Viral: 20 razones para rechazar un match en Tinder…

Una joven de 25 años recolectó durante su larga estadía en la aplicación de citas situaciones de alerta roja. “Jamás tendría una decepción de Tinder porque nunca he tenido expectativas sobre esta”, dijo a TN.
TN(M.Luna) — Amaia Santiago llevaba varios meses escribiendo en su celular los patrones que le generaban rechazo en Tinder. Patrones relacionados directamente a las descripciones de aquellos hombres que la aplicación de citas le ofrecía para conocer.
La joven de 25 años, nacida en el País Vasco, publicó en su cuenta de Twitter sus 20 razones por las que toda mujer debería alejarse de un hombre antes de conocerlo. Entre bromas y verdades, sus tuits se volvieron virales y las discusiones se tornaron inevitables.
La publicista española enumeró -literalmente- estos motivos: “1. Que sea hombre (no voy a aclarar nada); 2. Que salga con una guitarrita (no te la juegues a que la saque en algún momento de tu vida y te cante Wonderwall); 3. Que ponga ‘cantante profesional en la ducha’ (callate, no hace gracia)”.
Amaia continuó: “4. Que ponga ‘no soy el típico…’ (sí, eres típico). 5. Que lleve tatuado ‘Veni Vidi Vici’ (creo que no hace falta aclaración); 6. Que tengan fotos de algún voluntariado en África (tampoco hace falta aclaración); 7. Que ponga que es otaku pero que se ducha (no se ducha) y 8. Que use pitillos -pantalones achupinados- (huye, huele a One Million)”.
“9. Que tenga fotos en grupo (siempre es el feo); 10. Que ponga que tiene responsabilidad emocional (no la conoce ni ha oído hablar de ella); 11. Que tenga un boomerang fumando una pipa de agua (también huele a One Million); 12. Que sea militar (votante de Vox. Huye); 13. Que tengan fotos de estudio (no sé qué decir muy bien pero espero que me entiendas)”, sostuvo.
Y agregó: “14. Que ponga ‘no des like si no te gusta el riesgo’ (¿qué haces mi vida? ¿Bajas los escalones de dos en dos?); 15. Que tenga una foto en una capilla (votante de Vox también); 16. Que ponga ‘soy nuevo en esto’ (tiene piojos en el pito); 17. Que ponga ‘acabo de llegar a X. ¿Alguien me hace un tour?’ (contrata un free tour, colega. ¿esto qué es?”.
“18. Que sea skater; 19. Que sea mago (same vibes que el guitarrista. Lleva siempre cartas encima); 20. Que lleve ropa de SikSilk -marca española- (huele a One Million o a Invictus)”, completó Amaia.
En diálogo con TN, la joven sostuvo: “La mayoría de veces he usado Tinder a modo de juego. A veces me vienen ideas y bromas a la cabeza, y publiqué eso porque tenía una lista de red flags en las notas del celular desde hacía unos días”.

Fue allí cuando remarcó: “Jamás tendría una decepción de Tinder porque nunca he tenido expectativas sobre ella”.
De todas maneras, Amaia manifestó que las pocas veces que salió con alguien tras conocerlo por esta aplicación la pasó muy bien. “El tema es que llevo soltera mucho tiempo”, dijo entre risas.
En cuanto a los comentarios, indicó que recibió opiniones de todo tipo. “La verdad es que no he leído todo, pero las ha habido. Acepto todas aunque no las comparta”, manifestó.
Anécdotas
– Lo conoció por Tinder, fue a la casa y la recibió disfrazado de Batman: “Nunca se sacó la máscara”
Mariana esperaba que Gonzalo bajara por el ascensor para abrirle. “¿Sabés qué? Va a ser más fácil si subís directo porque tengo la comida en el horno. Y mi miedo es que se me queme la carne”, dijo él a través del portero eléctrico.
La joven de 29 años escuchó el sonido que habilitó el ingreso, empujó y caminó los pocos metros que separaban el descanso inicial de los dos ascensores. Escogió el primero y marcó el piso número 8. “Empiezo recordar detalles ahora. Cuando bajé sentí el olor a comida y tuve esa sensación que la iba a pasar bien. Pero esa idea se me derrumbó cuando abrí la puerta”, contó Mariana a TN.

