actualidad, opinion, variedades.

Los últimos días de Elvis: cómo la soledad y las drogas cambiaron el rostro del Rey del Rock…


https://imagenes.elpais.com/resizer/MahAEXXYZI7zLAnzx5RqvvRLwFM=/1200x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/XFP4I7XHK5FZLIK7JBAHVOTUCA.jpg

Elvis Presley y su última novia, Linda Thompson, fotografiados en 1976. El cantante fallecería al año siguiente.

Icon(M.Echarri)/Única/Revancha(A.Restoy)/AARP(E.Lechner)  —  Cuando Elvis Presley (Tupelo, Misisipi, 1935-Memphis, Tennessee, 1977) actuó por vez primera en Las Vegas, el 23 de abril de 1956, acababa de cumplir 21 años. Aquel era un Elvis pletórico, rebosante de entusiasmo y energía.

Acababa de encaramarse al número uno de las listas de éxito con Heartbreak Hotel, su reciente gira por el Medio Oeste de Estados Unidos había sido un éxito y le secundaba un trío de músicos formidables: Scotty Moore a la guitarra, Bill Brack al bajo y DJ Fontana a la batería.

Sin embargo, su actuación de esa tarde de abril en el hotel casino New Frontier pinchó en hueso. El público de curtidos jugadores de póker de mediana edad reaccionó con indiferencia gélida. Apenas hubo aplausos. Según la crónica de un diario local, “Elvis ofreció un lingotazo de whisky barato a una audiencia de gourmets acostumbrados al champán francés”.

Aquel era el público de Sinatra. Elvis, el ídolo de las adolescentes sureñas, les pareció zafio, histriónico y vulgar. “Tenía patillas frondosas y pelo enmarañado, como un nido de marmotas”, explicaba años después Freddie Bell, un artista de variedades con residencia en el hotel Sands de Las Vegas.

“Vestía como un patán con ínfulas y se retorcía sobre el escenario como si hubiese metido los dedos en un enchufe”. La América vetusta y puritana aborrecía a aquel muchacho y el conato de insurrección juvenil que representaba.

Ni una triste foto que valiese la pena

Un tal Bill Willard publicó en su crónica del diario Las Vegas Sun que Elvis, además de un advenedizo al que le faltaba un buen trecho para llegar a ser alguien en el negocio musical, tenía una puesta en escena “aburrida y mediocre”.

Incluso un fotógrafo con buen olfato, Jerry Abbott, presente aquella noche, llegó a la conclusión de que el cantante de Memphis no iba muy sobrado de sustancia: “Me puse al pie del escenario y le hice unas cuantas fotos, tal vez una docena, pero su espectáculo me pareció nulo desde el punto de vista visual.

Decidí guardarme el resto del carrete para Shecky Greene, el cómico que actuaba a continuación y que era el plato fuerte de la velada”. ¿Quién se acuerda ahora de Shecky Greene?

https://imagenes.elpais.com/resizer/yVqDBirjL5bnPhYnsIH7aNj30WI=/1960x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/UI3ALNO3MRGYNB4E2NJXFRA2SQ.jpg

Elvis Presley, Joe Esposito y Vernon Presley en 1974

Elvis se quedó en Las Vegas hasta primeros de mayo. Cumplió como un profesional sus dos semanas de residencia en el New Frontier e incluso un firme detractor como Jerry Abbott considera que “sus últimos conciertos fueron bastante mejores que los primeros”.

La ciudad le entusiasmó. La vida nocturna, la música, el blackjack, las excursiones por el desierto de Nevada, las coristas que se las ingeniaban para colarse en su suite. Fue amor a primera vista. Se dejó seducir por el punto de extravagancia y de locura plúmbea de aquel enorme parque de atracciones en el que todo parecía posible.

Antes de irse, se comprometió a volver pocos meses después: estaba decidido a poner una pica en territorio Sinatra.

Residencia en la Tierra

Toca ahora una elipsis temporal de 13 años y dos meses.

En ese tiempo, Elvis ha escalado la cima, se ha puesto el mundo por montera, se ha cortado el pelo, se ha ido a hacer el servicio militar a Alemania y, por fin, siempre instigado por su representante, Tom Parker, un turbio mercachifle con ideas de bombero, ha dejado de actuar en directo y se ha centrado en una carrera cinematográfica tan lucrativa como calamitosa.

El 31 julio de 1969, el rey del rock and roll vuelve al punto de partida, Las Vegas, para cantar en el recién inaugurado Hotel Internacional. Un año antes, el éxito de su actuación televisiva bautizada como Comeback special ha convencido incluso al terco y reticente Parker de que volver a dar conciertos puede ser un estupendo negocio.

https://imagenes.elpais.com/resizer/ZCpmoLGuiLH0S1vm8tis1K-pyGo=/1960x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/33YPEAONXRFUJNNB6MIYTFPYB4.jpg

Elvis Presley, en una actuación en 1974

El problema es que Elvis ha perdido el instinto nómada. No le apetece embarcarse en una gira extenuante, hoy en Boston, mañana en Nueva York, como hacen esos jóvenes velociraptores de la música popular que son los Rolling Stones.

Él tiene 34 años, hábitos burgueses y la barriga llena. Prefiere instalarse en una ciudad en la que se sienta cómodo y que sea el público el que viaje para verlo a él. Como un rey que recibe a sus súbditos tras la empalizada de su castillo. ¿Qué mejor lugar que Las Vegas para hacer algo así?

Richard Zoglin, autor de Elvis in Vegas: How the King reinvented the Las Vegas Show, explica que el cantante fue quien trajo al rock el concepto de músico residente como alternativa a las giras. En cierto sentido, se trataba de sublimar la fórmula Sinatra, la del encuentro íntimo de un gran artista con su público en un entorno exclusivo, llevándolo a un nivel mucho más multitudinario.

