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Katherine Johnson, la matemática que nos llevó a la Luna…


(Katherine Johnson fue una de las miles de computadoras humanas que trabajaron para el centro Langley de la NASA.)

Muy Interesante(D.Fisión)/BBC News  —  Hasta 2016, Katherine Johnson era una de esas heroínas invisibles de la historia.

Gracias a los cálculos de esta matemática, un estadounidense pudo darle por primera vez la vuelta a la Tierra desde el espacio y el hombre pudo llegar a la Luna.

Pero sobre todo, ella fue una de las primeras mujeres afroestadounidenses en trabajar como ingeniera en la Agencia Espacial de Estados Unidos (NASA, por sus siglas en inglés).

Sin embargo, fue recién en 2016, cuando se estrenó la película «Hidden Figures» (Talentos ocultos, en español), que se conoció la verdadera dimensión del aporte de Johnson a la gesta espacial estadounidense.

Por eso su muerte, ocurrida en febrero de 2020 a los 101 años, no ha pasado desapercibida.

«La familia de NASA lamenta informar que Katherine Johnson murió esta mañana, a los 101 años de edad», se pudo leer en la cuenta de la agencia en Twitter.

«Ella fue una heroína estadounidense y su legado pionero nunca será olvidado», añadió la NASA.

Johnson fue condecorada por el presidente de EE.UU. Barack Obama con la medalla presidencial de la libertad, la máxima condecoración civil de ese país.

También recibió una conmovedora ovación a sus 98 años cuando salió al escenario de los premios Oscar de 2017, el año en que «Hidden Figures» fue nominada a mejor película.

Durante el Proyecto Mercury los sistemas informáticos eran rudimentarios ordenadores IBM 7090. Pero fue la científica afroamericana Katherine Johnson quien daba fiabilidad y confianza al equipo que vigilaba el éxito de la exploración espacial.

Su inteligencia sobresaliente hizo posible, no solo el triunfo de los trayectos de Mercury, sino la llegada a la Luna en 1969.

Llegó a decir: «Usted me dirá cuándo y dónde quiere que aterrice, refiriéndose a la nave, y yo le diré dónde, cuándo y cómo lanzarla».

Ella y otras matemáticas que trabajaban en la NASA eran conocidas como computadoras humanas.

Lo contaba todo; los pasos que necesitaba para cruzar la calle, los pasos que había hasta la iglesia, el número de platos que limpiaba, las estrellas que veía… todo lo que podía ser contado.

Creció en una época en la cual la segregación racial era una realidad y que aún teniendo, a priori, pocas oportunidades, se convirtió en una excelente matemática.

Una excelente matemática que realizó los cálculos de las trayectorias de los primeros vuelos espaciales de Estados Unidos. Una excelente matemática que realizó los cálculos que llevarían al hombre a la Luna.

En 1937 la única opción de una mujer afroamericana para trabajar fuera de casa era dedicarse a la enseñanza. Fue así como Katherine se mudó a Marion (Virginia) a ejercer como profesora de matemáticas, música y francés.

Según sus propias palabras, fue en Virginia donde sufrió las consecuencias de la segregación racial y el racismo por primera vez de forma consciente.

Aunque también fue en Virginia donde Katherine luchó de alguna manera contra esa segregación; fue uno de los tres estudiantes afroamericanos (la única mujer) seleccionados para realizar estudios de postgrado en la West Virginia University de Morgantown.

Desgraciadamente, problemas familiares hicieron que Katherine no pudiera finalizar sus estudios.

Katherine Johnson en su lugar de trabajo.

Corría el año 1950 cuando se enteró que la NACA (National Advisory Committee for Aeronautics), predecesora de la NASA (National Aeronautics and Space Administration), buscaba mujeres afroamericanas para tareas de cálculo en el Departamento de Guía y Navegación.

Durante la II Guerra Mundial las agencias gubernamentales estadounidenses contrataron a miles de mujeres para realizar diferentes actividades. Después de la guerra, la NACA siguió aplicando dicha política, especialmente cuando la carrera espacial dio su pistoletazo de salida con el lanzamiento del Sputnik 1 por parte de la Unión Soviética años más tarde.

Aunque no pudo conseguir el trabajo en 1950 por estar lleno el cupo de contratación, Katherine empezó a trabajar para la NACA en 1953.

Johnson tuvo que derribar todos los obstáculos raciales y de género de aquella época. Calculó a mano las trayectorias de los cohetes y las órbitas terrestres. Sus herramientas eran reglas de cálculo, calculadoras y papel.

