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Lujuria …


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significados.com/Moncloa(E.Ortíz)/Mejor con Salud(R.L.Rodríguez)/La Razón(A.Mansoliver)  —  La lujuria es el vicio opuesto a la castidad, apetito sexual descomedido.

Asimismo, es la exuberancia o abundancia en algunas cosas que estimulan los sentidos, por ejemplo, “su guardarropa ofrece una lujuria de accesorios”.

La palabra lujuria se origina del latín luxus que significa “abundancia” o “exuberancia”.

También se le asocia con la palabra lascivia que se refiere al “deseo sexual incontrolable”.

La lujuria puede ser usada como sinónimo de lascivia, excitación, sensualidad, voluptuosidad, concupiscencia, entre otros.

Entre los antónimos que se pueden emplear para el término lujuria están castidad, rescato, pudor, pureza, entre otros.

Por otra parte, lujurioso es un adjetivo que se emplea para señalar a la persona entregada a la lujuria. Asimismo, lujuriante es aquel individuo vicioso, lozano y que posee enorme abundancia.

Los comportamientos lujuriosos se caracterizan fundamentalmente por el arrebato o furia y el descontrol sexual que se manifiesta en el comportamiento de los individuos.

En el área de la psicología, la lujuria está relacionada con los pensamientos posesivos con respecto a otra persona. Esto se considera un asunto de cuidado porque el individuo puede tomar una actitud peligrosa, ya que, la misma adquiere un nivel patológico que puede generar comportamientos complejos y graves.

Por ejemplo, abusos sexuales, violaciones, adulterio, prostitución, entre otros.

No obstante, se han creado diversas leyes en muchos países a fin de que las personas que se han visto afectas, de diversas maneras, por los actos lujuriosos de otros individuos puedan hacer la denuncia correspondiente y condenar dichos actos.

Cabe destacar que, los actos de lujuria al ser desmedidos e incontrolables por aquellos quienes los experimentan, en muchas ocasiones no toman las precauciones necesarias y pueden contraer o contagiar a los demás con diversas enfermedades de transmisión sexual.

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‘Así eran los días antes de Noé’, obra del siglo XVII

Lujuria en la Biblia

La lujuria es un término que se plantea en diversas creencias religiosas. Por ejemplo, en elislam la lujuria es toda relación sexual fuera del matrimonio, por su parte, enel budismo e hinduismo la lujuria forma parte de las angustias o males causantes del dolor.

Ahora bien, la lujuria para la religión cristiana es uno de los siete pecados mortales comprendido dentro de la clasificación de los vicios concupiscibles o deseos de posesión que puede cometer el ser humano por el incontrolable deseo sexual.

La lujuria es un pecado mencionado en el sexto mandamiento de Dios que señala “no cometerás actos impuros”.

Por ello, se considera la lujuria como un comportamiento pecaminoso o inmoral,tal como se indica la Biblia en el libro Mateo, capítulo 5, versículo 28, en el cual se menciona que cualquier individuo que mire a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.

Se debe aclarar que en la religión católica sostiene que el deseo sexual no es malo, más bien se refiere al mal uso del sexo como la lujuria, el cual es considerado como una anomalía del apetito sexual humano.

Como en muchas otras ocasiones, al término lujuria también le hemos ido dando un significado con el paso del tiempo que no tiene mucho que ver con el origen de la palabra. Lo conocemos como el apetito desordenado e ilimitado de los placeres carnales, aunque surgió como un término para referirse a otra cosa que se alejaba de las actuales connotaciones sexuales que conlleva.

De forma etimológica, la palabra proviene del latín “Luxuria”. El significado de la misma, en su forma original, era “lujo desmedido” y “derroche excesivo”. Sin embargo, llama la atención que al principio poco o nada tenía que ver con el sexo.

Con el paso de los años, hemos ido añadiendo nuevos significados cuando se ha ido interrelacionando con otros términos para referirnos a cómo la conocemos hoy en día.

Es muy interesante conocer el origen de los términos para saber cómo han evolucionado con el paso del tiempo. Descubre el verdadero origen de “lujuria” (y no tiene nada que ver con el sexo).

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De Roma al cristinanismo, así evolucionó el término lujuria

Cuando el cristianismo llegó a los gobiernos romanos a partir del siglo IV el significado del término se vio modificado. A partir de entonces, la palabra se usaba para poder referirse a cualquier tipo de derroche desmedido que los más ricos solían hacer para que todos los demás supieran que gozaban de un estilo de vida superior al resto.