Sinatra actuaba para audiencias de unos pocos cientos de privilegiados, como si se hubiese colado en un banquete de bodas y se hubiese puesto a cantar.

Elvis reunía noche tras noche a un ejército de fans atraídos por un reclamo insuperable: el Rey había vuelto a saltar al ruedo tras ocho años de ausencia, estaba en plena forma y Las Vegas era el único lugar del planeta en que era posible verle actuar.

Tal y como explica Zoglin en su libro: “Lo de Sinatra era un espectáculo. Lo de Elvis, una experiencia”.

Días de vino y rosas

En esta ocasión, Tom Parker jugó sus cartas con mano maestra. Cuatro meses antes del debut en Las Vegas, concedió una entrevista para contarle al mundo que el Palladium de Londres le había ofrecido 28.000 dólares por una semana de actuaciones: “Les he contestado que eso está bien para mí, pero que me digan cuánto van a pagarle a Elvis”.

Descartada Londres, los principales hoteles de la Ciudad del Pecado empezaron a pujar por el retorno del hijo pródigo. El Internacional se llevó el gato al agua al ofrecerle justo lo que quería, una maratón de bolos veraniegos: 57 en cuatro semanas.

Fueron un éxito. Elvis, en efecto, conservaba intactas la voz y la presencia escénica. Como Moore y Fontana estaban ganándose el jornal como músicos de sesión en Nashville y no podían permitirse el lujo de pasarse todo el mes de agosto en Las Vegas, el cantante reclutó una nueva banda, con el guitarrista James Burton y un par de grupos de góspel, The Imperials y Sweet Inspirations.

Además, había ampliado su repertorio con temas recientes y nunca antes interpretados en directo, como In the Ghetto o Suspicious Minds.

https://imagenes.elpais.com/resizer/LIuX8xMPXgNUFiyiwPO-LgAyNXs=/1960x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/EKFVMVK3GNC2XC2F5Q3QDD2JMA.jpg

Admiradoras de Elvis Presley en su funeral, el 18 de agosto de 1977 en Memphis.

Así nació un mito de la cultura pop al que Elvis, la película de Baz Luhrman protagonizada por Austin Butler que se estrena el 24 de junio, no acaba de hacer justicia. El Elvis gordo. El Elvis decadente. El Elvis atrincherado en Las Vegas, sumido en el estupor narcótico mientras el mundo gira y él permanece ajeno a todo lo que ocurre.

De todos los Elvis concebibles, este tal vez sea el más romántico. Sobre todo, para los que nos hemos acostumbrado a encontrarle un aura a la decrepitud. Andrés López Martínez, autor de Elvis Presley, la biografía del Rey, publicada en España por Cátedra, cree que ese Elvis tardío resulta muy defendible en lo musical.

“La fascinación que llegó a despertar se debe, en mi opinión, a tres motivos: el primero, su espectacular regreso en 1968, con el especial de televisión de la NBC. Después, a la muy eficiente banda que lo acompañaba, la TCB Band, con la que actuó desde 1969 hasta su muerte, y por último, a lo mucho que se entregaba Elvis en directo”.

López Martínez considera que los aires crepusculares tardaron en llegar. Elvis dio algún que otro concierto “deficiente”, pero fue ya en sus últimos meses en Las Vegas, cuando el desgaste físico empezó a pasarle factura. Entre 1969 y bien entrada la década de los setenta, puede que hasta 1975, ofreció noche tras noche un espectáculo magnífico. A la altura de su leyenda.

Adláteres, chupópteros y falsos amigos

El biógrafo considera que “Elvis fue muy grande en los cincuenta y en los setenta″. En los sesenta, en cambio, entró en un profundo bache que erosionó su prestigio debido a “su absurda decisión de dedicarse al cine, por la búsqueda de dinero fácil y mal aconsejado por Parker”.

Para López, Elvis podría perfectamente haberse sobrevivido a sí mismo y envejecido con dignidad si se hubiese librado “de sus colegas de la Mafia de Memphis y su representante”.

https://imagenes.elpais.com/resizer/uq04773_wXCWZ8ek3gaaBeBHBow=/1960x0/cloudfront-eu-central-1.images.arcpublishing.com/prisa/BDDS4C4K2A6C2CVNCZQTRSM6D4.jpg

Elvis Presley en una foto de estudio en 1963

Todos fueron “parásitos de su éxito y no evitaron su triste final por miedo a perder sus favores”. Alimentaron su autoindulgencia con adulación y drogas: “A los mafiosos de Memphis, directamente, los sustentaba, y el coronel Parker trataba a Elvis, despiadadamente, como una vulgar gallina de los huevos de oro, nunca le importó su alcance artístico y musical”.

En los últimos meses, “nadie fue capaz de decirle a la cara que se estaba arruinando la salud y que su vida peligraba”. Por desgracia, el Rey cerró su deslumbrante carrera “dando una serie final de conciertos muy por debajo de sus posibilidades y haciendo que la decadencia resultase evidente”.

Los últimos años del mito fueron una espiral descendente. Elvis se embarcó en alguna que otra gira para capitalizar aún más el impacto de su vuelta a los directos, pero su escenario natural era Las Vegas.

Allí pasó muchísimo tiempo dando conciertos continuos, cultivando su reputación de donjuán y alternando con compañías dudosas mientras su esposa, Priscilla, lo esperaba en la mansión familiar de Graceland, en Memphis.

En febrero 1972, Priscilla hizo público que tenía una relación con Mike Stone, el profesor de kárate de su marido. Se separaron de inmediato y se divorciaron en agosto. Elvis residía ya gran parte del año en su legendario ático de la planta 30 del Hotel Internacional (hoy Hilton).

