
Safo, por Soma Orlai Petrich (ca. 1860)
National Geographic(Abel-G.M.) — Fue la única mujer que los antiguos griegos incluyeron entre los grandes poetas de su civilización y Platón la consideró a la par con las musas de la mitología.
Soprendentemente se sabe muy poco de Safo de Mitilene, considerada la mejor poetisa de la Grecia antigua.
El hecho de que un ateniense como Platón hablase de ella como “la décima musa”, a pesar de la pobre opinión que en su ciudad se tenía de las mujeres, dice mucho sobre el talento de Safo de Mitilene.
Fue la única mujer que los griegos de la época clásica incluyeron en el olimpo de los poetas, formado por catorce autores —nueve de poesía lírica, tres de trágica y dos de épica— que consideraban dignos de estudio.
Sorprendentemente, se sabe muy poco acerca de la vida de la que fue considerada la mejor poetisa de la Grecia antigua, y entre los datos existentes resulta difícil separar la verdad de la leyenda: casi todo lo que se supone acerca de su vida son interpretaciones hechas por los propios comentaristas griegos —especialmente del Egipto ptolemaico— a partir de su obra, incluyendo la creencia de que mantenía relaciones amorosas o sexuales con sus discípulas de Lesbos, dando origen al término “lésbico” —originalmente el gentilicio de la isla— como sinónimo de atracción entre mujeres.
Una vida misteriosa
Entre lo poco que se da por cierto de su vida, se sabe que nació entre el 650 y 610 a.C. en Mitilene, la capital de la isla de Lesbos, Grecia
Aunque próxima a la costa de Asia, esta era de cultura helénica y de ella eran originarios algunos personajes significativos, como el político y militar Pítaco y el poeta Alceo, que fue contemporáneo de la propia Safo. Según algunos historiadores, vivió entre la mitad del siglo VII y los inicios del siglo VI a.C., y que sus padres se llamaban Cleis y Escamandrónimo.
Procedía de una familia acaudalada y aristocrática, como demuestra el hecho de que tuviera una formación en letras y música, un privilegio raro y más aún para una mujer en aquella época.

Safo y Alceo, por Lawrence Alma-Tadema (1881)
Tras unos años de exilio en Siracusa, posiblemente debido a rivalidades políticas de su familia, Safo regresó a Lesbos y se dedicó a la poesía lírica.
La poetisa estaba al frente de un tíaso, una comunidad que ofrecía una educación de corte artístico y religioso bajo el amparo de un dios concreto, en este caso Afrodita, una de las deidades más importantes en el Mediterráneo oriental.
Las disciplinas que se enseñaban en el tíaso eran sobre todo la poesía y el canto, que en la antigüedad se consideraban dos aspectos de un mismo arte.
Safo dirigió su tíaso durante cerca de diez años, desde su regreso de Siracusa en el año 591 a.C. hasta su muerte en el 580 a.C.
Nuevamente no se tiene constancia de si esta era su única actividad, pero no sería raro tratándose de una mujer de la aristocracia; especialmente porque uno sus hermanos tenía un cargo en el pritaneo, el edificio que acogía el gobierno de la ciudad.
Según la leyenda se suicidó a causa del amor no correspondido hacia un hombre, pero muy posiblemente se trate de una historia inventada.
Amores divinos o amores terrenales
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La asunción de que Safo mantenía relaciones con sus discípulas procede de la interpretación de sus poemas, en los que se encuentran manifestaciones amorosas y eróticas dirigidas a otras mujeres.
Sin embargo, no se sabe si los sentimientos que describía se consumaban en realidad o, de hacerlo, si eran puramente por placer o tenían un componente religioso.
Se debe tener en cuenta que el tíaso era una comunidad dedicada a Afrodita, la diosa del amor, y posiblemente tuviera influencias también dionisíacas, el dios de los placeres carnales y del vino; por lo tanto, es muy posible que sus integrantes mantuvieran relaciones como parte de los rituales.
En sí mismo, el enfoque de la sexualidad en la antigua Grecia no se centraba tanto en el sexo de los integrantes de una pareja como en el rol que estos tenían dentro de la relación, es decir, que hubiera una parte dominante y una sumisa.
El problema a la hora de entender personajes como Safo es que, como norma general, en su sociedad se consideraba a las mujeres como parte sumisa por defecto. En la literatura clásica griega hay muy pocas referencias a parejas únicamente femeninas, por lo que resulta difícil saber qué sucedía si una mujer se encontraba en una posición de poder equivalente a la de un hombre.
La propia sexualidad de Safo es desconocida, puesto que según varios de sus comentaristas tuvo también amantes masculinos e incluso estuvo casada y dio a luz a una hija.
Lo que sí se sabe, ciertamente, es que las relaciones homosexuales tenían un rol social entre los hombres de algunas ciudades griegas y notablemente en Atenas: un hombre ya adulto, el erastés, iniciaba e instruía en el sexo a un amante adolescente, el erómenos.
No sería raro, por lo tanto, que existieran estructuras equivalentes en sociedades donde la mujer tuviera una consideración social igual o como mínimo semejante a los hombres.

