La Biblioteca de Alejandría…

El incremento del número de rollos en la Biblioteca llevó a Ptolomeo III a crear otra biblioteca en el Serapeo. En la imagen, almacenamiento de los libros en la Biblioteca en un grabado del año 1876.
National Geographic(D.Hernández)/Actually note Magazine(J.C.Bermejo) — En un cuento escrito en 1941, el escritor argentino Jorge Luis Borges imaginó una «biblioteca universal» o «total» en la que estarían reunidos todos los libros producidos por el hombre.
En sus interminables anaqueles de forma hexagonal se contenía «todo lo que es dable expresar, en todos los idiomas»; obras que se creían perdidas, volúmenes que explicaban los secretos del universo, tratados que resolvían cualquier problema personal o mundial…
Presa de una «extravagante felicidad», los hombres creyeron que con ellos podrían aclarar definitivamente «los misterios básicos de la humanidad».
Sin duda, el modelo de ese sueño literario se encuentra en la célebre Biblioteca de Alejandría. Creada pocos años después de la fundación de la ciudad por Alejandro Magno en 331 a.C., tenía como finalidad compilar todas las obras del ingenio humano, de todas las épocas y todos los países, que debían ser «incluidas» en una suerte de colección inmortal para la posteridad.
La Biblioteca de Alejandría, denominada por Tito Livio como «El más bello de los monumentos» fue fundada por Alejandro Ptolomeo I Sotero (305-282) en el año 295, bajo consejo de dos sabios griegos, Euxodio y Demetrio de Falena, que también fuera el primer director y bilbiotecario. Aristóteles ya mostró tiempo atrás cómo construir una biblioteca, bajo la forma clásica del jymnasium y sus anexos.
La bibioteca contó con alumnos como Arquímedes y en tiempos de su fundador se reunieron 900.000 ejemplares. La Ciencia vivió momentos inéditos.
Fue allí donde Aristarco de Samo propuso su teoría sobre el movimiento de la Tierra alrededor del Sol, anticipándose con mucho a Galileo o Copérnico.
Alrededor de la Ciencia, la biblioteca también fue escenario de las teorías de Hiparco: «las estrellas nacen, se desplazan lentamente en el transcurso del tiempo y perecen». La medicina contó con las aportaciones de Galeno, del que sus obras sobre curación y anatomía dominarían la medicina hasta el Renacimiento.
A mediados del siglo III a.C., bajo la dirección del poeta Calímaco de Cirene, se cree que la biblioteca poseía cerca de 490.000 libros, una cifra que dos siglos después había aumentado hasta los 700.000, según Aulo Gelio.

La Gran Biblioteca de Alejandría
Son cifras discutidas –otros cálculos más prudentes les quitan un cero a ambas–, pero dan una idea de la gran pérdida para el conocimiento que supuso la destrucción de la biblioteca alejandrina, la desaparición completa del extraordinario patrimonio literario y científico que bibliotecarios como Demetrio de Falero, el citado Calímaco o Apolonio de Rodas supieron atesorar a lo largo de decenios.
En una de sus estancias se podía estar construyendo una máquina que funcionaba con vapor, mientras que en otra, se construía un reloj, o se calculaba con bastante acierto la longitud de la circunferencia de la Tierra.
Lo curioso es que toda esta labor era desconocida más allá de sus muros, nadie salvo los sabios sabían lo que se creaba, mientras la población de la ciudad permanecía ajena a todo ello. También llama la atención que, a nivel práctico y en la vida cotidiana, pocas fueran las aportaciones de los trabajos e invenciones creadas.
Al parecer apenas se podría mencionar el «tornillo de agua» de amplio uso en los regadíos de Egipto, como un instrumento creado intra muros de la Biblioteca de Alejandría y puesto en práctica.
Si bien, las materias de los libros podían tratar temas dispares, baste citar el volumen escrito por el propio Demetrio de Falena bajo el título «Sobre el Haz de Luz en el Cielo«, del que se piensa pudo tratarse de la primera obra que tratara sobre el tema OVNI.
De igual modo, se sabe que buena parte de lo perdido en los numerosos incendios y saqueos, que ahora veremos, nos ha impedido conocer mejor cómo era la cultura del Egipto de los Faraones.
Y sabemos que la Biblioteca de Alejandría era una fuente de sorpresas, como los inventos de Hero, científico, inventor, músico, geómetra, que creó un sistema de vapor capaz de abrir las puertas del templo a distancia. O dispensadores de agua sagrada que funcionaban con monedas de cinco dragmas.

