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Marilyn Monroe …


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Biografías y vidas(T.Fernández/E.Tamaro)/BBC News(B.Diez)/Infobae(M.Bauso/M.Funes)  —  El 5 de agosto de 1962, la actriz estadounidense Marilyn Monroe, el gran mito erótico de los años cincuenta, fue hallada muerta en su casa de Hollywood.

Aunque el forense dictaminó que la actriz se había suicidado con una sobredosis de somníferos, las causas de su muerte permanecen aún confusas; se apreciaron algunas contradicciones en el informe médico de su trágico fin.

Las dificultades profesionales y su agitada vida sentimental parecieron estar en el origen de su muerte.

En cualquier caso, la jovialidad y el vivir desenfrenado y despreocupado que muchas veces había representado en el cine y fuera de él se corresponden poco con el verdadero perfil de su vida, marcada por las contradicciones y los complejos de una niñez y una juventud desgraciadas, seguidas después de un éxito arrollador al que no supo hacer frente, ni siquiera cuando creyó encontrar, junto a personalidades como Arthur Miller, la estabilidad y la seguridad que persiguió durante toda su vida.

Historia Oficial

Marilyn Monroe, de verdadero nombre Norma Jean Baker (o Norma Jean Mortenson, apellido de su padrastro), nació el 1 de junio de 1926 en Los Ángeles, en el estado norteamericano de California.

Hija de Gladys Baker, quien nunca le comunicó la identidad de su padre, su primera infancia fue muy dura.

Su madre la dejó en manos de un matrimonio amigo hasta que cumplió siete años; entonces se la llevó a vivir consigo.

https://www.biografiasyvidas.com/monografia/marilyn_monroe/fotos/marilyn_monrore_1953.jpg(imágen de 1953)

Pero un año más tarde Gladys fue internada en un sanatorio psiquiátrico en el que se le diagnosticó una esquizofrenia paranoide, enfermedad que luego Marilyn creería haber heredado, especialmente cuando era internada por sus frecuentes depresiones.

Su infancia y adolescencia transcurrieron entre un orfanato (en el que ingresó a la edad de nueve años y trabajó como ayudante de cocina), la casa de sus abuelos y las de varias familias que la adoptaron.

En una de estas casas de acogida sufrió al parecer abusos sexuales por parte del cabeza de familia cuando contaba ocho años.

Nada hacía pensar que Norma Jean tuviera una futura carrera como actriz, ni tan siquiera el hecho de que su madre, una mujer extraordinariamente atractiva, hubiera trabajado durante un tiempo como montadora de negativo en Consolidated Film Industries.

Marcada por la inestabilidad emocional y la pobreza, a los dieciséis años, tras abandonar sus estudios, se empleó en una planta de construcción de aviones.

En la misma fábrica conoció a un mecánico de 21 años, James Dougherty, con quien contrajo matrimonio el 19 de junio de 1942 y de quien se divorciaría cuatro años después.

De modelo a actriz

Ese mismo año de 1946 un fotógrafo de modas la descubrió y la convenció de que se hiciera modelo.

Así, la aún llamada Norma Jean comenzó su carrera como modelo bajo la tutela de la agente Emmeline Snively, que le sugirió cambiar el color de su cabello, que era castaño de nacimiento, por el característico rubio platino.

Durante esta época, Norma Jean realizó un sinfín de campañas publicitarias, siendo muy recordadas las que hizo para anunciar trajes de baño.

Paralelamente, su carácter inquieto y deseoso siempre de adquirir nuevos conocimientos la llevó a tomar clases de arte dramático en el Actor’s Lab de Hollywood y a asistir a cursos de literatura en la Universidad de Los Ángeles (UCLA).

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El rostro de la modelo comenzaba a ser muy conocido.

Sus innumerables trabajos publicitarios hicieron que en 1947 el magnate Howard Hughes, propietario de la compañía cinematográfica R.K.O., le ofreciera hacer unas pruebas de pantalla con el objeto de saber si podía dar juego ante una cámara cinematográfica; pero Norma Jean prefirió aceptar una oferta de la 20th Century Fox para trabajar unos meses como actriz de reparto.

Intervino en tres películas olvidables en los que no fue debidamente acreditada, y ya entonces se verificó el cambio de nombre: Norma Jean pasó a llamarse Marilyn Monroe.

Uno de sus primeros papeles era de figurante entre una multitud; se trataba de la película de Frederick Hugh Herbert Scudda Hoo! Scudda Hay!, con June Harver.

En un momento del film, Marilyn se separaba del grupo para saludar a la actriz principal.

Esta escena, sin embargo, se cortó luego en el montaje, y Marilyn recordaba algunos años después: «Una parte de mi espalda es visible en un plano, pero nadie lo supo aparte de mí y algunos amigos íntimos.»

Un año después la Fox rehusó renovarle el contrato, por lo que aceptó uno nuevo de parecidas características en Columbia. Para esta compañía actuó en la comedia musical Ladies of the chorus (1948), de Phil Karlson.

Marilyn era una modesta bailarina de striptease llamada Peggy Martin y cantaba dos canciones. Para preparar este papel recibió lecciones del director musical de la Columbia, Fred Karger, con quien se cree que mantuvo relaciones íntimas.

Al año siguiente participó en el que sería el penúltimo filme de los hermanos Marx más o menos al completo (Groucho, Harpo y Chico), Amor en conserva (Love Happy), de David Miller.

En la película, Marilyn contoneó sus caderas con tanta donosura que Groucho Marx, que interpretaba al detective Sam Grunion, manifestó por ella con su proverbial histrionismo un bullicioso deseo.

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A continuación consiguió, ya para la productora Metro Goldwyn Mayer, un papel breve pero de suma importancia para su futuro como actriz: en el excelente thriller de John Huston La jungla de asfalto (The Asphalt Jungle, 1950), interpretaba con bastante soltura a Ángela, la amante de un gángster al que acaba por traicionar.

El siempre atento Joseph L. Mankiewicz, que había iniciado su carrera como realizador cuatro años antes, reparó en la joven Marilyn y le ofreció otro pequeño pero suculento papel en su melodrama Eva al desnudo (All About Eve, 1950).

En esta película interpretaba a una superficial aspirante a actriz en lo que podríamos calificar como uno de los primeros papeles que respondían al estereotipo que más tarde se crearía de ella.

Poco antes, en 1949, Marilyn, que durante un tiempo compaginó las profesiones de actriz y modelo, dio su primer golpe en aras de la celebridad al posar para una sesión fotográfica cuyo resultado es aún hoy una de las más genuinas imágenes de una pin-up girl.

Se trata de las imágenes que muestran en tomas cenitales a Marilyn desnuda sobre un cubrecamas de color rojo.

Algunas de las fotos aparecerían ese mismo año en un calendario, y algo después, en 1953, una de ellas sería la portada del primer número de la famosa revista erótica Playboy. Esto, sin duda, fue un verdadero acontecimiento mediático, quizá de los primeros que pueden ser comparados a los que se dan hoy día.

Mientras tanto, la actriz no abandonaba su carrera en el cine. Tras realizar algunos papeles secundarios no demasiado destacables, en 1952 apareció en algunos títulos de cierta importancia, bien por sus directores, bien por el trabajo que desempeñó en ellos: Encuentros en la noche (Clash by night), de Fritz Lang; No estamos casados (We’re not married), de Edmund Goulding; el episodio que Henry Koster realizó para el film colectivo Cuatro páginas de una vida (O´Henry’s Full House); y la película de intriga Niebla en el alma (Don´t bother to knock), de Roy Ward Baker, en el que encarnó de manera muy convincente al personaje de Nell Forbes.

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                                                   (En Niebla en el alma-1952)

Marilyn estuvo verdaderamente espléndida en su papel de Nell, una niñera perturbada que había intentado suicidarse en el pasado y que, desesperada y medio loca tras haber perdido a su gran amor, se disfraza ahora con las joyas de su señora para seducir a un atractivo piloto.

La niña a la que debe cuidar aquella noche, Benny, frustra sus planes, por lo que la alucinada muchacha la amenaza primero con destriparla con tanta facilidad como a una muñeca, y luego la amordaza y la ata a la cama.

En esta sádica y desquiciada relación con la pequeña, Marilyn dio muestras de una convincente crueldad que, al tiempo que desvelaba sus excelentes dotes dramáticas, tal vez le trajo a la memoria los horrores sufridos durante su propia infancia. Fue sin duda uno de los mejores papeles de su carrera.

Estrella de la comedia

Pero el filme realmente importante de ese año fue la comedia de enredo Me siento rejuvenecer (Monkey Business), de Howard Hawks, el director que junto a John Huston y Billy Wilder tal vez supo extraer lo mejor de Marilyn Monroe.

En esta comedia, verdadero clásico del género escrita por Ben Hecht, Charles Lederer y I.A.L. Diamond, hacía el papel de una secretaria rubia y tonta junto a dos verdaderos monstruos del género, Cary Grant y Ginger Rogers.

La maestría de la puesta en escena y la espléndida carpintería dramático-cómica de la película era lo que estaba necesitando la carrera de Marilyn, que por fin podía demostrar su valía más allá de lo estúpido que pudiera ser el personaje que interpretara.

Además, y como se vería más adelante, fue en la comedia más o menos pura donde la actriz dio lo mejor de sí misma.

En 1953 se rodaron las tres primeras películas en que su contribución era importante. En primer lugar, Niágara, un filme de suspense a lo Hitchcock que dirigió el siempre eficiente Henry Hathaway, pero que no era el tipo de producción idónea para la actriz.

Mucho más relevante, ya que tal vez es el título que marca el inicio de Marilyn Monroe como estrella y como mito sexual, es Los caballeros las prefieren rubias (Gentlemen prefer blondes), una nueva comedia, esta vez musical, de Howard Hawks.

