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Trampas, veneno, calor y polvo: la historia de St. Louis 1904, el maratón más desastroso de la historia…


La carrera comenzó a las 15 horas, un horario que en verano significa el punto más alto de temperatura. Y así fue, ya que los corredores debieron competir con 33 grados de temperatura 

Olimpics.com/carreraspopulares.com(L.Blanco)/Infobae(S.García)  —  ¿Por dónde empezar a contar la que quizás es la historia Olímpica más extraña de todas?

El maratón Olímpico de San Luis 1904 no es una historia sobre atletismo: es la culminación de una asombrosa mezcla de eventos que produjo una de las carreras más extrañas que se hayan corrido jamás.

Los Juegos Olímpicos en 1904 no eran todavía el evento descomunal esperado por todo el mundo que serían en los años siguientes y hasta la actualidad. En la tercera edición de los juegos de la era moderna ni siquiera fueron el evento principal de la ciudad donde se hicieron: St. Louis, Missouri, Estados Unidos. 

Originalmente la ciudad de Chicago, Illinois, sería la anfitriona, pero no St. Louis, que realizaría Exposición Universal conocida como la Louisiana Purchase Exposition.

Visitantes de gran parte del mundo visitarían la ciudad y St. Louis dejó en claro que si los Juegos Olímpicos no eran realizados allí, se organizarían una competencia deportiva alternativa.

Chicago cedió, pero los JJOO no serían el evento principal y una de sus competencias sufrió particularmente esa falta de rigor en la organización: el maratón de St. Louis de 1904 fue particularmente raro, peligroso y mal armado.

La organización de un evento de estas características, por tanto, estaba aún ‘en pañales’ y los responsables de la prueba de maratón cometían muchos errores. Además, las condiciones meteorológicas el día (y a la hora) de la carrera no eran las más adecuadas.

Correr, de hecho, no fue el único medio de transporte utilizado en esta carrera de 24,85 millas.

Quizás el trasfondo de la carrera debería haberle dado a la gente una idea de los extraños eventos que se avecinaban, ya que los Juegos Olímpicos de San Luis no fueron convencionales en ningún sentido de la palabra.

La maratón de los Juegos Olímpicos de San Luis se celebró el 30 de agosto de 1904 en horario vespertino. A la hora de la salida la temperatura rondaba los 33 grados. En la línea de salida se juntaron 32 atletas: 19 estadounidenses, 9 griegos, 3 británicos y un cubano. Sólo 14 llegaron a la meta después de completar 40 kilómetros, la distancia oficial de maratón en aquel momento.

De los corredores que estaban en la línea de salida del maratón, un puñado había corrido anteriormente en el Maratón de Boston. Pero principalmente entre los participantes había una mezcla de especialistas en media distancia o novatos en carreras de distancia que nunca antes habían intentado nada parecido a una distancia de maratón en sus vidas.

Salida del Maratón Olímpico de San Luis en 1904

La carrera comenzó a las 15 horas, un horario que en verano significa el punto más alto de temperatura. Y así fue, ya que los corredores debieron competir con 33 grados de temperatura.

En cualquier circunstancia ese nivel de calor es peligroso y afecta el desarrollo normal de la prueba, pero los problemas de organización fueron mucho más de la elección equivocada del horario de partida.

Hoy todos los maratones se organizan, salvo alguna excepción, en las horas más frescas de la jornada, en aquel momento había mucho por aprender y esta carrera fue una lección a todo nivel.

La carrera comenzaba con cinco vueltas dentro del estadio y luego salía por caminos de campo llenos de polvo.

Como había autos delante y detrás de los competidores para seguirlos, al calor y la humedad de la jornada hubo que sumarle una nube de polvo que acompañó a los competidores durante todo el trayecto de caminos.

La competencia terminaba nuevamente en el estadio. Vayamos sumando calor, humedad y polvo, es decir condiciones muy malas para correr.

