Cómo veían el futuro (nuestro hoy) en el pasado…

jotdown.es(J.Bilbao)/Magnet(mohorte)/National Geographic(H.Rodríguez)/ElDefinido(F.J.Lastra)/La Razón(H.Herrera)/ComputerHoy(J.A.P.Estapé) — La Edad Media es un periodo de tiempo tan extenso que necesariamente tendremos que responder que de muy diversas formas.
Como tampoco es cuestión de dar por concluido aquí el artículo vayamos a aquello que podía haber en común en la cosmovisión de buena parte de los europeos de aquel tiempo.
Tal como explica Umberto Eco, “en la Edad Media se suponía que se decían cosas ciertas en la medida en que estaban sostenidas por una auctoritas anterior, hasta el punto de que, si se sospechaba que la auctoritas no sostenía la nueva idea, se procedía a manipular su testimonio porque la auctoritas, como decía Alán de Lille, tiene una nariz de cera”.
Así que bajo el amparo de la autoridad de Eco, puede suponerse cierto que ese respeto por la tradición y recelo por las ideas originales permitió ciertos consensos en torno a su manera de comprender el mundo (entre la minoría alfabetizada, se entiende), basados en las fuentes de referencia que se tenían en aquel tiempo, que eran autores griegos y latinos como San Agustín, Boecio, Pseudo Dionisio, Pitágoras… y muy por encima de todos, Aristóteles.
De él era, recordemos, el tratado sobre la comedia que tantos crímenes provocó para mantenerse oculto en El nombre de la rosa. Si el Filósofo decía que reír era bueno entonces inmediatamente se acabaría en el mundo el miedo al diablo —al pasar a ser objeto de chistes— y de ahí a la anarquía hay un paso, dedujo Jorge de Burgos.

Según la concepción aristotélica (y con variaciones, ptolemaica) que estuvo vigente hasta el siglo XVI, el mundo era una esfera que ocupaba el centro del universo y estaba contenida en otras nueve, a modo de capas de una cebolla.
Fuera de la última de esas capas “no hay ni espacio, ni vacío, ni tiempo. Por eso lo que quiera que allí haya se caracteriza por no ocupar espacio ni verse afectado por el tiempo”.
Nos queda la duda de cómo podría Aristóteles saber tal cosa… pero sea como fuere, para el cristianismo posterior ese inmenso espacio vacío pasó a estar ocupado por Dios, a cuyo alrededor danzaban serafines, querubines y tronos.
La más superficial de las capas o esferas es la Primun Móvile, que da una vuelta sobre sí misma cada 24 horas y que impulsa a todas las demás contenidas en ella.
Después encontramos la Stellatum que es en la que están fijas las estrellas. A continuación hay otras siete capas, cada una tenía incrustada un “planeta”, que eran de fuera hacia adentro: Saturno, Júpiter, Marte, Sol, Venus, Mercurio y Luna.
Dentro de esta última, en el mundo sublunar ocupando el centro de todo, está la Tierra. Desde la Tierra hasta el Stellatum estimaban que recorriendo unos 65 kilómetros al día se tardarían 8.000 años en llegar ahí.
Lógicamente esas capas son transparentes —si no no veríamos las estrellas— debido que están formadas por el quinto elemento, que es el éter. Esas siete esferas representan una nota musical cada una y al girar crean una bonita melodía que se conocía como “la música de las esferas”. Pero lamentablemente no podía trasmitirse al aire, así que los terrícolas nos quedamos fuera de ese inmenso concierto celestial.
Puesto que todo movimiento es generado por una voluntad, se atribuía cierta inteligencia a los planetas, que podía a influir en el carácter de las personas, (sin llegar a anular su libre albedrío, lo que sería una blasfemia). Así, si eran influidos por la esfera de Saturno eran melancólicos, mientras que los afectados por Júpiter eran alegres y tranquilos, es decir, “joviales”.
Marte provocaba un temperamento violento, “marcial”. Venus inclinaba al amor, Mercurio al estudio y los desdichados que estuvieran bajo el influjo de la Luna eran lunáticos.
Pero si a cada esfera dado que se movía se le atribuía una inteligencia… la Tierra al estar inmóvil en el centro ¿carecía de ella? Dante respondió a esa pregunta diciendo que no, que nuestro planeta no es ningún estúpido y la inteligencia/voluntad que le corresponde es la de la Fortuna, una diosa que hace girar su rueda alterando constantemente la suerte de todos los seres terrestres.
El mundo sublunar

