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Leyendas de Hollywood: Ava y los hombres …


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XL Semanal(F.Goitia)/Entre el Caos y el Órden(P.Caos)  —  No soy más que una chica sencilla salida de una granja. Nunca quise ser otra cosa».

Es lo que ella solía decir, pero Ava Gardner fue bastante más que eso: actriz, mito sexual, vecina de Los Ángeles, Madrid y Londres; aficionada al jazz, el alcohol, las noches interminables, las palabras de cuatro letras (fuck, shit y demás) y a los hombres; sobre todo, a Frank Sinatra.

Ava Lavinia Gardner nació en una pequeña comunidad rural de Carolina del Norte en Nochebuena de 1922.  Su familia era muy pobre, se didicaba al cultivo de tabaco y algodón. Ava era la menor de 6 hermanos.

Al cumplir 13 años, toda la familia se trasladó a Newport News, en Virginia, buscando una vida mejor, pero al no encontrar empleo, tuvieron que ir a suburbio de Wilson (Carolina del Norte).Su padre murío de bronquitis al poco tiempo.

A los 18 años, Ava poseía una increíble belleza. Un día de 1941 fue a visitar a su hermana a Nueva York, y el marido de ésta, que era fotógrafo, le hizo algunas fotos que colgó en el escaparate de su estudio de la Quinta Avenida.

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Un cazatalentos de la Metro-Goldwyn-Mayer llamado Duhan, se fijó en su belleza y decidió ponerse en contacto con ella.

Ava, que entonces estaba estudiando secretariado, viajó otra vez a Nueva York para encontrarse con los directivos que la MGM. Salió de la entrevista con un contrato de siete años con la compañía. Entonces dejó sus estudios y se fue a vivir con su hermana.

Tuvo que asistir a clases de arte dramático y de dicción (su acento de Carolina del Norte era casi incomprensible.)

Según la ficha que le hicieron cuando llegó a Hollywood, Ava medía  1.70 cm, y sus medidas eran 92-50-92.

La historia de Ava es la de sus amores, por encima de la de sus películas. De hecho, casi todas ellas son recordadas hoy sólo por esa magnética presencia de piel clara, ojos como esmeraldas, boca en cuarto creciente y cuerpo imponente que se pasea por la pantalla con felina insolencia.

En su día, sus amores, las peleas y su afición a la dolce vita –sus correrías nocturnas en Roma inspirarían a Fellini– convirtieron sus andanzas en alimento de la prensa sensacionalista, engordando su leyenda de mujer fatal.

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El bate que lleva Ava no era para pelear con Frank, sino que posan en una promoción de los Sinatra Swooners, equipo de béisbol benéfico.

Para entonces, poco quedaba ya de la pueblerina adolescente que, a los 18 años, sedujo a los cazatalentos de la Metro Goldwyn Mayer.

Era tímida, torpe, no había actuado en su vida y su fuerte acento sureño de Carolina del Norte sonaba indescifrable a los oídos de sus examinadores; tras hacerle una prueba, ninguno pensó que tuviera futuro en la pantalla.

Pero cuando pasaron a la sala de visionado, eliminaron el sonido, Ava los miró desde la pantalla y «un destello de hipnótico fragor inundó la estancia».

Así, al menos, lo describe Lee Server, autor de Ava Gardner: Love Is Nothing, la última biografía sobre la diva. Poco después, firmaba en Los Ángeles su primer contrato profesional.

El día en que llegó a Hollywood conoció a su primer marido. Mickey Rooney tenía dos años más que ella y ya era el actor más taquillero de la Metro. Paseando por el estudio, Ava vio a Rooney disfrazado de Carmen Miranda mientras rodaba Hijos de la farándula.

Era la primera gran estrella que conocía. No quedó muy impresionada, pero Mickey ya no pudo dejar de pensar en ella.

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Aleccionada por las convicciones religiosas de su madre, a Rooney le costó Dios y ayuda (la de Bappie, la mayor de las Gardner) conseguir una cita. Las negativas de Ava a sus propuestas matrimoniales –más de 25– llevaron al actor, acostumbrado a ver a las mujeres rendidas a sus pies, a desarrollar una enfermiza obsesión.

Ava aceptó, por fin, dos días después del ataque japonés a Pearl Harbour, quizá reducida, especula Server, por la desazón que invadió a todo el país en aquellos días inciertos.

Después de tanto desearla, la noche de bodas, Rooney bebió tanto que, mientras Ava estaba en el baño preparándose para entregar su virginidad, se quedó dormido. La segunda noche fue bien diferente. Nada que ver con aquella ‘cosa’ que su madre le había enseñado a temer.

