¿Qué buscan los jóvenes en el botellón?…

The Conversation(A.B.Palacio/I.G.Sánchez/J.D.M.Santana)/zonahospitalaria.com(A.C.Tejedor) — El ocio y la diversión forman parte de la sociedad contemporánea y se aceptan como fundamentales en la vida social. Los jóvenes necesitan tiempo de ocio y diversión para conseguir un desarrollo personal completo.
En la mayoría de las sociedades, sin embargo, el ocio aparece ligado al consumo de alcohol: este se suele utilizar a menudo para celebrar un acontecimiento o para separar el tiempo de trabajo del tiempo de ocio. Concretamente, en Europa, las actividades lúdicas realizadas por jóvenes en su tiempo de ocio suelen estar relacionadas con el alcohol y otras sustancias psicoactivas.
En su socialización, los jóvenes asimilan desde una edad muy temprana (la adolescencia) que el alcohol es indispensable en cualquier fiesta, formando parte incluso de una especie de rito de iniciación a la adolescencia.
Esta tendencia es peligrosa para el desarrollo humano. Puede llegar a establecerse la idea preconcebida de que participar en un botellón forma parte de la socialización del individuo, en una etapa en la que el grupo de amigos es muy importante, donde las relaciones son más libres y menos formalizadas.

Aceptación social
En España y muchos países de su entorno, la oferta recreativa y de ocio está muy orientada al alcohol y, además, convive con una permisividad social generalizada. El alcohol, considerado una droga legal, está socialmente aceptado, y forma parte de muchas celebraciones sociales y familiares.
Dicha permisividad encubierta ha influido mucho en los patrones de consumo. Se ha pasado de un consumo diario, moderado y asociado a las comidas, a un consumo entre los jóvenes más intermitente, relacionado con el tiempo de ocio y el fin de semana, que suele acabar en embriaguez.
Estos cambios de patrones de consumo, junto a la preocupación social y a problemas de salud pública derivados del abuso de alcohol hacen necesario preguntarse: ¿por qué se hace botellón?

¿Por qué unos sí y otros no?
En la medida en que hay algunos jóvenes que no participan de estas actividades, es fundamental analizar las diferencias que existen entre estos y los que sí participan.
¿Qué factores podemos identificar en los primeros que puedan ser protectores y servir para prevenir o desviar dicha conducta en las etapas más tempranas?
Desde la perspectiva del marketing social, hemos realizado una investigación para establecer qué diferencias existen entre los jóvenes que practican botellón y los que no lo hacen. Consideramos tres variables:
- Hábitos de ocio.
- Valores.
- Emociones y creencias.

Todos quieren divertirse
Partiendo de los resultados empíricos que hemos obtenido, se puede decir que los jóvenes, practiquen o no botellón, coinciden en su forma de pasar su tiempo de ocio.
Para divertirse, a todos les gusta realizar actividades con amigos y en grupo, a través del ordenador (redes sociales, chats, juegos en red) o personalmente (comer o cenar con amigos o reunirse con amigos en casa o en la calle).
Una campaña de intervención o prevención no debe enfocarse en criminalizar las actividades de ocio realizadas con amigos en la calle, sino que las campañas deben dirigirse a modificar o modelar las emociones, los valores y las creencias de los jóvenes que participan en el botellón.

La importancia de la desconexión
El ocio implica relajarse, pero para los jóvenes que hacen botellón implica además una forma de desconexión. El objetivo único es ese. Esto es lo que los diferencia de los que no hacen botellón.
Por eso, al diseñar campañas, se deben mostrar otro tipo de actividades de ocio no nocivo que mantengan el objetivo de desconectar o relajarse, sin que esto signifique enajenarse de uno mismo o implique una acción perjudicial para la salud.
Necesitamos ofrecer actividades de ocio con un aporte de crecimiento y mejora personal, como conciertos o deporte en grupo. Actividades que, ofreciendo relax y diversión, puedan servir como alternativa a los hábitos de ocio nocivo.

