Historias de la Segunda Guerra Mundial…

Un veterano recibe una carta escrita hace 72 años por la que entonces era su novia en 1945
Historias Segunda Guerra Mundial — Rolf Christoffersen, un veterano de 96 años originario de Noruega y que en la actualidad reside en California se llevó una grata sorpresa cuando en mayo de 2017 le entregaron una carta que le había escrito Virgina, su ya fallecida esposa, el 4 de mayo de 1945.
Rolf estaba destinado en un buque llamado MS Balla que participaba en convoyes que traían suministros a Europa durante la Segunda Guerra Mundial y recalaba en varios puertos.
Fue en uno de estos donde su mujer envió la carta, a la dirección de la Steamship Company Alcoa, aunque nunca se la entregaron y fue devuelta a la dirección original.
El sobre fue guardado en la casa familiar y cayó en el olvido hasta que sus actuales propietarios, Melissa Fahy y su padre, la encontraron bajo el hueco de una escalera mientras realizaban unas obras.
A partir de ese momento, Melissa se puso a buscar por las redes sociales a su legítimo propietario y contactó con el hijo de éste, también llamado Rolf Christoffersen, a quien le hizo entrega de la misma.
Justo en el sexto aniversario del fallecimiento de Virgina, su hijo Rolf le leyó la carta a su emocionado padre, quien pudo escuchar frases como “Te amo, Rolf, tanto como amo el cálido Sol y eso es lo que tú eres en mi vida, el Sol alrededor del cual todo gira para mí”.
Guerra submarina: La escoba del USS Wahoo

Una de las imágenes más curiosas que hemos podido observar ha sido la que se tomó al submarino americano USS Wahoo (SS 238) el 7 de febrero de 1943.
Aquel día regresaba de la que había sido su tercera patrulla en la que había atacado a un convoy de buques japoneses y entraba en la base naval de Pearl Harbor con una escoba atada a su periscopio.
Cuando una nave ataba una escoba a alguno de sus mástiles, quería indicar que literalmente «habían barrido las aguas de enemigos».
Si observamos la fotografía, por ver también que se han izado diversas banderolas: Una con el lema «Disparar a las perras sunza» y ocho más pequeñas que quieren reivindicar el hundimiento de dos barcos de guerra y seis mercantes.
Os tengo que decir que no está muy claro cuál es el origen de esta tradición porque aunque hay una leyenda que asegura que en 1652, durante la batalla de Dungeness, el almirante holandés Maarten Tromp izó una escoba en el mástil de su buque para indicar que había barrido de ingleses las aguas del mar, lo cierto es que en el siglo XVII izar la escoba en el mástil indicaba que el buque estaba en venta.
Truk Lagoon se ha convertido en una cápsula del tiempo y en un paraíso para los amantes del buceo.
Los antecedentes a Truk Lagoon los hemos de buscar el 7 de diciembre de 1941, cuando Japón realiza el ataque a la base americana de Pearl Harbor, en Hawai.
Durante un tiempo, los americanos buscan un objetivo equiparable y finalmente ponen en marcha la Operación Hailstone.
Los Japoneses tienen una base en el atolón de Truk, en la Micronesia, la cual hacen servir como punto estratégico en la región.

Durante los días 17 y 18 de febrero de 1944, los americanos inflingen un duro castigo a la flota estacionada y a las instalaciones de la base.
Actualmente, los restos de aquella batalla se han conservado y Truk Lagoon se ha convertido en una cápsula del tiempo que cualquier aficionado al buceo puede visitar.
Es impresionante comprobar cómo se han conservado los restos de lo que en su día fue una flota compuesta por varios cruceros ligeros, destructores, diversos barcos mercantes y auxiliares y aviones.
En el pecio se pueden encontrar enseres de todo tipo, armas, munición, vehículos como tanques, coches y bicicletas, restos humanos, etc que contribuyen a darle un aspecto más irreal y fantasmagórico a todo el conjunto.
El depósito de municiones de Fauld

