El primer hombre criogenizado y la persona más joven congelada por criogenia…

(El doctor Robert Nelson simulando una inyección sobre el cuerpo de Bedford, el mismo día de la ciopreservación)
James Bedford está muerto, pero es uno de los pocos que murió con la esperanza de simplemente despertar en un futuro más o menos distante. Sin contar creencias religiosas, claro. No es el único, pero sí el primero de su clase. En enero hizo exactamente 55 años de sumuerte, y desde entonces su cuerpo permanece congelado -criopreservado- a la espera de los milagros de la ciencia.
Bedford, un profesor de psicología en la universidad de California, padecía un cáncer renal que luego hizo metástasis en los pulmones, algo intratable en esa época. Murió el 12 de enero de 1967, y poco antes se abrazó a una idea revolucionaria, un producto típico de la efervescencia del progreso científico de los 60.
La criogenización nació en esa década de las maravillas que comenzó con un presidente estadounidense prometiendo poner un hombre en la Luna y terminó con uno caminando efectivamente por el satélite. La década en la que todo parecía posible renovó una idea que venía rondando en varias mentes y se terminó de cristalizar en un libro autogestionado por un profesor de Física de la universidad de Michigan, Robert Ettinger.
En su obra de 1962, Ettinger concretamente propuso que se congele a las personas recién fallecidas como modo de llegar a futuros tratamientos médicos y a una reanimación. La idea prendió con el combustible imaginativo de la época y enseguida se formaron asociaciones y centros para llevarla adelante.
En 1965, la primera organización en el mundo dedicada a la criopreservación, la Life Extension Foundation (LES), quería promover sus actividades y ofreció congelar de forma gratuita a un voluntario. Nunca llegó a hacerlo, pero voluntarios no faltaron.
Hubo varios intentos fallidos. El primero, el de una habitante de Springfield, Ohio, en mayo de 1965. La prensa de la época no se pone de acuerdo en qué fue lo que falló: si la oposición de familiares y del líder religioso de su comunidad, o problemas con los equipos, o la negativa del hospital en el que había muerto a practicar ciertos procedimientos. Probablemente todo junto.

Un par de meses después, el brillante científico Dandridge Cole, especializado en temas astronómicos y desvelado por el progreso científico, falleció de un ataque al corazón.
Tenía sólo 44 años y había expresado a todo el que quisiera escucharle que deseaba ser congelado para una reanimación en el futuro.
Después de una ardua discusión de familiares con su amigo y colega Robert Prehoda, químico y especializado en criogénesis, se decidió no cumplir su deseo.
Según palabras de Prehoda, “prevaleció la razón y a Dan se le dio un entierro digno”.
En abril de 1966, concretamente se llegó a congelar a alguien: se trató de una mujer no identificada en la flamante corporación Cryocare de Phoenix. La anciana, que había sido embalsamada, fue directamente congelada, aunque había pasado un largo período en su estado previo. Después de un par de meses, su cuerpo fue retirado, aunque su experimento fue la antesala para el gran evento.
En plena ebullición del tema y con el mundo esperando el primer caso exitoso, en diciembre de 1966 murió Walt Disney , lo que dio pie a uno de los malentendidos y mitos urbanos más extendidos del siglo XX. El tío Walt no fue criopreservado, aunque el imaginario popular lo ubique como pionero.
Ese lugar lo ocupa Bedford, que murió el 12 de enero del 67. Minutos después de su último aliento, en un asilo de ancianos en Los Ángeles, su cuerpo fue puesto en suspensión con métodos muy primitivos. El proceso estuvo a cargo de la recién formada Cryonics Society de California, dirigida por Robert Nelson. En el equipo colaboró, al parecer con renuencia, el pesimista Prehoda.
El primer escenario fue el mismo asilo en el que Bedford pasaba sus últimos días, lo que permitió reducir drásticamente el tiempo transcurrido entre la muerte y el congelamiento, evitando los protocolos de los hospitales. También contribuyó al éxito que el cuerpo de Bedford fue perfundido con agentes crioprotectores.
El segundo escenario fue el garaje de Prehoda, donde se completó el proceso sin más contratiempos que la aparición sorpresiva de la esposa del científico. Según las crónicas, no tomó a bien la presencia del cuerpo a medio congelar en su casa.
De todos modos, la vitrificación (la técnica empleada hoy en día para preservar óvulos, por ejemplo) aún no existía, así que a Bedford le inyectaron Dimetilsulfóxido. Hoy se sabe que es improbable que ese tratamiento haya mantenido sin daños el cerebro.
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No por estar congelado el cuerpo de Bedford se mantuvo inmóvil. Y gracias a eso hoy todavía tiene esperanzas.
Como el jefe de la Cryonics Society transfirió su cuerpo congelado a los familiares de Bedford, el primer criopreservado se salvó del “Desastre de Chatsworth”. Fue un fallo en la bomba de vacío de una bóveda en la que Nelson guardaba nueve cuerpos congelados, que arruinó el proceso. Fue un golpe durísimo para la criopreservación y embarró a Nelson para siempre.
A salvo de ese inconveniente, el cuerpo de Bedford primero pasó dos años en un laboratorio de Phoenix, Arizona. En 1969 fue trasladado a otro en California, donde estuvo hasta 1982, cuando fue llevado a la Fundación Alcor Life Extension, donde se mantiene hasta hoy.
El último examen que le hicieron al cuerpo fue en 1991, cuando trasladaron a Bedford de su criocápsula original a una más moderna sin que sufriera daños perceptibles en el proceso.
La misma esperanza con la que murió en 1967, exigua y a larguísimo plazo, de todos modos se mantiene. La criónica perdió vigor en estas décadas, aunque sigue teniendo sus adherentes. De hecho, junto a Bedford en Alcor hay otros 147 “pacientes” en su misma condición. El último ingreso data de octubre del 2016.
De todos ellos, Bedford es el más antiguo. Y le correspondería el derecho a ser el primero en ser revivido en un futuro que asoma muy, muy lejano. Por lo pronto, no tendría nada que perder, salvo que, llegado el día de una eventual resucitación, Bedford esté en un lugar del que no quiera regresar.
La primera suspensión
M.Perry(Alcor) — La congelación del Dr. James Bedford en enero de 1967 fue la primera (aunque tosca) suspensión criónica. Fue un hito importante, pero como muchos otros sucesos similares, no sucedió en el vacío.
Aquí me gustaría resumir algunos eventos que condujeron a este punto de inflexión y relatar brevemente el evento en sí mismo, tal como se vio en el incipiente movimiento de la criónica.
Al principio, hubo optimismo. Robert Ettinger escribió en The Prospect of Immortality: “Mi propia conjetura es que la mayoría de nosotros seremos congelados por métodos no dañinos. . .” Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que se reconociera que habría problemas para congelar a una sola persona, a pesar de los mejores esfuerzos de algunas personas dedicadas, y el hecho de que más de 50 millones de personas morían cada año. .

