Historias de elementos del hogar y utensilios…

– Historia de la cocina
En todos los hogares hay una cocina y este electrodoméstico tiene una larga historia. Es imprescindible, para poder hacer rica comida. Actualmente, con apretar un botón es suficiente para poder cocinar, pero no siempre ha sido así.
La casa y la civilización misma nacieron en torno a la cocina. En el Neolítico la cocina se reducía a un agujero practicado en el suelo donde se encendía el fuego.
A su alrededor se alineaban los escasos utensilios: espetones, asadores de madera dura, varillas de caña para asar pescado, cuencos de piedra, morteros y almireces, cuchillos de piedra o sílex y escudillas de madera.

Conchas de mar o de río utilizadas como rudimentarias cucharas. La vasija de barro empezó a elaborarse hacia el 7000 a.c.
Los arqueólogos han desenterrado en la Turquía asiática, península de Anatolia, una cocina del Neolítico en la que entre sus piezas de cerámica se encuentran cuencos desmontables, recipientes para el agua, tazas, copas, platos, fuentes e incluso un curioso calentador de comidas a modo de infiernillo o cocinilla.
Historia de la cocina en la antigua Roma y Grecia
Grecia y Roma aplicaron al mundo de la cocina nuevos materiales como el cobre o el hierro. Aportaron la botella de vidrio, las jarras de madera y las copas de asta de toro, amén de la riquísima cerámica decorada.

Los griegos incorporaron además el invento del asador y desarrollaron la industria de los utensilios de cocina.
El habitáculo destinado a la cocina en el hogar se amplió, convirtiéndose en un espacio grande que dio origen al salón, y hasta el siglo VIII, fue centro de la vida familiar.
Historia de la cocina en la Edad Media
El asador giratorio fue aportación medieval, o al menos experimentó un enorme auge en aquella edad.
No abandonó su protagonismo hasta tiempos recientes, ya que hasta hace doscientos años a nadie se le hubiera ocurrido asar la carne en el horno.

Consistía en un una rueda de madera dispuesta en forma de noria a la que se daba vueltas para que la pieza al fuego se asase de manera uniforme.
Cuando no era posible atender el artefacto se introducía un perro en el interior de la rueda y éste, en su deseo de salir, daba vueltas al artilugio.
Historia de la cocina en la Época contemporánea
Momento importante en la historia de la cocina fue la introducción, en Inglaterra, de la entonces llamada cocina económica o cámara de ladrillo con orificios superficiales sobre los que descansaba la olla, calentada por el fuego.
En 1630, el inglés John Sibthrope, patentó una versión de la cocina económica que él hizo de metal y que funcionaba con carbón en vez de leña. La idea de un fuego cautivo, como lo llamaron los poetas, no gustó.

Más tarde el norteamericano de origen alemán Benjamin Thompson, que se hacía llamar Conde Von Rundford, ideó un sistema. Este más pequeño y manejable para calentar comidas: el hervidor de vapor. Aunque no consiguió su sueño de convertir el vapor en un medio generalizado de fuente de calor para la cocina.
Quien sí lo conseguiría fue el forjador y herrero George Bodley, que patentó una cocina de hierro forjado provista con chimenea de escape, prototipo para la cocina del siglo XX.
Evolución de la cocina
Paso importante en el avance y perfeccionamiento de la cocina lo dio en el estado norteamericano de Ohio el clérigo P. P. Stewart, cuando en 1834, patentó una “torre de cocinas independientes”, fabricada en hierro, con varias repisas y horno que funcionaba con leña.

Pero tampoco esta cocina parecía terminar con los problemas del ama de casa corriente: era necesario un sistema menos complicado, más limpio, más barato y que no ocupase tanto espacio.
Un alemán dio con la clave en 1855 al inventar para su laboratorio de química una especie de mechero de gas cuya aplicación a la cocina tuvo acogida.
Este invento, llamado de R.W. von Bunsen, supuso la solución porque la energía que empleaba era limpia y no requería mucho espacio para almacenar combustible.

No obstante las bondades aludidas la cocina de gas entrañaba un peligro: los escapes y explosiones, lo que no obstó para que hacia 1860, se impusiera en los mercados; la gente le había perdido el miedo.
Tres décadas después se produciría la innovación más revolucionaria: la cocina eléctrica. Al principio la poca fiabilidad de los termostatos supuso una dificultad, ya que o bien quemaban la comida, o la dejaban medio cruda, con un inconveniente adicional.
La escasa implantación de la electricidad en las casas, gran número de las cuales carecían de enlaces con la red eléctrica.

Pero el tiempo corría a favor de este tipo de cocina y ya en 1890, no era difícil encontrar un hogar electrificado.
Tanto, que hacia 1920 la cocina eléctrica se extendió notablemente, aunque sin desbancar todavía al gas.
El siguiente salto cualitativo o escalada en el mundo de la cocina sería el microondas, comercializado en la década de los 1940, por la firma estadounidense de electrodomésticos Raytheon Inc.