Como experta en matemáticas y geometría, su trabajo consistía en realizar todas las operaciones y comprobaciones de cálculo que requerían los ingenieros aeronáuticos. Ese era un trabajo silencioso que las mujeres hacían sin preguntar nada.

Pero Katherine no se conformó sólo con hacer el trabajo. Empezó a plantear preguntas como “por qué”, “para qué”, “cómo”, “por qué no” y pidió poder ir a las reuniones de los ingenieros para poder discutir esas cuestiones con ellos.

Le contestaron que eso no era común, a lo que ella preguntó si estaba prohibido. La contestación fue que no, y fue así como Katherine Johnson empezó a ir a las reuniones.

Con el tiempo fue destacando no sólo por sus conocimientos sino también por sus capacidades de liderazgo. A pesar de las barreras iniciales que pudo sufrir al inicio de su carrera debido a que era mujer y afroamericana, poco a poco se fue ganando el reconocimiento de sus colegas.

En los años 60, sus análisis de datos hicieron que la misión Freedon 7 con Alan Shepard fuera un triunfo. Para el segundo vuelo tripulado en 1962 a bordo del Friendship 7, el propio piloto, John Glenn exigió que Katherine Johnson revisara los datos del ordenador IBM 7090.

Es una de las historias más destacadas sobre Johnson y ocurrió en 1962, cuando el astronauta John Glenn, el primer estadounidense en orbitar la Tierra, insistió en que Johnson revisara los cálculos de su viaje alrededor del planeta.

«Él sabía que yo antes había hecho los cálculos de sus viajes y confiaba en mi trabajo«, le dijo Johnson a diario The Washington Post en una entrevista en 2017.

“Si ella dice que los datos son buenos, entonces estoy listo para partir”, dijo.

También colaboró en las misiones Apolo que llevaron al hombre a la Luna, concretamente en el aterrizaje del Apolo 11 en el satélite.

Johnson se aseguró de calcular cuándo el módulo Eagle, del que saldrían los astronautas, debía abandonar la Luna para coincidir con la órbita del Columbia y así acoplarse a él y regresar a la Tierra.

En una entrevista para la NASA Katherine Johnson habló de esto: ”Había hecho los cálculos y sabía que eran correctos, pero era como conducir esta mañana, podía pasar cualquier cosa”, comentó tiempo después. Murió a los 101 años en febrero de 2020.

Katherine Johnson

Katherine Johnson recibió una gran ovación durante la ceremonia de los premios Oscar de 2017.

Su legado

Su aporte a la NASA, junto al de otras mujeres afroestadounidenses como Dorothy Vaughan y Mary Jackson, fue vital en el rol de «calculadoras» humanas, que se encargaban de llevar a cabo las operaciones matemáticas necesarias para que el hombre pudiera incursionar en el espacio.

Estas calculadoras humanas se encargaban de las ecuaciones y describían cada una de las funciones de las aeronaves, pero no estaban involucradas en la totalidad del proyecto.

Sin embargo, durante años su contribución fue ignorada.

Hasta que Margot Lee Shetterly, escritora e hija de un investigador afroestadounidense del Centro de Investigación Langley de la NASA (LaRC) en Virginia, publicó un libro titulado «Hidden Figures» (traducido al español como «Talentos ocultos»), que detalla el trabajo de estas mujeres cuyos nombres no habían aparecido hasta entonces en las revistas académicas ni en los registros históricos.

Johnson fue pionera en su campo, después de trabajar durante más de 33 años y destacarse por su trabajo en las misiones Mercurio y Apolo, incluida la que concluyó con la llegada del hombre a la Luna en 1969.

Su labor fue la de calcular los trayectos de las naves, una labor que era realizada exclusivamente por blancos.

Ella fue una de las primeras mujeres negras en ser parte de ese grupo de trabajo.

Aunque ella siempre señalaba que «estaba demasiado concentrada en su trabajo para preocuparse por el racismo de la época», su trabajo fue fundamental para abrir las puertas a otras mujeres y a los afroestadounidenses dentro de la NASA.

«Ella sabía el peso que tenía sobre sus hombros por el solo hecho de ser negra. Pero no se sintió así. Ella se quitó ese peso y se dedicó a trabajar», explicó Margot Lee Shetterly, la escritora del libro en el que se basó la película que hizo famosa a Johnson más allá de los pasillos de la agencia espacial.

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