Experiencias cercanas a la muerte (Casos y ejemplos)…
Los Angeles Time(S.Rivera)/La Vanguardia/ACV(A.Nuño)(G.deDiego Ramos)(M.Palmero)/The Epoch Times(L.Chambers)(T.Macisaac)/Actuall(T.G.Yuste)/Yakata(J.Jiménez)/CNN(J.Blake) — Son varias las historias sobre personas que son declaradas muertas y de pronto regresan a la vida para decir que vieron una luz a lo lejos, pero aunque era hermosa y les daba paz interna, ellos decidieron no caminar a ella para despertar en el hospital.
Mary Neal, una cirujana ortopédica de la columna, es una de estas personas, quien dio su testimonio ocurrido en 1999, en un viaje por medio de un kayac en Chile.
Neal sostuvo que cayó directo hacia una cascada y su cuerpo se sumergió complemente en el agua mientras sentía que sus huesos se quebraban.
“Mi torso estaba absolutamente pegado a la cubierta delantera del barco y podía sentir mis huesos rompiéndose. Pensé que debería estar gritando, pero no lo estaba. No tenía dolor, ni miedo, ni pánico, me sentí más viva de lo que nunca me sentí”, dijo Neal.
“Podía sentir que mi espíritu se despegaba de mi cuerpo y que se liberaba a los cielos. Inmediatamente fui recibida por un grupo de personas, espíritus, no sé cómo llamarles. No los reconocía, pero ellos habían sido importantes en mi vida”, reveló.
Al mismo tiempo, la mujer podía mirar hacia el río y ver como su cuerpo estaba sumergido en el agua. Ella estuvo sin oxígeno un total de 30 minutos.
“Pero los seres me dijeron que no era mi momento, que tenía que volver a mi cuerpo”, dijo.
“Una experiencia cercana a la muerte a veces se llama ECM, una experiencia profunda que muchas personas tienen cuando se acercan al fin de la vida. Probablemente, entre el 10 y el 20 por ciento de los individuos cuyos corazones se detienen en realidad informarán sobre estas dramáticas experiencias”, dijo Bruice Breyson, profesor emérito de psiquiatría y ciencias neuroconductuales de la Universidad de Virginia.
Un médico afirma que antes de morir vemos a las personas que más hemos querido

La muerte es un acto ligado irremediablemente a la vida, pero que en general las personas no sabemos cómo gestionar tanto si se trata de la muerte propia o de la de un ser querido. Esta certeza se ha evidenciado especialmente durante el último año a causa de la pandemia que ha impedido que muchas familias acompañaran a sus familiares en los últimos momentos de la vida.
Ha sido una experiencia dura que ha hecho reflexionar a muchas personas acerca de cómo despedirse y cómo despedir.
En este contexto resulta interesante revisar los descubrimientos del doctor Christopher Kerr, de la Universidad de Buffalo. Kerr ha comprobado que la mayoría de los enfermos a los que ha tratado en la fase final de la enfermedad y a punto de morir suelen ver a personas que han querido a lo largo de su vida, algunas de las cuales pueden estar muertes.
Esta característica incluye también mascotas y objetos físicos que han sido importantes durante la vida del paciente terminal. Kerr, junto a la profesora Carine Mardorossian, ha escrito un libro que refleja su larga experiencia e ilustra con ejemplos su descubrimiento.
El citado libro se titula Death is But a Dream: Finding Hope and Meaning at Life’s End (La muerte no es más que un sueño: encontrar esperanza y significado al final de la vida) y recoge numerosos casos de enfermos que afrontan los últimos días de su vida viendo a familiares y amigos que no están físicamente en el hospital.
Christopher Kerr, director ejecutivo y director médico de Hospice and Palliative Care Buffalo, y Carine Mardorossian, que se han interesado por esta investigación, como The New York Times, Huffington Post, The Atlantic o Scientific American.
Publicado en 2020, cuenta conmovedores sueños y visiones que aparecen en los últimos momentos de la vida. Estos sueños, según escribe el propio doctor Kerr, «ayudan a los pacientes terminales a reunirse con un sentido más auténtico de sí mismos, con las personas que han amado y perdido, aquellas que les traen perdón y paz».