El centro: Jerusalem
Si allá arriba hay un universo ordenado, eterno, perfecto y regular, por debajo de la Luna la Fortuna no deja de hacer de las suyas en un mundo endemoniadamente variable y caótico.
Bajo la esfera sublunar están los cuatro elementos primordiales, con dos cualidades cada uno que los ligan entre ellos.
Debajo está el más pesado de ellos, la tierra.
Y en el centro mismo de la Tierra, el infierno. Un lugar que contaba con diversas estancias, como el Erebo (habitado por dragones y gusanos de fuego) el río Aqueronte o la laguna Estigia.
La tierra es un elemento frío y seco, que puede transformarse en agua, que es fría y húmeda y está sobre la tierra formando océanos.
El agua a su vez se convierte en aire, húmedo y cálido, que está sobre ella formando la atmósfera. Por encima de todos ellos, el más ligero y que hace de frontera con el éter es el fuego, seco y cálido.
Que se transforma a su vez en tierra y cerrando así el ciclo. Pero si el fuego está formando ahí arriba una capa que rodea la Tierra, justo por debajo de la esfera lunar… ¿Cómo es que no vemos al mirar hacia arriba un cielo en llamas?
La explicación que daban es que era un fuego puro y por tanto invisible. En su pureza era la materia en la que se encarnaban los ángeles cuando tenían que bajar a darnos algún recado. Más abajo estaban las criaturas aéreas, es decir, los demonios o ángeles caídos esperando entre tormentos el día del Juicio Final. No eran de fiar.
No es casualidad que una de las cualidades de las brujas fuera la de poder volar ayudadas por ellos. En el agua habitaban las criaturas acuáticas, es decir, los peces y los pájaros. Y aquí llegamos a la distribución de la superficie terrestre y las criaturas que la habitan.
Gentes de fea estatura y de mala naturaleza

La geografía terrestre estaba distribuida en cinco zonas: septentrional, solsticial, equinoccial, brumal y austral.
Las de los extremos eran inhabitables a causa del frío y la del centro por el calor. Las dos del medio al mezclarse en ellas el frío y el calor podían ser habitadas, los humanos habitamos una de las dos, la solsticial, donde se hallan los continentes conocidos por entonces: Asia, África y Europa.
Eran dibujados en torno al Mediterráneo sin demasiado tino, dado que buena parte de las representaciones de la geografía terrestre en la Edad Media tenían una función teológica más que práctica. En ellas en el centro del mapa no solía estar Bilbao, sorprendentemente, sino Jerusalén.
Cerca de Asia se situaba el Paraíso, donde crecía el Árbol de la Vida, y la India, habitada por toda clase de pueblos a cada cual más exótico. La crónica de Nuremberg es un libro incunable del siglo XV, lo más parecido a una wikipedia de su tiempo y contaba con mapas y dibujos de pueblos que al parecer habitaban en desiertos lejanos y montañas remotas.
Están por ejemplo los que matan a sus padres y los cuecen para comérselos. Los Brahmanes, que se lanzan al fuego para alcanzar la otra vida. Los pigmeos, seres diminutos que habitan en las montañas y guerrean contra las grullas.
Los Sciópodos, que corren a grandes velocidades gracias a contar con un solo pie pero de gran tamaño, que también usan para protegerse del sol.
En dicho libro, se cuenta también como“en otra isla [del Índico], hacia la mitad, habitan gentes de fea estatura y de mala naturaleza, que no tienen cabeza y tienen los ojos en la espalda y la boca, torcida como una herradura, en medio de los pechos. En otra isla, hay numerosas gentes sin cabeza, y que tiene los ojos y la cabeza en la espalda”.

Sciópodo a la fresca
Finalmente, en lo que respecta al cuerpo humano, contaba con un alma dividida en tres partes o, según algunos, tres almas: la vegetativa común a todos los seres vivos, el alma sensible compartida con los animales y el alma racional, exclusivamente humana.
El cuerpo estaba formado por los cuatro contrarios (caliente, frío, húmedo y seco) igual que la tierra, pero que en el cuerpo forman los humores que determinan el carácter: sangre, bilis, flema y melancolía.
Las tres partes del alma más las cuatro del cuerpo suman siete, como los planetas y las notas musicales, lo que vinculaba al ser humano con el cosmos.
En cierta forma se consideraba a cada persona un mundo en miniatura.
Todavía quedarían muchas más cosas por mencionar como las creencias religiosas, el orden social, la enseñanza en las universidades, las criaturas que se creía que habitaban los bosques…etc.
Pero este breve esbozo de la cosmovisión medieval que hemos visto da cierta idea de un mundo que era visto como algo armónico, mecanicista, donde hay un sitio para cada cosa y en el que todo guarda una relación.
Tal vez ese cosmos tan ordenado y previsible era un consuelo psicológico ante una vida tan sometida como la de entonces a lo imprevisible, a las malas cosechas o las plagas, donde lo único más mortífero que una enfermedad eran las curas a la que sometían a los enfermos.
Luego llegó el aguafiestas de Copérnico y a partir de ahí la ciencia no hizo más que darnos disgustos destronándonos del centro del Universo y mostrándonos a éste como un lugar cada vez más lovecrafiano, enloquecido e insondable.
Al que ahora nos atrevemos a asomarnos una vez que nuestras vidas son bastante más apacibles y seguras para enterarnos sobre agujeros negros atroces o supernovas como la que acaba de explotar con gran estruendo. Un mundo en definitiva donde uno ya no puede fiarse ni de la velocidad de la luz.
– Paleofuturo: así imaginaban en el siglo XIX cómo sería nuestro presente