Sin duda, la desaparición de la Biblioteca de Alejandría constituye uno de los más simbólicos desastres culturales de la historia, comparable tan sólo con la quema de libros que siguió a la toma de Constantinopla por los cruzados en 1204 o la que tuvo lugar en 1933 en la Bebelplatz de Berlín a instancias del ministro de propaganda Joseph Goebbels; eso por no hablar del incendio de la biblioteca de Bagdad, en 2003, ante la pasividad de las tropas estadounidenses.
Es difícil señalar el momento exacto en que se produjo la destrucción de la Biblioteca de Alejandría. El hecho está envuelto en mitos y tinieblas, y hay que indagar en las fuentes para hacerse una idea de la secuencia de los acontecimientos.
La primera información al respecto se remonta al año 47 a.C. En la guerra entre los pretendientes al trono de Egipto, el general romano Julio César, que había acudido a Alejandría para apoyar a la reina Cleopatra, fue sitiado en el complejo palacial fortificado de los Ptolomeos, en el barrio de Bruquión, que daba al mar y donde seguramente se emplazaba la biblioteca de los «Libros regios» así como el Museo.
A lo largo de los siglos, la Biblioteca de Alejandría fue una de las bibliotecas más grandes e importantes del mundo antiguo. Los grandes pensadores de la época, científicos, matemáticos, poetas de todas las civilizaciones vinieron a estudiar e intercambiar ideas. Hasta 700.000 pergaminos llenaron los estantes. Sin embargo, en una de las mayores tragedias del mundo académico, la Biblioteca se perdió en la historia y los académicos aún no pueden ponerse de acuerdo sobre cómo fue destruida.
Teoría 1: Julio César
Quizás uno de los relatos más interesantes de su destrucción proviene de los relatos de los escritores romanos. Según varios autores, la Biblioteca de Alejandría fue destruida accidentalmente por Julio César durante el asedio de Alejandría en el año 48 a. C. Plutarch, por ejemplo, proporciona esta cuenta:
«Cuando el enemigo trató de cortar su flota (la de Julio César), se vio obligado a repeler el peligro utilizando fuego, y este se extendió desde los astilleros y destruyó la gran biblioteca».
(Plutarco, La vida de Julio César, pp.49,6)

