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El curioso oficio del barbero-cirujano…


Wall Street International(A.del Castillo Aguas)/beautymarkets.es  —  A buen seguro que este título te ha sacado una sonrisa; puede parecer simpático, incluso ocurrente, y nos puede resultar divertido imaginar acudir a la peluquería para que nuestro estilista nos extraiga el primer premolar, por ejemplo, pero hace un buen puñado de siglos esto era una realidad.

En la Edad Media, a finales del siglo XIII, existía la figura del barbero-cirujano, cuyas atribuciones eran de lo más variopintas, ya que con la misma destreza cortaban el pelo que hacían sangrías o incluso curaban la latosa migraña (¡nada menos que trepanando el cráneo!).

Te preguntarás si en esos tiempos no había cirujanos de verdad. Pues sí, efectivamente, existía la figura del cirujano. Sin embargo, estos gozaban de menor categoría que los médicos; y su aprendizaje se basaba más en la técnica que en los conocimientos científicos.

Tan es así que durante el esplendor del oficio de barbero como “médico” del pueblo, los cirujanos aprendían y depuraban sus técnicas quirúrgicas de la mano de los primeros.

En esta época, además, la medicina no gozaba de mucha fama, y las gentes comunes confiaban más en su barbero que en un estirado cirujano… ignoro si por cuestión de desconocimiento de los métodos científicos o por escasos medios económicos, que los dos son poderosos motivos.

Huelga decir que estos barberos-cirujanos carecían de estudios, y aprendían la profesión de sus padres que, muy probablemente, tampoco se habrían formado en universidad o institución académica alguna.

David Ryckaert. El cirujano. 1638

Uno de los principales servicios que prestaban era la sangría. En la Edad Media se pensaba que el exceso de sangre era perjudicial, ya que desequilibraba los humores del cuerpo y esto provocaba enfermedades, de modo que al menos una vez al año la gente acudía a su barbero para que le practicara una sangría.

Fundamentalmente se seguían dos procedimientos: el que todos conocemos, mediante sanguijuelas, y otro algo más “crudo”. En este último, el barbero sumergía el brazo del paciente en agua caliente para localizar las venas, le aplicaba un torniquete y, con el paciente agarrado a un poste para que las venas se hincharan, practicaba una incisión en una vena; la sangre entonces brotaba y caía a un recipiente llamado sangradera.

Tal fue la importancia de la figura del barbero-cirujano que con el paso del tiempo optaron a una titulación que les capacitaba para hacer sangrías (por medio de los dos procedimientos descritos), poner emplastos, etc.

Con el discurrir del tiempo, las profesiones de cirujano y médico se equipararon, y con ello se despojó a los barberos de sus funciones “quirúrgicas”, para tranquilidad y supervivencia del ser humano.

Y terminaremos estas líneas con una curiosidad: para identificar su local, el barbero colocaba a ambos lados de la puerta una especie de carteles que representaban una mano levantada por la que se veía correr la sangre.

Esta forma de anunciarse no gozó precisamente de mucha aceptación, pues resultaba ciertamente morbosa, así que optaron por una representación más simbólica: sustituirlos por un poste rojo color sangre en el que, a manera de serpiente, se enroscaba una venda blanca. Seguro que lo has visto en más de una ocasión… ahora ya sabes su curioso significado.

Valga un repaso a la Historia para comprobar cómo, y a pesar de los vaivenes a los que se somete la misma, los barberos se convierten en gremio y profesión reconocida incluso por las testas coronadas, cuando éstas eran absolutas y reinaban con tiranía, remontándose su quehacer aún más allá, entre, nada más y nada menos, que el 3800 y 1200 a.C, cuando el bronce era el único metal al que recurrir y dar forma para rasurar y cortar vellos rebeldes y de igual talante, cabelleras.

Sin duda, un revelador y apasionante repaso a las centurias, para confirmar qué lo de ser barbero, sí, tiene ‘historia’, tanta que en una de sus épocas más fructífera coincidió con las funciones de cirujano, sacamuelas y sanguijuelas, itinerantes curadores de heridas.

El oficio del barbero es antiguo. Ya lo hemos dicho. Se han encontrado restos de navajas entre las reliquias de la Edad de Bronce (3500 a.C.). La peluquería, de hecho, dato más que curioso, es mencionada en la Biblia por Ezequiel, quien dijo: «Y tú, hijo de hombre, toma un cuchillo afilado, toma la navaja de un barbero y haz que pase sobre tu cabeza y sobre tu barba».

Este oficio se introdujo en Roma en el año 296 a.C. y los barberos rápidamente se volvieron populares y perseguidos, batiendo récords solicitud de sus servicios (todos sabemos de la afectación de los romanos).

