El caso de histeria de las brujas de Salem…

Las Brujas de Salem: «Juicio de George Jacobs, 05 de agosto 1692» por Thomkins H. Matteson.
Ascient Origins(M.R.Reese) — En 1952 el escritor Arthur Miller escribió “El Crisol”. Esta obra de teatro es más conocida por el nombre de “Las brujas de Salem”. En ella se narran los sucesos acaecidos en Salem, un pueblo de Nueva Inglaterra. Más de 200 sujetos fueron acusados de brujería. Los juicios realizados acabaron con el ahorcamiento de diecinueve personas.
Estos hechos son un reflejo de como la represión sexual puede manifestarse en forma de síntomas histéricos. A su vez, en un ambiente de puritanismo exacerbado, estas manifestaciones histéricas pueden interpretarse como posesiones diabólicas o actos de brujería.
En la primavera de 1692 un grupo de chicas jóvenes del pueblo de Salem, Massachusetts, acusó a otros de practicar la brujería…, desatando una histeria que causó la muerte de al menos 24 personas.
La mayoría de las muertes fueron causadas por ahorcamiento o se produjeron en prisión, pero el caso de Giles Corey, acusado de connivencia con el diablo, fue diferente.
Giles se negó a someterse a la locura de los juicios de Salem. Sabiendo que la confesión le conduciría a perder todo derecho sobre sus tierras y posesiones (siendo embargadas por el gobierno en lugar de ser transmitidas a sus hijos), se negó a declararse culpable o no culpable.
Giles fue sometido a una brutal práctica llamada «prensa», en un intento de conseguir hacerle confesar. Murió durante el proceso, pero en plena posesión de sus bienes, que fueron transmitidos a sus dos hijastros de acuerdo con su voluntad.

Los acontecimientos que dieron lugar a los juicios de Salem comenzaron con dos niñas: Elizabeth Parris, de nueve años de edad y Abigail Williams, de 11.
En enero de 1692, Parris y Williams comenzaron a tener ataques incontrolables, con gritos y contorsiones violentas. Un médico local diagnosticó a las chicas con «embrujo», y pronto otras jóvenes de la zona comenzaron a exhibir los mismos síntomas. Las niñas acusaron a tres mujeres de brujas: la esclava caribeña de Parris, Tituba, Sarah Good y Sarah Osborn.
Las acusadas fueron llevadas a juicio. Tituba confesó practicar la brujería y preservó su vida. Las acusaciones continuaron y algunos de los acusados empezaron a señalar con el dedo a los demás, en el esfuerzo de salvar sus propias vidas. La histeria se extendió rápidamente por toda la ciudad.
Durante los juicios las jóvenes acusadoras estaban presentes en la sala del tribunal, retorciéndose y gritando de dolor. Las acusaciones incluyeron haber visto al acusado transformarse en animales, o la aparición del acusado junto a sus camas para torturarlos, succionando un pájaro amarillo entre sus dedos y pidiéndoles firmar el libro del diablo.

Los juicios de las brujas de Salem fueron influidos por la histeria. «La bruja no. 1» Litografía de Joseph E. Baker, ca. 1837-1914.
Mientras que muchas personas acusadas de brujería murieron en la horca o en la cárcel, la muerte de Giles Corey fue diferente. Corey era un próspero granjero de Salem.
Se casó tres veces con Margarita, María y Marta. Durante los juicios de Salem, Corey y su esposa Marta fueron acusados de brujería.
La acusadora, Mercy Lewis, testificó que Corey apareció ante ella, pidiéndole firmar el libro del diablo. Corey estuvo en prisión durante cinco meses, en espera de juicio.

Giles Corey en los juicios de las brujas de Salem. Ilustración «Giles Cory, Yeoman,» obra de Mary E. Wilkins Freeman, nueva revista mensual de Harper, LXXXVI Volumen, 1893.
En septiembre de 1692, Corey fue llamado a juicio. Casi una docena de testigos se presentaron diciendo que habían visto a Corey con pan y vino realizando misas negras.
Sabiendo que iba a ser condenado y ejecutado, como le había ocurrido a todos los que le precedieron, Corey negó aceptar los cargos. Al evitar juicio y ejecución, Corey podía preservar su finca para sus dos hijastros.
Si era acusado y ejecutado, su patrimonio y bienes habrían pasado a ser propiedad del estado desde su muerte.