El origen del libro radica en una observación de una enfermera llamada Nancy que le contó al doctor que un paciente de SIDA de poco más de cuarenta años y con un pronóstico fatal, estaba soñando con su madre.
Kerr admite que este suceso está en la génesis del libro y señala que «pongo de relieve la dicotomía entre una visión medicalizada de la muerte, que ve la muerte como una falla orgánica y un problema a resolver, versus una perspectiva más humanista que ve a la persona en su totalidad y, al hacerlo, también honra lo subjetivo, lo interno o las dimensiones experienciales de morir».
Y en declaraciones a un medio de la New York University añade que «esta última visión no solo es más completa, sino que también considera a la persona en su totalidad en el contexto de su vida. Morir desde este punto de vista es más que un tratado médico o una falla orgánica; es el cierre de una vida».
La doctora Carine Mardorossian, profesora de inglés, fue la encargada de redactar el libro y recoger los testimonios de las personas que estaban a punto de morir.
Indica que «desde la perspectiva de un escritor que no es médico, escribir sobre personas que no conocía significaba que en cierto modo estaba escribiendo ficción, pero solo en la medida en que la ficción es la única forma de alcanzar la verdad.
Escribir un libro veraz sobre los sueños del final de la vida significaba hacerle al material lo que la ficción nos enseña a hacer, es decir, imponer algo de orden, selectividad y subjetividad al material que le haría justicia. Todo para representar la realidad que estos pacientes compartían con sinceridad».
Christopher Kerr subraya que «los datos obtenidos nos sugieren que la gran mayoría de los pacientes experimentan este tipo de adaptación final a la muerte. Pero cada paciente es diferente. Tener demencia o síndrome de Down parece provocar reacciones similares, pero no iguales.
En una ocasión una paciente con demencia avanzada quería salir del hospital porque necesitaba ir a su boda. Estaba llena de amor y alegría al revivir el mejor día de su vida a pesar de estar cerca del último.
Cuando miramos la muerte, nuestros estudios muestran que los moribundos están creciendo, adaptándose y adquiriendo conocimiento hasta sus últimos días. Ésta es la paradoja de la muerte: vemos un deterioro físico, pero el paciente puede estar muy vivo, incluso iluminado, emocional y espiritualmente».
Las personas que volvieron de la muerte cuentan su experiencia
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Representada históricamente de negro, con una guadaña y una lista de nombres, la Muerte es lo única que no entiende de clases sociales.
Que nos atrapará con sus garras tarde o temprano es la única certeza que tenemos, pero para bien o para mal nadie ha vuelto del otro mundo para contarlo (por lo que quizá tan mal no se debe estar).
O, un momento, ¿y todas aquellas personas que han vivido experiencias cercanas a la muerte?
A la ‘vida después de la vida’ se le ha tratado de dar miles de explicaciones desde que en 1975 el autor Raymond Moody publicó una obra con ese nombre en la que recolectaba datos de numerosas personas que habían tenido visiones extracorporales durante su muerte clínica.
Tras esta obra llegaron muchas más, así como reportajes en periódicos o programas de televisión dedicados al tema.
Según los doctores Olaf Sebastian y Sebastian Dieguez existen dos tipos: el tipo uno, que está asociado con el hemisferio izquierdo del cerebro, presenta una sensación alterada de tiempo e impresiones de volar. El tipo dos, que involucra el hemisferio derecho, se caracteriza por ver o comunicarse con espíritus, y escuchar voces, sonidos y música. Aunque no está muy claro por qué existen distintos tipos.
«Están todos muertos»
Volver a la vida cambia para siempre a los pacientes. Por lo menos eso es lo que aseguran los protagonistas de una de las historias más sorprendentes, inexplicables y prácticamente milagrosas de experiencias cercanas a la muerte. Sucedió en 2011 en Præstø Fjord, Dinamarca.
Un grupo de estudiantes había ido de excursión a un fiordo en la isla de Zelanda, según relatan los propios afectados en ‘BBC’.
Las condiciones climatológicas eran terribles, había hielo por todas partes, y 12 de ellos remaban un bote cuando por culpa del viento, volcó. «Fue cuando comenzó la pesadilla» explica Katrine, intentando no emocionarse. «Comenzamos a gritar porque el agua estaba congelada, todo parecía irreal, podíamos sentir el pánico. El profesor nos gritó que teníamos que nadar hacia la orilla o moriríamos», cuenta.
El agua estaba helada y ellos se encontraban a cientos de metros de la orilla. «Yo no podía nadar y uno de mis compañeros intentó ayudarme», apunta Casper, otro de los afectados, «pero al cabo de unos minutos entré en parada cardíaca. Estaba clínicamente muerto».
Él es solo uno del total de siete niños que murieron aquel día. Katrine tuvo más suerte y pudo nadar, a pesar de la hipotermia, hasta la orilla. «Lo hice hasta la orilla contraria y me encontré perdida en el bosque. Estaba muy débil y las piernas no me respondían, en ese momento fue cuando pensé: ‘Está bien, voy a morir‘. Entonces vi a un hombre y grité, gracias a Dios que estaba ahí», relata.
Sin que Katrine lo supiera, su compañera de clase, Line, ya había llegado a la orilla y había corrido más de un kilómetro hasta Præstø, donde había alertado a los servicios de emergencia.
Cuando los médicos llegaron, los niños habían fallecido dos horas antes. «Están todos muertos, están todos muertos», repetían. Según explica el doctor Michael Jaeger Wansche, del Ringshospitalet de Copenhague: «Sabíamos que no estaban muertos de verdad al estar congelados, por eso teníamos una oportunidad».
La hipotermia extrema había causado el paro cardíaco y ralentizado su metabolismo, pero cuando su organismo comenzara a calentarse todo podría volver a funcionar. Seis horas después del accidente, los corazones de todos ellos comenzaron a latir de nuevo, aunque, sin oxígeno, millones de células mueren por minuto, por lo que no sabían cómo funcionarían sus cerebros al despertar.
No es la primera vez que sucede algo así, en 1999 una mujer sueca de 29 años fue llevada al hospital tras sufrir un paro cardíaco después de estar atrapada bajo hielo durante 80 minutos; parecía haber muerto pero también fue posible revivirla.
Sin embargo, este caso de hipotermia con mayor número de pacientes que han ‘resucitado’ en la historia.
Como ellos mismos dicen, sus vidas han cambiado para siempre: «He aprendido lo que es importante y lo que no«, cuenta Katrine, «las cosas por las que merece la pena luchar y, por supuesto, estoy feliz de estar viva. Es difícil de explicar porque estuvimos tan cerca de perderlo todo… y sin embargo ahora seguimos aquí», concluye.

“El cielo es real”: Mamá de 4 hijos muere, se encuentra con Dios cara a cara y vuelve
Una mujer de Arizona cuyo corazón dejó de latir durante 27 minutos afirma que ha visto a Dios cara a cara en el cielo, y que fue Él quien orquestó su “milagro médicamente documentado”, devolviéndola a la vida a su merced. Sus primeras palabras, garabateadas en un papel junto a su cama, decían: “Es real”.
“Estuve ante el rostro de Dios. A uno de cada millón le ocurre esto, y por la razón que sea, Dios eligió que yo hiciera esto”, dijo a The Epoch Times Tina Hines, que se ha propuesto compartir su testimonio.
“En esos 27 minutos, quiero decir estando muerta, no tenía señales de vida: ni respiración, ni latidos del corazón que aparecieran en el monitor. No necesitaba que me ocurriera esto [la experiencia cercana a la muerte] para creer que Dios es real y que el cielo es real. Siempre lo he creído, profunda y apasionadamente. Pero Dios me lo dio como un regalo para que pudiera compartir más sobre ello”.
Tina ha estado casada con su esposo, Brian, durante 34 años; comparten cuatro hijos y esperan su primer nieto alrededor de agosto. Antes de su experiencia cercana a la muerte en 2018, la trabajadora Tina había sentido que sus “latidos no estaban bien”, pero las pruebas no descubrieron ningún problema. “Me mandaron del hospital y me dijeron que no pasaba nada”, recuerda.
Tres meses después, sufrió un paro cardíaco repentino.

Tina con su familia tras su paro cardíaco repentino en 2018.
– La emergencia repentina
En la mañana del 12 de febrero de 2018, Tina rezó con su compañera de oración desde hace 23 años, Dawna, y completó algunas tareas de reclutamiento de estudiantes para la escuela en la que trabajaba. Después de almorzar con una amiga, se sintió “con el pecho pesado”.
No obstante, se reunió con su amigo íntimo de la familia, Jeff Logas, y su marido, Brian, alrededor de las 4 de la tarde para ir de excursión a Deem Hill, pero cayó al suelo inconsciente frente a su casa con los ojos en blanco y sin pulso. Brian llamó al 911 y Jeff comenzó la RCP, antes de que Brian se hiciera cargo de las compresiones torácicas. Ella continuó poniéndose azul. Los paramédicos llegaron minutos después y aplicaron tres descargas al corazón de Tina, y luego dos más en su camino al Hospital HonorHealth Deer Valley.
“Hablando de milagros… el tiempo de Dios, permitiéndome estar cerca de gente que podía hacer RCP”, reflexionó Tina. “Me pusieron una máquina llamada dispositivo LUCAS y ésta hizo las compresiones por ellos de forma constante. Cuando llegué al hospital, me hicieron una descarga más.
“El médico dijo: ‘Bueno, vamos a intentarlo, es una mujer sana de 51 años’. Con esa última descarga salí de dudas y pude ver”.