A este revolucionario sistema se uniría más tarde otro hallazgo extraordinario: la vitrocerámica. Donde basta con dejar los alimentos sobre una superficie calorífica para que el aparato haga el resto.
La cocina ganó en adelantos técnicos, rapidez y perfección. Pero, perdió aquel clima grato, familiar y amable de tertulia y sala de reuniones para los seres queridos.
– Historia de la olla

La historia de la olla nos demuestra como uno de los objetos de nuestra vida cotidiana, ha tenido un papel fundamental dentro de la evolución del hombre y su alimentación.
Probablemente la olla se inventó hace más de 10.000 años.
Se sabe que en aquella lejana época ya se cocinaban los alimentos, según se desprende de ciertos hallazgos en yacimientos arqueológicos de Anatolia (en la actual Turquía).
Aquí se encontró los restos de una cocina completa perteneciente al hombre del Neolítico. Estaba compuesta de marmitas, potes y algún perol de colores rojo, crema, negro y gris ceniza; y como no, la olla de barro.
Desde el descubrimiento de la alfarería hace más de 25.000 años, las vasijas de cerámica evolucionaron poco.
La evolución de la olla en la Grecia Clásica y la Antigua Roma consistieron en las diferentes formas de este objeto y en la aplicación de nuevos materiales, como la madera, el vidrio y la plata. En cambio, los métodos de cocción permanecieron invariables.
En la Edad Media apareció el asador giratorio, principal elemento de la cocina de aquel tiempo, que se mantuvo sin cambios hasta el siglo XVIII en que se le ocurrió a alguien poner la carne en el horno para asarla.

La olla metálica se había usado con profusión en Europa, y una de las primeras industrias en Norteamérica fue precisamente la fabricación de ollas de hierro forjado en 1642: la famosa Saugus pot, de la vieja ciudad de Lynn, y que se trataba de una olla de tres patas para no necesitar bajo su tosca estructura nada sino el fuego.
Antes, en el México colonial español se había implantado el uso y elaboración de ollas de metal.
La importancia de las ollas en las cocinas reales y nobiliarias obligaba a los cocineros a asegurar su contenido mediante candados.
Los guisos, mientras se cocinaban, eran custodiados para evitar que pinches y galopines extrajeran con arte los tasajos de carne o las gallinas enteras de su interior, o bebieran el caldo.
Para aquel fin se sujetaban con cadenas y se le echaba un candado cuya llave guardaba el cocinero.
Hacia mediados del siglo XVIII el alemán Johann von Justy sugirió recubrir las ollas y cacerolas con los lisos y lustrosos esmaltes que desde hacía siglos utilizaban los joyeros, pero se le arguyó que tales esmaltes no resistirían las altas temperaturas.
El terco alemán no se arredró sino que adujo que algunos artefactos de notoria antigüedad habían sido esmaltados cientos de años atrás y seguían tan relucientes como el primer día, pero a pesar de su terquedad tuvo que reconocer que existían problemas para su proyecto de unir al hierro forjado una porcelana resistente al calor.
No obstante, en 1778 se produjeron los primeros cacharros, incluso una batería de cocina, toda una colección de ellos, desde los cazos más pequeños, pasando por potes, hasta las ollas y perolas voluminosas y sartenes con teflón.

Un teflón muy primitivo, pero la gente no vio entonces ventaja alguna. Les parecían que cacharros tan vistosos y relucientes, tan perfectos y bonitos no debían ser expuestos al fuego, ya que el fuego echaría a perder piezas tan atractivas para la sensibilidad del momento.
No estaban dispuestos a utilizarlas en la cocina, por lo que las amas de casa que las compraban les daban un uso decorativo y ornamental: las colocaban sobre repisas, chimeneas, pianos, o cualquier superficie plana que hubiera por casa.
Así, las primeras baterías de cocina anduvieron desplegadas como si se tratara de vistosas colecciones de cacharros con fin decorativo. Y no solo fines decorativos: durante un tiempo sirvieron para alojar las cenizas de los seres queridos.
Mientras esto sucedía, Napoleón Bonaparte (1769-1821), servía en Francia a sus invitados la comida cocinada en la primera batería de cocina de aluminio que hubo. El lujo era impresionante porque entonces el aluminio era un mineral tan raro que su obtención costaba más que el oro. Un kilo de aluminio costaba entonces dos mil dólares.
Tan exclusivo resultaba que la nobleza, siempre atenta a ser más que su vecino sustituyó en 1820, toda su vajilla de oro y plata por las nuevas y lujosas de aluminio, el mineral de moda. Algunos incluso invirtieron en cacerolas, cazos, pucheros y ollas de aluminio, como quien compra diamantes.
Lo dramático para ellos, para estos extraños especuladores, vino cuando una generación después bajó el precio del aluminio debido a las nuevas técnicas de extracción y al descubrimiento de numerosos yacimientos, a seis dólares el kilogramo.

