La Inquisición Española: La Verdad tras la Leyenda Negra …

Auto de Fe en la Plaza Mayor de Madrid. Óleo sobre lienzo de Francisco Rizi,1683. Madrid, Museo del Prado.
Ancient Origins(Mariló T.A./N.Klimczak)La Inquisición española fue, no sólo una organización polémica, sino también poco y mal conocida por el gran público. Una institución perseguida por una oscura leyenda negra y, como ya se sabe, toda leyenda posee cierto fundamento y parte de falsedad.
En este caso la falsedad comienza, por ejemplo, en cuanto a su origen, que no es medieval ni español, como suele pensarse comúnmente.
La muerte en la hoguera fue utilizada cómo método de ejecución ya en el Imperio Romano. Con la progresiva cristianización de Europa se fue fraguando la mentalidad de que la herejía, atentado grave contra la fe, era equivalente al delito de “lesa majestad” (en el que se incurría, por ejemplo, al atentar contra la vida del rey).
En el caso de la herejía, se consideraba agraviada la majestad divina. La primera inquisición, la Inquisición Episcopal, fue creada por medio de la bula papal Ad abolendam, de finales del siglo XII, promulgada por el Papa Lucio III como un instrumento para combatir la herejía albigense en el sur de Francia.
Cincuenta años después el Papa Gregorio IX creó la Inquisición Pontificia mediante la bula Excommunicamus. Inquisición que ya se estableció en varios reinos cristianos europeos durante la Edad Media.
En cuanto a la península ibérica, este tipo de Inquisición sólo se instauró en la Corona de Aragón.

Escudo de la Inquisición Española. La espada simboliza el trato a los herejes y la rama de olivo la reconciliación con los arrepentidos. Rodea el escudo la leyenda «EXURGE DOMINE ET JUDICA CAUSAM TUAM. PSALM. 73», frase en latín que significa: Álzate, oh Dios, a defender tu causa, salmo 73.
La Suavidad Represiva Española
En España la caza de brujas fue una “caza menor”. La brujomanía fue de bastante menor intensidad que en Europa, aunque más prolongada en el tiempo.
La Inquisición española se mantuvo al margen de la generalizada caza de brujas desarrollada en Europa a finales del siglo XV, a raíz de la bula “Summis desiderantis afectibus”, de Inocencio VIII (1484) y, sobre todo, a raíz de la publicación del “Malleus Maleficarum”, obra de Kraemer y Sprenger (1486), que sentenciaba contundentemente: “Haeresis est maxima opera maleficarum non credere” (la mayor de las herejías es no creer en las brujas). Un caso destacado fue el proceso de Logroño, en que se juzgó a las brujas de Zugarramurdi.
Sólo en el sudoeste de Alemania, de 1560 a 1670, según los datos de Delumeu, fueron ejecutadas 3229 brujas; en Escocia, de 1590 a 1680, 4400 y en Lorena, más de 2000 de 1576 a 1606. Sin embargo, en España la pena más frecuentemente aplicada fue la abjuración de levi, que suponía ser advertido, reprendido, multado, desterrado por un tiempo no superior a 8 años y, con frecuencia, azotado públicamente.
De hecho se tiene la certeza de que la Inquisición Española, desde su implantación en 1478 hasta su abolición en 1834 (casi 400 años de existencia), juzgó en total a unas 130.000 personas, de las cuales menos del 2% (menos de 2600) fueron condenadas a muerte.
Durante mucho tiempo se ha confundido el número de juicios con el de condenados a la hoguera, publicándose cifras absolutamente disparatadas y erróneas superiores a las 100.000 ejecuciones.

