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La Peste Negra, la plaga que sembró de terror y muerte la Europa Medieval…


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Ascient Origins(Mariló T.A.)  —  La peste, la enfermedad más célebre y temida de la historia del hombre. Un mal que provocó la muerte a millones de personas en la Europa de hace siglos y que, pese a lo que comúnmente se cree -y a pesar de los grandes avances científicos-, continúa siendo un problema para el hombre moderno.

Orígenes de la peste en la Europa medieval.

A mediados del siglo XIV -concretamente entre los años 1346 y 1347-, estalló una de las mayores epidemias de peste de la historia de Europa. Una enfermedad que continuó presente en el Viejo Continente hasta principios del siglo XVIII.

La peste tuvo un impacto pavoroso en la sociedad de su tiempo. Por un lado actuaba de forma inesperada: se desconocía su causa, sus consecuencias solían ser fatales y se ignoraba la terapia a seguir.

Por otro lado, no era una enfermedad exclusiva de pobres, debida, por ejemplo, a una mísera alimentación, sino que afectaba de igual modo a nobles y a vasallos.

En la Edad Media las explicaciones a las causas de la peste solían ser muy diversas pero al mismo tiempo compartían un nexo común: fuese cual fuese el origen de la peste, éste se achacaba a la cólera divina desatada sobre los hombres por culpa de los pecados de la humanidad.

Algunos creían que se transmitía por medio de efluvios malignos que desprendían los enfermos. Hubo quienes afirmaban que podía tener un origen astrológico.

Otros defendían que su origen era geológico, producto de la liberación de gases tóxicos durante las erupciones volcánicas y los movimientos sísmicos.

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Cartel utilizado durante las epidemias de peste en el que aparece la muerte triunfante. Estos carteles se colocaban por fuera de las casas en las que había enfermos de peste.

La peste negra de mediados del siglo XIV tuvo como punto de partida la ciudad de Caffa (actual Feodosia), en la Península de Crimea, a orillas del Mar Negro.

En el año 1346, Caffa se hallaba asediada por el ejército mongol, en cuyas filas se manifestó la enfermedad.

Las crónicas de la época cuentan que los mongoles fueron los culpables de extender la enfermedad por Europa, catapultando los cadáveres de sus guerreros afectados al interior de la ciudad.

Cuando los mercaderes genoveses -que mantenían en Caffa una importante colonia comercial- reconocieron la epidemia, huyeron aterrados –llevando con ellos los bacilos- a bordo de los mercantes que se dirigían a Europa y cuya primera escala era la isla de Sicilia.

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“Auxilio a unos apestados”, de Federico Madrazo

Para los habitantes de Mesina, en Sicilia, el mar era símbolo de vida, de trabajo, de riquezas, pero algo diferente estaba a punto de arribar hasta sus costas al fondear los barcos genoveses procedentes del Mar Negro.

Naves en cuyo interior transportaban verdaderos cargamentos de cadáveres y de gentes gravemente enfermas. Los sicilianos, rápidamente, comprendieron la importancia del peligro que les acechaba. No era una enfermedad cualquiera.

No. Se trataba de un mal repugnante y muy doloroso, una enfermedad que provocaba horribles sufrimientos y fiebres altísimas a quienes la padecían.

Primero la tos, la fiebre, los escalofríos. Luego una subida aún mayor de la temperatura corporal y la aparición de los dolorosísimos bubones: una hinchazón de las glándulas linfáticas del cuello o la ingle, tumefactas, que podían alcanzar el tamaño de una naranja.

Después, un rápido descenso de la tensión arterial, el colapso multiorgánico, la dilatación del sistema vascular y la aparición de intensas hemorragias.

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Ilustración que muestra la forma en que los médicos medievales se protegían para tratar a los enfermos afectados por la peste.

Pero además de terrible, los habitantes de Mesina no tardaron en descubrir lo extremadamente contagiosa que era esta enfermedad. La plaga se extendió rápidamente entre ellos. A los pocos supervivientes sólo les restaba la esperanza de un milagro.

Los que todavía podían caminar huyeron hasta Catania y muchos, como si de una procesión se tratara, se dirigieron a rogarle a Santa Águeda de Catania que les librase de las garras de la peste. Sin embargo, a pesar de sus muchos ruegos, no se obró milagro alguno.

La peste acabó extendiéndose por toda la isla a una velocidad de vértigo mientras otros barcos genoveses atracaban en la península itálica transmitiendo, así, la peste por todo el continente.

Tansmisión, conttagio y cifras

Todos los indicios estudiados sugieren que esta plaga fue, ante todo, de peste bubónica primaria. Y que la transmisión se produjo a través de barcos, caravanas, personas, ratas y pulgas infectadas.

Las grandes urbes comerciales fueron los principales focos de recepción y, desde ellas, la peste fue propagándose a través de las rutas marítimas, fluviales y terrestres así como por los caminos de peregrinación.

