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las hermanas Mitford, una conocida saga de aristócratas del siglo XX…


Las Mitford (de arriba a la izq, en el sentido del reloj): Unity, Jessica, Diana, Nancy, Deborah y Pamela.

Tu Otro Diario(C.Barreiro)/BBC News(L.Spence)/Mujeres en la historia(S.F.Valero)  —  Hijas del Lord y Lady Redesdale, conocidos como Farve y Muv, las seis chicas Mitford -Nancy, Pamela, Diana, Unity, Jessica y Deborah- fueron criadas en un ambiente excéntrico.

Cuando David Mitford y Sydney Bowles se casaron, el 6 de febrero de 1904, él tenía veintiséis años y ella, veinticuatro.

Más que por su pedigrí –David era un miembro menor de la aristocracia–, el matrimonio llamaba la atención por su porte. Poseían unos ojos de un impactante tono azul, que heredó casi toda su prole.

Cuando se convirtió en heredero de los Redesdale, en 1915, ya tenía cinco hijos: Nancy (1904), Pamela (1907), Thomas (1909), Diana (1910) y Unity (1914), concebida esta en Swastika, Canadá, donde sus padres fueron a la búsqueda de oro.

Este dato, así como el segundo nombre de Unity, Valkyrie, adquiere un tono profético. Ante la desesperación de su padre, las dos siguientes criaturas fueron también mujeres. Jessica (“Decca”), nacida en 1917, y Deborah (“Debo”), en 1920.

En sintonía con la Inglaterra post victoriana, las Mitford se educaron con un mínimo contacto con sus progenitores, a los que veían, como mucho, una hora al día. David no creía en la educación de las mujeres, y no hizo provisión alguna para que sus hijas fueran a la escuela. Mientras Tom era enviado a Eton con ocho años, las hermanas recibieron básicamente lecciones en casa con una ristra de institutrices.

Vivían en la pobreza absoluta en casonas señoriales y creían en poltergeist, predestinación y supersticiones varias.

El odio que su inculto padre le tenía a los extranjeros, católicos y cualquier persona «ajena» terminó inculcándole a sus hijas una actitud individualista y la confianza para defender sus firmes opiniones.

Su domesticada madre -algo poco común en una era en la que las tareas del hogar eran exclusivas de los sirvientes-, les dio a las chicas una saludable dosis de sentido común.

En algún momento, adquirió gallinas con la idea de venderle huevos a los restaurantes elegantes de Londres; en otro, dejó de usar servilletas de lino, porque costaba mucho lavarlas.

A su suerte

Las niñas tenían que seguir una dieta kosher: los mariscos, las salchichas y «el sucio cerdo» eran prohibidos.

La razón era la extraña creencia de que el cáncer era menos prevalente entre los judíos.

Comían Kosher, aunque no eran judíos; no creían en la medicina ni el colegio, pero sí en espíritus.

La medicina era denegada y las operaciones se realizaban sólo cuando ya no había más remedio.

El colegio no era bien visto, por el riesgo de que las niñas desarrollaran pantorrillas gruesas jugando al hockey.

Esta falta de educación formal afectó especialmente a Nancy y a Jessica, las más inquietas intelectualmente.

“En algún lugar arreciaría la lucha por una educación igualitaria para las mujeres […] pero a Swinbrook nunca llegó ni el más leve eco de la polémica”, escribió Jessica en Nobles y rebeldes, sus memorias. Nancy se moría por aprender más de lo que tenía a su disposición en casa.

Como resultado, una sucesión de institutrices chifladas intentaron educar a las hermanas Mitford.

A lord Redesdale le preocupaba, sobre todo, que sus hijas pudieran conocer a un tipo de chicas “inadecuado” y que las obligaran a jugar a hockey y desarrollaran las pantorrillas.

Su esposa tenía otros prejuicios, en su caso, contra la medicina. Salvo casos de extrema urgencia (como una apendicitis), los doctores estaban vetados. Tampoco quiso vacunarlas.