Carteros que nos llevan la correspondencia hasta la misma ventana Aunque hoy ya no es tan común recibir cartas personales, resulta curioso ver cómo los artistas franceses las incluían sin pensárselo dos veces en esta colección de postales. No solo nos las seguían llevando a casa, sino que además, el cartero te las traía volando.
Todo pasado tiene un futuro, y todo futuro imaginado forma parte del pasado.
Hollywood ha sabido explotar esta idea durante la mayor parte de su existencia, pero con especial ahínco en la década de los ’80.
El retrofuturo no es sino la estética de un futuro pensado décadas atrás, y que quedó asociado de forma perente a ese tiempo.
¿Parece complejo? En absoluto.
Por fortuna, el ser humano lleva imaginando el futuro cierto tiempo, y ha dejado constancia gráfica de ello.
Observar cómo creía la ciencia ficción de los ’70 cómo sería nuestro mundo no es difícil: todos tenemos en mente películas o cómics que hablan de ello. Al remontarnos en el tiempo, sin embargo, encontrar testimonio gráfico de ello se vuelve una tarea algo más complicada.
Sin embargo, el blog Paleofuture recopiló durante sus seis años de existencia ilustraciones y diseños de décadas remotas en el que se dibujaban los años venideros. Hay cosas que nos han dejado maravillados.
El siglo XIX: a volar

Empezando por los dibujos del artista francés Jean-Marc Côté, iniciados en 1899, cuando el largo y convulso siglo XIX tocaba a su fin. En él, Côté plasma sus ideas sobre el año 2000 (el equivalente a nosotros tratando de adivinar cómo será el mundo en 2115). Las obras se encuentras en la Biblioteca Nacional de Francia, y se fueron publicando durante la primera década del siglo XX.

Côté pensaba que en el año 2000 las máquinas aún serían de hierro, pero que serían capaces de acelerar el nacimiento de los polluelos en apenas un segundo. Una máquina también permitiría a un sólo hombre tocar todos los instrumentos de una orquesta a la vez. Y por supuesto, para entonces el ser humano ya habría sido capaz de volar (en unos muy rudimentarios cacharros).

Paleofuture tiene un interesante archivo, y permite navegar por décadas. Nos hemos remontado a 1880 y hemos encontrado, por ejemplo, esta ilustración de la publicidad en el futuro no demasiado distante (no, Blade Runner no fue la primera en reflexionar sobre su omnipresencia).

Al igual que a finales del siglo X, el ser humano ha tenido un marco de referencia obsesivo en sus divagaciones sobre el futuro: el año 2000. Redondo donde los haya y marcador del fin del milenio, estamos acostumbrados a ver ideas sobre nuestro tiempo (todas ellas más fantásticas que nuestra realidad). ¿Pero qué hay del futuro del pasado que ya se ha quedado en el pasado?
Esto es cómo un artista de 1882 pensaba que serían los trajes de gala de 1952.
Hijos de su tiempo, como es lógico.

Seguimos un rato más con el siglo XIX. Hoy en día volar es un acto rutinario, pero hace siglo y medio era una utopía sólo apta para soñadores. Era una posibilidad, no obstante, y se tenía en cuenta como tal. De ahí que ilustradores e ingenieros de todo el mundo comenzaran a pensar en las naves voladoras del futuro no tan lejano. Este lápiz crayon gigante con hélices fue ideado por C. A. Smith. La ilustración apareció en el San Francisco Call en 1896.

Estos pósters norteamericanos de 1896 mostraban la misma idea, un trasto gigante surcando los aires, desde perspectivas un tanto distintas. Nos parecen muy bonitos, por cierto.


Una última del siglo XIX: Nueva York aún no había entrado por completo en la vertiginosa fiebre de los rascacielos por doquier, pero la ciudad daba sus primeros pinitos, y también lo hacían sus artistas más imaginativos.
Esto es una ilustración (de 1881) de los altísimos edificios que debían dominar la Gran Manzana en el futuro. Pensemos que en el momento en el que fue publicada en Harper’s Weekly esta pequeña iglesia rompía el cielo de la ciudad.

El siglo XX: la conquista del espacio
Del siglo XX quedan numerosos vestigios del futuro del pasado. No sólo en lo relativo a las ilustraciones, sino también en el cine, en la televisión y en las novelas de ciencia ficción, que alcanzaron su cumbre durante la mitad de la centuria.
Dado que no resultan tan fascinantes como las imágenes del siglo XIX, hemos seleccionado sólo unas pocas. En Paleofuture hay amplios y muy extensos ejemplos de cómo ha evolucionado nuestra percepción de los años por venir.
Si durante los últimos años del XIX la sociedad occidental se obsesionaba por conquistar los cielos, en el siglo XX, una vez completado el reto, nos fijaremos en el espacio. Aquí tenemos colonias lunares dibujadas en 1969 e imaginadas a 60 años vista.




Para entonces, la Luna era un objetivo demasiado poco goloso. El hombre ya la había conquistado, aunque posteriormente lo hiciera unas pocas veces más. Sin embargo, mucho antes ya había quien se atrevía a imaginar aún más a lo grande. Nos referimos, claro, a Marte. Esta ilustración de Leslie Carr apareció en 1951 en una edición de La exploración del espacio, libro escrito por Arthur C. Clarke.
Tres décadas más tarde y tras haber pisado ya la luna, la revista The Futurist regresaba al recurrente tópico del asentamiento lunar. Cada año parecía más cerca, y en 1985 ponían fecha: 2007. Ni que decir tiene que lo que muestra la ilustración, treinta años después, sigue sin haber sucedido. ¿Son esos sucesivos fracasos los que han hecho de la ciencia ficción del futuro actual cada vez menos soñadora y más apegada al terreno de lo posible (Gravity, The Martian)?

