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Humor de retrete, hace 1800 años atrás …


Símbolo de un falo en Pompeya, Nápoles, Italia 

National Geographic(F.L.Redonet)(A.Forssmann)/ancient Origins(A.Cowie)  —  Se han descubierto reveladoras imágenes en los raros mosaicos de un suelo de hace 1.800 años perteneciente a unos lavabos para hombres de la antigua ciudad costera de Antioquía ad Cragum, ubicada en lo que hoy es Turquía.

Los singulares mosaicos del siglo II fueron descubiertos en Antioquía ad Cragum, una antigua ciudad creada en el siglo I d. C., en la época del emperador Nerón.

Con una población máxima estimada en su momento de más de 6.000 personas, fue abandonada allá por el siglo XI. Ilustrando ‘giros groseros’ basados en mitos famosos, uno de los mosaicos nos muestra a un Narciso retratado con lo que un artículo de Live Science llama “una nariz sorprendentemente larga, que habría sido considerada fea para los estándares de belleza de la época.”

Nueva versión del mito de Narciso: fascinado por su propio falo

Pero en las imágenes recientemente descubiertas, Narciso no aparece hipnotizado por su propio reflejo en el agua, como normalmente ocurre en la versión clásica del mito, sino más bien, “fascinado por su propio y visible falo,” según Michael Hoff, arqueólogo de la Universidad de Nebraska-Lincoln y codirector de las excavaciones.

“Se deben comprender los mitos para hacer que cobren vida, pero el humor de cuarto de baño es algo universal, como resulta evidente,” señalaba Hoff para los reporteros de Live Science.

Mosaico encontrado en una letrina del siglo II d. C. perteneciente a la antigua ciudad de Antioquía ad Cragum (situada en lo que hoy es Turquía).

Humor de retrete romano

En otra representación mitológica de la letrina, donde Zeus normalmente se disfrazaría como un águila para secuestrar al adolescente troyano Ganímedes, a menudo representado jugando con un palo y un aro como juguete, Ganímedes en este caso “sostiene una esponja con unas pinzas.”

Hoff afirma que la imagen es una referencia a “las esponjas para limpiarse de las letrinas” y Zeus no es un águila sino una garza, con un largo pico asiendo una esponja y tocando suavemente con ella el pene de Ganímedes.” Hoff explica que en la antigua Roma “Al instante, cualquiera que hubiera visto esta imagen habría captado el juego de palabras [visual]…

¿Indicativo de limpiar los genitales antes o después de un acto sexual? Esa es una pregunta que no puedo responder, y que podría haber sido ya ambigua por aquel entonces.”

Ilustración en la que se reconstruye el probable aspecto de las letrinas comunales del Fuerte Romano de Housesteads (Vercovicium), ubicado en el muro de Adriano. Este yacimiento está actualmente bajo la custodia del organismo English Heritage (2010).

Estos raros mosaicos fueron descubiertos durante “los últimos días de las excavaciones del verano pasado”, obligando a los arqueólogos a cubrir estas singulares ‘obras de arte de retrete’ para su protección, aunque Hoff dijo a los investigadores que los mosaicos volverán a descubrirse el próximo verano para realizar labores de conservación.

Se sospecha que los baños públicos eran más frecuentados por hombres que por mujeres, y según afirma en declaraciones recogidas por Live Science Birol Can, experto en mosaicos de la Universidad de Uşak (Turquía) que trabajó en las excavaciones:

“Se sabe que compartía un muro con el gran baño situado junto al bouleuterión, o casa consistorial, y debía de prestar servicio a grandes multitudes por su ubicación.” En un artículo anterior de Live Science, Hoff y sus colegas informaban de haber descubierto previamente “un enorme mosaico junto a una piscina en el complejo de los baños, aunque en esta obra de arte sólo aparecían motivos geométricos.” Estas obras de arte de letrina, sin embargo, son “los únicos ejemplos de mosaicos figurativos hallados en Antioquía ad Cragum,” lo que los convierte en un hallazgo excepcionalmente singular.