Después de dos años de promover el concepto, Evan Cooper en diciembre de 1964 echaba humo exasperado: “¿Estamos gritando en el abismo? ¿Cómo podrían 110 millones ir a la muerte sin uno, al menos tratando de tener una vida en el futuro a través de la congelación? ¿Dónde está el individualismo, la curiosidad científica e incluso la excentricidad de la que tanto oímos hablar?”
Para agilizar las cosas, la Sociedad de Extensión de Vida de Cooper, en junio de 1965, ofreció congelar a la primera persona en libertad: “La Sociedad de Extensión de Vida ahora tiene instalaciones primitivas para la congelación y almacenamiento de emergencia a corto plazo de nuestro amigo el gran homeotermo (hombre). LES ofrece congelar gratuitamente a la primera persona que desee y necesite suspensión criogénica”. (A pesar de la generosa oferta, LES nunca congelaría a nadie).
En este punto, ya había habido un trágico accidente. Wilma Jean McLaughlin de Springfield, Ohio, falleció por problemas cardíacos y circulatorios el 20 de mayo de 1965. Ev Cooper presentó un informe al día siguiente, del cual se extrae lo siguiente:
“La mujer que casi se convierte en la primera persona congelada para una posible reanimación en el futuro murió ayer. El intento de congelarla fue abandonado. Los informes sobre por qué se abandonó el congelamiento varían considerablemente según el periódico, el noticiero o la llamada de larga distancia. Sin embargo, los siguientes son aparentemente algunos de los obstáculos que se desarrollaron.
1. Aunque el esposo estaba a favor de la congelación, algunos de los familiares y su ministro estaban en contra. Se informó que el ministro se opuso porque la operación no se había probado y los médicos no podían asegurarle que el experimento tendría éxito.
2. El médico no ayudaría en el experimento, según el N.Y. Herald Tribune.
3. La administración y los administradores del hospital se reunieron en una sesión de emergencia, según los informes, y se negaron a aceptar ciertos procedimientos después de la muerte, según el Philadelphia Inquirer y otras agencias de prensa.
4. Leonard Gold de Juno, Inc., como se informó en el Washington Post, dijo que la «cápsula» o contenedor aislado de su compañía no estaba disponible. Su compañía había sido tomada por sorpresa, dijo, y solo existía un prototipo que aún estaba siendo probado.
5. El ministro advirtió, según la UPI y el Washington Post, que ‘la idea era nueva y no se habían promulgado leyes para regular a la empresa involucrada’.
6. El sujeto de la congelación estaba inconsciente y no sabía nada sobre el plan según la mayoría de los informes”.

(Este sistema de suspensión y baño, diseñado por Hugh Hixon, nos permite transferir pacientes a sacos de dormir y cápsulas de aluminio con solo una breve extracción del nitrógeno líquido.)
Otro casi accidente trágico ocurrió más adelante en el año.
Dandridge M. Cole era un científico brillante y pronosticador tecnológico que había recibido una copia previa a la publicación del libro de Ettinger en 1963 y había quedado profundamente impresionado.
Su libro más reciente, Beyond Tomorrow, dedicó varias páginas al tema de la animación suspendida.
Había expresado su deseo de ser congelado después de la muerte a varios amigos y familiares, y había tenido una larga discusión sobre el tema con un amigo cercano y colega, Robert Prehoda.
Fue una elección desafortunada de un colega. Prehoda estaba interesado en la criobiología y escribió un libro, Suspended Animation.
Fue, sin embargo, un decidido oponente de la criónica, aunque más tarde participaría, a regañadientes, en la congelación de Bedford.
Cole tenía solo 44 años cuando, el 30 de octubre de 1965, sufrió un infarto fatal. Después de un poco de retraso, se hizo una llamada a Ettinger, quien más tarde escribiría: «Me consultaron por teléfono de larga distancia varias horas después de su muerte, pero al final la familia hizo lo que se esperaba: nada».
Discutiendo el asunto en Suspended Animation, Prehoda logró racionalizar que «prevaleció el consejo racional y Dan recibió un entierro digno». Sin embargo, finalmente se produjo una especie de éxito el 22 de abril de 1966.
Una anciana (nunca identificada) que había sido embalsamada previamente fue congelada directamente, aunque solo después de un largo intervalo de almacenamiento no congelado.
La congelación fue realizada por Cryocare Corporation en Phoenix, Arizona, y la mujer parece haber venido del área de Los Ángeles. «¡Alguien ha sido congelado por fin!» Cooper respondió con júbilo, pero agregó una nota de advertencia:
“Hay poca o ninguna idea de que este primer pionero congelado resucitará en el siglo XXI o XXII, ya que transcurrió un tiempo considerable entre la muerte y la congelación. Si el enfriamiento y la perfusión de la persona con agentes crioprotectores no se inicia inmediatamente después de la muerte, la memoria, que se cree que es una cuestión de ubicación molecular fina, pronto se desintegraría.
Como esta primera persona se congeló mucho después de la muerte, no se conoce ninguna esperanza de restablecer la memoria original y, por lo tanto, la personalidad. Sin embargo, este comienzo imperfecto puede ser un paso adelante para llevar una vida más larga a otros a través de la criogenia”.
(A los pocos meses, la mujer fue retirada de la suspensión.)