Tina garabateó “Es real” en un papel tras salir del coma, tratando de expresar que estaba en el cielo.
Tina tenía un corte en la frente por la caída, el esternón roto y varias costillas rotas por la reanimación cardiopulmonar, y tuvo un flujo de oxígeno limitado o nulo en el cerebro durante más de 27 minutos. Los médicos temían que hubiera sufrido daños cerebrales. Conectada a un respirador y con un tubo en la garganta, Tina salió finalmente de todo ese caos de emergencia; pero, según ella, había vivido esos minutos de cambio de vida de forma diferente.
“Pude ver luces en el techo y supe que en esos 27 minutos de estar muerta, sin poder sentir nada. Dios me quitó todo el dolor”, recordó. “No sentí ninguna de las compresiones. Me rompieron el esternón y la caja torácica para llegar al corazón y poder ponerlo en marcha de nuevo. Y no sentí nada de eso, no sentí nada”.
Tina tenía más cosas que decir y estaba desesperada por compartir su experiencia inmediatamente, pero los médicos la pusieron en coma inducido para permitir que su cuerpo se recuperara y llegara a la causa fundamental de su infarto. La familia, desesperada, acudió a la sala de espera de la UCI, incluidos los cuatro hijos mayores de Tina y Brian, y la hermana y el marido de Tina.
Al día siguiente, el 13 de febrero, Tina se despertó. Y compartió lo que vio en los reinos celestiales.

Tina ha escrito sobre su encuentro divino y su experiencia cercana a la muerte en su libro “El cielo es real… Cómo la muerte cambia la vida”
– “El cielo es real”
Los médicos querían confirmar si Tina podía respirar por sí misma, así que Brian se inclinó hacia la cara de su amada esposa y le preguntó si podía hacer algunas respiraciones. En cuestión de segundos, pudieron ver cómo el pecho de Tina subía y bajaba. Los médicos se aseguraron de que era lo suficientemente fuerte como para respirar por sí misma y le quitaron el respirador.
Al salir de la sedación, Tina empezó a gesticular con las manos como si pidiera algo para escribir. Sus hijos buscaron un diario y Brian le puso un bolígrafo en la mano. Ella garabateó “Es real”, asintiendo al cielo, y las lágrimas de alivio cayeron libremente. “Ese fue el momento en que mi familia supo que todo iba a salir bien”, recuerda Tina.
“Las palabras no le hacen justicia”, dijo. “Estaba ante el rostro de Dios. Literalmente, solo vi un sol brillante y enorme en el fondo, colores amarillos brillantes del sol, y algunas nubes suaves. Vi las puertas [del cielo] en el fondo. Fue una sensación de paz eufórica y absolutamente increíble.
“Mucha gente quiere saber: ‘¿Viste a tus familiares? ¿Viste a tus mascotas que han fallecido?’ No vi nada, excepto a Jesús. No había palabras, era solo la presencia de Jesús estando conmigo, viendo el rostro de mi hermoso Salvador. Su bello y asombroso rostro, de pie ante mí. Solo Él y yo allí juntos, con sus brazos extendidos hacia mí y completamente abiertos atrayéndome hacia Él. Nos miramos el uno al otro. No había palabras, era solo esa presencia. Realmente me cegó el amarillo, el amarillo brillante que había, y las luces que venían de detrás de Él”.

Tina ha aceptado el escepticismo de los no creyentes, afirmando que aunque los médicos digan que fue “sólo pérdida de oxígeno y alucinaciones”, su historia no contiene ninguna exageración. “Fue ver a Jesús cara a cara, con sus brazos extendidos, simplemente dándome ese consuelo de no tener dolor, ni trauma, ni drama. Estaba completamente ante el Señor”, dijo. “Entonces, Él me envió de vuelta.
“¿De qué otra manera podría volver de estar muerta durante 27 minutos y sin señales de vida, y volver y vivir una vida muy normal? Ya ni siquiera tomo medicamentos para el corazón. Dios lo hizo. Dios hizo que mi corazón volviera a latir. Él tocó, bajó la mano y tocó mi corazón. Y Él estaba conmigo en el cielo. Y me dejó contar la historia”.
Tres días después de su infarto, a Tina le implantaron un desfibrilador de 2 por 2 pulgadas cerca de la clavícula izquierda para controlar su ritmo cardíaco. Recibió el alta del hospital al día siguiente.
Las primeras palabras de Tina tras volver a la vida conmovieron profundamente a su familia. Su sobrina llegó a tatuarse en su cuerpo las palabras “Es real”, con la letra de Tina, y la historia se hizo viral. Si su historia convence a una sola persona para que elija la vida porque existe la posibilidad de que Dios y el cielo sean reales, dijo Tina, entonces hay que compartirla.
– Apreciar la existencia terrenal
Desde que vio el cielo y regresó para contarlo, Tina —que ha trabajado en el sector de la educación durante 30 años— ha hecho de compartir su testimonio una parte importante de su vida y ha conocido a “mucha gente increíble” por el camino.
Tina incluso ha escrito un libro con ese fin. “El cielo es real… Cómo la muerte cambia la vida” es la historia de la experiencia de Tina y el impacto que ha tenido en su existencia terrenal.

Durante seis meses, empleó el método de escritura SOAP —escritura, observación, aplicación y oración— para elaborar su testimonio. Se enfrentó a preguntas como: “¿Qué pasa si esto vuelve a suceder, cómo va a lidiar mi familia con esto?” Concluyendo que Dios es fiel y verdadero, y que todos estamos aquí con un propósito.
“Todavía tengo un corazón imperfecto. Sigo teniendo un latido raro”, dijo. Pero siempre digo que tengo este latido imperfecto, pero tengo un Dios perfecto. Y así, si Dios me trajo de vuelta a esta vida durante unos años para compartir la historia, y por alguna razón, volvió a suceder, o por alguna razón, mi vida no fue física aquí en la Tierra. Sé que he hecho exactamente lo que Dios quería que hiciera. Así que confío en él en eso.
“Todavía debo miles de dólares de facturas del hospital. Todavía tengo que lidiar con las luchas cotidianas que todos tenemos. Pero en última instancia, la soberanía de Dios significa que él tiene el control pase lo que pase. Y por eso confío en eso. Y lo sé y lo creo y por eso cambia todo en la forma en que vivo aquí en la Tierra ahora”.
Tina cree que, sean cuales sean nuestros retos y momentos dolorosos en la vida, cada uno de nosotros necesita “la esperanza de la eternidad y la esperanza del cielo”. Espera que la historia de su vida ayude a la gente a descubrir la tan necesaria paz en su interior y a saber que “Dios es real y el cielo es real”.
Tina, que ha dejado de tomar sus medicamentos para el corazón y ha vuelto a entrenar para correr un maratón, ha encontrado un propósito renovado en su roce con la muerte, que le ha cambiado la vida. “No tienes un testimonio a menos que tengas una prueba”, insistió. “Si no ves la lluvia y la tormenta, no acabas viendo el sol y el arco iris al final.
“Por mucho tiempo que esté aquí en la vida, quiero dedicarme a Dios y dedicarme a lo que Él tiene para mí y dedicarme a tocar la vida de la gente”.