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-3.jpg

Por aquella habitación pasaban los integrantes de la llamada Mafia de Memphis, que en su mayoría eran primos lejanos, amigos de infancia, viejos colegas de la temporada que pasó en el Ejército. Más que mafiosos, eran oportunistas y sanguijuelas, el tipo de personajes dudosos que suelen integrar el séquito de los reyes sobrevenidos.

Allí, “rodeado de amantes eventuales, niñeras, traficantes de droga, guardaespaldas, proxenetas y falsos amigos”, según el relato del periodista Patrick Humphreys, el Rey empezó a engordar y languidecer.

La actriz, cantante y modelo Linda Thompson, una de sus últimas novias, convivió con el Elvis bravucón, intoxicado, desquiciado y obeso de esa recta final de su vida.

Presley estuvo a punto de matarla “por accidente” un día que hacía prácticas de tiro en su suite y una bala partida cruzó dos paredes y tres habitaciones para incrustarse a muy pocos centímetros de Thompson, que estaba duchándose en el cuarto de baño.

Elvis, a esas alturas, ya ni siquiera podía practicar las llaves de kárate que tanto le habían entusiasmado en años anteriores, así que se dedicaba a engullir comida basura y jugar con sus pistolas.

Una muerte sórdida y sin épica

https://i0.wp.com/revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-13.jpg

El 16 de agosto de 1977, Ginger Alden, la última de sus parejas, encontró a Elvis inconsciente en el cuarto de baño del segundo piso de Graceland. Lo llevaron al Baptist Memorial Hospital de la ciudad, donde falleció minutos después de las tres de la tarde.

La causa de la muerte fue una arritmia causada por el consumo de opiáceos (codeína, Demerol, Percodán…). La autopsia desveló que sufría también estreñimiento crónico y severo, glaucoma y diabetes. Tenía 42 años.

Se había consumido y echado a perder a una edad prematura. Zoglin considera que lo mató “la fama, una toxina muy poderosa y muy nociva que, llegada a un cierto nivel, destruye a algunos y desestabiliza a casi todos”.

El Elvis gordo se fue de este mundo de puntillas, después de haber emborronado las últimas páginas del libro de su leyenda. Al menos pudo llegar a conocer bien y disfrutar a conciencia de Las Vegas. La ciudad que, como decía Dean Martin, es lo más parecido al cielo que puede ofrecer la tierra.

Elvis Presley terminó sus días gordo, preso de un cuerpo que aborrecía. En aquel 16 de agosto de 1976, a sus 41 años de edad daba una última bocanada de aire y decía adiós. No era un adiós deseado pero sí quizá uno esperado por alguien que tenía un miedo terrible a morir. Sin embargo ‘el rey del rock and roll’ que se supone era Elvis Presley hacía mucho tiempo que se había ido. Solo era una sombra de su pasado, una maldita sombra de ese cantante que llevó al rock a la categoría de revolución mundial. Un triste final para uno de los mayores mitos de la historia reciente de la música.

https://www.revanchamag.com/wp-content/uploads/2020/12/Elvis-Presley-gordo-1280x640.jpg

En los sesenta los nuevos sonidos del rock le dejaron en un segundo plano hasta que tuvo la brillante idea de abandonar las películas de medio pelo que le ofrecía Hollywood. Una especie de retiro dorado, el primero, hasta que realizó el Comeback Special de 1968 y Elvis Presley retomó su carrera musical por todo lo alto.

Adiós a las baladas sencillas de consumo rápido, Elvis Presley volvió a lo grande con su eterna Priscilla al lado. Las constantes exigencias e infidelidades del rey no les habían separado aún. En 1969 Elvis Presley lanzaba ‘Suspicious Minds’, en la que su compositor habla de un amor al que sigue atado aún a pesar de estar casado, y con ella volvía al número uno.

Estaba en forma. Estaba activo. Mantenía su sex appeal, su atractivo, su sonrisa encantadora y esa voz única e irrepetible, llena de carisma en cualquier tono.

Mantuvo un excelente nivel en la primera mitad de los setenta. De repente algo pasó. Comenzó a ganar peso sin freno, algo que siempre había sido un problema para él. Un problema porque Elvis Presley odiaba verse gordo. Y un problema porque para el público él debía ser perfecto, así le habían conocido y así debía seguir siendo. La fama, esa gran amiga.

En su última gira Elvis Presley estaba tan gordo que apenas le entraban dos trajes de todos los que alguna vez lució. Uno de ellos, el negro, lo rompía en su último concierto, en Indianápolis. Apenas mes y medio antes de su muerte.

https://www.revanchamag.com/wp-content/uploads/2020/12/Elvis-Presley-el-rey-1-1024x576.jpg

Elvis Presley gordo y un traje que se rompe en directo

Para Elvis Presley estar gordo significaba un riesgo. Las aseguradoras le temían por los posibles problemas cardiorrespiratorios que podía sufrir. El ridículo del traje roto era un nuevo aviso, uno más. Tenía el colon desviado.

La presión alta le obligaba a tomar más pastillas de las necesarias, además de las que él mismo se autoprescribía, en la más amplia costumbre americana, ya que se había convertido en algo así como un médico personal. Siempre interesado en el tema, tenía docenas de libros sobre la materia en su hogar. Elvis Presley sufría glaucoma.

Y aún con todo esto en mente Elvis Presley y las drogas no fueron una ecuación real.

El artista de Memphis fue un firme defensor antidrogas y seguiría siéndolo toda la vida pero Elvis Presley adoraba las drogas legales que sus médicos o él mismo podía prescribirse. Que Elvis Presley estuviera gordo era un problema más de cara al público y su autoestima que una cuestión de salud real.