En 1886 el joven ingeniero e inventor Charles Martin Hall (1863-1914), perfeccionó el sistema de producción de aluminio apto para baterías de cocina. Fundó su propia empresa y empezó a fabricar ollas y cacerolas.
Eran fáciles de limpiar, ligeras de peso, y duraban más que las demás. No les faltaba nada para ser un producto de cocina excelente para el fin que perseguía. Fue un hito que marcaría para siempre la historia de la olla.
Las mujeres tuvieron ocasión de ver cocinar en ellas a uno de los más famosos chefs. Las muestras se sucedían. Pero las amas de casa no se fiaban, se mostraban reacias a abandonar sus viejas cacerolas de hierro o estaño, por lo que los grandes almacenes se negaron a exhibir el producto.
En el año 1903, se produjo un cambio radical en el mundo de las ollas. En unos grandes almacenes de Filadelfia se empezaron a hacer demostraciones de la utilidad de la batería de cocina de aluminio. Un famoso cocinero del mejor hotel de la ciudad enseñaba cómo cocinar manzanas sin tener que removerlas y sin que se pegaran.
Las ollas de aluminio empezaron rápidamente a ganar popularidad y a ser cada vez más valoradas por las amas de casa. Tanto que, en 1913 ya dejaban a su creador, Charles Martin Hall, ganancias cercanas a los treinta millones de dólares. Un año después la nueva línea de productos del señor Hall, la Wear-Ever, inauguraba una industria nueva del aluminio.
En toda la historia, no se conocía nada igual, y hasta el invento del teflón la batería de aluminio fue la reina de la cocina. Y eso a pesar de que tuvo que competir con productos revolucionarios que podían enviarla al trastero. Como por ejemplo, la olla eléctrica y la olla a presión u olla exprés.
– Historia de la servilleta

En la Antigüedad, cuando todavía no existía el tenedor, la servilleta fue un inventó que se hacía indispensable. Coger la comida con los dedos, era algo que ensuciaba bastante.
La inexistencia del tenedor hizo necesaria la servilleta en la cultura clásica. También en el Antiguo Egipto y Asia Menor se había impuesto su uso.
Es cierto que existía ya la costumbre de limpiar los dedos pulgar, índice y corazón a lo largo de la comida, para lo cual los criados ofrecían al comensal el uso de una vasija con agua de olor, pero resultaba más práctico e inmediato limpiarse los dedos con el mantel.
Así, la servilleta fue una prolongación natural del mantel y ésa es la razón por la cual los manteles eran muy amplios y holgados, llegando a menudo hasta el suelo, cubriendo medio cuerpo del comensal.
Además de su uso como tal, la servilleta sirvió para otros menesteres también relacionados con el entorno de la mesa. En la Roma de Tarquinio el Soberbio, hace dos mil seiscientos años, la servilleta servía para envolver los regalos que el anfitrión hacía a sus huéspedes.
Se consideraba de mala educación dejar sobras en la mesa, era una grosería salir con las manos vacías, lo contrario de lo que hoy sucede, y se animaba a los invitados a llevarse a casa la carne, la fruta y las golosinas restantes, y para eso se utilizaba la servilleta. No era necesario mentir diciendo que las sobras son para el perro o el gato.

Banquete en la Borgoña, con las servilletas al hombro
En latín con la voz mantelia se alude a la servilleta y al mantel, ya que el mantel se utilizaba también como servilleta. Los lados y picos del mantel fueron muy holgados para que los comensales se limpiaran boca y manos.
Aquella costumbre pasó a la Edad Media, cuyos manteles de lujo tenían forma dentada a los lados, correspondiendo a cada comensal un gran trozo de mantel triangular para ser usado como servilleta en los banquetes
Aquellos manteles eran tan decorativos y estaban confeccionados con tejidos tan caros que servían para decorar balcones y ventanas (como si fueran cortinas) en días festivos, o como tapices en las habitaciones engalanadas para alguna ocasión especial.
En lo que se refiere a España, en los Siglos de Oro la servilleta era habitual en la mesa. Se llamaba también “pañizuelo de manos”’, para distinguirla de los “pañizuelos de narices” o pañuelo moquero.
Parece que su uso, e incluso el nombre, lo introdujeron los caballeros flamencos que vinieron con Carlos V. De la voz flamenca servete= pequeño mantel, a su vez del latín servare= evitar que se manche el vestido.
La servilleta se hizo imprescindible en el siglo XVII. En Italia cobró mayor auge, donde hacia 1680 se conocían 26 maneras de doblar la servilleta, entre ellas:
- La que adoptaba la forma del arca de Noé, para los clérigos.
- Forma de gallina, para las damas nobles.
- De polluelos para las doncellas aristócratas.
- De tortuga, conejo, toro…Y así otras tantas más cuyo significado se ha perdido.

Una antigua costumbre rusa exigía que en el banquete nupcial la servilleta de la recién casada fuera plegada en forma de cisne, y la del marido en forma de zapato.
La servilleta fue también elemento suntuario. En el siglo XVIII había servilletas de todos los tamaños, colores, tejidos y formas según el destino que fuera a dársele.
Un mercero londinense de la época llamado Doily se hizo rico con las servilletas de postre que la gente adquiría en su tienda de Strand Street. Eran pequeñas, redondeadas, rodeadas de delicados encajes, que la gente bautizó con el nombre de su creador.
Esta servilleta Doily no tardó en lucirse en el bolsillo superior de la casaca como un pañuelo: de hecho, ése fue el origen del pañuelo de bolsillo.
Simbología y costumbres de la servilleta

