Anécdotas de la Segunda Guerra mundial…

Saf-T-Bra
El sujetador Saf-T-Bra
Anecdotas y Curiosidades — Una de las consecuencias más directas que tuvo para EEUU su entrada en el conflicto fue que la mano de obra masculina que estaba trabajando en la industria nacional se tuvo que ir al frente, por lo que unos 6.000.000 de mujeres tuvieron que ocupar sus puestos para que no se produjese un colapso en el sistema.
Fueron conocidas como «Las Rositas» y desempeñaron los mismos trabajos que los hombres: Se calcula que unas 37.000 fallecieron debido a accidentes laborales y que otras 210.000 sufrieron percances cuya consecuencia fue algún tipo de invalidez.
Una empresa de Pennsylvania especializada en la creación de ropa de trabajo y equipos de seguridad industrial llamada Wilson Goggles creó el Saf-T-Bra, unos sujetadores plásticos que prevenían y aseguraban la zona pectoral de las mujeres que trabajaban con maquinaria pesada, soldando o realizando cualquier otro trabajo que pudiera causarles lesiones.

«Vestimenta de seguridad para las trabajadoras. El uniforme de la izquierda, con el «sujetador» plástico a la derecha, evitará futuros accidentes de trabajo entre las mujeres trabajadoras de guerra. Los Angeles, California. Acme, ca. 1943″
El material utilizado para la fabricación era rígido y fueron dotados de varios agujeros de ventilación para que la piel pudiera transpirar, aunque estamos seguros que su uso debió de ser un auténtico incordio.
No obstante, fueron publicitados como un gran invento por el gobierno americano y se crearon campañas publicitarias para incentivar su uso entre las mujeres trabajadoras.
El escondite de Las joyas de la Corona

El tesoro más preciado y representativo de la monarquía inglesa son las famosas joyas de la corona, expuestas habitualmente en la Torre de Londres y utilizadas por la reina Isabel II en varias ceremonias solemnes como pueden ser la apertura anual del Parlamento Inglés.
A parte de ser unos objetos de valor incalculable, su principal función consiste en representar el poder de la realeza británica, por lo que la desaparición de estos símbolos supondría un fuerte revés para la monarquía.
En 1940, la Segunda Guerra Mundial alcanza al país y éste se prepara tomando diversas medidas ante la más que probable invasión alemana.
El gobierno inicia diversas acciones de guerra psicológica utilizando programas de radio o difundiendo rumores en prensa escrita, y la casa real participa activamente concienciando a la población o preparando a su propia institución para los tiempos que deberá afrontar.
Y es por ello que el rey Jorge VI decide esconder las joyas en el Castillo de Windsor, disponiendo que las joyas de las coronas se desengarzaran y se escondieran en una lata de galletas de la marca Fortt’s Original Bath Oliver Biscuits.

Lata de galletas Fortt’s Original Bath Oliver Biscuits
Así pues, piezas como el famoso Rubí del Príncipe Negro, la piedra preciosa que luce justo en medio de la Imperial State Crown (la corona inglesa), fueron trasladadas desde Buckingham Palace hasta el Castillo de Windsor en el interior de dicha lata.
El rey ordenó que se cavara un agujero bajo una de las puertas secretas de salida del castillo pensadas para ser utilizadas en caso de emergencia y que se cubriera bien la tierra para disimular su existencia ante los reconocimientos aéreos.
Mientras las joyas estaban enterradas, se construían dos cámaras con puertas de acero para ponerlas a buen recaudo.
Estos detalles han podido ser conocidos recientemente gracias al trabajo de un asistente del encargado de los archivos reales llamado Oliver Urquhart Irvine, quien encontró unas cartas enviadas a la madre del Rey Jorge VI en las que se detallaban estos trabajos.
Un documental de la BBC recoge estos detalles y asegura que la reina Isabel II, que también pasó la guerra en el Castillo de Windsor, no conocía este hecho.
Se aclara así lo sucedido con el tesoro real, desmontándose algunas teorías sobre el escondite de las joyas durante aquel periodo, tales como que habían sido evacuadas a Canadá o que habían pasado la guerra en una cueva situada en Gales.
La Victory Book Campaign