Y por último, una sucesión de robots (otro gran tema del futuro del pasado que aún no nos hemos sacudido de encima, pese a que cada día convivan a mayor escala con nosotros). Nuestro favorito: el que fuma, claro. Es el primero de todos y fue imaginado en 1931. Los siguientes pertenecen a 1903, 1981, 1930, 1958 y 1934. Todos están lejos de haber acertado, pero, ¿no son adorables?




– Así pensaban en el 1900 que sería el mundo en el año 2000
Originalmente en forma de cromos o estampadas en cajas de cigarrillos, y posteriormente como postales, durante finales del siglo XIX y principios del XX, varios fueron los artistas que intentaron, a través de sus elucubraciones, dar forma tanto a nuestro presente, como a un futuro incluso más lejano a través de la imagen.

Alemania en el siglo XXI – Casas portátiles

Alemania en el siglo XXI – Buques de guerra sobre railes
Fue así que entre los años 1899 y 1910, las futuristas ilustraciones de Jean-Marc Côté y otros artistas franceses, y en las que describían como se suponía que sería en el entonces distante año 2000, acabaron siendo de dominio público.

Francia en el siglo XXI – Videollamadas

Francia en el siglo XXI – Una visita a la barbería
Como suele ser común en el imaginario de los visionarios de cualquier época, sus predicciones se salieron de la norma, no obstante, sin llegar a excederse lo suficiente fuera de los confines de su entorno tecnológico: de ahí la ubicuidad de propulsores, por no mencionar las vestimentas distintivas del siglo XIX, e incluso el uso de animales de tiro para el transporte.

Rusia en el siglo XXIII – La Plaza Roja (ilustración de 1914)

Rusia en el siglo XXIII – El Kremlim (Ilustración 1914)
De entre toda esta producción artística, se conservan al menos 87 estampas diseñadas por varios ilustradores franceses. La primera serie se produjo para la Exposición Universal de París, en el año 1900.
Sin embargo, parece ser que debido a dificultades financieras, las tarjetas de Jean-Marc Côté y demás artistas nunca se distribuyeron realmente y tan solo salieron a la luz muchos años después después de que el autor de ciencia ficción Isaac Asimov descubriera un juego y lo publicara en 1986, con comentarios complementarios, en el libro Futuredays: una visión del siglo XIX del siglo XX.

Desde Alemania, un paseo sobre el agua
Como tantas otras ideas, la iniciativa surgió en Francia, pero no hubo de pasar demasiado tiempo para que el futuro resultara, del mismo modo, la fuente de inspiración para artistas de otros lugares del mundo. Así, en enero de 1900, en Alemania, también la compañía de pasteles «Theodore Hildebrand and Son» comenzó una campaña publicitaria: en cada paquete de chocolate, cacao o caja de chocolate adjuntó un cromo con una imagen de la hipotética sociedad del año 2000. La producción total fue de 12 tarjetas.

Desde Francia, domótica
Poco después, durante la primera mitad del siglo XX, en 1914, también la asociación de pasteleros «Einem» de Moscú, lanzó otro juego de imágenes. Pese a que la producción fue tan solo de 8 de postales en color, los rusos tratarían de ir, como siempre un paso más allá: ¡atreviéndose -tan solo- a aventurar como sería la capital rusa entre los años 2114 y 2259.

Rusia, estación central
En su mayoría, las predicciones de estos artistas nunca vieron la luz, a menos en el modo en que sus mentes las concibieron. No obstante trataron de imaginar como serían las cosas en la actualidad con un siglo -e incluso tres- de antelación. Es seguro que, si a nosotros nos hubieran propuesto hace tan solo 20 años poner el presente el imagen, probablemente hubiéramos errado el tiro por mucho más margen.
– Las proyecciones más locas del siglo XX
La tarea de predecir el futuro ha sido una labor que un sinnúmero de personajes, con menor o mayor éxito, han tratado de llevar a cabo desde tiempos inmemoriales.
El escritor y bioquímico Isaac Asimov, por ejemplo, se destacó en los 60s por sus proyecciones bastante acertadas del futuro. Aunque a veces incluso él se iba un poco al chancho: en una entrevista de 1980, señalaba que estimaba en un 50% las posibilidades de que la civilización aún floreciera en el año 2010. Y aquí seguimos, viento en popa, viendo Netflix en nuestros smartphones ¿no?
Así como Asimov, muchos arquitectos, artistas, ingenieros y científicos, se aventuraron a mitad del siglo XX a imaginar el futuro que les esperaba en algunas décadas. A continuación, les mostramos algunas de las ideas más “interesantes” que se les ocurrió a nuestros predecesores.
El reinado del plástico en el hogar
Si comparamos una casa promedio de hoy con una de 1950, no encontraremos grandes diferencias, salvo algunos cambios de electrodomésticos, la ausencia de pinturas en base a plomo y adiciones como nuevos sistemas de calefacción, vigilancia y entretenimiento. Pero en esos tiempos antiguos, vaya que les gustaba dejar volar la imaginación pensando en el futuro.
Una de las proyecciones más llamativas y acertadas, fue la Casa del Futuro de Monsanto de 1957, un proyecto de cooperación entre el Instituto Tecnológico de Massachusetts y Disney, que fue presentado como una atracción en uno de los parques de la compañía de Mickey Mouse.

