actualidad, opinion, variedades.

Opinión: De la A a la Z, palabra de escritores…


https://www.infobae.com/new-resizer/MsuMNIVuFDP_cWlYvmTiKV5YllY=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/01210001/escritores-de-A-a-Z-1920.jpg

Infobae(A.Serra)  —  Entre los años 1975 y 2000, el autor de esta nota entrevistó a más de cuarenta autores notorios. Esta síntesis reflota aquellas charlas que, lejos de dormir en el desván, en algunos casos tienen sorprendente actualidad. Empezamos…

Tomás Abraham, 1997

https://www.infobae.com/new-resizer/fVmY4yhJl3BzX5GTFfP57e1v4Y4=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/01093144/tomas-abraham-1920-1.jpg

«La tele me fascina porque es dinámica y reactiva. «¡No sabés como odio a Neustadt», dice un tipo que… ¡sigue a Neustadt desde hace veinte años! Además, hay algo más simple: es un entretenimiento y sirve para relajarse. Pero no niego que tiene algo de vicio: a veces hago tanto zapping que ni sé lo que veo. De pronto son las tres de la mañana, estoy viendo… no sé, Milan contra Tailandia, y me pregunto qué carajo hago… Pero le aseguro que la generación que se crió viendo tele no es más boluda que la que se crió leyendo historietas».

«Achicamiento, analfabetismo, devaluación cultural… ¿Quién tiene la culpa? Las dictaduras militares, la censura, la represión, la generación que se quedó, la generación siguiente y cómplice de la anterior, el Estado (que nunca le dio pelota a la cultura), el famoso «¿Para qué?», la falta de estímulo, el sistema educativo, el facilismo argentino, los discursos frívolos tipo «la universidad con ingreso irrestricto», el desprecio por la investigación científica, etcétera».

Marcos Aguinis, 1997

https://www.infobae.com/new-resizer/xlTSae-AP6yAWf0oGkDNbeoEBV4=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/04/03002817/Marcos-Aguinis-1920.jpg

«El peronismo es un movimiento sin ideología clara. Puede ser Tercera Posición, liberal o izquierdista. Tuvo acólitos del nazismo y acólitos del marxismo-leninismo. Esa indefinición le da una notable capacidad de supervivencia. Después de un fracaso aparece un grupo y dice: «Nosotros somos el verdadero mensaje de Perón». Pero… ¿cuál es el mensaje? Porque hubo asesinatos recíprocos de derecha e izquierda, y las víctimas murieron gritando lo mismo: «¡Viva Perón!».

«Mi frase predilecta es de Eduardo Galeano: «Los funcionarios no funcionan. Los políticos hablan pero no dicen. Los votantes votan pero no eligen. Las escuelas enseñan a ignorar. Los jueces condenan a las víctimas. Las bancarrotas se socializan y las ganancias se privatizan». Todo eso es una hierba ponzoñosa que tenemos que arrancar, porque es el fondo de la tragedia argentina. El vacío espiritual, la ausencia de valores, la pérdida de ideales, el nihilismo, la promoción de modelos exitosos, pero corruptos y deletéreos: «Hacé la tuya, hacete rico, no le rindas cuentas a nadie, no pagues». Eso… ¡y la droga!».

Federico Andahazi, 1997

https://www.infobae.com/new-resizer/ORzD0wYyaVb0VZBGPmQrowq6sEM=/768x768/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/08/15190908/EZrqihgj.jpg

«Por edad, soy hijo de la guerra de las Malvinas y de la democracia. De la derrota y la iluminación. Pero no puedo soslayar los años 70. Porque nadie la sacó gratis. Tengo recuerdos tenebrosos de aquellos días: fui testigo de un secuestro, incluso. Por algo mi ideal de escritor es Rodolfo Walsh: la calidad literaria fabulosa junto con el compromiso político».

«¿Mis dioses literarios? Soy un lector caótico, asistemático. Atraso muchísimo. Pero Cervantes y su Quijote son todo: la fórmula madre, el H2O de la novela. En adelante no se inventó nada nuevo. ¿Querés algo más alejado del Quijote que La Naranja Mecánica, de Anthony Burguess? Sin embargo, tiene la estructura del Quijote… Después, Dostoyevsky (una marca pesada, terrible); Kafka (¡de su primera a su última línea; Borges (¡cómo no!); Jack London (me marcó a fuego), y la novela negra…».

Jorge Asís, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/y14IZkodIe_nqc_yccl6QNT9etc=/768x1024/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/06/29155259/Jorge-Asis-1.jpg

«Al Partido Comunista me llevó la realidad. Todo estaba muy politizado y virulento. Eran los días de la muerte del Che Guevara, de las luchas obreras que desembocaron en el Cordobazo, del progresismo. Las señoras paquetas y los ricos tenían el sueño del obrero propio. Pero algo le agradezco al Partido Comunista: su discurso, opuesto a la guerrilla, me salvó de ser un violento, y tal vez de morir, como muchos amigos míos chupados o desaparecidos».

