actualidad, opinion, variedades.

Dos príncipes, un camello y 16 habitaciones. Cuando los Rolling Stones se encerraron en una villa de la Costa Azul…


Keith Richards con su hijo Marlon en Villa Nellcôte en abril de 1971.

Rock fm(R.Garcinuño)/Público(J.M.Marcos)/Vanity Fair(P.Simón)  —  En 1924 Jean Cocteau escribió a su madre: «Querida mamá, Villefranche sur Mer es una auténtica maravilla, con los barcos, los cañonazos, los himnos a voz en cuello, el jazz. Esta vida tan excesiva es demasiado para mí y la contemplo desde la habitación con sabia distancia, como quien asiste a la ópera desde un palco».

En los años 20 Paul MorandStefan Zweig o Blaise Cendrars fueron otros de los ilustres visitantes de esta localidad de la Costa Azul que también recibió a su habitante más escandaloso precisamente durante esa década: Kiki de Montparnase. La musa de André Breton y Man Ray solía pasear o asomarse al balcón de su hotel completamente desnuda, y acabó en la comisaría después de una trifulca.

Nada comparado con lo que sucedería en 1971 cuando los Rolling Stones decidieron instalarse allí, en una villa con escalinata de mármol –y su correspondiente columnata– en la entrada que había servido de cuartel general a la Gestapo durante la II Guerra Mundial.

«La casa era impresionante. Barroca, en cierta manera. Había esvásticas doradas. Keith Richards me contó lo de la Gestapo. ‘Pero OK. Ahora estamos nosotros», recordaba Andy Johns, el ingeniero de sonido de The Rolling Stones, sobre la casa en la Costa Azul donde el grupo pasó varios meses de particular confinamiento: Villa Nellcôte.

Un palacio de estilo neoclásico construido en 1854 cuyo estilo decorativo ejercía un curioso efecto sobre Richards: «Si te levantas hecho trizas, un paseo por este castillo reluciente basta para devolverte todo tu aplomo», cuenta el famoso guitarrista en sus memorias, Life.

Pero, ¿cómo acabó la banda de rock más famosa del mundo en un palacio de 16 habitaciones a orillas del Mediterráneo?

Resulta que los Rolling se exiliaron en el sur de Francia gracias a una inteligente artimaña de su mánager, el príncipe Rupert von Loewenstein, quien les aconsejó que pasaran una temporada en Francia para sortear sus obligaciones con el fisco británico.

Naturalmente, le hicieron caso. Richards y su entonces pareja, la modelo Anita Pallenberg, que acababa de someterse a una cura de desintoxicación, y su hijo Marlon, alquilaron Villa Nellcôte, y el resto de la banda se les fue uniendo paulatinamente.

¿Y cómo conocieron los Rolling a Von Loewestein, el hombre que por cierto manejó con notable éxito las cuentas del grupo durante 40 años? Pues por el anticuario y esteta Christopher Gibbs, el hombre a quien Mick Jagger recurrió para «aprender a comportarse como un caballero». Y es que además de la música, el sexo, las drogas y el rock’n roll a Jagger le encantaban las antigüedades y el arte, aficiones en las que profundizó gracias a Gibbs.

Gibbs fue uno de los responsables del ecléctico gusto estético de los Rolling Stones, del que se pueden encontrar trazas en Villa Nellcôte. Encima de la chimenea del salón, en uno de los espejos del palacete decorado, según Richards, «para una bloody Marie Antonieta», colgaron el símbolo de la banda: la lengua que les diseñó Andy Warhol.

Pero si la planta superior era, según el famoso guitarrista, Versalles, el sótano se parecía más bien «al infierno de Dante«. Fue ahí, y con temperaturas tan tórridas que tenían que quitarse los pantalones, donde grabaron parte de Exile on Main St..

En el suelo, alfombras marroquís como las que Gibbs despachaba en su anticuario de Pimlico, Londres, y que decoraron todas sus casas. The New York Times describió a este aristócrata precursor del Swinging London como un «antidecorador, un bohemio de altos vuelos cuyo gusto se ve favorecido por su seguridad en sí mismo, eminentemente inglesa, y por una grandeur bien llevada, un encanto desarmante y unos contrastes inesperados». Como los Rolling en lo suyo, vaya.

