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La vida tras el porno: Simon Rex – Mia Khalifa…


(Simon Rex, protagonista de ‘Red Rocket’, presentando la película en el Festival de Cannes celebrado en julio de 2021.)

Icon(J.Alonso)/rcnradio.com(V.Peralta)/lafm.com(C.Serrano)  —  Es posible que el actor Simon Rex (San Francisco, 47 años) sea la última persona en la historia de Hollywood que creyó que podía rodar cuatro películas porno, encontrar después la fama y vivir en un mundo en el que aquello no saliese a la luz.

Ocurrió en 1993, cuando él tenía 19 años, limpiaba mesas y, desesperado por mantenerse a flote, respondió a un anuncio en un periódico de Los Ángeles en el que se buscaban modelos para posar desnudos.

Aquello se tradujo en cuatro cintas con títulos no precisamente crípticos (Joven, duro y solo, por ejemplo, o Sesiones calientes I, II y III) que pocos años después, cuando Rex se convirtió en una celebridad en Estados Unidos, fueron reeditadas y vieron la luz gracias a internet.

Rex se convirtió así en el epítome de la estrella con pasado oculto que nace en los albores de una nueva era que le pilla por sorpresa: una en la que ya nada que haya sido grabado, escrito o dicho puede olvidarse.

Y si ahora Rex está hablando de nuevo de ese tema que eludió durante años es porque, como si fuese un exorcismo, da vida a un actor porno en Red Rocket, la nueva película de Sean Baker, que en Tangerine (2015) o The Florida Project (2017) retrató los sueños y esperanzas del lumpen que sobrevive tras los neones de Las Vegas o Disneylandia.

Red Rocket ha hecho que Rex, que en la cumbre de su fama fue una cara bonita, en su declive un chiste y durante los últimos años un paria, se lleve algunas de las mejores críticas del año, el premio a mejor actor en los Independent Spirit Awards y, de paso, se reconcilie con la parte más turbia de su pasado.

Tres casualidades seguidas

La biografía de Simon Rex (exceptuando lo del porno) se parece a la de muchos otros jóvenes fotogénicos que están en el lugar apropiado en el momento correcto. Acompañando a su novia de juventud a un casting de modelos, el director de una agencia se fijó en él.

El diálogo es tan habitual que parece un cliché: “¿Quién es él?”. “No es modelo, solo me está acompañando”. La siguiente escena, otro cliché: Simon Rex vuela hacia Milán.

En 1995 posaba en campañas de marcas como Tommy Hilfiger y coincidía en desfiles y fiestas con Mark Ronson, entonces también modelo.

Ese mismo año la cadena MTV reclamó a Markus Schenkenberg, uno de los maniquíes más famosos de los noventa, para hacerle una prueba como presentador, pero como este no podía acudir, su agencia mandó a Rex en su lugar.

Durante dos años, Rex se convirtió en esa popular figura que introduce vídeos musicales (cuando se emitían por televisión) y entrevista a artistas, a menudo sin camiseta, para poder mostrar un físico privilegiado ganado un poco en el gimnasio, un poco gracias a los genes .

(Simon Rex posa para la prensa durante los MTV Movie Awards de 1996, cuando era una estrella de la cadena.)

Rex estaba acostumbrado a la vida errática: nacido en San Francisco de unos padres jipis (ella activista medioambiental, él fotógrafo), se diría que solo se dejó llevar por el suave mecer de las oportunidades desde el restaurante en el que limpiaba mesas a las fiestas de MTV.

Confirmado su brillo como presentador en la cadena musical que definió la estética y el sentir juvenil de los años noventa, la interpretación llamó muy pronto a su puerta.

Según reveló en una entrevista a The New York Magazine, Gus Van Sant fue uno de los espectadores que se enamoraron de esa mezcla de cuerpo de dios griego y carácter de niñato a través de la pantalla y lo llamó para una prueba para un papel secundario en El indomable Will Hunting (1997).

