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La figura histórica de Jesús de Nazaret …


Fresco de las Catacumbas Cristianas de Domitila en el que Jesús aparece retratado como Buen Pastor (años 200-300)

Ascient Origins(Mariló T.A.)/L.Leafloor)  —  Jesús de Nazaret fue un predicador judío natural de la región de Judea (actual estado de Israel), que vivió a comienzos del siglo I  y murió crucificado en Jerusalén en torno al año 30. Con su figura y su mensaje se inició el cristianismo.

Aunque se conservan bastantes textos acerca de su vida, genéricamente denominados Evangelios, lo cierto es que son de difícil datación (según la opinión mayoritaria, el más antiguo de ellos podría haber sido escrito después de que hubieran transcurrido, al menos, 30 o 40 años desde su muerte) y tienen una finalidad primordialmente catequética, por lo que resulta difícil obtener de ellos información biográfica fidedigna.

Por otra parte, las escasas fuentes no cristianas en las que es mencionado no proporcionan datos concretos sobre su vida.

Pese a que sectores minoritarios han llegado a poner en duda su misma existencia, existe hoy un amplio consenso acerca de la historicidad de Jesús de Nazaret, personaje central de las religiones denominadas cristianas, basadas tanto en la doctrina que predicó como en la fe en que Jesús resucitó tras morir en la cruz.

La mayoría de estas religiones establecen como dogma de fe que Jesús es la segunda persona (el Hijo) de la Santísima Trinidad y que, por tanto, es Dios.

Los textos acerca de su vida, genéricamente denominados evangelios, son de difícil datación y tienen una finalidad primordialmente catequética, por lo que resulta difícil obtener información biográfica fidedigna de ellos. En la imagen, Manuscrito de Los Cuatro Evangelios, 1495, Evangelio de San Juan 4, 24-32, con el dibujo de un pájaro en el margen izquierdo de la página.

El nombre de Jesús

El nombre Jesús proviene del arameo —idioma de la Judea del siglo I— Ieshua (Yešûa), que quiere decir Dios salva. Sin embargo, se podría traducir también como Josué, ya que otra evolución del mismo nombre Ieshua se transformó en Ioshua y, de ahí, en Josué. Se cree que sus seguidores le llamaban Rabbi Ieshua Bar Iosef (Maestro Jesús, hijo de José).

En Mateo 1,23 Jesús es mencionado también como Emmanuel, que significa Dios con nosotros. Sus seguidores asimismo le llamaron Cristo, (que significa ungido). Además, el Nuevo Testamento también se refiere a él como SeñorSalvador y Nazareno.

De acuerdo con el testimonio de los evangelios, la predicación de Jesús de Nazaret congregaba a multitudes. Sin embargo, estos testimonios contrastan con la ausencia de menciones a Jesús en textos no cristianos durante los años en que destacó por su actividad.

Este hecho hace suponer que el efecto social y político que provocó fue mínimo, y que sus seguidores no comenzaron a tener cierto protagonismo social en el imperio romano al menos hasta los años 60, durante el reinado de Nerón.

La ausencia de datos históricos hace pensar que los cristianos no comenzaron a tener cierto protagonismo social en el Imperio Romano al menos hasta el año 60, durante el reinado de Nerón. En la imagen, retrato de Nerón pintado en 1620 por Abraham Janssens (1567-1632). Castillo de Caputh, Alemania.

Tanto es así que la primera alusión a Jesús de Nazaret se encuentra en la obra de Flavio Josefo Antigüedades Judías, escrita entre 57 y 61 años después de la muerte de Jesús.

En sus Antigüedades Judías, Flavio Josefo narra la historia del pueblo judío, pero sus propios intereses —entre ellos el de conquistar la simpatía de los romanos por los judíos— le llevan a minimizar las noticias que pudieran resultar conflictivas.

Incluso en el siglo II las menciones a Jesús son muy escasas, y ninguna de ellas aporta información suficiente como para conocer la vida o el mensaje de Jesús de Nazaret.

Publio Cornelio Tácito aporta otra referencia histórica en el año 116 ó 117:

Por lo tanto, aboliendo los rumores, Nerón subyugó a los reos y los sometió a penas e investigaciones; por sus ofensas, el pueblo, que los odiaba, los llamaba “cristianos”, nombre que toman de un tal Cristo, que en época de Tiberio fue ajusticiado por Poncio Pilato; reprimida por el momento, la fatal superstición irrumpió de nuevo, no sólo en Judea, de donde proviene el mal, sino también en la metrópoli [Roma], donde todas las atrocidades y vergüenzas del mundo confluyen y se celebran. (Tácito – Anales)

Aunque la autenticidad del texto de Tácito no ha sido cuestionada, numerosos autores han indicado que se desconocen sus fuentes. Se ha barajado la posibilidad de que se basara en Plinio El Viejo o en las confesiones de los propios cristianos frente a la persecución policial.

