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¿Cuándo empezamos a utilizar el inodoro y nos volvimos civilizados?…


National Geographic(J.J.S.Arreseigor)/iagua(P.Sánchez)  —  Si, como suele decirse, la civilización es la distancia que los humanos ponen entre ellos y sus excrementos, el retrete sería un buen indicador del nivel de esa civilización.

Los romanos se acercaron mucho a la idea actual del inodoro con su sistema de letrinas públicas con agua corriente, que se llevaba de inmediato las deposiciones hacia una serie de cloacas subterráneas, de manera que los malos olores se mantenían en unos mínimos aceptables.

En la antigüedad, los hombres primitivos empleaban la postura de cuclillas para defecar al aire libre, lo cual, dicho sea de paso, es lo más natural y más efectivo, ya que la capacidad de la cavidad intestinal se ve reducida y, al aumentar la presión del abdomen, se estimula la expulsión de las heces.

En aquel entonces, los humanos defecábamos en cualquier lado: en el campo, la orilla de un río, detrás de un árbol… o delante, porque entonces tampoco teníamos pudor.

El pudor vino después, hace casi 4.000 años, cuando en Creta se preguntaron si sería posible inventar algo para sentarse cómodamente y esperar la llamada de la naturaleza sin que otras personas estuvieran observando.

En el siglo I, Roma decidió realizar algunas modificaciones urbanas para que los ciudadanos pudieran hacer sus necesidades. Las “columnas mingitorias”, concebidas como orificios en paredes y muros, fueron importantes durante el imperio romano en cuestión de aguas menores y mayores.

Y es que los romanos, evidenciando que todo en esta vida ya está inventado, idearon una especie de “toallita” que consistía en un pequeño paño atado a un palo como método de higienización tras realizar las deposiciones.

La idea era buena, por fin los ciudadanos de Roma tenían un aseo de categoría, pero fueron un paso más allá, e instalaron pequeñas fuentes comunitarias donde limpiar el paño con el que se limpiaban y… Quizás no fue la mejor solución para el saneamiento de la ciudad.

Urinario público en Ostia Antica.

La realidad es que los ciudadanos seguían defecando en cualquier rincón que encontraban, porque cuando la naturaleza llama…

Pero con el colapso del Imperio este sistema dejó de usarse y durante siglos los orinales se vaciaron por las ventanas al grito de «¡Agua va!», lo que ayudó a propagar el tifus y toda clase de enfermedades infecciosas.

En 1596, sir John Harrington, ahijado de la reina Isabel I, concibió un váter conectado a un depósito de agua que arrastraba los deshechos al ser descargado.

Lo instaló en el palacio real, pero el invento nunca llegó a difundirse porque la reina –no se sabe por qué motivo– le negó la patente para fabricar más.

Puede que, como se ha argumentado, la ausencia de redes de alcantarillado o de fosas sépticas hubiera frenado el uso a gran escala del váter de Harrington, pero también puede pensarse que las clases altas habrían imitado a la reina y el invento se habría difundido.

John Harrington.

Dos siglos más tarde

Debieron pasar casi dos siglos para que otro inglés, Alexander Cummings, retomara la idea e inventara el primer inodoro moderno.

Este relojero de Londres patentó en 1775 un retrete cuyo funcionamiento se regía por el mismo principio que el de Harrington: una descarga de agua limpia arrastraba los desechos.

Su gran innovación fue que el desagüe se hacía a través de un sifón, una tubería en forma de «S» que permite mantener el nivel de líquido en la taza, creando una barrera de agua limpia que impide que los malos olores retornen hacia el sanitario.

Alexander Cummings patentó en 1775 el inodoro moderno, que incorporaba un sifón en el desagüe. El ebanista Joseph Bramah presentó varias mejoras en 1778 que mejoraron su funcionamiento y su aislamiento. La imagen sobre estas líneas muestra un retrete de 1880 con el mecanismo ideado por Bramah.

Eso permitió instalar el retrete en la propia vivienda sin problemas.

Cummings insertó sus inodoros en muebles de madera que los ocultaban de la vista cuando no eran usados y que contenían el dispositivo que activaba el mecanismo de descarga y desagüe.

Sin embargo, el sistema no era perfecto. La cisterna goteaba con frecuencia y la válvula instalada en el fondo de la taza para cerrar el sifón tendía a atascarse.

Un modelo mejorado

Joseph Bramah, un ebanista que había instalado varias unidades del retrete de Cummings, se fijó en los defectos de su diseño e ideó una válvula mucho más eficaz para cerrar el sifón, que se mantenía limpia gracias al flujo del agua.