Fue un desastre, pero intuyendo algo de potencial en aquel chico, Van Sant le recomendó ir a clases de interpretación antes de seguir buscando.

La revelación de aquellos vídeos de juventud lo sorprendió en esta época. La productora dueña de las películas originales encontró un filón al tener a una estrella inesperada en su cantera y en un momento en el que ya empezaba a ser popular el intercambio de archivos en la Red —especialmente los de contenido pornográfico, tras la filtración de la cinta sexual de Pamela Anderson y Tommy Lee―.

Escenas sueltas en las que se podía ver a Simon Rex masturbándose mientras de fondo sonaba música de ascensor se hicieron muy populares en internet.

¿Las consecuencias? Podría haber sido peor. Según Rex declaró en una entrevista en el audio Allegedly, Disney canceló un proyecto en el que estaba trabajando con la joven estrella.

Pero la televisión le dio la oportunidad de ejercer como secundario en series de éxito como Jack & Jill (un remedo de Friends que en España emitió Canal +) o Felicity (Telecinco). Aunque aquellas cintas estuviesen orientadas a un público gay, no había ningún contacto de Rex con otro hombre.

En la conversación con Allegedly, el actor confiesa que en MTV, tras salir a la luz las cintas, le preguntaron: “¿Tienes en ellas sexo con otras personas?”. Si Rex hubiese aparecido teniendo relaciones con otros chicos, probablemente su carrera hubiese terminado ahí.

Entre Hollywood y el valle de San Fernando

La mística del porno ha seducido a Hollywood desde sus inicios, desde que en los despachos se susurraba que alguien había visto a Joan Crawford o Marilyn Monroe en supuestas películas pirata de contenido explícito (las entonces llamadas stag films) antes de ser famosas.

 Greta Garbo hizo ese camino al revés: la última película en la que apareció fue una cinta porno gay llamada Adam & Yves, de 1974, pero ella no lo sabía (fue grabada paseando por la calle en una escena de flashback que, obviamente, no tiene nada de pornografía).

Poco después de ese año se estrenaba Rocky (1976), la película que convirtió en estrella a Sylvester Stallone y que despertó interés por un producto de bajo presupuesto y carácter pornográfico que había rodado seis años antes, Party at Kitty and Stud’s.

En 2022 está triunfando Pam & Tommy, la serie sobre la mencionada cinta de la estrella televisiva y el rockero, distribuida a nivel internacional por Disney. Y cuando el influjo del porno ha llegado a Disney, es señal de que el porno ya ha permeado en todas partes.

(Simon Rex en el año 2007 haciendo lo que mejor hacía por aquel entonces: estar de fiesta.)

“Esta serie refleja esa fascinación masiva ante el robado de imágenes de contenido sexual generadas en la intimidad, frente a la apatía que puede llegar a suscitar la imagen sexual creada expresamente para ser consumida”, opinan Elisa McCausland y Diego Salgado.

Ambos son críticos de cine, ella especializada en cultura popular, él uno de los autores del tratado Porno: ven y mira. “Ver a personas célebres por una codificación consensuada y aceptada de su imagen a nivel público envueltos en una situación de estricta intimidad les hermana de inmediato con la nuestra”.

¿Y que hay del éxito enorme que siguen teniendo las escenas de Simon Rex, de calidad borrosa y contenido monótono, cuando existen cientos de millones de escenas de mejor calidad y piruetas más explícitas? “

Achacamos mayor grado de realidad a una imagen deficiente en comparación al simulacro que asociamos con la imagen demasiado perfecta. Cuando consumimos vídeos filmados industrialmente, lo que buscamos en ellos casi con desesperación para culminar un orgasmo son los instantes de verdad; un estremecimiento, una sonrisa, una lágrima”.