Imagen ilustrativa
La joven prefiere resguardar su identidad por temor a que el hombre en cuestión se reconociera en esta historia. “Es que toqué el timbre, esperé otros pocos segundos y apareció. Estaba disfrazado de Batman, con la máscara incluida. Se la sacó solo para saludarme y volvió a ponérsela”, indicó.
El encuentro entre ambos se produjo a través de Tinder, una de las aplicaciones para citas más utilizadas. “Hablamos como una semana y me invitó a la casa. La verdad es que me encantó su perfil. Me contó dónde trabajaba, lo que hacía. Supuse que todo iba a estar bien, pero no fue así”, agregó la joven.
Tinder es una de las aplicaciones más conocidas y requeridas por aquellos que buscan conocer a otras personas y posteriormente concretar citas o encuentros.
“¿Querés que sea tu batichica?’, le respondí en broma apenas lo vi. Quedé con la boca abierta, con ganas de reírme pero sorprendida”, rememoró Mariana.
Aquella noche, Gonzalo cocinó un vacío con papas españolas como guarnición. Abrió un vino tinto y sirvió en las dos copas dispuestas sobre la mesa. “Hizo todo eso sin quitarse la máscara”, dijo Mariana.
“Me senté en la mesa y seguía así. No me daba para sacarle una foto porque lo iba a notar. Luego cenamos, él continuaba en su juego. Me dijo si me quería quedar, pero le respondí que era tardísimo y me tenía que ir. Ahí se sacó la máscara y nos reímos los dos. Sinceramente nunca supe cuál era su morbo”, agregó.
Mariana completó: “Me quedé porque soy de conocer a las personas. Claramente no tuvimos intimidad. Cuando me abrió la puerta y abrí la boca, esa fue mi expresión. Él me devolvió una sonrisa sin mostrar los dientes. Charlamos, hablamos, pero sabía que no iba a tener sexo con una persona que estaba disfrazada de Batman en la primera cita”.
– La conoció en Tinder y el primer día se puso un vestido de novia: “Dijo que lo traía de un desfile”

Siempre cuento esta anécdota porque me resultó extraña. Y hasta ahora, con todas las personas que hablé, nadie le sucedió una cosa así”. Adrián es contador y también el protagonista de una historia particular, que nació en Tinder y culminó con una revelación inesperada.
El hombre de 29 años reveló que tras conocer a una joven mediante la aplicación de citas, y dialogar durante cuatro días por esa misma vía, concretaron una salida para descubrirse mejor. “Fue una merienda. Nos pareció que era el mejor plan para la primera vez, sin la carga que muchas veces trae un encuentro nocturno”, sostuvo a TN.
“Hablamos de literatura, películas, fue todo espectacular. La charla fluyó de una manera excelente. En un momento se hizo de noche. Pagamos y me acompañó al estacionamiento en el que había dejado el auto. Ahí le pregunté si la llevaba a la casa o si estaba para otro plan. Pensé en ir a cenar. O si tenía ganas buscar alguna película en el cine”, continuó.
El diálogo prosiguió en el vehículo, estacionados sobre la misma vereda en la que previamente habían compartido un café y algunas cosas dulces. “Nos empezamos a besar. Una cosa llevó a la otra y recuerdo que me dijo que era muy temprano, que no quería volver a su casa aún. Terminamos yendo a un hotel alojamiento”, contó Adrián.
“Entramos al telo y todo siguió bárbaro. Ya en la habitación, nos empezamos a sacar la ropa y en un abrir y cerrar de ojos estábamos en la cama. Yo en bóxer, ella también en ropa interior. Fue en ese momento que se detuvo, se paró y me dijo: ‘Bancame que voy un toque al baño”, dijo Adrián.
“No sé qué pensé en ese momento. Supongo que lo normal: debe tener ganas de ir al baño o de higienizarse para sentirse más cómoda. Sí me acuerdo que me senté en la cama y prendí la tele. Quería desentenderme de esa situación y no exhibirme ansioso. Esa secuencia habrá durado unos siete u ocho minutos”, contó.

“Fue después de ese rato que escuché el click de la luz y el ruido de la puerta. Noté su sombra saliendo del baño, pero no giré la cabeza. Sí lo hice cuando estaba muy cerca mío. Al verla no lo pude creer. Estaba con el pelo recogido y un vestido de novia puesto. Con el tul, el velo, toda de blanco”, rememoró.
Adrián comprendió en ese instante que el contenido de la cartera de la joven estaba frente a sus ojos. Un vestido de dimensiones exageradas. Un atuendo poco amigable para el calor que ya se había adueñado de la habitación.
“No la había buscado en redes sociales antes de salir. Vi sus fotos en Tinder, me pasó algunas más y nos seguimos en Facebook. Ahí observé algunas fotos, pero eran las mismas que tenía en la aplicación. Ella se dedicaba al modelaje y allí exhibía todas las campañas en las que había trabajado”, agregó.
“¿Qué hicimos después? Tuvimos sexo igual, porque estábamos muy excitados. Pero era raro, me dio mucho calor. Ella quiso que hagamos todo con el vestido de novia puesto”, indicó.
Adrián continuó: “Pensé en no verla más porque a pesar de todo lo bueno me pareció extraño lo que pasó después. Sí admito que posteriormente me ganó la curiosidad y necesité escribirle. Quería saber por qué había hecho eso”.
“Mis amigos me aconsejaban que saliera de ahí. Creo que al ser más chico me asustó que fue todo premeditado y que eligiera un vestido de novia, con lo que ello representa. Inspeccionando en Facebook noté que en una de las campañas que hizo tenía ese vestido. Fue ahí cuando le escribí y le pregunté por qué había llevado el vestido. Me dijo que era su fantasía sexual, que le surgió cuando se lo dieron para la campaña y se lo prestaron. Se lo quedó y lo usó conmigo”, completó.
– En una cita de Tinder se incendió la casa y él la encerró en el baño: “Casi muero prendida fuego”

