Historia del Ajedrez, un Juego de Estrategia Legendario…

Ascient Origins(Mariló T.A.) — El ajedrez es un juego entre dos personas, cada una de las cuales dispone de 16 piezas móviles que se colocan sobre un tablero dividido en 64 casillas alternadas en colores blanco y negro. Las 16 fichas con que parte cada jugador al comenzar el juego se dividen en un rey, una dama, dos alfiles, dos caballos, dos torres y ocho peones.
Se trata de un juego de estrategia en el que el objetivo es «derrocar» al rey del oponente. Para lograrlo se ha de amenazar la casilla que ocupa el rey contrario con alguna de las piezas propias y controlar asimismo cualquiera de las posibles casillas a las que pudiera escapar el rey enemigo.
El ajedrez no es un juego de azar, sino un juego racional a lo largo del cual cada jugador decidirá el movimiento de sus piezas en su respectivo turno. Su desarrollo es tan complejo que ni siquiera los mejores jugadores (ni los más potentes ordenadores) pueden llegar a considerar todas las posibles combinaciones.
Y es que, aunque el juego sólo pueda desarrollarse en un tablero con 64 casillas y 32 piezas iniciales, el número de diferentes partidas que pueden jugarse supera al número de átomos que forman el universo.
Orígenes legendarios y simbología
El ajedrez es tan antiguo como la propia civilización. Prueba de ello son las excavaciones arqueológicas efectuadas en Mesopotamia donde se han encontrado objetos que demostraban que el ajedrez -o un juego similar- existía por lo menos 4000 años antes de Cristo.

Krishna y Radha jugando a una versión del ancestral Chaturanga.
La leyenda sitúa su nacimiento en la India. Su inventor sería un brahmán llamado Sissa Ben Dahir quien concibió el juego para distracción y ocio de su rey. Tal fue el éxito de aquel juego en la corte de dicho rey que el monarca le ofreció a tan brillante inventor que eligiera una recompensa.
El brahmán solicitó que le fuera concedido un grano de trigo en la primera casilla del tablero, dos en la segunda, cuatro en la tercera y, de esa forma, seguir doblando la cantidad hasta completar las 64 casillas del tablero.
El rey accedió de inmediato a tan «modesta» petición. Pero, una vez efectuados los cálculos correspondientes, recibió una mayúscula sorpresa: ¡no podría pagar la recompensa prometida! Dicha imposibilidad se debe a que la cantidad de granos a entregar sería equivalente a la cosecha de toda la superficie terrestre cultivable actual ¡durante una década!
De hecho, según afirman diversas fuentes, la cifra exacta de granos sería de 18.446.744.073.709.551.615, es decir: dieciocho trillones, cuatrocientos cuarenta y seis mil setecientos cuarenta y cuatro billones, setenta y tres mil setecientos nueve millones, quinientos cincuenta y un mil seiscientos quince.
Del nombre del brahman Sissa puede derivarse el nombre de Caissa, diosa del ajedrez, un mito creado muchos años después, en pleno siglo XVIII. Sin embargo, como sucede siempre con toda leyenda, ésta también parece sustentarse sobre una base real, puesto que Sissa parece no ser un mero personaje ficticio: su existencia está documentada.
La Historia nos dice que Sissa fue el primer príncipe indio que encontraron los árabes al invadir La India y por ello ligaron su nombre a la leyenda de la creación del ajedrez. Los árabes reinaron en La India y Persia desde el año 980 al 1189.