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Los caballeros las prefieren rubias, basada en una ingeniosa novela de Anita Loos, contaba la historia del enfrentamiento de dos coristas, una morena, la turgente Jane Russell, y otra rubia, Marilyn, que tratan de cazar a uno de los solterones más deseados y ricos de América.

En esta película, plagada de excelentes gags y de provocativos números musicales, Marilyn demostró que era, además de una buena actriz de comedia, una notable cantante y bailarina, con un estilo personal y muy sugestivo.

De hecho, el buscado personaje masculino, que interpretó Charles Coburn, optaba finalmente por quedarse con Lorelei Lee, la rubia.

El tercer trabajo que hizo ese año fue un filme argumentalmente bastante parecido, Cómo casarse con un millonario (How to marry a millionaire), de Jean Negulesco, en el que Marilyn y otras dos actrices, esta vez Betty Grable y Lauren Bacall, se proponían conquistar a un millonario a toda costa.

No tan exuberante ni rotunda como la anterior, era una película que explotaba en clave de comedia la disparidad de físicos y caracteres de las tres intérpretes femeninas y, por tanto, resultaba un trabajo muy a la medida de las aptitudes de Marilyn Monroe.

Como consecuencia de estos sensacionales trabajos, en 1954 le sería otorgado el prestigioso Globo de Oro a la mejor actriz.

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Convertida en menos de un año en una de las estrellas más rutilantes del firmamento cinematográfico hollywoodiense, el 14 de enero de 1954 contrajo matrimonio con el mítico jugador de béisbol Joe DiMaggio, uno de los primeros deportistas estadounidenses cuya popularidad era comparable a la de una estrella del cine.

La boda fue uno de los acontecimientos sociales más sonados de ese año, pero sólo unos meses después, el 27 de octubre, DiMaggio y Marilyn se divorciaron.

A pesar de ello, y según el testimonio de amigos de la actriz, Joe DiMaggio fue, de los tres maridos que tuvo, el único al que quiso realmente.

Cinematográficamente hablando, 1954 no fue un gran año si se compara con el precedente o con los siguientes.

Participó en dos títulos; el primero fue un peculiar cruce entre el melodrama y el western que dirigió Otto Preminger, Río sin retorno (River of no return), un buen filme coprotagonizado con Robert Mitchum en el que Marilyn no brilló especialmente.

El segundo, la comedia musical Luces de candilejas (There’s no business like show business), realizada por Walter Lang, resultó de un nivel muy inferior a las que había protagonizado el año anterior.

En la cumbre

Pese a los éxitos profesionales que había obtenido en poco tiempo, su vida personal no era nada satisfactoria. Además del reciente fracaso sentimental con DiMaggio, no cesaba de luchar para demostrar que era algo más que una cara y una figura bonitas.

Cuanto más se convertía en una sex-symbol, más intentaba no sucumbir a la conformista imagen que proyectaba. El acoso al que era sometida por parte de los directivos de las productoras era constante.

Si en sus filmes ella atraía al hombre con su cuerpo y su inocente encanto, en la vida se jactaba de no haber aceptado nunca acostarse con los productores y jefes de los estudios, algo que a buen seguro le habría facilitado las cosas para conseguir mejores papeles, sobre todo en los inicios de su carrera.

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Por otra parte, su arraigado complejo de nulidad intelectual, seguramente causado por haber abandonado pronto los estudios, la llevó a nuevas actividades.

En 1955, por ejemplo, acudió al prestigioso Actors Studio neoyorquino para tomar clases con Lee Strasberg.

Inducida por Strasberg, estudió el psicoanálisis con la finalidad de conocerse más a sí misma y hacer aflorar su potencial interpretativo.

Strasberg, un hombre generoso, la trató como un padre y le ofreció intervenir en sesiones teatrales del centro, protagonizando obras como Un tranvía llamado deseo, de Tennessee Williams, y Anna Christie, de Eugene O’Neill.

Estos detalles fueron objeto de burlas por parte de ciertos ambientes de Hollywood que se obstinaban en verla como una actriz cuyo único atributo valioso era el de despertar una irrefrenable atracción en los hombres.

La presión habitual a la que se sometía a una gran estrella, el menosprecio que sentía que le profesaban algunos profesionales de la industria y el descontento consigo misma no tardaron en hacer mella en Marilyn.

Su comportamiento en los rodajes era cada día más problemático, con frecuentes impuntualidades, excusas para intempestivas ausencias y malas relaciones con actores y técnicos. Por esta época comenzó a tomarse períodos de descanso en clínicas debido a las depresiones en que cada vez con mayor frecuencia se veía sumida.

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Con todo, seguía estando en el ojo del huracán, siendo el objeto preferido de la prensa; pero también ello resultaba frustrante.

Aceptaba conceder una entrevista a la espera de que algún periodista se interesara por sus inquietudes intelectuales, por lo que leía o por el tipo de películas que le gustaría interpretar, pero lo único que encontraba sistemáticamente eran burdas cuestiones de tocador.

Algunas de sus respuestas de entonces se convirtieron en célebres, como cuando aseguró que no usaba ropa interior o que para dormir sólo se ponía Chanel nº 5.

Así es que, inconscientemente o no, la propia Marilyn terminaba contribuyendo a consolidar la percepción que de ella tenía la gente.

Nuevos rumbos

1956 fue un año crucial en su vida, ya que el 29 de junio se casó con el dramaturgo Arthur Miller, para lo que debió convertirse previamente al judaísmo.

Este enlace fue más sorprendente si cabe para el público y la prensa que el de DiMaggio. Miller, escritor y dramaturgo serio, proveniente de la élite intelectual judía, de posiciones ideológicas abiertamente izquierdistas, se casaba con una mujer que supuestamente era la antítesis: superficial, frívola, sin ideas propias y que aparecía habitualmente en las portadas de la prensa amarilla.

Y quienes le auguraron lo peor, acertaron, ya que este tercer y último matrimonio fue un nuevo fracaso personal.

La desenfadada e ingenua Marilyn Monroe no congenió con el exclusivo círculo de intelectuales neoyorquinos en que se desenvolvía Miller, y a pesar de que no se divorciaron hasta enero de 1961, pronto se distanciaron de forma irremediable.

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Entretanto, Marilyn había puesto en marcha un nuevo proyecto que causaba el recelo de los jefes de los estudios: su propia productora.

Cansada del maltrato y el desprecio, en 1957 viajó a Gran Bretaña para protagonizar y producir El príncipe y la corista (The Prince and the Showgirl), nueva variación algo más dramática del tema de Los caballeros las prefieren rubias y Cómo casarse con un millonario.

Como director y partenaire suyo Marilyn eligió al shakesperiano y muy británico Laurence Olivier.

El rodaje fue, como venía siendo habitual, algo turbulento, con enfrentamientos con Olivier, retrasos, pastillas y alcohol.

Curiosamente la crítica especializada, que ya había destacado su buen hacer como actriz dramática en Bus Stop, fue unánime al señalar que la espontaneidad y el encanto de Marilyn habían eclipsado a Olivier, aunque fue inmisericorde con la película.

De regreso a Estados Unidos, volvieron a surgir los problemas, las inseguridades y los temores de Marilyn: un matrimonio que ya no funcionaba; unos estudios cada vez más refractarios a contratarla, por extraño que esto pudiera parecer dada su inmensa popularidad; nuevas depresiones; nuevas estancias en sanatorios o clínicas de descanso, y dos nuevos factores, o cuando menos más acentuados: el consumo de alcohol y de píldoras, en especial barbitúricos.

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En su siguiente película, Con faldas y a lo loco (Some like it hot, 1959), genial y mordaz comedia sobre el amor y el transexualismo en que volvió a dirigirla Billy Wilder, el rodaje se convirtió en un verdadero suplicio.

En sus memorias, Wilder lo recordaría como la experiencia más traumática de su carrera debido al imprevisible comportamiento de la actriz, que nunca llegaba a la hora o que, simplemente, tenía que repetir hasta 65 veces un plano en el que tan sólo tenía una frase.

No obstante, y gracias en cierto modo a la buena química que había con los otros dos actores principales, Tony Curtis y Jack Lemmon, el resultado final fue satisfactorio; el trabajo de Marilyn sería premiado en 1960 con un nuevo Globo de Oro, esta vez en la categoría de mejor actriz de comedia o musical.

En 1960 coprotagonizó junto al actor francés Yves Montand el film de George Cukor El multimillonario (Let´s make love).

Aunque con un planteamiento habitual en la filmografía de Monroe (chica humilde pero con ansias de superación que encuentra el amor en un hombre rico), Cukor imprimió al argumento un mayor acento dramático.

Era una producción suntuosa, correctamente realizada, y con un buen trabajo de la pareja protagonista, pero aun así había algo en el conjunto que no terminó de funcionar. Durante el rodaje, Monroe y Montand tuvieron un romance que no pasó a mayores.

Marilyn se enamoró del actor, pero para Montand no era más que una aventura. Una vez más, la mujer más deseada del mundo no encontraba o tenía dificultades para conservar un amor.

Un triste final

Su última aparición cinematográfica, si descontamos la incompleta y no estrenada película de Cukor Something´s got to give, fue para muchos críticos y aficionados el mejor trabajo de cuantos realizó Marilyn Monroe.

Dirigido por John Huston y con guión del aún marido de Marilyn, Arthur Miller, Vidas rebeldes (The Misfits, 1961) era un filme elegíaco, tocado con la rara cualidad de lo irrepetible, que unía en la pantalla a tres grandes actores, Clark Gable, Montgomery Clift y Marilyn Monroe, tres estrellas que además estaban atravesando por distintos motivos unos momentos personales especialmente delicados.