Mujer muere en el quirófano, ve el cielo y acontecimientos futuros: Vuelve como una nueva persona
Tricia Barker estaba deprimida. Tenía 21 años, estaba en la universidad estudiando inglés, no estaba segura de qué carrera seguiría, y en general sentía que la vida era desesperante y dolorosa. Intentó quitarse la vida tomando un puñado de pastillas con alcohol.
Se despertó 36 horas después, todavía en su propia habitación. No le dijo a nadie que había intentado suicidarse, pero decidió seguir adelante con su vida. Como símbolo de que su vida volvía a estar en marcha, empezó a entrenar para una carrera de 10 km.
De camino a la carrera, tuvo un terrible accidente de transito
Tras su intento de suicidio, Barker se entrenó para correr una carrera de 10 km como forma de recuperarse de su profunda depresión. Tras semanas de entrenamiento, se dirigía a correr la carrera cuando tuvo un choque frontal. Se rompió la espalda en varias partes, no sentía las piernas y tenía lesiones internas. Sin seguro médico, tardó casi 20 horas en encontrar un cirujano que la operara. Pasó esas 20 horas tumbada en el hospital sin analgésicos ni alivio alguno.
Finalmente, en la mesa de operaciones, Barker fue anestesiada.
– En un instante, su espíritu abandonó su cuerpo
“El anestesista me puso la mascarilla y luego salí de mi cuerpo”, dijo, chasqueando los dedos para mostrar lo rápido que ocurrió.
“En ese momento, yo era agnóstica y por eso me sorprendió que el espíritu siguiera. Quería volver a mi cuerpo, despertarme y decirles a todos mis amigos: ‘¡Eh, aquí seguimos!’”, relató en un video que grabó para compartir su experiencia.
Vio su propio cuerpo sobre la mesa, con la espalda abierta y sangre por todas partes. Dos ángeles se acercaron a ella y la calmaron. Los vio enviar luz a través de los cirujanos y dentro de su cuerpo.
En ese momento, supo que los cirujanos podrían eliminar los restos de su espalda y que volvería a caminar.
Pero fue entonces cuando vio que el monitor se apagaba.
– Mientras su cuerpo yacía allí muerto, visitó a sus seres queridos y vio acontecimientos que más tarde se verificó que habían sucedido realmente
Angustiada al ver su cuerpo allí muerto, sin saber cómo los médicos podrían reanimarla, no quiso ver la escena por más tiempo. Con ese pensamiento, salió al instante al pasillo.

Aquí es donde ocurrió algo que hizo que su caso sea de gran interés para los investigadores de experiencias cercanas a la muerte (ECM). Vio a su padrastro, un loco de la salud que nunca tocaba los dulces, tomar un chocolate de una máquina expendedora en el pasillo del hospital y comérsela. Más tarde se comprobó que esto había sucedido realmente.
Un suceso así se llama “percepción verídica”. Las percepciones verídicas son observaciones que una persona recuerda de una experiencia extracorpórea que pueden ser verificadas de forma independiente. Son cosas que no podrían haber conocido por medios ordinarios.
Algunos científicos, como el neurólogo Kevin Nelson de la Universidad de Kentucky, intentan explicar las ECM como procesos cerebrales similares a los que se producen cuando una persona sueña o pierde repentinamente el oxígeno.
– Los científicos han intentado explicar las ECM como procesos en el cerebro, pero el Dr. Jan Holden dice que ninguna de esas interpretaciones puede explicar el fenómeno
Sin embargo, la Dra. Jan Holden, profesora de la Universidad del Norte de Texas e investigadora de las ECM desde hace mucho tiempo, identificó unos 100 casos de percepción verídica. A través de su examen de cientos de casos de ECM, determinó que este fenómeno común no puede explicarse mediante el tipo de procesos ordinarios propuestos por Nelson.

Jan Holden habla en la Conferencia IANDS 2014 el 29 de agosto de 2014.
“Cualquier explicación material que se haya intentado no da cuenta de algunas de las cosas que ocurren en las ECM”, dijo Holden en una conferencia grabada que dio para presentar su libro “Manual de experiencias cercanas a la muerte”. “Ninguno de esos modelos puede explicar cómo Tricia sabía que su padrastro estaba sacando un chocolate mientras ella estaba inconsciente y en estado de coma en la sala de operaciones”.
El de Barker es uno de los muchos casos de ECM que Holden investigó.
– Una de cada cinco personas que rozan la muerte tienen una experiencia extracorpórea
Holden descubrió que aproximadamente una de cada cinco personas que tienen un roce con la muerte tienen una experiencia extracorpórea igual de profunda. Muchas personas no hablan de ellas abiertamente, por miedo al ridículo. Algunas personas que tuvieron experiencias extracorpóreas recibieron incluso atención psiquiátrica por hablar de ellas.
Pero Holden comprobó que la salud mental de los que han tenido una ECM refleja la de la población en general. Estas personas son tan cuerdas y racionales como cualquier otra. El impacto de estas experiencias es enormemente positivo. Alrededor del 90 por ciento de las personas que tienen una ECM la consideran una experiencia agradable, y muchas de ellas vuelven más felices y con un fuerte sentido de propósito.
– “Nunca había sentido un amor así: el amor de una madre, el amor romántico, nada podía compararse”
La experiencia de Barker no terminó con el chocolate. Escuchó las oraciones silenciosas de su madre, su tía y otras personas. Cuando escuchó el dolor en las oraciones de su familia, casi quiso volver. Pero una luz la llamó. “La luz era tan increíble, nunca había sentido un amor así: el amor de una madre, el amor romántico, nada podía compararse”, recuerda.
Se encontró en un campo más real y hermoso que cualquier cosa en la Tierra. Su abuelo, que ya había muerto, estaba allí con ella.
Entonces vio cientos de luces, y supo que cada una representaba a un futuro alumno suyo. Supo que debía ser profesora; esa sería su carrera. No solo enseñaría inglés, sino que también enseñaría a otros lo que ella había experimentado en la muerte.