Esto lo confirma un momento clave de aquellos vídeos de Rex, que recoge Michael Ferguson en el libro Idol Worship: A Shameless Celebration of Male Beauty in the Movies (Veneración del ídolo: una celebración desvergonzada de la belleza masculina en las películas) y es tan profético que hoy parece parte de un guion: después de que Rex termine una de sus escenas, y aparentemente desconocedor de que la cámara aún graba, dice a alguien del equipo: “Odio hacer esto, pero hay que pagar las facturas, así que me la puedo sacudir a cambio de dinero.

No me importa. Mientras nadie me toque, no importa. ¡Espero que esto no vuelva a atormentarme cuando sea famoso!”.

“Hagamos una peliculita”

El papel de Simon Rex en Red Rocket es uno de los regresos triunfales más inesperados de los últimos años en Hollywood. Nadie se acordaba de él y, si lo hacía, no era con buen sabor de boca: en el siglo XXI Rex se había convertido en rapero, en protagonista de anuncios infames que solo aceptaba por dinero y en un personaje de la crónica rosa más famoso por alternar con Paris Hilton que por sus películas.

Tuvo éxito con un par de entregas de la saga Scary Movie, pero cuando se estrenó la quinta parte, él ya ni aparecía en el póster.

Cuando subió a recoger el premio a mejor actor en la gala de los Independent Spirit Awards, que premian a lo mejor del cine independiente, lo primero que exclamó fue: “¿Pero qué coño?”.

Y después le dedicó estas palabras al director Sean Baker: “Me diste una oportunidad cuando ni siquiera me devolvían las llamadas para hacer anuncios de seguros”. “Mi carrera estaba en el retrete”, continuó.

“Me había ido a vivir a Joshua Tree [zona desértica al sur de California] y pensé que todo había terminado hasta que me llamó Sean y me dijo: ‘Tú no vas a ganar dinero con esto y yo tampoco, pero hagamos una película pequeñita”.

(Mark Wahlberg en ‘Boogie Nights’.)

Las películas sobre estrellas porno han servido para dar una nueva oportunidad a actores que la industria nunca se había tomado demasiado en serio.

El caso de Simon Rex recuerda al de Mark Wahlberg en Boogie Nights (1997), la cinta con la que Paul Thomas Anderson se hizo conocido y dio al actor las mejores críticas de su carrera.

Tras una serie de tropiezos y fracasos, Val Kilmer también recogió buenas críticas por dar vida al pornstar John Holmes (famoso por tener un pene tan grande que acabó arruinándole la vida) en Wonderland (2003).

Todos ellos eran papeles complicados, a veces con exigencias que harían a otros actores darse media vuelta (tanto en Boogie Nights como en Red Rocket se ve con detalle el miembro de sus protagonistas, en ambos casos una prótesis) pero que son ideales para alguien que, como Rex, Wahlberg o Kilmer, no tenían nada que perder.

La lectura es obvia: una interpretación desesperada de un papel desesperado nos regala, como espectadores, una sensación inmediata de verdad.

Comparar Red Rocket Boogie Nights también sirve para medir el modo en que el porno ha invadido todos los aspectos de la cultura y de nuestra intimidad.

En una de las mejores secuencias de Boogie Nights, en el primer polvo entre el personaje de Mark Wahlberg y el que interpreta Julianne Moore, hay tanta química entre ellos que olvidan que están en un plató y ella le invita a hacerle el amor y olvidar las piruetas.

En Red Rocket ocurre al contrario: el personaje de Simon Rex solo sabe follar como lo haría su alter ego, convirtiendo la intimidad en un coito coreografiado y dialogado como el de un plató. Alberto Mira, estudioso del cine y profesor en la Oxford Brookes University (que incluyó Red Rocket en su lista de mejores películas vistas en 2021), encuentra curioso que el filme lo protagonice precisamente un actor que vivió y sufrió la transformación del antiguo porno al moderno. “En la película, él ya es una reliquia del pasado.

Las historias sobre porno se han quedado anticuadas porque las dinámicas que planteaban (la trama, la puesta en escena, las tipologías) han quedado desfasadas. Pero la cultura pornográfica en general sigue y está en todas partes.