Keith Richards y Anita Pallenberg con su hijo Marion en Villa Nellcôte, mayo de 1971.

De aquella etapa en Villafranche-sur-mer quedan anécdotas poco amables –y categóricamente desmentidas– como la de que Anita Pallenberg indujo a la hija de uno de los empleados a inyectarse heroína por primera vez –al parecer, el hombre ni siquiera tenía descendencia– y otras más amables, como los almuerzos para 16 personas que se prolongaban durante tres horas y media.

«La gente iba y venía, nadie tenía apellido. No sabías quiénes eran, literalmente», declaró en su día Robert Greenfield, un periodista de la revista Rolling Stone que pasó por Villa Nellcôte para entrevistar a Keith Richards. Entre esa gente sin aparente oficio ni beneficio sí había apellidos ilustres, como el del príncipe Stanislao Klossowski De Rola, barón De Watteville e hijo del pintor Balthus.

Kossowski de Rola era entonces parte del séquito de los Rolling Stones, en el que también figuraban personajes de dudosa reputación como el traficante de drogas Tommy Weber, que se instaló en Villa Nellcôte con su hijo.

Si se preguntan cómo se las arreglaban para hacerse cargo de los niños de la casa la respuesta la da Gretchen Carpenter, la entonces esposa de uno de los músicos y amigos de la banda Gram Parsons –quizá el personaje con quien Richards compartía más tiempo; los unía su afición a la heroína– en una entrevista: «Los montábamos en un bote y navegábamos hasta Montecarlo. Se dormían por el camino mientras los adultos preparábamos cócteles».

Keith Richards, en el centro, junto a Anita Pallenberg y Gram Parsons en Villa Nellcôte 

Por si el interior versallesco y el sótano lleno de humedades donde habilitaron un estudio de grabación no fuese bastante en los jardines de Villa Nellcôte había un tipi –una tienda india–. Hoy, el césped perfectamente cortado guía hasta la escalinata de mármol y la columnata de la entrada principal.

Los actuales dueños, millonarios rusos, han rehabilitado la villa. Hay mucho oro y, aunque es imposible saberlo porque no son amigos de recordar el pasado de su propiedad, es más probable que huela a nuevo que a hachís como cuando la ocupó la banda.

Los Rolling se marcharon de Villa Nellcôte precipitadamente, después de varios robos, altercados con las autoridades y de una redada. Y no han vuelto ni para recordar cómo grabaron su, quizá, álbum más famoso.

El documental Stones in exile’ se interna en la explosiva y polémica grabación del legendario Exile on Main St.’, considerado por muchos como el mejor disco de rock de la historia

(Keith Richard le enseña una canción a Jagger en la mansión del sur de Francia dónde grabaron ‘Exile on Main St’)

«Mi función principal en aquel momento era liar porros».

Quién habla es Jake Weber y su recuerdo no tendría mayor trascendencia de no ser porque «en aquel momento» tenía ocho años.

Este es uno de los muchos testimonios que recoge Stones in exile, un documental sobre la escandalosa grabación en 1971 del disco Exile on Main St., que será estrenado en Cannes la próxima semana.

El mítico eslogan Sexo, drogas y rock and roll se hizo realidad en el verano de aquel año en un pueblo del sur de Francia, donde los Rolling Stones gestaron el que muchos denominan el mejor álbum de rock and roll de la historia.

Jake Weber, hoy en día un reconocido actor de Hollywood, era uno de los niños que correteaban por Villa Nellcôte, la majestuosa mansión que Keith Richards había alquilado en Villefranche-sur-Mer. Era el hijo de Tommy Weber, un amigo íntimo de Richards descrito en el documental como «piloto de carreras, camello y aventurero».

No sería el único traficante en visitar la casa entre abril y octubre, los meses de gestación del álbum. El resto de los Rolling se repartía por diferentes palacetes de la Costa Azul francesa, donde habían ido a parar tras salir huyendo de Inglaterra por sus deudas con el fisco.

Su manager se había aprovechado de ellos y sus cuentas bancarias rozaban los números rojos, lo que no les impidió vivir un exilio propio de la jet set, subidos en la montaña rusa del exceso y la extravagancia y rodeados de paparazzi y narcotraficantes.