La religión cristinana no dudaba en comparar los excesos de dinero y bienes con los vicios y perversiones sexuales, dándole al término un significado mucho más relacionado con el sexo. Además, esto se relacionaba precisamente con quienes más poder y dinero tenían en la Antigua Roma.

Es por eso que se modificó la acepción de la palabra y se cambió el significado por “desenfreno sexual”. Las personas que eran más dadas a la práctica desmedida y entrega a los placeres carnales empezaron a ser conocidas como personas “lujuriosas”.

Este, además, es el significado que ha llegado hasta nuestros días. Este significado también ha ido variando para adaptarse a las distintas circunstancias y pensamientos que predominan en las sociedades a lo largo de los siglos.

La condena de las religiones

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Desde que el cristianismo llegara a Roma, todas las religiones han ido condenando la lujuria.

De hecho, para el catolicismo, el término es incluso un pecado capital.

Por ejemplo, para el hinduismo, también está señalado como uno de los cinco males.

En general, todas las religiones consideran que el deseo sexual ya es por sí mismo lujurioso, aunque no pertenezca al campo de la obsesión, como hemos comentado anteriormente.

La condena moral a este término se vincula con prácticas que no están bien vistas en el ámbito de las relaciones, sobre todo las extra matrimoniales.

De acuerdo al principio teológico, las religiones afirman que la fuente de amor es Dios. En el momento en que se ama a Dios, podemos amar al resto de seres humanos. No obstante, si ese amor a Dios no existen, no puede existir tampoco hacia el prójimo.

Cuando se intenta poseer a otro sujeto con el fin de obtener amor alejándonos de Dios, aparece la lujuria como la entendemos en la actualidad. Por lo tanto, estaremos hablando de la deshumanización del ser que amamos.

Para luchar contra este pecado, la respuesta religiosa debe ser el amor a Dios y el reconocer al otro como objeto de creación divina.

En el momento en que nos volvemos a acercar a Dios, somos capaces de amar al resto de seres humanos y recuperamos esa “humanización” que perdemos con la lujuria de acuerdo a ciertas religiones

La lujuria, también condenada en la actualidad

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Pero no solo tenemos que irnos hasta las prácticas religiosas para condenar la lujuria. A pesar de que su origen no fue sexual, con el paso del tiempo y de los siglos, lo cierto es que su significado actual sí está muy ligado al sexo.

Además, nuestra sociedad ha heredado los conceptos anteriores incluso para aquellos que no se consideran religiosos. De forma directa o indirecta, esta se sigue condenando.

El deseo sexual lujurioso es aquel considerado como incontrolable, desordenado o exagerado. Nos referimos a una persona lujuriosa cuando esta no piensa en las consecuencias que pudieran tener sus actos.

Es decir, se mueve de forma impulsiva. De hecho, en algunos aspectos, ahora el significado está también muy cerca de enfermedades como la ninfomanía. Esa necesidad irracional de obtener sexo en cualquier momento y lugar sin poderlo controlar.

Estas personas, como las consideramos actualmente, se perfilan por no tener otras gratificaciones vitales. Lo que es lo mismo, no son capaces de disfrutar con otras artes como la música o la lectura, pues los pensamientos lujuriosos no lo permiten.

A día de hoy se llega a considerar un problema grave cuando es ese impulso sexual el que nos domina y no somos nosotros quienes lo controlan. Si alguien necesita sexo en todo momento puede incluso a tener problemas con sus parejas.

Este puede ser el significado más grave del término, pues se convierte en un problema para nuestra salud.

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¿Cuál es la diferencia entre lujuria y amor?

La lujuria y amor son dos conceptos que están vinculados con las relaciones, en especial las de pareja. Rara vez es posible diferenciarlos bien y es por ello que en este artículo trataremos de arrojar algo de luz al respecto.

En una relación de pareja el deseo es una parte muy importante para disfrutar de unas relaciones sexuales plenas y satisfactorias. Sin embargo, este concepto se utiliza en variadas oportunidades desde un prisma negativo.

Solemos hablar de lujuria cuando una persona solo busca tener relaciones sin compromiso. En la actualidad, podemos observar esto en los vínculos de amigos con derecho a roce.

Por lo tanto, la lujuria no tiene que estar ligada al amor. Son dos conceptos que pueden ser independientes el uno del otro. Pero, ¿puede haber lujuria en el amor?

