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Casos de niños abandonados en la naturaleza y que fueron criados por animales…


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La Voz del Muro/HuffPost(F.J.Fradejas)  —  La vida es extraña y el ser humano lo es más. En ocasiones es capaz de perder la humanidad que lo caracteriza como especie, pudiendo llegar incluso a desentenderse de sus propios hijos.

Son muchos los casos documentados de niños que, tras ser abandonados por sus padres, consiguieron sobrevivir sin ningún contacto humano gracias a los animales que los cuidaron y protegieron como a uno más de ellos.

Hablar con animales, tener como amigo una pantera negra o cantar canciones con un oso, parece una infancia perfecta y la envidia de cualquier niño. Sin embargo, a pesar de lo que Disney quisiera hacernos creer, los «niños salvajes» no tienen una infancia tan divertida como Mowgly o Tarzan.

Lo cierto es que la mayoría de estos niños perdidos o abandonados mueren de hambre o cazados por algún depredador. En raras ocasiones son «adoptados» por animales, comiendo lo que ellos y aprendiendo a imitar a la perfección los sonidos y movimientos de su nueva familia.

Los llamados «niños salvajes», crecen sin contacto humano y sin aprender los comportamientos y habilidades sociales propias del ser humano. Sin la correcta estimulación social, su comportamiento es primario y la mayoría de ellos presentan un desarrollo mental similar al de los animales que los adoptaron.

Aunque las leyendas suelen hablar de estas «adopciones» refiriéndose a los lobos, de los casi 200 casos registrados en todo el mundo la mayoría fueron por parte de perros, cabras y monos.

Primeros casos documentados.

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Escultura de Rómulo y Remo, a quienes se atribuye el origen mítico de Roma, amamantados por una loba. 

Según cuentan las leyendas, los hermanos gemelos Romulo y Remo fueron amamantados por una loba, después de ellos más historias confusas y extrañas se han ido sumando a la mitología, pero en realidad no fue hasta 1799 cuando se documentó con seriedad el primer caso de un niño salvaje.

Victor de Aveyron fue encontrado completamente desnudo en los bosques de Caune cerca de los Pirineos. Tras un par de capturas y huidas, fue finalmente apresado y trasladado a París, donde un ministro con inclinaciones científicas lo internó para que fuera estudiado por los especialistas de la época.

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Durante todo este tiempo se mostró salvaje y esquivo, impaciente e inquieto, siempre atento a la posibilidad de escapar nuevamente.

La noticia de su existencia se difundió rápidamente por la Francia recién salida de la revolución provocando todo tipo de conjeturas y expectativas.

A finales de septiembre de 1800, con la esperanza de que el estudio de su caso pudiese ampliar los conocimientos sobre la mente humana, fue puesto bajo la tutela de Jean Marc Gaspard Itard, quién ideó un tratamiento de intervención y re-educación social.

Pese a los esfuerzos de Itard, los tratamientos apenas dieron resultado, el comportamiento del niño era violento y la situación se hizo aun peor cuando el niño sufrió la pubertad.

Las esperanzas de Itard de enseñarle a hablar y a comportarse de manera civilizada resultaron frustradas, y en el segundo informe Itard se daba por vencido y manifestaba su preocupación por el futuro del joven aunque el estado francés continuó estudiando y cuidando de Victor 20 años más, hasta que falleció en 1828.

Criado por monos

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John Ssbunya fue criado por monos, pero a diferencia de Tarzan su historia no tiene nada de bonita.

En un pequeño pueblo de Uganda, a los 4 años de edad.

John se escapó de casa en 1988 cuando tenía tres años después de ver a su padre asesinar a su madre.

Huyó a la selva donde vivía con monos. Fue capturado en 1991, ahora de unos seis años, y colocado en un orfanato…

Tenía callos en las rodillas por caminar como un mono. John ha aprendido a hablar, y  fue miembro del coro de niños ‘Pearl of Africa’

Durante tres años, John Ssebunya había sido criado y adoptado por una familia de monos, que luego fueron identificados como monos verdes, lo que no solo le permitió unirse a su grupo, sino que también le enseñó todas sus costumbres, así como los métodos necesarios para sobrevivir en la selva.