«En la casa siempre había gente. Entraba un tipo en el salón y ponía sobre la mesa dos grandes bolsas de heroína. Había drogas para desayunar, para comer y para cenar», dice en Stones in exile Anita Pallenberg, novia de Richards, que llegó a inyectarle heroína a la hija del chef, según cuenta la biografía de Stephen Davies Los viejos dioses nunca mueren (Ma Non Troppo).

La boda de Jagger

Cuando salieron de Inglaterra, en abril de 1971, Brown sugar, el primer single de su disco Sticky fingers, entraba directo al número 2 en las listas de éxitos.

En EEUU se alzaba al primer puesto. A los pocos días de llegar a la Costa Azul, Mick Jagger anunció su boda con Bianca Pérez en Saint-Tropez, que se convirtió en un extraordinario acontecimiento mediático (la localidad se colapsó de periodistas y curiosos y el enlace estuvo a punto de suspenderse).

En el documental, Bill Wyman, bajista de los Stones, deja claro cómo andaban las relaciones en el seno del grupo: «Todos sabíamos que Mick se iba a casar, pero él no nos había dicho nada. Finalmente, el día antes de la boda me llamó y me pidió que fuese como testigo».

Los Stones buscaron un estudio de grabación en la Costa Azul, pero ninguno les convenció. Finalmente decidieron instalar su estudio móvil en el sótano de la mansión de Richards, un antiguo palacete que durante la guerra había sido ocupado por los nazis.

El grupo grabó en las mismas habitaciones donde la Gestapo realizaba torturas, estancias oscuras y húmedas transformadas en selvas de cables donde las guitarras se desafinaban continuamente y casi no había ventilación (de ahí el título de la canción Ventilator blues).

Por la descripción de Jake Weber, aquello parecía un pequeño infierno: «Bajar allí daba un poco de miedo. Había alcohol y mucho humo, y siempre se oía la música ruidosa». La misma Anita Pallenberg afirma que tocaban tan alto que «las canciones se oían desde el pueblo».

Caos y anarquía

Stones in exile profundiza en el trabajo del grupo en aquel sótano (con más fotografías que metraje, eso sí).

La grabación fue un caos absoluto de resultado impredecible: lo mismo podía salir un desastre o una obra maestra.

Finalmente fue esto último.

«Se grababa a cualquier hora del día, sin previo aviso.

Si se empezaba a las once de la noche, nos podíamos tirar 12 horas.

Por eso había que vivir allí», explica Watts, que dormía debajo de la habitación de Richards.

La banda llegó a la Costa Azul con los bolsillos vacíos y poco a poco fueron escribiendo y registrando las 18 canciones de Exile on Main St., su primer álbum doble.

Al frente de la grabación estaba Richards, que estableció su propio método de trabajo (o mejor dicho, la ausencia de él), lo que proporcionó al disco un sonido crudo y excitante que llevaba el blues, el rock y el country a extremos salvajes.

Improvisaban durante horas tratando de enderezar un barco sonoro a la deriva hasta que se encendía la luz en la cabeza del guitarrista: «Tocaban mal una canción durante tres días seguidos, pero de repente, Keith se levantaba y miraba fijamente a Charlie, al otro lado Bill ponía su bajo en posición de 84 grados y entonces hacían una toma redonda», dice en el documental uno de los técnicos de la grabación.

Richards se impuso a un Jagger que se sintió incómodo con todo el proceso. «La grabación se convirtió en algo perjudicial para el grupo», se le oye decir a Jagger en el documental. Richards, que salió de Villa Nellcôte enganchado a la heroína, lo ve de otra forma: «Mick necesita saber qué va a hacer mañana. Yo estoy contento con levantarme y mirar quién anda alrededor. Mick es rock, yo soy roll».

El contexto de este disco lo marcan los impuestos abusivos que existían a finales de los 60’s en Inglaterra; después de que su mánager se gastara todo y de haberlos engañado con su aportación a las arcas británicas, vieron como no les quedaba una libra más y, además, podían perder su patrimonio y activos si permanecían en Gran Bretaña.