Grabado idealizado de Flavio Josefo que aparece en la traducción de su obra llevada a cabo por William Whiston. 

No existen más referencias históricas de Jesús de autores del siglo I o principios del siglo II al margen del Nuevo Testamento, pese a que numerosos historiadores y pensadores documentaron bastante exhaustivamente la época como Filón de Alejandría, Juvenal, Séneca, Plutarco, Apolonio, Luciano, Aulo Gelio, Dión Crisóstomo y Valerio Flaco.

Existen otros textos, de menor consistencia, que describen más bien a los cristianos o son posteriores. Entre ellos destacan los escritos de Plinio el JovenGayo Suetonio TranquiloMara Bar-Serapion o, incluso, diversos fragmentos del Talmud.

Por todo lo anterior, los únicos textos útiles para intentar reconstruir la vida de Jesús son los incluidos en el Nuevo Testamento y, muy especialmente, los Evangelios. Sin embargo su finalidad principal no fue la de reconstruir la biografía de Jesús, sino la de difundir su mensaje. No obstante, permiten al menos trazar las líneas maestras de la vida de Jesús de Nazaret.

Si admitimos como fiables los datos del Evangelio según San Mateo, Jesús nació hacia el año 6 a. C., puesto que Mateo afirma que María dio a luz en tiempos del rey Herodes I el Grande, que se calcula que murió en el año 4 a. C.

Algunos autores hacen referencia a una conjunción astral que tuvo lugar en el año 7 a. C. o 6 a. C, que quizás pudo haber sido interpretada por aquel entonces como una estrella especial que anunciaba el nacimiento del rey de Judea.

Sin embargo, el uso literario de estrellas que marcaban el nacimiento de grandes personajes de la antigüedad era algo muy extendido en aquella época, lo que hace de éste un dato poco útil para la datación.

El uso literario de estrellas que marcaban el nacimiento de grandes personajes de la antigüedad era algo muy extendido en aquella época, lo que hace de éste un dato poco útil para la datación del nacimiento de Jesús. 

Si admitimos como fiables los datos del Evangelio según San Lucas, la fecha del nacimiento de Jesús podría retrasarse hasta el año 6 de nuestra era. Lucas afirma que Jesús nació en Belén antes del censo que iba a establecerse gobernando Quirino en Siria.

Según Flavio Josefo, el censo tuvo lugar entre los años 6 d. C. y 7 d. C. Muchos exégetas opinan que, en realidad, Lucas aprovechó este dato histórico para elaborar un texto catequético en el que situar el nacimiento de Jesús en la ciudad del rey David, sin importarle la exactitud de las fechas.

En el año 525, el Papa Hormisdas encargó a Dionisio el Exiguo que estableciera como año primero de la era cristiana el del nacimiento de Jesús. Dionisio se equivocó en unos 6 años al datar el reinado de Herodes I el Grande, por lo que dedujo que Jesús había nacido en el año 753 de la fundación de Roma, cuando probablemente lo hizo en torno al año 748.

En cuanto al 25 de diciembre como fecha del nacimiento de Jesús, debemos recordar que ese día se celebraba en el Imperio Romano la fiesta del dios Sol, al igual que en la mayoría de civilizaciones conocidas de la época.

Por esas fechas, en el hemisferio norte transcurren los días más cortos del año, por lo que se realizaban en la época diversos ritos para pedir a los dioses que el sol volviera a brillar con fuerza un año más. Los orígenes de la adoración al sol se remontan a las creencias egipcias, persas e hindúes.

Mosaico de los siglos III-IV en el que Cristo aparece representado como ‘Sol Invictus’. Mausoleo de la necrópolis situada bajo la Basílica de San Pedro de El Vaticano.

El culto romano al «dios Sol Invicto» comienza a tener importancia en el siglo III.

Así, Aureliano proclamó durante su mandato (270-275) la festividad oficial del 25 de diciembre en honor al Sol Invictus. No obstante, el papa Julio I decidió en el año 336 poner fin a dichas festividades paganas en honor al sol y estableció que la comunidad cristiana conmemorase el nacimiento de Jesús en esa misma fecha.

No existe certeza histórica acerca del lugar en el que nació Jesús. Según Lucas nació en Belén (Judea), dato que no aporta ninguno de los otros tres evangelios canónicos. Pero también pudo haber nacido en Nazaret (Galilea), en relación con su sobrenombre (Jesús de Nazaret o Jesús el Nazareno), o bien en cualquier otro lugar.