Ilustración perteneciente a un manuscrito persa donde los embajadores presentan una versión del Chaturanga al rey persa.
Teniendo en cuenta su carácter simbólico, el conjunto del tablero y las fichas colocadas en su posición inicial nos recuerdan un claro campo de batalla, definido por unos determinados límites, sobre el que se enfrentan dos ejércitos, claramente diferenciados y listos para entrar en combate.
De hecho, al contemplar una partida de ajedrez, nuestra imaginación nos suele hacer retroceder en el tiempo, sumergiéndonos en épocas históricas en las que el honor, la caballerosidad y el cumplimiento de unas estrictas normas marcaban las pautas de batallas y enfrentamientos.
Una de las legendarias historias medievales sobre los orígenes del ajedrez aseguraba que su inventor había sido Palamedes, combatiente en la Guerra de Troya. De hecho, un estudioso llamado Souterus lo reconoció como posible creador del juego.
Y es que la fuerte influencia que los clásicos griegos ejercieron durante la Edad Media, gracias a trovadores y juglares que transmitían leyendas e historias por medio de la canción y la palabra, colocaron como inventores de diversos problemas ajedrecísticos a personajes como Aristóteles, Platón o Arquímedes.
Hipótesis varias e historia oficial
Parece ser que desde la más remota antigüedad, en zonas de China y del lejano oriente se desarrolló un juego muy parecido al ajedrez. Asimismo, durante milenios se han practicado muy diversos juegos que comparten similitudes con él.
Juegos en los que intervenían dados, fichas y tablero. Juegos como el denominado “petteia” de los griegos o el “latrunculi” de los romanos. Ambos también se jugaban sobre un tablero dividido en casillas. Asimismo, en Bizancio los griegos jugaban a un juego muy parecido al ajedrez llamado zatrikión cuya introducción es achacada a los persas.

Dibujo de un ánfora griega en la que puede verse a Aquiles (izquierda) y Áyax (derecha) jugando una partida de Petteia.
También existe una hipótesis sobre la creación del juego por parte de los egipcios en tiempos faraónicos. Dicha hipótesis fue formulada por Josep Brunet i Bellet en su libro “El ajedrez, investigaciones sobre su origen”, publicado en Barcelona en 1890.
Brunet y Bellet basaba su hipótesis en la aparición de unos bajorrelieves hallados en tumbas del Antiguo Egipto donde figuraban tableros formados a base de casillas.
Sin embargo, su “historia oficial” nos indica que se originó en el Valle del Indo en el siglo VI. Originalmente era conocido como chaturanga. La palabra sánscrita chaturanga está formada por el término chatur, que significa cuatro y por el término anga, que significa temas. Con ella se referían a los 4 jugadores (con sus 4 ejércitos) que practicaban el juego a la vez, uno en cada esquina del tablero.
El bando de color negro era aliado del bando de color blanco y luchaban contra los bandos rojo y verde, que también jugaban conjuntamente. El encargado de abrir fuego era el ejército verde.
El juego era, a su vez, una clara alusión a las cuatro armas del ejército indio: caballería, carros, elefantes e infantería que, al pasar a occidente, se transformaron en caballos, alfiles, torres y peones.
Por otra parte, en el chaturanga se utilizaban dados para decidir qué pieza debía mover cada jugador, aspecto que supone una gran diferencia con el ajedrez.
Además, poseía una regla muy curiosa: si el rey llegaba hasta la octava fila (territorio enemigo) tomaba el mando del ejército al que perteneciese esa octava fila, disponiendo el jugador de dos ejércitos: el suyo original y el nuevo y recién conquistado.
Con el paso del tiempo fue evolucionando y llegó a convertirse en un juego para sólo dos jugadores, muy parecido a lo que entendemos hoy como ajedrez.