Una historia de perdedores, tan del gusto de Huston, que en un último crepúsculo encontrarán al menos un lugar donde poder descansar y compartir sus experiencias con alguien.

Intensa y emotiva, quizá este papel fue el mejor regalo que pudo hacer a Marilyn Arthur Miller, de quien se divorciaría poco después, el día 21 de enero de 1961, justo una semana antes del estreno de Vidas rebeldes.

Su sentida interpretación de la divorciada Roslyn Tabor, que encuentra un nuevo amor en el personaje que encarna Gable, acabaría siendo apreciada como admirable cierre y legado de carrera actoral.

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Los últimos meses de la vida de Marilyn presentan una serie de zonas oscuras que probablemente nunca lleguen a esclarecerse, como su relación con el entonces presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy, que parece probado que fue de naturaleza íntima, o más tarde con el hermano de éste, el senador Robert Kennedy, en la que algunos indicios pueden hacer pensar que fue tan sólo de amistad.

De cualquier modo, los nombres de ambos aparecieron entonces y siguen apareciendo hoy en el asunto de la muerte por suicidio de la actriz, que falleció el 5 de agosto de 1962 a causa de una sobredosis de barbitúricos en su casa de Brentwood, California.

A las tres de la madrugada la señora Murray, su ama de llaves, la encontró en la cama en una postura extraña, con el teléfono fuertemente aferrado en una de sus manos y las luces encendidas.

Un frasco vacío de Nembutal encima de la mesilla atestiguaba la ingestión masiva de pastillas por parte de la estrella. El médico forense certificó su muerte y expresó su convencimiento de que se trataba de un suicidio.

En años posteriores, una auténtica industria del escándalo, de la que formarían parte la prensa amarilla, la de la extrema derecha y un Norman Mailer arruinado y angustiosamente necesitado de dinero, especularon incansablemente sobre la relación entre su muerte y los hermanos Kennedy.

No era la primera vez que había ingerido una sobredosis de barbitúricos combinada con alcohol: exactamente lo mismo había ocurrido en la primavera del año anterior, poco después de la separación de Miller y del estreno de Vidas rebeldes.

La policía, extrañamente, no reveló el nombre de la sustancia que había tomado Marilyn, e incautó y rehusó hacer públicas las cintas magnetofónicas de la compañía de teléfonos en que estaban grabadas las llamadas que efectuó la noche de su muerte.

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Esto no hizo más que confirmar las sospechas de que Marilyn llamó a alguien en busca de ayuda, alguien cuya alta posición pública no le permitía afrontar el escándalo que hubiera supuesto verse envuelto en semejante asunto.

Pese a la infinidad de biografías y libros que sobre ella se han escrito (incluyendo su autobiografía, aparecida póstumamente en 1974), en los que se ha podido percibir esa otra Marilyn que no se ajusta al tópico, aún hoy sigue apareciendo en primer lugar, o en un lugar muy destacado, en toda clase de rankings más o menos frívolos.

En 1995 fue votada por los lectores de la revista inglesa Empire como la actriz cinematográfica más sexy de todos los tiempos; la misma revista, en 1997, la situaba como la octava estrella del cine (masculina y femenina) más grande de todos los tiempos; y en 1999, la americana People Magazine la consideraba la mujer más sexy del siglo.

En definitiva, a pesar de los denodados intentos que Marilyn Monroe llevó a cabo en vida para ser considerada de manera distinta a como se la veía, difícilmente desaparecerá nunca de la imaginación colectiva como uno de los íconos eróticos del siglo XX.

La imagen de La tentación vive arriba, con blusa y falda plisada blancas que se le levantan y agitan cuando pasa sobre un respiradero del metro de Nueva York, ha quedado indisociablemente unida a su nombre.

Su desaparición en plena juventud, y en la cumbre de su fama como actriz y como mito erótico vivo, no hizo más que acrecentar la leyenda.

“Las circunstancias de la muerte de Marilyn Monroe fueron deliberadamente encubiertas”: las incógnitas que rodean el fallecimiento de la actriz 60 años después

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«¿Cómo se escribe una historia de vida? La verdad rara vez sale a la luz, normalmente circulan las falsedades. Pero es difícil saber por dónde empezar si no empiezas con la verdad».

Así se expresaba Marilyn Monroe en la última entrevista que concedió antes de su muerte, de la que este 5 de agosto se cumplen 60 años.

Norma Jean Baker (su verdadero nombre) tenía 36 años y dejaba atrás una vida llena de contrastes: estrella adorada por millones de personas alrededor del mundo, lidió con innumerables problemas psicológicos y emocionales que ella misma atribuía a su infancia y, en menor medida, al peso de la fama.

Su solitaria muerte de madrugada, clasificada oficialmente como «probable suicidio», desató múltiples rumores y teorías conspirativas que perduran hasta hoy.

Contienen los ingredientes perfectos para una película de Hollywood: sexo, política, agentes secretos e incluso la presunta implicación de la mafia o de una poderosa familia como los Kennedy.

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La fama es caprichosa. Tiene sus compensaciones, pero también sus inconvenientes. Y la conozco. Te tuve, fama, ¡hasta luego!» – Marilyn Monroe

El periodista y escritor británico Anthony Summers se sumergió en los años 80 en una exhaustiva investigación, ahora actualizada, para intentar desentrañar el misterio.

¿Qué fue lo que halló?

Una meticulosa labor

El objetivo inicial del viaje del periodista a Hollywood era cubrir la reapertura de la investigación sobre la muerte de la actriz anunciada por el fiscal de distrito de Los Ángeles.

Era 1982 y se cumplían 20 años del suceso.

«Marilyn no había sido una de mis actrices favoritas, me gustaban más Natalie Wood y otras artistas de esa época», le dice Summers a BBC Mundo.

«Fui a Los Ángeles y empecé a mirar qué hacía el fiscal de distrito. Muy pronto me di cuenta de que la historia era mucho más amplia y complicada de lo que pensaba.

«También me di cuenta de que su vida entera había sido mal cubierta por la prensa, excepto en dos o tres biografías. Había mucho que aprender», recuerda.

Se compró un auto y empezó a tocar puertas y hacer llamadas. Las evasivas o directamente negativas de la gente a hablar le demostraron que, a pesar del paso del tiempo, el asunto todavía despertaba temores y suspicacias.

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Summers llegó a Los Ángeles con la idea de hacer un reportaje en dos o tres semanas, pero se quedó en la ciudad californiana más de dos años para completar su trabajo.

Pero Summers insistió.

Finalmente consiguió entrevistar a más de 700 personas, algunas de ellas con un conocimiento muy estrecho de los últimos días y horas de vida de la actriz. como su ama de llaves, Eunice Murray, o la familia del doctor Ralph Greenson, su último psiquiatra.

Fruto de ese trabajo, Summers publicó en 1985 Goddess: The Secret Lives of Marilyn Monroe («Diosa: las vidas secretas de Marilyn Monroe»).

El libro ha sido actualizado y reeditado en varias ocasiones y sirve de base para el reciente documental de Netflix The Mystery of Marilyn Monroe: the Unheard Tapes («El misterio de Marilyn Monroe: las cintas inéditas») en el que podemos oír grabaciones hasta ahora desconocidas de personas muy cercanas a Monroe.

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«No encontré nada que me convenciera de que fue asesinada, pero sí hallé pruebas de que las circunstancias de su muerte fueron deliberadamente encubiertas», sostiene Summers.

«Y diría que la evidencia sugiere que fue así por la conexión de la actriz con los hermanos Kennedy».

¿A qué se refiere?

Marilyn y los Kennedy

En el centro de todo el misterio que rodea la muerte de Marilyn Monroe está, efectivamente, la supuesta relación de la actriz con los hermanos John y Robert «Bobby» Kennedy, en aquella época presidente y fiscal general de EE.UU. respectivamente.

Corrían los años 1961 y 1962, y a la actriz no le quedaría mucho tiempo de vida.

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Summers consiguió que fuentes directas corroboraran que Monroe y los Kennedy coincidieron con cierta frecuencia en la mansión de Peter Lawford, cuñado de los políticos y conocido de la actriz, en la playa de Malibú.

Otros entrevistados fueron más allá y hablaron de una presunta relación sentimental de Monroe con ambos, primero con John y luego con Bobby, que nunca ha sido reconocida por la familia Kennedy.

Entre las grabaciones de Summers llaman especial atención los testimonios de detectives privados, informantes y exagentes del FBI que reconocen abiertamente ante el micrófono que tanto Marilyn Monroe como los Kennedy estaban siendo espiados.

Investigadores directamente involucrados en el caso como Fred Otash o John Danoff le explicaron al periodista que la casa de la actriz y la de Lawford tenían micrófonos instalados por las fuerzas del orden y por grupos mafiosos a los que les interesaba tener un posible escándalo con el que presionar al fiscal general.

Además, Summers tuvo acceso a expedientes oficiales que demuestran que el FBI investigaba a la actriz por su presunta ideología izquierdista y que la agencia consideraba «motivo de preocupación por cuestiones de seguridad» los encuentros de Monroe con el presidente y con el fiscal general.

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El periodista británico obtuvo acceso a archivos del FBI sobre Marilyn Monroe.

Según la investigación de Summers, esto llevó a que los Kennedy rompieran toda relación con la actriz.

Reed Wilson, un agente que era experto en escuchas y trabajaba tanto para el FBI como para la CIA, le confió a Summers que, en la última conversación de Monroe con Peter Lawford el mismo día de su muerte, la actriz exigió que la dejaran en paz.

«Me siento usada. Me siento como un pedazo de carne. Siento que me han pasado de uno a otro», reprochó Monroe citada por Wilson.