La idea era mostrar a los visitantes cómo sería una casa en un par de décadas más, aprovechando el boom de la industria del plástico que se vivió en esos años. Su construcción era casi totalmente de este material, desde las cañerías hasta el suelo e incluso el mobiliario.
Sus cinco estancias, divididas en forma de cruz, contenían algunos de los productos electrónicos más avanzados de la época: un microondas, teléfono a botones (en vez de tener disco), lavavajilla ultrasónica, regulador de luminosidad, mini refrigerador retráctil, lavamanos con altura ajustable y sistema de calefacción personalizable por cuarto, entre otros. Muchos de estos elementos se masificarían en las siguientes décadas.


En los diez años que duró la atracción, más de 20 millones de personas se ilusionaron con su moderno exterior y lujosos interiores. Se trataba de, claramente, solo una probadita del futuro, que no tenía planes de comercialización, aunque no descartaban que casas similares podrían verse en apenas una década.
Varias décadas después, podemos decir que el plástico puro nunca se convirtió en el principal componente de la construcción de casas, principalmente por sus problemas de resistencia. Sin embargo, varias compañías están hoy utilizando plástico reciclado para fabricar casas económicas, matando dos pájaros de un tiro.

¡Un auto movido por reactores nucleares!
Antes de Chernóbil y Los Simpsons, el mundo estaba bastante emocionado con el potencial de la energía atómica. En 1957, Ford incluso diseñó un concepto de auto del futuro que contenía ¡un reactor nuclear como motor!

El Ford Nucleon, aprovecharía una versión mini de los reactores nucleares submarinos. A base de uranio, prometía 8 mil kilómetros de rodaje antes de tener que cambiarlo. Según la compañía, uno podría elegir el tipo de reactor a utilizar. Por ejemplo, habría algunos de alto rendimiento y otros de mayor potencia.
Por suerte, no fue nada más que uno de muchos conceptos que nunca se hicieron realidad. Otro fue el Ford X-2000, un auto futurista “tradicional” (sin reactores), pero con un diseño igual de dañino para la salud:

¿Una ampolleta para atraer a los hombres?
En 1939, un segmento televisivo mostraba las predicciones de diseñadores de vestuario que serían realidad en el año 2000.
Entre las mejores, destaca un vestido adaptable para la mañana, tarde y noche (¿pijama también?), la desaparición de las faldas (¡¿qué?!), un cinturón que regula la temperatura corporal, un traje de novia de fibra de vidrio y lo mejor: un vestido de aluminio con, literalmente, una ampolleta que se lleva en el pelo, “para encontrar a un hombre honesto”, dice el locutor.
Para hombres, se sugiere un traje de una pieza con un teléfono incorporado y contenedores para “monedas, llaves y dulces para las chicas bonitas”. Eran otros años…
Que nosotros recordemos, y si consideramos a los Backstreets Boys y a las Spice Girls como referentes del año 2000, la realidad fue bastante distinta.
¿Correo por cohete?
Antes de la era del email, la gente tenía que ponerse creativa para llegar a una solución más rápida que el correo tradicional. La alternativa del futuro: ¡cohetes!

En 1957, un experto le aseguraba a la revista Modern Mechanix que el correo por cohete sería una realidad para 1965. ¿Una locura? De hecho, se probó.
Y, en 1959, un misil sin armamento pero con 3.000 piezas de correo,se disparó en el estado de Virginia y llegó a Florida 22 minutos después. Recorrió unos 1.000 kilómetros en ese tiempo.

Fue la única prueba que se hizo en Estados Unidos, porque no se podían justificar los costos. A la misma conclusión llegaron otros países que también lo probaron.
Cruceros todo terreno

En 1957, la misma revista, Modern Mechanix, se encargó de ilustrar un concepto de un profesor sobre un futurista crucero híbrido que describe cómo “mitad excavadora, mitad barco fluvial y todo Tom Swift (un famoso personaje de una serie de libros de ciencia ficción)”.

La clave del monstruoso vehículo, era la tecnología del rolligon, un tipo de neumático muy grueso y de baja presión que permite un tránsito a prueba de todo, incluso sobre las superficies más complicadas.
Aunque no hay ni rastro de este crucero híbrido, el rolligon se sigue utilizando en algunos diseños de vehículos especiales.
Un par de décadas antes, la misma revista publicaba un concepto igual de monstruoso, pero bastante más flojo: una especie de mega-bus-crucero, con piscinas, salas de baile y, ¿pista para aviones?

A salvo de los peligros en las calles
En 1954, plena era de la opulencia estadounidense post-guerra, todo apuntaba a consumir, consumir y consumir. Fue en este contexto cuando la marca de neumáticos Goodyear sugirió el reemplazo de las calles tradicionales en zonas de comercio, por veredas móviles que faciliten el acceso a las tiendas.