Sus tiendas eran ya y en este Imperio, donde el arte del debate y la conversación gustaba a nobles y plebeyos, centros para noticias diarias y cotilleos. Todos los hombres libres de Roma estaban afeitados, mientras que los esclavos se veían obligados a usar barba.

Es ciertamente de la palabra romana (en latín) barba, que significa barba, que se deriva la palabra «barbero».

Alrededor del 334 a.C. Alejandro Magno hizo que sus soldados se rasuraran la barba regularmente con el propósito de obtener una ventaja en el combate cuerpo a cuerpo.

De este modo, sus guerreros sí eran capaces de agarrar a un enemigo por dicho adorno masculino, la barba, elemento preponderante en la estética del rostro, mientras que ellos mismos, al rasurarse, estaban a pertrecho de tal estratagema.

Los barberos ya así conocidos en la edad común de los primeros días también eran y ejercían de cirujanos y dentistas. Curiosamente, contradicciones de la Historia, la mayoría de los primeros médicos desdeñaron la cirugía y los barberos curaron oleadas de heridas, colocaron sanguijuelas, enemas y extrajeron dientes y muelas.

Dado que los barberos estaban involucrados no sólo con el corte de pelo, peluquería y afeitado, sino también con la cirugía, se les llamó barbero-cirujanos. Formaron su primera organización en Francia en 1094 (Era de las Cruzadas).

Siglo XVI, los barberos cirujanos ingresan en la Universidad de París

Llegados así los siglos, y en un esfuerzo por distinguir entre cirujanos académicos y barberos-cirujanos, el College de Saint Come, fundado en París alrededor de 1210, clasificó, identificó y separó a ambos. Los primeros como cirujanos vestidos con túnica larga y a los segundos como cirujanos de bata corta.

Los barberos y cirujanos franceses se organizaron como gremios en 1391, y los barberos-cirujanos fueron admitidos en la facultad de la Universidad de París en 1505.

Ambroise Pare (1510-1590), el padre de la cirugía moderna y el mayor cirujano del Renacimiento, comenzó su carrera como barbero-cirujano itinerante. Su hermano era barbero-cirujano y su hermana se casó con un barbero-cirujano.

Por otro lado, en Inglaterra los barberos fueron fletados como un gremio por Eduardo IV en 1462 como la Compañía de Barberos.

Los cirujanos en Inglaterra formaron un gremio 30 años más tarde y las dos clases se unieron por el estatuto de Enrique VIII en 1540 bajo el nombre de United Barber Surgeon’s Company.

En la práctica real, sin embargo, y llegados a este punto, se produce la brecha. Los peluqueros que cortaban el pelo y afeitaban tenían prohibido practicar la cirugía excepto para la sangría y extracción de dientes, denominándose cirujanos del afeitado.

Mientras que el resto se agrupaba bajo el título de «Maestros, Gobernadores y Comunidad de la Honorable Sociedad de los Cirujanos de Londres». Este cuerpo fue posteriormente disuelto y más tarde reemplazado por el Royal College of Surgeons, en 1800, durante el reinado de Jorge III.

La historia del poste de barbero, íntimamente ligada al ejercicio ‘médico’ del barbero

No obstante, tal ha sido la relación de la barbería con la cirugía y viceversa a lo lardo de los siglos que se cree que el origen del poste del barbero (también llamado pirulo de barbería), está asociado a sus servicios ‘médicos’ de sangrías.

El poste original tiene un cuenco de latón en su parte superior que representa el recipiente en el que se guardaban las sanguijuelas y también el que recibía la sangre. El poste de barbero una vez aparecido representaba en sí al personal sobre el que el paciente se aferraba durante la operación (a carencia de anestesia). Las rayas rojas y blancas son los vendajes utilizados durante el procedimiento, rojo para los manchados de sangre y blancos para los limpios.

Las vendas se colgaban para secarse después de lavadas en un palo que se movían por efecto del aire y unían formando el patrón espiral similar al del poste de barbero moderno.

Los vendajes manchadas de sangre se reconocieron además como el emblema de la profesión del barbero-cirujano.

Otra interpretación de estos colores de los postes de barbero es que el rojo representa la sangre arterial, el azul es simbólico de la sangre venosa y el blanco, el vendaje. Tras la formación de la United Barber Surgeons Company en Inglaterra, los peluqueros eran requeridos a usar un poste azul y blanco en sus establecimientos y los cirujanos, uno de color rojo.

En Francia, los cirujanos de la túnica larga colocaron un poste rojo con un cuenco unido para identificar sus oficinas.

Éste es el vínculo histórico de los barberos y la cirugía.

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