«Juicio de Giles Corey» grabado por C. (Charles) S. Reinhardt, 1878.
En esa época la consecuencia de negarse a someterse a juicio era sufrir la práctica conocida como la “prensa”. El acusado era desnudado y colocado en el suelo con unos tableros sobre el pecho.
A continuación se colocaban piedras pesadas sobre los tableros causándole un dolor agonizante, donde los órganos eran aplastados y el cuerpo presionado contra el suelo. La “prensa” era un evento público, presenciada por familiares y vecinos.
Con ella se conseguía o bien que la víctima cediese bajo el dolor y la presión confesando una declaración de culpabilidad, que fácilmente resultaba luego en condena y muerte en la horca, o bien se negaba a alegar y moría aplastado.
Mientras se colocaban las piedras en su pecho, Giles Corey no gritó de dolor ni tampoco cedió a sus torturadores. Al contrario: se hizo famoso por gritar «más peso», cada vez que se le pidió confesar. Está claro que su intención era morir aplastado, con la esperanza de salvar a su esposa, manteniendo su granja y posesiones por el bien de sus hijos.
Alrededor del mediodía del 19 de septiembre de 1692, Corey murió bajo la “prensa”.

«El castigo y la horrible muerte de Giles Corey», ilustrador desconocido, 1892.
Los juicios de las brujas de Salem, que se convirtieron en un evento de gran influencia en la historia de Estados Unidos, se han utilizado en la retórica política y la literatura popular para resaltar los peligros del aislamiento, el extremismo religioso, falsas acusaciones, y errores en un proceso penal.

Marcador Memorial por Giles Corey en el cementerio de Salem.
Antecedentes históricos de las brujas de Salem.
Si bien los juicios por brujería de Salem, son los más conocidos, no son los únicos que se produjeron en Nueva Inglaterra. Ya en el año 1647, una mujer, Alice Young, más conocida como Alse Young fue ahorcada, acusada de brujería en Hartfort.
Al parecer la ciudad de Windsord fue azotada por una grave epidemia de gripe. Ésta originó numerosos muertos, sobre todo niños. Alse Young fue acusada de ser la causante de la epidemia y fue condenada por brujería.
Posteriormente, su hija Alice Young Beamon también fue acusada por actos de brujería. Fue juzgada en la ciudad de Sprindfields, en Massachusetts.Al menos otras doce personas más fueron condenadas y ejecutadas en Nueva Inglaterra antes de que los juicios de Salem tuvieran lugar.
La aldea de Salem.
La aldea de Salem está situada en lo que hoy en día es el estado de Massachusetts, cerca de la ciudad de Boston. Fue fundada a mediados del siglo XVII por un grupo de colonos emigrantes europeos con rasgos puritanos y religiosos muy marcados. La vida en aquella zona fronteriza era muy dura y sus habitantes vivían entregados a las tareas agrícolas. El trabajo sólo se interrumpía para los actos religiosos que eran controlados para que nadie faltara a la pequeña capilla.
Una sociedad puritana y represiva.
La tragedia que se produjo en Salem fue el resultado de un voluntarioso intento de mantener la unidad espiritual.
Con una noble intención, los habitantes de Salem desarrollaron un modelo de sociedad teocrática, mezcla de estado y poder religioso. Con esto se buscaba fomentar la unidad del pueblo y evitar cualquier disturbio espiritual o ideológico.
Esta cruzada espiritual se tradujo en innumerables prohibiciones, llegando hasta un punto en el que las represiones eran más severas que los posibles peligros derivados del desorden religioso, contra el que se pretendía luchar.
Samuel Parris.

Los hechos que sucedieron en esa pequeña y fanática aldea fueron los siguientes.
En 1692 el reverendo Samuel Parris era el párroco de Salem.
Vivía con sus hijos, Thomas, Elizabeth y Susannah Parris y una sobrina llamada Abigail Willians.
Con ellos vivía además una esclava negra de nombre Tituba y su marido, Jhon Indian.
Tituba se encargaba del cuidado de los niños.
El reverendo era un hombre de 45 años, que había llegado en 1688 a Salem procedente de Boston.
Estaba viudo y se había hecho cargo del cuidado de su sobrina Abigail. Los padres de ésta habían muerto asesinados por los indios de la zona.
Samuel Parris vivía obsesionado por ganarse el amor de Dios y el respeto de sus gentes. Pero, pese a todos sus esfuerzos, su carácter desconfiado y arrogante le hacía sentirse perseguido y señalado por sus vecinos.
Hoy diríamos que presentaba un carácter con fuertes rasgos paranoides. Tenía escasa habilidad para tratar a los jóvenes a los que imponía una férrea disciplina en su presencia.
Tituba, la esclava negra.
A Tituba, la esclava negra, le gustaba contar historias extravagantes a las hijas del reverendo y a sus amigas. Estos relatos no siempre eran edificantes y a menudo tocaban temas escabrosos que chocaban contra la férrea y puritana moral. Así mismo, Tituba gustaba practicar la lectura de la suerte en la clara de huevos. Con estos viejos rituales del vudú de las Antillas, de donde ella procedía, trataba de adivinar el nombre del futuro marido de las jóvenes que consultaban.
Estas historias y rituales debieron encender ocultos deseos en la imaginación de dos de las adolescentes Betty Parris y Abigail Williams. Un día éstas fueron sorprendidas bailando desnudas en un bosque, mientras la negra Tituba realizaba sobre un caldero rituales de “vudú” de Barbados, su tierra natal.
El conflicto entre la rígida moral puritana y las sensaciones pecaminosas que las historias de la negra despertaban en la imaginación de las niñas, hizo que fueran presas de una gran agitación.