«El 83, la democracia, me sorprendió en el medio del río. No reconocido, cuestionado por la izquierda, prohibido por el alfonsinismo. Sin aparecer, sin publicar, sin tener un pretexto para afeitarme. En el 88, con el alfonsinismo ya derrumbado, tuve mi último trabajo polvoriento: diez días como columnista de Nuevediario. Siempre tuve una pronunciada tendencia al papelón, pero ninguno superó al que pasé entonces. Para colmo, dije que no había problemas militares… y a los dos días el Ñato Rico (Aldo) se descolgó con un levantamiento. Eso me llevó otra vez a la categoría de sospechoso, de vinculado a los servicios de Inteligencia, etcétera».

Adolfo Bioy Casares, 1986

https://www.infobae.com/new-resizer/t-H8_LU5f45EeeqTLtJGXzW04vU=/768x768/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/03/07165025/bioycasares_8d55cf29.jpg

«He viajado afuera después de quince años sin salir de Buenos Aires. Y al volver me sorprendí. Cuando yo era chico y viajaba, el barco paraba en ciudades que me parecían provincianas, irremisiblemente pobres, sucias… ‘Suerte que yo tomo el barco y sigo, me decía entonces. Pero ahora, al volver a Buenos Aires, he tenido esa ingrata sensación. Buenos Aires me pareció una de esas ciudades provincianas, pobres y sucias que el barco dejaba atrás».

«No creo que el ejercicio de la democracia deba ser un desaforado ejercicio de la pasión por lo político, por los hechos políticos de todos los días. Cuando la democracia funciona, la política no se nota. En cuanto a los políticos, nunca me hago demasiadas ilusiones. En primer lugar, están interesados en su destino personal. En segundo término, en el destino de su partido. Y el país es una preocupación ulterior: se ocuparán del país… cuando se arregle su destino y el de su partido».

Jorge Luis Borges, 1986

https://www.infobae.com/new-resizer/UXukbjTuSNgOtdtxli_f9a1Ahw8=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/11/22151332/55b78dcec4e1e_1420_.jpg

«¿Por qué en Ginebra? Porque quiero ser el hombre invisible. Nadie me pide autógrafos ni me llama don Luis. Además, Ginebra significa para mí la juventud, la adolescencia, momentos de amistad, de amor. De algún modo sigo siendo un viejo estudiante ginebrino… Volveré a Buenos Aires en abril, posiblemente. Antes tengo que ir a un desierto en África del Norte para ver el cometa Halley. Es una expedición. Tenemos que dormir entre camellos y beduinos. Por eso, entre otras cosas, es que no puedo morirme».

«¿Si la nostalgia genera literatura? Yo creo que sí. Es lo que pensaba Joyce. La nostalgia es, desde luego, lo que les pasaba a los judíos cuando Sion era un país como todos los demás, con problemas políticos y militares. Fue una lástima lo que pasó. Yo no soy sionista, y creo que es mejor así. Yo tengo sangre judía por parte de mi madre. Pero ya seguiremos hablando de eso en abril, cuando regrese, si le interesa…».

(N. de la R.: esta entrevista sucedió en febrero. Menos de cuatro meses después, el 14 de junio, Borges murió en Ginebra, y allí siguen sus huesos, a pesar de que muchas veces dijo que descansarían en la Recoleta)

Isidoro Blaisten, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/UciUFz2BNLhRRiv5L6ILvPQPhz8=/768x576/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/01210128/Isidoro-Blaisten.jpg

«Todo es lenguaje. Todo. Así como habla la gente, así es la gente. Pero mucho antes lo dijo la Biblia: ‘Habla si quieres que te conozca’. Conclusión: la Biblia se adelantó al psicoanálisis… Había una vez, cuando yo sacaba fotos por la calle y las vendía, una confitería que se llamaba Gambrinus. Mitología alemana. Pero entre el nombre y el dueño, un gallego (dicho sin ánimo peyorativo), había algo que no pegaba. Le pregunté por qué le había puesto ese nombre. Respuesta: ‘No le puse. La compré, y ya se llamaba Jambrinus, que era un dios que falleció, y que le gustaba mucho la cerveza’. Creo que al oír esa maravilla decidí ser escritor…».

«A veces bastan dos palabras para urdir el código secreto de una familia. Nosotros, los Blaisten, pasamos de tener mucho dinero a la mishiadura absoluta. Una de mis dos hermanas casaderas tenía un pretendiente: Bernardito. ‘Celina, convidále algo a Bernardito’, le dijo mi madre. En casa sólo había… ¡once galletitas de agua! Mi hermana, para calificarlas, para adornarlas, le dijo: ‘Sirvasé, joven. Son… sequitas’. La frase quedó para siempre en el lenguaje familiar. Así comiéramos faisán, caviar, isla flotante, decíamos ‘Son sequitas’, nos reíamos como idiotas, y la gente que nos rodeaba no entendía ni jota».