Lujuria y amor pueden estar relacionados, aunque no siempre tiene por qué ser así. El amor implica muchas más cosas, como compromiso, deseo de construir algo con otra persona (familia, hijos, planes a futuro) y querer vivir múltiples experiencias con ella.

Aunque muchas parejas se desean y podríamos hablar de la lujuria desde un aspecto positivo, hay personas que son asexuales. Esto quiere decir que no sienten deseo, pero sí amor por otro. Por lo tanto, la lujuria y el amor pueden estar unidos o no.

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A pesar de todo lo ya mencionado sobre lujuria y amor, resulta necesario condensar algunas de las diferencias más importantes para arrojar más luz sobre estos dos conceptos. Encuentra lo más relevante en la siguiente lista.

– Con la lujuria solo importa el físico

El físico es algo muy importante cuando se siente lujuria. Es por esto por lo que el término se utiliza de una manera despectiva en ocasiones.

Una persona que solo quiere estar una noche o pasarlo bien entre las sábanas, pero nada más, se mueve por la lujuria. El deseo que siente se basa en el aspecto físico y en la atracción más simple.

– En el amor hay sentimientos

Cuando hablamos de amor no podemos dejar de lado a los sentimientos. Aunque hay momentos de lujuria (deseo), lo que se siente por la otra persona siempre está ahí.

Cariño, respeto y admiración son algunas de las palabras que mejor nos pueden ayudar a definir esto. Sin embargo, una persona lujuriosa puede no tener sentimientos por los demás.

– La lujuria busca la satisfacción sexual

Algo que diferencia a la lujuria dentro de una relación de amor o la lujuria por sí sola es la satisfacción sexual. Disfrutar de las relaciones íntimas sin llegar al orgasmo no tiene por qué ser frustrante. Hay muchas muestras de cariño, conversación, mimos y disfrute del proceso, aunque no culmine. Pero cuando solo hay lujuria, todo esto está ausente y el objetivo es la obtención del placer.

– El amor es duradero

La lujuria es algo momentáneo, por lo que las relaciones que solo se basan en esto (sin compromiso) no se sostienen. No hay nada más.

En cambio, en el amor hay otra serie de componentes, como el compromiso, la lealtad, tener un objetivo en común, compartir momentos más allá de la cama… Es un sentimiento generoso.

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La lujuria y el amor: ¿amigos o enemigos?

Como hemos podido analizar, la lujuria y el amor pueden estar presentes, juntas, en una relación amorosa. Cuando la lujuria se toma como esos momentos de deseo y pasión que toda pareja experimenta, no se tiene por qué ver como algo negativo.

Sin embargo, hay parejas asexuales que pueden prescindir de ese deseo. Y también personas que dejan el amor a un lado para centrarse en la lujuria.

Cuando esto último sucede, las relaciones se vuelven líquidas, frágiles y egoístas. Solo importa la satisfacción de las propias necesidades y se le presta poca atención a los sentimientos del otro.

Los dioses de la lujuria en las diferentes religiones del mundo

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La Bacanal de los Andrios, por Tiziano.

El asunto del amor es endiabladamente complicado. El veneno de las flechas de Cupido caduca tras unos pocos meses fuera de su funda, los olores que nos embriagan al cruzarnos con esa persona rápidamente se ven sepultados por olores nuevos y más intensos.

Los dioses del amor son demasiado complejos, demasiado caprichosos, demasiado dependientes de los vaivenes de los sueños.

En cambio, los dioses del sexo y la lujuria. Esos nunca fallan. La lujuria (que, por cierto, procede del vocablo romano que se utilizaba para calificar los excesos de cualquier índole, sexual o no) mantiene una constante de sudor y jadeos prácticamente inamovible.

No importa que tengas catorce años y andes experimentando con los primeros tanteos del deseo, treinta, cincuenta, ochenta años mientras sorbes el vermú en la terraza con los ojillos acezantes y puestos en las chavalas que transitan, no importa que seas hombre o mujer, alto o bajo, rico o pobre, loco o cuerdo. Los dioses de la lujuria nos acompañan con una fidelidad casi enternecedora.

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Eros y Psique.

Eros

Si hablamos de los dioses de la lujuria y del sexo, en Europa podemos considerar a Eros como el más importante de todos ellos, y nosotros hemos estirado su nombre hasta otorgarle muchísimas variantes: de él nacen el erotismo, lo erótico, la erotomanía, el erotómano…

Pero la historieta que rodea a este dios griego es en extremo compleja e interesante para los estudiantes de psicología.