Lo que comenzó como una amenaza de exilio para medirse en pulso con las autoridades, se convirtió en realidad en la primavera de 1971 y todos los miembros, junto a sus parejas, se trasladaron a vivir al sur de Francia; estableciendo como centro de operaciones la mansión que Keith Richards alquiló en Nellcôte, cuyo sótano fue el que acogió el epicentro del trabajo para la construcción del trabajo, que recibió el nombre de ‘Exile On Main St.’ por diversos motivos

El evidente de lo que significaba un exilio forzado, y después estaba la calle, Main St., que significa Calle Principal, en Reino Unido no se estilaba este nombre, pero sí en EE.UU., que solía coincidir con las calles que habitaban las clases medias y bajas.

Pero hay otra historia, que involucra a Richards directamente, ya que su mansión contaba con un pequeño embarcadero, por lo que decidió comprar una lancha, con la que viajaban a por la droga a Marsella y recogía al resto de miembros de la banda para llevarlos a Nellcôte, trayecto que acabó con el nombre de Main St. La lancha, por cierto, la llamó Mandrax, en honor a una droga muy popular en aquella época.

La mala reputación de la banda crecía por la zona, estaban tan drogados y se concentraban tantas malas influencias en la mansión que, un día, mientras veían la televisión, les robaron ocho guitarras de Keith, el saxo de Bobby Keys y el bajo de Bill Wyman; después descubrieron que lo habían hecho traficantes de Marsella a quienes Richards debía dinero.

Pocos discos hay que expresen dos cosas con tanta fuerza: la locura salvaje del rock and roll y la concentración en los momentos precisos.

La época era turbia: mientras que las drogas, el alcohol y el sexo correteaban alegremente por la mansión de Keith, nadie luchaba por parar esta vida a la que no hacían más que acostumbrarse; durante las mañanas dormían, en las tardes desfasaban y por las noches trabajaban, eso sí, con un “extra” en el cuerpo.

La idea era: trabajamos en canciones, las grabamos y ya las arreglaremos cuando llegue el momento.

Claro que era el dueño del sótano quien marcaba los ritmos, todo se realizó con el ‘método Richards’, si había que tocar una canción 20 veces, se hacía, si se le ocurría algo cuando todos dormían, él cogía a los que estaban despiertos y grababan cada uno los instrumentos que sabían o que podían tocar.

Todo ocurría muy deprisa, e, igual que llegó el exilio, apareció la vuelta forzosa, ya que acusaron a Keith de tráfico y pertenencia de drogas, lo que podría acabar con una detención de él y Anita, por lo que decidieron que había llegado el momento de ir a Los Angeles a rematar el trabajo.

Con posterioridad le prohibieron la entrada durante dos años en Francia, por lo que tampoco podían hacer conciertos allí durante esa temporada, otro exilio más.

‘Exile On Main St.’ es un disco largo y crudo que necesita más de una escucha para entender su complejidad y brillantez. Es cierto que no abre caminos nuevos, pero tiene algo que no se había escuchado hasta entonces, un alma de hierro y terciopelo que se abre paso hacia un sinfín de estilos entre los que destacan el country blues, R&B, Góspel, Blues y, por supuesto, el rock and roll.

El sonido en general es bastante regular, pero suena sexy y sucio, con un descaro que no se encuentra ya en el mundo del rock.

Otra de las joyas es el arte del disco, podían haber puesto una foto de la banda, pero se decantaron por un maravilloso y tétrico collage de fotografías de Robert Frank que reflejaba la américa de los años 50, algo con lo que los Stones se sentían muy identificados y que habían intentado plasmar, de algún modo, en el trabajo.

A pesar de las diferencias el dúo Jagger-Richards se complementan a la perfección, una vez afirmó Keith que Mick “necesita saber lo que va a hacer mañana, yo me levanto y soy feliz de ver qué me va ofreciendo el día, Mick es la piedra (Stone/Rock), yo estoy rodando (Rolling/Roll)”.

Esto se demuestra también en los conciertos, no he visto tanta fuerza nunca sobre las tablas, aunque la escenografía ayude bastante.

EL DISCO

1. “Rocks Off”.

Un orgasmo, así es la canción y así es la traducción del título, a pesar de que la letra viene a decir justo lo contrario, que el protagonista no es capaz de llegar al climax al haberlo vivido todo ya.