(efectos que causó la explosión)
En la localidad de Fauld, en el condado de Staffordshire (Gran Bretaña), la RAF disponía de unas instalaciones que fueron utilizadas como almacén de explosivos y munición durante la Segunda Guerra Mundial, aunque posteriormente se siguió utilizando hasta el año 1966 y luego por el Ejército Norteamericano, que lo utilizó hasta el año 1973 cuando el gobierno de Francia abandonó la estructura militar de la OTAN, momento en el que sirvió para almacenar gran cantidad de explosivos franceses.
Este complejo subterráneo, construido en lo que había sido una mina de yeso abandonada y de unos 17000 metros cuadrados, almacenaba en su interior cerca de 4000 toneladas de bombas y millones de proyectiles de fusil en el año 1944.
La explosión de Fauld
A las 11:11h de la mañana del día 27 de noviembre de 1944 se produjo una enorme deflagración. Aunque en aquel momento las causas no estaban del todo claras, la investigación posterior reveló que el accidente fue debido a la manipulación de unas bombas para desplazarlas de su almacén sin haberles sido retirado el detonador. Las consecuencias fueron desastrosas:

(Cráter producido por la explosión)
Se formó un cráter de 120m de profundidad x 400m de diámetro aproximadamente y todo lo que había en un radio de 1300m cerca del depósito fue arrasado o sufrió desperfectos.
La deflagración de oyó a 30 km. a la redonda.
En el suceso murieron 78 personas, entre personal civil, prisioneros italianos que trabajaban también en el complejo, miembros de la RAF y civiles que se encontraban en los alrededores.
Otras muchas resultaron heridas y se produjeron varios casos de intoxicación por inhalación de humos.
Una granja vecina quedó completamente destruida, perdiéndose un rebaño de 200 cabezas de vacas, y se produjo la rotura de un depósito de agua que provocó una gran inundación.
El gobierno mantuvo en secreto este desafortunado accidente hasta el año 1974. Hoy en día, un pequeño monumento con el nombre de las víctimas, nos recuerda este suceso en el lugar de la explosión.
Shangri-la: Encuentro con una civilización perdida

Shangri-la era un idílico rincón perdido en un valle de Nueva Guinea, en donde uno de los vuelos de incentivo que premiaba a personal de las bases aliadas estacionadas en el pacífico durante la Segunda Guerra Mundial tuvo un accidente y vivió una de las aventuras más extraordinarias de la contienda
El día 7 de mayo de 1945 Alemania capitulaba en Reims y la guerra ya es historia en Europa, aunque aún faltan algunos meses hasta que Japón firme su rendición.
Nueva Guinea alberga bases aliadas y las tropas acantonadas en ellas pasan sus días esperando ese ansiado desenlace.
Es en este contexto en el que se desarrolla nuestra historia de hoy. Dentro de las costumbres que existían en las bases, había una llamada “vuelos de incentivo” con la que se quería motivar a personal y tropas acantonadas en esas localizaciones.
Para ello se les premiaba con vuelos en avión para visitar lugares peculiares o para tener vistas poco comunes de los mismos.
Uno de esos lugares era conocido como Shangri-la. Un año antes, un par de pilotos americanos habían sobrevolado un recóndito valle en el que pudieron ver desde las alturas una civilización primitiva que no había tenido contacto con el ser humano. Vivían literalmente en la edad de piedra.
Lo inaccesible del lugar había preservado sin querer aquella sociedad que desde su descubrimiento todo el mundo quería ver con sus propios ojos.

(Douglas C-47 Skytrain)
El paraje había sido descubierto anteriormente por un biólogo llamado Richard Archbold que había estudiado la flora y fauna sin realizar ningún estudio antropológico de sus habitantes.
Archbold había utilizado un hidroavión PBY-2 Catalina que le permitió amerizar en ríos y lagos de la zona.
Así pues, un vuelo sobre Shangri-la era un buen incentivo para todos aquellos que esperaban ser obsequiados.
El 13 de mayo de 1945, un grupo de 19 soldados sube a bordo de un Douglas C-47 Skytrain bautizado con el nombre “The Gremlin Special” y que lleva una tripulación de 5 hombres.
El vuelo parte a las 14:15h desde Jayapura y tiene la intención de sobrevolar Shangri-la. Pasadas las 15:00h y cuando están sobre unas montañas cercanas a la entrada del valle, el C-47 sufre un accidente y de las 24 personas que viajaban a bordo, 18 mueren en el accidente y 6 sobreviven al mismo.
La sargento Laura Besley, la soldado Eleanor Hanna y el capitán Herbert Good no fallecen en el acto pero no sobreviven a las terribles heridas que sufrieron. Good muere al cabo de una hora, Hanna fallece el dia 14 y Besley el dia 15.
Los otros tres supervivientes son los protagonistas de la historia: La cabo Margaret Hastings, el sargento Kenneth Decker y el teniente John McCollom.
Al poco tiempo, McCollom decide abandonar los restos del aparato accidentado ya que piensa que quedándose en el sitio del accidente tienen pocas posibilidades de sobrevivir y parten a buscar un claro en la selva desde donde poder marcar su posición.