Pero el excéntrico número uno en la familia fue lord Redesdale, cuyos divertimentos (como organizar “cacerías” de niños a modo de juego) fueron debidamente reflejados por Nancy en sus novelas. También sus filias (la primera, como es de esperar, la caza) y sus fobias.

Como el personaje de “tío Matthew”, lord Redesdale era básicamente un misántropo: “Según mi padre, los forasteros no incluían solo a alemanes, franchutes, yanquis, negros y el resto de extranjeros, sino también a los hijos de los demás […]; de hecho, a la ingente población sobre la faz de la Tierra, con la excepción de algunos parientes, aunque no de todos”, escribió Jessica.

Pero, aparte de una nana a la que adoraban y a la que llamaban Blor -que era firme pero justa-, las niñas fueron abandonadas a su propia suerte.

Pese a la cerrazón paterna, las Mitford empezaron a casarse, prácticamente la única opción para salir de casa en aquel entonces. Diana, que llegó a ser considerada la mujer más bella de la época, fue la primera. A los 18 años contrajo matrimonio con Bryan Guinness, de la dinastía cervecera.

El matrimonio Guinness fue uno de los puntales de la Bright Young People: jóvenes aristócratas y bohemios que se divertían en el Londres de finales de los prósperos años veinte. Este grupo fue reflejado por Evelyn Waugh en la sátira Cuerpos viles, donde describió el sinfín de fiestas que conformaban su principal actividad.

No obstante, gracias a su inteligencia, belleza y mordaz sentido del humor, la prensa las empezó a presentar como celebridades antes de que hicieran algo para merecer tal halago.

Deborah Mitford: duquesa de Devonshire

Deborah era la menor de las hermanas Mitford, una conocida saga de aristócratas del siglo XX

La menor de las hermanas Mitford llegó a convertirse en un referente de la vida social y cultural de la Inglaterra de la segunda mitad del siglo XX. Casada en 1941 con lord Andrew Cavendish, el fatal destino provocado por la Segunda Guerra Mundial los elevó a la categoría de duques de Devonshire, uno de los títulos más distinguidos de la aristocracia británica.

Tomó el té con Hitler, pero no fue nazi. Sin embargo, adoraba a Elvis Presley, le gustaba el rock, el expresionismo abstracto y el pop.

Convirtió su fabulosa mansión de Chatsworth en la residencia más visitada de toda Inglaterra, por la que desfilaron desde el primer ministro Harold Macmillan al diseñador dominicano Oscar de la Renta.

La reina Isabel II no dudó en nombrarla dama comendadora de la “Real Orden Victoriana” por la colaboración desempeñada en los servicios de restauración de su patrimonio.

Quizá sea la más ortodoxa de las hermanas, aunque nunca aburrida: su propio esposo llegó a pasearse con una camiseta en la que se leía “Nunca te cases con una Mitford”.

Mitford fue nombrada dama comendadora de la “Real Orden Victoriana” por la reina Isabel II

Deborah nació en 1920, en la casa solariega de Asthall Manor, en el condado de Oxforshire, que la familia había comprado apenas un año atrás y en la que vivirán hasta 1926.

Era la pequeña de las hijas de David Ogilvy, lord de Redesdale, y su esposa, Sydney Bowles, excéntricos miembros de la aristocracia campestre británica que, tras embarcarse en imprudentes proyectos empresariales, parecían socavar su fortuna.

Por encima de ella, en edad, estaba su hermana Nancy, futura novelista; Pamela, millonaria por matrimonio de apariencias; Diana, casada con el líder fascista Oswald Mosley; Unity, nazi convencida, y Jessica, la “oveja roja” del clan por su militancia comunista.

Así que la llegada al mundo de Deborah fue como un nuevo jarro de agua fría para el inefable barón Redesdale, firme partidario de Neville Chamberlain, que aspiraba, al menos, a tener otro hijo varón ya que el único hombre de la saga, Tom, se veía disminuido ante tal elenco de femineidad.