Lo cierto es que la localidad de Nazaret no tenía relevancia desde un punto de vista teológico, motivo por el cual cabe dentro de lo posible que Lucas situara el lugar de nacimiento de Jesús en Belén (Judea), donde ya había nacido el rey David, 7 kilómetros al sur de Jerusalén. Esto explicaría por qué utilizó a Quirino y al censo como excusa para su elaboración literaria.

San Jerónimo, por su parte, hace referencia a otra localidad también llamada Belén de Galilea. De hecho, los evangelios transmiten la sensación de que Jesús era tomado por un galileo más, por lo que bien pudo haber nacido en esta otra Belén. Pero esta teoría se contradice con las siguientes evidencias:

Estrella de plata que señala el lugar de nacimiento de Jesús en la Basílica de la Natividad de Belén, Israel.

Jesús era conocido como el Nazareno, y tras su muerte, sus seguidores también son llamados nazarenos; Mateo hace clara referencia a Belén de Judá, porque era la ciudad del rey David; la mención de San Jerónimo es tardía, de la segunda mitad del siglo IV.

Respecto a la localidad de Nazaret, algunos autores han negado que tal lugar existiera en tiempos de Jesús, ya que Flavio Josefo no la menciona en ningún momento. Sin embargo, Nazaret es nombrada en todos los evangelios, que seguramente datan de entre los años 70 y 110, 40 a 80 años después de la muerte del Nazareno.

No parece suficiente intervalo de tiempo como para que los autores hubiesen inventado una población inexistente sin que nadie denunciara tal falsedad.

Tampoco es de extrañar que una aldea que algunos estiman de unas 20 familias no apareciera en el listado descrito por Josefo, por exhaustivo que fuera, aunque enumeraba todas las poblaciones de Judea, Samaria y Galilea.

Jesús era hijo de María de Nazaret, pero con respecto a su padre también existe controversia. El Nuevo Testamento se refiere a José como esposo de María y no como padre biológico de Jesús, puesto que se considera a Jesús hijo unigénito de Dios Padre, concebido según Mateo 1,18 por obra del Espíritu Santo.

De hecho, en la genealogía de Jesús, al nombrarle no se habla de concepción, como en el caso del resto de los miembros de su línea genealógica. Tanto es así que se relata que José tuvo la intención de dejar a María, pero que por medio de un sueño, un ángel de Yahvé le reveló que debía aceptar a María y a su hijo, a quien debía llamar Emmanu-‘El (Dios con nosotros).

La imagen más antigua conocida de María, con el niño Jesús en brazos. Siglo II d. C., Catacumbas de Priscila, Roma, Italia. 

Las epístolas de Pablo de Tarso tampoco aportan mayor luz acerca de la paternidad de Jesús. En Gálatas 4,4 dice que «Dios envió a su Hijo, nacido de mujer» y en Romanos 1,3 «que era del linaje de David según la carne«. En cuanto a los textos de Lucas y Mateo, atribuyen la concepción de Jesús a un milagro de Dios, sin participación humana. De estas referencias neotestamentarias procede la idea de su concepción virginal.

Desde el siglo II, el Talmud judío (con la idea de satirizar al cristianismo), explica que María fue violada, quedando a raíz de este hecho embarazada de Jesús.

La posible existencia de hermanos o hermanastros de Jesús resulta ser otro punto controvertido. En el Nuevo Testamento aparecen las siguientes menciones: “Su madre y sus hermanos estaban fuera” (Mateo 12,46-50). “Porque ni aun sus hermanos creían en él” (Juan 7,5).

La Carta a los Gálatas (1,19) menciona a «Santiago el hermano del Señor«. “¿No tenemos derecho de traer con nosotros una hermana por mujer como también los otros apóstoles, los hermanos del Señor y Cefas?” (1Corintios 9,5).  Santiago, el jefe de la comunidad cristiana de Jerusalén, a quien Pablo llama «el hermano del Señor«, también es nombrado en Hechos 12,17 y Hechos 15,13.

Probablemente el único argumento en contra de la posible existencia de hermanos de Jesús sea la idea de la virginidad perpetua de María (antes, durante y después del parto), que aparece en la literatura cristiana del siglo II y tiene su reflejo en textos como el Protoevangelio de Santiago y otros apócrifos excluidos del canon cristiano, en los que se argumentaba que los hermanos de Jesús eran hijos que José había tenido en un matrimonio anterior.

El Nuevo Testamento se refiere a José como esposo de María y no como padre biológico de Jesús, puesto que se considera a Jesús hijo unigénito de Dios Padre, concebido por obra del Espíritu Santo. En la imagen, escultura de San José con el Niño Jesús en brazos, obra de los hermanos Duthoit (siglo XIX). Catedral de Amiens, Francia.