El caos está presente durante toda la canción, tanto por la mezcla, como por una extraña sensación en la voz, que no acaba de entenderse en ciertas partes y con efectos que hoy en día serían una aberración. Sin embargo, para mi es una de las grandes obras del disco.

Es curioso ver cómo dejan de lado las guitarras, a pesar de lo que aportan, para dar protagonismo al piano de Nicky Hopkins y las trompetas de Bobby Keys y Jim Price; puede que se deba, en gran parte a la dificultad de mantener las guitarras afinadas por las características del sótano donde lo grabaron.

«I was making love last night
To a dancer friend of mine
I can’t seem to stay in step
Come every time that she pirouettes over me»

«Estaba haciendo el amor anoche A una bailarina amiga mia Parece que no puedo mantener el paso ven cada vez que ella hace piruetas sobre mi»

2. “Rip This Joint”.

Un boggie woogie al más puro estilo de Chuck Berry con ritmo brutal que se convirtió en un clásico de sus directos. Nuevamente las guitarras pasan a un segundo plano y el piano nos deja ese sabor a Jerry Lee Lewis; destaca también el solo de saxofón.

La letra nos hace saborear la Route 66 y las locuras y desfases de las rockstars, tales como sus escarceos con Barbara “The Butter Queen”, quien solía rondar a las estrellas para practicar sexo usando mantequilla, no he investigado los métodos, así que no seré más explícito.

«Mama says yes,
Papa says no
Make up your mind ‘cause
I gotta go»

«Mamá dice que sí, papá dice que no Decídete porque Me tengo que ir»

3. “Shake Your Hips”.

La idea era grabar este tema como si estuvieran en la época en la que Slim Harpo la compuso, modificando mínimamente el fabuloso riff pero dejando la esencia del llamado blues de pantano (swamp blues) intacta.

«Didn’t move her head
Didn’t move her hands
Didn’t move her lips
Just shook her hip»

«No movió la cabeza no movió sus manos no movió los labios Solo sacudió su cadera»

4. “Casino Boogie”.

Surrealismo puro buscado a conciencia; parece que Mick estaba falto de ideas y quiso basarse en una técnica que aplicaba el escritor William Burroughs, que consistía en hacer un collage con diferentes frases, que mezcladas al azar se convierten en un poema.

Así lo hizo Jagger, escribió un gran número de frases en muchos papeles y pidió al resto de la banda que fuera eligiendo una, así surgió el orden de este sinsentido.

En cuanto a la música, un blues hecho al estilo boogie, casi la mitad del tema la ocupa un solo de guitarra de Mick Taylor, mientras que Richards se encarga del bajo y de hacer los extravagantes coros. Maravilloso el momento del saxo.

«Grotesque music, million dollar sad
Got no tactics, got no time on hand»

«Música grotesca, triste millón de dólares No tengo tácticas, no tengo tiempo disponible»

5. “Tumbling Dice”.

Este tema es capaz de absorberte plenamente, su groove tranquilo y despreocupado deja que todo fluya, los arreglos de guitarra son espectaculares, los coros te transportan, tanto en estrofas como en la coda, en la que tienen un curioso juego con Mick, y los feels de batería precisos y directos.

A pesar de una estructura irregular en la composición de frases, no da esa impresión al escucharla. Está basada en un tema antiguo que habían probado para el ‘Sticky Fingers’ pero que no tenían bien hilado, sin embargo, éste lo perfeccionaron hasta tal punto que necesitaron casi 150 tomas.

En la grabación es Mick Taylor quien se encarga de tocar el bajo, ya que Wyman no había llegado cuando empezaron a grabar. La letra habla de esos jugadores que empeñan toda su vida a los dados.

«Honey, got no money I’m all sixes and sevens and nines
Say now baby, I’m the rank outsider
You can be my partner in crime»

«Cariño, no tengo dinero. Soy todo seis, siete y nueve. Di ahora bebé, soy el forastero de rango Puedes ser mi socio en el crimen»

6. “Sweet Virginia”.

La segunda cara del doble disco la convierten en un set más acústico. Con “Sweet Virginia” nos vamos al oeste, en concreto a California, tierra de vino y color. Ese country tranquilote que nos regala solos de armónica de Jagger y de saxo de Bobby Keys.