La actriz Benay Benuta inaugura la campaña en los escalones de la Biblioteca Pública de NewYork
En noviembre de 1941, la American Library Association, la American Red Cross y la United Service Organizations, unieron sus esfuerzos para crear la Victory Book Campaign, una campaña de recogida de libros para complementar, o más bien aumentar, los fondos disponibles en las bibliotecas del Ejército y la Armada.
La idea consistía en pedir la donación de libros para hacerlos llegar, de forma gratuita, a los soldados y marineros que servían en las fuerzas armadas. Esta iniciativa no era novedosa, puesto que ya había funcionado durante la Primera Guerra Mundial.
Por aquel entonces, un ilustrador llamado Charles Buckles Falls, dibujó un cartel para la American Library Association. En el mismo, podía verse a un soldado sosteniendo una pila de libros. Este diseño se convirtió en un gran éxito y, años más tarde, esta misma asociación volvió a contactar con CB Falls para realizarle un nuevo encargo.
La sede oficial de la campaña se situó en el Empire State Building, mientras que su lanzamiento se realizó el 12 de enero de 1942 en los escalones de la Biblioteca Pública de New York.
Un esfuerzo en el que participa toda la nación
El llamamiento fue un éxito. La gente empezó a llevar sus libros a las bibliotecas locales. Muchas tiendas ayudaron también al solicitar donaciones en sus escaparates. Las empresas instalaron cajas para recoger las donaciones de sus empleados. Organizaciones como la Cruz Roja o los Boy Scouts se encargaban de recoger los ejemplares.
Todo el país colaboró con esta iniciativa, dándose alguna tan curiosa como la que protagonizada por el gremio de lecheros. El 18 de enero de 1943, el periódico The New York Times publicó lo siguiente:
«La Campaña por el Libro de la Victoria de 1943 para la recolección y distribución de libros para hombres en las fuerzas armadas recibirá apoyo práctico de lecheros en esta área en los próximos días.
Amas de casa que han tenido la costumbre de escribir notas para los lecheros, diciéndole cuánta leche y crema deben dejar, ahora recibirán notas del lechero, instándoles a envolver y dejar algunos libros junto con sus botellas de leche vacías.
Los lecheros tomarán los libros y los llevarán a la distribución de leche, unos centros desde los cuales serán entregados a la biblioteca más cercana para su distribución definitiva a las fuerzas armadas
En este plan, compañías lecheras como la de Borden *, Sheffield’s y Dairymen’s League han recibido apoyo del sindicato de conductores de leche.»

Boy Scouts recogiendo libros en Detroit. 1943
Clasificación de las donaciones
No todos los ejemplares se enviaban al frente. Entre todos los miles de libros que llegaban, algunos eran muy valiosos, por lo que se decidió venderlos y comprar más libros con el dinero obtenido. Para ello se formó un Comité de libros raros encargado de realizar su tasación.
También era necesario clasificar los ejemplares para desechar títulos duplicados, rotos o de mala calidad (Se pedía al público que no donara ejemplares pensando en limpiar sus estanterías).
La directora estatal de la campaña en el estado de Oregón, Eleanor Stephens, solicitó a sus vecinos que entregaran al menos un buen libro, pero advirtió al lector que no fueran «al ático a por este tipo de libro.
Nuestros muchachos no quieren ejemplares desechados. Done los libros que a usted le gustan, que valgan la pena, libros que sean deseables.»
Con todo, Ruth Stratton, su sucesora en el cargo, se quejó amargamente de haber recibido títulos como «antiguos catálogos universitarios, libros sobre enfermería obstétrica, o muchos títulos en mala condición física.»

Clasificación de donaciones para la Victory Book Campaign en Oregon
Para conocer los gustos de los soldados, los encargados de la campaña realizaron encuestas que más tarde difundieron entre el público para encaminar sus donaciones. Libros de aventuras, western, detectives o de misterio destacaban por encima de otros géneros literarios.
Los que recogían historias cómicas, anécdotas o dibujos animados se situaban entre los más preferidos. También había una gran demanda de libros técnicos entre los hombres que estudiaban una carrera o que esperaban ascender.
En este caso, los libros debían tener una antigüedad menor a 7 años desde la fecha de su publicación. En esta categoría se podían encontrar libros sobre arquitectura, dibujo mecánico, matemáticas, navegación, química…etc

Biblioteca Móvil de la 31ª División en el área de maniobras en Camp Polk, Louisiana en 1943
Las grandes estrellas prestan su imagen
Estrellas de Hollywood, de la radio, cantantes, actores y actrices, también contribuyeron con su imagen para ayudar a la recaudación de fondos bibliográficos. Katharine Hepburn, Chico Marx, Dick Powell, Merle Oberon, Gypsy Rose Lee, Mady Christians o el líder de la Big Band Benny Goodman no tuvieron reparos en aparecer junto a miembros de la organización, presentar actos o fotografiarse junto a montañas de libros.

Katharine Hepburn y Chico Marx junto a una voluntaria
Un balance final más que positivo
El 31 de diciembre de 1943, finalizó la campaña. Fueron dos años durante los que se recogieron entre 17.000.000 y 18.500.000 unidades (según las diferentes fuentes consultadas). Sin lugar a dudas, todo un éxito, tanto de organización como de resultados.
La razón esgrimida por el Presidente de la Junta de Directores de la Campaña, William S. Hepner, para abandonarla fue que tanto el Ejército como la Marina se dispusieron a comprar 35.000.000 de títulos para enviar a todos los frentes.
En estas circunstancias, el esfuerzo de la Victory Book Campaign no tenía sentido.
De todos los ejemplares donados, cerca de 10.000.000 fueron considerados «adecuados en contexto y condición para la distribución». El ejército fue el mayor receptor con un 60% del total de cesiones, la marina obtuvo cerca de un 20%.
De los restantes, un 6% se entregó a la marina mercante, mientras que 45.000 libros se reservaron para prisioneros de guerra. La American Red Cross, la United Service Organizations y algunas bibliotecas, se hicieron cargo de los títulos restantes.
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