Es tan antigua la servilleta que, con el paso del tiempo, ha acumulado una serie de creencias populares, supersticiones y simbologías de los más curiosas e interesantes. Como por ejemplo:
- Podía darse por muerta la persona cuya servilleta se doblaba del revés ya que doblar la servilleta era sinónimo de morir: quien la dobla no espera volver a usarla.
- Anudar la servilleta del comensal que se supone que volverá a la misma mesa; el nudo era signo de buen augurio.
- En algunos lugares se dice que si una mujer lleva a sus labios el pico del mantel que antes ha llevado a su boca un hombre soltero se casará con él. Esto recuerda el uso como servilleta que en la Antigüedad tuvo el mantel.
- También se afirma que no es bueno prestar la servilleta o quien lo hace discutirá con la persona a quien la dejó.
- Se cree que si cae al suelo anuncia visita inesperada.
- Se tiene por cosa comprobada que quien tras comer en casa de un amigo dobla la servilleta no volverá de invitado a esa casa.
- La servilleta tenía sus inconvenientes, podía transferírsele el mal de ojo.
- No era bueno tender a la luz de la luna la servilleta del bebé.
- Durante los cuatro días siguientes a la muerte de un miembro de la familia su servilleta quedaba doblada junto a sus cubiertos en el sitio de la mesa que ocupaba.
Hubo manuales para el buen manejo de la servilleta. Un manual de buenas maneras de 1729 aconseja:

“Limpiar la parte externa de la boca más próxima a los labios, y no sonarse con ella las narices; limpiar los dedos de grasa antes de coger el vaso o la copa, y si los dedos están grasientos, limpiarlos antes con una molla de pan para no manchar demasiado la servilleta; limpiar el cuchillo con la servilleta antes de cortar el pan; limpiar con ella la cuchara cuando se ha terminado de comer”.
Con la generalización del uso del tenedor la servilleta se conservó sólo para llevarla a los labios en un gesto displicente. Y, se convirtió en lenguaje cifrado de amantes y enamorados.
Dependía de a quién y cómo se mirara mientras se llevaba a cabo esta operación, y cómo se parpadeara, e incluso cuánto tiempo se mantuviera la servilleta en la comisura de los labios, y también si se hacía primero en el lado derecho o en el izquierdo…,
Todo servía para enviar mensajes en una época en la que el flirteo y los acompañantes estaban a la orden del día en las capas sociales elevadas.
– Historia de los cubiertos

– Historia de la cuchara
Posiblemente sea el primero de los cubiertos que la humanidad utilizó. La historia de la cuchara está plagada de curiosidades y anécdotas. A continuación puedes descubrir toda la información sobre la cuchara desde sus inicios hasta la actualidad:
Origen de la cuchara
En la antigüedad, la comida se llevaba a la boca con los dedos. Y aún hoy ciertas culturas mantienen esta costumbre, salvo en el caso de la sopa, que era el resultado de hervir cualquier cosa comestible y no tan comestible con agua: huesos, raíces, vegetales y restos animales que no se podían comer crudos ni asados.

Una vez descubierto el fuego y los recipientes de barro, empezarían llevándose éstos directamente a la boca con el caldo hirviendo, y poco a poco descubrirían el uso de otros utensilios.
Algunos de ellos eran las conchas para beber, ciertos huesos o trozos de madera que tuvieran huecos, de los que obtuvieron la idea de las primeras cucharas.
Quién inventó la cuchara
La cuchara se inventó en la prehistoria, en concreto, en el periodo Neolítico. Como te puedes imaginar, es imposible saber con exactitud qué persona la inventó, ni grupo, ni población.
Probablemente las primeras cucharas de la historia estaban talladas en hueso, cuerno o madera. Si no consideramos las conchas, que no tienen mango, y no tenía por qué tener una forma redondeada o alargada, sino que al ser una herramienta artesanal, podía tener cualquier aspecto con tal de contener el líquido del plato a la boca sin que se perdiese demasiado. Los restos de éstas se han encontrado en yacimientos del Neolítico.

Con la invención de la agricultura, y el pan ázimo en forma de tortas maleables, se usarían éstas como cucharas. Tal y cómo hoy en día utilizan en ciertos países, por ejemplo los de cultura musulmana y cultura mesoamericana, que comen la sopa y el resto de alimentos con las tortillas de maíz convenientemente dobladas.
Difusión de la cuchara
A partir de este punto, el ingenioso invento de la cuchara se fue popularizando y extendiendo por todo el mundo. Del mismo modo, cada civilización o pueblo le iba añadiendo mejoras para una mayor efectividad y comodidad.
Historia de la cuchara en babilonia y Egipto
En Babilonia y Egipto ya se usaban cucharas en el año 3000 a.C. De éstas, se han encontrado restos en los templos, relacionadas con las divinidades, y su uso en la vida estaba limitado a las clases altas.
Historia de la cuchara en América del Sur
La cuchara más antigua encontrada en hispanoamérica corresponde a la cultura olmeca. Se trata de un objeto largo acanalado del siglo IX a.C., que pudo haber dado origen a las primeras cucharas prehispánicas.
Historia de la cuchara en la Antigua de Grecia
La cuchara entra en la cultura helénica (Antigua Grecia), en el siglo III a.C., primero entre la nobleza y poco a poco, con el paso de los años, se fue popularizando entre las clases más populares.
Historia de la cuchara en la Roma Antigua
En la Antigua Roma se usa una cuchara pequeña, a la que se asigna el nombre de su medida de capacidad, cochlcare, un centilitro, estrecha y puntiaguda, de donde derivará la palabra cuchara.
Por su forma, era usada para romper y vaciar huevos y para vaciar mariscos y caracoles. Con el tiempo, aparece en numerosas formas y con muchos nombres:
- La cochlcare, un centilitro, estrecha y puntiaguda.
- La trulla, de un decilitro, era casi un cazo.
- La lígula, mediana, se usaba para sopas y purés.
Y así en numerosas formas y desempeños, que entre los pobres se hacían de tierra cocida, madera, cuerno o pan, y a medida que se ascendía en el escalafón podían ser de bronce, estaño, plata y oro con formas caprichosas y joyas incrustadas.
Historia de la cuchara en la edad Media
En la Edad Media, gustan de añadir formas de animales en el mango, como solían hacer en la antigua Persia, con cabezas y garras de leones y dragones, o también en forma de pezuñas de ciervo o macho cabrío.
Historia de la cuchara en España
En la península Ibérica, la cuchara es de uso común durante la dominación musulmana. En el siglo X, se emplea el término culiare, del latín cochleare, que evolucionará a cugare, cuchare y por fin cuchara en el siglo XV.
Evolución de la cuchara
En el siglo XII, aparecen los primeros manuales de buenas costumbres, la cortesía o courtoíse, en francés, que aconseja lavarse las manos antes de coger los alimentos con los dedos.
Hasta el siglo XIII, no se aconseja el uso de la cuchara, en vez de beber directamente de la escudilla. Claro está que es más noble el uso de una cuchara de oro o de plata que el chorretón en la barbilla.

