historia-arte.com/Biografías y vidas/Semanario Gatopardo — Andy Warhol quería ser famoso. De hecho se podría decir que nadie estudió tanto el concepto de fama como él.
Creador, consumidor, crítico de la fama, este artista empaquetó y vendió la marca Andy Warhol como un producto más de la sociedad de consumo.
Y lo hizo tan bien, que los quince minutos de fama a los que tiene derecho todo el mundo, le duraron décadas.
Warhol era hijo de inmigrantes eslovacos instalados en Pittsburgh.
Su madre fue una figura importantísima, pues mimó y sobreprotegió a su hijo hasta el punto que vivió con él toda su vida.
Warhol, bicho raro él, decidió irse a Nueva York y dedicarse al arte, en concreto a la ilustración comercial, con la que se ganaba una buena pasta.
El institucional expresionismo abstracto dominaba la escena artística y Warhol quiso buscar un estilo completamente distinto. Con su experiencia en publicidad, empezó a mostrar productos de consumo de masas como botellas de coca-cola, latas de sopa Campbell… y al final, personas que eran productos en sí mismos, como Marilyn, Mao o Elvis.
La reacción de la escena artística fue un terremoto. De pronto, el expresionismo abstracto dejó de existir. Ahora lo moderno era el Pop, con su frescura, humor y superficialidad. Warhol se convirtió en una estrella. Lo conocían en todas las casas de América. Hay que decir que para ello contrató a publicistas, para que su nombre saliera continuamente en la prensa.
Entretanto, refinó su aspecto. Se estaba quedando calvo, así que empezó a llevar sus famosas pelucas.
Se rodeó de personajes extravagantes de Nueva York y alquiló un almacén (The Factory) que le sirvió de taller y estaba lleno las 24 horas de adictos a las anfetaminas, transexuales y grupos de rock llevados por el propio Warhol (La Velvet Underground).
A lo largo de su carrera, el artista cultivo el dibujo, la pintura, serigrafía, escultura, música, cine, televisión, moda, performance, teatro, fotografia e incluso arte digital.
Warhol fue pues, un hombre del renacimiento en una época culturalmente saturada de elementos.
Un visionario sobre que se olió en qué se convertiría el mundo a la larga: en una serie de modas de usar y tirar, subculturas que se vuelven culturas, prensa amarilla sustituyendo a la información y reallity shows sustituyendo a la vida misma.
Andrew Warhola; Pittsburgh, Estados Unidos, 1928 – Nueva York, 1987.
Artista plástico estadounidense que llegó a ser el más conocido representante del pop art, corriente artística en boga durante las décadas de 1950 y 1960 que se inspiró en la cultura de masas.
Hijo de emigrantes eslovacos, inició sus estudios de arte en el Instituto Carnegie de Tecnología, entre 1945 y 1949. En este último año, ya establecido en Nueva York, comenzó su carrera como dibujante publicitario para diversas revistas como Vogue, Harper’s Bazaar, Seventeen y The New Yorker.
Al mismo tiempo pintó lienzos cuya temática se basaba en algún elemento o imagen del entorno cotidiano, de la publicidad o el cómic. Pronto comenzó a exponer en diversas galerías.
Eliminó progresivamente de sus trabajos cualquier rasgo expresionista hasta reducir la obra a una repetición seriada de un elemento popular procedente de la cultura de masas, el mundo del consumo o los medios de comunicación.
Dicha evolución alcanzó su cota máxima de despersonalización en 1962, cuando pasó a utilizar como método de trabajo un proceso mecánico de serigrafía, mediante el cual reproducía sistemáticamente mitos de la sociedad contemporánea y cuyos ejemplos más representativos son las series dedicadas a Marilyn Monroe, Elvis Presley, Elizabeth Taylor o Mao Tse-tung, así como su célebre tratamiento de las latas de sopa Campbell, obras todas ellas realizadas durante la fructífera década de 1960.
