sabía de un caso de una chica a la que habían chantajeado y acabó pagando 10.000 euros para que las fotos no se difundieran».
– Pablo y sus fotos
«A ver, yo me estaba divorciando», explica de entrada Pablo, malagueño, a EL ESPAÑOL.
-Eso da igual. Cuenta qué fue lo que te pasó.
–Quedé con una chica italiana que conocí en Tinder. Comprobé que era real como hace todo el mundo, viéndola en Instagram. Nos liamos. Era muy guapa. Pero yo es que, dada mi situación, no quería nada serio.
El sexo real era fogoso, y cuando no se veían, lo mantenían telefónico. «Nos enviábamos fotos que nos sacábamos en esos momentos». Cuando empezó a pedirle un mayor compromiso, él le dijo que no podía, que no estaba preparado, «así que lo dejamos».
En el caso de Pablo, tras lo que le hizo no hubo un interés económico, sino despecho.
«Lo que quería era volver conmigo como fuese. Como yo no quise, cogió una de mis fotos y la envió por correo electrónico a mi empresa y a mis contactos de Facebook. Yo no quise denunciarla por no tener más líos, pero cometió el error de que se la mandó a una menor. Ahí intervino mi abogado. Se asustó y no he vuelto a saber de ella».
– Begoña y ‘el clásico’ cirujano
Begoña cuenta un caso habitual de Tinder: el que se hace pasar por un médico cirujano o un militar veterano de Afganistán -siempre norteamericanos y normalmente viudos- que usan fotos sustraídas de perfiles de redes sociales personas auténticas, y que tras la pantalla del teléfono se ocultan estafadores extranjeros.
«En mi caso, decía que era viudo, sí. Escribía mal en español, decía que era médico cirujano, y siempre te entran dando pena porque son viudos. De estos estafadores hay una barbaridad en Tinder, de los que te contactan para enamorarte y luego estafarte. Hay que tener mucho cuidado e indagar».
Por precaución, Begoña coteja a todos los hombres que contactan con ella. «Utilizo el buscador de imágenes de Google. Ahí me saltó que ese cirujano existía, pero con otro nombre en otro perfil. Yo se lo dije abiertamente: este no eres tú, estás suplantando la identidad de otra persona. Me respondió que qué insinuaba. Yo le repliqué que no lo insinuaba, que lo afirmaba, que de norteamericano nada, que era de El Congo».
– Amalia y un cabeza rapada
Amalia es habitual de Tinder y cuenta EL ESPAÑOL dos de sus historias más frikis quedando con gente que conoce en la aplicación. Es de las que se asegura que las fotos sean reales, que no hay nadie raro detrás…
Por eso, no daba crédito cuando le vio entrar en el restaurante. «Era guapetón, alto…». La conversación era agradable y estaba encantada… «Todo aparentemente normal, hasta que de pronto me cuenta que antes había sido skin head, cabeza rapada de los Ultra Sur, y que salía a dar palizas por ahí… cuando me vio la cara se apresuró a decir tratando de arreglarlo que en esas salidas no le había pegado nunca a nadie».
La segunda cita extraña también transcurrió con normalidad. Un chico mono, educado, con conversación… «Todo iba genial hasta que nos montamos en su coche. Le invité a subir a casa y me dijo que no, porque era del Opus Dei y que no podía mantener relaciones sexuales, pero que pensaba que yo era la mujer de su vida y que se quería casar conmigo».

– Un estafador roba 20.000 euros a una murciana al estilo del ‘timador de Tinder’
La Guardia Civil ha detenido en Alicante a un hombre de 34 años como supuesto autor de una estafa cometida en Caravaca (Murcia) a través de este tipo de timos románticos. El individuo, de nacionalidad nigeriana, contactó con la víctima a través de redes sociales.
Mantuvo el contacto con ella de forma digital, ya que nunca se llegaron a ver, hasta que hizo creer a la víctima que mantenían una relación sentimental para después sacarle 20.000 euros en diferentes transacciones económicas.