Al calor se unieron otras muchas circunstancias que hicieron que las condiciones de la competición fueran realmente duras. El recorrido transcurría principalmente por caminos de tierra poco cuidados y polvorientos. Además, únicamente había un avituallamiento, cerca del kilómetro 20 de la carrera.

El que no pasó por ese punto fue el primer corredor que llegó a la meta, el estadounidense Fred Lorz.

Justo cuando estaba a punto de ser presentado con el trofeo del ganador, nada menos que por la hija del presidente, Alice Roosevelt, un miembro del público pidió detener el proceso asegurando que Lorz era un «impostor».

Más tarde, salió a la luz que en la marca de las nueve millas, Lorz había comenzado a sufrir calambres y se subió a un automóvil durante las siguientes 11 millas. Luego procedió a saltar del vehículo y correr hasta la meta donde disfrutaría del botín de la victoria. Lorz continuaría afirmando que solo había terminado la carrera como una «broma» y nunca había tenido la intención de mantener la farsa.

1904 marathon

Para complicar el reto, solo había un punto de avituallamiento con agua disponible durante toda la carrera: un pozo al costado de la carretera en la marca de las 12 millas.

La carrera finalmente fue ganada por el estadounidense Thomas Hicks en un tiempo que fue el más lento en la historia Olímpica: 3 horas 28 minutos y 53 segundos. Pero incluso la carrera de Hicks estaba lejos de ser convencional.

Habiendo sido ayudado por sus entrenadores en varios puntos a lo largo de la ruta, Hicks finalmente se forzó a sí mismo hacia la línea de meta.

Charles Lucas, un oficial de la carrera, dijo lo siguiente sobre las últimas dos millas:

“Sus ojos estaban apagados, sin brillo; el color blanquecino de su rostro y su piel se había intensificado; sus brazos parecían pesos bien atados; apenas podía levantar las piernas, mientras que sus rodillas estaban casi rígidas».

Finalmente, exhausto y con unas cuantas millas por correr, sus entrenadores llevaron a Hicks a la línea de meta, ayudándole a mover sus piernas y desplazarse.

Fue un final apropiado para una carrera que es poco probable que volvamos a ver.

Thomas Hicks, el ganaodor, quiso abandonar. Sus entrenadores no se lo permitieron y comenzaron a darle pequeñas dosis de estricnina para estimularlo. Acompañando este veneno para ratas le daban sorbos de brandy

Aunque casi no pudo recibir su medalla de vencedor porque llegó a la meta muy perjudicado físicamente. De hecho, tuvo que ser atendido por varios doctores en el estadio que le salvaron la vida.

Y es que la carrera de Hicks no fue precisamente un camino de rosas. El atleta estuvo a punto de retirarse en el kilómetro 30. Pero sus asistentes le presionaron para que siguiera, a pesar de su lamentable estado.

Para que se recuperase, le dieron varias dosis de un brebaje compuesto de huevo, brandy y estricnina, un tipo de pesticida usado para matar ratas. En pequeñas cantidades servía para estimular el sistema nervioso. Pero Hicks, poco a poco, acabó envenenado.

Luego de conseguir la victoria tuvieron que ser asistido por varios médicos para evitar que se muriera. Perdió más de tres kilos en el recorrido de la carrera. El segundo puesto fue para el francés Albert Corey con una marca final de 3:34:52 y en tercer lugar otro competidor de Estados Unidos, Arthur Newton, que terminó en 3:47:33. Todos muy lejos de una buena marca, incluso para aquella época.

Hicks luchó contra los elementos, el veneno y los delirios. Durante muchos tramos casi no pudo caminar y sus ayudantes le tenían que mantener en pie. Así entró en la meta. Su marca, 3.28.53, lo dice todo. Es, con diferencia, la peor de la historia de los maratones olímpicos y la única por encima de tres horas.

En París, 4 años antes, se había ganado con 2.59. A pesar de las evidentes ayudas de sus asistentes, los jueces, atendiendo a las normas de la época, dieron como ganador a Thomas Hicks.

el cartero cubano Andarín Carvajal

Otra historia increíble es la del cartero cubano Andarín Carvajal, quien llegó a último momento a competir, haciendo dedo desde New Orleans. 