Siglos más tarde, la teología católica, con la intención de defender el dogma de la virginidad de María, planteó el argumento de que la palabra utilizada en los evangelios para referirse a los hermanos, tanto en arameo (‘âch-‘achâ) como en griego (adélfoi), puede también aludir a los parientes, pero es de destacar que en griego existen otros términos para primos y parientes que nunca son utilizados para referirse a los hermanos de Jesús.

 “La Última Cena”, obra del genio del Renacimiento italiano Leonardo Da Vinci (1452-1519). Convento de Santa Maria delle Grazie, Milán.

Con su figura y su mensaje se inició el cristianismo, pero las escasas fuentes no cristianas en las que es mencionado no aportan datos concretos sobre su vida. Pese a que sectores minoritarios han llegado a poner en duda su misma existencia, existe hoy un amplio consenso acerca de la historicidad de Jesús de Nazaret, personaje central de las religiones denominadas cristianas.

Infancia y juventud de Jesús

Resulta prácticamente imposible distinguir los hechos reales de los ficticios en lo que respecta a los relatos sobre la infancia de Jesús de Nazaret, que no aparecen en Marcos ni en Juan. Son tradiciones propias de Mateo y Lucas, independientes la una de la otra, que presentan algunas divergencias desde el punto de vista histórico.

I. Adoración de los Reyes Magos: Relato exclusivo de Mateo 2,1-12.

Presenta claras referencias a Isaías 60: » Multitud de camellos te cubrirá; dromedarios de Madián y de Efa; vendrán todos los de Sabá; traerán oro e incienso, y publicarán alabanzas de Jehová…» Por tanto, la Adoración de los Reyes Magos podría representar un relato de la adoración de los reyes del mundo al Mesías, inspirándose en el texto del profeta Isaías.

También podría reflejar la mejor acogida que iba a tener el nacimiento de Jesús por parte del mundo pagano, en lugar de por el pueblo judío.

II. Huida a Egipto: Relato también exclusivo de Mateo.

El relato guarda cierto paralelismo con Éxodo 2: al igual que Moisés fue salvado de las aguas, Jesús es salvado de la matanza de los niños que, presuntamente, había ordenado Herodes I el Grande.

Algunos calculan que pudieron ser 25-30 niños de entre una población de unos 2000 habitantes. Teniendo en cuenta que Herodes mandó matar a toda la familia de su esposa y a tres de sus propios hijos, cabe dentro de lo posible.

Sin embargo, ningún historiador judío ni romano hace mención explícita al hecho, a pesar de que eran muy cuidadosos en registrar todas las injusticias a las que eran sometidos.

“Huida a Egipto” óleo atribuido a Rembrandt (1627). Museo de Bellas Artes de Tours, Francia. La escena transcurre de noche, lo que permite situarla al principio de la huida, según el relato evangélico.

Siguiendo el mismo relato, la familia regresa de Egipto y se instala en Nazaret.

Judea, a la que pertenecía Belén, estaba bajo el poder de Arquelao, hijo de Herodes el Grande. Según Mateo, por temor a Arquelao, los padres de Jesús decidieron volver a Nazaret, que se encontraba en Galilea.

En su narración, el evangelista hace referencia al cumplimiento de una profecía del Antiguo Testamento: “Y fue a vivir en un pueblo llamado Nazaret”. Así había de cumplirse lo que dijeron los profetas: «Lo llamarán nazareno» (Mateo 2,23).

Sin embargo, Mateo no puede aportar ninguna referencia concreta de esta profecía, ya que la Biblia judía no menciona a Nazaret ni a los nazarenos.

III. La consagración de Jesús en el templo

La circuncisión de Jesús a los 8 días de edad, según expone Lucas, así como la consagración del niño en el templo, eran ritos habituales de acuerdo con la ley judía. El resto de la narración, en relación con Simeón y con Ana, puede tratarse de una elaboración midráshica, que representaría al pueblo de Israel a la espera de conocer a su Mesías. Incluye claras referencias a Isaías, capítulos 42, 49 y 52.

IV. El niño Jesús en el templo:

En el Evangelio de Lucas, Jesús, a la edad de 12 años y tras desaparecer durante tres días, es encontrado por sus padres debatiendo con los maestros. A esta edad, un niño judío ya era considerado “Hijo de la Ley” (Bar Mitzvah). Partiendo de esta realidad, el relato muestra un gran paralelismo con los de la Pasión: obediencia al Padre Celestial, y desaparición del Hijo de Dios durante tres días.