Fue capturado en 1991. Finalmente, lograron llevar a John a un orfanato cristiano cercano. En ese momento, John sufría de hipertricosis, una enfermedad bastante común en los niños ‘salvajes’, su cuerpo estaba lleno de cicatrices y heridas, no toleraba la comida cocinada y sus marcas en las rodillas demostraban que aún no había aprendido a caminar. A lo largo de ocho años, John se ha adaptado a las costumbres humanas, aprendiendo a caminar y desapareciendo aún más su hipertricosis.

El día que lo encontraron, John se resistió a ser capturado, su familia adoptiva chilló y lanzó palos y piedras a los captores como si le arrebataran a uno de los suyos. Desde entonces, John ha aprendido a hablar y a comportarse de manera social, comprende que aquel no era su mundo y se reconoce parte de nuestra especie. Además ama cantar y de hecho, ha hecho una gira con el coro de niños de África.

Niña criada por perros

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En Chita, Siberia, una niña de tres años llamada Natasha, fue encerrada por sus padres en una habitación junto con varios perros y gatos.

Para ellos, su hija era otra mascota más.

Dos años mas tarde, la policía encontró a la niña.

La habitación estaba en un estado insalubre, con el suelo plagado de heces, orines y restos de comida. Cuando la policía entró, la niña comenzó a ladrar junto a los demás perros, pensando que venían a tirarles comida.

La pequeña estaba sucia, malnutrida, caminaba a cuatro patas y no utilizaba las manos. Natasha consiguió superar las gélidas temperaturas siberianas gracias a que los animales, sabiendo que la niña podía morir de frío, le dieron calor con sus cuerpos durante todo el tiempo que permaneció con ellos.

Al parecer, cuando la policía se dispuso a rescatar a la niña, los perros y gatos que la acompañaban le hicieron frente, y tuvieron verdaderos problemas para podérsela llevar.

La policía descubrió que había pasado toda su vida encerrada en una habitación con perros y gatos. La habitación no tenía calefacción, agua, ni cuarto de baño.

Cuando la encontraron, Natasha no podía hablar y permanecía orientada a la puerta expectante a que sus cuidadores regresaran y le dieran comida, comportándose como hace un perro cuando su dueño se marcha.

Esta niña siberiana, al poco de nacer fue rechazada por sus padres y sólo se la dejó convivir con unos perros en una azotea. Durante dos años, sus progenitores ni siquiera le hablaron ni dieron de comer nada especial. No tuvo contacto con otros humanos ni con el mundo exterior. Fue tratada como un perro más.

Lo que ocurrió después fue que Natasha dejó de hablar y comenzó a ladrar, a beber con la lengua y a caminar a cuatro patas. El cariño y conocimientos que sus padres le negaron lo encontró en los perros. En la actualidad reside en un centro de rehabilitación social.

Sus padres, Víctor Lozhkin (27 años) y Yana Mikhailova (25 años), fueron detenidos por negligencia y abandono, ya que llevaban más de dos años sin hacerse cargo de la niña.

Niño ruso criado por pájaros

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En 2008, un pequeño de 7 años fue hallado viviendo en condiciones terribles en Volgard, Rusia.

El niño se encontraba en un apartamento pequeño rodeado de jaulas, perchas y alpiste.

La madre del pequeño nunca le prestó atención, salía a trabajar sin dejar al cuidado de nadie al pequeño, salvo las decenas de pájaros sueltos.

El niño no hablába, solo movía los brazos como si intentara volar.

De acuerdo a diarios locales, si se le hablába, piaba y cuando no entendía lo que las personas le decían agitaba los brazos.

Vania Yudin vivía con su madre en un apartamento lleno de pájaros. Su madre se negó a tener cualquier tipo de contacto con él. Ni siquiera se dignaba a hablarle.

Su caso fue conocido cuando tenía la edad de 7 años y fue trasladado por los servicios sociales a una institución que se encargó de su rehabilitación.

Niño argentino criado por gatos

También en el año 2008, la policía argentina descubrió abandonado y rodeado de gatos salvajes a un pequeño niño de 1 año de edad.