En Alemania se fabricaban de porcelana, en Rusia de esmaltes traslucidos de diferentes colores o de cristal, y los chinos las hacían de marfil.
La cuchara se introduce en la liturgia bizantina en el siglo XIV, para administrar el vino sagrado. En el siglo XV, se hacen populares unas cucharas llamadas puritanas, con la figura de apóstoles en el mango. Las inventaron los ingleses en la época de los Tudor y se regalaban en los bautizos.
Por cierto, que la primera mención a la cuchara no se hace en Inglaterra hasta el año 1259, pero en la corte de Eduardo I en 1300 ya se usan de oro y plata.
Durante el siglo XVI, y a partir de la corte francesa de los Valois, se extiende el término civilité, que marca las normas sociales de toda Europa, y a las que contribuyó Erasmo de Rotterdam con su obra De civilitate morum puerilium, en la que aconseja el uso del cucharón para servirse en las escudillas o platos propios.
Ese mismo siglo, se introduce el uso de cubertería propia, y en el siglo XVIII, se considerara normal que cada uno tuviera sus propios platos, vasos y cubiertos. A partir de aquí, el refinamiento introduce distintos tipos de cubiertos y copas diferentes.
Curiosidades de la historia de la cuchara
Egipcios, griegos y romanos solían tener un cuenco con agua aromatizada a su lado para limpiarse los dedos en los banquetes, ya que se comía con las manos.
Las servilletas eran una especie de lienzos, que parecían toallas. En el siglo VI a.C., se usaban como bolsas para llevarse los excedentes de la cena. Se doblaban de 26 maneras, en el siglo XVII.

En el siglo XVIII, se usaban para limpiar también los cubiertos. La aparición del tenedor hizo que las servilletas fueran más pequeñas.
– Historia del tenedor
Este cubierto se empezó a utilizar mucho más tarde que los otros dos, la cuchara y el cuchillo. Pese a ello, la historia del tenedor es realmente interesante y repleta de datos curiosos.
Origen del tenedor
El tenedor es de invención muy posterior a la cuchara, pues la comida sólida siempre se ha podido llevar a la boca con las manos.
Y hubo que esperar a la Edad Media, para que se instauraran normas, pues anteriormente, entre la nobleza era corriente el comer tumbados o de píe sirviéndose directamente de fuentes a las que todos los invitados podían acceder.

Rodeados de músicos y mezclando en las fiestas el sexo con la comida, los romanos siempre tenían una recipiente con agua en el que limpiarse las manos, y esclavos a su alrededor para cualquier servicio que hubieran de menester.
Una curiosa teoría índica que la postura tumbada de los romanos durante las comidas pudiera deberse a que facilitaba las relaciones sexuales. Los tiempos fueron cambiando y las costumbres se adaptaron a los nuevos refinamientos aportados por el cristianismo.
Quién inventó el tenedor
Se cree que fue la corte de Bizancio la que inventó el tenedor, y que fue Teodora, la hija del emperador Constantino Ducas, quien llevó este hábito a Venecia al casarse con el Dux Doménico Selvo.
La pobre mujer fue condenada por la iglesia, y su herramienta, que no era más que un pincho que sustituía al clásico cuchillo, fue tachada de instrumento del diablo por san Pedro de Damián, pues nadie podía sujetar los espaguetis con ese utensilio que, por otra parte, podía convertirse en una peligrosa arma contra uno mismo. La fourchette fue relegada al olvido histórico hasta el siglo XVI.
Después de que Erasmo aconsejara el uso del cucharón en 1530, Joanne Sulpitio publica en 1545 su Libellus de moribus in mesa semináis, que aconseja coger la comida con tres dedos y no hacerlo en pedazos demasiado grandes, ni retenerla mucho tiempo en las manos.