El aquelarre, pintura de Francisco de Goya, Museo Lázaro Galdiano, Madrid, 1797-98
La absolución fue frecuente puesto que la tendencia a creer que las supuestas brujas habían bebido vino y que estaban enfermas de modorra era muy significativa. Incluso cuando el procesado de brujería confesaba haber tenido pacto con el demonio, la Inquisición advertía:
“que no procede en estos casos por sólo la forma de ser brujos y hacer los dichos daños, si no testifican de haberlos visto hacer algunos daños, porque muchas veces lo que dicen han visto y hecho les sucede en sueños y juzgan se hallaron en cuerpo y lo vieron e hicieron con los que testifican y les figura el demonio cuerpos fantasiosos de aquellos que dicen vieron sin haberlos visto ni hallándose allí para que hagan esos daños de inflamar en peligro a los que no tienen culpa.”
No se conservan datos de las causas de fe de brujería en toda España, salvo las de Cataluña y Valencia. En este ámbito se observa una clara estructura dividida en cinco etapas diferentes:
-La primera, (1560-1600), registra bajísimas cifras de procesados con medias quinquenales de menos de 8 personas.
-La segunda constituye el punto álgido de la brujomanía en la década de 1600, con un total de 60 procesados en Cataluña y 12 en Valencia.
-La tercera etapa cubre el largo periodo comprendido entre el año 1610 y el 1660, con un ritmo procesal medio de unas 15 víctimas por quinquenio en Cataluña y 12 en Valencia, destacando en el Tribunal de Valencia la total dedicación de la Inquisición en la década de 1610-20 al problema de los moriscos subsiguiente a la expulsión de los musulmanes tras la Reconquista.
– La cuarta etapa abarca la década entre 1660 y 1670 de nueva intensificación en los procesos a brujas: nada menos que 53 en Cataluña en el quinquenio comprendido entre 1665-70.
– La última y definitiva etapa supone el retorno a la habitual cifra de menos de 20 procesados por quinquenio.
Una vez más, hay que recordar que las cifras anteriores se refieren a personas “procesadas”. No se trata de condenados y mucho menos de ejecutados.
Una de las penas más usuales cuando el acusado era condenado culpable consistía en ser «azotado mientras recorría las calles», en cuyo caso, si se trataba de un varón, debía aparecer desnudo hasta la cintura, a menudo montado sobre un asno para que sufriera una mayor deshonra, siendo debidamente azotado por el verdugo con el número señalado de latigazos.
Durante este recorrido por las calles, los transeúntes y chiquillos mostraban su odio y desprecio por el hereje lanzando piedras a la víctima.

«Condenados por la Inquisición», de Eugenio Lucas. Siglo XIX, Museo del Prado.
Aunque la Inquisición fue creada para evitar los avances de la herejía, se ocupó también de una amplia variedad de delitos. Sobre el total de 49 092 procesados en el período de 1560 a 1700 de los que hay registro fueron juzgados los siguientes delitos: judaizantes (5007); moriscos (11 311); luteranos (3499); alumbrados (149); supersticiones (3750); proposiciones heréticas (14 319); bigamia (2790); solicitaciones (1241); ofensas al Santo Oficio (3954); varios (2575).
La Reforma Protestante
Durante el siglo XVI, la Inquisición se reveló como un eficaz mecanismo para extinguir los escasos brotes de protestantismo aparecidos España. Brotes de los que, curiosamente, gran parte de los protestantes tenían origen judío.
Los principales procesos contra grupos luteranos tuvieron lugar entre 1558 y 1562 contra dos comunidades protestantes de Valladolid y Sevilla. Se celebraron varios autos de fe multitudinarios, algunos de ellos presididos por miembros de la realeza, en los que fueron ejecutadas alrededor de un centenar de personas.
Tras el año 1562, aunque los procesos continuaron, la represión fue mucho menor y se calcula que sólo una decena fueron quemados vivos hasta finales del XVI, aunque se siguió proceso a unos doscientos.

Difusión de la Reforma Protestante hacia 1560. En color rosa pálido los territorios con predominio luterano (norte, centro y este de Alemania, países escandinavos y bálticos); en rosa más intenso, anglicano (islas británicas); en amarillo, calvinista (Suiza y núcleos de Francia, Países Bajos, Escocia y Europa Centro-Oriental). Los católicos en azul (Europa Meridional, sur y oeste de Alemania, Países Bajos del sur, Irlanda, núcleos de Gran Bretaña, Polonia y amplias zonas de Europa Centro-Oriental); en verde los ortodoxos (Balcanes, Rumanía y Rusia).
Los Reyes Católicos y la Comunidad Judía
La Inquisición no actuaba contra los judíos. Tan solo actuaba sobre los judeoconversos que mantenían ritos propios del judaísmo. El objeto de la Inquisición era corregir los errores de fe en los católicos, es decir combatir la herejía.
Los Reyes Católicos fueron, inicialmente, favorables a los judíos (al parecer el rey Fernando tenía sangre hebrea por línea materna) y un buen grupo de ellos servía en la Corte. En Castilla y Aragón existían unas 220 aljamas (comunidades hebreas).
Los judíos dependían directamente de los reyes, eran protegidos por leyes singulares y aportaban tributos especiales: constituían, sin embargo, una clase de súbditos de segunda categoría.
Como es bien sabido, los sefardíes (judíos españoles) fueron expulsados por los Reyes Católicos en 1492, siguiendo una línea política adoptada anteriormente por otros reinos europeos como Inglaterra y Francia.
Concretamente fue el 31 de marzo de 1492, apenas tres meses después de la conquista del reino nazarí de Granada, cuando los Reyes Católicos promulgaron el Decreto de la Alhambra que ordenaba la expulsión de los judíos de todos sus reinos.
Bien conocían Isabel y Fernando que su decisión no sería rentable desde el punto de vista económico, ya que muchos judíos se dedicaban al comercio y al mundo financiero. Pero en su postura tuvo gran peso la causa religiosa y social: se temía la efectividad del proselitismo hebreo y se quiso evitar la violencia popular de los acreedores contra las aljamas.
La alternativa era recibir el bautismo o el exilio forzoso, elegido por la inmensa mayoría de sefardíes.