Los felinos habrían mantenido al niño vivo alimentándolo y acurrucándose junto a él durante las noches heladas de invierno, e incluso trataron de limpiarlo lamiéndole el barro de su piel.

Tras comprobar los registros, la policía encontró que un padre sin hogar había denunciado la desaparición del niño unos días antes. Según contaba su padre, perdió al niño cuando salió a recoger cartones.

Durante el tiempo que el niño había permanecido con ellos, los gatos lo alimentaron, le dieron calor, lo limpiaron… al igual que hacían con sus crías. En el momento de aparecer la policía, esta se encontró a varios de los gatos acurrucados al lado del niño con el fin de que su cuerpo no sufriera el frío, ya que era invierno y las temperaturas se habían desplomado.

Al intentar rescatar al pequeño, los gatos atacaron a los agentes para impedir que se lo llevaran o pudieran hacerle algún daño.

Niño ruso cuidado por lobos

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En 2007, en una remota región del centro de Rusia, los trabajadores de un hospital descubrieron a un muchacho durmiendo con una manada de lobos.

Bautizado como Lyokha, atraparon al niño y lo trasladaron al hospital.

El pequeño no sólo poseía un comportamiento salvaje, sino que había desarrollado cierto aspecto animal, incluyendo uñas y dientes afilados.

Un examen medico determinó que Lyokha debía tener unos 10 años de edad, su estado mental era primario y aunque se encontraba «sano», estaba algo desnutrido.

Los médicos lavaron y cortaron sus garras, lo alimentaron, pusieron goteo y dieron cama para que descansara; menos de 24 horas después Lyokha se escapó del hospital y nunca más ha sido visto. Las investigaciones no consiguieron determinar su procedencia aunque se cree que sus padres debieron abandonarlo a su suerte en el bosque.

El niño que fue criado por cabras

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En 2012, un niño salvaje y desnutrido fue encontrado viviendo en una habitación rodeado de cabras en la región de Rostov, Rusia.

Su madre, Marina, de 40 años, había mantenido a Sasha de dos años de edad, recluido desde su nacimiento en el establo.

El chico no había aprendido a hablar, comer o usar el baño.

«Cuando llegamos, la madre de Sasha estaba ausente», dijo el trabajor social de la ciudad de Shakhti. «Jugó y durmió junto con cabras, que vivían en la misma habitación.»

El muchacho es un tercio más pequeño que un niño de su edad y cuando lo rescataron estaba muy asustado de los adultos.

Cuando fue trasladado a un centro de menores, Sasha se negó a dormir en una cuna, escapándose de ella y tirandose a dormir en el suelo bajo el mueble.

Niño siberiano criado por perros

En 2004, los trabajadores sociales encontraron otro niño salvaje en una remota zona siberiana. Según las investigaciones, Andrei Tolstyk que así se llamaba el niño de 7 años, fue abandonado y criado por perros desde los tres meses de edad.

Su madre se fue de casa cuando era un bebé, confiando el cuidado del niño a su padre alcohólico e inválido que también parece que lo abandonó poco después.

Después de haber sido privados de contacto humano durante tanto tiempo, Andrei no podía hablar y había adoptado muchos rasgos y comportamientos de perro, incluyendo caminar a cuatro patas, morder a la gente, oler la comida antes de ingerirla y un comportamiento salvaje y poco racional.

Cuando llegó al centro de menores, Andrei tenía miedo de la gente y se comportó de manera agresiva, sin embargo, eran capaz de comunicarse con él mediante lenguaje de signos básico.

Dos semanas después de su llegada comenzó a caminar sobre dos piernas y desde entonces ha dominado el arte de comer con una cuchara, a hacer su propia cama y jugar con la pelota.

La «niña pollo» de Portugal

La “niña pollo” de Portugal, como la bautizaron los periódicos más bizarros, se llamaba Maria Isabel Quaresma Do Santos. Fue encontrada a los 9 años de edad encerrada en un gallinero en en Tábua (Distrito de Coimbra), Portugal.