Deborah, del brazo de su flamante esposo, Andrew Cavendish, futuro duque de Devonshire, tras darse el ‘sí, quiero’

Pero eran otros tiempos y, aunque el hermano estudió en Eton, ellas recibieron una parca formación intelectual que suplieron sabiamente con su arrojo en una casa en la que reinaban las extravagancias parentales.

Pero ellas, entraron pronto en los círculos de la buena sociedad y se hicieron un hueco por su carácter snob en el Londres previo al estallido de la Segunda Guerra Mundial.

En 1941, en una Inglaterra que resistía heroicamente al blitz alemán, Deborah se casaba en Londres con Andrew Cavendish, segundo hijo del duque de Denvonshire, título creado en el siglo XVII pero que no parecía destinado a heredar el imponente legado patrimonial compuesto por más de 40.000 acres de tierra y varios castillos.

Ella lucía una sencilla tiara floral y él, uniforme del ejército británico, en el que servía como teniente.

La duquesa de Devonshire dedicó todo su esfuerzo a la restaurazón del patrimonio del ducado ante las ausencias de su marido 

A pesar de la guerra, pronto llegaron los hijos y en 1944 una trágica noticia que iba a cambiar su destino: el hermano de Andrew, Willian, primogénito del duque, fallecía en combate aéreo en Bélgica apenas cuatro meses después de haber contraído matrimonio con Kathleen Kennedy, hermana del futuro presidente americano y que en esas fechas comandaba una lancha torpedera PT-109 en el Pacífico Sur.

Aquella muerte convertía a Deborah en marquesa de Hartington y flamante depositaria de uno de los títulos más importantes del Reino Unido. En 1950, con el fallecimiento del patriarca, pasaba a ser la duquesa consorte de Devonshire.

El matrimonio se trasladó a Chatsworth, ahora de su propiedad y una de las residencias históricas más imponentes de Reino Unido pero que se encontraba casi en estado de abandono.

Andrew comenzó una nepótica carrera política en los gabinetes de su tío Harold Macmillan hasta que decidió integrarse en el Partido Social Demócrata.

Ante tantas ausencias y la afición a la bebida de duque, Deborah decidió ponerse al frente de la restauración del patrimonio que integraba el ducado, instalando cuartos de baño, calefacción y todo tipo de comodidades que permitiesen convertir el castillo de Chatsworth en el enclave perfecto para las reuniones de sociedad más cosmopolitas de su tiempo.

Los invitados quedaban fascinados ante los Rembrandt, Murillo o Veronese que colgaban de sus paredes. Pero, en las pocas horas libres que le quedaban, Deborah vivía como una latifundista inglesa dada a la caza del zorro, las competiciones ecuestres y la cría de gallinas, que tanto le gustaban. Algo estrafalario tenía que tener.

Deborah Mitford falleció en septiembre de 2014 y a su funeral acudieron el Príncipe Carlos de Inglaterra y Camila Parker-Bowles, duques de Cornualles 

En la madurez y ya viuda -Andrew falleció en 2004- dejó la casa principal a su hijo para instalarse en una vivienda cercana en la que escribió sus memorias. Deborah Mitford, duquesa de Devonshire, murió el 24 de septiembre de 2014.

Diana Mitford: la musa inglesa del fascismo

Diana Mitford tuvo una vida tan apasionante que fue llevada a televisión

Es una de las llamadas “Kardashian” de mediados del siglo XX: todo lo que las Mitford hacían era objeto de comentarios y alboroto.

De familia aristocrática, unas se hicieron fascistas, otras abrazaron el comunismo y alguna llegó a convertirse en exitosa novelista.

De las seis hermanas, Diana, la más guapa, protagonizó una vida tan apasionante que la televisión no dudó en llevarla a la pequeña pantalla como uno de los personajes de la sexta temporada de la serie ‘Peaky Blinders’.