Interior de la Sinagoga del Tránsito en Toledo.
Es cierto que los sefardíes vivían en barrios especiales y que el IV Concilio de Letrán (1215) instó a que utilizaran una marca externa para distinguirlos de los cristianos, pero la citada marca conciliar se difundió poco por España y tenía carácter religioso, no estrictamente racista.
La cifra de los judíos que salieron de España no se conoce, pero las estimaciones actuales de Henry Kamen estiman que, de una población aproximada de 80.000 judíos, aproximadamente la mitad optó por la emigración.
Los judíos españoles emigraron principalmente a Portugal (de donde volverían a ser expulsados en 1497) y a Marruecos.
En 1691, en diversos autos de fe, fueron quemados en Mallorca 36 xuetes o judeoconversos mallorquines. A lo largo del siglo XVIII se redujo significativamente el número de judeoconversos acusados por la Inquisición.
El último proceso a un judaizante fue el de Manuel Santiago Vivar, que tuvo lugar en Córdoba en 1818.

Copia sellada del Decreto de la Alhambra
La Inquisición y los Moriscos
La Inquisición no solamente perseguía a los judeoconversos, sino que también se encargaba de enjuiciar a los moriscos, los conversos del Islam sospechosos de continuar renegando de su nueva fe, pese a haber aceptado el bautismo.
Los moriscos se concentraban sobre todo en los reinos de Granada, Valencia y Aragón y muchos de ellos mantenían en secreto su religión islámica.
Sin embargo, con ellos se puso en práctica una política diferente a la ejercida sobre los judíos.
A los moriscos se les cristianiza de forma mucho más pacífica por dos razones principales: por un lado en Valencia y Aragón la gran mayoría de ellos se hallaba bajo jurisdicción de la nobleza y perseguirles hubiese supuesto ir contra los intereses económicos de este poderoso estamento; por otro lado, en Granada se temía el poder provocar una rebelión en una zona vulnerable, en una época en que los turcos eran dueños y señores del Mediterráneo.

La expulsión de los moriscos (1894), obra de Gabriel Puig Roda. Museo de Bellas Artes de Castellón.
Pese a lo anterior, hacia la mitad del siglo XVI, durante el reinado de Felipe II se produjo la rebelión de las Alpujarras: sublevación que fue reprimida con gran dureza, incrementándose además las ejecuciones y deportaciones a otras zonas de España.
De hecho, según afirma Henry Kamen, “a partir de la década de 1570, en Aragón y Valencia los moriscos formaban el grueso de las persecuciones de la Inquisición. En el propio tribunal de Granada, los moriscos representaban el 82% de los acusados entre 1560 y 1571”.
El 9 de Abril de 1609, Felipe III, decretó su expulsión. Una decisión que se ejecutó de forma escalonada entre 1609 y 1613.
Los primeros moriscos expulsados fueron los del Reino de Valencia a los que siguieron los de Andalucía, Extremadura, Coronas de Castilla y Aragón y Reino de Murcia.
En total fueron expulsadas unas 300.000 personas, la mayoría de ellas procedentes de Valencia y de Aragón, reinos que perdieron un tercio y un sexto de su población, respectivamente.
La decisión de expulsarlos vino determinada por distintas causas.
Entre ellas destacan que, pese a más de medio siglo de conversión forzada al cristianismo, continuaban manteniéndose alejados del resto de la sociedad; también se tuvo en cuenta el hecho de que, tras la rebelión de Las Alpujarras, se creía que constituían un verdadero problema para la seguridad nacional; asimismo, la existencia de una etapa de recesión, debida a una disminución en la llegada de recursos de América, llevó a la población cristiana a mirar con resentimiento a la morisca.