(Cuando los pacientes no tienen nitrógeno, los sacos de dormir mantienen el aire alejado y el líquido alrededor del paciente, mientras que crionicistas dedicados como Max More saturan continuamente el saco.)
Finalmente, ocurrió el gran evento: la congelación del Dr. James Bedford el 12 de enero de 1967, en Glendale, un suburbio de Los Ángeles.
Bedford era un profesor de psicología jubilado de 73 años que había escrito varios libros sobre asesoramiento ocupacional.
“UNA SEGUNDA PERSONA AHORA HA SIDO CONGELADA EN CALIFORNIA. REVIVAL A GOAL” fue como Cooper dio la noticia en la edición de enero de 1967 de Freeze-Wait-Reanimate, de la cual se tomaron las siguientes citas.
La congelación fue realizada por afiliados de la recién formada Sociedad Cryonics de California: Robert Prehoda, autor e investigador criobiológico; el Dr. Dante Brunol, médico y biofísico; y Robert Nelson, presidente de la Sociedad. También asistió el médico de Bedford, el Dr. Renault Able. En el informe de Cooper se describieron varios avances:
1. El tiempo entre la muerte y el comienzo del enfriamiento se ha reducido drásticamente. Esto significa que puede haber alguna esperanza de reanimación en un futuro lejano cuando las técnicas de reanimación se hayan perfeccionado y se haya encontrado una cura para el cáncer [la causa de la muerte].
2. Esta reducción de tiempo fue posible gracias a que la persona en peligro de muerte hizo conocer sus deseos, al localizar un lugar adecuado y un médico dispuesto. En esta instancia se ubicó un asilo de ancianos. Las residencias de ancianos, la casa de un médico o una enfermera, o la casa del paciente son los lugares más probables para estas congelaciones pioneras. En estos hogares solo una o pocas personas necesitan estar convencidas del valor y la racionalidad de la congelación. Mientras que, en un gran hospital, la cadena de aceptación es larga. . . .
3. Otro avance es que se informa que esta segunda persona fue perfundida con agentes crioprotectores mientras que la primera persona fue embalsamada. ¿Hay una diferencia? Sí, la perfusión en su mejor momento en un buen hospital o clínica bajo un cuidadoso control científico puede ser un procedimiento bastante complicado en comparación con el embalsamamiento.
El objetivo de la perfusión es extender al hombre ese proceso que ha tenido más éxito en congelar, almacenar y reanimar microorganismos, tejidos y órganos. Los fluidos de embalsamamiento serían bastante destructivos para el tejido en comparación con la acción protectora del DMSO y el glicerol”.
Algunos detalles fueron exagerados en la prensa: “Los informes periodísticos en general dieron una [relación] sin emociones de la congelación, pero con algunos malentendidos y exageraciones. El Los Angeles Herald Examiner, en la primera página, declaró que «un anciano que murió anoche de cáncer fue colocado en un estado de congelación profunda momentos después de la muerte…».
The Washington Post publicó dos declaraciones adicionales de imposibilidades: ‘El cuerpo del hombre fue congelado rápidamente «prácticamente instantáneamente» con su muerte el jueves, según Robert Nelson. . .’ y ‘Dijo que el cuerpo fue congelado rápidamente y que una máquina cardíaca mecánica estaba conectada al corazón del hombre’.

(Mike (de pie en el centro) maneja la grúa mientras Hugh guía la parte superior de la cápsula (donde están los pies del paciente) y Max y Russell guían la parte inferior. Ralph mira con aprobación.)
“Obviamente, no tendría ningún sentido congelar rápidamente a una persona y luego conectarle una máquina cardíaca.
En segundo lugar, es imposible por los medios actuales congelar rápidamente a una persona. Los experimentos indican que incluso el intento de congelación rápida con los métodos actuales a menudo conduce a la ruptura de órganos.
Uno debe ser rápido al comenzar los procesos de enfriamiento y perfusión una vez que la persona ha muerto, pero la congelación debe ser bastante lenta”.
Desafortunadamente, la incipiente operación de criónica de Nelson no resultaría viable; nueve pacientes de criónica se perderían, algunos años después, en lo que se conoció como el desastre de Chatsworth.
(Felizmente, Bedford escapó al ser trasladado por familiares, solo seis días después de la congelación, a otra instalación, Cryo-Care en Phoenix, desde donde continuaría un largo y accidentado viaje a través del tiempo). Pero por el momento, los problemas parecían afortunadamente pequeño:
“A pesar de las dificultades técnicas y las posibles exageraciones, la congelación de Los Ángeles parece ser un gran paso adelante. Debe felicitarse a Bob Nelson, miembro de LES y que ahora forma la Sociedad Cryonics de California, por su capacidad de organización y por su disposición a enfrentarse a la prensa.
Se debe felicitar al Dr. Able por su valentía al participar, así como al hogar de ancianos. Hay que felicitar a muchos otros por su ayuda, aunque es posible que no hayan obtenido o deseado publicidad. El ‘paciente’, el crionauta, del que se dice que se ofreció como voluntario, debe ser felicitado por su coraje y previsión.
Y, también por su familia que respetó sus derechos y deseos como individuo. Con extrema buena fortuna, podríamos presentar nuestros elogios en un futuro lejano a este nuevo tipo de occidental pionero que esperamos se encuentre ahora en una suspensión criogénica razonablemente buena”.
Un miembro no identificado de LES tenía información detrás de escena, que Cooper condensó en un informe: “Primero, se debe felicitar a Robert Prehoda y al Dr. Brunol por organizar y controlar la perfusión y la congelación. De hecho, si no fuera por Prehoda, la congelación podría no haber tenido lugar, según nuestro observador.
“Esto es casi asombroso porque Robert Prehoda presentó la opinión en la edición de agosto-septiembre de 1966 de este boletín de que `congelar a los moribundos o muertos en el momento actual (es) totalmente inviable. . .
Cuando un órgano del tamaño de un cerebro humano se perfunde con DMSO y se congela a temperaturas criogénicas, la mayoría de las células se dañan más allá de cualquier medio conceptual de reparación futura y restauración de la función original”.

