El excéntrico dueño de la isla Mustique desheredó a su esposa y dejó su fortuna a un criado…
Lord Glenconner legó Mustique a su criado Kent y no a su esposa
Yahoo(A.Sanchez) — Mustique es el paraíso de los millonarios, una isla al norte de Venezuela que pasó de ser un barrizal plagado de mosquitos y ratas a ser uno de los lugares más exclusivos del planeta gracias a un hombre, Lord Colin Glenconner.
Tiene unos 500 habitantes y grandes celebridades poseen mansiones allí, pero cuando Lady Glenconner y su esposo llegaron en 1958 tras comprar la isla, todo eso era un espejismo.
Cuando, en los años 70 empezó a ganar repercusión y la realeza la escogió como su rincón en el mundo para desconectar, Colin Glenconner quiso hacer algo exótico trayéndose a un elefante desde África.
Era el primer gran animal de esa especie que pisaba el Caribe y, cuando Colin fue a buscarlo gestionando la operación, varios jóvenes africanos se ofrecieron a irse de su continente junto al aristócrata para cuidar al animal pero, de entre todos ellos, Lord Glenconner eligió a Kent Adonai.
Era un chico de grandes orejas que llamó la atención del Lord inglés y que, desde su llegada a Mustique, se convertiría en su mano derecha y la de su esposa, Lady Glenconner.

Lady y lord Glenconner en la isla de Mustique, 1973
De hecho el matrimonio de los Glenconner era feliz pero se vio separado forzosamente por una tragedia familiar. En 1987, el hijo que tenían en común tuvo un accidente de moto y quedó imposibilitado sufriendo un daño cerebral irreparable.
Ambos padres llegaron a Londres para estar junto a él pero fue Lady Glenconner la que ya no volvió a cruzar el océano para vivir en Mustique dado que Los Glenconner sí dejó a su hijo y regresó a su amada isla junto a Kent.
Eso, quizás, termine contando la leyenda, pues la realidad, mucho más prosaica, habla de un heredero tan adicto a la fiesta y el descontrol como falto de cariño que quiso castigar a su despegada y aristocrática familia dejándoles sin una sola libra.
Y, de paso, sin la ‘corona’ de una de las localizaciones más cotizadas del mundo vacacional, donde recientemente se casaron Ana Boyer y Fernando Verdasco y donde el primer ministro británico, Boris Johnson, pagó más de 16.000 euros el invierno pasado por unos días de asueto.
En las memorias escritas por Lady Glenconner explicaba que Colin visitaba burdeles en Londres que siempre quería hacer tríos, incluso en su luna de miel. Por lo visto era un hombre excéntrico en varios aspectos pero la sorpresa final, la tenía reservada para después de su muerte.
Con su esposa ‘fuera de escena’, Colin fue envejeciendo en Mustique y Kent se convirtió en su inestimable sirviente y amigo, el que le cuidó y ayudó a lo largo de los años así, en 2010, Lord Colin falleció y se abrió la codiciada herencia.
Lord Glenconner y Kent Adonai eran inseparables y le dejó toda su herencia
La viuda del Lord se sincera explicando que: “Estaba un poco preocupada, porque el abogado de Colin me había dicho: ‘Creo que Lord Glenconner hizo un nuevo testamento hace siete meses con otro abogado.’
Mi corazón comenzó a latir con fuerza cuando apareció el nuevo abogado, sacó un trozo de papel y leyó: ‘He decidido dejárselo todo a Kent Adonai y confiar en él para que cumpla los deseos que tengo para mi familia’.”
Tras el shock inicial Lady Glenconner asegura que en ese mismo instante supo que había perdido la isla y toda la fortuna de su marido y, según relata, Kent les dejó sin nada: “Después me encontré con Kent y, lo más tranquila que pude, le dije: ‘Bueno, Kent, espero que cumplas los deseos que Lord Glenconner tenía para nosotros’.
Él me miró y, encogiéndose de hombros, me dijo: ‘No sé a qué se refería Lord Glenconner’. En ese momento, supe que lo perderíamos todo”.
Lord Colin Glenconner falleció en 2010 en Santa Lucía
Lady Glenconner enloqueció y es que todo el esfuerzo de décadas al lado de Colin no había servido para nada por ese cambio de última hora en el testamento que, por cierto, el nieto del aristócrata consiguió impugnar años después.
Hoy, 10 años después de la muerte de Colin Tennant, el entonces Lord Glenconner, su viuda y sus hijos siguen peleando por recuperar los derechos de un patrimonio que se inició en más de 100 millones de euros (sus antepasados inventaron la lejía industrial) y que, tras décadas de desenfreno, ha hecho de todo menos aumentar.
Sobre todo, después de que él, en un momento en el que el cáncer ya le había sentenciado a muerte a sus 83 años de edad, decidiese quitar a su familia de su testamento y dejárselo todo a su ayudante personal, un lugareño llamado Kent Adonai que le cuidó hasta el final de sus días.
Su viuda, Lady Anne Glenconner, antigua dama de compañía de la princesa Margarita, a la que por cierto dieron cobijo en multitud de ocasiones para que diese rienda suelta a su desenfreno, todavía sigue sin poder creerse la venganza de su marido, con el que no convivió durante más de la mitad de los más de 50 años que duró su matrimonio.
Ni ella soportaba las altas temperaturas del Caribe ni él los pocos grados que registraban los termómetros en el Reino Unido, por lo que el tiempo que pasaron juntos fue más bien escaso, sobre todo en las últimas etapas de la vida de Tennant.

«No estamos enfadados, solo sorprendidos», intentaba decir ella hace una década haciendo gala de la educación recibida. Más tarde, se sabría que, tras la lectura del testamento en la Isla de Mustique, salió al balcón y se puso a gritar de pura frustración al oscuro firmamento de la noche caribeña. «Mi marido le ha dado un terreno y unas posesiones valoradas en unos 3,5 millones de euros.
El señor Adonai ya ha vaciado de contenido la casa principal, y se espera que lo subaste por entre 850.000 y 1,1 millones de euros. Era nuestra casa familiar, algunas cosas me pertenecen, y ‘Cody’ -el nuevo Lord Glenconner, entonces de 17 años- pensaba que iba a poder quedarse con todo».
A pesar de que su heredero ha conseguido, gracias a diversas batallas legales, recuperar la mitad de lo legado a Adonai, que erigió un monumento en honor a Tennant cuando este falleció entre sus brazos, Lady Glenconner sigue pensando que el testamento solo fue una forma de aumentar su leyenda: «Es muy posible que lo hiciera a propósito, una especie de proeza horrible con la que asegurarse que perpetuaba su reputación de hombre excéntrico».
Colin Tennant, acostumbrado a las excentricidades y, según quienes le conocían, también a las mentiras y a la exageración, vivió, durante casi toda su existencia, la frustración de no haber sido capaz de seducir a la princesa Margarita, quien le habría rechazado en numerosas ocasiones y con quien llegó incluso, según se dice, a celebrar fiestas desnudos en la playa untados en aceite.
Finalmente, terminó casándose con su dama de compañía, con la que tuvo tantos hijos como desgracias: uno, Christopher, sufrió daños cerebrales fruto de un accidente de motocicleta; otro, Henry, murió por VIH; y Charlie, heredero al título, lo hizo por culpa de la hepatitis. Solo Joshua Bowler, hijo ilegítimo aceptado por la familia, consiguió resistirse a la desgracia que acompañaba a los Glenconner.
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