Al parecer, la denunciante mantenía contacto con un individuo que decía ser un prestigioso médico de origen sudamericano y a través de chats, mensajes y otra correspondencia digital, entablaron una amistad que se consolidó en poco tiempo en una supuesta relación sentimental.
Su interlocutor, con distintas excusas, la fue convenciendo para que le enviase dinero que, en diferentes transacciones, llegó a alcanzar un total de 20.000 euros, si bien, nunca llegaron a mantener una conversación telefónica o presencial.
Investigadores de ciberdelincuencia, en colaboración agentes del Puesto de Moratalla, iniciaron las primeras indagaciones recopilando la información que había llegado a la víctima a través de distintos canales digitales, lo que permitió determinar que podía tratarse del conocido método del ‘romance scam’.
El ‘romance scam’ es un método delictivo que se inicia con la creación de falsos perfiles en redes sociales o en aplicaciones de citas. Para captar a sus víctimas y encubriendo su verdadera identidad, se hacen pasar por prestigiosos profesionales residentes fuera de España.
Después de un periodo de tiempo en el que logran su confianza, en algunos casos haciéndolas creer que mantienen una relación sentimental, sugieren ciertas necesidades económicas que son financiadas por éstas.
Uno de estos casos de estafadores del amor se descubría en Palencia, el pasado mes de febrero. Un hombre de 43 años se había aprovechado de la confianza de dos mujeres para sustraerles 12.000 euros en joyas y dinero. Este estafador les había hecho creer que mantenían una relación sentimental estable, y así ir obteniendo pequeñas cantidades de dinero, a modo de préstamo.
De hecho, con una de ellas llegó a convivir en su domicilio durante meses haciendo creer que eran una pareja feliz y estable. Así, poco a poco, fue obteniendo estos supuestos préstamos (en dinero y joyas) hasta hacerse con 5.000 euros en efectivo y otros 6.000 euros en joyas. Pero cuando la mujer se dio cuenta del engaño y finalizaron la relación, este desapareció sin dejar rastro, al estilo de Simon Leviev.
Y una vez finalizada esta primera relación, al mismo modo que el estafador de Netflix, el hombre desplegó sus dotes de seducción con una segunda mujer, a la que convenció para que le llevara a su casa en varias ocasiones, aprovechando este romance para sustraerle efectos y dinero en efectivo, antes de desaparecer de su vida, al igual que con la víctima anterior.
Un comportamiento que denota una total frialdad en estos sujetos. Como ya indicaba el reportaje de Netflix, se trata de personas sin escrúpulos para conseguir sus objetivos económicos. Tienen una gran capacidad para convencer y embaucar a sus víctimas, sabiendo cómo mostrarse y qué decir en cada momento. Y con esa misma frialdad abandonar la falsa relación una vez obtenido el beneficio o si son descubiertos.

Pues a un caso similar se enfrentó una vecina de Ávila. El pasado mes de mayo, esta mujer denunció haber sufrido una estafa por parte de una persona que había conocido a través de Facebook. En este engaño, varios estafadores se hicieron pasar por un agente especial de seguridad de EE. UU., que trabajaba para la ONU en inteligencia militar y que actualmente se encontraba en Siria, porque había sido herido en una pierna, y necesitaba su ayuda
Aquí, la estafa comenzaba incluso antes del primer contacto con la víctima. Los estafadores recopilaban de previamente la información que constaba de ella en Internet, para saber todo lo posible de ella, y así orientar mejor los mensajes que le enviaban para ganarse su confianza. El siguiente paso era pedirle amistad en Facebook, ganarse su confianza, y convencerla de seguir el contacto fuera de dicha red social, para poder borrar dichos perfiles, no dejar rastro, y burlar los controles de seguridad de Facebook.