(Ralph y Mike, los pod jockeys, guían el complicado descenso hacia el dewar. El sistema de cápsulas permite un ajuste ceñido y estabilidad. Los cables visibles en la parte superior de la cápsula son sondas de termopar (temperatura).)
“Todos están encantados de que el movimiento de congelación haya avanzado un poco más. Es un gran servicio para aquellos a seguir. Pero si nuestros hechos están equivocados, ¿quizás podríamos pedirle a Bob Prehoda una nota, un artículo o una carta para nuestros lectores sobre lo que realmente sucedió tal como él lo vio?
“Pero para continuar con nuestra historia de congelación y postcongelación. . . parecería que después del enfriamiento y la perfusión parcial y tal vez mientras el cuerpo de este anciano continuaba su viaje hacia el estado criogénico, fue transportado lejos del hogar de ancianos y al garaje de Prehoda.
Eventualmente, la esposa de Prehoda se enteró del cuerpo en la camioneta en el garaje y nuestro reportero indica que se puso bastante histérica. Según entendemos, las ventanas de la camioneta se enjabonaron para que nadie pudiera ver y la camioneta se movió colina arriba.
“Nuestro observador renunció a describir la escena en detalle en ese momento diciendo que solo podía describirse como histérica y caótica. Dijo que si hubiera [tenido] una cámara, habría sido la película del año.
“Durante este mismo período, los miembros de LES y Cryonics [evidentemente, miembros de la Sociedad Cryonics de California y la Sociedad Cryonics de Nueva York] volaron y descendieron sobre Los Ángeles para intentar obtener publicidad adicional y aumentar la confusión. A pesar de toda la confusión y las «dificultades técnicas», la historia tiene dos finales felices.
Primero y más importante, se informa que nuestro pionero congelado fue sacado con éxito del estado de California y llevado al centro de almacenamiento Cryo-Care de Ed Hope en Phoenix, donde presumiblemente será colocado en un ambiente de nitrógeno líquido para su viaje mucho más largo a través del tiempo.
El segundo final feliz es que los activistas y sobrevivientes ahora están siendo entrevistados por la revista Life”. (El informe de Life apareció el 3 de febrero de 1967, pero fue suprimido debido al desastre del Apolo y la quema de tres astronautas, en enero del mismo año y solo alrededor del 15% de los lectores recibió copias, principalmente en el Medio Oeste y el Sur.)
Finalmente, Ettinger aportó una carta en la que, tras generosas felicitaciones, ofrece unas breves reflexiones:
“De manera general [el congelamiento] siguió las sugerencias que hice en la edición de mayo de 1965 de Esquire. El Dr. Able, el médico tratante, estuvo presente en el momento de la muerte e inmediatamente aplicó respiración artificial y masaje cardíaco externo para mantener la circulación de sangre oxigenada mientras el cuerpo se enfriaba con hielo.
Posteriormente, el Dr. Brunol, el Sr. Prehoda y el Sr. Nelson perfundieron al paciente con una solución de DMSO [en realidad se le inyectó, no se perfundió], y luego se congeló con hielo seco, para luego transferirlo a nitrógeno líquido. . .
(Las vainas anidan muy bien, como ilustra esta imagen. La pieza central cuadrada es un sistema de estanterías con estantes para neuropacientes o mascotas. Todas las piezas son de aluminio, con respiraderos de nitrógeno líquido, correas para mayor estabilidad y soportes de elevación en la «parte superior». Recuerde que los pacientes están asegurados con la cabeza hacia abajo).
“Los lectores del boletín LES probablemente se sorprenderán al saber que el Sr. Prehoda brindó una ayuda tan importante, en vista de su pesimismo expresado.
Sigue siendo más pesimista que la mayoría de nosotros y, de hecho, dice que en esta fecha todavía no elegiría la congelación para su propia familia, pero es un gran mérito para él que reconozca la posible validez de otros puntos de vista y esté dispuesto a ayudar a los optimistas en la práctica.
Su principal preocupación sigue siendo estimular un mayor apoyo a la investigación, y todos estamos de acuerdo en la importancia de esto. “Hemos superado un hito importante, pero no obstante, este es solo el comienzo del viaje.
Todavía nos faltan desesperadamente equipos y organización. (Por ejemplo, tuve que enviar nuestro Westinghouse Iron Heart a Los Ángeles y, en general, hubo un gran factor de suerte en el hecho de que la muerte clínica se produjera en condiciones tan favorables).
La cantidad de ímpetu que nos dará este incidente es de ninguna manera. significa cierto. Tal vez se nos pueda disculpar una leve autocomplacencia, pero es principalmente una ocasión para una mirada sobria a nuestros errores y deficiencias”.
Dr. Bedford obtiene un traje nuevo (1991)
Ralph Whelan(Alcor) — Trece personas se reunieron un sábado por la mañana a fines de mayo de 1991. La intención fué sacar al primer hombre congelado de su antigua unidad de almacenamiento (veintiún años de uso) y meterlo en un nuevo y eficiente Dewar de última generación para cuatro personas. Obtendría un saco de dormir adicional para protección térmica. Descansaría en una cápsula de aluminio individual para protección mecánica y térmica adicional. Anidaría de manera eficiente, compartiendo nitrógeno líquido con otros tres, y compartiendo una bahía de atención al paciente con trece más, con un cuidador a tiempo completo en el lugar, alarmas de temperatura…
Su atención estaba mejorando. Después de veinticuatro años en el almacenamiento, en lugar de caer en intentos esporádicos de evitar lo que alguna vez debió parecer inevitable, su cuidado estaba mejorando. Qué señal tan alentadora y alentadora para alguien que probablemente terminará en un estado similar algún día.
Hugh Hixon explicaba la elaborada rutina de baile que sacaría al Dr. Bedford de su hogar horizontal de veintiún años y lo llevaría a su nuevo hogar. traje. Cuando la tapa cayó, cuando la bolsa se levantó, cuando el vapor se disipó, ¿qué estábamos haciendo? vas a encontrar? ¿Qué tan implacables fueron los cuidadores del Dr. Bedford durante los dieciséis años antes de que quedara bajo el cuidado de Alcor?