Nacida el 6 de Julio de 1970, en el seno de una familia numerosa, María Isabel no creció junto a sus tres hermanos mayores. Su madre Idalina Quaresma do Santos, quién padecía graves trastornos mentales no la consideraba parte de la familia y la encerró a los pocos meses en un gallinero donde pasaría prácticamente toda su infancia.

Lo más increíble es que la niña no era una desconocida en Tábua. La pequeña población era una zona aislada y rural donde los pocos habitantes se dedicaban a trabajar en el campo y no se inmiscuían en los asuntos de sus vecinales, por este motivo, pese a que todos conocían el caso de esta niña, nadie lo denunció ni hizo nada por remediarlo.

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Pero en 1980 el caso saltó a los medios y una mujer, Maria Joâo de Oliveira Bichâo, que trabajaba como radióloga en el hospital de Torres Vedras, decidió tomar cartas en el asunto a través de unas religiosas y de los servicios sociales.

Cuando fueron a recoger a Mª Isabel, lo que encontraron fue una niña salvaje que manifestaba claramente las mismas reacciones que las gallinas.

Caminaba como ellas y movía continuamente sus brazos como si fuesen las alas, jamás había caminado erguida y durante años se había alimentado con la misma comida que las gallinas lo que le había producido graves problemas de crecimiento.

Padecía graves problemas digestivos y de crecimiento debido a su mala alimentación.

No hablaba, únicamente cacareaba como las demás gallinas y pasaba de la rabia más absoluta a quedarse absorta y ausente de todo lo que le rodeaba.

A pesar de tener casi diez años, su edad cerebral se había estancado a los dos, no sabía hablar o comunicarse y solamente emitía cacareos. No tenía ninguna educación higiénica y hacia sus deposiciones donde quería. Su carácter era confuso y alternaba estallidos de cólera con episodios de reclusión interna en los que no prestaba el más mínimo interés a los estímulos exteriores.

A pesar de que la señora Maria Joâo, llevó a la niña a distintos hospitales para que fuese estudiada y reconocida por los médicos, el caso no parecía interesar demasiado a nadie por lo que increíblemente, la autoridades devolvieron la niña a su familia.

Hicieron falta varias denuncias para que finalmente la niña fuera trasladada hasta una institución psiquiátrica de Lisboa, donde ha estado hasta nuestros días. Los años creciendo con las gallinas sin estímulos congestivos mermaron tanto su capacidad mental que ninguna terapia ha tenido éxito y Mª Isabel continua estancada en los dos años de edad. A pesar de ello, ha conseguido aprender a caminar y mostrar algunas reacciones básicas como amor o miedo.

Entre lobos, el niño salvaje español

No podía faltar en esta lista la increíble historia de Marcos Rodríguez Pantoja, un niño nacido en Añora, un pueblecito de Sierra Morena, Andalucía, en 1946. En la España de la postguerra, Marcos creció pasando hambre y penalidades siendo el menor de tres hermanos.

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Su madre falleció y cuando su padre Melchor se caso con otra mujer, entregó a sus hijos mayores a unos primos y se traslado al campo con su nueva esposa y con el pequeño Marcos de 7 años de edad.

Ademas de los maltratos que recibía, no tenía los cuidados adecuados y era explotado cuidando los cerdos de la granja.

En 1953, la difícil situación obligó a su padre a vender a Marcos a un viejo pastor para que le ayudara a cuidar el rebaño de cabras.

El anciano era un hombre salvaje de rudos modales y que apenas hablaba, para comer cazaba un conejo que desollaba, patria en dos y daba la mitad a Marcos para que lo comiera crudo, pero el anciano desapareció a los pocos meses y Marcos quedó solo en plena sierra.

Aunque vivió durante un tiempo en una choza no tardó en trasladarse a una cueva donde se sentía más protegido. Comenzó a cazar de una forma un tanto peculiar, subiéndose a los ciervos y golpenadolos con un palo hasta matarlos para luego abrigarse con su piel y comer su carne.

Los lobos aparecieron y Marcos comenzó a compartir su carne con ellos. Al poco tiempo este empezó a aullar cada vez que cazaba un nuevo festín para que acudieran sus nuevos compañeros y no tardaron mucho en aceptarle como uno más de la manada y comenzar a seguirle donde iba.