Lo hicieron toda la noche; «una sinfonía sexual», se jactaría Rooney. Ava no podía parar, deseaba a su marido y cada noche era como un nuevo escalón en su ascensión hacia el placer. Fuera del lecho, sin embargo, Rooney no prestaba excesiva atención a su esposa.

Ava empezó a beber (hábito que la acompañaría toda su vida): primero, para espantar su inseguridad ante la cámara; después, para sobrellevar las fiestas en las que permanecía sentada en una esquina, mientras su marido acaparaba la atención.

Devorada por los celos y harta de la vida acelerada de Rooney, su matrimonio fracasó sin cumplir un año, pero aquella relación despertó la parte más importante de la historia de Ava Gardner, su vida amorosa: complicada, promiscua, turbulenta y, como la propia diva, intensa hasta la médula.

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Cuando Sinatra se enteró de que se estaba gestando un romance entre Ava Y Mario Cabré, voló a España con una bolsa cargada de joyas.

Después de Mickey, se casó con un músico de jazz. Artie Shaw la adoraba como a una diosa de la belleza, pero la menospreciaba por su falta de educación y cultura. El matrimonio fue menos turbulento, pero igual de breve que el primero.

Aunque para turbulencias, las que tuvo con Frank Sinatra, su tercer marido. En seis años, «la pareja del siglo» acaparó las portadas de la prensa rosa con sus peleas en público (arrojándose ketchup el uno al otro, por ejemplo), llegando a visitar una vez la comisaría.

Antes de casarse, de hecho, ya la habían conocido por disparar, borrachos, un revólver en plena calle.

Por supuesto, sus maridos no fueron sus únicos hombres (Server deja caer que pudo haber alguna mujer) que pasaron por su cama: Robert Mitchum, Clark Gable, Steve McQueen, Tyron Power, Errol Flynn, Vinicius de Moraes… la lista completa sólo pudo conocerla ella, aunque fuera incapaz de recordarlos a todos.

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Ava Gardner y Artie Shaw

A quien no podría olvidar sería al obsesivo magnate Howard Hughes, quien, durante décadas, le propuso matrimonio –sin éxito– en variopintas ocasiones. Una vez, la llamó a Miami para que protagonizara su nueva película, cogió su avión y en el aeropuerto le entregó una caja con un cuarto de millón de dólares como anticipo.

Fue su última tentativa por ganarse su afecto. Ava se rió de él y el viento extendió los billetes por toda la pista.

Con el actor George C. Scott, por el contrario, vivió un amor de puro masoquismo. Se conocieron en 1966, rodando La Biblia, de John Huston. Una noche, a Scott le dio un ataque de celos. Ella le dijo que no aguantaba más y él la golpeó tan fuerte que Ava giró sobre sí misma y se desplomó.

La levantó y la sacudió de nuevo, una y otra vez. Scott sintió el cráneo de Ava repicar, la sangre manando de su boca; masculló un improperio y se marchó. Durante días, él insistió para que lo perdonara hasta que Ava cedió y volvieron a salir.

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Ava Gadner y G.Scott en Roma 1964

No sólo de amores vivió Ava, sus correrías nocturnas en España e Italia dejaron memorables episodios, como cuando un guardia civil llegó a clausurar una fiesta privada y ella lo sacó a bailar; o la noche en que se llevó a Grace Kelly, futura princesa, de paseo por los lupanares de Roma; o sus disputas madrileñas con su vecino Juan Perón y su esposa, Isabel, exiliados en España.

Perón denunció a Ava por los escándalos derivados de las largas fiestas flamencas que organizaba en su casa. Por su parte, Ava se quejaba de que el exdictador argentino lanzaba encendidos discursos al vacío desde su balcón.

La diva y su criada, como buenas reventadoras, gritaban: «Perón, maricón».

Aunque para escenas, la que Ava le hizo a Sinatra una noche en Nueva York ante Sam Giancanna, capo de la Mafia de Chicago. Tras recriminarle a su exmarido su amistad con el gángster, Ava tomó una copa, se la lanzó a Sinatra a la cara y lo dejó plantado ante aquella cuadrilla de criminales.

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En Miami, en 1951, dos días después de casarse con Frank Sinatra.

El mafioso se echó a reír: «Nunca vi nada parecido. Ha sido memorable». Antes, en España, durante su romance con Luis Miguel Dominguín, la actriz sorteó la muerte en una plazita, cuando, tras meterse varios ‘sol y sombra’ en el cuerpo, se lanzó a rejonear un morlaco y acabó de bruces en el suelo.