Guitarras acústicas y grandes coros atraviesan una de las mejores baladas del disco. El narcotráfico es la piedra angular de la letra, en la que le pide a la dulce Virginia que saque ya esa mierda de sus zapatos.

«Yes I got the desert in my toenail
And I hid the speed inside my shoe»

«Sí, tengo el desierto en la uña del pie Y escondí la velocidad dentro de mi zapato»

7. “Torn And Frayed”.

Se desmarcan ahora con un folk influenciados por Gram Parsons, que estuvo en las sesiones de grabación del disco en la villa francesa. De hecho, uno de sus colaboradores habituales, Al Perkins, es quien nos regala un fabuloso solo con la slide guitar. A pesar de la amistad que les unía con Parsons, parece que se comportaba de una manera inusual, tanto es así, que Jagger, cansado de tenerlo pegado ya lo había echado, años antes, de las sesiones de grabación del ‘Let It Bleed’, y, en esta ocasión, cuando llevaba ya un mes en la villa con su mujer, también tuvieron que intervenir diplomáticamente para que se marchara de allí. Los versos de Jagger y Richards presentan a una banda cansada de la carretera.

«Well the ballrooms and smelly bordellos
And dressing rooms filled with parasites
On stage the band has got problems
They’re a bag of nerves on first nights»

«Bueno, los salones de baile y burdeles apestosos Y camerinos llenos de parásitos En el escenario la banda tiene problemas Son una bolsa de nervios en las primeras noches»

8. “Sweet Black Angel”.

Única canción con la política como trasfondo, a favor de la activista Angela Davis, a quien juzgaban por cargos de asesinato, después de su arresto y una larga temporada en la cárcel, Davis fue absuelta gracias al trabajo de más de 200 comités locales de EE.UU. y la ayuda de 67 países. Una preciosa balada country rock escrita y grabada en 1970, dos años antes de su liberación. Marimbas, percusión, armónica se entrelazan para construir un sonido de los mejores del disco.

«She’s a sweet black angel, whoa
Not a sweet black slave»

«Ella es un dulce ángel negro, whoa No es un dulce esclavo negro»

9. “Loving Cup”.

Muy pocas veces han interpretado este tema en directo por la dificultad que le suponía a Jagger cantarla; sin embargo, como el buen vino, ha madurado de una manera increíble. Espectacular la sección de vientos y la interpretación de Mick.

«I’m the man who walks the hillside in the sweet summer sun
I’m the man that brings you roses when you ain’t got none»

«Soy el hombre que camina por la ladera bajo el dulce sol de verano Soy el hombre que te trae rosas cuando no tienes ninguna»

10. “Happy”.

Un día de exilio, Keith se levantó y reclutó a todos los que estaban despiertos para grabar este tema, entre ellos se encontraba Keys que se puso al saxo, y como Charlie Watts no estaba por allí, fue el productor, Jimmy Miller, quien cogió las riendas de la batería. Así, Richards se puso a cantar acompañado de su guitarra y en cuatro horas tenían la canción grabada, en una sola toma; el resto de arreglos se añadieron más tarde. La felicidad suprema, conozco pocos chutes de adrenalina parecidos a este.

I need a love to keep me happy

Necesito un amor para mantenerme feliz

11. “Turd On The Run”.

Una de las pocas canciones que nunca han interpretado en directo, bien es cierto que no se complicaron mucho en la composición, pero tiene un punto especial. Quizás el contrabajo de Plummer o el trabajo al piano de Hopkins son los que le dan personalidad al tema.

«Fell down to my knees and I hung onto your pants
But you just kept on runnin’ while they ripped off in my hands»

«Caí de rodillas y me colgué de tus pantalones Pero seguiste corriendo mientras me robaban las manos»

12. “Ventilator Blues”. El ambiente pegajoso que recrean con este blues es descomunal. Admitieron en muchas ocasiones que nunca la han tocado tan bien como en la grabación en aquel sótano que, a excepción de una pequeña ventana, carecía de ventilación. Los vientos y el piano recrean una atmósfera de las más logradas del disco y la voz de Jagger llega al culmen de la interpretación.

«When you’re trapped and circled with no second chances
Code of living is your gun in hand»

«Cuando estás atrapado y rodeado sin segundas oportunidades El código de vida es tu arma en la mano»

13. “I Just Want To See His Face”.