Sintió lo que era estar en el extremo receptor de sus acciones, el impacto que tenía en los demás
Tanto el pasado como el futuro pasaron ante ella. No eran necesariamente los principales acontecimientos o relaciones de su vida los que se destacaban, sino sus interacciones con personas que habían desempeñado pequeños papeles. Había personas con las que no conectaba porque pensaba que eran diferentes a ella, pero vio que habían rezado por ella y se habían preocupado por ella cuando estaba deprimida.
Pudo sentir y ver cómo sus acciones hacia los demás les afectaban. Holden dijo que ésta es una experiencia común durante las ECM. A menudo hace que las personas se comprometan más a tener en cuenta a los demás en sus acciones, porque saben que al final de sus vidas tendrán que experimentar de nuevo todos los sentimientos que provocan en los demás.
– Sentía que los ángeles y Dios no la juzgaban negativamente por las cosas que había hecho
Aunque Barker sintió remordimientos por algunas de sus acciones, sintió que los ángeles y Dios no la juzgaron negativamente por las cosas que había hecho. Se sintieron tristes por algunas de las decisiones que tomó, pero no la juzgaron de mala manera. Solo querían lo mejor para ella.
Vio que cuando intentó suicidarse tenía múltiples caminos a su alrededor que podría haber tomado en su lugar. Podía haber recurrido a las personas que la rodeaban.

Vio que la principal opción que debería haber tomado era ser buena consigo misma, valorarse y tratarse con compasión. “Cuando crees que eres digna de tu propio amor, empiezas a crear una vida a tu alrededor que es mucho mejor”, dijo.
Aunque le costó ver sus errores en la vida, la experiencia general fue inmensamente alegre. No quería volver a su cuerpo, pero Dios le dijo que tenía que volver. Ella ayudaría a otros a entender que hay una vida después de la muerte y ayudaría a la gente a dejar de tener miedo.
– Su cuerpo se sentía como un disfraz, ya que se dio cuenta de que solo era algo que su alma eterna llevaría durante un tiempo relativamente corto en la Tierra
Cuando volvió a su cuerpo, se sintió muy limitada después de su experiencia trascendental. Su cuerpo se sentía como un “disfraz”, y al principio hablaba de sí misma en tercera persona, como si “Tricia Barker” fuera solo una encarnación limitada de su ser eterno.
Barker se recuperó de sus lesiones en la espalda, como había visto que haría durante su experiencia extracorporal. Justo un año después, corrió la carrera de 10 km. No solo simbolizaba su recuperación tras el intento de suicidio, sino también su vitalidad tras una experiencia cercana a la muerte que la cambió profundamente.
Un niño de cuatro años despierta del coma y cuenta a sus padres que conoció a su hermana abortada

Escena de la película El Cielo es Real donde el pequeño Colton despierta de un coma y asegura a sus padres que ha conocido a su hermana abortada
El relato del pequeño Colton Burpo, de cuatro años, ha roto los esquemas de creyentes y no creyentes. Hasta el punto de hacer una película sobre su historia, El Cielo es Real (Heaven is For Real).
Este pequeño de Nebraska tuvo que ser operado de urgencia por una apendicitis aguda cuando tenía tan sólo cuatro años. La operación estaba considerada de riesgo por lo que el niño estuvo entre la vida y la muerte. Cuando despertó del coma, reveló haber estado en el paraíso donde pudo conocer a su hermana abortada, de la que nadie le había hablado, tal y como recoge Aleteia.
Colton, además, aseguró que había hablado con su bisabuelo, que murió 30 años antes del nacimiento del pequeño. Al principio, nadie creyó el relato del pequeño, pero cuando empezó a contar historias muy concretas de los familiares fallecidos, empezaron a creerle.
“Yo mismo dudé de mi propia fe”, afirmó el padre de Colton. Y es que el niño conocía los enfados que el padre había tenido con el bisabuelo o la existencia de su hermana que nunca llegó a nacer porque su madre sufrió un aborto espontáneo en 1999.
Por otro lado, el pequeño también explicó que había hablado con Jesús, señalando que tenía “marcas en el cuerpo”. De hecho, Colton relató que Jesús le mandó de vuelta la tierra por las oraciones que estaba llevando a cabo su padre.
La mujer que sobrevivió 47 años después de haber sido declarada muerta

Hay personas que, de forma recurrente, vuelven a tu vida, una de esas personas es Essie Dunbar. La primera vez que leí sobre ella, hace ya muchos años, su historia me estuvo persiguiendo durante días, ¿cuántas personas habrían sido dadas por muertas sin estarlo? ¿Cuántas personas habrían sido enterradas vidas? ¿Cuántas habrían muerto de hambre y desesperación arañando el ataúd?
Hoy me he vuelto a encontrar con ella, pero ahora sé algo más. Esta es la historia de la mujer que vivió la mayor parte de su vida después de ser declarada muerta.
– Muerte y resurrección de la señorita Dunbar
Por lo que sabemos, la referencia de todas las historias modernas sobre Essie Dunbar la publicó Jan Bondeson en su libro ‘Buried Alive: The Terrifying History of Our Most Primal Fear’. Bonsenson nos contaba que, hacia el verano de 1915, el médico de Blackville (Carolina del Sur), un tal DK Briggs de Blackville,visitó a una mujer afroamericana de unos treinta años. Según parecía había sufrido un fortísimo ataque de epilepsia, era Dunbar.
Briggs la examinó y la declaró muerta. Como una de las pocas familiares de Dunbar, su hermana, vivía en una ciudad cercana, el funeral se retrasó un poco. Un poco, pero no lo suficiente. Pese a que la ceremonia fue larga, cuando la hermana llegó a Blackville, Essie ya estaba enterrada a casi dos metros de profundidad.
Fue polémico, pero ante sus súplicas, las autoridades aceptaron desenterrar el cuerpo de la fallecida para que pudiera despedirse por última vez. Sacaron de nuevo la tierra, quitaron los clavos del ataúd y lo que se encontraron dentro fue a una mujer vivísima y sonriendo.
Según explicaba Bondenson, en aquel momento los asistentes tomaron a Dunbar por un fantasma y corrieron despavoridos por el cementerio. Hermana incluida. De hecho, el sambenito de ‘zombie’ no se le quitó en ninguno de los 47 años que sobrevivió a su primer funeral.
¿Ocurrió en realidad?