Hedonistas e invulnerables
Ambos grupos de jóvenes, los que hacen y los que no hacen botellón, son hedonistas. Uno de los valores máximos para ellos es disfrutar de la vida. Los que practican botellón, sin embargo, valoran menos la responsabilidad.
Las campañas de marketing social deberían potenciar, desde edades muy tempranas, valores asociados a la responsabilidad. Se debe hacer hincapié en la satisfacción que se experimenta al conseguir un objetivo que se ha alcanzado con esfuerzo.
La responsabilidad puede fomentarse a través de la responsabilidad ecológica o medioambiental, ofreciendo actividades de ocio altruista en grupo donde puedan divertirse como, por ejemplo, protegiendo el medio ambiente mediante la limpieza de espacios naturales.
Sorprende que ambos grupos de jóvenes sepan que practicar botellón sí es un “perjuicio para su salud”. Es posible que no valoren su alcance porque su juventud los hace sentirse invulnerables. Para conseguir un cambio en esta creencia, deben difundirse cuáles son los verdaderos perjuicios que puede generar el alcohol, mostrando sus daños en la salud a edades tempranas: cánceres de cabeza, cuello, hígado, colorrectal y de mama, así como problemas gastrointestinales y de salud mental.
Por último, teniendo en cuenta las emociones que genera el botellón, el marketing social debe ir orientado a cambiarlas. Los jóvenes que practican botellón lo vinculan a la alegría y a la felicidad. Esta relación está arraigada en nuestra cultura: si se quiere conseguir un cambio en los jóvenes, habrá que empezar por los adultos y su forma de ver el alcohol.

Los jóvenes y el botellón: Conductas mediadas por la personalidad
Un estudio de la Universidad de Barcelona sobre los jóvenes que practican el botellón ha revelado que el perfil de personalidad de riesgo varía según el sexo, ya que, pese a que el consumo intensivo del alcohol es multicausal, las chicas que beben alcohol son ansiosas y los chicos impulsivos.
En el grupo de los jóvenes bebedores intensivos del botellón se constataron diferencias entre sexos, de forma que las mujeres tendrían una personalidad caracterizada por un nivel elevado de neuroticismo-ansiedad y los hombres por una elevada impulsividad-expulsión de sensaciones.
Perfiles de personalidad de riesgo

El consumo intensivo de alcohol es un fenómeno multicausal, pero nuestros datos indican que las mujeres obtendrían con la bebida un refuerzo más emocional, mientras que el refuerzo en los hombres estaría relacionado con la reducción de la tensión vinculada con la impulsividad.
Los resultados de su estudio son muy relevantes para prevenir estas conductas en personas con estos perfiles de personalidad de riesgo.
Estos resultados pueden favorecer el diseño de programas personalizados de prevención y tratamiento de este problema de salud pública, que en España afecta al 35 % de los hombres y el 20 % de las mujeres de entre 20 y 24 años.
El consumo intensivo de alcohol suele comenzar alrededor de los trece años, tiende a aumentar durante la adolescencia, con un pico en la edad adulta (entre 18 y 22 años), y luego disminuye gradualmente.
Por tanto, el abandono de esta práctica será más fácil para las personas que no tengan estos perfiles de personalidad que se han detectado, mientras que será más complicado para las personas que tengan una personalidad más impulsiva o ansiosa, que podrían llegar a desarrollar un trastorno adictivo u otras patologías mentales graves.
Además, las razones que empujan a los adolescentes y a los jóvenes a practicar el conocido “botellón” son varias, según refieren ellos mismos: Como diversión, para ‘beber por beber’, sentirse mejor, desinhibirse, gastar menos dinero, no quedarse solo o controlar la calidad de las bebidas.
También refieren hacerlo para asegurarse de que toman bebidas de mayor calidad, ya que en los bares es muy frecuente que te pongan una bebida de una calidad muy inferior a la que teóricamente solicitas.

Encuestados 4.083 jóvenes
Lo ha averiguado un equipo de psicólogos de la Universidad de Valencia (UV) tras encuestar a 4.083 chicos y chicas de 14 a 25 años.
Lo que esperan obtener de este consumo es sentirse más habladores, desinhibirse y estar eufóricos, aunque este aspecto deshibitorio es más esperado entre los que cursan estudios en la Universidad que entre los adolescentes. Estos últimos buscan en el alcohol los siguientes efectos secundarios: sentirse bien, confiar más en sí mismos, ser más valientes y relajarse.
Se deduce que uno de los motivos principales del botellón no es sólo la diversión, sino que el consumo en sí mismo tiene el mismo nivel de importancia. Queda muy clara la equiparación entre ambos conceptos, lo que explica la confusión entre los motivos para hacer botellón y para consumir alcohol…
No puede obviarse que se trata de un fenómeno que refleja la tradición española de vincular la bebida con el ocio. Por ello, las alternativas deben ir más allá del propio joven, el cual simplemente refleja la internalización y réplica, adaptada a las circunstancias, de un modelo de ocio aprendido.
Si las nuevas opciones de ocio se enfocan, en cambio, hacia los adolescentes, y si se valora que ellos esperan que el consumo les permita mejorar algunos estados personales, éstas deberán focalizarse hacia el refuerzo de la autoestima sin tener que recurrir por ello a la bebida.
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