Elvis aún estaba en forma como demostraba con sus aún habituales giras, o haciendo deporte en su mansión de Graceland. Era capaz de retar a chavales jóvenes y ganarles. Otro de los problemas que le costaba superar era el olor corporal que había traído su aumento de peso, con una mayor sudoración.

https://ep02.epimg.net/elpais/imagenes/2017/08/14/icon/1502702686_811816_1502899410_noticia_fotograma.jpg

No era un hombre desdichado. Solo quizá, en cierta manera, desde que Priscilla Presley abandonase a Elvis. Sin embargo quería a su hija Lisa Marie con locura y Elvis Presley no estaba dispuesto a dejarla olvidada. Iba a superar sus problemas de manera legal. ¿Cómo? El rey estaba dispuesto a seguir una dieta, con incluso ayunos de varios días, y hacer deporte de manera habitual para volver a su peso ideal.

O acercarse al menos. La RCA le exigía nuevas canciones, pero él no estaba con demasiadas ganas de eso. Su futuro pasaba por otro lado.

¿Leía cosas extrañas? Puede ser, como se vio en el baño donde Ginger Alden encontró a Elvis muerto junto a, al parecer, un libro que unía técnicas sexuales y energía psíquica. Elvis Presley era el hombre a quien Richard Nixon declaró agente de la actual DEA.

La realidad nos dice que el rey del rock siempre había sido un hombre peculiar, como podemos ver en todas estas anécdotas de la recta final de su vida.

Algunas curiosidades sobre Elvis Presley.

Como lo describió Peter Guralnick en Elvis Presley: la destrucción del hombre (el segundo de los volúmenes de su biografía, editada en 1999 y en España en 2008), cuando no se encontraba inmerso en una de sus constantes giras o derrochando dinero en joyas y coches para sus amigos, se quedaba encerrado en su habitación, durmiendo o leyendo libros de numerología y espiritualidad.

Vivía rodeado de un séquito de familiares, colegas, guardaespaldas y asistentes -muchos de los cuales formaban parte de la conocida como Memphis Mafia-, entre los que había celos y rencillas por acaparar sus atenciones y regalos.

Las ventas de sus discos habían descendido alarmantemente. Cuando su implacable mánager, el Coronel Tom Parker, conseguía meterlo en un estudio, era fácil que al cabo de uno o dos días diera la espalda. Prefería alardear de sus conocimientos de kárate.

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-4.jpg

Para cumplir sus obligaciones con su discográfica, RCA, en 1974 llegó a publicarse un incongruente disco con fragmentos de las charlas que soltaba en los conciertos (Having fun with Elvis on stage).

Parker lo sacaba de gira incesantemente, y varias veces al año recalaba en el hotel Hilton de Las Vegas para actuar durante 10 o 15 días en dos pases diarios. Las millonarias deudas de juego del coronel en el casino de dicho hotel se contaban entre las razones.

A Elvis también empezaba a faltarle liquidez: había tenido que hipotecar Graceland. Los conciertos eran cada vez más penosos.

Las críticas, feroces, se debatían entre la pena y la rabia. Escribían que estaba gordo, adormilado, ido, que no vocalizaba, que tartamudeaba, que olvidaba las letras de las canciones o simplemente las cambiaba de modo grotesco. Se comportaba erráticamente: lo mismo hacía una exhibición de kárate en mitad del show que iniciaba una guerra de pistolas de agua con sus coristas.

Tres cosas preocupaban especialmente a Elvis en los días anteriores a su muerte. Elvis, what happened? (Elvis, ¿qué pasó?), un libro escrito por dos exguardaespaldas, se había publicado hacía solo unas semanas y aireaba crudamente sus miserias.

Tras su separación de Priscilla, había encadenado (y solapado) varias novias, con las que, al parecer, prefería mantener una relación infantil, incluso mística, que sexual. Aunque le había regalado un anillo de compromiso, su última conquista, Ginger Alden, de 20 años, no terminaba de implicarse. Era reticente a salir de gira con él. Por otra parte, el mismo día 16 Presley debía iniciar un nuevo tour, el sexto de ese año.

Así el 15 de agosto, siguiendo el relato en el que coinciden las biografías, Elvis se levantó de la cama a las cuatro de la tarde.

En la casa estaba su hija Lisa Marie, de 9 años, que había llegado el 31 de julio para pasar dos semanas. A las 11 de la noche, Ginger y algunos de “los chicos” acompañaron a Elvis a una cita con el dentista, el doctor Lester Hofman. Presley funcionaba con los horarios vueltos del revés. Hofman le realizó una limpieza bucal (también a Ginger) y le empastó un par de pequeñas caries. La comitiva regresó a Graceland pasada la medianoche.

https://i0.wp.com/revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-9.jpg

Ya en su dormitorio, hizo un intento más por convencer a Ginger de que se sumara a la gira que debía comenzar al día siguiente, pero ella se negó. A las dos, telefoneó a su médico de confianza, el doctor George Nichopoulos (o doctor Nick, como Elvis lo llamaba), quejándose de que uno de los empastes le dolía. Raudo, el doctor Nick le hizo varias recetas, que uno de los chicos recogió.

A las cuatro de la madrugada levantó a dos de sus amigos de la cama (algunos vivían en caravanas en la finca) porque quería jugar al frontón, a pesar de que lloviznaba. Luego tocó un poco el piano en la sala de relax, y poco después llegó el recadero con tres bolsas de medicamentos: un amplio surtido de depresivos y placebos que normalmente permitían a Elvis dormir varias horas seguidas.

Le entregaron los paquetes a intervalos, y cuando le dieron el último, a primera hora de la mañana, seguía despierto. A las ocho, se levantó de la cama. “Me voy al baño a leer”, dijo a Ginger. En las memorias que esta publicó en 2014 (Elvis and Ginger), precisa que ella respondió: “Ok, pero no te quedes dormido”.