De una manera abstracta, todo, especialmente las redes sociales, funcionan como la pornografía. Así que la pregunta que nos hagamos debería ser: ¿sigue el porno siendo porno cuando ya está en todas partes?”.

“Existen películas sobre el paradigma actual de la industria del porno tan celebradas como Pleasure (2021), de la directora sueca Ninja Thyberg”, señalan McCausland y Salgado, “no precisamente románticas en su descripción del ambiente del porno, especialmente de las actrices.

Como tampoco lo es Red Rocket: los comentarios sobre la industria que hace el protagonista hablan de un mundo en crisis. Si Boogie Nights podía permitirse ser romántica es porque, nos guste o no, el cine pornográfico fue sinónimo en los setenta de emancipación y libertad.

En la actualidad, la industria ya no puede vestirse de esos valores”. Red Rocket, en realidad, no habla de valores. Su protagonista es tan amoral como encantador y el espectador se siente incómodo encontrando tanto brillo en él. Durante la película, por cierto, Donald Trump se presenta a las elecciones. Pornografía y democracia.

–  Mia Khalifa y la historia detrás de la mujer más vista del mundo

Mia Khalifa nació el 10 de febrero de 1993 en Beirut de padres cristianos orientales.​ Su familia es católica y se crio en un ambiente religioso, que ella describe como «muy conservador»,​ aunque no desea practicar esta religión.

De pequeña sus padres la inscribieron en una escuela privada de francés en Beirut, donde también aprendió a hablar inglés.

En enero de 2001, su familia se mudó al condado de Montgomery en los Estados Unidos, para escapar del conflicto que luego se desarrolló en el sur del Líbano.

​ Cuando llega a la escuela secundaria, se une a un equipo femenino de lacrosse. Luego fue víctima de acoso, en un clima hostil hacia los inmigrantes del Cercano y Medio Oriente luego de los ataques del 11 de septiembre de 2001.​

Mia Khalifa luego toma cursos en la Academia Militar Massanutten y posteriormente se muda a Texas para continuar sus estudios. Obtuvo una licenciatura en historia en la Universidad de Texas en El Paso.

El nombre de Mia Khalifa es famoso a nivel mundial, gracias a un corto paso por la industria porno, sin embargo, pocos conocen su historia y el por qué aún carga con el peso de ser famosa, pese a todos los intentos de que sus videos para adultos sean eliminados de internet.

Con 27 años, la mujer oriunda de Beirut (Líbano) es una figura púbica que cuenta con más de 21 millones de seguidores en su cuenta oficial de Instagram, pero su reconocimiento mundial llegó cuando apenas tenía 21 años y por accidente.

Durante su relato la exactriz de videos para adultos reveló que durante buena parte de su vida luchó contra el sobrepeso y esta situación hizo que en muchos momentos se sintiera como una mujer fea o que no merecía la atención de los hombres.

Pero las cosas cambiaron cuando entró a la universidad, durante su primer año ella comenzó a perder peso, lo cual desató varios cambios en su cuerpo. Cuando se graduó en historia de la universidad de Texas había perdido más de 22 kilos y sus senos también se habían encogido, lo cual hizo que se sintiera poco atractiva.

Por este motivo Mia Khalifa se mandó a operar los senos para así recuperar un atributo que la hiciera más llamativa ante los hombres.

Casi de inmediato la joven comenzó a recibir la atención que quería y al no estar acostumbrada a ello, sintió que debía hacer todo lo posible para seguir un trato especial por parte del sexo opuesto.

«Después de sentir cómo era esa validación y los cumplidos, no quería que eso acabara«, relató Khalifa en su entrevista para la BBC.

​La joven recibía una atención a la que nunca había estado acostumbrada, pero confesó que su camino en la industria pornográfica no comenzó con alguien guapo que la convenció de grabar videos. Alguien le dijo que “era muy bella” y que si quería modelar, aunque nunca mencionaron las escenas para adultos.