El primer paso, eso sí, sería aplicarlo en una menor escala, por ejemplo, dentro de un centro comercial. “Los consumidores dejarán sus automóviles en el estacionamiento, subirán por una escalera mecánica al piso superior y serán llevados sin esfuerzo en su ronda de compras o entretenimiento, a salvo de los peligros de los cruces de calles y las inclemencias del tiempo”, señala Modern Mechanix.
Más de 60 años después, seguimos dependiendo de nuestras piernitas para ir de shopping.
El diario impreso… pero en la tele
En 1934, la revista de ciencia ficción Scoops se imaginaba el futuro del periodismo: un diario… pero en una tele. Eso.

“Totalmente impresa y mostrada en la pantalla de un set de televisión”, señala la revista. El futuro nos daría algo más práctico, en la forma de una tablet o smartphone para leer diarios tradicionales y la gloriosa Internet para disfrutar de, por ejemplo, El Definido en cualquier momento y lugar.
La automatización del colegio
En los 50s, el aumento de alumnos en escuelas hizo que expertos se imaginarán un futuro donde la automatización sería la clave en la enseñanza.
Uno de ellos, del Instituto Tecnológico de California, proponía un sistema en base a botones, donde el alumno contestaría preguntas mediante una consola que también grabaría su asistencia y sus resultados. El sistema sería personalizado, ya que se ajustaría al nivel de cada alumno. Las clases, por otra parte, serían dictadas mediante video.
Así se ilustraba la idea en 1958:

El concepto persistió en años siguiente. En 1961, una autoridad de EEUU señalaba que en cuatro años, la mitad de los estudiantes estadounidenses usarían máquinas.

Predecir el futuro nunca es una tarea sencilla. Sin embargo, hay veces que no solo se intenta, sino que se consigue. En un artículo del New York Herald publicado el 7 de mayo del año 1922, su autor, el británico W.L. George, se imaginó cómo sería el mundo del presente. Y la verdad es que se acercó sorprendentemente a la realidad de 2022.
La primera y más acertada predicción del autor fue: “El futuro será difícil, pero… ¿qué importa? También el pasado fue difícil, y esas dificultades no evitaron que pudiera convertirse en el actual presente tolerable”.
W. L. George no sabía hasta qué punto aquello sería cierto. El futuro iba a ser difícil… muy difícil. En aquel momento, eran pocos los que se podían imaginar sucesos como la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, el Holocausto, el Holodomor o la Guerra Fría. Y es normal. Después de la Gran Guerra, no se podía mirar al futuro de otra forma que no fuera con esperanza.
Sin embargo, algunos eventos que tuvieron lugar ese mismo año cambiarían el mundo para siempre. Anticipando unas décadas donde el principal protagonista sería el horror. Por ejemplo, en 1922 tenía lugar la Marcha sobre Roma de los 30.000 camisas negras de Benito Mussolini; se creaba un conglomerado de naciones llamado la Unión Soviética; se elegía a un tal Josef Stalin para encabezar al partido socialista ruso (un puesto desde el que despejaría con sangre su ascenso al poder); y desde el New York Times se ninguneaba a un joven líder populista austriaco llamado Adolf Hitler: “Su antisemitismo no es genuino, ni tan violento como suena y solo está usando la propaganda como carnada”.
Sin embargo, y a pesar de todo, el futuro ha llegado. Y se parece mucho a lo que describió W. L. George en aquel artículo.
Entre sus predicciones podemos encontrar algunas tan precisas como que los vuelos comerciales iban a ser algo absolutamente común, remplazando a los barcos como el medio de transporte transoceánico predilecto. Más tarde, también vaticinaba como los caballos iban a dejar de circular por las carreteras y que la mayoría de las personas y bienes de consumo, ya no viajarían en tren, sino que lo harían en coches y en camiones.
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«What the world will be like in a hundred years» artículo publicado en el New York Herald en el año 1922
También habló de la desaparición de los tendidos de cables de telefonía y de electricidad, que en aquel momento ya era un verdadero problema (en la ciudad de Nueva York no se podía mirar al cielo sin ver infinidad de cables): “la gente del año 2022 no verá ni un solo cable en el cielo, gracias a la telefonía y telegrafía sin hilos. Incluso puede que la energía se transmita también sin cables”.
Si bien cierto que todavía no hemos alcanzado el desarrollo tecnológico necesario para eliminar por completo los cables de nuestras vidas, sí que nos estamos acercando cada vez más a lo que por aquel entonces era simplemente una fantasía.
“No habrá más humos por la desaparición del carbón, quizá incluso del tabaco. El carbón se habrá agotado, así como el petróleo, pero podremos extraer energía del Sol y de las mareas y de otras como la energía atómica”. Aquí el pronóstico tampoco es del todo preciso. Sin embargo, sí que hemos avanzado mucho en este sentido y, aunque ni el petróleo ni el carbón hayan desaparecido, sí que existe una tendencia a prescindir cada vez más de ellos en favor de fuentes de energía alternativas.
Otra conjetura que también resultó ser del todo acertada tiene que ver con el cine. En aquel 1922 se estrenó “The Toll of the Sea”, el primer largometraje a color. Y como bien pudo anticipar, aquella nueva tecnología había llegado para quedarse. Y en los años siguientes pasaría a convertirse en el estándar de mercado. Pero también adelantó algo que no se vería hasta unos años más tarde: el cine sonoro.
“Las figuras en la pantalla no solo se moverán, sino que tendrán colores naturales y sus voces originales” (…) “Esto cambiará por completo la escena, porque las actrices de 2022 no solo tendrán que saber cómo sonreír, sino también cómo hablar”. Lo dicho, más preciso imposible.
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Torre eléctrica y tendido eléctrico
Otro pensamiento que también se acerca mucho a la realidad es que “en 2022 las mujeres habrán descartado el pensamiento de que su única función es fabricar hijos varones. La mayoría tendrán su propia carrera y muchas llegarán al Congreso, a los juzgados, y quizá a la Presidencia”. Pero añade: “No creo que las mujeres hayan alcanzado la igualdad con los hombres. Un feminista cauteloso como yo se da cuenta de que estas cosas van despacio y no se puede borrar en un siglo más de 30.000 años de esclavitud”.
Pero en algunas predicciones se aventuró demasiado (quizás en aquellas en las que se dejó guiar por su propia ideología). Por ejemplo, W. L. George adelantaba que “las familias seguirán existiendo, pero los niños pasarán pronto a trabajar para el Estado. Las familias vivirán en edificios en alguna especie de cooperativa, porque el problema del servicio doméstico será inmanejable”.
En resumen, sus vaticinios son absolutamente sorprendentes. Porque, sin ser él adivino o disfrutar de algún tipo de poder sobrenatural, consiguió acertar en la gran mayoría. Como en los derechos de la mujer, los vuelos comerciales o en el cine sonoro y a color.
– Así se imaginaban la tecnología del futuro en los años setenta

