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Ciencia y curiosidades sobre el sexo (XV)


¿La convivencia mata el deseo sexual?

Rouge(A.L.Pereyra)  —  ¿Es común que disminuya el deseo o la frecuencia sexual en convivencia o en relaciones largas? ¿Por qué puede disminuir? ¿Qué factores pueden influir en la falta de deseo?

El deseo es el mecanismo más exquisito del sexo y el más incontrolable, dice Laura Caldiz.

El deseo aparece en situaciones placenteras y desaparece en situaciones de peligro. dice Ester Perrel. Pero ¿cómo estar en peligro en la cama intentando tener relaciones sexuales con mi pareja?

Peligro puede ser el contacto físico con alguien que ya no me atrae, con alguien con quien estoy enojada. Siempre pregunto a las pacientes: ¿te gusta tu pareja?, ¿te gusta tu marido? Porque si no te gusta…¿cómo querer encontrarse sexualmente con alguien que no me atrae…? Fundamental!

También puede ser que se pongan en evidencia mecanismos ocultos que obedecen a ciertas órdenes, por ejemplo familiares, e incluso miedos, que muchas veces no son reconocidos por nosotras mismas. Por ejemplo, cuando tu mamá te descubrió las pastillas anticonceptivas a los 16 años y te dijo: vos sos una put*.

El sexo comienza en las fantasías, en los pensamientos que procesan imágenes y van encendiéndolo. Según Rosamry Basson el deseo en las mujeres se inicia en intimidad, comienza cuando nos sentimos en intimidad, con alguien que nos gusta, con quien disfrutamos estar, con quien compartimos momentos…con quien nos cuida…

El deseo necesita seguridad, estabilidad, predictibilidad…también necesita aventura, novedad, riesgo, misterio. Hoy esperamos que la misma persona nos brinde seguridad y aventura. Comodidad y riesgo, familiaridad y novedad, seguridad y sorpresa…Parece contradictorio  poder obtener todo eso de una persona al mismo tiempo.

Si no tengo deseo, ¿está mal? ¿Cómo lo hablo con mi pareja?

Es muy interesante y necesario conectar con lo que sentimos, ¿qué pasa que no tenemos deseo? ¿Es de un momento particular? ¿Es con esa persona?

¿Cómo estamos en las demás aristas de nuestra vida? ¿Tenemos deseo de trabajar? ¿Tenemos ganas de hacer cosas? ¿Sólo no tengo deseo sexual con “esa” persona? ¿Tengo ganas de masturbarme?

Este abanico de preguntas nos ayuda para revisar e ir descubriendo en cada persona qué es lo que ocurre. Puede ser que esté transitando un momento particular de enfocar la energía en otras cosas y ello implica retirarla del encuentro sexual, puede ser que esté transitando una anhedonia, puede ser que en este último tiempo no tiene ganas a partir de algún evento que ocurrió en su vida.

Hay que dejar de obligarse a tantocon esto quiero decir, darse tiempo para revisar qué es lo que te pasa, porque puede suceder que no disfrutes sexualmente y que por ende no se tenga ganas, puede ser que no se encuentren en intimidad con la pareja, puede ser que estes transitando el período del puerperio y amamantando, puede ser que sientas dolor y por ello no tengas ganas; hay un gran abanico de preguntas y respuestas que se abre para mirarse cada una en la particularidad de su vida.

Recomendaciones y herramientas para reconectar con el deseo

Saber que el deseo como producción social enmarca a la persona y su cultura y, en ella están las influencias de las masas, los medios de comunicación y los objetos de consumo; esos que nos invaden como productos y van permeando nuestros deseos. En esta cultura ¿qué deseo sexual se enmarca?

El deseo erótico monogámico y prácticas del porno mainstream, donde las mujeres están sometidas a las voluntades de varones y disfrutan con ese sometimiento, prácticas de penetraciones simultáneas y gritos orgásmicos planetarios, prácticas donde salen chorros de las vaginas y donde siempre hay eyaculación y orgasmo. Esta cultura pornificada que va moldeando el deseo erótico y nos impone lo que tenemos que querer hacer, con qué tiempos, con qué frecuencia y con quiénes.  