(Benjamín Bulatao y Camilo Ramírez junto a Margaret Hastings tras auxiliarla)
Durante unos días habían sido ayudados por los nativos que vivían en un pequeño poblado que había cerca del lugar del accidente.
Recogen todo el líquido que pueden llevar y unos dulces que encuentran entre los restos e inician su travesía en busca del lugar idóneo.
El 16 de mayo encuentran el claro y McCollom coloca un trozo de lona de color amarillo que es visto desde el aire y activa una misión de rescate para los supervivientes.
Entretanto, Hasting, Decker y McCollom tienen su primer encuentro con los nativos de Uwambo, cuyo jefe es Wimayuk Wandik “Pete”.
Aunque son caníbales, “Pete” habla con su tribu y les recuerda una antigua leyenda que vaticina que un día llegarían unos espíritus blancos que ayudarían a su pueblo, por lo que deciden ayudarles.
El 19 de mayo, el sargento Benjamín Bulatao y el cabo Camilo Ramirez, médicos, saltan en paracaídas en la zona del accidente para tratar a los supervivientes. Era importante esta ayuda porque las heridas y quemaduras amenazaban con desarrollar gangrena.
Al día siguiente, 20 de mayo, un equipo de 8 paracaidistas americano-filipinos liderado por el capitán C. Earl Walter jr. se dirige hacia el valle.
Earl Walter jr. había recibido una llamada del Coronel Lynch encargándole la misión.
Le preguntó si estaría dispuesto a llegar hasta los supervivientes y preparar una pista de aterrizaje para su evacuación, a lo que le responde con el lema de su unidad “Cueste lo que cueste”.

(Los hombres de Earl Walter frente a un C-47)
Earl Walter jr. quiere que el salto se realice desde baja altura para intentar no advertir a los nativos de su presencia, aunque nada más aterrizar y reunir a todos sus hombres sobre una loma, se dan cuenta que están rodeados por más de 200 nativos, gritándoles y amenazándoles.
El sargento del pelotón puso una nota de humor al mirar a su capitán y decirle “ Ahora sé cómo debió sentirse Custer”, arrancando una carcajada en los hombres.
Con tal de mantenerlos a raya, uno de los soldados dispara un tiro al aire y la estratagema surge efecto. Los indígenas cambian de actitud y a partir de ahí se tornan amistosos con los hombres, hasta el punto que a partir de la tercera noche, se anulan las guardias de acuerdo con los suboficiales porque Earl Walter jr. las considera innecesarias.
El 22 de mayo parte junto a cuatro hombres más en busca de los supervivientes y los dos médicos. Tras desorientarse y tener que abrirse camino por la jungla llegan hasta el grupo al cabo de cuatro días de marcha.
Los médicos informan que debido al estado de los heridos es aconsejable esperar unas tres semanas para realizar la evacuación, por lo que plantan tiendas de campaña y acondicionan la zona para la espera.
Casi a diario un avión les suministraba lo necesario para su supervivencia, comida, agua, e incluso ropa, aunque con un pequeño contratiempo: Decker y McCollom necesitaban ropa de recambio, pero toda la que llegaba era para la sargento Margaret Hasting.
Incluso llegó un cargamento con 3 docenas de sujetadores que provocaron las correspondientes burlas entre los hombres.

Margaret Hastings junto a miembros de la tribu
Tras cuatro semanas de convalecencia, el grupo de supervivientes estaba restablecido por lo que se desplazaron todos hacia el campo base.
El plan final consistiría en sacarlos en planeadores.
A esas alturas se unió un periodista al grupo, que fue lanzado en paracaídas para transmitir noticias de todo el proceso.
Alexander Cann llegó con el encargo de fotografiar y filmar el proceso.
Tras preparar la pista, el 28 de junio se deja caer un planeador Waco con el que se pretende sacar al grupo.
No existe suficiente espacio como para que un avión pueda despegar y aterrizar con garantías, y la opción del planeador parece ser la más apropiada frente a una travesía por la jungla.
¿Pero cómo va a remolcarse el planeador?.
Para ello se construyen un par de postes en los que se instala un cable del que quedará atado el planeador.
El resto es sencillo: Utilizando la técnica del Snatching, el avión realizará un vuelo rasante y enlazará con un gancho el cable sujeto al remolcador, tirando del mismo y sacando del valle a sus ocupantes.
Es una técnica arriesgada que se ha utilizado pocas veces, pero que creen puede resultar.
Así pues, el 2 de julio todo está listo para el vuelo que ha de llevar de vuelta a casa a los supervivientes y a sus rescatadores.