La rápida intervención de la cuadrilla la salvó de una cornada o de ser pisoteada por el caballo.

La muerte tardaría aún en llegar. La mujer que rechazó al presidente Kennedy, que hizo migas con un Fidel Castro recién ascendido al poder, murió de una neumonía en Londres a los 68 años.

Nunca dejó de escuchar los discos de Sinatra. Lucia Graves, hija del escritor Robert Graves, una de las pocas personas que la visitaba, asegura: «Cuando estabas con ella, veías que nada había desaparecido, seguía siendo igual de bella».

Ni ella hubiera podido recordarlos a todos

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La actriz y Mickey Rooney posan para la prensa tras casarse en 1942. A la ceremonia asistieron muy pocos invitados.

Los sofás de Mickey Rooney

Ava estaba harta de que su marido prestara más atención a sus admiradores que a ella misma. Un domingo, tras un romántico fin de semana en México, Ava quería ir a casa a descansar, pero Mickey se la llevó a un restaurante donde cientos de fans lo rodearon al entrar.

Ava bebió más de la cuenta, empezó a comerse la cabeza, se puso echa una furia y salió disparada del local camino de su casa.

Rabiosa por efecto del alcohol y la frustración acumulada en sus meses de matrimonio, cogió un cuchillo de la cocina y se fue al salón, rajando todos los sofás, almohadones y la tapicería de las sillas, levantando nubes de algodón en el aire.

Al acabar, agotada, subió a su habitación, sabiendo que su matrimonio estaba acabado. Cuando Mickey regresó, bastante más sobrio de lo normal, se encontró todo patas arriba. No conseguía entender lo que había ocurrido.

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Ava, con el pelo mucho más claro de lo habitual, y Artie, en el club Morocco de Nueva York, en 1945.

A los pies de Artie Shaw

Ex marido de Lana Turner, Shaw era un hombre arrogante y despectivo. Tenía poca paciencia para lo imperfecto, lo banal, lo obvio. La existencia de lo mediocre lo irritaba como una úlcera sangrante. El escritor Budd Schulberg, amigo de Artie en aquellos años, lo recuerda como un «macho chovinista.

Lo único que se le ocurría decir de su mujer era que tenía un culo precioso. La trataba como a una estúpida. Cada vez que la hacía una pregunta, inmediatamente añadía: ‘¡Oh, olvídalo, ni siquiera lo entenderías!’».

Un día, con un grupo de amigos, Ava colocó sus pies descalzos sobre una silla y Artie la censuró. «Por amor de Dios, ¿pero qué haces? ¿Es que te piensas que todavía estás en medio de una plantación de tabaco?» Ava se quedó blanca, se puso a temblar y estalló en llanto. Poco después, comenzó a ir al psicoanalista. Una mañana, Ava se fue de casa para no volver.

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A los periodistas: «Creo que se puede decir con seguridad que nos casaremos».

Escena de celos en la mansión de Sinatra

Una reyerta, dos diosas del celuloide, la Policía, rumores de orgías sexuales y el uso inapropiado de una ducha vaginal; éstos son los elementos de la mayor pelea entre Ava Gardner y su gran amor, en octubre de 1952.

La noche anterior habían discutido. Por la mañana, Ava lo echó  de casa, y Sinatra la advirtió:«¡Estaré en Palm Springs  follándome a Lana Turner!».Lana, buena amiga de Ava, estaba pasando el fin de semana en la mansión de los Sinatra.

Una hora después, Ava y su hermana Bappie conducían hacia Palm Springs a toda velocidad. Al llegar, encontraron a Lana y su agente, Ben Cole, relajados en la piscina. Ni rastro de Frank. Lana sugirió que sería mejor marcharse y Ava dijo: «¡Ni hablar!».

Se fueron a la cocina y cuando estaban a punto de sentarse a la mesa, la puerta se abrió de golpe y apareció Frankie; su cara, enrojecida, y sus ojos, llenos de rabia. «Apuesto a que me habéis estado poniendo a parir», bramó y, dirigiéndose a Ava, gritó: «Tú, a la habitación. Quiero hablar contigo».

Lana, Cole y Bappie empezaron a escuchar los muebles siendo arrojados contra las paredes, cuando Frank salió del cuarto y dijo: «A la puta calle todos». Mientras Ava salía a despedir a Lana, Sinatra fue al baño, tomó una ducha vaginal, la llenó de agua y se la lanzó a las dos divas.