Hace apenas dos meses, escribía en un artículo de Ancient Origins titulado Priapus Fresco Tips the Scales in Pompeii (“El fresco de Príapo decanta la balanza en Pompeya”) sobre unas excavaciones arqueológicas realizadas en una residencia situada en las laderas de la Regio V, con vistas a la Via del Vesuvio pompeyana.

El director general Massimo Osanna afirmaba al respecto en un informe publicado en la página de Facebook del Parque Arqueológico de Pompeya: “Se descubrió en habitaciones elegantemente decoradas un fresco de Príapo, dios de la mitología grecolatina, pesando su enorme miembro en una balanza.”

Fresco de Príapo con el pene erecto, Casa de los Vettii, Pompeya

Un artículo publicado en Forbes explica que el pene de Príapo era considerado antiguamente “el origen de la vida”, y como tal se creía que tenía el poder de alejar el mal y propiciar la salud, la fertilidad, los buenos negocios y la riqueza.

En otro artículo publicado en All That Is Interesting, titulado Why The Ancient Romans Drew Penises On Everything? (“¿Por qué los antiguos romanos dibujaban penes en todas partes?”), el periodista Andrew Milne se dispone a responder a esta pregunta.

Como conclusión, Milne escribe lo siguiente: “Por supuesto, los falos también eran el tema favorito de los graffiti de la antigua Roma.

Hay adoquines en Pompeya marcados con un símbolo que indica el camino a un burdel, por no mencionar la gran cantidad de falos que adornan mensajes como “me cepillé a la camarera.”

El ser humano, según Milne, “No ha cambiado tanto realmente desde los días de Adriano. Los penes todavía representan muchas cosas, desde armas hasta un icono de la fertilidad.

Y al igual que hoy en día, a veces la gente simplemente pensaba que dibujar penes por ahí era algo gracioso.”

Esta afirmación parece un eco de lo que Hoff decía a los reporteros cuando señalaba: “el humor de cuarto de baño es algo universal, como resulta evidente.”

¿Quién hubiera imaginado entonces que aquel humor de retrete de la antigua Roma seguiría vivo casi 2.000 años después?

Imágenes de falos en la pared de un prostíbulo de Pompeya

El humor en roma: ¿de qué se reían los romanos?

suele decirse que cada pueblo tiene un sentido del humor propio, que a veces resulta difícil de comprender para los demás.

En el caso de la antigua Roma, ese sentido del humor reflejaba el carácter de lo que en sus orígenes fue un pueblo de campesinos y soldados, y se caracterizaba por lo procaz y punzante.

Este humor cáustico, llamado a veces italum acetum o «vinagre itálico», constituye el reverso de la imagen de respetabilidad y seriedad, llamada también gravedad o gravitas, que los ciudadanos de la élite romana buscaban transmitir.

Escena de una comedia de Plauto. Pintura en el atrio de la casa de Publio Servilio Casca en Pompeya.

Los romanos daban un toque humorístico incluso a los propios nombres de persona, en particular al tercer componente del nombre, el llamado cognomen o apodo.

Por ejemplo, el nombre completo del famoso poeta Ovidio era Publio Ovidio Nasón, «narigudo» o «narizotas».

A Marco Tulio Cicerón solemos llamarlo precisamente por su apodo familiar Cicero, «garbanzo», bien porque sus antepasados lo cultivaban, bien porque el primero de ellos tuvo una verruga en la nariz.

Otros apodos particularmente humorísticos que aún pueden hacernos reír eran Brutus, «tonto»; Burrus, «pelirrojo»; Capito, «cabezón», o Strabus, «bizco».

Lucio Postumio a Tarento, colonia griega y fue objeto de mofa debido a su defectuoso griego.

Los chistes recogidos en el Philogelos muestran que, en la Antigüedad grecorromana, las chanzas alcanzaban a todas las profesiones y condiciones.