Imagen ficticia de una supuesta cámara de tortura inquisitorial. Grabado del siglo XVIII de Bernard Picart. Los grabados de Bernard Picart formaron parte de la leyenda negra construida en torno a la Inquisición española.
La Leyenda Negra
A finales del siglo XVI, exiliados políticos españoles, como González Montano en Alemania o Antonio Pérez, exsecretario de Felipe II, en Francia e Inglaterra, difundieron el germen de la Leyenda Negra. Media Europa acogió de buen grado los libelos antiespañoles, según el hispanista H. Kamen, bien por su rivalidad en el dominio marítimo (Gran Bretaña, Francia) o por su deseo de librarse del dominio político español (Países Bajos, norte de Italia).
Durante el siglo XVIII, se difundieron unos grabados sobre la tortura inquisitorial del francés Bernard Picart que no corresponden a la realidad. Los tormentos eran, no obstante, terribles, teniendo como finalidad producir un gran dolor físico a los acusados, sin llegar a la mutilación o muerte, a fin de conseguir su confesión (en el caso de herejía, el reo confeso era librado de la pena capital).
Los procedimientos de tortura más empleados por la Inquisición fueron tres: la «garrucha », la «toca» y el «potro».
El tormento de la garrucha consistía en colgar al reo del techo con una polea por medio de una cuerda atada a las muñecas y con pesos atados a los tobillos, ir izándolo lentamente y soltar de repente, con lo cual brazos y piernas sufrían violentos tirones y en ocasiones se dislocaban.
La toca, también llamada «tortura del agua», consistía en atar al prisionero a una escalera inclinada con la cabeza más baja que los pies e introducir una toca o un paño en la boca a la víctima, obligándola a ingerir agua vertida desde un jarro para que tuviera la impresión de que se ahogaba —en una misma sesión se podían administrar hasta ocho cántaros de agua—.
En el potro el prisionero tenía las muñecas y los tobillos atados con cuerdas que se iban retorciendo progresivamente por medio de una palanca.

Retrato de Antonio Pérez, exsecretario de Felipe II, difusor de la leyenda negra sobre la Inquisición Española por Inglaterra y Francia. Obra de Antonio Ponz. Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
El Santo Oficio utilizó, de hecho, con menor frecuencia la tortura que otros tribunales coétaneos (era ordinario emplearla en todos). Hispanistas como Henry Charles Lea o Henry Kamen confirman con claros datos estadísticos, que en las épocas más duras de la Inquisición (hasta 1530) en los tribunales más activos se utilizó el tormento en el 1% o el 2% de los casos.
La Ilustración y los afrancesados del XVIII continuaron con la campaña de oscurantismo y desprestigio y desde el siglo XIX otro exiliado español, Juan Antonio Llorente, antiguo secretario del Santo Oficio madrileño, se convirtió en el mejor difusor de la leyenda negra, a través de su “Historia crítica de la Inquisición española”, obra que contiene algunos elementos de interés, junto a errores de bulto de carácter estadístico.
La leyenda negra de la Inquisición se asocia al abuso de la tortura y al enriquecimiento de los tribunales mediante la confiscación de bienes a los reos. A veces se presenta al Santo Oficio como una organización de rapiña.
Es cierto que a los acusados se les confiscaban los bienes para cubrir los gastos del arresto y del tribunal, pero según estudiosos como Ramón Carande o Fernand Braudel nunca constituyeron un negocio, aunque se dieron abusos contra los judeoconversos hacia 1480 y 1725.