Tras lograr el embaucamiento, los ciberestafadores convencieron a la víctima de que este supuesto agente especial tenía una importante cantidad de dinero que quería sacar de Siria por temor a que se lo quitaran. Después pedían ayuda a la víctima para que se los guardara, pues tenía previsto venir a España para conocerla, recuperarse de las heridas, e incluso establecerse en España con ese supuesto dinero.
Una vez esta mujer de Ávila aceptó el trato, una falsa empresa de seguridad se puso en contacto con ella, para comenzar a pedirle distintas cantidades de dinero, con la excusa de solventar diferentes trámites necesarios para que la supuesta caja que portaba el dinero a custodiar llegara a su poder. El engaño incluía hasta una supuesta clave que le permitiría abrir la caja y recuperar el dinero que estaba enviando previamente y así recuperar la cuantía prestada.
Fue uno de las entidades bancarias, a las que acudió para pedir un préstamo para este fin, quien la alertó de que podría estar siendo víctima de una estafa. Momento en el que la mujer acudió a la Policía Nacional de Ávila, que, tras una laboriosa investigación dio con los estafadores en Guadalajara, donde fueron detenidos.
– Perdió 18.000 euros por un falso novio virtual
El caso más reciente es el de una vecina de Soria, a la que tres ciudadanos nigerianos le estafaron 18.290 euros, con el método del falso novio virtual. En este caso, las similitudes con el estafador de Tinder son casi idénticas.
Esta mujer conoció a su supuesto novio a través de una página de contactos (como Tinder), y creyó estar iniciando una relación sentimental con los estafadores, que aprovecharon su vulnerabilidad y confianza para dejarle sin sus ahorros.
Los estafadores mostraron un falso interés amoroso en la víctima y, sin haberse visto nunca, iniciaron una relación vía virtual.
Tras tener la confianza plena de la mujer, comenzaron a solicitarle sumas de dinero, con el pretexto de no poder disponer de su propio patrimonio porque esta supuesta pareja se encontraba en otro país, o engañándola sobre que podía colaborar en causas benéficas que este supuesto novio gestionaba.
Un engaño que duró unos tres meses, hasta que la víctima, finalmente, se dio cuenta del engaño y presentó denuncia en comisaría. Un gesto que llevó a la Policía Nacional a iniciar una investigación internacional por la que pudieron identificar a los tres hombres, de nacionalidad nigeriana, como presuntos autoras de estos hechos.

Salt, el Tinder para cristianos: «Si eres virgen, podemos ser amigos»
Salt es la aplicación creada por cristianos y para cristianos solteros dispuestos a encontrar el amor y compartir la fe. No es que otras aplicaciones te expulsen por ser creyente, es que a veces es complicado mantener una cita con alguien que no tiene fe si la tuya es muy fuerte.
Lo pueden comprobar con una conversación real que mantuvo uno de los dos reporteros con una amiga suya, cuando le dijo que se había descargado la aplicación para ver cómo funcionaba.
—¿Ah, pero hay una app de citas para cristianos exclusivamente?
—Sí, se llama Salt.
—Pues menos mal. Que una vez quedé con uno a través de Tinder, era del Opus Dei y no lo dijo hasta la cena. Todo muy bien, muy cariñoso y buena persona, pero yo quería otra cosa. Para perder el tiempo, mejor que encuentre alguien con su misma fe.
La aplicación llega a España. El anuncio que acababa de salir en Instagram iba a pasar a mejor vida. Una chica decía algo sobre un fondo verde y ya habíamos deslizado con el dedo hacia la derecha. Sin embargo, un segundo le valió para hacernos volver a él. «Salt, una app de citas para cristianos». ¿Qué? ¿Cómo? ¿Eso existe?
La moviola mostraba a la chica de nuevo. La errata era grande, pero dejaba claro lo que ofrecía. «Las citas entre cristianos son incómodas», decía el texto del vídeo. En realidad, se refería a que, en tiempos un poco iconoclastas, podía ser incómodo mostrar tu fe en una cita concertada a través de aplicación. Sobre todo porque la sexualidad marca los encuentros en muchas ocasiones.