  • Uno que regresaba de un viaje preguntó a un falso adivino por su familia. Éste dijo: «Todos están bien, incluido tu padre». Al decirle: «Mi padre hace ya diez años que ha muerto», respondió: «No conoces a tu verdadero padre».
  • Un abderita viendo a un eunuco conversar con una mujer le preguntó si era su esposa. Cuando el eunuco le dijo que él no podía tener esposa, respondió: «Entonces es tu hija».
  • Uno al encontrarse con un intelectual dijo: «El esclavo que me vendiste ha muerto». «¡Por todos los dioses! –respondió–. Cuando estaba conmigo nunca hizo tal cosa».

Mofa a los emperadores

Los emperadores tampoco se libraban de los apodos burlescos. Cuando Tiberio era todavía un soldado se burlaban de él en el campamento haciendo un juego de palabras con su nombre: Tiberio Claudio Nerón, que se transformaba en un jocoso Biberio Caldio Merón, con el que se aludía a su condición de bebedor, al gusto que tenían los romanos por el vino caliente (calidus) y a la no menor afición por el vino puro, sin mezclar (merum).

Los soldados eran especialmente dados a las pullas, incluso en momentos de gran solemnidad como los desfiles triunfales de los generales victoriosos en Roma.

Por ejemplo, en el triunfo que celebró en el año 46 a.C., Julio César tuvo que aguantar las chanzas de sus soldados, que cantaban: «Ciudadanos, guardad a vuestras mujeres, traemos al adúltero calvo», aludiendo a la vida disoluta de su general. T

ambién circularon burlas sobre su acentuada calvicie y se hicieron alusiones maliciosas a sus relaciones con el rey de Bitinia: «César sometió a las Galias, Nicomedes a César», se decía, jugando con el doble sentido de someter, «poner debajo».

Todo ello no era sólo una forma de divertirse, sino quizá también servía para evitar la excesiva soberbia del comandante victorioso.

Los romanos se ríen de sí mismo

Tras la muerte de Plauto, el más popular de los comediógrafos romanos, se decía que la risa, el juego y la broma habían llorado juntos.

Por sus obras desfilan los tipos sociales más comunes: el viejo libidinoso que compite con su hijo por una bella cortesana, la matrona romana que exhibe su prepotencia y su derroche, el esclavo inteligente y enredón en contraste con el parásito muerto de hambre, el soldado fanfarrón, el alcahuete despiadado que produce repugnancia o los banqueros avaros y codiciosos.

Plauto aumentaba los defectos de cada personaje para provocar la risa, y para ello no dudaba en recurrir al lenguaje popular.

«¡A casa de la muy perra es a donde iba, el muy golfo, corruptor de sus hijos, borracho, miserable!», prorrumpe una esposa engañada en La comedia de los asnos.

Durante los banquetes a veces se hacía intervenir a personas con discapacidades físicas, como enanos o jorobados –como el de la imagen–, o incluso discapacitados intelectuales, cuyas ocurrencias debían provocar la risa de los comensales.

En Roma, el chisme, la gracia y la burla estaban a la orden del día y en boca de todos. Cicerón decía que nadie estaba a salvo del rumor en una ciudad tan malediciente como Roma.

Precisamente personas de la alta sociedad como el famoso orador, que se suponían imbuidos de gravitas, practicaban el humor tanto en sus discursos públicos como en su vida privada.

En una ocasión en que Cicerón vio a su yerno Léntulo, que era de baja estatura, con una gran espada ceñida exclamó: «¿Quién ha atado a mi yerno a una espada?».

A propósito de una matrona romana ya entrada en años que aseguraba tener sólo treinta, comentó: «Es verdad, hace ya veinte años que le oigo decir eso».

El emperador Augusto también gozaba de un gran sentido del humor. Cuando el cónsul Galba, que era jorobado, le dijo que le corrigiera si tenía algo que reprocharle, Augusto le respondió que podía amonestarle, pero no «corregirle», jugando con el doble sentido del verbo corrigere, que en latín significa «corregir», pero también «enderezar o poner derecho».