De izquierda a derecha, Unity, Diana y Nancy, tres de las seis hermanas Mitford, en la década de los 30 

Diana nació en junio de 1910, en la casa familiar del condado de Oxforshire, en Inglaterra. Era la tercera de las hijas de David Ogilvy, lord de Redesdale, y su esposa, Sydney Bowles.

De familia perteneciente a la alta sociedad, sus padres tenían fama de excéntricos y snobs pese a que su economía no parecía pasar por un momento boyante.

Educaron a sus hijas con institutrices, aunque de manera anárquica y privándolas de la práctica de deporte para no engordar las pantorrillas o ir a la Universidad.

Pero todo aquello no las privó de codearse con lo más granado de la sociedad que empezaba a moverse por los salones londinenses del periodo de entreguerras.

Era la Inglaterra de Jorge V y Diana, de deslumbrante atractivo –llegó a ser considerada la mujer más guapa de su tiempo-, conoció en 1929 al heredero de la millonaria dinastía cervecera irlandesa, Bryan Guinness.

Los ojos de Diana, azul zafiro, conquistaron al joven aspirante a escritor y la boda se celebró por todo lo alto en la iglesia de Santa Margarita, de Westminster. Ella llevaba un fabuloso vestido en raso adornado con incrustaciones en pedrería y una tiara floral que causó sensación en los semanarios de moda de la época.

Bryan Guinnes quedó fascinado con Diana nada más conocerla, en 1929, y se casaron ese mismo año en la iglesia de Santa Margarita, de Westminster 

El matrimonio ofrecía veladas en su residencia de Chelsea que congregaban a Lytton Strachey y al mismo Winston Churchill.

La novela de Evelyn Waugh, ‘Cuerpos Viles’, está dedicada a estos festejos. Aquello solo era comparable al glamour que desprendía Margatet Whigham, futura duquesa de Argyll.

La pareja tuvo dos hijos, pero en 1934 llegó el divorcio. Diana se había enamorado nada menos que del apuesto Oswal Mosley, el fundador de la “Unión Británica de Fascistas” que había debutado en política como ministro del laborista Ramsay McDonald.

Él pertenecía también a la aristocracia y estaba casado -con una hija del virrey de la India, George Curzon-, pero eso no impidió que se hiciesen amantes. La casa que Diana había adquirido en el elitista barrio de Belgravia se convirtió en su nido de amor y conspiraciones políticas.

El naciente fascismo británico abogaba por un fuerte nacionalismo que devolviese el esplendor imperial a una Gran Bretaña desplazada económicamente por Estados Unidos tras el final de la Gran Guerra y humillada en Sudáfrica por los bóers.

Mosley aspiraba a ser una especie de fürher británico y Diana estaba dispuesta a servirle como apoyo.

En la imagen, Diana Mitford (a la derecha), aún casada con Bryan Guinness, aparece con sus dos hijos y con su hermana Unity 

Diana se convirtió en una asidua visitante de Alemania e invitada de honor en los Congresos Nacionales del Partido que se celebraban en Nuremberg.

Ella y su hermana Unity, convencida nazi, estaban fascinadas por el potencial que el nacionalsocialismo estaba desplegando sobre Europa.

Para las Juegos Olímpicos de Berlín que se celebraron en 1936, dicen que Hitler puso un Mercedes con chófer a su disposición.

Semanas después, Diana y Mosley se “casaban” en el salón de la residencia de Goebbels, todopoderoso ministro de Propaganda, ante el mismísimo Adolf. La pareja tuvo un único hijo en 1938.

En un contexto de anexiones y expansionismo territorial, el inicio de la Segunda Guerra Mundial parecía inevitable.

Diana y su esposo tuvieron que acogerse en Inglaterra a un régimen de vigilancia forzosa debido a sus claras afinidades fascistas que les llevó a una especie de reclusión en una granja en los terrenos de la prisión de Holloway, cerca de Londres.

Habían pasado de ser los amos de la buena sociedad al matrimonio más odiado del Reino Unido. Y eso que Diana mantenía cierto parentesco familiar con Clementine, la esposa de Churchill.