En el libro The death of Elvis (1991), de Charles C. Thomson y James P. Cole, el investigador médico del condado, Dan Warlick, encargado de inspeccionar la escena del fallecimiento, describe el cuarto de baño como una gran habitación que contaba con un auténtico trono de color negro, una pantalla de televisión frente a la taza, dos teléfonos, un interfono, varios sillones alrededor y una ducha circular de tres metros de diámetro con una cómoda silla de vinilo en el centro.

Hacia las dos de la tarde, Ginger se despertó e hizo una llamada rutinaria a su madre (que parecía más interesada en emparentarse con Elvis que ella misma).

Cuando su madre le preguntó por Elvis, Ginger se dio cuenta de que él debía de seguir en el cuarto de baño, lo que no era normal porque habían transcurrido horas desde que se levantase.

Preocupada, entró, y se encontró a Elvistumbado en el suelo, con los pantalones de pijama dorados bajados hasta los tobillos y el rostro enterrado en un charco de vómito sobre la mullida moqueta”, escribe Gurelnick.

En Graceland se desató la locura. El guardaespaldas Al Strada fue el primero que acudió a la llamada de auxilio de Ginger. Intentó reanimarlo sin éxito.

Cuando llegaron los enfermeros había siete u ocho personas histéricas rodeando el cuerpo. Vernon, el padre de Elvis, y Lisa Marie, la única hija del Rey, lloraban amargamente por las esquinas. A preguntas de los sanitarios, Strada dio por sentado que Elvis “había sufrido una sobredosis”.

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-8.jpg

El entorno de Elvis sugirió a Ginger que no era necesario revelar el libro que Elvis tenía en las manos cuando sufrió el ataque, pero en The death of Elvis ella explica que se trataba de un volumen con ilustraciones titulado Sex and the psychic energy que relacionaba posturas sexuales con signos del horóscopo.

El investigador médico, que vio el libro, lo describió como “atrevidamente pornográfico. Hardcore según los estándares de 1977”. Tras un tumultuoso traslado en ambulancia al hospital Memorial Baptista (con, entre otros, el doctor Nick a bordo, que presa del pánico había estrellado su Mercedes en la verja de la mansión), los médicos de urgencias certificaron el fallecimiento.

Sobre las causas de la muerte de Elvis mucho se ha especulado, entre otras razones porque ya desde ese mismo 16 de agosto las informaciones fueron difusas y contradictorias.

Para complicar las cosas, los amigos de Elvis, que desde hacía tiempo tenían un plan para llevarlo a casa de forma clandestina si sufría una sobredosis fatal estando de gira, pensaron que, dadas las circunstancias, lo mejor era limpiar a conciencia el dormitorio y el baño.

Cuando llegó el investigador médico parecía que allí no había pasado nada. No obstante encontró dos jeringuillas usadas en el dormitorio.

Maurice Elliott, vicepresidente del hospital, fue el improbable encargado de dar la noticia a la prensa. 15 personas, entre patólogos, forenses, el doctor Nick, policías y guardias de seguridad del centro, estuvieron presentes durante la autopsia, que duró horas. No se halló evidencia de que el corazón hubiera fallado.

A las 3:30 de la mañana, cuando aún no se había concluido, Jerry Francisco, examinador médico del condado, anunció que la muerte se había debido a un fallo del corazón a causa de una arritmia cardíaca. Según los autores Thomson y Cole, el jefe de patología del hospital, Eric Muirhead, se mostró abochornado por la explicación.

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-6.jpg

El informe forense, recogido por Gurelnick, encontró que, pese a que el corazón no había fallado, lo tenía dilatado, había una cantidad significativa de ateroesclerosis coronaria, el hígado estaba dañado y el intestino grueso presentaba una obturación por materia fecal; era probable que hubiera muerto mientras hacía fuerza en el retrete y no se descartó un shock anafiláctico debido a la codeína suministrada por el dentista, a la cual Presley tenía una leve alergia.

El informe del laboratorio encontró 14 medicamentos distintos en el cuerpo de Elvis, 10 de ellos en cantidades importantes. En octubre se reabrió el informe y el doctor Francisco insistió en la teoría del fallo cardíaco por hipertensión, asegurando que ninguna de las drogas había contribuido. En cambio, especialistas consultados entonces por el Commercial Appeal, un periódico de Memphis, consideraban que el supuesto infarto no habría matado por si solo a Elvis.

El doctor Nick fue investigado por un tribunal médico en 1979 por sospechas de sobreprescripción, y se descubrió que solo a lo largo de 1977 había recetado 10.000 dosis de medicamentos a nombre de Elvis Presley. En su defensa, Nichopoulos alegó que las drogas eran para Elvis y todo su clan. Se le retiró la licencia tres meses. En 1995, perdió la licencia de por vida tras una investigación más minuciosa.

En 1994 se reabrió el caso de la autopsia de Elvis. “No hay nada que apunte a una muerte por drogas”, concluyó. “En realidad, todo apunta a un repentino y violento ataque al corazón”. En 2010, el doctor Nick echó más leña al fuego, declarando que, aunque en su momento no lo supo ver, la causa de la muerte habría sido el estreñimiento crónico, lo que explicaría también su vientre hinchado en sus últimos años.

Dimes, diretes, controversias y teorías conspiratorias (no olvidemos que algunos aseguran que sigue vivo) que no han terminado de resolverse 43 años después, pero que de ningún modo han atenuado la grandeza de Elvis, el rey eterno del rock and roll.

Compartimos algunas curiosidades de la vida del Rey del Rock and Roll:

En los inicios de la carrera de Elvis Presley era un chico sencillo y modesto, pero absolutamente preocupado por su aspecto. Con sus primeros dólares se compraba trajes en Lansky?s, una pequeña tienda de Memphis donde el dueño le traía modelos en tonos rosas y blancos sólo para él.