Ludmila miró el reloj y advirtió que faltaban ocho horas para que comience el show. Un evento de música electrónica al que iba a asistir junto a sus amigas en uno de los complejos nocturnos más conocidos de la Ciudad de Buenos Aires.
Corroboró la dirección y advirtió que quedaba muy cerca del complejo de departamentos en el que vivía Cristian, un joven ocho años mayor que ella, a quien había conocido a través de Tinder, la aplicación de citas.
“Hablamos durante una semana por Tinder y ese día me di cuenta que andaba con tiempo. Entonces le escribí por la aplicación y le dije que tenía una fiesta y que, si quería, podíamos vernos, para conocernos”, explicó la joven de 25 años a TN.
Cristian aceptó inmediatamente. Coordinaron para las 20 en el departamento de él. “La verdad es que no sospeché nada. Sé que mi error fue no haberlo buscado en otras redes sociales. No haber chequeado Instagram por ejemplo. Pero bueno, sentí que estaba todo bien”, recordó.
“Llegué y todo se dio mejor de lo que lo había imaginado. Empezamos a hablar, abrió un vino y sacó un quesito de la heladera para hacer una picada. Nos sentamos a tomar algo tranqui, contándonos nuestras vidas”, continuó Ludmila.
“Yo en ese momento trabajaba en un salón de fiestas infantiles. Me llamó la atención que me preguntó cuánto salía alquilar el salón. Luego admitió que tenía una hija y me sorprendió; no porque me molestara si no porque nunca me lo había dicho”, explicó la joven, que prefiere resguardar su identidad y la de Cristian “para no generarle un problema”.
Y prosiguió: “Seguimos charlando, me preguntaba cosas por el cumpleaños de la hija”. Para ese entonces no había transcurrido ni media hora del encuentro. Fue en ese instante cuando ella comenzó a escuchar “ruidos extraños” a sus espaldas.
Ambos se dieron vuelta para entender qué estaba sucediendo. Fue Cristian quien se dio cuenta que se estaba prendiendo fuego la térmica de luz que compartía con el vecino. “Era el mismo sonido que se oye cuando se prende el carbón o la leña para el asado. Esas chispas”, dijo.
Ludmila rememoró: “Le pasé un vaso de agua para apagarlo, porque era una llama menor. Pero el fuego se avivó, se cortó la luz y fue ahí cuando me pidió que me metiera rápidamente en el baño”.
“Le pregunté por qué me encerraba, pero en el apuro lo acepté. Ya en el baño, a oscuras y sin poder salir, pensaba que era una boluda, porque si el departamento se prendía fuego en su totalidad yo quedaba ahí adentro”, continuó.

“En ese momento pensaba en qué mierda estaba haciendo. Escuchaba que llamaba al vecino, que tiraba más agua, todo habrá durado 15 minutos. Cuando me sacó, le volví a preguntar por qué me había encerrado. Me respondió que estaba casado y vivía con su mujer”, contó Ludmila.
El hombre permitió que uno de los vecinos ingresara al departamento para ayudarlo a resolver ese inconveniente. Al entender que iba a notar la presencia de Ludmila, Cristian le pidió que se encerrara para evitar que su mujer se enterara.
“Luego charlamos sobre la situación y me llevó a otro cuarto. Cuando abro los ojos estábamos en la habitación de la hija. Toda la cama llena de peluches. Le dije que realmente no daba hacer algo en la cama de ella. Me contestó que no quería que quedaran pelos en la cama que compartía con su mujer”, indicó la joven.
“Ahí se pinchó todo: le dije que me tenía que ir. En el camino me di cuenta que me había olvidado una campera, pero no volví. Después le mandé un mensaje para decirle eso y no me contestó. A los tres meses volvió a escribirme para ofrecerme hacer un trío. No sé si seguía en pareja, si estaba de novio o qué, pero ni le respondí”, concluyó.
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