En uno de los muros de la villa de los Misterios, en Pompeya, se halló una caricatura (a la izquierda) con una inscripción en su parte superior: «Rufus est» (es Rufo). Se sabe que el dueño de la casa se llamaba Istacidio Rufo, por lo que se cree que alguien de la casa, tal vez un esclavo descontento, quiso burlarse así de un amo poco estimado.

Las bromas o insultos no siempre sentaban bien al destinatario. Sabemos que un tal Cornelio Fido se echó a llorar en pleno Senado cuando otro le llamó «avestruz depilado».

En ocasiones reírse en público podía resultar peligroso. En 192 d.C., el historiador Dión Casio estaba en el Coliseo con otros colegas senadores cuando el excéntrico emperador Cómodo, que actuaba en la arena, mató un avestruz, le cortó la cabeza y se dirigió hacia ellos explicando mediante gestos amenazadores que podían acabar igual que el ave.

A los senadores la situación les provocó tal hilaridad que estuvieron a punto de echarse a reír; para evitarlo, Dión empezó a masticar hojas de laurel de su corona, gesto que sus compañeros se apresuraron a imitar.

Bufones y enanos, cómicos de palacio

La corte imperial contaba con bufones y enanos para diversión del emperador. Augusto y su círculo disfrutaban de las bromas de un bufón llamado Gaba. Tiberio, por su parte, tenía un enano entre sus bufones.

Domiciano asistía a los espectáculos de gladiadores con un jovencito que tenía una cabeza pequeña y monstruosa. Vestido de escarlata, se sentaba a los pies del emperador, con quien hablaba tanto en broma como en serio.

En época de Trajano las humoradas corrían a cargo de un tal Capitolino que, según el poeta hispano Marcial, superaba a Gaba en gracia.

Las mujeres también podían servir como bufones o ser objeto de burla. En una de sus cartas, Séneca cita a una tal Harpaste, una sirvienta boba que le había dejado en herencia su primera esposa. El filósofo, con gran humanidad, declara que siente aversión a reírse de este tipo de personas deformes y añade que cuando quiere divertirse se ríe de sí mismo.

Enano bufón. Vasija de barro procedente de Herculano. Siglo I – La corte imperial contaba con bufones y enanos para diversión del emperador. Augusto y su círculo disfrutaban de las bromas de un bufón llamado Gaba. Tiberio, por su parte, tenía un enano entre sus bufones. Domiciano asistía a los espectáculos de gladiadores con un jovencito que tenía una cabeza pequeña y monstruosa.

El humor estaba presente en las conversaciones de la calle y de la taberna, que no podemos escuchar pero de las que quedan rastros en los grafitis de las paredes de Pompeya, llenos de bromas, insultos y caricaturas de personas reales.

Por ejemplo, los huéspedes descontentos de una pensión escribieron: «Nos hemos meado en la cama. Lo confieso. Si preguntas por qué: no había orinal».

En Roma, cuando un tal Ventidio Baso pasó de arriero a las más altas magistraturas, el pueblo se escandalizó y algunos escribieron por las calles de la ciudad los siguientes versos: «¡Venid todos corriendo, augures, arúspices! Ha surgido un portento inusitado: el que frotaba a los mulos, ha sido hecho cónsul».

Burlas en verso

Rastros del humor popular pueden verse quizás en algunos epigramas satíricos de Marcial, que se burlaban de los defectos físicos y el carácter de sus contemporáneos. En ellos primaba la brevedad y la agudeza de la parte final, donde residía la gracia.

El humor cáustico es evidente en estos ejemplos: «Quinto ama a Tais». «¿A qué Tais?». «A Tais, la tuerta». «A Tais le falta un ojo solo, a él los dos».