Diana comenzó a salir con Oswal Mosley estando él aún casado y, años después, ya como pareja oficial, tuvieron su único hijo en común 

Diana y Mosley pasaron los últimos años de su vida en Francia, en un palacete en las afueras de París cercano al de los “exiliados” duques de Windsor, el antiguo soberano Eduardo VIII y su mujer Wallis Simpson, con los que compartían simpatías políticas.

Siguieron manifestando su apoyo público al “Unión Movement”, el partido heredero del fascismo inglés. En su madurez, Diana publicó dos libros de memorias.

Diana Mitford murió en la capital de Francia en 2003 como consecuencia de una apoplejía. Era viuda desde el fallecimiento de Oswald Mosley en 1980.

Jessica, la hermana comunista de las Mitford que participó en la Guerra Civil

Jessica Mitford sería repudiada y desheredada por sus sus padres a causa de sus ideales políticos en la época en la que los totalitarismos estaban en pleno auge

Pertenecía a la aristocracia campestre inglesa.

Pero no dudó en convertirse en la “oveja roja” de la familia por la defensa del comunismo y el enamoramiento de un Brigadista Internacional que luchaba en la Guerra Civil Española.

Mientras sus hermanas adoraban a Hitler e idolatraban los fascismos, ella, Jessica Mitford, repudiada por sus padres, se marchaba a Estados Unidos para volcarse con unos ideales que también terminaron decepcionándola.

Jessica cuando tenía 6 años, junto a su hermana Unity, de entonces 9, que abrazaría el fascismo de adulta mientras que ella sería fuerte defensora del comunismo 

Obligada a testificar frente al “Comité de Actividades Antiestadounidenses” durante el mcarthismo, ejerció el periodismo y lucho por los derechos civiles en la convulsa américa de Martin Luther King. Su libro autobiográfico, ‘Nobles y rebeldes’, es una genial sátira de la sociedad del siglo XX.

Jessica era la quinta de las escandalosas hermanas Mitford. Hija de David Ogilvy, lord de Redesdale, y su esposa, Sydney Bowles, había nacido en 1917 en la mansión familiar de Swinbrook House, en el condado de Oxforshire.

Sus padres tenían fama de excéntricos y se ocuparon poco de proporcionar una educación a las jóvenes, que se criaron marcadas por las apariencias de una familia que veía menguar su patrimonio.

Tales eran las rarezas de sus progenitores, que la propia Jessica cuenta en sus memorias cómo empezó a “ahorrar” con apenas doce años para poder huir del sofocante entorno parental.

Una de sus hermanas mayores, Diana, de belleza extraordinaria, era ya una de las socialités más destacadas de la Inglaterra de Jorge V tras su matrimonio con Bryan Guinness, heredero del imperio cervecero irlandés y posterior esposa de Oswal Mosley, fundador de la “Unión Británica de Fascistas”.

Jessica, en Bermeo durante la Guerra Civil 

Pero Jessica era diferente, aunque también se sumó a aquel fervor totalitario: el problema es que lo hacía en el lado comunista.

Menos agraciada físicamente, conoció en Londres a finales de 1936 a un joven pariente, Esmond Romilly, convaleciente por enfermedad tras su participación como brigadista en la sección de ametralladoras del batallón Thaelmann que luchó en el frente de Madrid al inicio de la Guerra Civil.

De claras simpatías comunistas, el idealista Romilly era, a su vez, sobrino de Clementine Hozier, la sufrida esposa de Winston Churchill.

Jessica –apodada Decca- y Esmond no tardaron en enamorarse y marchar de nuevo a tierras españolas para batirse contra lo que consideraban la amenaza del fascismo.

Ella llevaba una cámara fotográfica que había cargado en la cuenta de su padre y él se disponía a enviar sus crónicas para el News Chronicle, periódico por el que acababa de ser contratado.

Ni siquiera la intervención del ministro de exteriores británico, que dio órdenes a un barco de la armada para recoger a la pareja en el puerto de Bilbao, sirvió para disuadir a los enamorados de aquella aventura.