Así que alguien ha aprovechado ese nicho de mercado. Apuesta por lanzar una especie de Tinder especializado en el cristianismo, como otras aplicaciones se centran en otros aspectos personales. Pero, ¿quién podía haber ahí dentro? ¿Qué buscan los que se registran aquí? ¿Cómo funciona esto? ¿Entendemos que la bondad acompaña a la fe aquí dentro?

Una imagen de la aplicación.
Salt Group Ltda, una empresa radicada en Londres, es la fundadora de la compañía. Los ideólogos son dos teóricos cristianos Paul Rider y Erti-Chris Eelma.
En su propia web —aún no tienen redes sociales en español— explican el proyecto. «Creamos SALT porque pensamos que había una forma mejor de que los cristianos se conocieran, tuvieran citas y se casaran».
«Conocer a personas que no pertenecen a tu iglesia puede ser bastante complicado. Las citas por Internet pueden resultar incómodas, torpes y caras. Y todo ello puede ser bastante embarazoso y estar lleno de presión», dice el siguiente párrafo.
Se dieron cuenta de la oportunidad y se lanzaron a trabajar: «Nos hemos puesto manos a la obra y hemos creado una forma mejor de que los cristianos se conozcan. SALT está aquí para ayudar a que las citas cristianas sean un poco menos incómodas y mucho más divertidas».
Todo se crea en torno a la fe. En la zona de quiénes somos, la aplicación expone: «Somos un pequeño equipo con una gran visión para transformar las citas cristianas (…). Rezamos para que seas bendecido por tu tiempo en SALT uy para que seas capaz de bendecir y amar a otros en todo lo que hagas y digas»
Pero, ¿cómo funciona la aplicación? ¿Qué hacen aquí los usuarios? ¿Cómo se accede? ¿Hay realmente aquí sólo cristianos?

– Diferencias con Tinder
Se descarga la aplicación en su móvil. Uno con IOS y la otra con Android. Funcionan igual. El corazón es me gusta. La flecha de la derecha es que pasas y la de la izquierda es para ver la lista de los rechazados. Se puede enviar una introducción. Para ver más información de los usuarios deslizas hacia abajo, como Bumble, otra aplicación de citas, sólo que en ese caso el primer paso lo dan las chicas.
Vemos que el registro es similar a Tinder, con algunas diferencias: aquí lo primero que se te pide es que leas los valores de la aplicación y describas tu fe o relación con Dios.
Todo es buen rollo en el inicio. «Antes de que podamos presentarte a algunos cristianos solteros maravillosos, debes completar tu perfil (…) ¡Sé honesto, sé tú mismo y no olvides sonreír!«.
Luego debemos agregar una respuesta de fe: «Nuestra fe es la razón por la que todos estamos en Salt (…) Comparte algo para ayudar a las personas a entender quién eres tú y lo que Jesús significa para ti». ¿Segura que es la fe lo que nos ha traído hasta aquí?
Además, hay que rellenar unas respuestas dentro de cada capítulo: Yo en un instante; Menos que perfecto; Recuerdos; Influencias; y Fe. Cada uno de ellos contiene una serie de preguntas que el usuario debe responder.
Una vez dentro, esto es Tinder: subes fotos, nombre, edad, si fumas o no, si tienes niños o si bebes alcohol. Hay otra diferencia abismal a priori con la aplicación de citas más descargada. Aquí no se puede verificar, de momento, el perfil. Por lo tanto, está abierto a poder subir fotos de cualquiera y falsear tu usuario.
Eso sí, más vale que no te pillen. La aplicación avisa de que eliminará a todos los perfiles falsos ante cualquier denuncia. «No hay periodo de reclamación», expresa. Vaya, que si alguien te denuncia estás fuera.