Cuando uno descubre que no hay relatos contemporáneos de la historia de Essie Dunbar, la primera reacción es sospechar.
Como explican en Snopes, la principal fuente de la historia data de décadas después. Concretamente, del obituario del doctor DK Briggs.
Efectivamente, el Augusta Chronicle publicó el 25 de agosto de 1955 una pequeña nota que empieza con una frase genial «Essie Dunbar […] ha sobrevivido al médico que la declaró muerta hace 40 años«.
Esa pequeña historia se fue repitiendo en periódicos de todo Estados Unidos durante las siguientes décadas hasta que se publicó en la revista británica ‘Fortean Times’ de donde la recogió (y embelleció) Bondenson en su libro.
Por eso, aunque no tenemos pruebas directas sobre el funeral falso y verificar hechos un siglo después de que ocurrieran es difícil, la mayoría de eruditos sobre el tema y de los aficionados a las muertes truculentas dan por buena la anécdota. Al menos, en alguna de sus versiones.
En mi caso, mi parte etnográfica dice un rotundo sí a las historias populares que sobre Dunbar aún hoy se cuentan en Blackville; mi parte escéptica dice que las historias, historias son. No obstante, y más allá de los detalles sobre su veracidad, el éxito del «mito» de Essie Dunbar es un recordatorio de, como dice Bondenson, nuestros «miedos más primarios». Otro día, volveremos sobre ellos.
Ocho historias reales de gente que «resucitó» en su funeral
En una ceremonia donde reina el luto y el desconsuelo por la pérdida de un ser querido, de repente el difunto se levanta de su ataúd o aparece por la puerta. Parece la trama de una ficción, lo que no sabemos es si se trataría de una comedia o de una película de terror.
Aunque parezcan narraciones imposibles, lo cierto es que existen casos documentados sobre muertos que estaban en realidad muy vivos. Todos los que exponemos a continuación están certificados como verídicos.
1. El hombre que no estuvo allí
El primer ejemplo es el de Gilberto Araujo, natural de Brasil, cuyo deceso fue declarado en 2012. Tras la identificación del cadáver por parte de su hermano, mientras su familia permanecía al lado del féretro, Araujo se presentó de repente en su propio funeral para sorpresa de todos los asistentes.
Araujo lavaba coches en Alagoinhas, localidad donde se produjo el asesinato. El homicida acabó con la vida de otro trabajador que se parecía mucho al brasileño, de ahí el sorprendente error cometido por su familiar.
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2. El ciudadano que preparó su propio funeral
El chino Zan Deyang tenía 66 años cuando decidió organizar su propia ceremonia de despedida. Deyang no había contraído matrimonio y no tenía hijos; ello le llevó a querer satisfacer su curiosidad acerca de cuántas personas acudirían a darle el último adiós.
La preocupación de Deyang tenía un motivo: en la cultura china se cree que los muertos tienen unas necesidades que sus allegados deben satisfacer. Por ello, los familiares deben visitar las tumbas y reparar las carencias que padecerá la persona que ha abandonado este mundo.
Cuarenta invitados acudieron a su funeral, además de otros cien extraños curiosos ante el evento. Con todo, Deyang no acabó muy satisfecho con el experimento pues veinte familiares y amigos convidados al entierro decidieron no hacer acto de presencia.
3. La muerte anunciada que no fue tal
Hace dos años, Noela Rukundo, residente en Australia, pero natural de Burundi, regresaba a su país natal para acudir al funeral de su madrastra. Lo que ella no sabía es que su marido había contratado a un grupo de sicarios para acabar con su vida.
A pesar de ser raptada, sus captores tenían sentimientos y se negaron a perpetrar el crimen tras saber que la orden provenía del cónyuge. Los supuestos asesinos llegaron a contar incluso a Rukundo qué hubieran hecho con su cadáver de haber completado el plan.
Tras volver a su casa en Australia, se presentó en el funeral que su marido ya estaba organizando. Declara la mujer: «Cuando salí del coche, me miró directamente a la cara. Puso sus manos sobre su rostro y profirió ‘¿son mis ojos?, ¿es un fantasma?». El hombre fue condenado a nueve años de prisión.
4. El reposo del obispo
Nicephorus Glycas era un obispo de la isla griega de Lesbos. El 3 de marzo de 1896 fue declarado su deceso. Acorde con la tradición, el cuerpo fue expuesto en la iglesia de Mehymi para recibir el último adiós de los fieles.
Para estupor de los congregados, la segunda noche en la capilla ardiente, Glycas se incorporó, se sentó sobre el ataúd y comenzó a pedir explicaciones acerca del tumulto que había formado a su alrededor. Resultó, simplemente, que el purpurado se había echado una siesta muy larga.
5. El muerto con alguna copa de más
Cuando el ecuatoriano Edison Vicuña desapareció durante tres días, su familia y amigos comenzaron a temerse lo peor. Todo pareció confirmarse cuando el cuerpo de un hombre desfigurado se halló cerca de la residencia de Vicuña, víctima de un accidente de tráfico.
El cadáver fue identificado como el del desaparecido, pero el día del funeral el ecuatoriano se presentó, para sorpresa de todos, borracho en su propio velatorio, causando el pavor de los concurrentes. Como dice la canción de Peret: «No estaba muerto, que estaba de parranda». Mientras todos lloraban su pérdida, Vicuña se había pasado una larga juerga de varios días. Como no podía ser de otra manera, la ceremonia se detuvo y el cuerpo fue devuelto a la morgue.
6. El velatorio que acabó en fiesta
El joven de 28 años Hamdi Hafez al-Nubi trabajaba como camarero en un hotel de Luxor. En el año 2012, mientras llevaba su bandeja por la sala sufrió un ataque al corazón por el que todo el mundo le dio por muerto. Su familia trasladó el cuerpo a casa para velarlo, lo lavó y lo preparó siguiendo la tradición musulmana, además de publicar el entierro en los diarios locales.
Sin embargo, el médico que tenía que expedir el certificado de fallecimiento se dio cuenta de que el supuesto cadáver todavía estaba caliente y de que al-Nubi aún respiraba. El médico alertó rápidamente al tío del camarero y lo que en principio iba a ser una triste ceremonia acabó en una celebración por todo lo alto.
7. La mujer que resucitó para volver a morir
La rusa Fagilyu Mukhametzyanov cayó fulminada de un ataque al corazón en el año 2011. A pesar de ser llevada con la máxima celeridad al hospital, los médicos solo pudieron certificar su fallecimiento.
Con todo, el diagnóstico resultó equivocado. Unos días más tarde, durante su funeral, Mukhametzyanov se levantó de repente de su féretro chillando, llorando y suplicando una explicación a lo qué estaba ocurriendo.
Inmediatamente fue trasladada al hospital más cercano, pero el ‘shock’ que le debió haber causado la experiencia le tuvo que resultar insoportable. Mukhametzyanov resucitó durante 12 minutos, para volver al mundo de los muertos otra vez más. Un nuevo ataque al corazón fue, de nuevo, la causa certificada de esta segunda defunción.
8. El despertar que es una festividad local
Los habitantes de la villa de Braughing en Gran Bretaña celebran el 2 de octubre de cada año una curiosa fiesta inspirada en una resurrección. La historia se remonta a 1571. Durante el traslado del ataud del granjero Matthew Hall sus porteadores se tropezaron e hicieron caer el cuerpo a tierra.
El accidente se convirtió, sin embargo, en un hecho afortunado. De repente Matthew se incorporó como Lázaro para vivir otras dos décadas más, hasta 1595. Su vuelta al «más acá» es una causa más que justificada para celebrar la vida en el pueblo inglés.
Hay vida tras la muerte: tres personas cuentan experiencias sin explicación alguna
– Mientras estaba de parto
Jane Dawson, de 49 años, de Largs, North Ayrshire, está casada y tiene tres hijos, 31, 29 y 16. Cuenta en ‘The Daily Mail’ su experiencia: «Tuve una experiencia muy profunda en el otro mundo durante el nacimiento traumático de mi hijo menor que cambió completamente el curso de mi vida.
Mi padre, Jim, que había muerto de cáncer de pulmón tres meses antes, a los 69, ‘apareció’ al final de mi parto. Fue mucho más poderoso por el hecho de que la última vez que lo vi, dos horas antes de su fallecimiento, le dije que estaba embarazada, y le dije: ‘Por favor, cuida de mi hijo ahí arriba».
El parto se prolongó durante horas y Jane estaba a punto de parir. «De repente, la energía de mi padre llenó la habitación. Es difícil de explicar, pero reconocí su espíritu o, si quieres, su esencia. Solo sabía que él estaba allí conmigo. Me quedé sin aliento: ‘¡Dios mío, mi papá está aquí!’. Las enfermeras miraron a su alrededor como si quisiera decir que había entrado en la habitación», continúa.
Momentos después, nació su hijo. «Me hizo pensar que mi padre debía haber ‘escuchado’ lo que le pedí en su lecho de muerte a él en algún nivel, a pesar de haber estado inconsciente. Él había elegido responder apoyándonos a través del viaje más difícil de mi bebé: el de entrar en el mundo».
Una vez que tuvo el bebé, volvió a casa. Y días más tarde contactó con un médium, que le dijo que su padre todavía estaba allí con nosotros. «Noté señales de que mi padre estaba allí. En una ocasión, estaba sola en la casa con mi bebé cuando lo puse en su sillita del coche sobre la mesa, fui a la cocina a buscar algo y volví y vi que la sillita estaba girada, como si alguien hubiese querido voltearlo para verle la cara al niño. Supe enseguida que era papá».
Estas experiencias cambiaron totalmente su sistema de creencias: «Pasé de ser escéptica con estos temas a creer de repente que alguna forma de existencia continúa después de la muerte».
– Estuvo 7 minutos muerto
Antonio Gómez se desplomó en un tatami, en clase de kárate, en Cáceres. Ocurrió el 22 de mayo de 2011. Estuvo inconsciente durante 7 minutos, en los que sus compañeros estuvieron reanimándole. “No recuerdo nada del masaje cardiaco ni del momento en el que me desplomé. De golpe y porrazo me encontré en un lugar repleto de luces con una gran foco en el cielo que me deslumbró con un fogonazo”, explica.
Antonio sostiene que estuvo muerto durante algunos minutos, mientras los que tuvo una ECM: «A mi lado tenía una especie de persona bajita con la que estuve conversando largo y tendido sobre el lugar en el que estaba y lo que me estaba ocurriendo”, asegura.
Como tantas otras personas que han tenido una ECM, Antonio afirma que no sólo entró en ‘otro mundo’ con ese ‘guía’, sino que además estableció todo un diálogo con él sobre su objetivo vital y sobre por qué había llegado su hora de morir.
«Me impactó muchísimo mirar a mi alrededor y ver una fotocopia de mí mismo tumbada. Era como si toda aquella escena no fuera conmigo, como ser un espectador más. Entonces el individuo bajito me explicó que lo que veía, mi cuerpo, era algo que había utilizado en mi vida para tener unas experiencias pero que ya había cumplido su objetivo».
Como le pasó a Jane, la protagonista de la anterior historia, Antonio “era una persona cero creyente y con una mentalidad de lo más racional y analítica», hasta que tuvo la ECM.
– La lámpara que se enciende sola
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Sonia Mackett y su difunto marido
Sonia Mackett, 64, de Gorleston, Norfolk, tiene una hija de 30 años y un hijo de 29 años. Ella es tutora de educación para adultos a tiempo parcial. Cuenta su historia en ‘The Daily Mail’: «Mi difunto esposo, Tony, no creía en la vida después de la muerte, pero él siempre decía en broma que si él fallecía antes que yo, me avisaría».
«Estuvimos casados durante 37 años cuando le diagnosticaron un tumor cerebral terminal. Fue muy difícil para los dos. Le daban miedo a las sombras en nuestra habitación y le compré una luz de mesita de control táctil, y le daba seguridad», añade.
Su marido murió en diciembre de 2010. Unos meses después, ella estaba acostada en la cama y su lámpara se encendió. «Había que tocarla tres veces para lograr que se encendiera… pero se había iluminado por completo sin que nadie la tocara en absoluto. Entonces dije en voz alta: ‘Está bien, sé lo que intentas decirme, pero ahora estoy un poco asustada’. Nunca volvió a funcionar mal».
Estaba segura de que si su marido se manifestaba, lo haría a través de esa luz. Y eso fue justo lo que hizo.
Tuvo una experiencia cercana a la muerte a causa del covid-19. Pero no fue una visión del más allá lo que la cambió