Jesús, a la edad de 12 años y tras desaparecer durante tres días, es encontrado por sus padres debatiendo con los maestros. En la imagen, Jesús entre los doctores, fresco de Giotto (1306). Capilla Scrovegni, Padua, Italia. 

Por lo demás, debió de ser un joven normal que ayudaba a su padre José, que era artesano (tekton). San Justino Mártir, a finales del siglo II, interpretó que se dedicaba a fabricar material de labranza (arados, etc.).

En la Vulgata, versión en latín de la Biblia realizada en el siglo V, San Jerónimo traduce la palabra tekton por el término latino faber, con la misma significación genérica de artesano. Atendiendo a la tradición popular, la mayoría de las actuales versiones de la Biblia traducen tekton por ‘carpintero’.

Actividad pública de Jesús

Según los Evangelios, Jesús inició su actividad pública al ser bautizado por Juan el Bautista en el Jordán, hecho que es aceptado como histórico por la mayoría de exégetas, dado lo humillante que debió resultar para los seguidores de Jesús frente a los de Juan.

Según Lucas, Juan Bautista comenzó su actividad pública «el año decimoquinto del imperio del emperador Tiberio, cuando Poncio Pilato gobernaba Judea, cuando Herodes era tetrarca de Galilea, su hermano Filipo tetrarca de Iturea y Traconítide, y Lisanias tetrarca de Abilene, en tiempo de los Sumos Sacerdotes Anás y Caifás«.

Tiberio sucedió a Augusto el 19 de agosto del año 767 de la fundación de Roma. Así, la fecha aproximada del inicio de la actividad del Bautista estaría entre los años 27 y 29 de nuestra era. Jesús debió ser bautizado unos meses después de comenzar Juan su predicación.

Lucas 3,23 menciona que «Jesús comenzaba hacia los 30 años» su actividad. Con ello parece hacer referencia a que había alcanzado la edad de la necesaria madurez, según la tradición judía, para entrar al servicio del templo.

Jesús habría iniciado su actividad pública al ser bautizado por Juan el Bautista en el Jordán. En la imagen, San Juan Bautista, óleo de Francisco Pacheco (1608). Museo del Prado de Madrid, España

Por los Evangelios se deduce que predicó y desarrolló su actividad en un principio en la zona norte de Palestina, preferentemente en las aldeas que bordeaban el lago de Genesaret. De aquí habrían surgido sus primeros discípulos, pescadores de este lago, también llamado Mar de Galilea.

De este modo, Jesús habría recorrido Palestina acompañado de sus discípulos pescadores, así como de algunos agricultores, un recaudador de impuestos y un grupo de mujeres.

De entre sus discípulos, escogió a doce apóstoles: Simón Pedro; Andrés el Apóstol, hermano de Simón Pedro; Santiago, el de Zebedeo; Juan, el hermano de Santiago el de Zebedeo; Felipe de Betsaida; Bartolomé, llamado Natanael de Caná; Tomás, el Dídimo; Mateo el Publicano, también llamado Leví el de Alfeo; Santiago, el de Alfeo; Judas el de Santiago, llamado Judas Tadeo; Simón el Cananeo, también conocido como Simón el Zelote y Judas Iscariote.

En los evangelios se narra que Jesús obraba milagros y curaciones, y que sus seguidores le consideraban el Mesías (ungido o elegido por Dios), destinado según las Sagradas Escrituras a instaurar el Reino de Dios en la Tierra.

Los Doce Apóstoles de Jesús de Nazaret, obra de Nicolás Francés (1434/1468). Museo de Santa Cruz, Toledo. 

Muerte y Resurrección de Jesús

Juan menciona en su evangelio que Jesús asistió a tres Pascuas judías (Jn 2,13; Jn 13), muriendo en la tercera de ellas, por lo que se supone que su actividad mesiánica se prolongó durante poco más de dos años: desde unos meses antes de la Pascua del año 28 hasta la del año 30.

Jesús decidió subir a Jerusalén coincidiendo con la Pascua judía, proclamándose rey y expulsando a los mercaderes del Templo. Esto trajo como consecuencia su apresamiento y ejecución en la cruz: un método de ajusticiamiento habitual en el imperio romano en delitos graves o en casos de traición.

Respecto a la fecha de su muerte tampoco hay certeza, si tenemos en cuenta el uso simbólico de los números en la Biblia. Existen diversas referencias en los Evangelios, Flavio Josefo y Publio Cornelio Tácito al hecho de su muerte, ajusticiado bajo mandato del procurador romano Poncio Pilato, siendo Tiberio emperador de Roma. Según Lucas, fue descendido de la cruz un viernes: «era el día de la preparación y comenzaba el sábado«.