«No es que tuviera el corazón roto, no creo que fuera eso», apuntó Wilson. «Era más bien que sentía que se habían aprovechado de ella, que le habían mentido»,

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«No me considero huérfana, fui una niña abandonada. Nunca estuve acostumbrada a ser feliz, así que no era algo con lo que contara» – Marilyn Monroe

¿Un complot para asesinarla?

La idea de que Monroe pudiera haberse convertido en una figura molesta o incluso peligrosa para los Kennedy hizo que la teoría del asesinato cobrara fuerza.

Sin embargo, para Anthony Summers no hay evidencia que la sustente.

«La insinuación de que fue asesinada no tiene una base fundamentada en hechos«, le explica el autor a BBC Mundo. «Para sugerir que alguien ha sido asesinado tienes que tener alguna prueba y no la hay».

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Marilyn Monroe le dedicó el «Cumpleaños feliz» al presidente Kennedy en junio de 1962.

«La evidencia de la noche que murió sí indica que se fabricó una historia, que no se contó la verdad sobre cómo se desarrollaron los hechos», afirma.

«Según la versión que se dio en su momento, el ama de llaves Eunice Murray vio una luz [en la habitación de la actriz] a las 3 de la madrugada del domingo 5 de agosto y llamó a Ralph Greenson, el psiquiatra de Monroe, quien al llegar miró por la ventana y la vio tendida en la cama, aparentemente muerta. Entonces Greenson rompió el vidrio y, al cabo de un rato, él y Murray llamaron a la policía», explica.

Sin embargo, Summers recogió testimonios de otras personas con una versión diferente, como Nathalie Jacobs, viuda del representante de prensa de Monroe, que recordó que alguien avisó a su esposo de que había una emergencia con la actriz a las 10 o las 11 de la noche del sábado 4.

En esta línea, el forense que hizo la autopsia, Thomas Noguchi, determinó como hora probable de la muerte las 11 o las 12 de la noche, lo que colocaría la fecha del fallecimiento en el 4 de agosto y no el día 5.

¿Qué pasó en esas horas de diferencia entre las 11 de la noche y las 3 de la madrugada de la versión oficial?

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«Me llevó mucho tiempo ver qué piezas del rompecabezas podía encontrar y si encajaban», cuenta Summers.

«Con el descubrimiento de que mandaron una ambulancia a casa de Monroe, dato que provino de una fuente muy confiable -el jefe de la empresa de ambulancias Schaefer- y fue corroborado por otras siete personas, pude hacer un análisis más real de los tiempos.

«Quedé convencido, y ahora lo estoy aún más, de que hubo un engaño sobre lo que pasó, pero no que la hubieran matado.

No se veían daños físicos según la autopsia, tampoco señales de inyecciones», insiste.

«Antes de saltar a esa conclusión, tienes que preguntarte qué otra cosa pudo haber pasado.

Se encontraron pastillas para dormir, un frasco vacío de Nembutal, que es un barbitúrico.

«Me pareció completamente posible que hubiera muerto por sobredosis accidental. O que se hubiera matado deliberadamente, algo que había intentado antes.

«Si me preguntas qué pienso yo de las dos, creo que es más probable que fuera un terrible accidente. Si hubiera querido suicidarse yo esperaría que se lo hubiera dicho a alguien o que hubiera dejado una nota informando que se estaba matando. No parece que lo hiciera.

«Nunca lo sabremos, creo, pero me decanto por el lado de la muerte accidental», subraya.

En una de las actualizaciones de su libro, el periodista pudo añadir algunas de las piezas que le faltaban de su particular rompecabezas.

Una de esas piezas era Sydney Guilaroff, peluquero de Monroe en varias de sus películas y confidente de la actriz.

«Cuando estuve en Los Ángeles en los 80 una y otra vez, me encontré con él y hablamos», recuerda Summers.

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«Siempre era muy amable y cooperativo sobre cosas que ocurrieron antes de la muerte de Marilyn, pero se comportaba de forma muy extraña cuando le preguntaba sobre los eventos de esa noche.

«Años después, Guilaroff describió en su biografía cómo a las 9:30 de la noche en que murió, Marilyn lo llamó. Sonaba aletargada y disgustada.

«Le contó desesperada que estaba rodeada de peligros, de traiciones de hombres en altos cargos y que Robert estuvo en la casa ese mismo día y la había amenazado y gritado», expone Summers.

El ama de llaves también le dijo a Summers que Kennedy visitó a la actriz esa tarde, y que hubo una acalorada discusión.

«Mi interpretación, con base en todas las personas con las que hablé, es que Bobby fue a verla ese día, que discutieron y que él tenía que dejar la ciudad, por eso necesitaban ganar tiempo», opina Summers.

«Hubiera sido comprometedor que se supiera que había estado en la casa horas antes de su muerte. Parte del retraso era para asegurarse de que Bobby estaba fuera de la ciudad».

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El periodista consiguió acceder a los registros de vuelo de un helicóptero que esa misma noche despegó de la casa de Peter Lawford.

Sin embargo, Robert Kennedy nunca reconoció que estuviera en Los Ángeles el día en que murió la actriz.

Una fascinación que perdura

«La felicidad… ¿se llega a conocer? Intentar ser feliz es casi tan difícil como intentar ser buena actriz».

La vida de Marilyn Monroe estuvo repleta de momentos estelares y de tremendos dolores y decepciones.

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60 años después de su muerte, su figura sigue despertando un gran interés.

Este mismo año, un cuadro de Andy Warhol con su imagen se subastó por una cifra millonaria récord.

Kim Kardashian acudió a la MET Gala con el mismo vestido que llevaba la actriz la noche que le cantó «Cumpleaños feliz» al presidente Kennedy en Nueva York en junio de 1962.

Y en septiembre, también Netflix estrenará la película Blonde, en la que Ana de Armas interpreta a la actriz.

«No estoy seguro de lo que es, pero sí sé que desde Connecticut hasta el Congo aparece en tazas de café, bolsos, lo que se te ocurra», sostiene Summers.

«En Malasia, por ejemplo, hay un restaurante con su nombre y un banco con una figura de cartón de Marilyn Monroe para que te puedas sentar a su lado y sacarte una foto con ella».

«Me pregunto qué piensan de ella los jóvenes de ahora. ¿La ven como una persona real con sentimientos? Espero que sí, porque fue una mujer real con inteligencia real.

«Hay numerosas razones para sentir empatía hacia ella. Es mucho más que una figura de cartón. Y será más que eso. Creo que las cosas se han salido de control. Nadie tiene una noción de quién era la verdadera Marilyn Monroe«, expresa.

«Marilyn Monroe era una mujer brillante y una muy buena actriz. Leía mucho, sabía sobre política. Era una mujer inteligente sometida a una presión casi intolerable y al final se puede decir que esa presión la mató».

Las últimas palabras que le dijo la actriz a Richard Meryman, el periodista que la entrevistó para Life, reflejan también ese deseo de ser tomada en serio.

«Por favor, no me hagas quedar como un chiste».

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Las teorías sobre la muerte de Marilyn, desde los Kennedy hasta los ovnis

Nunca se sabrá bien cómo sucedió. El tiempo sólo agrega sombras, sospechas, teorías conspirativas. Incertidumbre. Alguien muy famosa y deseada (acaso más que nadie) y una muerte temprana.

La noticia de la muerte de Marilyn Monroe produjo una lógica conmoción. Pero, para muchos, no se trató de una sorpresa. Hacía meses que la actriz no estaba bien. De todas maneras la versión oficial está repleta de silencios y contradicciones que agigantan las preguntas. Ese día, en especial esa noche de hace sesenta años, será siempre terreno de la leyenda, de la duda, de lo incierto.

La autopsia determinó que se trató de una sobredosis de barbitúricos. Pero el paso del tiempo sólo multiplicó sombras. ¿Fue un suicidio? ¿Una sobredosis accidental? ¿O se trató de un asesinato? Si la mataron ¿quién fue el autor material? ¿Y el intelectual? ¿Las causas?

Las teorías conspirativas se acumulan, se contradicen entre sí y muy pocas veces se complementan. Los años sólo hicieron hacer crecer esta narrativa y potenciaron las lagunas de la conclusión veloz a la que llegaron las autoridades.

John Fitzgerald Kennedy, Robert Kennedy, Jimmy Hoffa, agentes del comunismo, activistas anticomunistas, la CIA, el FBI. En esta historia fueron muchos los señalados y sospechados. Tal vez nunca se sepa con certeza qué fue lo que sucedió con Marilyn. El misterio sobre su final, como el tamaño de su leyenda, sólo tiende a crecer.

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La historia oficial: el suicidio

Empecemos con la versión que quedó cristalizada por actuaciones policiales, informes periciales y decisiones judiciales. Es la que se repite en los recuentos biográficos oficiales.

Marilyn hacía tiempo que tenía problemas. Depresión, abuso de medicación, alcohol, conductas erráticas, incumplimientos laborales varios. La tarde del 4 de agosto de 1962 fue visitada por su psiquiatra, recibió unos masajes y la mujer que trabajaba en su casa, a pedido del médico, se quedó a dormir con ella, para cuidarla. Al llegar la noche Marilyn se encerró en su cuarto. Recibió algunas llamadas e hizo otras.

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La habitación en la que fue hallado su cuerpo. Por esa ventana habría mirado la señora que la cuidaba para dar aviso de la situación 

Una de esas conversaciones fue con Peter Lawford, actor que integraba dos de los clanes más importantes de ese tiempo. Era miembro de la familia presidencial, cuñado de JFK (estaba casado con Pat Kennedy) e integraba el Rat Pack, el grupo de artistas nucleado alrededor de Frank Sinatra. Esa noche Lawford daba una fiesta y quería contar con la presencia de Marilyn.