La enfermedad de Elizabeth Parris.
Elizabeth (Betty), la hija del reverendo enfermó y empezó a mostrar un comportamiento extraño. Era presa de ataques de llanto incontrolado y sin motivo aparente. Tenía accesos de fiebre, convulsiones y se ponía a ladrar. Corría por la casa a cuatro patas como si fuera un perro. Al poco tiempo su prima Abigail empezó a presentar síntomas parecidos.
El médico de la aldea, el doctor Willians Griggs, fue consultado por el reverendo Parris. Éste había fracasado con sus oraciones pidiendo la sanación de las muchachas. El doctor no encontró ninguna causa que justificara los síntomas de las jóvenes. Por ello, dictaminó que se trataba de un caso de brujería o de posesión demoniaca. Samuel Parris, desesperado, consultó al reverendo Jhon Hale. Éste era experto en temas de brujería y llegó a la misma conclusión que el doctor.
No deja de ser curioso, el método que usaron para confirmar la brujería de las niñas. El doctor Griggs mandó a Jhon Indian, marido de Tituba, cocinar una extraña receta, llamada leche de brujas. Usaba como ingredientes la harina de centeno y la orina de un bebé. El bebedizo se daba a beber a un perro. Si el pobre animal desarrollaba los mismos síntomas que las presuntas embrujadas, se confirmaba el diagnóstico.
Nuevas adolescentes afectadas.
Los llantos, gritos y convulsiones de las niñas no cesaban y fueron apareciendo nuevos casos entre las amigas de las hijas del reverendo. Una amiga de Elizabeth, Ann Putnam, declaró haber luchado contra una bruja que intentaba cortarle la cabeza.
Ante estos hechos, los pueblerinos empezaron a ver en esas manifestaciones la mano oculta del diablo y empezaron a creer que las niñas estaban poseídas.
Lo que hoy en día consideraríamos como síntomas histéricos fueron aumentando de intensidad. Las niñas se creyeron poseídas y empezaron a actuar como si realmente lo estuvieran: blasfemaban, gritaban, profanaban biblias y daban saltos enloquecidas.
Si algo tienen los fenómenos histéricos, es su facilidad para extenderse por imitación. Al poco tiempo, eran ya siete las jóvenes presuntamente endemoniadas. El veredicto de posesión diabólica del doctor Griggs fue aceptado sin vacilación por los lugareños. No faltó algún personaje sensato que dijo que solamente se trataba de rabietas de unas niñas caprichosas.
Si Sigmund Freud, hubiera publicado sus “Estudios sobre la histeria” en aquellos años de la colonización americana, es más que probable que hubiera sido condenado por hereje o por servir al diablo. Si los aldeanos de Salem hubieran podido escuchar y comprender sus teorías, sobre como los deseos sexuales reprimidos se transforman en síntomas histéricos, se hubiera podido evitar el baño de sangre que se produjo en los siguientes meses.
Los juicios de Salem.