Pero a finales de 1937, Decca y Esmond estaban de vuelta en la capital británica, instalados en el barrio industrial de East End, tan alejado del entorno de lujo y glamour en el que habían pasado su infancia.

Mitford acabó renunciando al comunismo y consiguiendo la nacionalidad estadounidense 

Ya casados, aunque desheredados por las familias, tuvieron un primer hijo que falleció al poco de nacer y decidieron emigrar a los Estados Unidos.

Ahí, en tierras trasatlánticas pensaban poder desarrollar mejor sus inquietudes igualitarias, todavía fascinados por la emoción de la política en la década de los 40.

Pero el estallido de la Segunda Guerra Mundial forzó a Esmond Romilly a alistarse en la Real Fuerza Aérea Canadiense. Desapareció en combate a finales de 1941 mientras regresaba de un bombardeo contra los nazis.

Ella consiguió un empleo como secretaria en la Administración Federal y vivió en Washington hasta que conoció a Robert Theuhaft. Él era un conocido abogado especializado en derechos civiles, miembro activo del Partido Comunista de Estados Unidos, casado, con el que se marchó a California.

Comenzaban los días del macarthismo, las delaciones y el llamado “peligro rojo”. Pero ellos, decepcionados con el desarrollo del comunismo en la Unión Soviética, renunciaron a su militancia a comienzos de los 60.

En la imagen, Jessica, junto a su segundo marido, Bob Treuhaft, sostiene la segunda parte de su autobiografía, ‘A Fine Old Conflict’ 

Quizá por eso, Jessica pudo obtener la ciudadanía estadounidense que tanto anhelaba.

Desde entonces ella pudo dedicarse al periodismo publicando sus trabajos en revistas como EsquireFrontier o el diario Atlantic Monthy, llegó a trabajar en la Universidad Estatal de San José e hizo incluso incursiones en el mundo musical.

Decca Mitford, la más rebelde de las hermanas, falleció de cáncer de pulmón en 1996 en San Francisco.

Unity (1914-1948)

Unity Mitford nació el 8 de agosto de 1914. Tras una infancia a la sombra de sus hermanas y hermano, Unity se acercó a Diana cuando esta empezaba su escandaloso romance con un inglés afín al incipiente nazismo.

Cuando Diana y Unity asistieron al congreso del partido, supo que debía permanecer como fuera en Alemania y acercarse todo lo posible al Führer Adolf Hitler, cuyo discurso la atrapó.

Unity, la inquieta hermana de la mitad, siguió los pasos de Diana y se unió a la causa facista: se puso una camisa negra y desfiló en Hyde Park, insultando a los comunistas.

A los 19 años, se fue a Alemania donde colmó su ambición de conocer a Hitler, inmiscuyéndose en su círculo íntimo y sumiéndose en la política nazi.

Su perseverancia dio sus frutos y terminó conociendo personalmente a Hitler. Unity permaneció cerca de él llegando incluso a provocar los celos de su compañera Eva Braun. Unity consiguió vivir en Alemania durante cinco años en el círculo más cercano al Führer.

La amenaza de una guerra inminente con Inglaterra no hizo cambiar de opinión a Unity. Mientras Diana regresaba a casa, su hermana pequeña permaneció en Alemania. Sin embargo, la situación era cada vez más peligrosa para ella, ciudadana de un país enemigo.

Desesperada, en vez de volver con los suyos, decidió quitarse la vida. Unity se pegó un tiro en la sien pero sobrevivió.

El balazo en Alemania en 1940 la mató en 1948.

Fue trasladada a un hospital de Munich donde recibió constantes visitas de Hitler, quien se hizo cargo de todos los gastos. Poco tiempo después fue trasladada a un hospital de la zona neutral de Suiza donde su madre y su hermana Deborah fueron a buscarla.