Hablaron poco. Marilyn tenía la voz pastosa, estaba inconexa, se despidió de él con solemnidad saludándolo y mandando saludos para su esposa y para “el Señor Presidente” (esta formalidad puede que sea un agregado posterior de Lawford para cuidar a su cuñado, para tapar una de sus aventuras extramatrimoniales).

El actor, al no escucharla bien, llamó preocupado a varios de sus contactos para que se ocuparan de Marilyn. La cadena de llamados llegó hasta el agente de Monroe que por fin pudo dar con el psiquiatra. La mujer que la cuidaba fue avisada y dijo que veía luz por debajo de la puerta.

Le pidieron que tratara de ingresar al dormitorio. La puerta estaba cerrada con llave. Salió, rodeó la casa y miró por la ventana. Según dijo, la vio tirada en la cama, desnuda, boca abajo, con una mano en el teléfono. No se movía.

El psiquiatra, al arribar, rompió el vidrio de esa ventana e ingresó en la habitación. Cuando la tocó se dio cuenta que no había nada que hacer. Estaba helada. Hacía varias horas que Marilyn Monroe estaba muerta.

Algunos de estos hechos se pueden comprobar fácilmente. Otros están cubiertas por sombras, ocurrieron más difusamente o no pueden ser probados fehacientemente.

Esta narración fue la que cristalizó la investigación oficial. Pero con el correr de los años, y el asesinato de los hermanos John y Robert Kennedy cada vez más gente se animó a desafiar esta narrativa. Fueron muchos los testigos que hablaron de los amoríos de Marilyn con ambos Kennedy.

Aparecieron testimonios que pusieron en tela de juicio algunos de los episodios de esa noche del 4 de agosto de 1962. Tanto que los derrumbaron. Veinte años después, en 1962, un fiscal debió reabrir la causa ante la presión popular y de los medios.

Habían pasado dos décadas y las teorías y versiones seguían aumentando. El fiscal trabajó unos meses y cerró definitivamente el caso. Concluyó, sin aportar ninguna novedad, que se había tratado de un suicidio o de una sobredosis accidental.

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Enfermeros retiran el cuerpo de Marylin Monroe de su casa de Los Ángeles el 5 de agosto de 1962

La segunda hipótesis: sobredosis accidental

Es una variación, leve, de la anterior. Marilyn estaba sobrepasada por su fama, por los amores frustrados, por el fracaso de sus matrimonios. La habían despedido de su última película, el seguro que debía pagar el estudio cada vez que la contrataba era mayor.

Su conducta había sido errática y las apariciones públicas se espaciaron. Sus viejos problemas habían hecho eclosión. Por eso la habían sometido a un tratamiento psiquiátrico y por eso el profesional médico esa jornada solicitó que alguien se quedara a acompañarla.

Su malestar era tal que tomó varias pastillas para dormir pero al no hacerle efecto aumentó la dosis, ya desesperada.

Lo que esta versión igual que la anterior sigue sin explicar es la diferencia de horarios brindada por los testigos y las consignadas en los expedientes; tampoco el llamado de Peter Lawford y sus motivaciones; y principalmente el motivo por el cual ella tenía tanta cantidad de barbitúricos a mano si el psiquiatra había pedido que la vigilaran y que no fuera dejada sola ya que era una paciente de riesgo.

¿Fue negligencia? ¿Fue tan sólo descuido indolente?

Tercera posibilidad: el asesinato.

Algunos testimonios ponen en crisis las conclusiones judiciales. La esposa del agente de Marilyn contó que ella y su marido estaban, esa noche, viendo un concierto de Henry Mancini y su orquesta. Pero no pudieron terminar la velada como habían imaginado.

Tras escuchar al creador del tema de La Pantera Rosa, alguien los esperaba a la salida de la sala, habló con su marido y éste debió salir corriendo. El concierto no puede haber terminado después de las 11 de la noche.

De ser cierto este relato, se cae la versión de la mujer que cuidaba a la actriz alertó al psiquiatra en medio de la madrugada. Y explicaría por qué el cuerpo estaba frío y con rigor mortis cuando llegó la policía. Los que creen en la investigación oficial dicen que el llamado que recibió el representante fue el final de la cadena iniciada por la preocupación de Peter Lawford.

Algún investigador privado contó que un par de ambulancieros testimoniaron que antes de la medianoche del 4 de agosto recibieron un llamado solicitando su presencia con urgencia en el domicilio de Monroe.

Que Marilyn, moribunda, fue subida a una ambulancia para dirigirse al hospital pero que su vida se apagó en el trayecto. Así, el manager y el psiquiatra, consiguieron que fuera llevada de vuelta a su hogar y montaron la escena del hallazgo a las 4 a.m. Si se trató de un suicidio ¿Por qué harían algo así?, preguntan los que descreen.

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El beisbolista Joe DiMaggio en el funeral de Marylin el 10 de agosto de 1962. Durante décadas se encargó de que la tumba de su ex esposa siempre tuviera flores

Otro dato real pero al que una pequeña variación le da un sentido diferente a la historia: es cierto que hubo un llamado desde la casa de la playa de Peter Lawford. Pero según estas versiones, no llamó a Marilyn para invitarla a una fiesta. Sostienen que ni siquiera fue él quien habló.

El llamado habría sido de Robert Bobby Kennedy, fiscal general de Estados Unidos, hermano del presidente y amante de la actriz. Ese llamado habría terminado de desequilibrar a Marilyn. Le habría dicho que ya no se verían, que si intentaba acercarse a él o su hermano la iba a pasar mal, muy mal.

Otros, todavía van más lejos: afirman que Bobby estuvo esa tarde en la casa de la actriz en Los Ángeles. Y que la demora en revelar su muerte fue para darle tiempo al hermano presidencial de salir de la ciudad, para que la noticia de la muerte de Marilyn lo encontrara en Washington ya que eran muchos los que habían escuchado de su historia clandestina.

La última aparición pública de Marilyn fue en el acto en Nueva York en el que le cantó el cumpleaños a John F. Kennedy. Ella fue la figura artística principal en un desfile impresionante de estrellas. Era la de mayor convocatoria y magnetismo, el único nombre propio que se destacó.

De esa jornada, de una reunión muy exclusiva posterior en la mansión de Manhattan de un multimillonario, es la única foto que se conserva de Marilyn con los hermanos Kennedy. Según algunas de sus fuentes, los encuentros con John y Bobby se venían dando desde hacía años.

Y ella, afirman, fue amante de ambos. Pero que tras ese encuentro en Manhattan, Bobby le dijo que ya no podía tener contacto con ninguno de los dos.

La foto –en la que Marilyn tiene ese vestido que parece tallado sobre su cuerpo- habría sido la única prueba que sobrevivió de esa relación clandestina y triangular. Ya que agentes federales se encargaron de destruir lo que encontraron a su paso y a borrar rastros, la misma noche de la muerte de Monroe. Fotos, grabaciones hechas con micrófonos secretos, registros telefónicos y documentos oficiales.

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La sede y casi exclusivo lugar en el que sucedieron esos encuentros clandestinos fue casa de Peter Lawford sobre la playa (y de muchos otros más con otras mujeres: los Kennedy, siguiendo un mandato paterno, se mostraban voraces como amantes).

Los que sostienen que Marilyn fue asesinada miran hacia varios lados. Algunos dicen que fueron agentes anticomunistas ya que ella desde su matrimonio con Arthur Miller se había convertido al comunismo. Otros acusan a los comunistas: lo hicieron para perjudicar a los Kennedy; para dejar en evidencia la relación que los unía y esparcir sospechas sobre ellos.

La mafia y en especial Sam Giancana son otros de los candidatos. En este caso, además del encono y las fricciones con el nuevo gobierno, no habría que buscar demasiadas razones: el asesinato es su negocio más asiduo. Aquí se habrían confabulado con Jimmy Hoffa para aleccionar a su perseguidor, Bobby Kennedy.

También algunos apuntaron a la CIA y al FBI; ante el final de la relación decretado unilateralmente por los Kennedy (o por alguno de ellos al menos), Marilyn, especulan, habría amenazado con revelar el vínculo que los unía. Para callarla y para evitar futuras tormentas políticas, los hombres del gobierno la habrían asesinado.

En algunos de estos escenarios, según quien los describa, los homicidas pueden ser los mismos pero las motivaciones las opuestas. Es decir, dos autores pueden coincidir en que el asesinato fue obra de la CIA, pero uno sostener que fue para proteger al presidente y otro afirmar que sólo se lo buscaba lastimar.

Robert Kennedy es el que protagoniza más versiones. La habría matado para tapar el affaire; o porque Marilyn sabía demasiadas cosas –entre ellas secretos nucleares- fruto de las conversaciones íntimas después de tener relaciones sexuales; o habría alterado la escena de muerte para que pareciera un suicidio y no una muerte accidental a causa de su desesperación.

En estas seis décadas, fueron muchos los autores que suscribieron una u otra teoría. La gran mayoría se basó en especulaciones más que en certezas y en las lagunas o pequeñas contradicciones de la versión oficial más que en pruebas.

Pero en tiempos fértiles para las teorías conspirativas estas versiones proliferaron ayudados por el poder magnético del aura de Marilyn.

Para el final dejamos las dos teorías más disparatadas de las teorías conspirativas, las que nunca pueden faltar en este prolífico género. Una de ellas cifra los motivos del asesinato en que Marilyn por su cercanía con los Kennedy y las confesiones de alcoba sabía demasiadas cosas sobre la existencia de los ovnis.

Y que por ese motivo, para ocultar la existencia de vida extraterrestre, los hombres del gobierno la callaron para siempre.

Y cómo no podía ser de otra manera, como todo personaje demasiado célebre que muere tempranamente, también se negó la posibilidad de que se tratara de un asesinato, un suicidio o una muerte accidental.