Safo leyendo un poema en una vasija del siglo V a.C.
La obra perdida
Aunque los estudiosos la tuvieran en gran estima a nivel académico, su obra no era especialmente popular fuera de su patria. Eso se debe a que Safo componía en dialecto eolio, mientras que el dialecto clásico de la literatura griega era el ático. Si bien personajes eruditos como Platón podían entenderla y apreciarla, a la gente que no hablaba el dialecto eolio le habría costado mucho más.
Esta dificultad se ahondó con el paso de los siglos. El escritor romano Apuleyo consideraba su lenguaje “extraño y complicado” y comentaba las dificultades que tendría para entender sus poemas alguien que hablara el griego considerado clásico en época romana.
Platón, que demostró en ocasiones apreciar el talento de algunas mujeres más que el resto de sus conciudadanos, consideraba a Safo la mejor poetisa de la historia griega y la llamó “la décima musa”.
Pero a pesar de la importancia que le daban los griegos, se conservan muy pocos escritos suyos y la mayoría de su obra nos es conocida por referencias de terceros que, además, vivieron al menos un siglo después de su muerte.
La única obra suya que nos ha llegado casi completa es el Himno en honor a Afrodita.
Parte de esta pérdida se debe a que muchos sus manuscritos eran conservados en la Biblioteca de Alejandría, que a lo largo de los siglos sufrió diversos incendios, algunos provocados y otros accidentales.
Pero accidentes a parte, la Iglesia persiguió activamente su obra por considerarla inmoral. Ya en el siglo IV, un arzobispo de Constantinopla llamado Gregorio Naciaceno hizo quemar públicamente todas las obras de Safo que pudo encontrar; y en el siglo XI el papa Gregorio VII ordenó destruir todas las copias que se encontrasen de sus poemas por considerarlos inmorales.
El amor era el tema principal de la obra de Safo, pero los poemas explícitamente eróticos no eran mayoría: la poetisa abarcaba un gran abanico de sentimientos ligados a este como la nostalgia, los celos o la añoranza de la persona amada.

El motivo de su condena fue que tratase el amor homosexual y, especialmente, entre mujeres: fueran o no ciertas las hipótesis sobre el tipo de relación que mantenía con sus discípulas, lo importante era que sus comentaristas las consideraban verdaderas; y en un contexto en el que la Iglesia consideraba el deseo femenino pecaminoso por naturaleza, lo era más aún cuando este se dirigía a otras mujeres.
A causa de esta persecución, tal vez nunca sabremos qué pensaba y sentía realmente la que fue considerada la mejor poetisa de la Grecia antigua.
Estilo
El estilo de su obra se basó en los cantos que eran también acompañados por la flauta o la lira. Su poesía era escrita en dialecto eolio-lesbio y en ellos manifestaba sus sentimientos y opiniones. Se organizaban por la métrica y muchos también incluían motivos populares.
Incluía la tradición homérica pero también la lírica popular. Sus temas se basaban principalmente en los escritos en nonos a la familia, hermanos, hijas, amigas, amantes, pero nunca hablaba de amores masculinos, situación por la que se tiende a creer que era homosexual.
Presenta también en sus obras la pasión amorosa como un tipo de fuerza completamente irracional ubicada en el medio del bien y del mal, la cual tiene la capacidad de apoderarse del hombre y de manifestarse por medio de diferentes formas como los celos y el deseo.
Su obra y ella misma son consideradas como un ícono del lesbianismo, pero no necesariamente porque ella lo fuera sino que, por su deseo homoerótico, el cual en la Antigua Grecia no indicaban necesariamente que una persona tuviera una determinada orientación sexual.