Abelardo Castillo, 1999

https://www.infobae.com/new-resizer/-3Zv4qYsn4m4G_1alpPxQUdPdEQ=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/05/02131943/abelardo-castillo-1920-1.jpg

«Consejos para los jóvenes escritores. No adjetivar en orden decreciente: ‘Era una montaña titánica, enorme, alta’. No describir sino lo esencial: la posición de un pie, en casi todos los casos, es más importante que el color de los zapatos. La gente, en general, tiene cara, no rostro. No asciende por las escaleras: sube por ellas. No penetra en las recámaras: entra en los dormitorios. Hay que ahorrar: si lo que viene al galope es un jinete, no hace falta el caballo. La inversa no se cumple: la palabra caballo viene misteriosamente sin jinete. Tolstoi escribió siete veces Guerra y Paz, y Stendhal terminó Rojo y Negro en cincuenta días. El único problema es cómo se las arregla uno para ser Tolstoi o Stendhal.»

«La mejor lección de literatura no la recibí de un profesor ad hoc sino de un profesor de geografía. Tendría yo doce o trece años, intentaba escribir cuentos, y le mostré uno a ese profesor. Empezaba así: ‘Por el sendero venía avanzando un viejecito’. Leyó, hizo una pausa, me miró:
–Esto no está bien, Castillo…
Dolido, repliqué:
–Pero es mi estilo.
Y entonces, el mazazo:
–¿Sabe una cosa, Castillo? Antes de tener un estilo… ¡hay que aprender a escribir!
Fin de la historia».

Antonio Dal Masseto, 1994

https://www.infobae.com/new-resizer/X1ttH_NE-FSvYy7FHy9OEbdKT7g=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/09164059/Antonio-Dal-Masetto-1920.jpg

«¿Por qué mi premio Planeta alegró a todos? Tal vez porque no formo parte de ghettos, de capillas literarias, o porque no ruedo de cóctel en cóctel, no entré en controversias de obras o escribas, no me interesan las modas. Encaro mi trabajo humildemente… entre comillas. Quiero decir ‘de modo muy personal y sin dejarme contaminar’. Siempre supe que, si tenía que hacer algo, iba a hacerlo apartado y en soledad. Desde luego, tengo amigos escritores. Pero la literatura es otra cosa…»

«Llegué a la Argentina a los doce años. Vine desde Intra, un pueblo del Piamonte. Vivíamos en Salto, un pueblo de provincia. Empecé a trabajar como repartidor de carne y aprendí el idioma jugando al fútbol con los chicos. El fútbol es un lenguaje simple y universal… Y a los diecisiete… ¡a Buenos Aires! Con plata para una semana, sin respaldo, y sin saber hacer nada. Los trabajos nacieron por pura necesidad. Me sometí a cualquier empleo: vendedor callejero, pintor, heladero, albañil… pero sin atarme. Un empleo para toda la vida me hubiera matado. Y allá por el 82 me dije que el camino eran los libros. No pasé miseria: sobreviví dignamente en días sin trabajo y sin un peso»

( N. de la R.: Dal Masseto ganó el premio Planeta –40 mil dólares– por su novela La Tierra Incomparable, inspirada en su viaje de retorno a su pueblo, en 1990)

María Esther De Miguel, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/RtbPkdiXNtlD1_Kc9XPswMl0n0Y=/768x768/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/09164107/Maria-Esther-de-Miguel-sf.jpg

«Le escribí una remota carta a Margarita Abella Caprile, del diario La Nación. Decía: ‘Soy entrerriana, soy fea, soy petisa, soy monja… Por favor, publique mi cuento’. Y tantos años después, ¡este premio! Como decía mi madre, escribo por puro cuentera. Lo que pasa es que en el campo tenemos más tiempo para hacer volar la imaginación, más tiempo para hablar al… pepe»

«En unas largas vacaciones escribí La Hora Undécima y gané el segundo premio Emecé 1961. Berretín: irme a Europa. Curriculum en mano fui a verlo a Luis Mac Kay, ministro de Educación de Frondizi, me gané una beca, viajé a Italia, estudié con Giuseppe Ungaretti, y al volver supe que, únicamente y para siempre, sería escritora. Cuando dejé de ser monja laica consagrada sólo me llevé un colchón y la máquina de escribir. ¿por qué mis temas son pura historia argentina? Porque es una historia con personajes terribles, fragorosos, arrasadores. Hay sangre, brutalidad, crímenes. En el 65 publiqué Los que comimos a Solís. ¡Mire qué historia tenemos! Porque los indios no se comieron un pollo del gallinero de mi mamá: se lo almorzaron al navegante…»

(N. de la R.: De Miguel ganó el premio Planeta por su novela El General, el Pintor y la Dama, inspirada en Urquiza, el pintor Blanes, y una mujer –al parecer–amada por los dos)

Umberto Eco, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/Q6PcDVxlEPhNyljbgq8YQo7p4xM=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/12/28130756/umberto-eco-56caefbc922bc.jpeg