Algunos autores fechan la muerte de Jesús en abril del año 30, durante el tiempo de la Pascua judía. Coincide además que en ese año el día de la Pascua cayó en sábado, tal y como señalan los cuatro evangelios.

En todo caso, no pudo ser mucho más tarde, si tenemos en cuenta que tras su muerte se disolvió su grupo de seguidores durante un breve periodo de tiempo. Luego se volvieron a unir, se organizaron en comunidades y las autoridades judías comenzaron a perseguirlas cuando empezaron a resultar peligrosamente numerosas. Tras un tiempo de persecución, Pablo de Tarso se convirtió al cristianismo en el año 36 o 37 de nuestra era.

Algunos autores fechan la muerte de Jesús en la cruz en abril del año 30, durante el tiempo de la Pascua judía. Coincide además que en ese año el día de la Pascua cayó en sábado, como señalan los cuatro evangelios. En la imagen, Cristo crucificado, óleo de Diego Velázquez (1599-1660). Museo del Prado de Madrid, España.

Ireneo de Lyon (130-208) —que fue auditor de San Policarpo (uno de los cuatro Padres Apostólicos y discípulo cercano de algún discípulo directo de Jesús)— afirmó en su época que «Jesús murió a una edad que lindaba con los cincuenta, en el umbral de su vejez».

Por lo tanto, si aceptamos el año 35 para la muerte de Jesús, su nacimiento habría tenido lugar hacia el año 15 a. C.

Según otra teoría, Herodes Antipas y Herodías se casaron hacia el año 35 y éste fue el motivo de la muerte de Juan el Bautista. Jesús, que según los evangelios murió después que el Bautista, tendría que haber sido crucificado en torno al año 36.

La destitución de Pilatos tuvo lugar en el 36-37, después de reprimir una revuelta en Samaria, siendo éstas las fechas más tardías posibles para datar la muerte de Jesús, si aceptamos como un hecho histórico que su condena a muerte fue firmada por Pilatos.

Los evangelios afirman que, después de su muerte, “al tercer día”, Jesús resucitó y ascendió a los cielos. Este hecho resulta fundamental para la mayoría de las iglesias cristianas, y se conmemora cada año con las fiestas de la Pascua Cristiana.

Los evangelios afirman que, tras su muerte, “al tercer día”, Jesús resucitó y ascendió a los cielos. En la imagen, Resurrección del Señor, óleo de Bartolomé Esteban Murillo (1617-1682). Real Academia de Bellas Artes de Madrid, España.

La búsqueda del Jesús histórico

Hasta mediados del siglo XVIII no se planteaban dudas acerca de la veracidad y fiabilidad histórica de los relatos evangélicos. Pero a partir de este siglo comienzan a cuestionarse desde las corrientes filosóficas del racionalismo alemán.

Serán los protestantes alemanes quienes empiecen a buscar una respuesta a estas cuestiones, iniciándose así la que se ha denominado como ‘búsqueda del Jesús histórico’.

Desde el siglo XVIII, se han llevado a cabo tres misiones científicas para estudiar el Jesús histórico. Estas investigaciones se distinguen de los enfoques anteriores porque se basan en el método histórico para estudiar los relatos bíblicos, introduciendo nuevos métodos y técnicas específicas para establecer la validez histórica de sus conclusiones.

Los temas de fondo utilizados por los autores de las diversas Vidas de Jesús durante la primera búsqueda variaron. En algunos casos, su objetivo era alabar al cristianismo, en otros, atacarlo. Una de las primeras publicaciones notables en este campo fue la de Hermann Reimarus, quien interpretó a Jesús como una figura política de poco éxito que asumió que su destino era poner a Dios como rey de Israel.

Reimarus escribió un tratado que rechazaba los milagros y acusaba a los autores de la Biblia de fraude, pero no llegó a publicarlo. Años más tarde, Gotthold Lessing publicó póstumamente la tesis de Reimarus.

Hermann Reimarus interpretó a Jesús como una figura política de poco éxito que asumió que su destino era poner a Dios como rey de Israel. 

Por su parte, David Strauss fue pionero en la búsqueda del Jesús histórico al rechazar todos los eventos sobrenaturales como elaboraciones míticas. Su obra de 1835, Vida de Jesús, fue uno de los primeros y más influyentes análisis sistemáticos de la historia de la vida de Jesús, con el objetivo de basar su estudio en una investigación histórica imparcial.

Asimismo, Albert Schweitzer presentó una importante revisión crítica de la historia de la búsqueda de la vida de Jesús en La Búsqueda del Jesús Histórico: De Reimarus a Wrede, denunciando la subjetividad de los diversos autores, que introducían sus propias preferencias en el carácter de Jesús.