(La sesión informativa de la mañana. Hugh Hixon describe los distintos pasos y un cronograma aproximado.
De izquierda a derecha: Tanya Jones, Russell Whitaker (sentado), Carlos Mondragon, Hugh Hixon, Ralph Whelan, Jerry Leaf, Allen Lopp, Michael Perry (ocultado en su mayoría por Al Lopp), Max More, Bill Seidel. Foto de Steve Harris.)
¿Alguien que no esté construyendo un negocio y una carrera en torno a un cuidado tan persistente podría tener la resistencia y la fortaleza suficientes para nunca equivocarse? ¿Estaba James Hiram Bedford no solo legalmente muerto, no solo médicamente muerto, sino ahora también muerto (es decir, se erradicaron las estructuras cerebrales esenciales para sus recuerdos e identidad)?
En ese momento no se sabía lo que se encontrarían. Y el nombre «James Bedford», después de veinticuatro años de pionerismo con P mayúscula, ha acumulado una gran cantidad de equipaje emocional e intelectual para muchas personas.
Aunque está lejos del estatus de ícono convencional, representa un nivel de logro y compromiso con los principios en la comunidad de la criónica que, aún tambaleándose por el incidente de Chatsworth, se hundiría horriblemente si resultara que el Primer Hombre hubiera caído.
Con este elevado nivel de anticipación, esa sensación de estar presente en algún momento especial de la historia, avanzamos nerviosamente durante la sesión informativa de las nueve de la mañana. Esto derivó gradualmente en la asignación de tareas preparatorias de ensamblaje de piezas y limpieza de desorden, lo que llevó casi una hora.
Los preparativos finales consistieron en vestirnos para nuestras partes. Aquellos que trasladarían físicamente a Bedford (Mike Darwin, Hugh Hixon, Jerry Leaf, Allen Lopp, Max More, Ralph Whelan, Russell Whitaker) se pusieron trajes impermeables para protegerse contra las salpicaduras de nitrógeno líquido.
Hecho esto, nos remitimos a la experiencia. Jim Amato, propietario/operador de CryoTech (la empresa de reparación criogénica que se encarga de nuestro negocio) y experto en el manejo de discos de corte abrasivos, se agachó para la difícil tarea de cortar la soldadura del dewar de Bedford.
Breve conferencia sobre el Dewar: los antiguos Dewar de almacenamiento se soldaban (o atornillaban) y se cerraban para mantener un vacío entre las carcasas de acero interior y exterior. La lámina reflectante situada dentro de este vacío proporciona un aislamiento adicional.

(Ponerse el equipo de protección. Las salpicaduras de nitrógeno líquido son inevitables en las transferencias y encapsulaciones.)
Cortar la cubierta exterior no expondría nada más que la lámina reflectante, pero aún así fue complicado porque Jim (y nosotros) queríamos hacer el mayor progreso de corte posible sin romper el sello, ya que perder el vacío comprometería en gran medida nuestra protección térmica y aumentar la velocidad de evaporación del nitrógeno líquido.
Todavía no estábamos encadenados al reloj, pero estábamos pensando en ello.
Jim pasó unos veinticinco minutos cortando uniformemente alrededor de la cubierta exterior, mientras los inquietos crionicistas se acercaban y retrocedían. Minutos escasos después del primer siseo del aire que entraba, la tapa del caparazón exterior cayó. Fuimos recompensados con montones de lámina Dimplar, un aislante con hoyuelos producido por una empresa ahora desaparecida, y, con un poco de excavación, la superficie desnuda y fría de la cubierta interna.
La cubierta interna rápidamente comenzó a congelarse, revelando la «línea de agua», por así decirlo, del nivel de líquido en el interior. Jim se puso a trabajar en la soldadura interior, mientras detrás de él la procesión de ansiosos crionicistas aceleraba el ritmo.
Minutos más tarde, cuando atravesó el caparazón interior, una columna de vapor de nitrógeno marcó la ocasión dramáticamente. Aún más tarde, cuando ensanchó la brecha alrededor del perímetro de la tapa, el nitrógeno comenzó a escapar en forma líquida, y rápidamente, y pudimos ver por la línea de escarcha en la capa interna que el reloj biológico del Dr. Bedford pronto estaría corriendo nuevamente.
Fue el extremo de los «pies» del dewar el que se levantó, por lo que el cerebro seguramente todavía estaba sumergido, pero ningún calentamiento es un buen calentamiento.
Lo hizo abrir, y de manera experta. Y aquí tuvimos nuestra primera sorpresa: ¡la camilla, o más precisamente el marco de metal que sostenía al Dr. Bedford, estaba atornillado al tobogán! Después de una lucha rápida por un par de llaves, se aflojaron los pernos. Cuando se hizo a un lado, Jim y Hugh comenzaron a trabajar para aflojar los pernos que sujetaban el sistema de estanterías que sostenía a Bedford.
Una vez que Jim y Hugh los aflojaron, pudimos deslizar el estante casi por completo, revelando un saco de dormir azul pálido asegurado al estante con una cuerda de nailon. Luego recibimos nuestra segunda sorpresa: ¡otro juego de pernos que anclan el estante al tobogán en el otro extremo!
Se tomó una decisión rápida para simplemente liberar a Bedford del estante y levantarlo en el saco de dormir. Como Mike tenía un par de Supertijeras en el bolsillo, esto fue rápido. De hecho, tan rápido que el saco de dormir todavía estaba empapado de nitrógeno líquido cuando lo recogimos. Esta fue la primera entrega de una serie de quemaduras menores de nitrógeno líquido para la mayoría de los participantes de la transferencia.