(Kenneth,Margaret Hastings y John McCollom poco después de su rescate)
Como el planeador tiene que elevarse rápidamente, se decide hacer varios viajes en los que sólo irán 4 o 5 personas dentro.
Los supervivientes viajan en el primer planeador, y los hombres son divididos entre el segundo y el tercer viaje.
Earl Walter jr. y sus tres suboficiales cerraron los vuelos en el tercer viaje.
Nada más regresar, Margaret se convierte en una estrella de la noche a la mañana.
Realiza numerosas entrevistas y se aprovecha su tirón mediático para organizar una campaña de venta de bonos de guerra, una revista titulada Calling All Girls publica un cómic con su historia e incluso es recibida por Eisenhower.
Sin lugar a dudas, el rescate de Shangri-la fue una de las operaciones más extraordinarias de la contienda, tanto por su naturaleza exótica como por su complejidad y resultado.
La campaña Don’t Slow Up the Ship quiso resaltar la importancia del trabajo realizado en los astilleros para ganar la guerra.

Uno de los objetivos que perseguía la propaganda americana durante la Segunda Guerra Mundial era el hacer llegar el espíritu de patriotismo a todos los rincones del país.
Se hicieron campañas destinadas a todos los sectores de la población, con el objetivo de hacer a todo el mundo partícipe del esfuerzo que suponía la guerra.
El éxito de la contienda, dependía no tan solo de los hombres que estaban luchando en los frentes, sino que también dependía del trabajo de aquellos que producían material para ellos.
Los hombres que estaban en retaguardia, tenían que tener muy claro que aunque ellos no estuvieran empuñando un fusil si que estaban colaborando con su trabajo y su esfuerzo a mantener la maquinaria de guerra, por lo que se le quería implicar para que vieran la vital importancia que tenía el trabajo que realizaban día a día.
Anteriormente hemos hablado del ejemplo de Las Rositas, o de los Bonos de Guerra. Hoy os queremos traer una campaña de carteles hechos para alentar el trabajo realizado por los trabajadores de los astilleros.
Posters como los de las series Teamwork Wins, producidos por la United States Maritime Commission, o la serie de Don’t Slow Up the Ship, basada en la frase «Don’t Give up de Ship».



Esta frase fue pronunciada por el Capitán James Lawrence, herido de muerte mientras se enfrentaba a un buque inglés en la guerra de 1812. Con ella les ordenaba a sus hombres que no entregasen su buque y con el tiempo se convirtió en todo un icono de la marina de guerra americana.
Consolidated Catalina G-PBYA
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Este modelo de hidroavión fue fabricado por la marca americana Consolidated Aircraft y utilizado durante la Segunda Guerra Mundial en tareas de patrulla, de intercepción de submarinos, de transporte y también en misiones de búsqueda y de rescate (el rescate más famoso fue el del USS Indianapolis).
Los aparatos fabricados bajo licencia en Canadá pasaron a adoptar la denominación Canso, como el G-PBYA, que fue construido por Canadian Vickers en Cartierville, Quebec y al que se le asignó el código CV-283 antes de adoptar el número de serie 11005 en la RCAF (Royal Canadian Air Force).
Entró en servicio en el 9 Escuadrón de Reconocimento de bombarderos con base en Bella Bella (Columbia Británica), entre Vancouver y Prince Rupert.
Allí estuvieron patrullando hasta mediados de 1944 en previsión de ataques por parte de submarinos japoneses.
Cuando esta amenaza disminuyó fue transferido a Alliford Bay, en las islas Queen Charlotte, y continuó realizando patrullas hasta Julio de 1945 cuando finalizó la contienda y fue almacenado en Moose Jaw, hasta ser reconvertido en carguero en 1948.
A partir de ese momento ha tenido diferentes servicios como transportista o como hidroavión utilizado en la lucha contra incendios, hasta llegar al año 2005 en que es repintado y utilizado en exhibiciones aéreas por la The Catalina Society.
Una radio en la dentadura postiza