El médico le suplicó a Paige Deiner que cerrara los ojos y durmiera. Pero ella se negó a escuchar. Estaba aterrorizada.
«Si me duermo, no voy a despertar», le dijo.
Era una noche de octubre de 2021 y Deiner luchaba por su vida y la de su bebé de 24 semanas. Estaba en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Delaware tras ser diagnosticada con covid-19. Había perdido casi 14 kilos en 12 días tras ser conectada a un respirador. Un médico le dijo más tarde que en un momento dado calculaba que tenía un 5% de posibilidades de sobrevivir.
Deiner intentaba calmar sus nervios cuando el médico entró en su habitación. Ella escuchaba música celta en su iPhone y veía «Peppa Pig», un programa de televisión infantil animado, en el televisor. Pero cada respiración se convertía en un doloroso estertor, y no podía dejar de oír los pitidos de los monitores mientras el médico le pedía que hiciera caso.
«Tienes que dormir», le dijo el médico. «Si no te duermes, vas a morir. No puedes curarte si tu cerebro no puede dormir».
Deiner luchó contra el pánico y cerró los ojos. Pensó que era el fin. Su mundo se volvió oscuro.
Pero su historia no había hecho más que empezar.
– Un nuevo tipo de experiencia cercana a la muerte
Cualquiera que haya leído sobre experiencias cercanas a la muerte (ECM) puede imaginar lo que cree que le ocurrió a Deiner.
Flotar a través de un túnel hacia una luz en la distancia. Oír música celestial. Saludar a los seres queridos que murieron muchos años antes. Este es el tipo de historias que la gente cuenta en libros como «90 Minutes in Heaven» y «Proof of Heaven».
Cada uno de los supervivientes de una experiencia cercana a la muerte comparte historias de haber sido transformados espiritualmente por lo que vislumbraron en el más allá.