Grabado, probablemente del siglo XVI, que muestra diversos procedimientos de tortura en un castillo de la actual Eslovaquia. Al fondo y en primer plano, respectivamente, los tres tormentos a los que recurría la Inquisición Española: la garrucha (junto al torturado el tribunal y el escribano que anotan todo lo que dice) y en primer plano, un hombre yacente sobre el potro, cuyo torno está siendo accionado por el verdugo, mientras que también es torturado mediante el tormento del agua o toca.
Las Cifras Reales
Hasta finales de los años 70 del pasado siglo existió cierta confusión sobre el número de víctimas mortales provocadas por la Inquisición en España.
Llegados a este punto es preciso aclarar, no obstante, que los ajusticiados por herejía no eran las únicas víctimas: existían penas menores (cárcel, multas, penitencias, etc) y, además, las familias de los reos quedaban marcadas por la infamia durante generaciones.
De ahí la importancia que se dio en la España del XVII a la “limpieza de sangre”, es decir, a no tener antepasados judeoconversos o moriscos, perseguidos por la Inquisición.
Las primeras cifras sobre víctimas inquisitoriales las aportaron cronistas de la época como Pulgar, Palencia y Bernáldez quienes aseguraban que, entre 1481 y 1488, rigurosa etapa en Andalucía, fueron ajusticiadas unas 2000 personas, en su mayoría judíos bautizados que renegaban de su nueva fe.
A partir del siglo XIX, se consideraron válidas (aunque más tarde también se ha demostrado que se trataba de datos erróneos) las cifras globales aportadas por J.A. Llorente, el citado exsecretario del tribunal de Madrid, quien aseguraba que se ejecutó al 9,2% de los juzgados.
En 1986, los expertos Contreras y Henningsen publicaron las conclusiones de un estudio realizado sobre 50.000 causas inquisitoriales sobreseídas entre 1540 y 1700, etapa de gran influencia social de la Inquisición.
En dichas conclusiones se asevera que sólo el 1,9% del total de encausados fueron condenados a la hoguera. Por su parte y refiriéndose a una etapa aún más amplia, Escandell afirma que entre 1478 y 1834 (años de refundación y abolición del Santo Oficio), se condenó a muerte al 1,2% de los juzgados.

“El auto de fe”, obra Pedro de Berruguete.
Los métodos usados por la Inquisición, no fueron ni más crueles ni más intolerantes que los utilizados por Tribunales de otras naciones europeas como Alemania, Italia, Portugal, Inglaterra o Francia.
La Inquisición tampoco fue la causa de que España quedase atrasada culturalmente, -otra de las falacias mantenidas de manera generalizada- puesto que entre siglos XVI y XVII transcurrió, precisamente, el Siglo de Oro de la cultura española.
Por tanto, es justo reconocer -y en este punto sí que coinciden todos los historiadores- que desde finales del siglo XV hasta el primer cuarto del siglo XIX, la Inquisición, constituye una de las leyendas más negras de la historia española.

Ilustración contemporánea del Auto de Fe celebrado en Valladolid España 21-05-1559
¿Por qué la Inquisición Española permitió que algunas brujas siguieran con vida?
La Inquisición española tiene fama de haber sido muy sanguinaria y cruel. Sin embargo, en algunas regiones de España sus acciones fueron apenas visibles y se centraron en los herejes, pero no en las brujas. La mayoría de las personas acusadas de brujería fueron enviadas de regreso a casa y vivieron como si la Inquisición no existiera.
El horror de los juicios comenzó en 1478, cuando el rey Fernando V (1452-1516) y su esposa, la reina Isabela I (1451-1504) solicitaron permiso papal para establecer la Inquisición española.
Aunque se conocían prácticas como esta en el siglo XIII, siempre se centró en temas distintos a la brujería. 5.000 hombres y mujeres fueron acusados de brujería, pero menos del 1 por ciento fueron condenados a muerte.

Retrato de boda del rey Fernando de Aragón y la reina Isabel de Castilla.
El peor lado de la Santa Inquisición española
El más cruel de los Inquisidores Reales fue Tomás de Torquemada, que vivió entre 1420 y 1498. Creó un modelo de Inquisición preocupada por convertir al cristianismo y castigar a quienes no querían seguir ese camino. La mayoría de las víctimas de su actividad eran musulmanes y judíos. Todos los juicios, torturas y audiencias se organizaron oficialmente para proteger la fe cristiana.
Con el tiempo, el gran inquisidor Torquemada se convirtió en sinónimo de los actos más crueles realizados en España en la lucha por su fe. Torturó y quemó a miles de personas, pero actualmente es una de las personas legendarias de la Iglesia Católica y aparece en los altares de muchas iglesias importantes. Sin embargo, cabe señalar que la mayoría de los sacerdotes que trabajaron para la Santa Inquisición nunca siguieron sus prácticas.