Evolución del tenedor
El tenedor iba de un fracaso a otro en Francia. Primero lo intentó Carlos V, en el siglo XIV, pero sus aires amanerados hicieron que el país entero se riera de su idea.
Caterina de Médicis lo introdujo en la corte al casarse con Enrique II de Francia, pero obligaba a sus invitados a traer sus propios cubiertos. Al desaparecer la princesa, la costumbre se abandonó de nuevo a pesar de los esfuerzos de su hijo Enrique III, que acabó aconsejando cómo comer con las manos de la manera más noble, sin usar pedazos demasiado grandes y sin retener a carne con los tres dedos, que eran menester para sujetarla.
En Italia, en cambio, tuvo más éxito, tal vez, porque es más complicado comer espaguetis con la mano, que con la ayuda de una fourchette. El viajero inglés Thomas Cory, constata este hecho a principios del siglo XVII, e introduce el uso del tenedor en Inglaterra.
El uso generalizado el tenedor en Europa, sin embargo, no tiene lugar hasta finales del siglo XVIII. Luis XIV de Francia, empezó a poner él mismo los cubiertos en la mesa, e introdujo la redondez en la punta de los cuchillos.
En España, aunque se menciona un instrumento parecido en el libro Arte Cisoria, de 1423, donde Enrique de Villena, lo describe como un instrumento con tres puntas que sirve para sujetar la carne, y que se menciona su uso en las cortes de Carlos V y Felipe III, no se generaliza hasta el siglo XIX.

– Historia del cuchillo
El cuchillo, junto a la cuchara, es de los primeros cubiertos que el hombre primitivo adoptó en su día a día. En los inicios, eran simples trozos de madera o piedra con un lado cortante, pero la historia del cuchillo es mucho más extensa.
Origen del cuchillo
El cuchillo está íntimamente unido a la civilización. Sin una herramienta cortante, el hombre no hubiera pasado de ser un cazador mediocre, que ni siquiera podía desollar las piezas que mataba.
Afortunadamente, en la naturaleza hay instrumentos cortantes por todas partes: piedras afiladas, huesos, maderas duras astilladas, que se pueden clavar y que son capaces de desgarrar.

Los primeros cuchillos probablemente fueron de piedra, cuerno o hueso, aunque cualquiera de ellos podía resultar inútil contra una piel curtida y endurecida y, aunque pudieran clavarse, no cortaban con la facilidad de los cuchillos de metal.
Los primeros utensilios de metal eran de cobre y de su aleación con el estaño, el bronce. El cobre se encuentra con facilidad en la naturaleza, funde a una temperatura relativamente baja que se puede conseguir sobre una hoguera y sus impurezas flotan por encima de la fundición y se pueden quitar con facilidad.
Se han encontrado objetos de cobre de más de diez mil años de antigüedad. En el IV milenio a. de C., se descubrió que añadiéndole estaño, otro metal fácil de encontrar y de fundir, su dureza se elevaba notablemente.
Nació así el bronce, que se utilizó mucho en las culturas egipcia, babilónica y griega. Con él se construían espadas, escudos, cuchillos o vasijas y se podían hacer estatuas.

Los hititas de Asia Menor, fueron los primeros en utilizar el hierro. Éste empezó extrayéndose de los meteoritos (los egipcios usaron instrumentos de hierro con este origen en 3000 a.C.), donde se encontraba en estado puro, hace seis mil años, pero era muy costoso de trabajar.
No empezó a usarse con normalidad hasta que los hititas, expertos en el trabajo con los metales, descubren los hornos cerrados capaces de fundir el metal.
La técnica consiste en extraer las impurezas del hierro golpeando con un martillo el metal mientras aún está al rojo vivo.
Los hititas, que empezaron usando el hierro para adornos, extendieron su uso por todo el Oriente Medio, probablemente debido a la escasez de estaño, que obligó a la sustitución del bronce.
Quién inventó los cuchillos
Los cuchillos tal y como los entendemos en la actualidad, fueron inventados por la cultura Celta en la zona austríaca de Hallstatt. Cierto es que existían antes, pero eran muy rudimentarios y simplemente eran piezas con un filo cortante.
En muchos lugares de Europa no existía problema para extraer hierro de la tierra. El uso del hierro no se extendió, hasta el desarrollo de la cultura celta de Hallstatt, en Austria, donde había minas ricas en hierro, entre los años 700 y 450 a.C., más o menos en la misma época en que empieza a utilizarse en China.
Desde este momento, podemos hablar de verdaderos cuchillos, aunque la calidad del hierro variaba muchísimo según el fabricante y la región.

Evolución del cuchillo
Se da la circunstancia de que los íberos españoles, antes de la llegada de los romanos, ya fabricaban cuchillos y espadas de una calidad extraordinaria, reflejados en la fálcata, una espada larga como el brazo, y con una forma ligeramente curvada que podía doblarse colocándola sobre la cabeza de manera que tocara ambos hombros.
No obstante, pese a esta excesiva flexibilidad, era el hierro más duro del Mediterráneo, de tal forma que los romanos adoptaron su fabricación después de la conquista de Iberia.
El uso del cuchillo como arma defensiva y ataque, se generalizó en la Edad Media de tal modo que Felipe V, tuvo que prohibir en 1721, el uso de cuchillos y puñales, y el Consejo de Castilla prohibió en 1722, la fabricación de armas blancas y ordenó la destrucción de las ya existentes.
De entre todos los tipos de cuchillos existentes en España, el más popular era la navaja, que permitía cerrar la hoja sobre el mango y así guardarse en el bolsillo.
La navaja fue inventada por los moriscos de Castilla La Mancha, y en el siglo XVI ya se fabricaban en Albacete las mejores de España. Pero en los dos siglos siguientes, la pérdida de calidad del acero, la competencia extranjera y las prohibiciones hicieron que la industria perdiera importancia.
Historia de los cubiertos resumen
Si lo que necesitas en un breve resumen de la historia de los cubiertos, a continuación lo puedes ver en forma de cronología o timeline. De este modo no te perderás ningún hito histórico importante de la cubertería.