“Si yo lloraba se tiraban a mí dando saltos y me cogían los brazos con la boca hasta que yo reía; luego, me señalaban el camino hasta su lobera”, contaba el propio Marcos.

Un día que Marcos tenía mucho hambre y frío se metió en una lobera donde había varias crías. Allí se quedó dormido hasta que aparecieron el gran lobo y la gran loba que regresaban de cazar. Al principio, cuenta Marcos, le gruñeron y él se echó las manos al cuello para protegerse de un posible ataque.

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Pero en un instante todo cambió y los amenazantes gruñidos se convirtieron en lametazos.

Hasta le dieron comida con su propia boca. Desde ese mismo momento se convirtió en un miembro más de la manada.

Aprendió a cazar con ellos, a hacer ruidos de animales para atraerlos y poder comer. Hasta se vistió con las pieles de sus presas.

Así pasó 12 años hasta que la Guardia Civil le encontró un día con el cabello por la cintura y cubierto con pieles de venado. Su piel se había tornado morena y estaba cubierta de cicatrices, sus pies estaban llenos de callos y apenas sabia un puñado de palabras.

Dicen que cuando aprendido más vocabulario, le dio por repetir: “Yo, con mucho gusto, volvería”.

Fue trasladado a casa de un cura donde lo bañaron y enseñaron a usar los cubiertos para comer, después de ello fue mandado a un convento de Madrid, donde las monjas le aplicaron un remedio con dos tablas para corregir la desviación de columna que presentaba después de tantos años caminando encorvado.

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Al principio le resultaba imposible aguantar el ruido de la ciudad y se sentía extraño en un mundo que no comprendía. No entendía que en muchos sitios hubiera comida, como en un bar, y que se tuviera que pagar por ello, cosa que le origino infinidad de conflictos.

Marcos tiene hoy 75 años y una vida difícil tras de sí. Tuvo problemas para encontrar trabajo y en muchas ocasiones se aprovecharon de el. Aún hoy sigue sin comprender muchas cosas, pero solo pierde el control cuando ve a alguien maltratar a un animal.

Desde hace varios años vive cerca de Orense donde cuida de un cortijo y es querido por sus vecinos. Hoy nadie se extrañaría al hablar con él y ni su expresión ni su atuendo denotan que estaríamos delante del «Niño salvaje de Sierra Morena».

Marina Chapman

La pequeña Marina Chapman era una niña británica que vivía en un pueblo de Colombia con sus padres.

Un día de 1954, la niña de 4 años fue raptada mientras jugaba en su jardín.

Ella comenta que sintió un fuerte golpe y un tirón del brazo antes de desmayarse, cuando recuperó la consciencia se vio en medio de la selva. Cuando los secuestradores recibieron el dinero del rescate, la pequeña fue dejada en un paraje natural.

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Fue entonces cuando un grupo de monos capuchinos, aunado acompañado del instinto de supervivencia de Marina, comenzaron a tener confianza con la pequeña. Ella comenta que en una ocasión comió un fruto venenoso y que comenzó a sentirse mal, fue cuando uno de los monos trajo a uno más viejo y al verla la comenzó a empujar al rio.

Al principio pensó que el mono la quería ahogar, sin embargo, al comenzar a beber agua, el mono dejó de empujarla y fue cuando se dio cuenta que eso era lo que quería. Cuando bebió lo suficiente, la niña vomitó el fruto.

«Él no estaba enojado, ni agitado, ni hostil cuando me llevó al arroyo… Nunca sabré qué fue lo que realmente me envenenó y no tengo idea de cómo el abuelo supo cómo salvarme. Pero lo hizo… simplemente lo hizo» comentó.

Marina estuvo por 5 años siendo cuidada por estos monos antes de ser encontrada por un grupo de cazadores, quienes lamentablemente la llevaron a vender a un burdel, pero con el tiempo logró escapar con ayuda de un vecino del sitio.

En 2012 Marina Champan logró escribir su historia en un libro autobiográfico llamado «La Niña sin Nombre».