Gracias a esos elogios la joven terminó en un estudio en Miami, que a primera vista parecía un sitio respetable, lleno de fotos familiares, donde todo el mundo era muy amable.

«La primera vez que entré no fue la primera vez que filmé una película porno. Fue la segunda vez. En la primera fue más de firmar el papeleo, etcétera», comentó Khalifa.

Mía también habló de los ‘lagunas mentales’ que ella sufrió cuando grababa escenas sexuales, pues en muchos casos no lograba recordar con claridad todo lo que hizo en el set.

Khalifa explicó que esta situación ocurría porque su adrenalina se disparaba, pues ella era consiente de que estaba haciendo algo que superaba todos sus límites.

Su primera escena de cine para adultos aún es una de las más vistas en la actualidad, Mia aceptó la invitación de los productores de Bang Bros y según el Washington Post, «el equipo de filmación se reunió en el Airbnb para filmar la escena con Khalifa en un hijab en la cabeza». 

Con más de un millón y medio de visitas en los pocos meses que llevaba como actriz, a sus 22 años, Mia Khalifa se convirtió en la actriz porno más buscada del sitio web Pornhub.​ El 28 de diciembre de 2014, dicho sitio la posicionó en el n.º 1 de su ranking,​ reemplazando a la veterana estrella Lisa Ann.

El momento la llevó a la fama, pero también le trajo una serie de amenazas de simpatizantes del Estado Islámico y el rechazo de su propia familia.

Su rápido ascenso a la fama fue seguida tanto por elogios, como el dúo Timeflies que le dedicó un rap que Khalifa agradeció con un baile de twerking, como por críticas y amenazas de muerte, muchas de ellas procedentes de Medio Oriente, que incluían fotografías manipuladas en las que Khalifa era ejecutada por el Estado Islámico y con mensajes de que iría al infierno, así como de su propio país, en el que algunos periódicos escribieron artículos respecto a su ocupación profesional.

​ Parte de la polémica se debió a algunas escenas pornográficas en las que Mia Khalifa, que actuaba junto a Sean Lawless y Julianna Vega,​ llevaba un velo hiyab, que ella justificó con que eran satíricas y que debían tomarse como tal, pues afirmaba que las películas de Hollywood representaban a los musulmanes mucho peor que en el género pornográfico.

 Entre los que salieron en su defensa estaban el humorista estadounidense, de ascendencia libanesa, Nemr Abou Nassar o el escritor británico-libanés Nasri Atallah, quien declaró que «es libre para hacer lo que le plazca con su cuerpo».

Solo trabajó durante tres meses en la industria pornográfica, en los que grabó, según sus cuentas, once videos para adultos por los que recibió solo 12.000 dólares y nunca un peso más, aunque en la actualidad sus videos que se siguen reproduciendo.

Lo que comenzó como una travesura, con la que se sentía sexy “por primera vez en la vida” se convirtió en un fenómeno imparable se le salió de las manos.

«Creo que una parte de eso también fue rebeldía y querer hacer algo tan fuera de los límites y tan fuera de lugar que me sorprendió incluso a mí misma», confesó la exactriz porno.

Sin embargo, para esa época ella imaginó que nadie descubriría que estaba grabando videos pornográficos.

Pese a que tenía claro que estaba haciendo algo que afectaría a su familia, ella creyó que estaba bien hacer porno porque imaginó que nadie la descubriría.

La joven aseguró que miles de mujeres se graban teniendo sexo y nunca se conoce su identidad. «Nadie sabe quiénes son y nadie las reconoce, quería hacerlo como mi pequeño y sucio secreto, pero me explotó en la cara», relató Khalifa.

Cuando se conoció el valor pagado a Mia Kalifa por los once videos pornográficos, las críticas sobre una la industria del porno, una de las más fructíferas del mundo, no se hicieron esperar. No importa cuántas vistas obtenga cada video o cuántas veces se revendan sus contenidos, la compañía es la única que continúa beneficiándose de sus escenas, los actores no obtienen regalías. 