Nuestra capacidad de predecir lo que ocurrirá está limitada por la tecnología de la época, y nuestra visión del mundo. Hace 50 años no existía Internet salvo en entornos académicos, así que casi ninguna película o novela de ciencia-ficción de la época nos muestra a ciudadanos accediendo a información desde un dispositivo de bolsillo. Del mismo modo, los ordenadores siguen ocupando una pared, y las tablets tienen marcos de varios centímetros…
La situación política del momento también marca cómo imaginamos ese futuro. En los años 70 la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética aún estaba en su apogeo, amenazando con una guerra atómica que destruiría el mundo. En esos años también tuvo lugar la gran Crisis del Petróleo, que provocó una gran recesión. Y los primeros movimientos ecológicos comenzaban a advertir sobre los peligros de la contaminación y la explotación del planeta. Los escritores y guionistas de la época creía que el mundo podría destruirse en cualquier momento. Por eso se pusieron de moda películas post-apocalípticas como Mad Max (1979).
Los americanos también vivían con la amenaza de una invasión soviética que acabaría con su democracia e impondría la dictadura del comunismo. Esto se reflejaba en obras que describían un futuro dominado por gobiernos opresores, como La Fuga de Logan o THX 1138 de George Lucas.
Frente a estas influencias dominantes en la vida real, otros autores fueron capaces de dejar volar libremente la imaginación, y describirnos un mañana completamente nuevo y libre de ataduras.
Estas visiones se apoyaban en tecnologías que se usaban para asombrar, o para dar credibilidad y coherencia a los guiones y la narrativa. Mucha de esta tecnología se ha convertido en realidad. Otra no tenía ni pies ni cabeza, o era demasiado ingenua. Vamos a ver algunos ejemplos.
Visiones del futuro que acertaron
Aún faltaban décadas para que se convirtiesen en realidad, pero escritores, guionistas o fabricantes de tecnología detallaron inventos que hoy usamos todos los días.
Los virus informáticos

John Brunner fue un escritor visionario que anticipó conceptos como la Unión Europea o la rivalidad entre Estados Unidos y China décadas antes de que se convirtiesen en realidad.
En 1975 escribió una novela llamada El jinete de la onda de shock ambientada en el «futuro» año 2010. Describía una sociedad en la que los ciudadanos podían acceder a una red informática a través de su teléfono móvil. Los delincuentes utilizaban programas para interferir en la red con datos incoherentes, e inutilizarla. Estaba describiendo un virus informático, sin llamarlo así.
Es una explicación asombrosamente exacta en un año en el que aún no existía la informática doméstica, ni los teléfonos móviles, y mucho menos Internet, salvo en forma experimental en círculos universitarios y militares.
Compras online, Zoom y lápiz óptico
Este metraje de origen desconocido del repositorio Kinolibrary es especialmente interesante. En apenas 1 minuto, clava algunos de los avances que usamos hoy en día, casi 50 años después:
Hay algunos elementos que nos resultan extraños, propios de la época. Los ordenadores siguen siendo enormes, y no usan ratón o pantalla táctil, todo se maneja con el teclado. Pero por lo demás la descripción es muy exacta.
Podemos ver el concepto de compra online, cómo una mujer visiona el catálogo de productos en la pantalla, los compara, y finalmente paga con una tarjeta de crédito asociada a su banco, que introduce en un lector.
Después un hombre se conecta «a través de cable» con sus compañeros de trabajo, y establece una videollamada profesional desde su casa. Por último, una niña utiliza un lápiz óptico en una especie de trackpad para dibujar en la pantalla. Las ideas básicas son las mismas que usamos ahora.
Teléfono móvil, reproducir sin cables y televisor «plano»
Este otro corte de un programa televisivo de los años 70, perteneciente al archivo Huntley Film Archives, nos muestra algunos conceptos acertados, como el teléfono móvil, aunque solo funciona dentro de la casa. También los reproductores multimedia inalámbricos, eso sí, basados en los vinilos y las cintas de casette.
El ejemplo más divertido es el del televisor de pantalla plana. Desde luego lo es si se compara con las teles de tubo de la época, pero nada que ver con televisores de apenas un centímetro de grosor que usamos ahora.