Por ello resulta necesario revisar lo impuesto y bucear en nuestra vida, cómo estamos hoy, revisando lo que somos, los condicionamientos religiosos y culturales para poder deshacernos de lo que nos reprime y condiciona y de este modo conectar con nuestra propia energía de goce.

Podríamos pensar en nutrir la erótica, impregnando todos nuestros sentidos, lo cual nos lleva a la posibilidad de explorar en la soledad de nuestra intimidad qué es realmente lo que nos conecta con el disfrute y qué es lo que queremos o nos animamos a hacer en un encuentro con otra u otras personas, abriendo a las experiencias y quitando etiquetas condicionantes en las propias prácticas.

Por ejemplo, poder realizar prácticas sin penetración vaginal, prácticas de penetración anal a varones por parte de sus parejas heterosexuales, prácticas de caricias en todo el cuerpo sin contacto genital, prácticas de besos y de conexión con las miradas y los olores, roces de cuerpos y uso de geles, lubricantes y juguetes.

Darnos tiempo y animarnos es importante para alimentar la sexualidad.

Maternidad y sexualidad: una decisión personal

La salud sexual busca promover en las personas el  desarrollo de una sexualidad sana y placentera, sin riesgos a lo largo de todas las etapas de la vida, implica la “procreación responsable” que consiste en la posibilidad de decidir si tener hijos/as o no, la cantidad de hijos/as que desea tener y el intervalo óptimo entre cada hijo/a, disminuir la mortalidad materna -entre otras causas- por abortos provocados, o embarazos en edades muy tempranas o tardías, y por último evitar los embarazos no deseados.

La procreación responsable supone tomar DECISIONES luego de haber recibido información sobre todos los métodos anticonceptivos disponibles y aquellos que mejor se adaptan a cada persona en particular, respetando las convicciones y deseos de cada persona.

Y dando lugar a la reflexión sobre el mandato hegemónico de “ser madres” que culturalmente está muy presente y al que muchas mujeres se resisten y por ello son culpabilizadas y hasta no consideradas mujeres en su integridad.

Dejemos en claro que tener hijos e hijas es una decisión personalísima y que la ecuación: mujer-esposa-madre es propio de los condicionantes que han marcado a las mujeres en su rol de “procreadoras” y “típicamente femeninas”. No se es más o menos mujer por no gestar o maternar, dejemos esto en claro.

– La sexualidad y el embarazo

Sin embargo, hay personas que si deciden procrear y cuando comienza el camino de la gestación –si todo funciona acorde a lo esperado- aparecen cambios en el cuerpo de las mujeres o cuerpos gestantes -para incluir otras identidades- y en su entorno, por ejemplo, en la relación con su pareja (en caso de tenerla).

De aquí surgen muchos interrogantes en torno a la sexualidad: ¿Las mujeres embarazadas sienten deseo sexual? ¿Se puede ser una mujer deseante estando embarazada? ¿Está mal tener relaciones sexuales gestando? ¿El sexo puede provocarle daño al feto? Estas preguntas suelen hacerse las mujeres que en estado de gestación manifiestan miedos muy comunes: miedo a dañar al feto, miedo a lastimarlo y miedo a no gustarle a la pareja, ya que se perciben cambios en su imagen corporal.

Muchas veces las creencias erróneas pueden llevar a no tener relaciones sexuales por estos miedos y también porque entran en escena las ideas muy naturalizadas de considerar a la mujer: madre-esposa-virgen-pura. Y es muy común encontrar que los varones, parejas de mujeres embarazadas, ya no la ven como mujer de deseo, sino como alguien que hay que cuidar y proteger para que no se dañe al futuro bebé. ¡Atenti con esto! La mujer embarazada es mujer deseante.

Hay estudios que afirman que las mujeres embarazadas se sienten más excitadas debido a la mayor vaso-congestión en la zona genital (clítoris, vulva, vagina), por lo cual se sienten más dispuestas y con muchas ganas de encuentros sexuales.

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