Según datos del sitio Pornhub, entre el 3 y el 6 de enero de 2015 las búsquedas de Mia Khalifa se quintuplicaron. Alrededor de una cuarta parte de las mismas procedían del Líbano, así como de países vecinos como Siria y Jordania.

​ Por la controversia surgida con el hiyab, Khalifa fue clasificada en el puesto 5.º de «Las 10 estrellas más famosas del mundo porno» realizada por la revista británica Loaded.

También Almaza, una marca de cerveza libanesa, publicó un anuncio de sus productos en el que mostraba una botella de cerveza junto a unas gafas y una firma de Mia con el lema «ambos somos clasificados para mayores de 18».

Algunas de sus películas fueron su debut en Mia Khalifa,​ Big Tit Cream Pie 31, Put It Between My Tits,​ Temporary Dates 2​ o Tony Rubino’s Let’s Make a Sex Tape.

Ese mismo año decidió retirarse tras tres meses en lo más alto de la industria, rodando un total de 37 películas.

 En una entrevista concedida al diario The Washington Post en julio de 2016, expresó que su salida se debía principalmente a una profunda desilusión con la industria, ella literalmente alegó: «Supongo que fue mi fase rebelde. No fue realmente para mí. Maduré un poco y traté de distanciarme de eso».

​ No obstante, en el 2016 continuó trabajando solo como camgirl.

En octubre de 2017 regresó puntualmente a la industria pornográfica rodando una escena junto a Tony Rubino para la web Bang Bros, Mia Khalifa is Back and Hotter Than Ever.

Tras abandonar la industria del cine para adultos desde inicios del 2015, Khalifa trabajó en Miami como asistente legal y contable, dedicándose a su faceta como personalidad de Internet y comentarista deportiva, publicando vídeos en un canal de YouTube y en Twitch. Junto a Gilbert Arenas organizó Out of Bounds, un programa deportivo diario en el canal de YouTube de Complex News, entre octubre de 2017 y febrero de 2018.

Posteriormente, Khalifa fue publicitada en julio de 2018 como comentarista del programa Sportsball, podcast centrado en deportes y videojuegos, producido por Rooster Teeth Productions, presentado por Tyler Coe, una expersonalidad de radio de ESPN. Su participación fue del 16 de julio al 30 de octubre de 2018, participando en quince episodios.

En un intento de distanciarse de su carrera como estrella porno pero manteniendo el nombre, el lema de Khalifa en las redes sociales es «respetar el cambio de marca». Ella ha ganado una gran simpatía de la comunidad de TikTok, iniciando una petición para que BangBros elimine las escenas por las que le pagaron.

Khalifa afirma que la compañía usa las escenas para engañar a los consumidores haciéndoles creer que ha vuelto al porno. 

Aunque ahora Khalifa se dedica a sus redes sociales y a ser comentarista de deportes, aún se siente perseguida por su pasado, por lo que a través de TikTok adelanta una petición titulada «Justicia para Mia Khalifa», que ya obtuvo más de 1,6 millones de firmas, con el fin de que sus videos sean borrados de internet.

«Se siente como estar atrapada en arenas movedizas», dijo. «Todavía hay millones de personas que piensan que no he hecho nada más que pornografía durante los últimos cinco años».

La petición también solicita que se devuelvan los nombres de dominio de Khalifa y que además de ser eliminados sus videos, «se discutan de manera justa en el tribunal sin poner a Mia Khalifa en una profunda ruina financiera».

En un video viral, Khalifa escribió: «Ese ataque disociativo por hora, de recordar la única impresión de cientos de millones de personas sobre ti, se basa únicamente en los tres meses más bajos, más tóxicos, más inusuales de tu vida cuando tenías 21».

«Lo único que quiero es que la gente deje de verme desnuda», dijo.

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