Unity nunca renegó de sus ideas. Tampoco se recuperó de la brutal herida provocada por ella misma. Los daños cerebrales producidos por el disparo nunca sanaron y la bala permaneció en su cabeza durante los nueve años que aún permaneció con vida.

No obstante, años después, murió porque la herida de esa bala se le infectó. El 28 de mayo de 1948 falleció de meningitis.

Su vida, triste y desperdiciada, inspiró más furia que lástima.

Nancy (1904-1973)

Nancy Mitford nació el 28 de noviembre de 1904. A pesar de ser la primogénita de los Mitford, no tuvo una estrecha relación con sus padres, quienes, como muchas parejas de la alta sociedad, delegaban no sólo la educación sino también el cariño, en institutrices y sirvientes de su lujoso pero frío hogar.

Nancy fue educada en casa, a excepción de un breve periodo de tiempo que fue enviada a la Francis Holland School.

Nancy pasaba largas horas en la biblioteca del hogar familiar, alejada de sus hermanos pequeños, con los que no disfrutaba jugando, aunque sí atormentando. A los diecisiete años, Nancy consiguió que sus padres le permitieran marchar de casa para estudiar en Hatherop Castle, una escuela privada elitista para jóvenes de alta cuna.

Nancy empezó a disfrutar de su vida fuera de casa y un año después viajó con algunas de sus compañeras por distintas ciudades europeas.

Con motivo de su dieciocho cumpleaños, Nancy Mitford fue presentada en sociedad con un gran baile y acudió a la corte donde conoció al rey Jorge V. Convertida en una joven hermosa y rica de la alta sociedad británica, Nancy disfrutó de su juventud acudiendo a todos los bailes y fiestas que podía.

Enamorada de Hamish St Clair-Erskine, hijo de un conde escocés, se prometieron en secreto a pesar de la homosexualidad de él, algo que Nancy no pareció haber notado o no le importaba.

Durante aquellos años, Nancy empezó a desarrollar su talento como escritora colaborando con varias revistas y escribiendo varias novelas, mientras rechazaba todas las propuestas de matrimonio que recibía, enamorada como estaba de Hamish.

Un amor que se vio traicionado en 1933 cuando él le confesó que tenía intención de casarse con la hija de un rico banquero. Poco tiempo después de la desaparición de Hamish de su vida, Nancy se comprometió, esta vez oficialmente, con Peter Rodd, hijo de un barón inglés, con quien se casó a finales de 1933.

Nancy se casó con Peter Rodd en 1933.

Nancy Mitford se refugió en la escritura mientras su matrimonio hacía aguas. A pesar de que Peter mantenía relaciones extramatrimoniales, en 1938 Nancy descubrió que estaba embarazada. Sin embargo, perdía al bebé meses después.

Nancy era socialista.

Al final de la guerra, se libró de un matrimonio aburrido mudándose a París, donde escribió sus famosas novelas.

Al año siguiente, viajó junto a Peter al sur de Francia para ayudar a los refugiados que habían cruzado la frontera española huyendo de la Guerra Civil. Una experiencia que hizo crecer en Nancy un profundo sentimiento antifascista, algo que provocaría el alejamiento con algunas de sus hermanas, como Unity, abiertamente defensora del nazismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, Nancy colaboró con organizaciones de ayuda a la población civil, como la Air Raid Precautions, experiencias que fueron fuente de inspiración para su siguiente novela. Nancy colaboró también en la causa a favor de los judíos que huían de Alemania y las zonas del continente ocupadas por el nazismo.

En 1942, Nancy conoció a Gaston Palewski, un coronel francés que colaboraba estrechamente con el general Charles de Gaulle en Londres. Nancy y Gaston mantuvieron una relación discreta viéndose cuando él permanecía en Inglaterra o a través de carta cuando debía alejarse de ella. En esta época, Nancy escribió otra novela, The Pursuit of Love, con la que, finalmente, se convertiría en una escritora de éxito.