Con los datos disponibles hoy sabemos que la propagación por vía marítima podía superar las 30 millas diarias, mientras que por vía terrestre oscilaba entre los 0,5 y los 2 kilómetros al día.

A pesar de que muchos huyeron al campo, lo cierto es que las ciudades eran más seguras dado que, tal y como se ha constatado, la progresión de las enfermedades infecciosas es más lenta en los núcleos con mayor densidad de población.

Dichas huidas lo único que provocaron fue una mayor propagación de la enfermedad, sin apenas dejar zonas libres de ella.

En cuanto al número de muertes provocadas por la peste en Europa, actualmente podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el índice de mortalidad pudo alcanzar el 60%.

En la Península Ibérica, por ejemplo, los datos nos indican que se pasó de 6 millones de habitantes a unos 2,5 millones. En el sur de Francia los registros confirman que fallecieron entre el 55%-70% de notarios.

Tasas similares a las ofrecidas con respecto a los miembros del clero inglés.

Por su parte, en la italiana Toscana murió casi el 60% de la población, viendo Florencia cómo de sus más de 90.000 habitantes perecían casi 60.000 de ellos. En términos absolutos, de los 80.000.000 de personas que habitaban Europa en el año 1346, se pasó a sólo 30 millones en 1353.

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De los 80.000.000 de personas que habitaban Europa en el año 1346, se pasó a sólo 30 millones en 1353 por culpa de la epidemia de peste. “Danza macabra”, de Michael Wolgemut.

La ciencia tuvo que esperar hasta el siglo XIX para desterrar la idea de un supuesto origen sobrenatural de la peste. El temor de una pandemia a escala planetaria persistió durante cuatro siglos y más aún tras comprobarse que la enfermedad se había extendido, incluso, por vastas regiones de Asia, sufriéndose la tercera epidemia de peste en China.

Sin embargo ese mismo temor generalizado impulsó las investigaciones científicas, logrando que los bacteriólogos Kitasato y Yersin, de forma independiente pero casi al unísono, descubrieran en el año 1894 que el verdadero origen de la peste se debía a la bacteria “Yersinia pestis” (llamada así, precisamente, en honor a Yersin).

La bacteria afectaba a ratas negras y a otros roedores y se transmitía a través de los parásitos que vivían en esos animales, en especial las pulgas. La peste era, pues, una zoonosis: una enfermedad que pasa de los animales a los seres humanos.

De ahí que su contagio fuera tan fácil y rápido, puesto que ratas y humanos convivían en graneros, molinos, caminos y viviendas, además de trasladarse, conjuntamente, en los barcos.

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(Retrato de Alexandre Emile John Yersin, médico y bacteriólogo suizo, codescubridor de los bacilos responsables de la peste bubónica.)

Ambos bacteriólogos descubrieron que la bacteria rondaba los hogares durante un período de entre 16 y 23 días antes de que se manifestaran los primeros síntomas de la enfermedad.

Después debían pasar entre tres y cinco días más hasta que se producían las primeras muertes y tenía que transcurrir otra semana hasta que la población adquiría conciencia plena de la gravedad del problema al que se enfrentaba.

UNA SOCIEDAD MEDIEVAL SIN GATOS

Hay que recordar que cuando la peste ataca a Europa, el continente se encontraba atravesando una profundísima crisis económica motivada por un sistema feudal en franca decadencia debido a una serie continuada de malas cosechas y a una excesiva superpoblación.

En la Europa medieval uno de los principales depredadores de la rata negra era el gato, domesticado por los antiguos egipcios e introducido en el viejo continente por los fenicios en el siglo IX a. C.

Desde entonces convivía con los humanos a quienes servía para mantener alejadas a las ratas y demás roedores. Pero todo cambió.

A finales del siglo XII, en el sur de Francia nació la denominada como “Primera Inquisición”: tribunales formados por religiosos para combatir la herejía y la brujería.

Al mismo tiempo comenzó a considerarse al gato un animal sospechoso debido a su carácter reservado y a su capacidad de sobrevivir en circunstancias extraordinarias.

Poco a poco se les empezó a asociar con las llamadas “brujas” y con actos de brujería. La población llegó a temer tanto a los gatos que se definió una serie de características satánicas asociadas a ellos.

El primer paso para condenarlos lo dio, a comienzos del siglo XIII, el papa Gregorio IX, quien en su bula “Vox in Rama” afirmó que “el diabólico gato negro había caído de las nubes para la infelicidad del hombre”. Fue así como los ciudadanos, poco a poco, comenzaron a exterminarlos. Sobre todo a los gatos negros.

Sin embargo, las distintas supersticiones y decisiones eclesiásticas hicieron que, con el paso del tiempo, se fuera matando a los gatos europeos, de forma casi generalizada, en muchos rincones del continente. Diversas fuentes señalan la cifra de hasta 200.000 gatos aniquilados. La consecuencia de estas matanzas fue la rápida proliferación de roedores, en particular de la “rata negra” que, como hemos visto más arriba, se cree que fue la principal transmisora de la letal Peste Negra.