Ava regresó al interior y empezó a arrancar cuadros de las paredes, a lanzar los libros y discos de las estanterías al suelo, y Sinatra, enfurecido, tras ella, tirándolo todo por la puerta principal.

Los vecinos llamaron a la Policía y, con gran estruendo de sirenas, los agentes aparecieron cuando Frank intentaba desalojar a su esposa, aferrada a la puerta con ambas manos.

El jefe de Policía consiguió separarlos, mientras continuaba con el lanzamiento de objetos y los insultos. «Bappie y yo nos fuimos con los agentes –contaba Ava– dejando que Mr. Sinatra llevara la voz cantante.»

El lunes, toda la prensa hablaba de ello. Una de las versiones contaba que Frank había sorprendido a Ava y Lana juntas en la cama. Otra aseguraba que las divas se acostaron con otro hombre para fastidiar a Frank.

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Con Luis Miguel Dominguín compartió capote en más de un ruedo.

El chapuzón de Dominguín

Cuando discutían, el torero, que no hablaba inglés, sonreía esperando el momento de abrazarla, mientras Ava despotricaba contra él. En una ocasión, al ver que no callaba, la arrojó vestida a la piscina.

Una noche, tras una discusión, en la casa que Howard Hughes les había cedido en el lago Tahoe (Nevada), Ava se encerró en su cuarto.

Uno de los hombres contratado por Hughes para espiarlos, apelando a su orgullo de macho hispano, animó al matador a darle una lección a Ava. Dominguín salió de la casa, cogió un avión y desapareció.

Meses después le pediría en matrimonio, pero Ava no quería casarse una cuarta vez. Antes de finalizar el año se casó con Lucía Bosé, para muchos, la respuesta italiana a Ava Gardner.

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Durante un combate de boxeo, en 1946. Howard se recuperaba de un accidente aéreo.

A tortas con Howard Hughes

Amante de divas como Jean Harlow, Ginger Rogers, Katharine Hepburn o Bette Davis, Ava Gardner se le resistió hasta el fin de sus días.

Ella evitaba su cama porque era «un tipo extraño» (obsesivo- compulsivo), su olor era «ofensivo» y creía que sufría una enfermedad venérea.

Hughes la espiaba y cuando ella se enteró, le dijo: «¡A mí no me espía ni Dios! ¡No soy de tu propiedad, maldito hijo de perra!».

Hughes la abofeteó, dándole en el ojo. Horrorizado, se echó hacia atrás. Ava dio un grito de rabia, agarró una campana de bronce y le acertó con ella en pleno entrecejo.

Después, cogió una silla y, cuando estaba a punto de rompérsela en la cabeza, apareció su criada y detuvo a Ava.

Curiosidades

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Empezó a fumar a los 8 años.

En la película «La condesa descalza», los publicistas la denominaron «El animal más bello del mundo», desde entonces se la conoció con este apelativo, aunque ella lo detestaba.

Ava Gardner coincidió en una ocasión al escritor J.R.R. Tolkien,  y resultó que ninguno de los dos sabía por qué el otro era famoso.

Fue nominada al Oscar a la mejor actriz en 1953 por «Mogambo» y en 1954 por «La Condesa Descalza».

Tras ser operada de un cólico nefrítico, se dice que Ernest Hemingway llevó durante muchos años colgada de su cuello una de las piedras que expulsó Ava de su riñón.

Rechazó trabajar en las películas: «Dulce pájaro de juventud», «La Pantera Rosa» y «El Graduado«.

Howard Hughes le propuso varias veces matrimonio, pero ella siempre lo rechazó.

Impactó de tal forma al escritor Tennesssee Williams, durante el rodaje de «La noche de la iguana», que éste encadenó una iguana de verdad al porche de su casa y la llamó «Señora Ava Gardner».

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Los ascensoristas de Nueva York la eligieron unánimemente como «la chica con la que nos gustaría quedarnos atascados en lo alto del Empire State Building». 

Se cuenta que en su vejez, escuchaba en su casa los discos de Frank.

Hasta 1945 Ava sólo había leído dos libros: «Lo que el viento se llevó» y la «Biblia».

Cuando estaba casada con Sinatra, los fans de Ava consideraban que Frank Sinatra era muy poquita cosa para ella y por ello la prensa le preguntó: «Eh, Ava, ¿qué ves en ese tipo? Apenas pesa 50 kilos». Ava contestó: «47 kilos son de pene».