Por otra parte, Bruno Bauer fue el primer teólogo académico que afirmó la no historicidad de Jesús. Sin embargo, su erudición fue enterrada por el mundo académico alemán, y siguió siendo un paria hasta que Albert Kalthoff rescató sus obras del abandono y la oscuridad.

Por último, un desafío directo a la primera búsqueda fue El Mito de Jesús, publicado por primera vez en 1909 y escrito por Arthur Drews, que planteó la teoría del mito de Cristo y la negación de la existencia de un Jesús histórico. Drews, amplificando y dando a conocer la tesis inicialmente propuesta por Bruno Bauer, saltó a la fama por la controversia internacional que provocó su libro.

Bruno Bauer fue el primer teólogo académico que afirmó la no historicidad de Jesús de Nazaret.

La segunda búsqueda comenzó en 1953 e introdujo una serie de nuevas técnicas, pero se estancó en la década de los 70. Surgió como reacción al escepticismo promovido por Rudolf Karl Bultmann, que originó un periodo intermedio denominado por algunos autores “no búsqueda”.

Serán los propios discípulos de Bultmann los que expondrán la necesidad de acceder al Jesús de la historia. A diferencia de la primera búsqueda, ésta no estará protagonizada en exclusiva por teólogos protestantes alemanes, sino que a ellos se unirán también teólogos católicos.

La tercera búsqueda del Jesús histórico fue propuesta por Stephen C. Neil y Tom Wright en 1988. En esta nueva etapa se rebasan los ámbitos de la filosofía y la teología, dando entrada a numerosos estudios de diversos campos como la sociología, arqueología, psicología, etc.

Por tanto, los retratos de Jesús construidos en las diferentes búsquedas tienden a menudo a diferir unos de otros, y también de la imagen ofrecida por los relatos de los Evangelios, no existiendo un retrato unificado del Jesús histórico que satisfaga a la mayor parte de los estudiosos.

En la actualidad continúa sin existir un retrato unificado del Jesús histórico que satisfaga a la mayor parte de los estudiosos.

Sin embargo, para las iglesias cristianas trinitarias (que son mayoritarias), Jesús sigue siendo -y continuará siendo- el Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, enviado por El Padre para redimir al género humano del Pecado Original cometido por Adán y Eva. Para los cristianos, más allá de los estudios históricos, con Jesús se inicia en la tierra el Reino de Dios.

El auténtico rostro de Jesús de Nazaret: un misterio por resolver

Para ser uno de los hombres más conocidos del mundo en los últimos 2.000 años, la verdadera apariencia de Jesús de Nazaret sigue siendo un misterio a día de hoy.

Retratado tradicionalmente en el arte occidental como un hombre caucásico de piel clara, habitualmente vestido con una túnica y con cuidada barba y cabellos de color castaño claro, un análisis científico ha cambiado la percepción del aspecto que podría haber tenido Jesús en su época: y no es el rostro familiar que nos enseñaron en la escuela dominical.

Un científico británico se ha integrado en un equipo de arqueólogos israelitas para recrear desde la perspectiva de la medicina forense el verdadero rostro del hombre de la historia considerado el hijo de Dios por los cristianos.

Un hombre blanco de Oxford

El aspecto físico de Jesús ha ido variando en función del lugar, la época y el ámbito cultural, siendo la apariencia de un hombre blanco occidental la más habitual en la actualidad. Se ha representado tradicionalmente a Jesús en el arte con piel clara, un rostro estrecho, cabellos castaños (o incluso rubios) y ojos de diferentes colores con una expresión triste o amable.

Su figura se completa habitualmente con largos cabellos ondulados, una cuidada barba y una túnica como vestimenta.

Jesús en la Última Cena, óleo de Tiepolo

Aunque el humorista Eddie Izzard bromea acerca de la moderna imagen popular de Jesús refiriéndose a él como “un hombre blanco de Oxford,” un equipo de investigadores ha llevado a cabo una recreación del que creen que podría haber sido el aspecto físico real del auténtico Jesús de la historia, basándose en el ámbito temporal y la localización que se deducen de los antiguos textos que nos hablan de Jesús, y realizando además una reconstrucción facial desde el punto de vista de la ciencia forense.

Los investigadores consideran que reconstruir el rostro de Jesús ha sido un gran reto, como podemos leer en Popular Mechanics: “En ningún lugar del Nuevo Testamento se describe a Jesús, ni se ha descubierto nunca dibujo alguno en el que aparezca.”

Investigación forense

Richard Neave, artista médico retirado de la Universidad de Manchester (Inglaterra), ya tenía experiencia en la reconstrucción facial de otros personajes históricos, como el de Filipo II de Macedonia, padre de Alejandro Magno, y el del rey Midas de Frigia.