La odisea del corredor comenzó realmente mucho antes de aquel 30 de agosto. Carvajal llegó en barco al puerto de Nueva Orleans con el poco dinero que había podido recaudar pidiendo apoyo a sus conciudadanos.

Pero allí se gastó o perdió todo lo que tenía y tuvo que hacer el viaje hasta San Luis (unos 1.000 kilómetros) andando o haciendo autostop y apelando a la generosidad de los que se encontraba por el camino.

Una vez en la ciudad olímpica, el cubano se encontró con que no tenía la indumentaria adecuada. En realidad, no tenía ninguna experiencia atlética previa. Sus zapatos no eran los idóneos y tuvo que recortar sus pantalones de vestir para poder correr con ellos.

Su carrera fue de lo más extraña también. Carvajal paraba a menudo a comentar con los paseantes o con el público cómo iba la prueba. Pero se encontraba hambriento. Llevaba casi dos días sin comer y el esfuerzo de la maratón le obligaron a coger unas manzanas de un árbol del camino para reponer algo de energía.

El problema es que las manzanas le sentaron mal y le causaron molestos dolores de estómago y calambres. El cubano paró a dormir una breve siesta y al concluirla siguió con la carrera, terminando en un insólito cuarto puesto, que se adivina muy lejano al podio de la competencia, ya de por sí de un nivel inferior por todo lo mencionado.

No hay registros oficiales de su marca, pero se estima que pudo rondar las 4 horas.

En 1904 el récord era del legendario atleta griego Spyridon Louis, quien en los Juegos Olímpicos de Atenas 1896 había marcado un tiempo de 02:58:50. Cuando Frederick Lorz cruzó la meta con un tiempo de 03:13:00 el público lo aplaudió aun cuando estaba lejos de aquella marca récord.

Polvo y perros agresivos

Pero ese maratón olímpico de San Luis dio para mucho más. Otro atleta de EEUU, William García, tuvo que ser evacuado por los equipos sanitarios después de encontrarle tendido en el suelo en mitad del recorrido.

William García, de California, que inicialmente iba a la cabeza, tragó tanto polvo de los caminos rurales que sufrió una hemorragia estomacal casi fatal. Tenía importantes daños internos por respirar el abundante polvo del camino que levantaban los coches que acompañaban la carrera.

¿Y qué decir de lo que le ocurrió a Len Taunyane? Era uno de los dos africanos negros que participaba por primera vez en unos Juegos Olímpicos. Taunyane era originario de Sudáfrica. Muchos esperaban una buena actuación del atleta, pero acabó en novena posición.

El problema fue que durante casi dos kilómetros tuvo que correr en sentido contrario perseguido por un par de peligrosos perros que le querían atacar.

El corredor acabó noveno de los 14 finalistas.

El resultado

El maratón de San Luis fue tan controvertido que la prueba fue casi eliminada del programa Olímpico de los siguientes Juegos.

El director de los Juegos Olímpicos de 1904, James Sullivan, afirmó que una carrera de esa distancia era «indefendible en cualquier terreno».

Lorz, quien se había encaminado a la «victoria» en San Luis, fue suspendido de por vida por su comportamiento fraudulento, un castigo que fue anulado a tiempo para que ganara el maratón de Boston un año después.

Carvajal, de Cuba, obtuvo el patrocinio del gobierno griego para correr un maratón en Atenas en 1906.

Pero cuando nunca llegó a la carrera, los periódicos de su país de origen lo proclamaron muerto.

Un año después llegó sano y salvo a La Habana; su paradero durante el año anterior fue un completo misterio.

El ganador de la carrera, Hicks, por su parte, continuó corriendo maratones durante los siguientes cinco años, antes de mudarse a Winnipeg, Canadá, con sus dos hermanos.

Pero ninguno de estos corredores volvería a experimentar una prueba tan absurdamente extraña como el maratón Olímpico de San Luis de 1904.

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