«Contra otros designios y futurología barata, vaticino que el libro no morirá jamás. Que el libro en CD es formidable cuando contiene enciclopedias, diccionarios y atlas. Que hoy se lee más que antes: ¿o no hay letras en las pantallas? En el futuro, el libro y la pantalla marcarán la diferencia de clases. Los patrones leerán, y los proletarios verán televisión. Pero cuando digo ‘diferencia de clases’ no hablo de poder económico: habrá proletarios ricos que sólo verán televisión, y no será la primera vez en la historia que tendremos ricos estúpidos»

«Escribí El Nombre de la Rosa porque ese día tenía ganas de matar a un cura… Es una novela de tema liviano, casi irrelevante: se pregunta cuál es el precio de la libertad, nada más… Detesto las entrevistas: me hacen preguntas que llevaría un siglo contestar, y quieren las respuestas en un minuto. Por ejemplo, odio especialmente que me pregunten con qué personaje de mis novelas me identifico más. Es un interrogante banal. Por eso contesto:
–Con los adverbios.
Muchos me dicen que El Nombre de la Rosa es una novela pesada. Puede ser: escribí las muy densas cien primeras páginas como un test contra los estúpidos. El que supera esas cien páginas, merece leerla»

Jorge Edwards, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/hYfZbRY4dJY2nOpAUjhzrKhCDTM=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/09164104/Jorge-Edwards-1920.jpg

«Es cierto. Me echaron Fidel Castro y Pinochet. Por eso escribí Persona Non Grata, una crónica de mis días como diplomático en La Habana. El libro estaba listo antes del golpe de estado de Pinochet, pero lo frené. No podía hablar de la represión en Cuba… mientras en Chile se mataba y se quemaban libros. Le agregué un epílogo, una especie de elemento equilibrador. Pero eso no convenció a Castro ni a Pinochet. Ambos se parecen en el espíritu autoritario, claro. Pero hay una diferencia fundamental que explica muchas cosas: Fidel maneja muy bien el mundo de los medios –es totalmente mediático–, y Pinochet es, al respecto, un bruto total. Odia a la prensa, cree que todos los medios son comunistas –¡hasta el New York Times!–, y en las entrevistas no hablaba: ladraba».

«Los Edwards… El primero fue Jorge, un inglés que llegó a Chile en 1806 y en un barco posiblemente contrabandista. Era médico, y fue cirujano en el ejército de San Martín y O´Higgins. En la otra punta está Joaquín, el inútil de la familia: escritor, heredó una fortuna, la quemó en todos los casinos del mundo, y murió en un barrio pobre de gente venida a menos. Y el segundo inútil… ¡seguramente soy yo! ¡También soy escritor! Llegué a la diplomacia por error.

Creí que ese oficio me dejaría mucho tiempo libre para escribir, y me pasé media vida en oficinas, cócteles y aeropuertos. Mientras los escritores del boom latinoamericano iban a congresos literarios… ¡yo acompañaba a los políticos a comprar calcetines!» Pero no ser parte del boom, de aquella moda, no me perjudicó. Porque creo que el boom empezó mucho antes de lo que creen.

Empezó, para mí, con El Aleph… (Borges es un escritor colosal. También con El Señor Presidente, de Miguel Angel Asturias. Con la incomparable Pedro Páramo, de Juan Rulfo. Con algunos cuentos de Cortázar. Con La Casa Verde, de Mario Vargas Llosa. Con El Coronel no tiene quien le escriba, de Gabriel García Márquez…

Tal vez empezar tarde impidió mi decrepitud literaria… De Chile espero que recupere su gran libertad y su sentido del humor, y que vuelva lo mejor de su cultura. ¿Y de la Argentina? No sé… Es un país muy misterioso. Lo tiene todo, y sin embargo, cada vez que vengo, está en crisis. No entiendo…»

Carlos Fuentes, 2004

https://www.infobae.com/new-resizer/mod97nHScWTDCS9J55PD6o5WmcY=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/09164101/Carlos-Fuentes-1920.jpg

«Nadie se imagina cuánto le debo a Buenos Aires. En 1944, a mis dieciséis años, traído por el trabajo de mi padre, me instalé en una ciudad tan deslumbrante como inolvidable. La calle Lavalle y sus cines, casi uno junto al otro. Las películas y las estrellas argentinas de ese tiempo. Las letras de tango: a veces, alta fuente poética. La orquesta de Aníbal Troilo, que agoté noche a noche. La librería El Ateneo, donde descubrí a Lugones, a Borges, a Bioy Casares, a Pepe Bianco, a Ricardo Güiraldes…

Mi padre quiso inscribirme en una escuela, pero me negué porque el ministro de Educación, un tal Gustavo Martínez Zuviría, que firmaba sus novelas como Hugo Wast, era nazi, fascista y antisemita: todo lo que odio. Liberado de la escuela, fui libre y feliz. Aprendí algunos pasos de tango, viví mucho y dormí poco, ¡y descubrí el sexo!»