Con el paso de los años, su gusto se fue haciendo cada vez más barroco: le apasionaban las joyas, los trajes de cuero ajustados, grandes cinturones… Y, cuando ya estaba en el estrellato contrató al sastre de Frank Sinatra, que fue el artífice de sus trajes con capas, que imitaban al Capitán Trueno. Su tupé, perfectamente esculpido, fue sin duda una de sus principales señas de identidad.

«Me fascinaba mirar cómo se peinaba por la mañana», recordaría su amigo, el músico Jimmie Rodgers Snow. «Usaba tres aceites diferentes para el pelo. En la parte delantera, una cera muy fuerte para el tupé, un tipo de aceite para la parte de arriba y vaselina atrás. Decía que era la única forma de que el pelo cayera perfecto mientras actuaba».

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-5.jpg

En casa como en ningún sitio. Cuando comenzó a ganar dinero, su única pretensión era comprar una casa para sus padres. Y eso es lo que hizo en 1957, cuando adquirió la casa más famosa del mundo: Graceland. Con 18 habitaciones y un espectacular jardín, el cantante buscaba sobre todo que su madre se sintiera cómoda y feliz, por lo que mandó construir un gallinero donde Gladys daba de comer a sus animales.

La mansión, decorada por George Golden, es un batiburrillo de estilos recargados, que van desde la psicodelia de la «habitación de la televisión» al aspecto selvático de la «estancia salvaje».

La casa siempre ha producido una atracción irrefrenable sobre sus fans, y cuando todavía Elvis vivía en ella ya peregrinaban hasta sus puertas.

Es el caso de Bruce Springsteen que trató de saltar la valla de la mansión en 1976 -aunque fue detenido- o Jerry Lee Lewis, que pistola en mano, se plantó en la puerta de Graceland en noviembre de 1976, afirmando que quería matar al Rey.

Aunque era su hogar principal, Elvis tenía otras casas, como la de Bel Air, donde sus invitados más celebres fueron los Beatles, que acudieron a la casa en 1965. Cuando los de Liverpool entraron en ella, se encontraron con Elvis tirado en un sofá, tocando el bajo y contemplando la televisión sin sonido.

«Sé que Paul, Ringo y George estaban tan nerviosos como yo», recordaría después John Lennon. «Éste era el chico al que habíamos mitificado durante años. (…) Sin embargo, Elvis hizo lo posible para que nos sintiéramos como en casa». Todos se relajaron con una sesión conjunta entre los Fab four y el de Tupelo.

Las aficiones de Elvis. Además de su pasión por las armas, el cantante desarrolló un sorprendente afán por las placas de policía auténticas; de hecho, esta afición le llevó hasta la propia Casa Blanca. El 21 de diciembre de 1970 se producía en el Despacho Oval una reunión buñueliana.

Richard Nixon decidió recibir a Elvis, después de que éste se plantara en las puertas de la Casa Blanca con una carta en la que le pedía al Presidente una entrevista y le enviaba como regalo una Colt 45 con siete balas de plata.

Preocupado por la decadencia de una juventud enganchada a las drogas, el cantante solicitó al Presidente una placa de agente federal de lucha antidroga. Nixon, herido de muerte por la desastrosa guerra de Vietnam, pensó que una foto con Elvis podía otorgarle publicidad entre los jóvenes. Así, el cantante logró su placa oficial y Nixon la instantánea deseada.

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-1.jpg

Una relación ilegal. La relación de Elvis con Priscilla habría sido ilegal en la actualidad. Y es que Priscilla Beaulieu era realmente joven cuando Elvis comenzó a salir con ella.

Se casaron, y fue la única mujer con la que Elvis hizo sus votos. La vida fue un torbellino para la joven adolescente cuando llegó a la mayoría de edad casada con el hombre más codiciado del mundo, pues Priscilla solo tenía 14 años cuando se conocieron y Elvis 24.

Elvis tuvo un hermano gemelo. El 8 de enero de 1935, Elvis Aron Presley nació en la casa de dos habitaciones de sus padres en East Tupelo, Mississippi, unos 35 minutos después de su hermano gemelo, Jesse Garon, que nació muerto.

Al día siguiente, Jesse fue enterrado en una tumba sin nombre en el cementerio cercano de Priceville. Elvis, quien habló de su gemelo a lo largo de su vida, creció como hijo único en una familia pobre.

Interés temprano por la música. Criado por padres amorosos y de clase trabajadora, la familia de Presley tenía poco dinero y se mudaban de un lugar a otro con frecuencia. Estaba profundamente dedicado a sus padres, especialmente a su madre, Gladys, y fue criado para tener una fuerte fe en Dios. Presley asistió a la Asamblea de la Iglesia de Dios con sus padres, donde la música gospel se convirtió en una influencia importante para él.

Su madre le regaló su primera guitarra como regalo de su cumpleaños número 11 en 1946 y pocos años más tarde ganó un concurso de talentos en Humes High School en Memphis. Después de graduarse en 1953, trabajó en varios trabajos mientras perseguía su sueño musical. Sam Phillips acogió en su sello discográfico a Elvis Presley y su primer sencillo salió a la luz en 1954.

Diversión en el escenario. ¿Sabías que a Elvis le gustaba cambiar las letras de sus canciones durante los conciertos en directo para divertirse?. En una ocasión en Las Vegas en 1969, en lugar de cantar «¿Miras a tu puerta y te imaginas allí?», cantaba: «¿Te miras la cabeza calva y deseas que tenga pelo?».

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-11.jpg

El fin del sueño americano de Elvis. Casi de inmediato cuando se hizo pública la muerte de Elvis el 16 de agosto de 1977, seguidores de todo el mundo se reunieron en Graceland para despedirse de él.