La peste: tipos, síntomas y consecuencias

La peste es una infección bacteriana grave y potencialmente mortal causada por la bacteria Yersinia pestis. Los roedores portan la enfermedad y ésta se propaga por medio de sus pulgas. Las personas pueden contraerla cuando son picadas por una pulga que porta la bacteria a partir de un roedor infectado.

En casos excepcionales, la enfermedad también se puede contraer al manipular un animal infectado.

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Imagen de bacterias de Yersinia pestis

Una infección de peste pulmonar, llamada peste neumónica, se puede propagar de un humano a otro: cuando alguien con peste pulmonar tose, gotitas microscópicas que transportan la bacteria se mueven a través del aire y cualquier persona que las inhale puede contraerla.

La peste aún se puede dar en África, Asia y Sudamérica. Recientemente se han detectado casos de peste en Estados Unidos. El tiempo promedio entre el momento de la infección y la manifestación de los síntomas está en torno a los 2 y los 8 días, pero en el caso de la peste pulmonar puede ser de sólo un día.

Las tres formas más comunes de peste son la peste bubónica, la peste pulmonar y la peste septicémica.

La peste bubónica consiste en una infección de los ganglios linfáticos. Sus síntomas suelen aparecer súbitamente, después de 2 a 5 días de exposición a la bacteria.

Sus principales síntomas son: escalofríos, fiebre, malestar general, dolor de cabeza, dolor muscular, convulsiones, formación de bubones (inflamación dolorosa de los ganglios linfáticos) en ingles, axilas o cuello.

La peste pulmonar consiste en una infección de los pulmones y sus síntomas también aparecen de modo súbito, normalmente de 2 a 3 días después de la exposición.

Dichos síntomas abarcan tos fuerte, dificultad respiratoria, expectoración o expulsión de sangre o moco sanguinolento -y/o espumoso- y dolor en el pecho al respirar profundamente.

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La formación de bubones es uno de los síntomas principales de la peste bubónica. Ilustración de la Biblia de Toggenburg (1411)

La peste septicémica, que es una infección de la sangre, puede causar la muerte incluso antes de que se presenten sus síntomas. Entre los principales se cuentan el dolor abdominal, el sangrado debido a problemas con la coagulación de la sangre, diarrea, fiebre, náuseas y vómitos.

Las personas infectadas de peste necesitan tratamiento inmediato. Si no se recibe dentro de las 24 horas siguientes a la aparición de los síntomas iniciales, puede sobrevenir la muerte del enfermo. Para luchar contra la enfermedad se utilizan antibióticos como estreptomicina, gentamicina, doxiciclina o ciprofloxacina.

También se suele necesitar el uso de oxígeno, de líquidos intravenosos y la asistencia respiratoria.

Además, los pacientes afectados de peste pulmonar deben ser aislados, rigurosamente, de cuidadores y otros pacientes. Asimismo, las personas que hayan tenido contacto con alguien infectado con este tipo de peste deben ser vigiladas cuidadosamente y deben administrárseles antibióticos como medida preventiva.

¿Y si no fueron las ratas negras?

Según apuntan las conclusiones de un nuevo estudio realizado por Nils Stenseth, investigador de la Universidad de Oslo, tendremos que reescribir parte de la historia porque las ratas negras podrían no ser  las culpables de los brotes de peste bubónica en Europa.

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Incidencia de la epidemia de Peste Negra de mediados del siglo XIV en Europa

Según afirma el equipo de investigadores encargado de dicho estudio, las repetidas epidemias de peste fueron causadas por otro roedor: el gerbilino o gerbillo (Gerbillinae), proveniente de Asia.

Tras comparar los anillos de los árboles de Europa donde se sufrieron los peores brotes, se observó que las condiciones climáticas no eran las óptimas para el desarrollo de brotes desencadenados por ratas:

“demostramos que donde hubo buenas condiciones para los gerbillos y las pulgas en Asia central, la bacteria aparecía unos años más tarde en ciudades portuarias europeas y luego se expandía por el continente y para ello se necesitan veranos cálidos, sin muchas precipitaciones.

Secos, pero no muy secos. Miramos el amplio espectro de los índices climáticos y no hay relación entre la aparición de la Peste y el clima”, explica Nils Stenseth, autor principal del estudio.

En cambio, el equipo cree que las condiciones específicas del clima en Asia podrían haber causado el aumento de la población de gerbillos, transmisores de la enfermedad:

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Casas quemadas en China durante la plaga de peste sufrida en el año 1890.

Su equipo planea ahora analizar el ADN de la bacteria de la Peste obtenido de antiguos esqueletos europeos.

Si el material genético mostrase una gran cantidad de variaciones indicaría que su teoría es correcta porque diferentes olas de la Peste llegadas desde Asia mostrarían más diferencias que una única cepa surgida de una sola invasión de ratas.

La Peste desapareció de Europa en el siglo XIX. Sin embargo, aún a día de hoy, todavía se registran nuevos casos en otros lugares del mundo.

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