En realidad, el hecho diferencial está en que aquí puedes mostrar tu fe sin miedo a que eso eche para atrás a la otra persona.
– Vamos a ligar
Las diferencias con Tinder no son demasiadas. Aquí las conversaciones empiezan igual y los hombres dan más me gustas que las mujeres. El contador del reportero apenas suma una treintena de megustas en total, mientras que la reportera en menos de 12 horas llega al +99.
Hablando con otros usuarios, la mayoría ha llegado aquí a través de redes sociales: Facebook o Instagram —en las ciudades medianas y pequeñas aún no hay muchos usuarios registrados, así que sube el rango de búsqueda—. Encontramos sólo dos casos de personas que han llegado hasta aquí sin haber visto el anuncio en redes. Uno es un chico que dice ser embajador de la aplicación y otro que cuenta estar obligado por un amigo.
Nos interesa saber la historia del primero. Asegura que contactaron con él a través de Instagram, que él es «católico a su manera» y que no cobra por charlar con otros usuarios. Su única misión fue descargarse la aplicación y, por ello, le daban el SALT premium de manera gratuita.
No es influencer ni nada por el estilo. De hecho, mentía con su nombre en la aplicación, que carece de un verificador facial como tiene Tinder. Por lo tanto, no sabemos si decía la verdad.
Además, ser embajador de Salt es relativamente fácil. A los días de descargarnos la aplicación, nos llega un correo: nos ofrecen la oportunidad de tener este rol a cambio de dar nuestra opinión. Nos tienden la mano por el hecho de ser uno de los primeros usuarios de Salt España.
– Versión de pago
Salt es gratis, pero tiene una versión de pago. «El emparejamiento es más fácil con la lista de todos los que han dado un like», dice la app. El precio es de 8 euros la semana; 18 euros el mes y 35,99 euros los tres meses.
Las ventajas son: tener en tu mano la lista completa de los que te han dado ‘like’, ver más personas al día —están limitadas—, enviar 10 intros al día —es una opción para enviar un mensaje a la vez que das ‘like’—, que tu perfil se muestre de los primeros «en la sección de encuentros» y ver a todos los usuarios que has descartado.

En una aplicación religiosa, descartamos de manera casi automática que pudieran haber más relaciones aparte de las heteronormativas. Pero aquí no parece haber problemas para los miembros del colectivo LGTBI.
El reportero activó en su búsqueda un botón para hacer match con otros hombres. Y, efectivamente, había varones en la aplicación que buscaban tener una relación con otros hombres. El perfil de uno de ellos era inquietante: «Mi corazón anhela amar a Dios y al prójimo. Ser ordenado sacerdote el 25 de septiembre».
Otro prejuicio roto fue el de las relaciones prematrimoniales. Aunque todos buscaban aquí una relación estable, cuando la reportera dijo que no había tenido sexo vaginal anteriormente —en teoría pecado religioso—, hubo quien se lo reprochó. «Lo que has hecho tú es más guarro», le llegaron a exponer. También le espetaron que no era conveniente no conocer a tu pareja sexualmente antes del matrimonio: «Si eres virgen, podemos ser amigos».
Esta aplicación está abierta a muchas congregaciones cristianas. Y para ligar aquí también hay que saber —al menos de lo que a religión se refiere—. Por ejemplo, preguntar a alguien si le gustan las procesiones de Semana Santa sin conocer a qué congregación religiosa pertenece puede ser un craso error —cometido por nuestro reportero—: si la otra persona es evangélica no estará muy de acuerdo y todo se puede romper.
Para evitar esto, mejor no preguntar si una persona es católica, puesto que el catolicismo se amplía en otras ramas, como la Carismática. Sí, también fallamos ahí. Te lo decimos por si después de leer este reportaje te has sentido tentado de hacerte Salt porque piensas que ligarás fácilmente engañando a personas bondadosas: tranquilo, amigo no cristiano, mejor cada uno en su casa y Dios en la de todos.
Deja un comentario