Resulta que, como todo dios de la lujuria que se precie, Eros nació de la relación adúltera entre Afrodita (diosa de la belleza) y Ares (dios de la guerra), conformando así su genética una especie de lascivia rabiosa acompañada por la enternecedora atracción hacia la hermosura.

Pero atención ahora: cuando Afrodita encargó a un Eros ya adulto que fastidiara a una tal Psique porque era muy guapa y Afrodita la envidiaba, el dios del amor y del sexo se enamoró de esta humana y se la llevó a escondidas a su palacio.

Por miedo a que Afrodita descubriera su secreto, solo acudía a visitar a su amada durante la noche, a escondidas, con sigilo, y así copulaban diariamente Pisque y Eros al abrigo de la oscuridad.

No fue hasta mucho después que ocurrieron mil tragedias griegas más y Eros suplicó a Zeus que convirtiese a Psique en una diosa, para disfrutar plenamente (y con la luz encendida) el uno del otro.

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Pan y Siringa. El dios Pan la encontró un día cuando bajaba del monte Liceo, se enamoró de ella y empezó a perseguirla hasta que la ninfa se lanzó al río Ladón.

Pan

En la complejidad de la cultura griega no podemos señalar a un único dios como artífice de la lujuria de los hombres.

Es probable que, si la asignatura de la lujuria dependiese de un único dios, faltarían horas del día y años de inmortalidad para que la deidad pudiera hacerse cargo de todos estos asuntos.

Así encontramos en la asignatura de la lujuria, junto con Eros (y Afrodita, Príapo, Eos, Potos, etc.) al dios de los pastores Pan.

Habitualmente representado bajo la forma de un fauno con el pene erecto, también se considera la deidad que representa todo lo salvaje, la falta de control de los impulsos, la masturbación y la lujuria, hasta el punto de que Diógenes contaba, medio en broma medio en serio, que Pan aprendió el arte de la masturbación de su propio padre para luego enseñárselo a todos los pastores.

Algo completamente natural cuando conocemos que existen cerca de diez versiones sobre quienes eran sus padres, que es el dios más bastardo del panteón griego y que su nombre significa, literalmente, “hijo de todos”. Telita.

Telita porque la palabra pánico procede de este dios, al que también se le atribuía el poder de provocar la locura en los seres humanos.

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La diosa Rati subida en su extraño corcel.

Rati

Es de sobra conocido el libro Kama Sutra entre los amantes de lo erótico. A quién conozca sus tejemanejes y los haya disfrutado sin sufrir una luxación muscular, le digo que gran parte del mérito en la autoría del libro se la lleva la diosa hindú Rati.

Que es la esposa, fíjate que casualidad tan estremecedora, es la esposa del dios Kama, el dios del amor hinduista que, al igual que Cupido, también tiene un arco para lanzar flechas con que enamorar a los más despistados.

En las representaciones de Rati solemos encontrarnos con la diosa subida a un curiosísimo caballo creado a partir de cuerpos femeninos (ver foto para comprender lo inexplicable) o completamente desnuda y copulando con su esposo Kama mientras el dios Chhinnamasta se decapita a sí mismo y se desangra sobre ellos. Y si esto no es lujuria, que suba Asmodeo y lo vea.

Aunque luego hablaremos de Asmodeo. Sin embargo, uno de los puntos a favor de Rati es su increíble belleza, capaz de aplacar al mismísimo Shiva y gracias a la cual podemos considerarla algo parecida a la niña mimada de los dioses hinduistas, que todo lo que pide lo consigue gracias a su carita angelical.

Xuan Nu

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Entre las deidades chinas relacionadas con la sexualidad, quizá destaque la figura de Xuan Nu, cuyo nombre se traduce como “la dama misteriosa”.

Se trata de una personalidad sumamente compleja, por lo habitual representada con la cara de una bella mujer y el cuerpo de un ave.

Junto con su hermana Sunü conforma las artes taoístas del dormitorio (una especie de Kama Sutra taoísta).

La figura de Xuan Nu llama la atención por los atributos que se amoldan a su faceta sexual: además de ser considerada una diosa de la guerra, gracias a la ayuda que prestó al semilegendario Emperador Amarillo durante la guerra contra uno de sus mayores rivales, también es tildada como una “maga sexual” que puede conseguir la prolongación de la vida gracias a la práctica adecuada de las artes amorosas.