(miembro de la resistencia noruega)
Los soldados aliados que habían sido capturados y recluidos en campos de prisioneros alemanes demostraban tener una imaginación fuera de lo común para esconder todo tipo de objetos a la vista de sus guardianes.
En alguna ocasión os hemos comentado cómo lo hacían los prisioneros del famoso Castillo de Colditz para ocultar dinero, herramientas, trajes, armas, e incluso un planeador en el que iban a realizar un intento de fuga, pero la historia que os traemos hoy se llevaría la medalla de oro en unas hipotéticas olimpiadas.
Un soldado noruego llamado Arthur Bergfjord que se hallaba preso en un campo de prisioneros alemán cerca de Breslau construyó una radio dentro de la dentadura postiza de un compañero.
Para ello utilizó sus conocimientos de técnico dental, modificando la prótesis para dar cabida a un pequeño receptor.
En el momento que se quería utilizar, el prisionero sacaba la dentadura y le acoplaba una pequeña pila y unos auriculares que alguien había entrado en el campo.
Tal y como relató el propio Bergfjord con posterioridad la radio funcionaba perfectamente y “Podíamos oír fuerte y claro el servicio de programas europeos de la BBC”.
Nick Alkemade

¿Cómo se puede sobrevivir a una caída desde 6000 m. de altitud y salir tan sólo con una luxación en la rodilla y algunas quemaduras?.
Según las palabras del incrédulo Comandante del campo de prisioneros alemán a donde fue llevado como prisionero el sargento Nick Alkemade fue un milagro.
Y la verdad es que lo fue, sin lugar a dudas.
Nick Alkemade nace en 1923, en la localidad inglesa de North Walsham, en el condado de Norfolk.
Cuando tiene la edad de 18 años se alista en el ejército siendo destinado a la Unidad de Salvamento Marítimo. Pasado un tiempo solicita el traslado y es asignado al 115 Escuadrón de Bombarderos de la RAF.
En el mes de marzo de 1944 los aliados están incrementando los bombardeos sobre territorio alemán para hostigar la maquinaria de guerra nazi y minar la moral de sus ciudadanos.
Aunque los dirigentes nazis intentaban dar sensación de superioridad y de tener la guerra bajo control, el pueblo veía como Göring incumplía la promesa que efectuó en su día al afirmar que ningún bombardero aliado pasaría la frontera del Ruhr.
Han pasado tres años y Nick ya es un joven sargento de 21 años integrado en la tripulación de un bombardero británico Avro Lancaster IIS (matrícula DS664 – código identificador A4-K) con el que participa en incursiones nocturnas.
En la noche del día 23 al 24 de marzo su avión forma parte de un grupo de 300 aparatos cuya misión es bombardear Berlín.

(Torreta de artillero de cola en un Avro Lancaster)
Sus compañeros son el piloto James Arthur Newman, el ingeniero de vuelo Edgar John Warren, el navegante John P Cleary, el operador de radio Geof Burwell, el artillero Joseph McDonough, el auxiliar Charles Alfred Hilder y él mismo en el puesto de artillero de cola.
Parten a las 18:48h desde Witchford y la misión se desarrolla con una relativa normalidad: Cuando alcanzan la capital alemana lanzan bombas incendiarias y una convencional de 1800kg, emprendiendo acto seguido la vuelta hacia su base.
Al sobrevolar la localidad de Oberkirchen, a 5 km de Schmallenberg, son interceptados por un grupo de aparatos de la Luftwaffe.
Se inicia el combate en el que a Nick le espera un papel bastante importante: como artillero de cola ha de hacer frente a los Junkers que les están disparando.
El diminuto cubículo en donde se encuentra alojado su puesto está hecho de un material plástico que salta en pedazos al ser alcanzado por las ráfagas de un Junkers Ju-88 que los tiene en su punto de mira, lo que le provoca heridas en la pierna.
Nick le apunta con sus 4 ametralladoras y logra tocarlo, provocando que el aparato alemán se aleje con el motor izquierdo en llamas.
El Lancaster está seriamente tocado y se declara un gran incendio a bordo, por lo que el piloto da la orden de saltar al ver que no puede hacerse con el control del aparato.
Nick sale del compartimento donde se encuentra para coger su paracaídas (siempre lo dejaba fuera del mismo para poder tener un poco más de espacio) y al abrir la puerta ve horrorizado como las llamas están quemándolo.