Apertura de la cabeza exterior del dewar: se usó una rueda de corte abrasiva para marcar la soldadura antes de cortar completamente la lata exterior y romper el vacío.
Dado que sabíamos con anticipación que querríamos evaluar la condición de Bedford y que no podíamos arriesgarnos a que se calentara mientras lo hacíamos, Hugh había diseñado una especie de bañera fuertemente aislada para facilitar esto.
Lo que teníamos, en efecto, era un tanque de acero galvanizado lleno de nitrógeno líquido y rodeado por alrededor de un pie de espuma de poliestireno expandido.
Esto creó un baño que nos permitiría a) evaluar la condición de Bedford y determinar si alguna vez se le permitió calentarse significativamente, mientras lo mantenía sumergido y fresco, y b) realizar las diversas manipulaciones mecánicas que nos permitirían obtener una segundo saco de dormir a su alrededor para protección térmica y una cápsula de aluminio a su alrededor para protección mecánica, mientras que nuevamente lo mantuvo sumergido durante la mayor parte de la operación.
Así que teníamos el baño de nitrógeno líquido esperando cerca. Llevamos a Bedford al baño y lo sumergimos de inmediato. Después de tomar un respiro y relajarnos un poco, comenzamos a abrir la cremallera de la bolsa azul pálido que lo cubría. Con un mínimo de levantamiento y exposición térmica (algo es necesario para acceder a la cremallera), lo trabajamos para abrirlo.
Con las ondulantes nubes de vapor de agua que se condensaban en el aire como resultado de retirar el saco de dormir, al principio era difícil verlo con claridad, pero finalmente el aire se aclaró lo suficiente como para que pudiéramos ver. Como podrá ver en las imágenes adjuntas, había una reunión bastante expectante y ansiosa.
Después de años o décadas de asombro y esperanza, finalmente pudimos convencernos de que las noticias no eran más que buenas. El Dr. Bedford, al parecer, había sido atendido diligentemente durante las décadas anteriores.
Mirándolo, podríamos decir con certeza (y la máxima satisfacción) que su temperatura en grados centígrados se había mantenido negativa —no había subido por encima de cero— durante los últimos veinticuatro años.
Una vez que la tensión se alivió lo suficiente y estuvimos preparados para terminar el trabajo, Hugh hizo rodar un elevador de motor modificado, una especie de conjunto de gato elevado, a una posición central sobre el baño.
Junto con una montura especial de espalda fuerte diseñada por Hugh para levantar uniformemente toda la longitud del paciente, esto nos permitiría sacar a Bedford del nitrógeno el tiempo suficiente para colocar un segundo saco de dormir debajo de él.

(La capa interior es un poco más complicada, con vapores que oscurecen la visión y nitrógeno líquido que sale. Además, a medida que el nivel de nitrógeno cae cerca de los pies del Dr. Bedford, su reloj biológico vuelve a funcionar, aunque todavía tiene mucho frío.)
A pesar de los guantes protectores, el nitrógeno líquido aún logra atravesar las costuras; todos recibieron su segundo juego de quemaduras de nitrógeno líquido en este momento.
Durante todo el tiempo que Bedford estuvo fuera del baño, su saco de dormir original le brindó protección térmica, mientras que Russell y Max lo rociaron continuamente con cubos de nitrógeno líquido.
Lo devolvimos al baño.
Antes de toda la operación, Hugh había colocado correas en el fondo de la bañera y en los bordes. Ahora se usaban para acomodar el segundo saco de dormir.
Luego pudimos usarlos como correas de elevación mientras izamos a Bedford una vez más, esta vez para deslizar primero algunas correas y luego la mitad de una cápsula de aluminio debajo de él, mientras Russell y Max continuaban sacando nitrógeno del baño a Bedford. Nuevamente lo bajamos.
Aflojamos el gancho del saco de dormir y lo sujetamos a las correas que se encuentran debajo del fondo de la cápsula. Levantando solo un poco, pudimos exponer lo suficiente del borde de la cápsula para deslizar la parte superior de la cápsula en su lugar y atornillarla.
La esencia de cada maniobra la logramos. Después de pasar las líneas del termopar por un puerto especial en la cápsula y de haber asegurado la mitad superior de la cápsula en forma de «concha», nos preparamos para izar la cápsula a una posición vertical, con Bedford firmemente atado dentro de la cápsula con la cabeza hacia abajo.
Esta es la parte más complicada de la operación, ya que el paciente no estará sumergido y, por lo tanto, debemos movernos rápidamente, mientras que al mismo tiempo estamos moviendo un paquete bastante pesado, que está bastante frío. Los sacos de dormir y la cápsula brindan una tremenda protección térmica al paciente durante tales movimientos, pero el tiempo sigue siendo esencial.
Maniobramos uno de los dewars «Bigfoot» en posición al lado del baño. (Este dewar entonces tenía solo otro paciente, nuestra suspensión más reciente, ya en una cápsula protectora). Después de enganchar una barra elevadora a la cápsula y engancharla a un cabrestante eléctrico elevado, comenzamos a izar la cápsula con cuidado, mientras Max y Russell
Usé una barra guía para evitar que se arrastrara mientras lo trabajábamos en posición vertical. Luego logramos, de manera relativamente rápida y eficiente, levantar la cápsula y luego bajarla al Bigfoot.
Y eso fue todo. El histórico Primer Hombre tenía su traje nuevo, así como un equipo de sastres muy felices.
Evaluación de la condición del Dr. James H. Bedford después de 24 años de suspensión criónica