Gran Inquisidor Tomás de Torquemada.
La Inquisición española durante la actividad de Torquemada cultivó la ceremonia llamada auto de fe, durante la cual cientos de herejes podrían haber sido quemados a la vez durante la »fiesta». Cosas similares ocurrieron con los huesos del Inquisidor, que fueron robados y quemados, quizás por “brujas” para vengarse.
Brujas y hechiceras
Uno de los creadores más importantes de la definición de bruja en España fue San Isidor de Sevilla. Él creía que no solo había brujas, sino también hechiceras, nigromantes, hidromantes, adivinos, astrólogos y curanderos que usaban la magia para ayudar a las personas.
En muchas regiones de España, las brujas no eran tan castigadas como las hechiceras. Según Salzar, el más joven de los tres jueces que trabajaban en el País Vasco a principios del siglo XVII:
»La verdadera pregunta es: ¿debemos creer que la brujería ocurrió en una situación dada simplemente por lo que afirman las brujas? No: está claro que a las brujas no se les debe creer, y los jueces no deben dictar sentencia contra nadie, a menos que el caso pueda probarse con pruebas externas y objetivas suficientes para convencer a todos los que lo escuchan. Y quién puede aceptar lo siguiente: que una persona puede volar frecuentemente por los aires y recorrer cien leguas en una hora; que una mujer puede atravesar un espacio que no es lo suficientemente grande para una mosca; que una persona puede hacerse invisible».

San Isidoro, representado por Murillo.
En las zonas más rurales del país, los sacerdotes estaban tan ocupados sirviendo a la gente y buscando judíos, musulmanes y otros herejes, que no tenían suficiente tiempo para seguir a las mujeres que estaban plantando hierbas, haciendo pociones o celebrando. las fases de la luna.
Tradiciones españolas de la brujería
Las raíces de la brujería en España provienen de los tiempos de la dominación de los celtas y el florecimiento de las tribus locales. Los godos también apreciaron estas prácticas.
Durante siglos, la brujería se enseñaba en la Cueva de Salamanca, lugar donde las llamadas »brujas» estudiaban su oficio.
Los lugares tradicionales de sus reuniones eran Zugaramurdi o Viana en Nawarra, Barahoa en Soria, Aezcoa en el País Vasco, Vallgorguina o Llers en Cataluña, Trasmoz en Aragonia, Penamelera en Asturia, Sevilla en Andalucía y Coiro en Galicia.

Cueva moderna de Salamanca.
La primera bruja quemada en España fue García de Valle, que murió en 1498 en Zaragoza. En 1526, los inquisidores y los teólogos españoles se reunieron en Granada. Decidieron que, si la bruja informaba a la Iglesia sobre su profesión, sería patrocinada y ninguno de sus bienes sería confiscado.
Aparte de esto, nadie más podría ser juzgado por la declaración de la bruja. Los jueces decidieron comprobar si la mujer acusada por sus vecinos de ser bruja realmente estuvo fuera durante el sábado o si se quedó en casa.
Inquisidores y Meiga gallega
En Galicia, el principal centro de los juicios a las brujas estaba en Santiago de Compostela. Las brujas en Galicia, León y Asturias se llamaban meigas, que se relaciona con la palabra latina magicus.
En Cataluña, las brujas se llamaban bruixes, y en otras partes de España se las conocía como brujas. Las meigas eran consideradas tanto buenas como malas, a veces deslumbrantes y algunas veces feas. La mayoría de ellas en realidad eran consideradas mujeres que no deberían ser molestadas por la iglesia.
En gallego existe una expresión popular »Eu non creo nas meigas, pero habelas hainas», que significa: »Yo no creo en las brujas, pero existen».
La mayoría de las brujas españolas que fueron quemadas murieron antes al ser envenenadas por los sacerdotes. Cada ejecución fue fuertemente criticada por la población local, quienes en su mayoría creían que las brujas eran sanadoras que podían salvar una vida y ayudar de muchas maneras.