La realidad virtual
En el cine y la literatura hemos visto muchos conceptos de realidad virtual, pero en la mayoría de los casos se trata de visiones de fantasía (por ahora) en donde esos mundos virtuales son idénticos a la realidad, como ocurre en Star Trek The Next Generation, por ejemplo.
Una de las visiones más certeras de la realidad virtual nos la ofreció el relato El Cortador de Césped, de Stephen King, escrito en 1975. Fue llevamos al cine en 1992 con la pelicula del mismo título, El Cortador de Césped.
El Cortador de Césped cuenta la historia de un científico que convence al cortador de césped de su vecindario para que se someta a un experimento de realidad virtual con el que mejorará su inteligencia, usando ciertas drogas mientras se sumerge en los mundos virtuales.
Aunque la Realidad Virtual no puede aumentar la inteligencia, la película refleja correctamente el diseño de las gafas y los mundos virtuales basados en gráficos por ordenador, y no en el el mundo real, como hacen otras películas.
Arthur G. Clarke, un genio visionario

El escritor de ciencia-ficción Arthur G. Clarke, autor de 2001: Una Odisea Espacial está considerado uno de los futuristas más importantes del siglo XX.
Clarke describió los satélites artificiales con total precisión 10 años antes de inventarse.
A la órbita geoestacionaria de los satélites se la llama órbita Clarke en su honor.
En este vídeo de 1974 podemos ver cómo explica a un niño que «un día los ordenadores cabrán en un escritorio» y describe un futuro en el que podremos hablar con todo el mundo y obtener toda la información que necesitemos de estos ordenadores.
El presentador le pregunta si algún día seremos una sociedad adicta a estos ordenadores, y el famoso escritor responde que, «en cierto modo, sí. Pero también enriquecerán nuestras vidas y nos permitirán trabajar y vivir en cualquier lugar».
Clarke hizo muchas otras predicciones de tecnología futurista, completamente acertadas, desde Internet a los asistentes virtuales o la inteligencia artificial..
En una entrevista de 1976 predice conceptos tan concretos como el buscador de Google, o los smartwatch.
Clarke afirma que las videollamadas sustituirán a las llamadas de teléfono, y los dispositivos conectados nos permitirán «intercambiar información visual, información gráficos, libros, datos, y mucho más«.
También describe con gran precisión los buscadores de Internet como Google: «imagino un máquina que busque en una biblioteca centralizada y encuentre la información que necesitamos, desde noticias a información de vuelos, resultados deportivos, etc«.
En los años 70 muchos libros y películas tenían un hilo conductor similar. Influenciados por la guerra fría y la amenaza del comunismo, mostraban un futuro distópico en donde las grandes corporaciones, los ordenadores o gobiernos totalitarios habían acabado con el hambre o las guerras, pero a cambio los ciudadanos habían renunciado a su libertad.
Algunos preocupantes ecos de estos ideas podemos observarlas en la actualidad. Pero lo que las convierte en inverosímiles, reflejadas en películas como Perseguido (The Running Man), Death Race 2000 o Rollerball, es que para mantener a la población distraída se organizan deportes ultraviolentos:
El Ferrari imposible

En el Salón de Ginebra de 1970, Ferrari asombró a todos con su Ferrari Modulo Concept, un concepto de vehículo futurista que destacaba por su techo deslizante y su bajísimo centro de gravedad. Solo tenía 93 centímetros de altura.
Un diseño muy vanguardista, pero poco práctico. El millonario que lo compró, James Glickenhaus, se quejó a menudo de la dificultad para conducirlo.
La Casa del Siglo

El colectivo de arquitectos Ant Farm se hizo famoso en los setenta por proponer la construcción de casas futuristas con materiales baratos como el plástico, o materiales hinchables. Una de sus construcciones más famosas es la Casa del Siglo.
Pese a su diseño fascinante era poco práctica, y su ubicación no era la adecuada: la zona se ha inundado varias veces, destruyendo casi por completo la estructura.
La lavadora para humanos de Sanyo
En la Exposición Mundial de Osaka de 1970 Sanyo presentó lo que afirmaba era «el futuro de las limpieza personal«. Literalmente, una lavadora para humanos:

Era una especie de cápsula en la que te introducías y llevaba a cabo un lavado completo del cuerpo (menos la cabeza), con agua y jabón. Una sesión de rayos ultravioleta eliminaba las posibles bacterias que quedasen.
Como cabía esperar, fue un fracaso de ventas. Requería un espacio enorme y había que escalar dos metros para meterse en la cápsula. Y el tiempo de uso no era muy diferente al de un baño convencional.
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