(Recreación del salto de Nick Alkemade)
Sus compañeros ya están empezando a saltar y él ha de tomar una decisión: O se queda dentro del Lancaster y muere carbonizado o salta sin paracaídas hacia una muerte segura. Nick gira la cabina de artillero hasta una posición desde la que puede abrir la puerta y salta con la esperanza de tener una muerte rápida.
Según decía salté boca arriba, mirando las estrellas y tenía la sensación de estar recostado en un colchón.
Mientras va cayendo, su pensamiento va hacia su novia Pearl a la que tenía que ver en breve durante un permiso.
Lo siguiente que recuerda es tener mucho frío y dolores fuertes en cabeza y espalda, aunque comprueba que puede mover las piernas.
Son las 3:20h de la madrugada y el salto sucedió a medianoche, por lo que deduce que ha estado todo ese tiempo inconsciente.
A medida que va saliendo de su estado de shock se va dando cuenta de lo que ha pasado: El cambio de presión le hizo perder el conocimiento y ha tenido la inmensa suerte de caer sobre unos árboles para finalmente aterrizar sobre una gruesa capa de nieve.
Enciende un cigarrillo y decide utilizar el silbato que lleva en el cuello para llamar la atención y ser rescatado antes de quedarse congelado: No puede moverse y parte de su ropa está quemada.
Al cabo de un rato aparece un grupo de civiles que ha escuchado los pitidos, lo cargan en una lona ya que no puede caminar y lo llevan hasta un poblado cercano, en donde le hacen un ponche caliente mientras esperan que lleguen los soldados alemanes a los que ya han avisado.
Llegan dos hombres vestidos de civil (Gestapo) que lo entran en un coche y lo llevan hasta el hospital donde es tratado de sus lesiones (luxación en rodilla derecha, quemaduras, varias contusiones..).
Los médicos que lo atienden no dan crédito a sus explicaciones y cuando se restablece es llevado al campo de prisioneros Dulag Luft en donde prosiguen los interrogatorios.

(Campo de prisioneros Dulag Luft I)
Creen que Nick es un espía porque no han encontrado su paracaídas aunque él sigue insistiendo en su historia : “Salté sin paracaídas” y la historia llega finalmente hasta el Comandante del campo, quien le interroga personalmente y tras oír su versión de los hechos le ordena al Teniente Hans Feidal que salga a buscar los restos del aparato para comprobar la veracidad del relato.
Los restos del Lancaster son encontrados: Junto a los cuerpos de Edgar John Warren, Joseph McDonough y Charles Alfred Hilder se encuentran los restos calcinados del paracaídas de Nick en la posición que él había indicado.
Rendidos a la evidencia, el Comandante del campo avaló la historia de Nick y tanto los alemanes como sus compañeros de cautiverio pasaron a considerarlo como un héroe.
Los alemanes entregaron una Biblia en la que había una nota certificando su historia:
“Dalag Luft. Las autoridades alemanas han investigado y comprobado que las declaraciones del sargento Alkemade, 1.431.537 de la RAF, son ciertas en todos sus aspectos, o sea, que realizó un descenso de 6 000 metros sin paracaídas y aterrizó sin sufrir heridas; su paracaídas había ardido dentro del avión. Aterrizó en la nieve, entre unos abetos. Corroboración atestiguada por: teniente de Aviación H.J. Moore, oficial superior británico; sargento de Aviación R.R. Lamb, 1.339.582; sargento de Aviación T.A. Jones, 411 suboficial superior británico. Fecha: 25 de abril de 1944″.
Al finalizar la guerra Nick regresó a casa, y la buena suerte que le hizo sobrevivir seguía a su lado.
Tuvo varios accidentes de los que salió ileso: Le cayó encima una viga de acero que le provocó un pequeño golpe en la cabeza (fueron necesarios 8 hombres para sacársela de encima), una descarga eléctrica lo lanzó dentro de una piscina de cloro de donde fue rescatado una hora más tarde, y en otra ocasión le cayó ácido sulfúrico encima provocándole tan solo leves quemaduras.
Su buena estrella se apagó el día 22 de junio de 1987 cuando falleció debido a causas naturales.
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