En febrero de 1692 se inició un juicio para dictaminar el origen de las posesiones diabólicas.
Ésto dio lugar a una serie de acusaciones infundadas, donde cada uno acusaba al más indefenso o a quién tenía más antipatía o envidia.
Los primeros acusados de brujería fueron la negra Tituba, Sarah Osborne y Sarah Good.
Tituba fue acusada por Betty Parris. Ann Putmam señaló a las otras dos.
Sarah Osborne era una anciana rica e impedida físicamente, que gozaba de bastante envidia por parte de sus vecinos. Sarah Good era una vagabunda lisiada y alcohólica.
Las dos últimas se declararon inocentes, pero eso no sirvió de nada. Tituba, golpeada y maltratada por su amo, Samuel Parris, se declaró culpable y acusó a las otras dos de brujería.
Al declararse culpable, Tituba fue condenada a la cárcel, donde estuvo un año recluida. Sarah Osborne y Sarah Good al no confesar su culpa fueron ahorcadas.
Tituba acusó a otras mujeres de brujería, entre ellas a la hija y a la sobrina del reverendo Parris. Posteriormente, otra mujer, Martha Corey siguió la misma suerte y fue acusada sin fundamento, por envidias y rencillas con los aldeanos. Su esposo, Giles Corey, murió en prisión mientras era torturado.
Abigail Williams.
La sobrina del reverendo Parris, Abigail Williams, fue acusada, además de adulterio, por haber mantenido relaciones sexuales con Jhon Proctor, un rico granjero de la localidad, casado con Elizabeth Proctor.
Elizabeth Parris y Abigail Willians trataron de defenderse diciendo que podían descubrir y señalar a otras brujas. Uno de los acusados fue Jhon Proctor y su esposa, de la que Abigail estaba celosa. Jhon Proctor fue ahorcado después de que todas sus tierras fueran confiscadas. Su esposa se libró de la horca por estar embarazada. Tras dar a luz en enero de 1693 fue liberada junto a otros prisioneros.
Las jóvenes fueron inculpando a otras personas de posesión demoníaca, y así una tras otra, más de 200 personas, fueron acusadas y juzgadas por pactos y relaciones sexuales con Satanás.
Las niñas que habían iniciado todo aquel espectáculo, señalaban entre estertores y convulsiones histéricas a las acusadas, de haber propiciado su corrupción moral. Algunas de las acusadas más íntegras fueron ahorcadas por mantener la entereza y decir que todo era una sarta de estupideces. Otras murieron en el calabozo mientras esperaban la horca.
Abigail Williams no fue condenada y su rastro se pierde a mitad de 1692. Parece ser que se marchó a vivir a otra ciudad y que murió joven sin llegar a casarse.
Histeria colectiva.

El sentimiento de inseguridad y la histeria colectiva fue creciendo exponencialmente y todo el mundo estaba aterrorizado, pues en cualquier momento alguien les podía acusar de mantener relaciones con el maligno.
Una anciana respetada por todo el pueblo llamada Rebecca Nurse fue acusada injustamente y el juez, que la conocía sobradamente, la declaro inocente, provocando una oleada de vandalismo y salvajismo por la gente que quería el linchamiento de la anciana.
El juez asustado, cambió de opinión y ordenó que la ahorcaran inmediatamente. Como el caso de Rebecca Nurse, muchas otras personas de prestigio y renombre fueron acusadas por gente que les debía dinero o que estaban enemistados con ellos.
Desde el mes de junio hasta el mes de septiembre diecinueve personas fueron ajusticiadas y el terror duró en Salem hasta varios meses después. Al final se impuso un mínimo de cordura y la mayoría de las actas inculpatorias se eliminaron.
El resultado final de los juicios de Salen concluyó con un veredicto de culpabilidad para tres mujeres por haber pactado con el diablo. Por desgracia, esta conclusión judicial no sirvió de mucho a las personas inocentes que ya habían sido ahorcadas.
Causas de los sucesos de Salem.
Son numerosas las conjeturas sobre qué circunstancias pudieron desencadenar los sucesos de Salem.
Algunos autores han citado a la epilepsia como la causa de los ataques y las convulsiones de las jóvenes. No faltan los que han encontrado un origen tóxico en estas manifestaciones colectivas.
Para éstos el origen de todos estos síntomas estaría en una intoxicación por cornezuelo del centeno, que posee una toxina la ergotamina, de la que deriva el LSD o ácido lisérgico. Esta intoxicación es conocida como la “fiebre de San Antonio o “El fuego del infierno”. Suele aparecer en personar que tienen una dieta rica en cereales contaminados por un hongo (cornezuelo del centeno).
No obstante, para la mayoría de los estudiosos de estos sucesos, la causa más probable son los fenómenos histéricos, como resultado de un clima de puritanismo y una educación represiva. Apenas unos pocos años antes de estos sucesos, el médico inglés Thomas Sydenham, había descrito los síntomas de la histeria, a la que había denominado “la gran simuladora” por ser capaz de simular un gran número de enfermedades orgánicas.
Tratamiento de la histeria.

Pacientes histéricas en el hospital de la Salpêtrière en París (1898).
El estudio de la histeria se completó con los trabajos del neurólogo francés Jean Martin Charcot y Pierre Janet, en el hospital parisino de la Salpêtrière en 1889.
A raíz de su estancia en París, junto a Charcot, Sigmund Freud describió con precisión la histeria y empezó a usar la hipnosis como método de tratamiento de la misma.
Para Freud la histeria de conversión es la manifestación en forma de síntomas orgánicos de un conflicto reprimido en el inconsciente, generalmente de tipo sexual.
Los primeros intentos de curación de la histeria fueron a través de la hipnosis. Freud pasó posteriormente a desarrollar el método catártico.
Éste fue sustituido por la libre asociación que sería uno de los pilares fundamentales del método psicoanalítico.
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