Una de las hipótesis sobre los orígenes del ajedrez apunta hacia el Antiguo Egipto. “Egipcios jugando al ajedrez”, obra de Sir Lawrence Alma-Tadema (1879).
El ajedrez se difundió rápidamente gracias a las rutas comerciales, llegando a Persia. Luego los árabes conquistaron entre los años 632 y 651 el Imperio Sasánida y durante ese tiempo entraron en contacto con el ajedrez. Gracias a ellos el juego conoció su primera época de gran esplendor.
Durante siglos estudiaron y analizaron en profundidad sus mecanismos, escribiendo numerosos tratados y desarrollando el sistema de notación algebraica.
En la actualidad seguimos desconociendo la fecha exacta en que el ajedrez llegó a Europa. Durante mucho tiempo se discutió la posibilidad de que los francos del Imperio Carolingio ya lo conocieran aunque nada se ha podido probar al respecto. Así que sólo puede asegurarse que el juego llegó a Europa entre los años 700 y 900.
Una de las rutas de introducción en el continente europeo fue a través del Imperio Bizantino. Posteriormente, los varegos trajeron el juego de Constantinopla (Miklagard, para ellos) a Rusia, donde se implantó a comienzos del siglo VIII.
En cuanto a los sajones, parece ser que lo recibieron de los daneses durante el reinado de Athelstan, (925-940), quienes a su vez lo habrían conocido, probablemente, por los rusos, vía Bizancio. Posteriormente, el ajedrez llegaría a Inglaterra en tiempos del monarca Guillermo el Conquistador.
Otra de las rutas fue a través de la conquista de España por el Islam: la España musulmana jugó al ajedrez mucho antes que el resto de Europa. El ajedrez era ampliamente practicado en toda la región por moros, moriscos y mozárabes.
Prueba de ello es el códice que sobre el ajedrez compusiera el rey Alfonso X de Castilla, llamado Libro de los juegos o Libro del axedrez, conservado actualmente en el Monasterio de El Escorial: una magnífica obra que, según los investigadores, consiste en una refundición y traducción de un tratado árabe.

Problema de ajedrez nº 35 del “Libro de los juegos”, códice compuesto por el Rey Alfonso X El Sabio.
Una tercera vía de introducción fue a través de las Cruzadas. El monje Roberto de San Remy compuso en 1099 una historia de la toma de Jerusalén por Godofredo de Bouillon en la que cuenta que los príncipes babilónicos lo usaban como “passetemps”.
Aunque lo cierto es que también lo practicaban los vikingos. Así, en las excavaciones de una sepultura vikinga hallada en la costa sur de Bretaña se encontró un juego de ajedrez y en la región francesa visigótica se descubrieron unas piezas del siglo X, de origen escandinavo, que respondían al modelo árabe tradicional.
El ajedrez medieval
Durante el Medievo europeo se le llamó «Shatrany» que luego dio origen al término castellano «acedrex» y, posteriormente, al actual “ajedrez”. Asimismo, los persas transformaron el término hindú “rajah«, que significa rey, en «shah«, siendo de aquí de donde proviene la frase árabe «shah mat«: “el rey ha muerto”. Frase de donde deriva la actual y conocidísima expresión de «jaque mate«.
Sin embargo, la conciencia ajedrecística tardó bastante en germinar en las mentes medievales. De hecho la mayor parte de referencias bibliográficas de esa época son, en su mayoría, composiciones de carácter literario como poemas épicos en francés antiguo, alemán u otros idiomas.
Poemas y cantares en los que se da cuenta del carácter extremadamente bélico que las gentes del medievo otorgaron al juego. Una muestra de ello nos la ofrece el hecho de que en España -y otros países occidentales cristianos- el ajedrez era una de las disciplinas que debía cultivar el futuro caballero, junto con los deportes ecuestres, la caza y la buena lectura.

Ilustración medieval en la que aparecen un cristiano y un musulmán jugando una partida de ajedrez
En relación a cuándo pasó el tablero a ser “ajedrezado”, abandonando el unicolor de sus orígenes, existe una alusión concreta a dicha cuestión.
Aparece en una composición lírica del año 1100, procedente del Sacro Imperio Romano Germánico, titulada Einsiedeln Poem y que afirma que con el nuevo tablero se simplifica el cálculo de movimientos, además de poder descubrir, más fácilmente, errores o movimientos falsos.
El texto europeo más antiguo conocido que contiene las reglas del juego es un libro de la Alta Edad Media titulado “Versus de Scachis” escrito en versos latinos por un autor anónimo del siglo X. Procede probablemente de la zona norte de la península itálica, y al parecer se escribió entre los años 900 y 950.
Asimismo, en el siglo XIII se recopiló, bajo el patrocinio del rey Alfonso X “El Sabio”, el famoso manuscrito titulado “Libro de los Juegos” -al que nos referíamos anteriormente- y que trata sobre el ajedrez, las tablas reales (el actual backgammon) y los dados. Desde España se expandió hacia Italia y la Provenza.
De estos dos países provienen precisamente los nombres de dos famosas aperturas del ajedrez: la española y la italiana.
Nacimiento del ajedrez moderno
A finales del siglo XV comenzaron a cambiar sus reglas, dando lugar al nacimiento del ajedrez moderno. En esta época se regularon los movimientos de peones, alfiles y dama. Hasta ese momento, se jugaba de acuerdo con las normas árabes según las cuales la reina y el alfil eran piezas relativamente débiles, que sólo podían avanzar de casilla en casilla.
El peón podría ahora dar dos pasos en el primer movimiento, el alfil a cualquier distancia y la dama, a discreción en cualquiera de las ocho direcciones, con lo que quedó convertida en la figura más importante del tablero, dotando de gran espectacularidad al juego.