«Eso, sin contar que a los diez años, gracias a Sopena, una editorial argentina, leí en mi México el más grande de todos los libros: el Quijote. Me atrevo a jurar que mi temporada en Buenos Aires me convenció de que en esta ciudad –este país– estaban los mejores escritores del siglo veinte, y dos de las más grandes obras del siglo diecinueve: Facundo y el Martín Fierro. ¿Comprende, amigo, por que jamás puedo olvidar a Buenos Aires, la ciudad de mis ritos de iniciación?

¿Por qué jamás olvidaré a Cortázar, que para mí fue el Simón Bolívar de la literatura, el hombre que nos liberó de todas nuestras ataduras estéticas y formales y que, como dice Gabo García Márquez, fue el argentino que se hizo querer por todos?
Créame, amigo: mucho escribí y mucho mundo anduve, pero su ciudad y su país fueron una aventura que no cambiaría por nada del mundo»

(N. de la R.: esta curiosa entrevista monotemática fue elegida y guiada de ese modo por Fuentes, acaso el más universal de los escritores mexicanos. Fue hecha en el Hotel Alvear el 11 de noviembre de 2004, día en que cumplía 76 años. Prefirió la nostalgia feliz a cualquier pregunta. Y en el día de su cumpleaños, al hombre que ganó los premios Cervantes, Rómulo Gallegos y Príncipe de Asturias, no era justo negarle ese regalo»)

Doris Lessing, 1990

https://www.infobae.com/new-resizer/D3ptZm1QGkcf5wN1APJa3IvmB9c=/768x768/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135725/Doris-Lessing-SF.jpg

«Los verdaderos problemas de la mujer, los que nos aterraban hace cien años, persisten. En Pakistán todavía discuten por el velo, y no me extrañaría que en algunas culturas aun se dudara de la existencia del alma en la mujer… Hace poco leí cartas escritas por las pioneras de principios del siglo… ¿Sabe qué les aconsejaban a sus hijas?

Ponerse firmes y tener sólo… ¡doce hijos!, en vez de trece, catorce o quince… El único poder liberador de la mujer es el poder económico. Una mujer rica jamás, en ninguna época, tuvo que aceptar tener catorce hijos contra su voluntad».

«Detesto hablar del amor. Pero bien: el hombre y la mujer han amado y aman de modo diferente. Tratar de buscar coincidencias es estúpido, porque tienen diferente programación biológica. No coinciden en sus tiempos, en sus urgencias, en sus fatigas, en sus entusiasmos, en sus desencantos…

Caminan juntos, sí. Pero eso no significa que se amen. Si un hombre y una mujer logran amarse durante más de diez años, bueno: significa que el socialismo ha derrotado a la biología».

Pacho O´Donnell, 1997

https://www.infobae.com/new-resizer/dnR50rXctDmHrgQGN-7KrBa7DW8=/768x1024/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135734/Pacho-O-Donnell-SF.jpg

«Manuel Belgrano murió en 1820. En 1903 abrieron su cajón. Sólo había polvo, pero los dientes estaban intactos. ¿Qué hicieron el ministro del Interior, Joaquín V. González, y el ministro de Guerra, Pablo Ricchieri? ¡Los robaron! El diario La Prensa publicó un artículo memorable: ‘Los despojos sagrados se los repartieron buena, criollamente, los dos ministros. Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió con los dineros de la Nación’. Tal fue el escándalo, que tuvieron que devolverlos…»

«La historia oficial muestra a Sarmiento como un hombre que nunca faltó a la escuela y como un fundador de escuelas. Eso es como compararlo con un maestro mayor de obras… Creo, en cambio, que es el más admirable signo de la modernidad. Vivió en un país con ochenta por ciento de analfabetos y en una Buenos Aires rodeada de indios.

En la barbarie. Pero, enamorado de la vocación de progreso de los Estados Unidos, soñó y luchó por una Argentina moderna. Una Argentina que en ese momento era atrasada, bárbara, y que para colmo estaba alejada del mundo. Hace poco vi una foto de Sarmiento muerto. Y hasta muerto era imponente».

«La bandera argentina tiene una historia real mucho más interesante que la estampita, que esa cursilería que dice: `El general miró el celeste cielo y las blancas nubes, y creó la bandera´. Nada de eso. Belgrano combatía contra los españoles, pero los dos bandos tenían una bandera igual: roja y amarilla.

Tuvo que crear otra, pero no quiso usar los colores de una España dominada por Napoleón. Entonces, por lealtad al rey Fernando VII, que estaba en la cárcel, usó los colores borbónicos: celeste y blanco, tal cual se ven en el cuadro de Goya».