El uso de imágenes de difusión masiva, fácilmente reconocibles por todo tipo de públicos, como las ya mencionadas latas de sopa o los botellines de Coca-Cola, se convirtió en uno de los rasgos más interesantes y estables de toda su producción.
En otras ocasiones plasmó crudamente situaciones reales, como accidentes, luchas callejeras, funerales o suicidios; dentro de esta temática, Electric chair es una de sus obras más significativas.
Este apropiacionismo, constante en los trabajos de los partidarios del pop art, se extendió a obras de arte de carácter universal y de autores como Rafael Sanzio, Giorgio de Chirico, Edvard Munch o Leonardo da Vinci. Se caracterizan las obras de esta época por su libérrima manipulación y la polémica que suscitaron en su momento.
Tanto por el uso del color, unas veces monocromo y otras fuertemente contrastado, pero en todo caso vivo y brillante, como por la temática, su obra resulta siempre provocadora y, a menudo, angustiosa.
Mediante la reproducción masiva consiguió despojar a los fetiches mediáticos que empleaba de sus referentes habituales, para convertirlos en iconos estereotipados con mero sentido decorativo.
Otra faceta destacada de su obra es su potentísima fuerza visual, que en buena parte procede de sus conocimientos sobre los mecanismos del medio publicitario.
En 1963 creó la Factory, taller en el que se reunieron en torno a él numerosos personajes de la cultura underground neoyorquina.
La frivolidad y la extravagancia que marcaron su modo de vida establecieron a la postre una línea coherente entre obra y trayectoria vital; su peculiar aspecto, andrógino y permanentemente tocado con un rubio flequillo característico, acabó por definir un nuevo icono: el artista mismo.
De hecho, fue uno de los primeros creadores en explotar conscientemente su imagen con objetivos autopromocionales; de ese modo, y mediante un proceso de identificación, adquirió a los ojos del público significaciones propias de un producto publicitario más.
En 1963 inició una carrera cinematográfica basada en los mismos principios que su obra plástica (como la reiteración visual), en ocasiones de fuerte contenido sexual y erótico: Kiss (1963), Empire (1964), Chelsea girls (1966). En una última etapa retornó a un formato más tradicional y rodó The loves of Ondine (1967) y Women in revolt (1970).
Eat, Sleep y Kiss son tres películas de exploración radical –como Henrikson las define– que Warhol dirigió entre 1963 y 1964 y fueron de sus primeros trabajos como director. La instalación que se ha hecho en Anonymous Gallery es una especie de laberinto en el que la luz de Kiss es visible, pero es la que está más lejos, “como una carta de amor extraña pero familiar” lo define el coordinador del proyecto.
Para él, estas tres cintas “representan tres partes esenciales de la vida, la comida (Eat), el descanso (Sleep) y el amor (Kiss), siendo el amor lo más abstracto de las tres”.
Hay temas que Andy Warhol trabajó en sus obras más conocidas que también se pueden ver en estas cintas: la idea de la repetición y la dualidad. Pero resalta su capacidad de convertir objetos comunes –como una lata de sopa– y experiencias diarias, algunas que se hacen incluso en privacidad, en arte.
Muchas veces lo hacía de forma ingenua. Para él eran simplemente cosas que le gustaban, sin embargo el comentario social que había detrás, el mensaje, era mucho más profundo.
Ha sido tan fuerte el impacto de Andy Warhol, que John Waters –director, guionista, periodista, actor y artista estadounidense– dijo que “todos los artistas de hoy, están de alguna forma infectados por él”.
Y cuando habla sobre su trabajo en el mundo del cine y la televisión, dice que “estaba mezclando personas gay y heterosexuales en pantalla. Hizo y discutió temas pornográficos antes que cualquiera”.
Sin embargo, sus películas no fueron bien recibidas. Al estreno de Sleep el 17 de enero de 1964, supuestamente solo fueron nueve personas y dos se salieron en los primeros 60 minutos. La cinta dura casi seis horas y muestra a John Giorno, amigo de Warhol, dormir en diferentes planos de su cuerpo.