Se dijo que ella no murió, que todo se trató de una sofisticada puesta en escena para permitir que Marilyn siguiera viviendo con tranquilidad, sin presiones. Ella no rumbeó, como se dice de otros, para la Patagonia. Primero habría estado en una clínica psiquiátrica canadiense y algún tiempo después se instaló anónimamente en el corazón de Estados Unidos.

Sesenta años después de su muerte el misterio se sigue alimentando. Y el mito no para de crecer.

Tres maridos y mil amantes de la mujer más sola del mundo: los tormentosos amores de Marilyn Monroe

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Todavía era Norma Jeane.

Había crecido en orfanatos y hogares adoptivos, sin conocer jamás a su padre, y con una madre esquizofrénica que entraba y salía de clínicas psiquiátricas, cuando le tocó mudarse por tercera vez con una amiga de la familia, Grace Goddard, que era su tutora legal pese a que su marido había abusado de ella en forma repetida.

Vivían en Van Nuys, en Los Ángeles, pero el hombre iba a ser transferido por trabajo y la ley de California prohibía que llevaran a la menor a otro estado, por lo que la chica que iba a convertirse en el mayor símbolo sexual de todos los tiempos debía volver al hospicio. La solución que encontró entonces fue casarse con su vecino.

La morocha de rulos que sería Marilyn Monroe se casó con James Dougherty el 19 de junio de 1942, apenas dos semanas después de cumplir 16 años. Él era policía y ex capitán del equipo de fútbol de la secundaria, y le llevaba cinco años.

Ella le decía “papito” y dejó el colegio para cumplir con sus deberes maritales. En las cartas, textos personales y poemas que le legaría a la figura paterna más definitiva en su vida, su maestro de teatro, Lee Strasberg, y que componen el libro Fragmentos (2010), dice que Dougherty era uno de los pocos chicos que no le daban “asco sexual”, y que se aferró a él menos por amor que por soledad y por la necesidad de ser rescatada.

Dougherty también compró el papel del salvador de la pobre damisela abandonada, pero la ilusión duró poco, y Norma se sintió rápidamente rechazada: “Mi primer impulso fue de sometimiento total, de humillación, de confinamiento ante el homólogo masculino”, escribe sobre él en sus diarios.

En 1944, Jim fue enviado al Pacífico y estuvo ahí hasta después del final de la Segunda Guerra Mundial. En su ausencia y contra su voluntad, ella había empezado a modelar como pin-up y se había teñido el pelo de rubio.

Se divorciaron en septiembre de 1946, a un mes de que ella firmara su primer contrato como actriz de los estudios 20th Century Fox como Marilyn Monroe –el apellido de soltera de su madre, Gladys, y un nombre elegido por un productor ejecutivo por su parecido con la estrella de Broadway Marilyn Miller–. Jim no toleraba la idea de que su mujer no fuera ama de casa, ni mucho menos que pretendiera tener una carrera cinematográfica.

Esa experiencia fue para Marilyn un disparador punzante de su vulnerabilidad frente a los varones, y la herida abierta de la destrucción del amor romántico e idealista: “Ahora lo que hago es engañarme, porque si tuviera un último acto, retrataría a una heroína sufriendo valerosamente en su intento de ponerlo todo a un lado apelando a la protección de un hombre desconocido”.

Muchos años después, Dougherty confesaría que nunca dejó de quererla ni de seguir la carrera a la que se había opuesto antes de que comenzara. Había otra verdad de fondo para que la pareja se disolviera: no era conveniente que una belleza ascendente en Hollywood estuviera casada. Con Dougherty, Norma Jeane nunca hubiera sido Marilyn.

Una suerte similar corrió su romance con el periodista y luego guionista Robert Slatzer, a quien conoció después de su separación. Slatzer aseguraría en su libro de memorias junto a la diva –The Life and Curious Death of Marilyn Monroe (1974)– que se habían casado en Tijuana, Mexico, en 1952, pero los estudios objetaron el matrimonio y obligaron a Marilyn a pedir la anulación.

No quedaron registros de la unión que ella jamás confirmó en público, pese a que Slatzer insistió hasta el final de sus días en que, al menos durante una semana, había sido el marido de la mujer más deseada de la historia.

En los papeles, sin embargo, su segundo marido oficial para el público y la prensa fue Joe DiMaggio. Marilyn conoció a principios de los 50 al que entonces era el campeón de baseball más popular del momento y él se rindió enseguida ante sus encantos.

Había pedido que le arreglaran una comida con la actriz después de verla en el thriller de clase B Don’t bother to knock (1952), y aunque estaba casado, dejó a su mujer por ella sin muchos preámbulos. Su boda, el 14 de enero de 1954, sí tenía sentido publicitario y fue aceptada y hasta fogoneada por los estudios: juntos cumplían el sueño americano de unir al ídolo de los Yankees con la bomba platinada de Hollywood.

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12th September 1954: A portrait of Marilyn Monroe (1926 – 1962) sitting with her husband Joe DiMaggio (1914 – 1999) at El Morocco, New York City, New York. 

Causaban fascinación, pero, otra vez, el hechizo se desvaneció muy pronto: DiMaggio era un hombre bastante simple y muy conservador, y no se acostumbraba a estar con una estrella adorada en todo el planeta a la que ningún hombre se resistía.

Se dice que abusó física y psicológicamente de ella y se sabe que tuvo arranques de celos épicos, como cuando irrumpió en pleno set durante la escena legendaria de La comezón del séptimo año (1955) en la que el vestido blanco y vaporoso de Marilyn vuela sobre una boca del metro neoyorquino.

Como Dougherty, DiMaggio quería que dejara el mundo del espectáculo y reservara toda su sensualidad para él. Se divorciaron apenas nueve meses después del casamiento en el City Hall de San Francisco, pero nunca dejaron de verse. Y es que, de un modo quizá torpe y posesivo, fue uno de los pocos hombres que la cuidaron.

Fue DiMaggio el que la rescató de la clínica psiquiátrica Payne West de Nueva York en febrero de 1961 contra las indicaciones de todos los médicos y bajo su propia responsabilidad cuando Marilyn se quejó de los tratos inhumanos que recibía tras ser admitida como una paciente psicótica. En la Navidad siguiente tuvieron algo parecido a una reconciliación después de que él le mandó un enorme ramo de flores.

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Jane Russell, íntima de la actriz con quien compartió cartel en Los caballeros las prefieren rubias (1953), confirmaría tras el suicidio de Marilyn que planeaban volver a casarse y no caben dudas de que el astro deportivo la amó incluso después de la muerte: fue el único de los tres maridos de la diva que voló a Los Ángeles el 5 de agosto de 1962 cuando se conoció la noticia.

También quien se ocupó del funeral y le prohibió la entrada a casi todos los directores, productores y actores de los estudios a los que culpaba de la tragedia.

La crónica de The New York Times de aquel día dice que antes de dejar el cementerio, se inclinó sobre el féretro y le repitió tres veces que la amaba. Durante los veinte años que siguieron, envió –por medio de La Parisien Florist, de Hollywood– flores a su tumba tres veces por semana.

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Pero si DiMaggio fue quien más la quiso, el escritor y dramaturgo Arthur Miller fue en cambio el gran amor de la diva.

Y el hombre por el que más sufrió. Lo conoció por medio de Elia Kazan, con quien también tuvo un intenso romance, como el propio director de Un tranvía llamado deseo (1951) confiesa en las cartas a su esposa: “La vi por primera vez en el set de Harmon Jones (el cineasta que la dirigió en As young as you feel, en 1950). Su novio –o su guardián– acababa de morir y la familia no le había permitido ver el cuerpo ni volver a entrar a la casa que compartían. (…)

Estaba llorando y Harmon, que la consideraba ridícula, se burlaba de ella. La invité a comer porque me pareció como una nena abandonada. No estaba ‘interesado en ella’, eso vino después. Llegué a conocerla y le presenté a Arthur Miller, que también quedó conmovido. No podías evitar que te movilizara.

Era talentosa, graciosa, vulnerable, indefensa y con un dolor espantoso, sin esperanza. No mentía, no tenía vicios ni malicia y sí una historia de orfandad que te mataba al escucharla. Era como todas las heroínas de Charlie Chaplin en una”.

Kazan no lo menciona, pero Marilyn tuvo un amorío con Charlie Chaplin Jr –hijo del mito de la comedia–, que dice en sus memorias que la dejó cuando la encontró en la cama con su hermano Sydney.

El director, que en esas cartas a su mujer juraba haberse arrepentido de haberla herido, pero jamás de su romance, también le presentó a Strasberg, en quien Marilyn encontró la imagen de padre que siempre había buscado.

Ella misma lo cuenta en una nota para su último psiquiatra, Ralph Greenson: “Kazan dice que soy la chica más alegre que haya conocido y, créame, ha conocido muchas. Pero me amó por un año y una noche en que estaba muy angustiada me acunó para que me durmiera. También me sugirió que hiciera terapia y que trabajara con su maestro, Lee Strasberg.”

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Marilyn Monroe y Arthur Miller en 1956 

Con Miller se reencontró en 1956 en casa del productor de La comezón del séptimo año, cuando el dramaturgo todavía estaba casado con su primera mujer. Él le llevaba once años y el flechazo fue inmediato.

Como antes DiMaggio, Miller se divorció de su esposa por ella. Se casaron el 29 de junio de ese año, dos días después de que ella se convirtiera al judaísmo en una ceremonia en la que Strasberg cumplió formalmente el rol de padre.

Desde el primer momento, la actriz se sintió a prueba frente a ese hombre que le provocaba más admiración que ningún otro, porque el miedo a decepcionarlo era infinito. Marilyn, que en sueños imaginaba a Strasberg como un cirujano dispuesto a “cortarla y abrirla al medio” para descubrir que “adentro no había nada”, temía que Miller también la viera como el cliché de la rubia tonta que la industria había explotado como una mina de oro.