Utilizando métodos empleados habitualmente por la policía para resolver crímenes, Neave ha aplicado modernas técnicas forenses para estudiar antiguos cráneos hallados en Jerusalén y sus alrededores, la región en la que se cree que Jesús vivió y predicó.

Mediante tomografía computadorizada, se realizaron “cortes” de rayos X en tres cráneos pertenecientes a varones judíos del siglo I  para revelar sus datos al momento. Programas especializados determinaron dónde se encontraría el tejido blando sobre estas calaveras, cubriendo de músculo y piel el rostro resultante.

Este proceso dio lugar a un rostro más ancho que los habituales en las representaciones occidentales de Jesús.

Leemos en Popular Mechanics:

Todo el proceso se llevó a cabo utilizando programas que verificaban los resultados con datos antropológicos. A partir de estos datos, los investigadores realizaron una reconstrucción digital tridimensional del rostro. A continuación, crearon un molde del cráneo. Se extendieron capas de arcilla que recreaban el grosor del tejido facial especificado por el programa informático, añadiéndose además piel simulada. Finalmente, se modelaron la nariz, los labios y los párpados siguiendo la forma determinada por las capas de músculo subyacentes.

Richard Neave ha recreado el rostro de Jesús (en la imagen) utilizando técnicas forenses. El resultado contrasta notablemente con la representación habitual de Jesús en el mundo occidental: un hombre de piel clara con larga cabellera ondulada y cuidada barba.

Un nuevo rostro para un hombre antiguo

Gracias a estos tres cráneos, el equipo de investigadores pudo identificar la estructura facial general de un hombre típico del Próximo Oriente natural de la región de Galilea, al norte de Israel, en la época de Jesús, aunque no les fue posible determinar su color de piel ni cómo eran sus cabellos.

Neave empleó antiguas representaciones artísticas de yacimientos arqueológicos de la región para averiguar los colores de pelo y piel más habituales, así como los cortes de pelo más comunes de la época, basándose además en descripciones del Nuevo Testamento presentes en el Evangelio de San Mateo, en el que se dice que era muy parecido a sus discípulos.

Jesús, por tanto, tendría la piel oscura, de tonalidad aceitunada, además de una espesa barba y pelo corto, de acuerdo con la tradición.

También podemos leer en Popular Mechanics que en el capítulo 1 de Corintios, San Pablo escribe que había visto en persona a Jesús y, “un poco más tarde describe los cabellos largos en un hombre como algo vergonzoso.

¿Habría escrito Pablo que ‘Si un hombre lleva el pelo largo, es una vergüenza para él’ si Jesucristo hubiera llevado el pelo largo? Para Neave y su equipo esto resolvió la cuestión.”

El registro arqueológico y los restos óseos demuestran que la complexión media de un varón semita de hace 2.000 años determinaba una estatura de 5 pies y una pulgada (1,55 metros) y un peso aproximado de 110 libras (50 kilos).

Se considera que, ya que se le conoce como carpintero, habría pasado bastante tiempo al aire libre realizando un trabajo duro, por lo que estaría en buena forma física y su piel estaría curtida y bronceada, lo que le haría parecer más viejo de lo que era realmente.

En esta pintura titulada “Cristo en casa de sus padres”, obra de John Everett Millais (obsérvense los trabajos de carpintería en segundo plano), Jesús aparece como un niño pelirrojo de piel clara. 

Hijo de Dios

Independientemente del resultado de esta recreación, sin duda se han hecho muy diversas interpretaciones a lo largo de los siglos de uno de los personajes históricos más famosos del planeta.

De hecho este mismo año, investigadores de la policía italiana generaron su propia reconstrucción facial de un joven Jesús a partir de la imagen en negativo obtenida de la famosa y misteriosa Sábana Santa de Turín, considerada por muchos el auténtico sudario de Jesucristo.

The Independent informa sobre este hecho:

Empleando el Sudario de Turín, la supuesta mortaja de Jesús, investigadores de la policía italiana han generado una imagen que simula una fotografía a partir de la imagen en negativo del rostro del sudario. Partiendo de esta imagen, invirtieron el proceso de envejecimiento para recrear el rostro de un joven Jesús, reduciendo el tamaño de la mandíbula, levantando el mentón y dando un perfil más recto a la nariz.

La imagen resultante es sorprendentemente diferente de la reconstrucción realizada por Neave, y parece asemejarse más a la idea tradicional del hijo de Dios del cristianismo.

“Joven Jesús”, imagen generada por investigadores de la policía italiana a partir del análisis de la Sábana Santa de Turín. 

La reconstrucción facial del rostro de Jesús realizada por Neave fue revelada por primera vez en el año 2001 en el documental británico “Hijo de Dios”.

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