Pero tenemos que esperar al siglo V d.C. para encontrar un verdadero libro de recopilación de chistes. Está escrito en griego y se titula Philogelos, «el amante de la risa».

Contiene 265 historias graciosas de muy variado tipo. Algunas tienen como protagonistas a los abderitas (de Abdera, en el norte de Grecia), que en la Antigüedad estaban considerados los tontos por antonomasia, junto con los habitantes de Cumas, cerca de Nápoles.

Otros los protagonizan eunucos, falsos adivinos y personajes misóginos. Entre estos últimos se encuentra uno que muestra que ciertas formas de humor son una constante de todas las épocas. Un hombre estaba enterrando a su esposa y cuando alguien le preguntó: «¿Quién descansa?», respondió: «Yo, que me he librado de ella».

humor verde en una letrina del imperio romano en turquía

hace unos 1.800 años esto era una letrina, un retrete colectivo con asientos de mármol o madera para orinar y defecar (y con una canalización de agua limpia) de los que ya no queda rastro, pero sí que se ha conservado una buena parte del mosaico que decoraba el suelo de la letrina, en el que aparecen Narciso y Ganimedes, dos figuras de la mitología grecorromana, en versión humorística.

El humor de retrete ya existía en el siglo II d.C. y, aunque la temática de los chistes verdes era otra, el contenido sigue siendo el mismo: picante, erótico y sexual. Solemos percibir la historia como algo serio y respetable, pero esa gente que vivió siglos atrás también se partía de risa.

A diferencia del mito original, Ganimedes es raptado por una garza de pico alargado que sujeta una esponja o toallita con la que le limpia el pene.

«A veces, cuando excavamos ciudades como esta, olvidamos el factor humano: que fue una ciudad hecha de gente y no sólo de cosas», dice Michael Hoff, de la Universidad de Nebraska-Lincoln, en referencia a la antigua ciudad en la que ha sido realizado el hallazgo, Antiochia ad Cragum, en el sur de Turquía, cuyas excavaciones dirige desde 2005.

«Lo que descubrimos son cosas, pero son un recordatorio de que había personas y que tenían sentido del humor. Es un factor humanizante que hace que nuestro hallazgo sea aún más emocionante», expresa en un comunicado de dicha universidad.

Ganimedes, dotado de una extraordinaria belleza en la mitología griega, aparece aquí con un aspecto siniestro.

Los romanos amaban la risa, el cachondeo y la exageración, prueba de ello es el fresco recientemente descubierto en Pompeya, en el que aparece representado el dios Príapo pesándose el miembro en una balanza.

El joven Narciso, hermoso y orgulloso, enamoraba a muchachos y muchachas, según la mitología clásica, pero él rechazaba a todos sus pretendientes, incluida la ninfa Eco, por ello Némesis, la personificación de la venganza, le castigó con un insaciable amor a sí mismo: al inclinarse para beber en una fuente se enamoró de su propia imagen, quedó atrapado por ella y se consumió hasta convertirse en la flor del narciso.

Narciso aparece representado con un aspecto grotesco: la nariz puntiaguda y contemplando con admiración el reflejo de su gran pene, aunque la parte del reflejo no se conserva en el mosaico.

En el mosaico de Antiochia ad Cragum, Narciso aparece representado con un aspecto grotesco: la nariz puntiaguda y contemplando con admiración el reflejo de su gran pene, aunque la parte del reflejo no se ha conservado en el mosaico. Ganimedes, dotado de una extraordinaria belleza, fue raptado por Zeus por medio de un águila y se convirtió en su amante y en el escanciador en la mesa de los dioses olímpicos.

En la letrina pública de Antiochia ad Cragum, aparentemente construida para los clientes del adyacente complejo de baños romanos, Ganimedes muestra un aspecto siniestro y, a diferencia del mito original, es raptado por una garza de pico alargado que sujeta una esponja o toallita con la que le limpia el pene a Ganimedes, quien lleva un palo en la mano derecha con el que hacía rodar un aro, un juguete muy antiguo.

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