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En los primeros años, fueron felices. Se mudaron al departamento de Marilyn en Nueva York, y ella se hizo amiga de Truman Capote y entró en un círculo al que siempre había querido pertenecer: el de sus ídolos literarios.

Lectora de Joyce, Dostoievski, Hemingway, Korouac y Beckett, encontró en Miller y en sus amistades, que quedaban encantados ante la presencia de la diva, una fuente permanente de recomendaciones culturales que por fin la alejaban del estereotipo, aunque los medios solo vieran en esa pareja una versión glamorosa de la bella y la bestia, y se burlaran abiertamente de su foto leyendo el Ulises.

“Me preocupa tanto proteger a Arthur, lo amo tanto y es la única persona que haya conocido que no solo amo como hombre sino que me atrae fuera de todos mis sentidos. Porque es la única persona en la que confío tanto como en mí, porque cuando logro confiar en mí (sobre ciertas cosas), lo hago totalmente”, escribe la diva en su diario.

Tal vez por eso, cuando ella entró en un espiral de culpa por las sucesivas pérdidas de embarazos que la llevaron a abusar cada vez más del alcohol y las pastillas, y descubrió en medio de esa tensión que él la engañaba con una archivista de fotografía en el rodaje de The Misfits –para la que Miller había escrito un guión basado en Marilyn–, la traición dolió el doble. Sobre todo cuando él le dijo que estaba enamorado de esa otra mujer, con la que luego se casaría.

Monroe volvió de esa filmación en el desierto de Nevada para anunciar su separación del hombre de su vida, y tres meses más tarde, en febrero de 1961 fue internada en la clínica psiquiátrica de la que sólo la rescataría DiMaggio.

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Unos meses antes de su fatal desenlace, Marilyn le había escrito a Marlon Brando una carta desesperada en un papel con membrete del Instituto de Psicoanálisis de Los Ángeles, en la que le pedía que convenciera al creador de El Método –también maestro del actor– para que se mudara de Nueva York a Los Ángeles y crearan juntos una nueva compañía de teatro.

Se habían conocido en la era dorada del Actor’s Studio, antes de ser las estrellas más brillantes de la gran pantalla. Brando cuenta en sus memorias que se chocaron –literalmente– en una fiesta después de que él terminó de rodar Un tranvía llamado deseo: ella tocaba el piano en un rincón y sin querer le golpeó un hombro; él se dio vuelta con la brusquedad de un reflejo y le dio con el codo en la cara. Cuando le pidió perdón, aduciendo que había sido un accidente, ella le respondió con gracia: “Los accidentes no existen”.

Se hicieron amigos al instante, hasta una noche en la que ella lo invitó a su departamento y él “cumplió todos los sueños de un soldado”, como describiría. Pero, a través de los años, siempre fue para Marilyn más un amigo que un amante. Y también uno de sus mayores defensores cuando los ataques de Hollywood aumentaban sus inseguridades.

También Tony Curtis, con quien compartió el set de Una Eva y dos adanes (1959) escribió en su biografía que habían tenido una relación, e incluso que uno de los embarazos de Marilyn durante su matrimonio con Miller era en realidad producto de un encuentro con él. Entonces estaba casado con la actriz Janeth Leigh y, lejos de hablar de amor en sus memorias, sólo la menciona como una aventura.

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Los rumores de la época también la vincularon con Frank Sinatra, e incluso hay informes del FBI que señalan la existencia de orgías entre ellos junto a Sammy Davis Jr y los hermanos John y Bobby Kennedy.

Se decía que se había involucrado con Bob sólo para vengarse de Jack –tras una noche breve y fallida o después de que JFK la desairase para casarse con Jackie, las versiones se cruzan– y hasta que fue él quien la mató para que no revelara detalles del romance casi incestuso que mantenía a la vez con él y con su hermano Presidente al que acababa de cantarle el Happy Birthday entre susurros en el Madison Square Garden.

Es la teoría del reciente documental de Netflix The Mystery of Marilyn Monroe: The Unheard Tapes (2022), que entre otras revelaciones sorprendentes, sostiene que la diva tenía fantasías sexuales con el padre ausente.

“Decía que quería ponerse una peluca negra, levantar a su padre en un bar y llevárselo para que le hiciera el amor –recuerda su amigo Henry Rosenfeld en el documental– Y entonces, ella le diría: ‘Bueno, ¿cómo se siente tener una hija a la que le hiciste el amor?’”

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El obituario del lunes 6 de agosto de 1962 en Los Angeles Times describe a Marilyn Monroe como “una belleza perturbada que no logró encontrar la felicidad como la estrella más brillante de Hollywood”.

La habían hallado muerta la madrugada anterior en su casa de Brentwood, desnuda y boca abajo sobre su cama, con el auricular del teléfono en la mano y apenas tapada con una sábana blanca y una manta color champagne.

Tenía 36 años y, pese a ser el emblema más acabado de la belleza femenina, había sido víctima del abandono y del abuso de todos los hombres que amó, desde aquel padre al que nunca conoció hasta el que de algún modo buscó en Miller junto con su aprobación. Como ella misma concluye en uno de sus cuadernos: “¡Sola! Estoy sola y siempre voy a estar sola, no importa lo que pase”.

Diez vestidos fabulosos que convirtieron a Marilyn en ícono de moda

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El vestido color nude hecho en marquisette que Marilyn usó para cantar el «Happy Birthday» al presidente John F. Kennedy en el Madison Square Garden, para la celebración de su 45 aniversario

El 19 de mayo de 1962, diez días antes del cumpleaños número 45 del entonces presidente de los Estados Unidos, John Fitzgerald Kennedy, Marilyn le canta el Happy Birthday en una gala benéfica en el Madison Square Garden.

Se supone que en esos meses la diva y el jefe de Estado estaban viviendo un romance, y todo esa noche es icónico: en cuanto Marilyn se saca el abrigo de piel blanco y se acerca al micrófono, la canción más repetida en el mundo registra su versión más famosa de la historia.

Monroe susurra ante los 15 mil invitados, que la miran boquiabiertos. No saben que los protagonistas de ese cuento van a morir muy pronto y de manera trágica: ella, menos de tres meses después, él, en noviembre del 63.

El vestido que llevaba puesto la rubia más rubia de todas, realizado en marquisette o soufflé francés –un género que dejó de fabricarse por ser muy inflamable–, fue diseñado por un joven pasante. Bob Mackie acababa de graduarse y trabajaba como asistente del ya consagrado Jean Louis, que dio los últimos toques sobre el cuerpo del mayor símbolo sexual de todos los tiempos antes de que saliera a escena.

En nude y con 2500 cristales Swarovski bordados a mano, fue considerado un escándalo: parecía que Marilyn estaba desnuda. La idea de Jean Louis y Mackie estaba cumplida, “que se viera como si llevara sólo diamantes sobre la piel”. Para maximizar el efecto, la actriz no usa ropa interior.

“Es uno de los vestidos más reconocibles del siglo XX –dice el editor a cargo del archivo de Getty, Julian Ridgway–. Kim Kardashian volvió a hacer historia con él en la Met Gala de 2022 como la primera persona en usarlo después de Marilyn”.

Se dice que la diva pagó US$1.400 por el diseño, lo que equivaldría a unos US$13.700 actuales –claramente no eran tiempos de canjes–. Pero tras la actuación de Monroe, su valor trepó hasta límites inimaginables.

Se vendió por US$1.26 millones en una subasta en 1999, y el museo de Ripley –responsable del préstamo a KK– pagó US$4.8 millones en 2016. Pese a las críticas por el atentado contra su conservación que representó la hazaña de Kardashian, el vestido permanece hasta hoy en la sede de ese museo en Hollywood Boulevard.

Vestido Marilyn

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Marilyn Monroe posa sobre una tapa de respiración del subte de Nueva York el 16 de septiembre de 1954 para una icónica escena de «La comezón del séptimo año». El vestido era de corte al bies en color marfil, con falda tableada y cuello halter, que luego fue conocido con el nombre de la actriz

“¿Oh, no es delicioso?”, decía el personaje de Marilyn en La comezón del séptimo año (1955), cuando la brisa del metro neoyorquino le levantaba el vestido blanco. El diseño de William Travilla también tenía destino de ícono.

El vestuarista sabía que su creación sería usada en la escena del subte y lo tomó como un desafío: “¿Qué podía hacer para que la mujer más linda del mundo se viera fresca y adorable, como recién empolvada en talco? ¿Qué podía hacer para que tuviera vuelo, y fuera a la vez hermoso y divertido?”

El resultado fue un vestido de corte al bies en color marfil, con falda tableada y cuello halter –que desde entonces sería conocido para siempre apenas con el nombre de la actriz–, en crepe de rayón y acetato, lo suficientemente pesado para que tuviera caída, y lo suficientemente liviano para que flotara con el aire del subterráneo.

Ridgway dice que “aunque Marilyn se paró sobre una parrilla del metro de Nueva York y la escena requirió 14 tomas y 3 horas de filmación, tuvo que volver a rodarse en el estudio en California para la película”.

El vestido, que Debbie Reynolds compró directamente a 20th Century Fox en 1971 en una venta previa a la subasta en la que se quedó con la mayor parte del guardarropas de la diva, sigue siendo el más célebre de la historia del cine. En 2011, cuando la colección de memorabilia de Reynolds fue rematada, un privado pagó US$5,6 millones por el diseño.