- Prehistoria: invención de la cuchara, que pudo ser una concha, un hueso o una madera tallada, para consumir los líquidos calientes. El cuchillo como instrumento cortante es incluso anterior.
- Año 4000 a.C.: se descubre el bronce, mezclando estaño y cobre, y los cuchillos adquieren una dureza desconocida hasta entonces.
- Año 3000 a.C.: los restos más antiguos de cucharas encontrados en Egipto y Babilonia.
- Siglo IX: la cuchara más antigua encontrada en Hispanoamérica de la cultura olmeca.
- Siglo VI: la cultura celta de Hallstat, en Austria, extiende el uso del hierro por toda Europa.
- Siglo III: la cuchara entra en la cultura helénica, y se hará muy popular en Roma, donde se usa en diferentes formas y tamaños según su uso.
- Siglo XI: se introduce por primera vez el tenedor en Europa de la mano de Teodora, hija del emperador de Bizancio, Constantino Ducas, en su boda con el futuro dux de Venecia, en 1005, pero la corte europea no lo acepta.
- Siglo XII: aparecen los primeros manuales de buenas costumbres, las normas de cortesía.
- Siglo XIV: se introduce la cuchara en la liturgia bizantina para administrar el vino sagrado.

- Año 1423: en España se menciona por primera vez el uso del tenedor en el libro Ars Cisoria de Enrique de Villena.
- Año 1483: en la desbaratada mesa del cuadro Bodas del caballero Nastagli degh Onesti, de Sandro Boticelli, inspirado en un relato de Boticelli, aparece por primera vez un tenedor retratado.
- Siglo XVI: aparece la expresión civihté para designar las buenas costumbres y se aconseja el uso de la cuchara en lugar de beber directamente de la escudilla. La italiana Caterina de Médici introduce el uso del tenedor en Francia tras su boda con Enrique II.
- Año 1608: después de un viaje a Italia, el británico Thomas Coryat introduce el uso del tenedor en Inglaterra.
- Año 1633: Carlos I de Inglaterra declara que el tenedor es de uso decente en las comidas.
- Año 1700: el italiano Gennaro Spadaccmi añade una cuarta punta al tenedor y las redondea todas para adecuarlo a la comida de los espaguetis.
- Año 1722: el Consejo de Castilla prohíbe la fabricación de armas blancas y ordena la destrucción de las ya existentes ante la proliferación de crímenes por esta causa.
- Siglo XVIII: Luis XIV pone cubiertos para todos en sus ágapes. El tenedor curvado se desarrolla en Alemania, tal como lo conocemos actualmente. Se introduce el uso de manteles. Al principio fueron una especie de servilletas redondas que se ponían encima de la mesa para proteger los alimentos.
– Historia de la cubertería de acero inoxidable

El nacimiento y la historia de la cubertería de acero inoxidable es de lo más curioso que existe. No hace tantos años, mantener tenedores, cucharas y cuchillos limpios y en perfecto estado era una labor dura y que requería mucho tiempo.
Hasta principios del siglo XX, tanto cuchillos como cucharas y tenedores eran la pesadilla del ama de casa porque se requería un esfuerzo tan grande para mantenerlos limpios y más o menos brillantes que era una tarea convertida en el “temor” de la servidumbre.
Muchas criadas inglesas y americanas se negaban a hacerlo dejando constancia de ello en el momento de su contratación con la frase: Doing no the cutley (no lavar la cubertería), aparte de negarse también a limpiar las ventanas. También las francesas y servidumbres españolas de principios de siglo XX mostraron análoga hostilidad.
Conservar los cubiertos con su brillo original exigía frotarlos con un corcho seco y estropajo de acero repetidas veces, tarea sumamente cansada y que desarrollaba los bíceps de las muchachas dándoles aspecto hombruno no deseado.
A librarlas de tan tremenda desgracia estaba llamado el acero inoxidable. En 1829 el metalúrgico francés L. Berthier se fijó de forma casual en un hecho: cuando el acero al carbono se mezcla con el cromo produce un material resistente al óxido.
Al principio nadie vio rentabilidad a este fenómeno y el hecho pasó sin ser notado. En 1913 un metalúrgico británico, conocedor de las viejas observaciones de Berthier, consiguió una aleación de cromo con acero al carbono 35 produciendo por primera vez un acero que no perdía el brillo, no se oxidaba y permanecía siempre igual.
Y un año después la firma alemana de los famosos cañones Krupp presentó un acero que contenía en su aleación cromo y níquel, mejorando aún más el producto. Sin embargo, no se le ocurrió a nadie fabricar cuberterías con aquel material que parecía estar pidiéndolo a gritos.