En Xuan Nu encontramos la guerra unida a la sexualidad, tal y como ocurrió en la historia de Eros y su padre Ares, y la sexualidad unida a la salud física, tal y como mencionan los médicos del siglo XXI.

Parece esclarecedor que los chinos de la antigüedad ya comprendían la conexión entre el bienestar corporal unido a una sexualidad sana.

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Freyr y su hermana Freyja, dioses de la fertilidad, sembrando la primavera desde el cielo.

Freyr

Ahora vamos a enfrentarnos a una curiosa deidad. Entendemos que, para que exista un dios de la lujuria, debe existir el concepto de lujuria como tal, y cualquier sociedad que no considere la lujuria, no podrá fabricar un dios que la represente.

Este es el caso de los violentos vikingos. Debido a que su cultura estaba delimitada por una moralidad muy diferente al resto de religiones (pocas otorgan un sitio especial en el Cielo para los asesinos) y que su sociedad, aunque patriarcal, otorgaba amplios derechos y libertades a las mujeres, no existe en su ideología un dios de la lujuria propiamente dicho.

Lo más próximo que encontramos es Freyr, una divinidad de la fertilidad del campo, las lluvias y el sol, la virilidad y la “fertilidad fálica” (la fertilidad masculina) así y como el sexo y el amor.

Pero no encontramos en su figura connotaciones violentas como la guerra, escandalosas como la masturbación, escatológicas como las decapitaciones.

Freyr se trata de una deidad relajada y prácticamente pura, casi inocente e incluso emparentada de forma tradicional con la actual monarquía sueca.

En esta divinidad podemos analizar cómo la sexualidad puede ser, en algunas religiones, motivo de placer y de felicidad, de orgullo o incluso, de una forma enrevesada que solo los vikingos comprenderían con claridad, de castidad digna de un sitio en el Valhalla.

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Representación moderna de Anuket. 

Anuket

Nos zambullimos de lleno en las diferencias culturales.

Cuando decimos que no podemos imaginar los hechos del pasado desde nuestra mentalidad, o que no podríamos comprender la mentalidad de nuestros antepasados, siempre debemos poner como ejemplo a la diosa egipcia Anuket.

Era, sin duda, la diosa de la lujuria en la época de los faraones. Y sin embargo se representaba con una cabeza de gacela, grácil y delicada, incluso tierna, que son atributos prácticamente opuestos al concepto que guardamos actualmente de la lujuria.

Esto se debe a que Anuket era además la diosa del Nilo y de la abundancia, la deidad a la que los egipcios rezaban para que sus cosechas fueran fértiles y que el Nilo trajese agua suficiente cada año.

Para ellos, la lujuria se resumía, no solo al deseo enloquecido de los cuerpos humanos, sino también a la lujuria (mucho más poética) del Nilo inundando y penetrando los campos de cultivo.

En Anuket, como en Freyr, reconocemos un nuevo concepto de lujuria mucho más refinado, casi virtuoso, menos influido por la filosofía griega y las religiones monoteístas.

Asmodeo

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El arcángel Rafael enfrentándose a Asmodeo frente a Tobías y Sara.

Aunque las religiones monoteístas se componen de un único dios, no podemos obviar que la función de “deidades menores” las cumplen en este caso los ángeles y los demonios, que habitualmente muestran ciertas semejanzas con los dioses de otras religiones (Lucifer con Hades, San Gabriel con Hermes…).

Por tanto si buscásemos una figura en el ideario judeocristiano para señalar a la lujuria, esta sería sin duda alguna Asmodeo, uno de los siete príncipes del infierno identificados por el sacerdote jesuita Peter Binsfeld en el siglo XVI.

Asmodeo hace una aparición estelar en el Libro de Tobías de la religión católica:

Sucedió aquel mismo día que Sara, hija de Ragüel, el de Ecbatana, en Media, fue injuriada por una de las criadas de su padre, 8porque había tenido siete maridos, pero el malvado demonio Asmodeo los había matado antes de consumar el matrimonio, según costumbre”. (Tb 3: 7-8).

También se considera un demonio unido a la lujuria en el Talmud, donde, entre otras acciones, se le atribuye la de haber construido el templo de Salomón tras haber sido capturado por el famoso monarca hebreo. La cultura popular en el medievo también lo reconocía como el padre del mago Merlín.

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