Andrés Oppenheimer, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/WrdQk5_NUwof-Ru3xqM-yAtOLzE=/992x614/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135722/Andres-Oppenheimer-SF.jpg

«Fidel Castro vive y gobierna, pero la revolución se acabó. Hay empresas mixtas, economía negra, y capitalismo de Estado. Fue mi libro más traumático (N. de la R.: Castro. La hora final), pero me felicito por haberlo escrito. Sobre todo como respuesta a la hipocresía de muchos colegas. Si ataqué con furia a la dictadura argentina, a los militares derechistas de El Salvador, y al régimen de Pinochet, mal puedo defender el régimen de Castro, que jamás permitió la existencia de un diario o de una radio opositores.

Me da mucha rabia ver a los turistas argentinos de esa clase media frívola que van a Varadero y vuelven encantados. Ésa es la gran asignatura pendiente de la izquierda latinoamericana: no se puede ser democrático en el Chile de Pinochet y no democrático en la Cuba de Castro».

«¿Qué pienso de la revalorización del Che Guevara? En Cuba visité a la mujer del Che. Mientras hablábamos, llegó su hijo: un chico que usaba colita, un aro y una remera que decía USA. Le pregunté qué hacía: `Toco heavy metal rock´, me dijo. Le pregunté qué pensaba de la revolución y el comunismo. `Cosa de viejos´, me contestó».

(N. de la R.: periodista estrella del diario Miami Herald, el argentino Andrés Oppenheimer ganó el premio Pulitzer por su investigación y sus 54 artículos sobre el coronel Oliver North y su apoyo a `los contras´, grupo armado para derrocar el régimen sandinista de Nicaragua, y la venta de armas a Irán para su guerra con Irak).

Olga Orozco, 1989

https://www.infobae.com/new-resizer/C3hb0I__5NRjDC5TI6IqTYO3p8k=/992x606/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135731/Olga-Orozco-SF.jpg

«Nací en Toay, La Pampa, el 17 de marzo de 1920. ¿Qué es nacer en Toay? Es no tener, como la gente de la ciudad, la pared contra la nariz. Es contar con la eternidad. Se puede seguir la aventura de la lagartija, la aventura de las escapadas a la hora de la siesta, la aventura de subir a un árbol lleno de fruta verde… ¿Qué más? El circo, las romerías populares, las kermeses. Mirar los mirasoles de cerca.

Echar hojas y flores en una tina y esperar que la noche y la escarcha armen un herbario maravilloso. Esos son los amores del campo… ¿Los terrores? La lechuza. La noche interminable. La leyenda del monte que se traga a la gente. El pájaro negro que se queda con las almas. La solapa, la mujer del sol, que se roba a los chicos que se escapan a la hora de la siesta…»

«Fumaba como un escuerzo. Empecé a fumar a los trece años y escribí casi toda mi obra envuelta en una nube de humo. Dejé porque un brujo de Paysandú me dijo que estaba intoxicada y que me iba a quedar sorda. Cuando retomé la escritura, bueno…, escribía con un rosario en la mano, un alfiler de gancho que abría y cerraba con los dientes, y cuando me quedaba una mano libre me enredaba el pelo sobre la frente. Y con la máquina de escribir en las rodillas, como si domara un potro».

«Para mí, el tiempo mismo es la muerte. Uno nace llorando, y debe salir llorando hacia el otro lado, ¿no? En cuanto al deterioro, ¿cómo no va a preocuparme? Me gustaría que me sacaran fotos al lado del elefante del zoológico. Al lado del elefante, mis arrugas se notarían menos».

(N. de la R.: Olga Orozco, una gran poeta, fue temible por sus predicciones. Anticipó la muerte de su hermano y de un amigo: por eso dejó de tirar el tarot. Odiaba la vejez. A partir de sus 50 años no permitió que le tomaran fotos: a los periodistas que la entrevistan les entregaba una foto de su juventud, en blanco y negro. Eso, o no había entrevista)

Ricardo Piglia, 1997

https://www.infobae.com/new-resizer/URSDEMXixeKSzsgPaCJ_IJdwwcs=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135737/Ricardo-Piglia-SF.jpg

«Sí, sí. Tuve un padre que se hizo peronista en el 45, el mismo 17 de octubre, acaso ante la convicción de que surgía algo nuevo. Pero el peronismo apareció en mi vida recién en el 55, a mis 14 años. Tras la caída de Perón, mi padre, como tantos, tuvo problemas, nos fuimos de Adrogué y nos instalamos en Mar del Plata. Una especie de miniexilio del que recuerdo reuniones en la cocina de hombres –pacíficos todos–que se preguntaban qué hacer.

Sin embargo, la política no fue para mí un elemento de posición personal. Pero la mudanza a Mar del Plata (llamarla «exilio» me parece exagerado) me sacó de la calle y de la infancia: el potrero, el billar, los vagos de la esquina…»

«¿Cómo nació Plata Quemada, mi premio Planeta? En el ´65, mientras escribía La Invasión (mi primer libro), una banda robó en San Fernando 700 mil dólares de un camión de caudales, huyó a Montevideo, mató a un vigilante que la descubrió, perdió sus contactos, quedó aislada en un departamento, y durante tres días resistió hasta morir.