Este grabado recrea el incendio que quizá destruyó parte de la Biblioteca en el año 47 a.C., durante la guerra entre Cleopatra y su hermano. 1876.
Sin embargo, este relato es dudoso, ya que el Museo en Alejandría, que estaba justo al lado de la biblioteca, resultó ileso, como lo mencionó el geógrafo Estrabón unos 30 años después. Sin embargo, Estrabón no menciona la Biblioteca de Alejandría en sí, lo que respalda la afirmación de que César fue responsable de quemarla.
Sin embargo, como la biblioteca estaba adjunta al Museo, es posible que la biblioteca todavía existiera durante la época de Estrabón. La omisión de la biblioteca tal vez pueda atribuirse a la posibilidad de que Estrabón no sintió la necesidad de mencionar la biblioteca, como ya había mencionado el Museo, o que la biblioteca ya no era el centro de estudios que alguna vez fue (la idea de «recortes presupuestarios» parece cada vez más probable).
Además, se ha sugerido que no fue la biblioteca, sino los almacenes cercanos al puerto, que almacenaban manuscritos, los que fueron destruidos por el fuego de César.
El relato de los hechos lo contó un sobrino de Séneca llamado Marco Anneo Lucano. Julio César, sitiado en Alejandría ordenó quemar todos los barcos que se hallaban en puerto, unos setenta.
El fuego llegó a la Biblioteca y, por supuesto, a la ciudad. Los soldados egipcios no tuvieron más remedio que correr a apagar el fuego que se podía extender peligrosamente por Alejandría, Julio César escapó y se calcula que unos 400.000 libros se quemaron.
En el siglo I antes de Cristo, se fundó una segunda biblioteca, donde fueron a parar los libros que no habían ardido en la primera. Esta biblioteca contaba con un sistema de calefacción central por tuberías cuyo verdadero objetivo era aclimatar las estancias para mejorar la conservación de los libros.
Las malas lenguas de la Historia sitúan a Marco Antonio entre los saqueadores de la biblioteca. Robó 200.000 ejemplares, que al menos no perecieron entre las llamas. Llamas que mandó encender la emperatriz Zenobia, reina de Palmira, quien rebelándose contra Roma, atacó los territorios del Imperio, Alejandría entre ellos.
En el ataque volvieron a arder libros y manuscritos. Parece que había cierta fijación por destruir la biblioteca, porque también en el año 285, Diocleciano tras conquistar la ciudad, ordenó destruir parte de aquella.

Justo la que contenía los volúmenes relativos a Egipto, con el objeto de borrar la identidad de los invadidos egipcios como pueblo. También ordenó quemar los volúmenes dedicados a la alquimia.
Por último, en el año 390, el Patriarca de Alejandría, Teófilo, ordenó acabar con el paganismo en su diócesis destruyendo el templo de Serapis «Serapeum» y el anexo a la biblioteca. Miles de manuscritos fueron incendiados, saqueados, en nombre de un confundido y mal interpretado dios cristiano.
En el año 445, los estantes de la biblioteca de Alejandría estaban vacíos. Pero, como siempre puede suceder algo peor, en el 646, el comandante árabe Amir Ibn al-Ass, habiendo conquistado Egipto, envió una carta al fanático Califa Omar I, carta en la que describía los tesoros de Alejandría.
En la carta también le pedía órdenes para saber qué hacer con la biblioteca, o con su contenido. Omar solucionó la cuestión en estos términos: «Si los libros contienen la misma doctrina del Corán, no sirven para nada porque se repiten; Si los libros no están de acuerdo con el Corán, de nada sirve conservarlos».
Al terminar el incendio, los restos que quedaron y los ejemplares que no llegaron a arder, fueron distribuidos por los baños públicos para que sirvieran como combustible.

Restos de misterio
Desafortunadamente, la arqueología no ha podido contribuir mucho a este misterio. Para empezar, los papiros rara vez se han encontrado en Alejandría, posiblemente debido a las condiciones climáticas, que son desfavorables para la conservación de la materia orgánica. En segundo lugar, no se han descubierto los restos de la propia Biblioteca de Alejandría. Esto se debe al hecho de que Alejandría todavía está habitada por personas en la actualidad y los arqueólogos solo pueden realizar excavaciones de rescate.
Si bien puede ser conveniente culpar a un hombre o grupo de personas por la destrucción de lo que muchos consideran la biblioteca más grande del mundo antiguo, puede simplificar demasiado el asunto.
Es posible que la biblioteca no se haya incendiado en absoluto, sino que podría haber sido abandonada gradualmente con el tiempo. Si la Biblioteca se creó para mostrar la riqueza ptolemaica, entonces su declive también podría haber estado vinculado a un declive económico. Como el Egipto ptolemaico disminuyó gradualmente a lo largo de los siglos, esto también pudo haber tenido un efecto en el estado de la Biblioteca de Alejandría. Si la Biblioteca sobrevivió hasta los primeros siglos d.C., sus días dorados habrían quedado en el pasado, cuando Roma se convirtió en el nuevo centro del mundo.
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