En Eat se ve al pintor Robert Indiana comer por 45 minutos y en Kiss a distintas parejas, tanto heterosexuales como homosexuales, besarse por 50 minutos.
La galería se adecuó para que “cada una de las tres películas sean vistas de forma individual, pero al mismo tiempo se puedan experimentar las tres”, dice Henrikson sobre la instalación.
Además, al entrar está todo cubierto con papel aluminio, como lo estaba The Factory, el estudio original de Andy Warhol en Nueva York.
Así mismo, durante la exhibición se realizarán como lecturas de poesía o performances, replicando algunas actividades que se hacían en la Factory original.
Título original: Campbell’s Soup Cans /Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos)/Técnica: Acrílico (32 piezas de 50,8 cm × 40,6 cm.) Estados Unidos, 1962
32 lienzos con cada una de las variedades y sabores de Sopa Campbell de 1962.
Warhol era un ilustrador comercial hasta los testículos de la seriedad y elitismo del expresionismo abstracto. Para él el arte era un juego, no un ente místico, y debería estar al alcance de todos, no sólo de unos cuantos eruditos.
La propia cultura supura arte. La cultura popular fabrica sus propios iconos estéticos y Andy fue de los primeros no sólo en verlos como Arte con mayúsculas, sino en fabricarlos en masa, comercializarlos, como si de un producto más de consumo se tratara.
En Europa quisieron ver esta obra como una sátira subversiva y marxista al capitalismo estadounidense (cosa que de algún modo era), pero en realidad, Warhol se inspiraba simplemente en lo que le gustaba: consumía casi a diario sopa campbell y bebía coca-colas como un poseso. Así que probablemente su inspiración vino de ver las latas y las botellas vacías acumuladas en su escritorio.
Título original: Dance diagram [2]: Fox Trot, the double twinkle man/Museo: MMK, Frankfurt (Alemania)/Técnica: Lápiz Temple (183,5 x 137,8 cm.) Estados Unidos 1962
«Nunca quise ser pintor; Quería ser bailarín de claqué». Andy Warhol
Es curioso ver bailar un fox trot a los espectadores delante de este cuadro. Quizás eso define a una buena obra de arte: que te haga bailar delante de ella.
Warhol empezaba su carrera con este tipo de obras, sus Diagram Paintings, y lo hacía aún a mano alzada, renunciando al proceso de pintura mecánica que lo haría famoso en el futuro.
Un artista inicialmente tímido y consciente de sí mismo que «robaba» el material de un libro para aprender a bailar, el Dance Guild, Fox Trot Made Easy de 1956, y con ello quizás pretendía hacer un comentario temprano sobre una sociedad cada vez más preocupada por la autopercepción, el éxito y la fama.
Un libro y una pintura de autoayuda social para aprender a desarrollarse como sujeto en una sociedad de ocio.
Adelantándose unos años al pedante de Bourriaud, y su estética relacional, en la que se da más importancia a las relaciones que se establecen entre y con los sujetos a quienes se dirige la obra que a objeto artístico en sí mismo, Warhol fomenta con su Fox Trot la uniformidad cultural a la que ve que va dirigida la sociedad occidental y que se convertiría en su principal marca de la casa.
Título original: Double Elvis/Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos)/Técnica: Grabado Tinta (210.8 x 134.6 cm.)/Estados Unidos-1963
La alta cultura es lo mismo que la baja cultura o la cultura de masas. Al menos eso es lo que promovían los artistas Pop con su discurso. ¿O acaso no es Elvis Presley un nuevo Apolo, un nuevo dios, joven, sexy, guapo, actualizado incluso para el disfrute de una sociedad de consumo? ¿No es acaso una pandilla de celebridades —muchas de ellas con poco o nulo mérito artístico— un nuevo Olimpo en nuestra sociedad en decadencia…?
Desde luego, en la actualidad influencers, youtubers, concursantes de reallity shows o cutres tertulianos de televisión, todos ellos legítimos dueños de sus respectivos 15 minutos de fama, pueden decir más de nuestra sociedad que Prometeo o Galatea, representantes clásicos de la Alta Cultura occidental.