Pero antes quemó 500 mil dólares… Pensé en Truman Capote y su A sangre fría. Estaba frente a un incidente policial mínimo, pero esos hombres atrapados en una ratonera, su resistencia loca y la quema de esa fortuna era tragedia, épica, ceremonia metafórica. Un material riquísimo. Empecé a escribir, pero en el 67 abandoné el proyecto, quizá porque estaba demasiado cerca de los hechos y no conseguía resolver algunos problemas.

Sobre todo, qué sacrificar. Mandé el material a la casa de mi hermano, en Mar del Plata, pasó años guardado en una caja, corrió el riesgo de perderse, pero lo recuperé, y ya con la distancia necesaria, volví a emprender el relato».

Abel Posse, 1989

https://www.infobae.com/new-resizer/KXUTLcocGfUSq5n50E1woZGnzNM=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135719/Abel-Posse-SF.jpg

«La verdadera enfermedad de los políticos argentinos es la carencia de imaginación y su desprecio por la cultura. Conrado Nalé Roxlo me dijo que el último presidente lector que tuvo la Argentina fue Arturo Frondizi. Perón tenía una cultura muy propia de él, pero también una idea de la cultura: leía en italiano, chapurreaba alemán, sabía lo que había que decir sobre las cosas…

Pero es muy difícil hablar con un político nativo sobre libros, filosofía, grandes temas de nuestro tiempo, política internacional… Hay una especie de provincianismo del dirigente. Ricardo Balbín, por ejemplo, se jactaba de no haber viajado nunca, de no conocer Europa».

«Los conservadores manejaron este país con conducción fuerte, pero su política era democrática y tenía como objetivo el bien común. Sarmiento pensaba en la educación. Roca en la organización nacional. La generación del 80 en un proyecto fuerte, pero sin cercenar la libertad individual. Algo que hoy y aquí, no existe.

Hay tarifazos, carestía, trampas financieras, apagones rentados por el usuario, sádicos trámites burocráticos, inestabilidad de valores, inseguridad. Y dictadores privados: el del mostrador, el del colectivo, el de la patota suburbana. No: ¡eso no es libertad! La Argentina es fascinante, pero… ¡quién la aguanta!».

Jesús Quintero, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/3B3L92KOtRMqFaKA_-2jO35hpzI=/768x576/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/16135728/Jesus-Quintero-SF.jpg

«Ciento cuarenta veces, en ciento cuarenta cárceles, oí ciento cuarenta historias: la condición humana… Fue un descenso al infierno. La experiencia más dura, más intensa, más clara que viví. Entrevisté a premios Nobel, a ricos, a famosos, a estrellas rutilantes, pero nada puede compararse a mi aventura en las cárceles. Nada.

Porque es la única forma de saber por qué un hombre mata, roba, trafica, engaña, hace todo lo que hace. Para saber, por ejemplo, por qué un torero célebre, Juan Belmonte, después de matar seis toros en una tarde de gloria, se quitó el traje de luces, se puso un albornoz… y se mató de un tiro».

«Queríamos un mundo mejor. Pero un día alguien dijo «Campaneros al campanario, obreros a las fábricas. Señores, la revolución ha fracasado». Y empezó el eclipse. Porque Franco fue un eclipse larguísimo donde todos estábamos a la deriva y sólo se nos imponía una condición: no pensar. Un funcionario me dijo: `Cuando llegue a la radio, olvídese de sus ideas´.

Olvidarlas, exactamente cuando había que recordarlas… ¿A qué conclusión llegué después de tantas charlas con condenados? Que los monstruos, cuando los conoces de cerca, no son tan monstruos. Que al ochenta por ciento de ellos los llevó allí el destino, la mala vida, la necesidad, el hambre, la mala suerte… Por supuesto, no hablo de los psicópatas, de los asesinos natos, de los locos. Pero el sitio de ellos no es la cárcel».

(N. de la R.: la inclusión del periodista sevillano Quintero en esta serie de notas responde a su único libro: Cuerda de presos, feroz recopilación de su larga experiencia en las cárceles. Además, sus entrevistas en radio y tevé vertidas en programas como El loco de la colina, El perro verde, El lobo estepario, están más cerca que lejos de una obra literaria)

Hernán Rivera Letelier, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/NyjsV2awkwjv8Lzw3ryPjm0RJ3Q=/992x606/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/23181812/Hernan-Rivera-Letelier-sf.jpg

«Soy muy chileno. Mis padres, puros norteños, me tuvieron en Talca, puro sur. Fue un accidente espermático. Nací en invierno, once de julio, mientras llovía a baldes. Buen augurio, dicen… Todo lo bueno que puede ser cuando después se vive en un campamento salitrero. Tres calles de tierra, una pelota de trapo, y a buscar al diablo en los remolinos de arena.

Uno persigue el remolino, se mete en su centro, y abre los ojos. Si operó bien –dicen–, le ve la cara al diablo. Pero no yo… Lo único que conseguí fue estar una semana con los ojos colorados como ají. Pero con la Biblia me las arreglaba: era el único libro que había en mi casa, y tal vez en todo el campamento minero».