Personalidad de Safo de Mitilene
Muchos expertos refieren que ella tenía su cabello rizado largo y negro, una muy buena figura física, femenina, atractiva, su anatomía facial era percibida como hermosa igual que sus expresiones faciales. Su boca era pequeña y tenía una sonrisa que contagiaba alegría.
Tenía un tipo de personalidad muy amigable y abierta a todo tipo de posibilidades. Sus capacidades de comunicación eran impresionantes y esto hacía que pudiera entablar buenas conversaciones con los dos sexos.
Sentía pasión por todo aquello que era inexplicable, era emprendedora y no se dejaba vencer con facilidad. Tenía un gusto especial, casi vicioso con todo lo relacionado con el sexo y los expertos consideran que tenía algunos problemas para designar su propia orientación sexual.
Obras
En la antigüedad fue reconocida como una de las principales poetizas y sus poemas se recitaban a lo largo de Atenas, incluso fuer reconocida por Platón como la décima musa. También fue nombrada como la mejor exponente lírica por Dionisio de Halicarnaso.
En Roma, fue muy alabada por sus importantes poemas y sirvió como una fuente de inspiración para muchos poetas. Fue reconocida durante la época del Romanticismo en los teatros en donde se popularizó aún más su nombre.
Era vista como un tipo de heroína romántica y se le dedicó una estampa literaria por parte de Gertrudis Gómez de Avellaneda en su serie de Galería de Mujeres Ilustres.
De la obra de Safo de Mitilene únicamente se lograron recopilar 650 versos que fueron extraídos de antiguos papiros. Esta obra estaba compuesta por nueve libros que tenían diferentes extensiones y entre los que se han logrado rescatar se mencionan los siguientes:
- Epitalamios
- Cantos nupciales.
- Fragmentos de poemas dirigidos a mujeres.
Algunas de sus frases más reconocidas son:
- En la ira, nada es más conveniente que el silencio.
- Todo lo que es bello es bueno y quien es bueno, también es bello.
- Les aseguro que alguna persona se acordará de todas nosotras en el futuro.
- Pero las rosas se llegan a marchitar y con esto finalizará el verano y entonces las promesas de amor serán rotas. Por eso nunca debes de jurar amor, pero si lo haces, debes de recordar que ningún tipo de promesa puede durar toda la eternidad.
- Si morir fuese un bien, los dioses no serían inmortales.
- Amor es disfrutar mucho y llorar luego mucho más.

Safo fue representada en las cerámicas de la época.
En la actualidad, las aportaciones de Safo de Mitilene aún están vigentes y ha sido utilizada como un modelo propio del imaginismo. Sirvió como fuente de inspiración para muchos poetas que buscaban encontrar la esencia en la poesía.
Es vista también como uno de los símbolos más importante de la homosexualidad, principalmente como una figura lésbica, a pesar de que esta teoría nunca puso ser comprobada.
Safo diagnosticó el mal de amor hace miles de años.
Uno de los poemas que se le conoce dice:
Dulce madre mía, no puedo trabajar,
el huso se me cae de entre los dedos
Afrodita ha llenado mi corazón
de amor a un bello adolescente
y yo sucumbo a ese amor.
En el fragmento 31, enumera los síntomas físicos del deseo. Mientras observa a la persona que ama coquetear con otro hombre, el narrador de la poeta se queda callado, siente frío y calor por todas partes y oye un zumbido en sus oídos.
Las sensaciones son tan intensas que piensa que podría morir.
Este fragmento es un ejemplo temprano de un poeta que escribe sobre el costo físico que el deseo puede ejercer sobre nosotros:
Me parece semejante a los dioses ese
hombre que está ante ti
sentado y escucha la preciosa voz
de cerca
y la risa adorable que hace temblar
mi corazón en el pecho,
en cuanto te veo, se me va
el habla,
se me rompe la lengua,
me hormiguea un fuego impalpable,
mis ojos no ven, no oigo
claro,
transpiro de frío, un temblor
se adueña de mí, descolorida
como pasto seco, me
muero,
pero a todo hay que atreverse cuando nada se tiene.

Por último y como curiosidad, se ha relacionado a Safo de Mitilene como la creadora de la púa, un pequeño instrumento que ayuda a tocar guitarra, aparentemente, en un jarrón que data del siglo VI a.C. se puede observar a la poeta sosteniendo una lira con un pequeño dispositivo que se asemeja a la púa moderna.
Muy pocos trabajos de Safo pudo sobrevivir, la culpa se ha adjudicado principalmente a la iglesia medieval que buscaba a toda costar eliminar todo aquello que era considerado como pagano.
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