En cierto modo, ese duelo nunca ha cesado: Graceland sigue siendo una de las principales atracciones turísticas del país, y los álbumes de Presley y otros artefactos continúan vendiéndose rápidamente.

Cada mes agosto, multitud de personas acude a Graceland para honrarle en el aniversario no de su nacimiento sino de su muerte.

A lo largo de estos años han surgido rumores de que realmente no había muerto, que su muerte era una falsificación diseñada para liberarlo de la fama. Pero lo cierto es que así fue. Eso sí, sus imitadores son legión en todo el mundo.

Curiosidad: El 16 de noviembre de 2018: el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, otorgó póstumamente a Elvis Presley la Medalla Presidencial de la Libertad, el mayor honor civil de la nación, junto con otras seis personalidades, incluido el fenómeno del béisbol Babe Ruth y el juez de la Corte Suprema Antonin Scalia.

Nació el 8 de enero de 1935 en Tupelo. A los 3 años se mudó junto a su familia a Memphis, Tennessee.

Tuvo un hermano gemelo (Jesse Garon), murió 6 horas después del parto.

Le encantaba el kárate y llegó a obtener cinturón negro.

Tuvo un sándwich en honor a él, debido a que lo consumía a diario. Su contenido eran dos rebanadas de pan de molde, plátano, tocino y mantequilla de cacahuete.

Compró su primera guitarra en 1946, le costó 12,45 dólares.

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-7.jpg

En 1954: con Scotty Moore (guitarra) y Bill Black (bajo) grabó “That´s All Right (mama)” para Sun Records. El tema suena en la radio WHBQ de Memphis, los teléfonos suenan para pedir más canciones de ese intérprete, mientras se preguntaban si era blanco o negro.

Durante 1955 Elvis se va de gira con Hank Slow y conoce a quien se convertirá en su manager: “El Coronel “, Tom Parker.

En 1956 “Hound Dog” /”Don´t Be Cruel” se transforma en el primer doble cara A en ser Nº 1 en ambos lados del Atlántico.

Según su amigo, el músico Jimmie Rodgers Snow, Elvis utilizaba tres tipos de gomina diferente para peinarse.

Le apasionaban las joyas, los trajes de cuero ajustados y los grandes cinturones.

Elvis tenía un chimpancé llamado “Scatter”, su distracción era mirar debajo de las faldas de las mujeres.

En 1957, adquirió la casa más famosa del mundo: Graceland. Con 18 habitaciones, un espectacular jardín y la psicodélica “habitación de la televisión”.

Su mansión, Graceland, es la segunda casa más visitada de Estados Unidos. La primera es la Casa Blanca.

Junto con el guitarrista Scotty Moore y el contrabajista Bill Black fue uno de los creadores del rockabilly, (estilo de tempo rápido impulsado por un constante ritmo de una fusión de música country y rhythm and blues).

https://revistaunica.com.mx/wp-content/uploads/2020/08/Elvis-Presley-el-deceso-del-rey-del-Rock-and-Roll-10.jpg

Elvis no recibió derechos de autor de los discos grabados antes de 1973, aunque continuaron vendiéndose millones de copias.

“El Rey” prácticamente nunca realizó giras fuera de Estado Unidos, la leyenda cuenta que fue culpa de su representante, “El Coronel”, quien supuestamente tenía problemas judiciales en el extranjero. Sólo cantó en otros países durante cuatro ocasiones: tres de ellas en 1957 en Canadá y una actuación improvisada en París cuando estaba de permiso en 1959.

Elvis fue el artista que estuvo más semanas en los primeros puestos de las listas de éxitos musicales.

Es el cantante con más álbumes Platino.

Cuando empezó a ganar dinero le obsequió a su madre un Cadillac rosa. No solo compraba automóviles para él, también le gustaba regalarlos a amigos, conocidos e incluso a extraños.

Durante su carrera, Elvis Presley ganó 94 singles de oro, tres EPs de oro y más de 40 álbumes de oro. Sus películas recaudaron más de 180 millones de dólares y se recaudaron millones más con la comercialización de productos Elvis, cuyos derechos eran controlados por el Coronel Parker.

Elvis Presley fue el primer artista en tener un celular y un jet privado, un Convair 880 para 100 pasajeros, con baños y grifería de oro, al que llamó como su hija: “Lisa Marie”.

En junio de 1968: graba el legendario programa de televisión NBC “Elvis”, conocido ahora como el “68 Comeback Special”. El programa se emite el 3 de diciembre y es aclamado por la crítica.

En 1973 el especial de televisión “Elvis Aloha From Hawaii” fue transmitido en directo vía satélite para todo el mundo con una audiencia estimada de un billón de espectadores.

Elvis dio su último concierto el 26 de junio de 1977 en el Market Square Arena de Indianápolis.

En su lápida, su segundo nombre está mal escrito: es Aaron y no Aron.

Hasta hoy, nadie ha cobrado su seguro de vida.

Su tumba en Memphis está entre la de su padre y su abuela, y no junto a la de su madre, como siempre fue su deseo.

Grabó más de 600 temas, pero ninguno es de su autoría.

En la década de 1950, un juez de Florida calificó a Elvis como un “salvaje” cuando señaló que su música estaba quebrantando la juventud. Por esa época se le prohibió al cantante realizar sus característicos movimientos de cadera.

El Rock de la cárcel es reconocido como el primer video clip en la historia de la música.

Ocupa el segundo lugar, solamente detrás de los Beatles, en total de éxitos número uno.

Elvis Presley, el rey que revolucionó el rock

https://cdn.aarp.net/content/dam/aarp/entertainment/music/2017/07/1140-elvis-presley-guitar-rock-revolution-esp.imgcache.rev.web.700.403.jpg

Elvis Presley fue uno de los creadores de un ritmo que enloquecía a los Estados Unidos en los años 50, rock’n’roll.