En una obra como esta, Andy Warhol ya no muestra a un Elvis, sino a dos, duplicados con una especie de efecto estroboscópico aludiendo a una sociedad borracha de imágenes y símbolos. Dos Elvis serializados para venderlos en plural, incluso en un único lienzo.
Warhol también realizó Elvis, Triple Elvis e incluso Ocho Elvis, todas imágenes como esta, del cantante/actor/icono de masas disfrazado de cowboy en su película Flaming Star (1960), en la que por cierto, el otrora terremoto cultural de la juventud entraba ya en franca decadencia, un hecho cultural que le encantaba a un artista como Warhol.
Título original: Brillo Box (Soap Pads)/Museo: MoMA, Nueva York (Estados Unidos)/Técnica: Acrílico Tinta Escultura (43,3 x 43,2 x 36,5 cm.)/Pintura de polímero sintético y tinta serigráfica sobre madera. Estados Unidos 1964
Contribuyó a mostrar que la belleza no era consustancial al concepto de arte y que una cosa podía seguir siendo arte independientemente de que la belleza estuviera presente en ella. El concepto de arte puede requerir la presencia de algunos rasgos, entre los cuales está el de la belleza, pero también otros muchos, como la sublimidad, por citar otro rasgo muy debatido en el siglo XVIII.
Arthur Danto, El abuso de la belleza.
En 1964 Andy Warhol trajo a la escena artística las Brillo Box, donde la influencia de los ready-made es esencial. Ya La Fuente cuestionó si cualquier objeto podía ser arte y el concepto de belleza de los mismos, temas que se traen de nuevo a colación aunque esta vez el artista estadounidense parecía ir un paso más allá.
En estas cajas se representan objetos de uso diario pero son elevados a la categoría de Arte por lo que plantea, ¿cuándo un objeto cotidiano deja de serlo para ser arte?.
Además, el concepto de autoría también se encuentra en entredicho porque el logo fue realizado por James Harvey, sin embargo, esto no parece tan relevante cuando Warhol lo ha hecho algo suyo, ha tomado esa marca y la ha convertido en un elemento artístico.
El concepto de autoría y artista se difuminan hasta emborronarse.
Igualmente, el concepto mismo de la obra se ve afectado, a diferencia de Duchamp,Warhol no estaba presentando un objeto sino la imagen de uno, un logo. Tomó la imagen realizada por Harvey y la convirtió en arte, por lo que lleva a cuestionarse la realidad de la obra y qué es el mismo arte.
Esto produce que el artista ya no tenga por qué tener la presión de si algo es arte o no, porque ahora todo lo podía ser.
Esta obra no sólo muestra cómo el arte responde a la historia y pensamiento del momento sino que refleja cómo este se sumergía de nuevo en cambios, trayendo consigo alguna de las cuestiones que se plantearon en 1917, ¿el arte puede ser cualquier cosa?; ¿qué determina que un objeto sea arte o no?; ¿su categoría de Arte es otorgada por su presencia en el cubo blanco o por el nombre del artista?.
Estas cajas fueron toda una revolución artística, afirman una crisis con la figura del autor y de la propiedad, estableció las directrices de un nuevo papel en el espectador, lo real y lo que no comenzaban a ser dos elementos que se fusionan.
Al fin y al cabo, esta obra sentó las bases de lo que sería el elemento principal de la cultura posmoderna: la ficción, algo que parece ser pero que realmente no es.
Título original: Silver Clouds/Museo: Andy Warhol Museum, Pittsburgh (Estados Unidos)/Técnica: Escultura (81,3 x 121,9 x 38,1 cm.)/Poliéster metalizado con helio. Estados Unidos 1966
Jugar, soñar, relajar, elevar y flotar… Al sumergirte en Nubes de plata, la obra de Andy Warhol, te invade una sensación de añoranza e irresistiblemente vuelves a la niñez. Esta obra lleva el aroma de las tardes veraniegas de juegos, de las hojas del otoño, el humo de las chimeneas y la alegría de la primavera.