Amala y Kamala

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En el mundo se les conoció como «Las Chicas Lobo», pues fueron encontradas en la cueva de unos en 1920 por un reverendo llamado Singh quien las llevó a un orfanato.

Región de Midnapore, al oeste de Calcuta; 9 de Octubre de 1920. Los habitantes del poblado de Godamuri acuden asustados al reverendo Joseph Amrito Lal Singh.

Entre balbuceos y discusiones inconexas, el misionero descubre por fin el motivo de la agitación que cunde entre los locales: hay espíritus en la jungla que deben ser expulsados de inmediato.

Así empieza la historia de Amala y Kamala, una historia entre tantas de niños ferales… de no ser por los datos que las últimas investigaciones revelan al respecto.

Cuando el reverendo llegó a la linde de la selva se encontró con que un nutrido grupo de cazadores locales ya había cercado a los espíritus. En medio de un círculo de armas de fuego, dos niñas aterrorizadas y sucias miraban a todos lados mientras eran protegidas por una loba que lanzaba dentelladas al aire.

Asustados, los habitantes de Godamuri abrieron fuego abatiendo a la loba y sólo la intervención de Singh salvó a las niñas de seguir el mismo camino que su madre adoptiva. Amala y Kamala (como el propio reverendo las llamaría) fueron capturadas por la fuerza y llevadas hasta un orfanato gestionado por el propio Singh y su familia. Fue allí donde las niñas empezaron a revelar su secreto en toda su magnitud.

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Caminaban sobre sus manos y pies, aullaban a la luna y no hablaban nada.

Amala y Kamala eran extremadamente agresivas. Sólo toleraban la presencia de los perros y su vínculo con otros seres humanos se reducía al que tenían la una con la otra, por lo que los primeros intentos de acercamiento se saldaron con un rosario de mordiscos, arañazos y otras lesiones.

Las niñas se arrancaban con los dientes la ropa que les ponía la mujer del reverendo y tenían serias dificultades para mantenerse erguidas.

Caminaban a cuatro patas y completamente desnudas, sin mostrar sensación de frío o calor.

Además, sus caninos eran ostensiblemente más largos y afilados de lo normal lo que, unido a que su interacción social se limitaba a gruñidos aislados, hacía que la socialización se convirtiera en algo virtualmente imposible.

Sus hábitos alimenticios también se escapaban de lo puramente humano, pues las niñas detestaban cualquier alimento cocinado y sólo consentían en comer cuando el menú consistía en carne cruda servida sobre el suelo del patio.

Pero lo peor eran las noches. Amala y Kamala dormían durante el día y hacían una vida eminentemente nocturna. Durante las horas de oscuridad, el orfanato se llenaba con los aullidos de las niñas, desesperando y asustando por igual al reverendo y a su mujer.

Fue en una de estas noches cuando Singh descubrió que las pequeñas le reservaban una sorpresa más. Sus pequeños ojos, siempre vigilantes, brillaban en la oscuridad. Amala y Kamala se movían en la noche gracias a un sentido del olfato superdesarrollado y a una visión nocturna impropia del género humano.

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A pesar de que pudieron adaptarse un poco a la vida cotidiana, Amala cayó en depresión y murió en 1921, Kamala, por su parte, vivió hasta 1929.

Kamala tuvo que ser separada a la fuerza del cadáver de su hermana pero, tras un periodo de luto, empezó a hacer avances en el proceso de socialización que la mujer del reverendo, inasequible al desaliento, nunca había abandonado.

La niña empezó a andar erguida en algunas ocasiones, aprendió conceptos relativos a la cantidad e incluso consiguió asimilar un reducido vocabulario formado por unas 40 palabras monosílabas que le permitían comunicarse con el reverendo y su mujer, junto a los que vivió hasta su muerte por tifus en 1.929, con 15 años de edad.

En todos y cada uno de estos casos hemos podido ver cómo los animales cuidaron de estos niños dándoles el calor humano que les faltó y admitiéndolos como a uno más de la manada.

Parece ser que una vez mas, los animales vuelven a darnos lecciones de la humanidad que ellos poseen y que nosotros, en ocasiones, parece que perdimos.

nuestras charlas nocturnas.

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