Persecución de brujas.
Uno de los ejemplos de estos comportamientos es Maria Salinia, que nació en Coiro cerca de la Ría de Vigo. Su juicio tuvo lugar tras la heroica lucha de las mujeres cerca de la Ría de Vigo, que protegieron la ciudad y los pueblos en 1617 durante el ataque de la flota otomana.
El juicio tuvo lugar en Santiago de Compostela, pero María fue absuelta y volvió a casa. Vivió en Coiro hasta su muerte en 1580. María era bien conocida por los lugareños como una «bruja», pero la iglesia nunca más la molestó.
Una tierra salvaje de brujas
Las brujas en España tenían una vida mejor que en muchas otras partes de Europa. Muchos de ellos sobrevivieron por decisión de los sacerdotes que podrían haberlos enviado a la muerte. Hoy en día, la gente todavía piensa que las brujas existen en muchas partes de España.
También creen que los enanos y las hadas también existen. Durante siglos, España ha sido considerada como uno de los lugares más católicos del mundo, pero al mismo tiempo los cultos antiguos se mantuvieron fuertes en muchas regiones.

Celebración de un Auto de Fe en la Plaza Mayor de Lima.
La Inquisición en América
Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo por parte de Cristóbal Colón, la principal preocupación de los Reyes Católicos era de carácter espiritual y práctico a la vez: proteger sus nuevos dominios de la ambición de sus vecinos europeos e instaurar en los territorios recién conquistados una renovada cristiandad.
Por ello, ya en marzo del año 1493, consiguieron del Papa una bula por la que disponían del derecho de excluir de las Indias Occidentales a los extranjeros.
En septiembre de ese mismo año, zarpó de Cádiz la segunda flota de Colón en la que ya viajaron doce religiosos y clérigos encabezados por el benedictino Bernardo Boyl (o Buil), quien disponía de plenos poderes, otorgados por la Santa Sede, en cuanto a tratar los asuntos de la fe. Junto a ellos se embarcaron alrededor de 1500 “cristianos viejos, ajenos de toda mala sospecha”.
El rey Fernando y el Cardenal Cisneros
Desde los primeros viajes existió, al menos de forma oficiosa, una Inquisición en América: la Inquisición ordinaria, propia de obispos y superiores eclesiásticos. Pero la defensa de la fe no siempre se compaginaba con la política de colonización y población.
Así, en 1508, los procuradores de La Española suplicaban que se expulsara de la isla a todos los descendientes de judíos, moros y condenados por el Santo Oficio, pero Fernando el Católico -que se hallaba en plenas negociaciones financieras con conversos peninsulares- otorgó en 1511 el libre acceso a las Indias de todos los naturales de sus reinos.
Con autorización o sin ella pasaban, pues, al Nuevo Mundo muchos de los “prohibidos”. El comercio de licencias y testimonios falsos se volvió floreciente en Sevilla.
Otros se embarcaban como miembros de las tripulaciones y luego se quedaban en América. En 1517, el Cardenal Cisneros, que asumió los cargos de Inquisidor General y de Regente, concedió a los prelados de Indias el poder de inquisidores apostólicos con todas sus prerrogativas, hasta la de llegar a relajar ( ejecutar) a los condenados.
Los primeros en ejercer tal autoridad fueron el obispo Manso, en Puerto Rico (1520) y fray Pedro de Córdoba en La Española.

Retrato del Cardenal Cisneros, quien ordenó en 1517 que los obispos americanos cumplieran la función de inquisidores.
¿Qué necesidad había entonces de instaurar en América tribunales del Santo Oficio? La pregunta podría invertirse: ¿por qué no implantar la Inquisición en América?
Si los nuevos territorios eran como una continuación de Castilla y de España, resultaba normal y lógico que pudiesen establecerse en ellos los mismos tribunales que en la Península Ibérica tal como, por ejemplo, se hizo en las Islas Canarias.
En la época en que los gobiernos consideraban la unidad de la fe como base de su política, el tribunal del Santo oficio, que gozaba en España de un poder que ni siquiera se detenía ante los miembros de la familia real, fue encargado en América de la policía de costumbres, de reprimir los extravíos de una mística irrefrenada, de extirpar el islamismo y el judaísmo y de impedir la entrada del protestantismo.
México, Lima y Cartagena de Indias, los tres centros de la Inquisición en América
Las cédulas de Felipe II autorizando el establecimiento del Santo oficio en América fueron firmadas a principios de 1569 y a mediados de 1570. A finales del siglo XVII comenzó el declive de este organismo. Su actividad decayó en el XVIII y fue definitivamente suprimido a principios del siglo XIX.
Según el historiador e investigador José Toribio Medina, del análisis de unas 1500 causas juzgadas por el Santo oficio en América, se especifican los siguientes casos: 243 por judaizantes, 5 por moriscos, 65 por luteranos, 298 por bígamos, 40 por aberraciones sexuales, 140 por herejía, 97 por blasfemia y 172 por brujería.