Paige Deiner, en un hospital en recuperación
Pero en los dos años transcurridos desde su inicio, la pandemia de covid ha generado una nueva categoría de experiencias cercanas a la muerte, relatadas por personas que, como Deiner, volvieron a percibir lo milagroso en lo ordinario de la vida cotidiana: poder saborear y oler el café, volver a abrazar a un niño y ver salir el sol después de temer no volver a oír el canto de los pájaros por la mañana.
Se transformaron espiritualmente no por una visión del más allá, sino por lo que vieron en esta vida, mientras luchaban por mantenerse con vida después de ser golpeados por el covid.
Este tipo de historias no suelen recibir ofertas de libros o películas. Sin embargo, personas como Deiner, de 41 años, tienen estas increíbles historias de supervivencia que pueden ayudarnos a todos.
Todo comienza con el poder de la gratitud. Es un cliché para algunos, pero no para muchos supervivientes de covid.
«Pienso con frecuencia en lo mucho que damos por hecho», escribió Deiner en una publicación de Facebook poco después de recibir el alta hospitalaria en diciembre, «desde la capacidad de caminar o tragar hasta la de respirar».
– Ángeles a nuestro alrededor
Antes de enfermar, Deiner era una bola de energía. Estaba trabajando en su doctorado en Medicina Oriental después de obtener una licenciatura en Relaciones Internacionales. Era madre, experiodista, masajista que vivía en Lincoln, Delaware, y maestra de Reiki. Una vez recorrió Centroamérica con nada más que una mochila.
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«Estaba en la cima de mi juego», dice.
El covid cambió todo eso. Tuvo que aprender lo que dicen muchas de las mejores tradiciones espirituales: venimos al mundo indefensos y lo dejamos igual.
Nos necesitamos unos a otros.
«Cuando estás realmente enfermo, te encuentras en una situación de impotencia», dice.
«Dependes de personas y extraños para mantenerte con vida».
Al igual que muchos supervivientes con experiencias cercanas a la muerte, Deiner conoció a los ángeles. Pero no eran las criaturas aladas y resplandecientes que aparecen en los libros y las películas.
Estaba la enfermera que la limpió pacientemente después de estar cubierta de vómito y sangre.
El pastor que se acercó a la Unidad de Cuidados Intensivos, rezó el Padre Nuestro con ella y lloró con ella a pesar de que no lo conocía.
El médico que la instó a dormirse. Cuando abrió los ojos ocho horas después, «él seguía allí», dice.
– Una oración por los vivos
Deiner no pensaba que terminaría en el hospital. Ya se había vacunado por primera vez y estaba a punto de vacunarse por segunda vez el año pasado cuando enfermó. Mientras oscilaba entre la vida y la muerte en la UCI, dice que empezó a experimentar “delirio en los cuidados intensivos”, un trastorno en el que los pacientes alucinan, se vuelven paranoicos y pierden la noción del tiempo y el espacio.
Cuando le quitaron el respirador, perdió toda la sensibilidad de su cuerpo y se encontró flotando por encima de sí misma, mirando hacia abajo a los médicos que la atendían. Podía ver su cuerpo cubierto de moretones y los tubos colgando de sus brazos.
«Ya no podía sentir el movimiento del bebé porque no sentía nada», dice. «Pensé que había muerto».
Así que Deiner hizo lo que cualquiera de la era de Internet haría mientras está atrapado en el limbo, sin saber si está vivo o muerto. Envió un mensaje de texto a un amigo.
No sabe cómo lo hizo, pero de alguna manera envió un mensaje a una amiga después de que le retiraran el respirador. Estaba tan desorientada en ese momento que creyó que había mensajeado a su amigo a través de una forma de telepatía.
El amigo era Craig Maull, un colega masajista interesado en formas alternativas de espiritualidad que también repara carreteras para el Departamento de Transporte de Delaware. Recibió un mensaje de ella después de no haber tenido noticias de Deiner durante 12 días («Revisaba los obituarios tres o cuatro veces al día», dijo).
Su mensaje era sencillo: «Creo que estoy muerta. No siento mi cuerpo. Debo ser un fantasma».
«Estás viva. Confía en mí», le respondió. «Estuviste en coma durante unos 12 días».
Maull le dio un mantra, una meditación tradicional hawaiana para cantar y tranquilizar su mente:
«Te quiero. Lo siento. Por favor, perdóname. Gracias».
La meditación ayudó a salvar su vida, dice Deiner. Su poder radica en su simplicidad. Dice que ayudó a «unir mi mente, mi cuerpo y mi espíritu».
– Una pregunta que no puede responder
Deiner se recuperó y dio a luz en diciembre a un hijo sano de dos kilos y medio. Lo llamó Soren y dice que «está creciendo como la hierba». Dice que solo se dio cuenta de lo cerca que estuvo de la muerte cuando un médico le dijo después que inicialmente calculaban que tenía un 5% de posibilidades de sobrevivir.

Paige Deiner con su hijo, Soren. Ella lo llama «bebé milagro».
Escuchar ese pronóstico la aterrorizó. «Lo sentí como un balde de agua fría, horror y pánico a la vez», dice.
Pero Deiner sigue enfrentándose a grandes retos: no puede cortar su propia comida, atarse los zapatos o cambiar la ropa de Soren debido al dolor constante en sus manos. Tiene problemas para caminar y ha necesitado terapia para aprender a tragar de nuevo. Perdió el sentido del gusto y el olfato.
Los daños nerviosos causados por la enfermedad aún persisten, y está en constante terapia física. Depende de su hija Isabella, de 15 años, para que la ayude.
«Es difícil. No voy a mentir», dice Isabella. «Es duro ver a alguien luchar. Es difícil dejar de lado las cosas y ayudarla. Pero estoy muy agradecida de que esté viva para pedir ayuda».
Puede que el cuerpo de Deiner esté más débil, pero sus sueños son más grandes. Tiene un centro de masajes, bienestar y yoga, pero quiere hacer más. Dice que quiere obtener un título en medicina oriental para ayudar a los demás. Piensa en trasladarse a una pequeña ciudad de un país subdesarrollado para prestar atención médica. No se imagina volver a su vida tal y como era antes.
Casi un millón de estadounidenses han muerto a causa del covid. Muchos de nosotros hemos perdido a padres, hermanos, amigos, compañeros de trabajo… la ausencia repentina de personas que, en palabras del poeta Billy Collins, «han dejado una forma de aire caminando en su lugar».
Para Deiner, todavía hay un misterio sobre su enfermedad que no puede responder: ¿Por qué sobrevivió ella cuando tantos otros murieron?
«¿Qué puedo decir? No era mi momento. Había más gente rezando por mí. Tengo mucha suerte de tener una buena atención médica», dice Deiner. «No tengo ni idea».
Pero Deiner dice que puede responder a esa pregunta en parte por la forma en que ahora elige vivir.
«Tengo un profundo sentido de la responsabilidad», dice. «Me dieron una segunda oportunidad de vivir. Tengo que vivir una vida de forma honorable para la gente que no tuvo una oportunidad, y para la gente que nunca caminará, hablará o respirará por sí misma».
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