Al finalizar la guerra, su matrimonio con Peter hacía tiempo que estaba agotado, terminarían divorciándose en 1957, por lo que Nancy, enamorada del coronel francés, se mudó definitivamente a París donde se volcó de lleno en la escritura. La secuela de The Pursuit of LoveLove in a Cold Climate, escrita en 1948, fue recibida con el mismo entusiasmo.

Nancy Mitford trabajó en la traducción de obras de otros autores y publicó varios ensayos históricos, como los que dedicó a la marquesa francesa Madame de Pompadour o Luis XIV. En 1968 escribía la que sería su última obra, una biografía sobre Federico el Grande, mientras su relación con Palewski se iba desdibujando por momentos.

El golpe final llegó con el anuncio de la boda de su amante con una rica heredera en 1969. Por aquel entonces, Nancy ya estaba enferma, tenía un tumor que le provocó intensos dolores. El 30 de junio de 1973, un linfoma terminaba con su vida.

Se vestía de Dior y tenía un affaire sin esperanzas con la mano derecha de Charles de Gaulle, Gaston Palewski.

Pamela (1907-1994)

Pamela Mitford nació el 25 de noviembre de 1907, tres años después que su hermana mayor Nancy.

Como ella y sus otras hermanas, creció rodeada de gobernantas e institutrices hasta que contrajo matrimonio con un rico científico llamado Dereck Jackson en 1936 con el que se fue a vivir al campo. Su matrimonio duró pocos años, se divorciaron en 1951.

A diferencia de sus hermanas, que disfrutaron de la vida en sociedad en las grandes ciudades europeas, Pamela permaneció en su idílico paraíso rural, rodeada de caballos y perros.

Solamente dejó su hogar en momentos puntuales como en la década de los sesenta que viajó a Suiza acompañada de su amiga Giuditta Tomassi, amante también de los caballos.

Recorrió Europa en auto sola y fue una de las primeras mujeres en volar en un avión transatlántico comercial.

De vuelta a Inglaterra, volvió a refugiarse en la vida rural, viajando sólo de manera esporádica, hasta que falleció el 12 de abril de 1994.

Su gusto por la aventura se equilibraba con una domesticidad tranquila, y era feliz en su hogar, en su huerta y cuidando a los animales.

Fuentes de inspiración inagotables

Escritores de ficción de época y de novelas históricas en todo el mundo se han inspirado en las vidas de las hermanas Mitford.

El escritor y creador de la exitosa serie Downton Abbey no habría podido crear a Violet, la condesa viuda de Grantham, sin unas onzas de la agudeza de Nancy Mitford.

Fue gracias al ojo para la parodia de Nancy que se destiló el humor del diálogo de las clases altas.

Su famoso ensayo sobre el lenguage de la clase alta y la popular fue ridicularizado y acusado de ser esnob cuando se publicó, pero realmente era una gran burla al provincialismo de los años 50.

Después se estableció como una guía para los alpinistas sociales.

Las Hermanas Mitford .

Diana fue la inspiración para la protagonista de la novela «Cuerpos viles» del novelista británico Evelyn Waugh.

Deborah fue pintada por Lucian Freud.

Y, curiosamente, a un ataúd de cartón le pusieron el nombre de Jessica Mittford.

El poeta John Betjeman, quien estuvo enamorado de Pamela, las celebró con versos que empezaban: «¡Las chicas Mitford! Yo las amo por sus pecados».

Asthall Manor, residencia de las hermanas

Eternas

Debido a su asociación con los dictadores de los años 30, y de sus lazos familiares con Winston Churchill (Clementina Churchill era la prima de Lord Redesdale), las seis hermanas Mitford tuvieron un lugar en la primera fila de los grandes eventos del siglo XX.

A pesar de haber sido sujeto de innumerables documentales, biografías y volúmenes de cartas, el sexteto no ha perdido su capacidad de seducción.

Novelistas o agricultores, facistas o comunistas, plebeyos o duques, todos pueden encontrar una chica Mitford a la medida.

La muerte de la última hermana marcó el fin de una era, pero para los entusiastas de la entre guerra, la fascinación no tiene fin.

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