Nubes de plata lleva los aromas del aire. Palpable y dinámica. Las piezas de la obra flotan a tu alrededor y tu reflejo invita a cuestionarte. Nubes de plata está en constate movimiento igual que la esencia del ser humano. Soñadora, aventurera y libre.
Andy Warhol el dibujante, el pintor, el publicista, el serigrafísta, el fotógrafo, el cineasta, el diseñador, el músico, el escultor…
De rebelde a artista, de artista a genio, de genio a icono del art pop y de La Velvet underground neoyorquina. Este artista polifacético supo hacer de una sociedad consumista el sello de identidad de su trabajo.
Desde el colorido glamour del retrato de Marilyn Monroe o el de Liz Taylor, hasta el contraste de la cotidianidad de Campbell’s Soup Cans (Latas de sopa Campbell’s) o de las esculturas Brillo box.
Pintar fue solo una fase por la que pasé. Pero ahora estoy haciendo una escultura flotante: rectángulos plateados que exploto y flotan.
Warhol era un apasionado de la ciencia y la tecnología de vanguardia. Para la novedosa obra Nubes de plata el artista contó con la colaboración del ingeniero electrónico Billy Klüver. Cada nube con forma de almohada esta fabricada con poliéster metalizado, un material experimental de la NASA para recubrir satélites.
Su interior está hinchado de helio, gas noble ligero presente en el espacio que se utilizaba para poner en marcha y propulsar vehículos espaciales. En Nubes de plata conceptos aparentemente antagónicos se fusionaron en una danza plateada, el arte, la tecnología y la ciencia. Así el propio Andy Warhol declaró:
La plata era el futuro, era el espacio –los astronautas llevaban trajes plateados. Shepard, Grissom y Glenn habían salido al espacio vestidos así, y sus instrumentos también eran de ese color. Y la plata también representa el pasado: la pantalla plateada del cine […], las cuberterías de plata. Y quizás, por encima de todo, la plata era el narcisismo: los espejos tenían la trasera de plata.
En esta obra, el polifacético artista quiso dar un paso mas allá rompiendo con la rigidez impuesta en la disciplina de la escultura, permitiendo usar el sentido de tacto. Aquí el visitante ya no es un mero espectador: interactúa y forma parte de ella.
Nubes de plata es una obra caduca. Las nubes-globos desaparecerán lentamente a los siete días para ser, de nuevo, remplazadas… De la misma manera que el interminable ciclo de la vida orgánica.
Técnica: Grabado/Portada The Velvet Underground & Nico (1967)
En 1967 sale a la luz The Velvet Underground and Nico, el primer álbum de estudio oficial de la banda apadrinada por Warhol. El artista pop se había aburrido un poco de las artes plásticas y había decidido expandir más el arte a otras áreas de masas, entre ellas el Rock And Roll, contradictorio producto de consumo subversivo de la juventud.
Las primeras copias fabricadas del disco invitaban al propietario a «Peel slowly and see» (Pelarlo lentamente y ver). Al hacerlo, se mostraba un plátano de color carne absolutamente fálico.
Warhol creó de forma consciente un icono para la banda: Fácil de ver, escandaloso y supurando sentido del humor. Hoy este disco (obviando su innegable valor musical en el que Warhol participó como «productor») es una auténtica leyenda.
Apenas se vendieron 30.000 copias; pero de cada comprador nació un nuevo grupo musical y hoy un original se valora en cifras astronómicas, como cualquier otra obra de Warhol.
Ya en 1957 Richard Hamilton había profetizado que el nuevo arte sería: «Popular, concebido para las masas; efímero, con soluciones a corto plazo, prescindible, fácilmente olvidable; de bajo coste, producido en masa; joven, dirigido a la juventud; ingenioso; sexy; efectista; glamuroso… un gran negocio…».
Es evidente que esta portada cumple con todo ello.