Mick renegando de la fe y el coro devolviéndosela. Un ejercicio góspel que nos lleva de viaje por los campos de algodón y las iglesias del Mississippi. Fue Jagger quien pidió a Bobby Whitlock que tocara con sentimiento evangélico su teclado, ya que su padre había sido predicador, ¿quién mejor que él? Aunque se encargó de grabar su parte, no lo incluyeron en créditos por problemas de exclusividad con su sello.

«Sometimes you ain’t got nobody and you want somebody to love
Then you don’t want to walk and talk about Jesus»

«A veces no tienes a nadie y quieres a alguien a quien amar Entonces no quieres caminar y hablar de Jesús»

14. “Let It Loose”.

No logran encontrarle sentido ni siquiera ellos, es más, no se ponen de acuerdo y no recuerdan si la escribió Richards o Jagger. Lo que sí es cierto es que podemos notar el sentimiento religioso que envuelve con algo de gospel este maravilloso soul. No sé si atribuir al melotrón que toca Hopkins ese sabor tan especial que tiene el tema. Nuevamente Mick nos ofrece una interpretación sublime. Los coros dirigidos por Dr. John te remueven.

«Who’s that woman on your arm
All dressed up to do you harm
And I’m hip to what she’ll do
Give her just about a month or two»

«¿Quién es esa mujer en tu brazo Todos vestidos para hacerte daño Y estoy al tanto de lo que ella hará Dale solo un mes o dos»

15. “All Down The Line”.

¡Temazo! En un principio habían pensado en esta canción para la promoción del disco, ya que fue la primera que terminaron y estaban entusiasmados con el resultado, pero según iban construyendo el resto del trabajo se dieron cuenta de que había otros temas que podían tener más tirón. Sigue siendo uno de los clásicos de sus giras. Kathi McDonald es la invitada estelar para hacer los coros a esta canción, pero lo que me enamora, realmente, son los arreglos de slide guitar de Taylor.

Just be right there when the whistle blows
I need a sanctified mind to help me out right now

Sólo estar ahí cuando suene el silbato Necesito una mente santificada que me ayude ahora mismo

16. “Stop Breaking Down”.

No podía faltar un homenaje a uno de sus ídolos, Robert Johnson, a quien brindan este increíble delta blues en una interpretación admirable. Vuelve de nuevo el slide de Taylor a dejar claro por qué es uno de los mejores guitarristas de todos los tiempos. Hay que recordar que Taylor abandonó a los Stones porque no le incluían en los créditos y pensaba, como todos, que su aportación es enorme. Como un tren a toda máquina viene arrasando también la armónica de Jagger bajo el colchón fabuloso de Ian Stewart al piano.

«I love my baby ninety nine degrees
That mama got a pistol, laid it down on me
Stop breaking down»

«Amo a mi bebé noventa y nueve grados Esa mamá tiene una pistola, me la puso Deja de derrumbarte»

17. “Shine A Light”.

Aún estaba Brian Jones dando guerra cuando Jagger comenzó a escribir, junto a Leon Russell, este himno en el que habla sin tapujos de la adición a las drogas de Jones. Fue Taylor quien se encargó de dar a la canción lo que le faltaba, con unos solos de maestro y llevando el bajo a otra dimensión. Miller volvió a sustituir a Waits a la batería y Billy Preston se sentó al órgano hammond. Estremecedora.

«Saw you stretched out in
Room ten oh nine
With a smile on your face and a tear right in your eye
Whoa, come see to get a line on you, my sweet honey love»

«Te vi estirado en Habitación diez cero nueve Con una sonrisa en tu cara y una lágrima justo en tu ojo Vaya, ven a verte para ponerte una línea, mi dulce amor».

18. “Soul Survivor”.

Para concluir el trabajo tenemos este superviviente del amor a punto de naufragar. Aquí también hay cambio de roles, ya que Richards, además de la rítmica y los coros, se atrevió a coger el bajo. Gran final.

«I’d rather drink sea water, whoa
I wish I’d never had brought you
It’s gonna be the death of me»

«Prefiero beber agua de mar, whoa Ojalá nunca te hubiera traído Va a ser la muerte para mí»

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.