(Ahora trabajamos rápido. Se quitan los pernos de sujeción y se transfiere rápidamente al Dr. Bedford a un baño de nitrógeno líquido en espera. Dr. Perry, en el fondo, registra el tiempo de exposición y una variedad de momentos históricos.)
M.Darwin(Alcor) — El examen visual externo revela un varón bien desarrollado y bien nutrido que parece menor de 73 años.
La piel de la parte superior del tórax y el cuello aparece decolorada y eritematosa desde la mandíbula hasta aproximadamente dos cm. encima de las areolas.
El área de decoloración está bastante marcada en el tórax. Se gira la cabeza hacia la izquierda y se observan dos marcas de punción separadas aproximadamente 1 cm sobre la cara anteromedial del músculo esternocleidomastoideo (aproximadamente paralelas a la arteria carótida interna).
Estas marcas de punción están libres de coágulos y presentan una apariencia fresca, «sin núcleo» (lo que sugiere una aguja de gran calibre).
La piel del lado izquierdo del cuello se distiende con lo que parece ser un bolo(s) de líquido inyectado en el espacio subcutáneo.
La posición de la cabeza del paciente impide un examen cuidadoso de la piel en busca de marcas de punción en el lado izquierdo.
Hay sangre congelada saliendo de la boca y la nariz. Una mancha de sangre roja brillante cubre la piel alrededor de la nariz y la boca en un patrón que parece haber sido definido por una máscara de respiración.
Una mayor cantidad de sangre de color rojo oscuro parece haber salido de la boca durante la congelación a temperatura de hielo seco, ya que retiene los pliegues y contornos del material de envoltura que presumiblemente cubría la cara del paciente durante la congelación.
Los ojos están parcialmente abiertos y las córneas son de color blanco tiza debido al hielo. Las narinas están aplastadas contra la cara, aparentemente como resultado de haber sido comprimidas por una losa de hielo seco durante la congelación inicial.
La cabeza está bordeada de pelo corto y uniformemente gris. Varias piezas pequeñas de mylar aluminizado adherente están presentes en el occipucio. La piel del tórax ventral, el abdomen y las extremidades parece libre de lesiones y de color normal con la siguiente excepción: el antebrazo y la mano derechos están descoloridos y eritematosos y parecen ser el sitio de una vía intravenosa o una inyección subcutánea de un hemolítico o producto irritante.
La mayor parte del abdomen y el tórax se cubrieron con una lámina delgada y transparente de polietileno que se reflejó hacia atrás para facilitar el examen. El pecho está cubierto de pelo gris escaso.

(Aquí se expone el anticuado pero adecuado sistema de estanterías. Las cuerdas habían asegurado al Dr. Bedford a la bandeja; lo que parecen trozos de papel eran en realidad papel de aluminio «Dimplar», un material aislante.)
Un examen minucioso de la piel del tórax sobre el área pectoral reveló características sinuosas que parecían ser fracturas.
Cuando estos fueron sondeados debajo del líquido con una aguja espinal, se observó que la piel era discontinua sobre estas áreas.
Posteriormente, se aseguraron dos pequeñas muestras de piel de los bordes de una de estas “fracturas” con el uso suave de un cincel de madera.
Actualmente, las muestras se mantienen en vapor de nitrógeno líquido para su posterior evaluación ultraestructural.
Se observa que además de la presencia de hielo de agua sin derretir que oscurecía los genitales, había otra masa de hielo de agua sin derretir entre el brazo derecho y el abdomen, justo encima de la pelvis.
Una parte de esta masa de hielo se levantó con una aguja espinal y se observó que aún conservaba parte de la estructura original del pequeño cubo, lo que demuestra que no se había calentado por encima de los 0 °C. Los genitales no son visibles debido a la presencia de hielo de agua sin derretir que ancla la película de plástico.
La parte inferior de las piernas se cruza con el pie derecho sobre el izquierdo. Hay cinta de mylar aluminizada, del tipo que se usa para asegurar el superaislamiento dentro de los dewars criogénicos, envuelta alrededor de los dedos de ambos pies. Esta cinta fue removida para su examen; al recalentarse, la cinta retuvo sus propiedades adhesivas.
Se supone que esta cinta se colocó después de enfriarse a -79 °C con el fin de anclar las sondas de termopar utilizadas para monitorear el descenso de la temperatura en la unidad de almacenamiento Cryo-Care. Debido a la necesidad de mantener al paciente sumergido en nitrógeno líquido ya los aspectos logísticos relacionados con su traslado de un dewar a otro, no se examinó la cara dorsal del cuerpo.
Conclusiones
En general, este examen indica que el paciente al menos no se ha calentado por encima de 0°C.
Además, la presencia de hemoglobina no desnaturalizada como lo demuestra la presencia de sangre roja brillante y la apariencia del hielo de agua que queda en el paciente, incluido lo que parecía estar suelto (es decir, no recristalizado) condensado «escarcha» de su enfriamiento a -79 °C sugiere que el recalentamiento no fue a ninguna temperatura bajo cero alta (es decir, parece probable que su temperatura externa se haya mantenido en temperaturas bajo cero relativamente bajas durante todo el intervalo de almacenamiento).

(Este es un equipo de crionicistas aliviados. Dr. Bedford, una vez más sumergido en nitrógeno líquido, se ve tan bien como esperábamos.)
Dada la historia térmica del paciente, que consiste en casi una década y media de ciclos entre la temperatura del vapor de nitrógeno líquido a 80°K y la temperatura del nitrógeno líquido a 77°K, y al menos dos instancias previas de extracción del almacenamiento criogénico y exposición transitoria a temperatura ambiente mientras se transfiere de un dewar de almacenamiento a un dewar de almacenamiento, no sorprende que muestre evidencia de fractura superficial.
En 1983, durante el examen de otro paciente que había sido recalentado previamente a -79 °C y luego enfriado a -196 °C por segunda vez, que pasó de la neurosuspensión a la de todo el cuerpo, también se observaron fracturas externas.
Sin embargo, una disimilitud marcada entre las fracturas presentes en ese paciente y las presentes en este fue que la piel en el primer paciente se había separado de los tejidos subyacentes en puntos, a veces presentando una apariencia de «pintura descascarada».
No se observó que este fenómeno ocurriera con este paciente. Se supone que la decoloración eritematosa observada en la piel de la mandíbula, el cuello, la parte superior del tórax y el brazo derecho fue el resultado de la inyección hipodérmica de una solución crioprotectora altamente concentrada o quizás de dimetilsulfóxido puro, como lo informaron Nelson y Prehoda. Es la opinión del autor que la naturaleza de la decoloración se debe a la hemólisis de este(s) agente(s).
El líquido sanguinolento que salía de la boca y la nariz no fue un hallazgo completamente inesperado; las fotos tomadas durante el traslado del paciente desde el recipiente de almacenamiento de Cryo-Care a la unidad de Galiso en 1970 así lo sugieren.
El carácter de este líquido parece ser sangre total, lo que descarta la purga del contenido gástrico (un signo temprano de descomposición post-mortem) como causa. Se presume que la fuente de esta sangre es una hemorragia pulmonar secundaria a reanimación cardiopulmonar prolongada y pulmones friables como resultado de metástasis pulmonares extensas que fueron la causa inmediata de la desanimación.
Está bien establecido que el edema pulmonar es una consecuencia común clínicamente de la reanimación cardiopulmonar prolongada a tórax cerrado, así como en el apoyo cardiopulmonar prolongado de pacientes con suspensión criónica que usan compresión cardíaca a tórax cerrado.
La hija de unos científicos lleva cinco años congelada a -196 ºC tras su muerte