Evolución de la cubertería de acero inoxidable
En el año 1921, salieron al mercado en la ciudad norteamericana de Meriden (Connecticut), los primeros utensilios de cocina de acero inoxidable: las cuberterías de Connecticut, donde estaba la Silver Company fabricante de cuberterías de plata.
Al principio sólo fabricaron cuchillos, que salieron a la venta con el nombre de cuchillos Ambassador. La publicidad de la época fue inteligente: “Su brillo lo dice todo”.
Era por el brillo por lo que todo el mundo quería tenerlos, sobre todo hoteles y restaurantes, sus primeros usuarios. El triunfo vino, como siempre, por el lado de la estética: parecían de plata, con la ventaja de que no se oscurecía como ésta.
En los hoteles y restaurantes pesó también otra consideración: los salarios que dejarían de pagarse por abrillantar la cubertería. Revistas y periódicos de todo el mundo empezaron a hablar del invento, y se anunciaba a bombo y platillo con esta letra: “La cubertería siempre reluciente: se acabó el óxido”.
En la década de 1930 los grandes almacenes neoyorquinos Macy’s ofrecían cuberterías de acero inoxidable a diecinueve centavos la pieza. Pero su triunfo definitivo, desbancando la plata del mercado, vino con la fabricación de cuberterías completas con mangos de baquelita, la nueva sustancia plástica.
Moría la era de la plata y nacía la del acero inoxidable. Terminaba el reinado del marfil, y nacía el del plástico duro. Los tiempos habían cambiado, y a ello contribuyó poderosamente el acero inoxidable.
– Historia de la vajilla

Fueron los babilonios los primeros en fabricar loza, tres mil años antes de nuestra era.
La cerámica en general y los alfares en particular son todavía más antiguos.
El concepto de vajilla como colección de las diversas piezas que forman parte de un servicio de mesa preconcebido, aún no había nacido.
Se cuenta de Cleopatra, reina de Egipto, que tras ofrecer a Marco Antonio un suntuoso banquete de despedida le regaló la vajilla de oro y los vasos de plata utilizados.
Al parecer, de aquella cortesía procede la costumbre posterior de no comer dos veces en la misma vajilla en que se ha agasajado a un personaje principal.
Hubo normas de carácter suntuario, así como de protocolo en relación con el uso y despliegue de vajillas en la mesa. Así por ejemplo, en la Roma imperial un senador fue desposeído de su rango porque en un banquete se atrevió a usar una vajilla tan lujosa que el peso de sus piezas superaba en mucho los kilos de plata asignados a los de su clase.
La vajilla era signo externo de preeminencia social. En la China del siglo VI existían valiosas vajillas de porcelana, pero la ausencia de contactos en época tan temprana hizo que no se conociera el producto en Occidente hasta siglos después.
En la España medieval, en zona musulmana, se introdujo la técnica de la fabricación de loza, ya casi olvidada, difundida poco a poco por el resto de la Península. No obstante esto, documentos de hacia el año 1000 hablan de “vajillas de madera para la Casa del Señor de Aragón” a un precio que, a pesar de la pobreza del material empleado, resultaba casi prohibitivo.

En la Edad Media poseer una buena vajilla resultaba excepcional, era tan caro que a menudo el rey prescindía de ella, lo que le sucedió en alguna ocasión a Enrique IV, que tuvo que solicitar de las Cortes de Burgos un impuesto extraordinario que se llamó “para la compra de vajilla del Rey Nuestro Señor”.
Sin embargo el rey de Nápoles, también a mediados del siglo XV, dio un banquete al de Aragón en el que la vajilla fue uno de los protagonistas. Su despliegue ocupaba una pared lateral del amplísimo salón. Donde se había situado un aparador con ochenta piezas de plata y otras tantas de oro, fuentes, jarras, platos y copas.
Junto a aquella riqueza había trescientos platos de loza. La porcelana no había llegado aún a Occidente, así como escudillas, tazas y jarritas para el vino. Todo el servicio o vajilla estaba pintado con los colores de la Corona de Aragón, sus famosas barras amarillas y rojas. Los comensales se sentaban a la mesa al son de redoble de tambor.
Por lo general, el conjunto de platos y demás enseres relacionados con el servicio de mesa recibía el nombre de aparador. La palabra vajilla, aunque se empleaba en Castilla a principios del siglo XVI, seguía teniendo cierto matiz culto. Era voz de origen valenciano, en cuya lengua vaixella dio lugar al término.
La vajilla de porcelana no se introdujo en Europa hasta el siglo XVII, en que los ingleses monopolizaban su importación. La materia prima empleada en su elaboración, el caolín, se encontraba por entonces sólo en China. Esta sustancia mineral fundida con el feldespato a mil doscientos cincuenta grados daba la porcelana.
![]()
Con paso del tiempo, el producto se abarató y se generalizó el uso. Sobre todo cuando el barón Schnorr descubrió en 1698 en Sajonia el primer yacimiento de caolín de Europa. Sus coetáneos y compatriotas F. von Schirnahaus y Johann Friedrich Böttger pusieron a punto el proceso de fabricación de porcelana.
A partir del siglo XIX y siglo XX materiales diversos han sido utilizados para su elaboración, haciendo del antaño artículo de uso exclusivo, un artículo de consumo al alcance de todos.
Deja un comentario