Bramah añadió, además, una segunda válvula para cerrar la cisterna, evitando así las filtraciones.

Las articulaciones de estas válvulas, que funcionaban mediante muelles, estaban diseñadas para permanecer siempre secas, de manera que no se bloqueasen durante el invierno, cuando el agua llegaba a congelarse.

Una palanca abría ambas válvulas a la vez y el chorro de agua llegaba al fondo del inodoro a través de un orificio cubierto por una placa de metal que evitaba salpicaduras fuera de la taza.

En 1778, Bramah patentó su modelo y lo comercializó con cierto éxito, pues era más fácil de manejar y más eficaz que el de Cummings. En lo sucesivo, el aparato no dejó de perfeccionarse.

Joseph Bramah

Albert Giblin creó un modelo en 1819 muy similar a los actuales, sin válvula en la taza. En 1849, Thomas Twyford fabricó los primeros inodoros de cerámica.

En la década de 1880, Thomas Crapper, que había adquirido la patente de Giblin, inventó el flotante, el corcho que sirve para cerrar automáticamente el flujo del agua en la cisterna.

Más trascendental fue la ley del Parlamento británico de 1848 que obligó a instalar inodoros en las nuevas viviendas, aunque pasarían décadas antes de que el water closet o «armario del agua» llegara a todas las casas.

A partir de ahí, el inodoro ha sufrido muchos cambios, dependiendo de las costumbres y gustos regionales, desde los váteres más llamativos a los más sencillos y minimalistas, pero, ¿sabes cómo son los váteres en los distintos países?

Inodoros sin pudor en China

Hablábamos antes del pudor y de los baños públicos en la época romana como si fuera cosa del pasado, pero en China parece que aún lo tienen muy presente. Los baños públicos en China cuentan con instalaciones de este tipo, donde el lugar para excretar no es más que un agujero en el suelo, sin separación.

Y aunque para algunos occidentales sea algo inconcebible, la población China lo tiene muy integrado en el día a día.

Inodoros públicos en China. 

Retretes (o no) en India

En muchas zonas del mundo, aún hay trabajo por hacer en materia de saneamiento. Es el caso de la India, donde casi la mitad de los habitantes no tienen un acceso seguro a un baño.

En Nueva Delhi, los habitantes solo tienen agua una hora al día, lo que ocasiona unas pésimas condiciones de saneamiento. Tanto es así que la diarrea acaba con la vida de 315.000 niños cada año, según datos de WASHwatch del año 2016.

Y es que más de 600 millones de personas en todo el mundo todavía defecan al aire libre, lo que contamina los suministros de agua.

Niñas defecando al aire libre en la India. 

Sanidad del trabajo en Guatemala

En Guatemala, sólo el 60% de la población tiene acceso a instalaciones de saneamiento, especialmente en áreas rurales.

El lugar de trabajo es el sitio donde más rápido y frecuentemente se propagan las enfermedades, principalmente por las malas condiciones de saneamiento e higiene.

El saneamiento causa el 17% de todas las muertes relacionadas con el trabajo según los datos de la Organización Internacional del Trabajo de 2003.

Un lujoso váter

Las deplorables condiciones de higiene de estos países contrastan con las del mundo occidental y desarrollado. En el Aeropuerto de Doha, Catar, los retretes son de lo más lujoso y, casi siempre, están impecables.

Los turcos nunca se sientan

El retrete turco no solo se encuentra en Turquía. En algunas zonas de Grecia o Italia también lo usan. Este elemento sanitario se compone de un agujero en el suelo con dos marcas para apoyar los pies y que no resbalemos al realizar nuestras necesidades.

A veces, viene con barra incluida y, como comentábamos antes, está ideado para realizar las deposiciones en cuclillas, tal y como lo hacían en la Prehistoria.

Los chorritos de Japón

No podemos acabar este post sin hablar de los retretes en Japón. Contrastando con otras zonas del mundo, en Japón se toman la higiene muy en serio, llegando a instalar en sus váteres todo un mecanismo de chorritos de agua que te limpian y secan cuando acabas tu cita con el señor Roca.

Es evidenciable que en muchos países la evolución del inodoro, que para muchos de nosotros ha sido natural, se ha quedado estancada, y millones de personas sufren día a día malas condiciones de saneamiento, que también contribuyen a la malnutrición.

Por eso es importante concienciar a la población de la necesidad de un saneamiento seguro y apostar por la financiación y el desarrollo de programas de saneamiento y programas educativos, que muestren la importancia de una buena higiene y la necesidad de un retrete seguro.

Y es que, seas de donde seas y estés donde estés, necesitas un retrete.

Y porque todos tenemos derecho a un retrete seguro y con chorritos.

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