larepublica.pe — Sahatorn Naovaratpong, un científico y empresario de Tailandia, tomó la decisión de congelar criogénicamente a su hija de dos años para que tuviera la oportunidad de vivir “algún día”. El caso llegó a los titulares mundiales en 2015 cuando la pequeña Matheryn Naovaratpong, conocida de cariño como Einz, se convirtió en la persona más joven del mundo en ser preservada por criogenia.
Se trata de un proceso real, aunque no se sabe si efectivo, que busca congelar un cuerpo y preservar sus órganos para que pueda ser resucitado en un futuro indeterminado. A una temperatura ideal, un cuerpo ‘aguarda’ el momento en que pueda volver a la vida.
La biografía de Einz ha vuelto a sonar luego de que Netflix lanzara, el pasado 15 de septiembre, el documental Hope Frozen: A Quest to Live Twice, una pieza fílmica dirigida y coescrita por la periodista Pailin Wedel, junto con Nina Ijäs.
“El documental revela a una familia en duelo que busca respuestas no solo del budismo, sino también de su profunda fe en la ciencia. (…) No solo permite que la audiencia reflexione sobre sus propias creencias, también nos hace considerar hacia dónde nos gustaría que se dirigiera la sociedad a medida que avanza la tecnología en este ritmo increíble», ha explicado la fotoperiodista y cineasta tailandés-estadounidense que produce regularmente películas para National Geographic, Monocle y The New York Times.
Pailin y su equipo pasaron más de dos años visitando a la familia Naovaratpong, quienes le permitieron filmarlos y entrevistarlos.
El doloroso diagnóstico de Einz

Hija del doctor Sahatorn y Nareerat —también científica—, Einz fue diagnosticada con ependimoblastoma, una forma de cáncer poco común, pero la más letal de todas.
Un tumor de 11 pulgadas estaba presente en el lado izquierdo de su cerebro, lo cual le produjo el estado de coma.
Los médicos extirparon la mitad de aquella masa maligna y debieron perforar su cráneo para aliviar la presión en su cerebro.
Por un lado, Einz probablemente nunca despertaría. Incluso si se despertaba, todavía tenía que luchar contra el tumor agresivo.
Después de todo, como nadie en el mundo ha podido vencer al ependimoblastoma, los especialistas aconsejaron a los padres que le quitaran el soporte vital.
Sin embargo, en una semana y contra todo pronóstico, Einz se repuso. Desde entonces la pequeña debió soportar 12 cirugías cerebrales, 20 tratamientos de quimioterapia y 20 sesiones de radioterapia. Además, perdió el 80% de su cerebro izquierdo, lo que paralizó el lado derecho de su cuerpo.
Para noviembre de 2014, el cáncer se había extendido a su tronco cerebral. El 8 de enero del 2015, la pequeña fue dada de alta del hospital. Estaba completamente consciente, pero lo que devino fue un episodio demoledor.

«Entre la familia y otros parientes jugamos con ella y la celebramos antes de liberarla del sistema de soporte vital, sacamos ese peso de sus hombros a las 18:18.
Las células de cáncer y otras células de su cuerpo han sido guardadas para estudios posteriores”.
Expertos de Alcor Life Extension Foundation, con sede en Arizona, intervinieron en ese momento. Esta fundación ha realizado más de 130 criopreservaciones.
La paciente con mayor edad sometida al procedimiento tenía 102 años. Einz fue la primera niña del mundo en ser criogenizada.
El método que aplicaron con ella es lo que Alcor llama un “neuro”: el encéfalo fue extraído y preservado, lo opuesto a lo que sucede cuando congelan todo el cuerpo. De acuerdo a un informe de Vice, un procedimiento de este tipo cuesta entre $ 80.000 al año. Preservar todo el cuerpo, en tanto, vale $ 200.000, “dependiendo de cuánto de tu cuerpo deseas mantener”.
En todo caso, el cerebro de Einz permanece guardado en un Bigfoot Dewar, un contenedor de acero inoxidable aislado y al vacío que está lleno de nitrógeno líquido, a -196 ºC. En ese depósito también hay una docena de otros cerebros.
La esencia de Einz descansa congelada en Arizona, a la espera de una cura para volver a tener un cuerpo.
La vida de una familia con “esperanza”
Desde el documental, la pareja ha dado la bienvenida a otra hija, llamada Einz Einz, que crece en compañía de su otro adolescente, Matrix. Nareerat, científica y esposa del doctor Sahatorn, ha afirmado que el nacimiento de esta niña la ha ayudado a “sanar enormemente”; aunque “no es un reemplazo”.
Los cónyuges siguen financiando la investigación del cáncer pediátrico. Han comprendido que las probabilidades de que su hija “pueda vivir otra vez” son escasas, aunque vienen recopilando fotos y grabaciones para que, “si ese día llegara», Einz pueda verlas.
«Fue nuestro amor por ella lo que nos empujó hacia este sueño de la ciencia. Seguramente nuestra sociedad se está moviendo hacia un nuevo tipo de pensamiento que puede aceptar esto”, dijeron a la BBC.

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