“Los jugadores de ajedrez”, obra de Lucas van Leyden.
Con dichos cambios el nuevo juego ganó en velocidad, aumentó su popularidad y empezó a exigir nuevas tácticas y aperturas. Estas novedades se introdujeron en la ciudad española de Valencia entre los años 1470 y 1490, quedando de manifiesto en el poema valenciano Scachs d’amor, que a día de hoy está considerado el documento más antiguo sobre el ajedrez moderno.
Asimismo, en el año 1495 el valenciano Francesch Vincent publicó el primer libro de ajedrez con el título Libre dels Jochs Partits dels Schacs en Nombre de 100 ordenat e compost.
Hacia 1512 apareció en Roma el libro de aprendizaje de Pedro Damiano titulado Questo libro e da imparare giocare a scachi et de le partite. Esta primera edición supuso la aparición de los primeros círculos ajedrecísticos, especialmente en la Península Ibérica y en Italia.
A finales del siglo XVI Ruy López de Segura era el mejor jugador del mundo. Fue derrotado en 1575 por el calabrés Giovanni Leonardo da Cutro en el primer torneo internacional de la historia organizado en la corte de Felipe II. Los jugadores italianos comenzaron a dominar el juego, arrebatándoles la supremacía a los españoles.
Los italianos, a su vez, fueron desbancados por los franceses y los ingleses durante los siglos XVIII y XIX, cuando el ajedrez, que había sido hasta entonces el juego predilecto de la nobleza y la aristocracia, se popularizó en los cafés y universidades.

Uno de los tratados más famosos e influyentes de la historia del ajedrez: el Analyse du jeu des échecs de Philidor, publicado en el año 1749
El primer reglamento impreso del ajedrez que se conoce fue publicado en el año 1749 por Francois A.D. Philidor, incluido en el famoso e influyente tratado de título Analyse du jeu des échecs (1749): fue traducido a muchos idiomas, ayudando a la difusión del juego.
El nivel del ajedrez mejoró entonces de manera notable. Comenzaron a organizarse partidas y torneos con mayor frecuencia, y los jugadores más destacados crearon sus propias escuelas.
Las piezas del ajedrez se han fabricado con materiales muy diversos a lo largo de milenios pudiendo ser figurativas o abstractas.
En la antigüedad la piedra, la madera, el marfil, el hueso, la plata, el oro, el bronce, el alabastro, el cristal, el ónice o la porcelana fueron algunos de los materiales empleados por los maestros artesanos para elaborar sus fantásticos y hermosísimos juegos de ajedrez.
Sin embargo, el ajedrez moderno se fabrica generalmente en madera o plástico y responde al modelo conocido como Staunton, diseñado en Gran Bretaña en el siglo XIX.
El primer torneo internacional se celebró en Londres en 1851 y a partir de ese instante el ajedrez se popularizó a escala universal. El primer campeonato oficial del mundo de ajedrez se organizó en 1886.
A partir de entonces los jugadores compiten a nivel individual en diferentes torneos, aunque también existen competiciones por equipos, siendo una de las más importantes las Olimpíadas de ajedrez.
A finales de la década de 1970 las modernas tecnologías hicieron realidad el ajedrez electrónico, permitiendo a los jugadores el enfrentarse contra una máquina.
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