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La Gardner siguió considerando a Frank Sinatra como  su propiedad mucho tiempo después de de su divorcio, al enterarse de su matrimonio con Mia Farrow, declaró muy enfadada: “Siempre supe que Frank acabaría en la cama con un muchacho”.

Durante el rodaje de «Pandora y el holandés errante» inició un romance con el torero Mario Cabré. Éste se enamoró perdidamente de ella y le dedicó varios poemas, aquí os pongo uno:

La sencilla igualdad de un mismo tono
dió la noche extendiendo sus dominios
esperaba una forma de arco iris
y el alba en orfeón de pajarillos
fue el sueño retenido entre las manos
al llegar sobre el aire enternecido.

 También tuvo aventuras con Luis Miguel Dominguín, Robert Mitchum, Robert Taylor y muchos más.

En Tossa de Mar hay una estatua en su honor.

Opiniones de sus amigos y conocidos

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Junto a Lola Flores

«La primera vez que besé a Ava Gardner en el rodaje de Forajidos, tuve una erección».
Burt Lancaster

«A Ava Gardner parece que la estoy viendo en la Feria de Abril de Sevilla, con aquel hoyo en la barbilla, aquel corte de cara… Nadie como ella para saber estar en un sitio, hasta que dejaba de estarlo, porque bebía demasiado» . Lola Flores

«Las mujeres de medio mundo se arrojarían a los pies de Frank Sinatra, y resulta que Ava pierde la cabeza por un tipo que usa capa y zapatillas de bailarina». 
Luis Miguel Dominguín

«Esta mujer supone para mí un cambio completo en mi existencia.» Mario Cabré

«Ava Gardner es fácil de retratar aunque haya estado en pie hasta las cinco de la mañana y se haya levantado cuatro horas más tarde».

Jack Cardiff (Director de fotografía norteamericano)

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«La conocí en el rodaje de «Terremoto». La vi entrar al estudio de grabación con una pamela blanca sobre su cabeza. Tenía 54 años y me quedé maravillada porque todavía era impresionante.

Genevieve Bujold«(Actriz norteamericana)

«Todos mis recuerdos de ella son buenos; no puedo destacar ninguno en especial. Ava ha sido una persona a la que yo he apreciado muchísimo, más de lo que ella pensó».

Mario Cabré

«Ava amaba la ginebra, el vodka y a Frank Sinatra».

Arlene Dalh (Actriz norteamericana)

«Ava era encantadora, una auténtica reina de la pantalla realmente exitante; maravillosa de contemplar y con unas piernas adorables. Cuando pasa por la pantalla te dan ganas de dejarlo todo y seguirla».

George Cukor

«A los 23 años ya era una mujer como para morir por ella. La conocí durante cuarenta años y siempre me sorprendía… Quizá bebía más de la cuenta, pero en el trabajo nunca vi ningún indicio de alcohol. Nunca llegaba tarde, siempre sabía su diálogo y siempre fue disciplinada».

Gregory Peck

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«Ava era una persona de una extraordinaria calidad humana. Como belleza física está claro que nunca tuvo discusión, pero lo que mucha gente no sabe es que tenía tanta belleza moral como física. Desprendida y generosa, el dinero no contaba para ella.

Eso sí era irritable y caprichosa. Tenía que tener lo que quería en el momento que lo quería, y cuando se le llevaba la contraria era imposible. Se guiaba por sus impulsos, no pensaba con la cabeza, pero no porque fuera tonta, sino porque era así, instintiva.

Tenía un caracter muy fuerte, aunque a los cinco minutos se le había olvidado completamente lo que le había hecho saltar. Ava también era muy amiga de sus amigos, con una lealtad inmensa. Se daba íntegra, no tenía frenos ni trabas.

Además era una mujer que siempre iba al natural, pues no le daba la menor importancia a la belleza. No se maquillaba practicamente, no necesitaba nada. Otro factor importante de su forma de ser era su recuperación física.

Tan tremenda que con una hora de sueño estaba dispuesta a trabajar diez horas seguidas. Además, no veía el riesgo en nada. Toreó conmigo al alimón alguna vez en Villapaz, como si nada. Ava era indiscutiblemente una fuerza de la naturaleza».

Luis Miguel Dominguín


«Después de sufrir la apoplegía, creo que no podía soportar que alguien la viera. Un día la llamé por teléfono y le dije que quería hablar con la verdadera Ava. Ella me contestó: «Está muerta»». 

Arlene Dahl (Actriz y mejor amiga de Ava)

nuestras charlas nocturnas.

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