Mao Tse Tung aparece pintarrajeado como una furcia en este icónico retrato del verdadero Rey del Pop, Andy Warhol./Museo: Art Institute of Chicago, Chicago (Estados Unidos)/Técnica: Acrílico Grabado Lápiz (448.3 × 346.7 cm)/1972
Un enorme soporte para mostrar únicamente su cara, como se hacía en la época en el Gigante Asiático en plena Revolución Cultural China, donde el culto a la personalidad del Gran Timonel era desmesurado.
Warhol sabía bien que en Estados Unidos, otro gigante político, económico y cultural, todo se podía vender… y qué mejor venta que la imagen de Mao, otra estrella pop, otra lata de sopa.
Después de todo, los libros de Mao eran —siguen siendo— los más leídos del mundo. A su Pequeño libro rojo sólo lo supera la Biblia, aunque hay que tener en cuenta que durante el mandato de Mao fue obligatorio tener y llevar consigo siempre una copia.
Por cierto, la imagen del líder comunista está copiada de la foto que aparece en la portada interior de este best-seller, símbolo tanto del comunismo chino como del consumo de masas.
A Warhol se le ocurrió pintar a este Mao travestido tras la visita de Nixon a China ese mismo año y decidió añadir a la serigrafía los pigmentos de forma casi caligráfica, al estilo chino. Pero por supuesto, Warhol no creó únicamente una obra.
Siguiendo su filosofía de crear arte en serie, existen hoy en día unas 28 imágenes de Mao dispersas por todo el mundo, probablemente alguna en casa de algún millonario chino. Porque China es extremadamente comunista, pero ultra-capitalista también… depende de cómo se mire.
Cocker Spaniel/Colección particular/Técnica: Grabado (127 x 101,6 cm.)1976
Materialista y sincero, Warhol habla de su mascota en “Mi Filosofía de A a B y de B a A”. Cito textualmente:
Sólo en dos casos hago una excepción en lo que respecta a mi filosofía de uso de los desechos: 1) mi perro; 2) la comida. Sé que tendría que haber ido a la perrera a buscar un perro, pero lo compré. Me enamoré a primera vista y lo compré: en este caso las emociones me han hecho abandonar mi estilo habitual.
Tanto las dimensiones de la obra como las áreas que delimitan el color, confieren al retrato una gran rotundidad. El animal, enmarcado dentro de una forma piramidal semitransparente, se muestra monumental y a su vez afable, dualidad irónica muy característica en la producción del artista.
Su Cocker Spaniel cobraría gran popularidad, de ahí que realizase múltiple encargos de retratos caninos para aparecer en las paredes de las galerías acompañando a los de sus dueños.
Recordemos que hasta esta fecha, tan sólo usaría el motivo animal en Dog Paintings de 1948, y en el libro dedicado a sus 25 gatos, que editaría en colaboración con Charles Lisamby en 1954, por lo que el retrato de su perro puede ser considerado como el primer retrato animal oficial de su producción artística.
Título original: Christmas Cards on Table/Colección particular/Técnica: Grabado (80.3 x 69.2 cm. (27,3 x 35,3 cm. cada una))/6 impresiones plateadas de gelatina cosidas, firmadas y numeradas. 1987
Evidentemente a Andy Warhol le encantaba la navidad. Consumismo, colores horteras, emociones plastificadas… y toda una sociedad hipnotizada por unas fiestas universales no solo en occidente, celebradas por judíos, taoístas, esquimales y probablemente marcianos.
¡La humanidad entera ha caído en las redes de esta fiesta de paz y amor! (cosa que en teoría suena muy bien… el problema es que sólo es un día). Así que, un observador de la sociedad de consumo como es Warhol estaba extasiado en estas fechas, perfectas para un sarcástico e incisivo análisis crítico.
¿Que más podía pedir el bueno de Andy? ¿Hay algo más pop que la navidad?
Aquí sin embargo muestra unas tarjetas en blanco y negro (muy poco cálidas), serializadas (no personalizadas), y muy impersonales, realizadas para recibir y enviar cada uno de nosotros, la masa anónima, cada vez más tonta, cada vez más uniforme. 1987 fue el año de su muerte, algo que le da a la obra un aire aún más tristón.
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