Era tan tímido que le temblaban las piernas cuando presentó sus primeros conciertos allá por 1954. En ese entonces, Elvis Presley tenía acné y tartamudeaba. Las chicas gritaban y Elvis pensaba que se estaban burlando de él. Para contrarrestar la temblequera, exageró todavía más el movimiento de sus piernas. Lo transformó en un baile atrevido, a puro ritmo de rock’n’roll. Elvis y su pelvis.

Y así, como si fuera obra del destino, le agregó el toque definitivo a un estilo que primero escandalizaría a la conservadora sociedad estadounidense de los años 50, para después ganarse un lugar de honor en la cultura popular de este país.

Elvis. The King. El rey. Vivió solamente 42, pero en esas cuatro décadas creó una obra de carácter épico. Protagonista indispensable en la creación del género que hoy llamamos rock. Músicalmente, hizo todavía más.

A través de sus canciones, Elvis unió las realidades segregadas de las poblaciones blancas y negras de Estados Unidos, y cocinó un sabroso guiso musical que incorporaba con igual entusiasmo las influencias del gospel, blues, country, bluegrass y el pop. Hoy, sus fusiones estilísticas parecen ser una parte natural de la música popular. En su momento, fueron radicales e inspiradas.

“El legado de Elvis como artista es monumental, pero su celebridad lo complicó todo”, dice Greg Kot, crítico de música del periódico Chicago Tribune y autor de varios libros de música sobre bandas como The Beatles y The Rolling Stones.

“Obviamente fue uno de los creadores del rock’n’roll y el tipo de ícono cultural que aparece solamente un par de veces en cada siglo. No existe un cantante en los últimos 60 años que haya interpretado una gama tan amplia de géneros musicales. Elvis colocó en el mismo plano a la música liviana de Dean Martin con el rhythm and blues de Arthur Crudup, simplemente porque le encantaban ambos”.

Nadie hubiera pensado que llegaría lejos. Elvis Aaron Presley nació en la ciudad de Tupelo, Mississippi, sobreprotegido por su madre Gladys luego de que su hermano mellizo no lograra sobrevivir el parto. Elvis vivió atormentado por la culpa, temeroso de haber causado la muerte de su hermano dentro del vientre.

https://www.tn8.tv/wp-content/uploads/2021/05/1_mPyn5Tp.jpg

Creció en la extrema pobreza. Una de sus más grandes satisfacciones fue la posibilidad de colmar a sus padres de lujos y regalos.

La fama llegó raudamente. Empezó a los 11 años, cuando Elvis quiso comprar un rifle para su cumpleaños y Gladys lo convenció de que abandonara sus impulsos belicosos y eligiera una guitarra.

Años después, se presentó en las oficinas de la flamante discográfica Sun Records, donde fue descubierto por su presidente, Sam Phillips.

Juntos, Phillips y Presley hicieron historia con ventas de millones de discos y una serie de grabaciones que todavía hoy tienen aroma a innovación.

“Soy fanático de los inicios de Elvis Presley”, dice el productor Sebastián Krys, ganador de cinco premios GRAMMY y 10 Latin GRAMMY por su trabajo con grandes de la música latina como Alejandro Sanz y Carlos Vives.

“Su voz y su manera de interpretar era única. Las grabaciones que realizó para Sun Records son de las pocas que capturan la esencia de las versiones originales, y en muchos casos las mejoran. Creo que mucha gente no aprecia lo versátil que fue Elvis a la hora de interpretar sus canciones. Y aun más importante, lo clave que fue para llevar la música negra al mundo entero”.

En ese momento de la carrera de Elvis llegó un personaje tan dudoso como efectivo: el empresario ”Colonel” Tom Parker, que había nacido en Holanda pero fingía ser norteamericano. Parker representó a Elvis desde 1955 hasta el final de su carrera, cobrando un porcentaje gigantesco de sus ganancias y malgastando gran parte de esta fortuna en los casinos de Las Vegas.

https://e00-elmundo.uecdn.es/assets/multimedia/imagenes/2014/08/11/14077715673620.jpg

Pero hizo famoso a Elvis, y lo convenció de que pasara gran parte de la década de los 60 filmando películas como Blue Hawaii (1961) y Fun In Acapulco (1963), acompañadas de sus respectivas bandas sonoras —un negocio redondo—.

Hasta el día de hoy, no queda claro si la presencia de Parker en la vida de Presley fue una maldición o regalo de Dios.

Musicalmente, Elvis conoció momentos espléndidos durante la década de los 70, y organizó fastuosos conciertos que expresaron su carisma y el eclecticismo de su repertorio.

Pero los excesos de su fortuna y una virulenta adicción a todo tipo de pastillas lo llevaron a un estado de paranoia permanente.

Empezó a delirar durante sus conciertos, compartía incoherencias con su público y de a poco se convertiría en una caricatura de sí mismo.

“Nunca se me ha ido aquello que la gente llama miedo a los escenarios”, dijo Elvis durante una entrevista realizada en 1972 —en el documental Elvis on Tour—, en alusión a la inseguridad perpetua que lo marcó para siempre.

“Es algo que siento en todos mis recitales. Siempre estoy preocupado y pensando en el concierto. Nunca me siento cómodo… y recuerdo que el público es nuevo, y que no nos ha visto en vivo anteriormente. Cada presentación tiene que ser como si fuera la primera vez”.

“¿Cómo puede ser que el artista que transformó una gran canción como Mystery Train de Junior Parker haya sido el mismo que grabó un tema ridículo como Do The Clam?”, se pregunta Kot. “Así era Elvis; bueno, malo, inexplicable. Y todavía seguimos hablando sobre él. Las opiniones son variadas, pero su sombra es inmensa. Su legado es profundo y a veces hasta insondable”.

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.