Auto de fe en el pueblo mexicano de San Bartolomé Otzolotepec. Museo Nacional de Arte, México. Óleo sobre lienzo.
El más aparatoso de los autos de fe americanos, culminación del período más activo de la Inquisición en Nueva España, tuvo lugar el 11 de abril de 1649, con 109 penitenciados y 13 relajados en persona, de los cuales sólo uno murió en la hoguera: Tomás Treviño de Sobremonte.
Hay que recordar que no todos los relajados eran quemados en la hoguera sino que también se les daba garrote, instrumento utilizado comúnmente para ejecutar a los condenados a muerte en aquellas épocas.
El Santo Oficio tuvo tres centros en América: el de México, el de Lima y el de Cartagena de Indias.
En tiempos del arzobispo Zumárraga (1527 – 1548), inquisidor apostólico de México, se celebraron autos de fe en México con 131 procesos (13 contra indígenas).
En uno se reconcilió Andrés Marván, acusado de luteranismo; en otro se reconcilió el judaizante Francisco Millán y en otro fue condenado el cacique de Texcoco, Carlos Chichicamecatecutli, acusado de sacrificios humanos a los dioses aztecas.
El caso del cacique de Texcoco preocupó al Inquisidor General de España, que ordenó una revisión del proceso y advirtió a fray Zumárraga, sobre el trato a los indígenas contra los que, a partir de entonces, se procedió con mayor benignidad, hasta excluirles más tarde de toda causa inquisitorial “por ser nuevos en la fe, gente flaca y de poca sustancia”.

Ejecución de Mariana de Carvajal (judía conversa), ciudad de México, 1601
En México comenzó a funcionar el Tribunal de la Inquisición, ya formalmente constituido en aquel lugar, en noviembre de 1570. Los primeros procesos fueron dirigidos contra extranjeros acusados de protestantismo.
De los 30 ingleses que formaban la expedición de Juan Hawkins, 2 o 3 fueron quemados, otros condenados a azotes y 7 a servir en conventos. El 8 de diciembre de 1596 los penitenciados sumaban 66, de los que se reconciliaron 22 judaizantes y fueron quemados 9 en persona y 10 en efigie.
En Lima también se estableció el Santo Oficio en 1570, unos meses antes que en México. Chile y Buenos Aires estaban sujetos a la jurisdicción del Santo Oficio peruano. El Tribunal limeño organizó numerosas redadas contra el luteranismo y contra portugueses acusados de judaísmo.
En 1581 procedió contra Juan Oxemham. Enrique Oxley fue quemado el 5 de abril de 1592. Los hermanos Tiller fueron salvados de las llamas y ejecutados por garrote. Nueve de los doce marineros de Tomás Cavendish, capturados en Chile, fueron colgados mientras que el resto de la tripulación acabó reconciliándose.
Durante los 230 años que estuvo en activo el Tribunal de la Santa Inquisición en Lima hubo 30 relajados, la mitad de los cuales murió en la hoguera.

Fachada del Palacio de la Inquisición de Cartagena de Indias, Colombia.
Del Tribunal de Cartagena dependían los arzobispados de Santa fe y Santo Domingo, así como los obispados de Cartagena, Panamá, Santa Marta, Popayán, Venezuela, Puerto Rico y Santiago de Cuba.
Empezó a actuar en el año 1611 y procedió generalmente en causas de brujería, blasfemia y bigamia. Autos más graves, como el que llevó a la hoguera al inglés Adán Haydon, fueron muy raros.
La población colonial protestó con frecuencia de los procedimientos ejecutados por el Santo Oficio y, del mismo modo, autoridades y gran parte del clero se quejaron de su ineficacia: la enorme extensión de los territorios comprendidos dentro de las jurisdicciones de los tres Tribunales del Santo oficio hizo que las causas demorasen –a veces muchos años- y, entre tanto, los acusados tenían que permanecer en las prisiones inquisitoriales.
La Inquisición Americana actuó en sus últimos años como un mero instrumento de dominación política, y para cuando el enciclopedismo y la libertad de pensamiento penetraron en América, la Inquisición ya había perdido su omnipotencia con intervenciones puntuales o casi inexistentes.
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