Diamantes, sus mejores amigos

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Marilyn en el set de la película Los caballeros las prefieren rubias, dirigida por Howard Hawks, con el famoso vestido de satén fucsia y guantes del mismo color

William Travilla también fue el responsable del vestido que Marilyn usa para bailar y cantar Diamonds Are A Girl’s Best Friend en Los caballeros las prefieren rubias (1953). La cita –”¿No sabés que un hombre rico es lo mismo que una chica linda?”– y la coreografía también pasaron a la historia, recreadas por Madonna en el clip de Material Girl, por Nicole Kidman en Moulin Rouge, y hasta por Kylie Jenner en una fiesta de Halloween, como apunta el editor del archivo de Getty.

El vestido fucsia de Lorelei Lee, el personaje de Monroe en la película, fue confeccionado íntegramente en satén por el vestuarista que ya había ganado un Oscar por Las aventuras de Don Juan (1948).

Es largo y en strapless recto, con una abertura trasera, y Travilla sumó un accesorio casi tan importante como la pieza en sí: un par de guantes también fucsias y por encima del codo.

Lo decoró además con un enorme moño de seda en la espalda que no dejaba dudas: a Marilyn podían llenarla de diamantes, pero el verdadero regalo era ella.

Se remató en junio de 2010 por US$350.000, aunque el misterio sobre dónde está hoy persiste. Los expertos dicen que el vestido subastado no era el original, que estaba forrado en paño para que se mantuviera rígido durante la coreografía.

Dos vestidos y un amor

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Marilyn Monroe junto a su íntima amiga Jane Russell con dos vestidos idénticos íntegramente bordados en paillettes rojas para Los caballeros las prefieren rubias. Russell jamás creyó que Marilyn se suicidó

Otro diseño de William Travilla para Los caballeros las prefieren rubias: dos vestidos idénticos íntegramente bordados en paillettes rojas que fueron usados por Marilyn y Jane Russell en la escena musical de apertura.

Llevaban un recorte transparente para sostener el escote vértigo que casi se tocaba con el tajo frontal, terminado en un broche de piedras. Los brazaletes fueron cosidos sobre las mangas para evitar que se movieran mientras bailaban. Ambas usaron zapatos rojos de Ferragamo y casquetes con plumas en el mismo género que los vestidos.

En ese rodaje, las actrices, que ya se conocían –el primer marido de Marilyn fue compañero de colegio de Jane y se la presentó cuando estaban juntos–, se hicieron íntimas. Russell sostuvo hasta el final de sus días que Marilyn no se había suicidado: “Se iba a casar con Joe DiMaggio y había firmado contrato para otra película. No tenía ninguna intención de matarse”, le dijo al Daily Mail en una de sus últimas entrevistas, en 2007. Siempre sospechó de los hermanos Kennedy.

Los caballeros las prefieren doradas

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El famoso vestido de lamé dorado que Marilyn insistió en usar en Los caballeros las prefieren rubias pero jamás se filmó de frente. Sólo cuando se enfundó en él para una gala, la imagen se hizo famosa

Este vestido de Travilla en lamé dorado no hubiera trascendido jamás de no ser por la insistencia de la diva. “Se hizo a medida para Marilyn en Los caballeros las prefieren rubias, aunque sólo se lo ve brevemente y de espaldas en la película –explica Ridgway–. Ella lo pidió para volver a usarlo en los Photoplay Awards de 1953, y el diseñador se negó. Pero las autoridades de 20th Century Fox la respaldaron y su presentación llegó a los titulares”.

En esa edición de los premios fotográficos, la diva fue reconocida como “Nueva Estrella”, y la producción que hizo entonces con el vestido lo transformó en un santo grial de la moda. El director Howard Hawks lo descartó de la mayoría de las tomas de Los caballeros… para evitar un eventual escándalo por el escote tan profundo, por eso en el film no se lo ve de frente.

El diseño se hizo a partir de una única pieza circular de lamé plisado, que se ajusta a la cintura con un lazo frontal. Cada pliegue se alinea perfectamente con la costura trasera en una creación que fue homenajeada e imitada miles de veces aunque jamás en forma tan precisa.

Una Eva al desnudo

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CORONADO, CA – 1958: Actress Marilyn Monroe on the set of the film «Some Like it Hot» on Coronado Beach in Coronado, California.

El vestuarista Orry-Kelly ganó un Oscar por sus diseños para Una Eva y dos adanes (1959), entre otros, el vestido de cocktail años veinte que Monroe usó en la secuencia en la que canta I Wanna Be Loved By You.

Con transparencias desde abajo del busto hasta el cuello y espalda descubierta, el diseño era tan revelador para la época, que el film de Billy Wilder se prohibió en Kansas y fue calificado como sólo para adultos en otros estados. De nuevo, lo escandaloso –además de la trama que jugaba con el tabú de dos hombres (Tony Curtis y Jack Lemmon) que se trasvestían– era el color nude, teñido para verse exactamente como la piel de la diva y cubierto con grandes lentejuelas y perlas que formaban flores y caían en flecos tipo charleston.

Para más inri, Marilyn lo llevó sin corpiño, provocando que la crítica lo describiera como “un striptease en el que la desnudez es superflua”. Como una Eva made in Hollywood, se mostraba por primera vez en cine casi como Dios la trajo al mundo.

Marilyn estaba embarazada de Arthur Miller durante el rodaje, en 1958, y sufrió su tercer aborto espontáneo en diciembre de ese año. Como había engordado, se dice que Sandra Warner y Evelyn Moriarty posaron como sus dobles en las fotos promocionales de la película, y su cara fue agregada más tarde.

Purple dress

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(Original Caption) 1954…Marilyn Monroe entertaining U.S. troops in South Korea. She is showing her left profile in this full length photograph.

“Monroe se casó con el beisbolista Joe DiMaggio en San Francisco en 1954 y se fueron de luna de miel a Japón. Pero ella se tomó cuatro días por su cuenta para actuar en la base militar americana en Corea. Apenas unos meses después de la guerra, hizo diez shows para unos cien mil soldados con este famoso vestido púrpura”, dice el editor del archivo de Getty.

El vestido al cuerpo, arriba del tobillo –o midaxi– tenía un bolero en el mismo género que brillaba a la luz, lo que lo hacía ideal para cantar frente a las tropas Diamonds are a girl’s best friend. Se dice que hoy está en manos de un coleccionista privado en Australia.

¿Repetir looks? ¡Claro que sí!

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1954: EXCLUSIVE Marilyn Monroe (1926 – 1962) arriving at the premiere of the film ‘There’s No Business like Show Business’.

Para la alfombra roja de la première de There’s No Business like Show Business, en 1954, Marilyn usó un vestido blanco de satén con cinturón, guantes y zapatos forrados en el mismo género y una estola de piel. No se sabe mucho sobre el diseñador de la pieza, que es muy similar a la creación en fucsia de Travilla para el cuadro de Diamonds Are A Girl’s Best Friend en Los caballeros las prefieren rubias.

Lo cierto es que Monroe, que no tenía problemas en repetir modelos ni vestidos, ya había usado esta versión en blanco para el estreno de Call Me Madam, en marzo de 1953.

“Breteles para arrancar”

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1955: EXCLUSIVE American actor Marilyn Monroe (1926 – 1962), wearing a red brocade evening gown and long black gloves, lying on a carpet and using a white fur stole as a pillow.

Para la sesión de fotos por Gene Lester que acompañó una entrevista histórica del editor de The Saturday Evening Post, Pete Martin, en 1956, Marilyn usó un vestido rojo de brocato con escote corazón y breteles “spaghetti”.

El diseño se había hecho famoso en la fiesta anual de una revista, a la que llegó unos minutos después que todos. “Había tenido la sensibilidad de comprarlo uno o dos talles más chicos. Y lo que (el columnista de espectáculos) Joe Hyams llamó ‘breteles para arrancar’ –le dice en ese reportaje un agente de prensa de 20th Century Fox a Pete Martin–.

En cuanto entró, todos dejaron de hacer lo que hacían para mirarla. Y el editor de la revista le dijo a su equipo: ‘Tenemos que tener a esta chica en la tapa’. Unos meses más tarde había hecho más de quince. Marilyn ya había aparecido en Todo sobre Eva, pero la gran revelación fue cuando posó para la cámara fija y sus fotos se esparcieron por todo el mundo”.

Fue ese mismo agente el que le aconsejó que no se preocupara si las mujeres murmuraban sobre su ropa. “Tenés que vestirte para los hombres”, le dijo. Según Ridgway, la producción del Post ofrece una Marilyn distinta y sorprendente acostada en el piso “y usando su estola de piel blanca como almohada”.

La primera Marilyn

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JANUARY 15: Actress Marilyn Monroe poses for a portrait dressed as Miss Casswell from the film «All About Eve» which was released on January 15, 1951.

En 1950 Monroe tuvo uno de sus primeros papeles en el cine en Todo sobre Eva, con Bette Davis. “Ya estaba vestida de Marilyn”, dice el editor del archivo de Getty. El vestuario de la película estaba a cargo de la famosa Edith Head, pero la diseñadora siempre lamentó no haber hecho el vestido de Marilyn, que fue una creación del menos conocido Charles Lemaire, su segundo en esa producción.

Era un vestido en rosa pálido con corset drapeado en strapless y falda en capas irregulares de gasa, cuyo tajo se marcaba con una flor.

Head, que ganó el Oscar por esa película pero nunca llegó a vestirla, diría más tarde que todos los diseñadores que trabajaron con Marilyn la apretaron y la encorsetaron.

“Nunca parecía cómoda en su traje, ella era un espíritu libre que debió haber sido vestida para olvidarse de su ropa. Cuando una mujer es tan sexy, lo sabe y no necesita tener puestos vestidos que se lo recuerden todo el tiempo”.

Sin embargo, así fue como el estilo de Marilyn hizo historia. Tal vez justo porque nunca parecía demasiado cómoda con esa sensualidad desbordante, la mezcla exacta de femme fatale y chica vulnerable de la que hizo una marca única.

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