«Me crié solo. Mi viejo, minero y semianalfabeto, murió de silicosis, la enfermedad de las minas. Murió ahogado y azul. Y perdí a mi madre a los nueve años. De pronto estuve solo y en un campamento fantasma, porque cuando se agotan las minas, esos pueblos se mueren. Todo el desierto de Chile es un huesario de pueblos muertos…

Vendí diarios, lavé autos, hice de todo. Cuando el hambre me mordía, entraba a un restaurante, pedía una buena comida, y al llegar la cuenta me arremangaba y preguntaba:
–¿Cuántos platos hay que lavar?
Y en esos días escribí mi primer poema. ¿En qué me inspiré? En nada. Sólo hice la escuela primaria. Cultura cero. Y las manos quemadas de tanta pala y pala en la mina, desde las seis de la mañana hasta las dos de la tarde».

(N. de la R.: Rivera Letelier fue finalista del premio Planeta y ganador del premio Alfaguara de novela por su libro La reina Isabel cantaba rancheras. Es el prototipo de escritor autodidacta. En su casa, por razones religiosas, no se leían diarios, no se oía radio, y sólo había un ejemplar de la Biblia. También fue un éxito de librería El himno del ángel saltando en una pata)

Salman Rushdie, 1995

https://www.infobae.com/new-resizer/os0Gva3E5zsBdTxbkdpZ-mgW2mU=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/23181815/Salman-Rushdie-sf-1.jpg

«Valiente… No sé, nunca hubiera usado esa palabra para definirme. No me siento muy especial. Soy un hombre enfrentado a una situación inusual. Punto. Creo que mi condena a muerte se está desvaneciendo. Que me cuidan más de lo necesario. Que me imponen seguridad. Pero mucho perdí desde entonces… Jamás podré vivir el crecimiento de mi hijo.

Nunca pude llevarlo a la plaza ni jugar con él. Y eso sí es terrible… La mayoría de los intelectuales me apoyaron. En especial los latinoamericanos: Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez. Hubo un par de actitudes que me decepcionaron, pero cuando uno está en guerra no puede pretender que todos lo ayuden».

«Si mañana se terminara mi condena… ¡echaría a la policía! Me tiene harto. Después tomaría el primer avión a la India y recuperaría lo más extraño, las cosas simples: ir de compras, o simplemente caminar por la calle. Pero mi literatura acerca del Islam, a pesar de todo, no será cautelosa.

Quiero volar, vivir atado al suelo. Es cierto, después de la amenaza me convertí al islamismo. Fue un error. Un momento de debilidad. Porque como cualquier texto sagrado, el Corán es contradictorio. Dice que no se debe forzar a la gente en cuestiones de religión, pero también… ¡que hay que matar a los no creyentes!»

«La familia de mi primera mujer era angloargentina. Su abuelo tenía una gran estancia que se llamaba Las petacas. Nunca fui, pero a través de ellos conocí mucho de su cultura: un fascinante mundo de gauchos y facones. Fascinante, sí, porque el campo argentino me sirvió para narrar el fenómeno británico después de la caída del imperio.

Vivían en inmensidades increíbles, y al volver a Gran Bretaña tenían que adaptarse a una isla. Fueron gigantes, y retornaban a su pequeña cajita. Ah, de paso, gracias, señor…
–¿Gracias por qué?
–Por dejarme hablar un poco de literatura, y no sólo de musulmanes fanáticos que quieren ahorcarme o cortarme la cabeza con un alfanje…»

(N. de la R.: Rushdie fue condenado a muerte por el ayatollah Khomeini, feroz mandamás de Irán, a raíz de su libro Versos satánicos. Su cabeza fue puesta a precio: tres millones de dólares. El libro vendió cuatro millones de ejemplares. La entrevista sucedió en el sótano del hotel Plaza. A escondidas…)

Juan José Sebreli, 1991

https://www.infobae.com/new-resizer/1WPswMM1Hjum0a68ktj7m9s0_FE=/768x432/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/12/09143019/34915.jpg

«Soy un hombre de izquierda, no un marxista gorila que hoy apoya a Menem, como se dice. Soy un socialista con base marxista (pero de Marx, no de sus formas degeneradas), antiperonista, y creo que Menem está en lo único posible, hoy, para un país quebrado económicamente: el conservadorismo moderado. ¿Por qué soy antiperonista?

Todo se mezcla: lo ético, lo estético, algunos prejuicios. Pero ojo: me hice antiperonista a posteriori. Al principio sólo me interesaban la literatura, la filosofía y la sociología. Después, cuando empecé a estudiar a Marx, me convertí en algo extraño: un tipo de izquierda que apoyaba al peronismo».

«A los argentinos se les cayeron todos los mitos. Mito uno: `Los peronistas son pésimos administradores, pero por suerte después llegan los radicales, que administran muy bien. ¡Falso! Los radicales fueron pésimos administradores. Alfonsín quiso imponer la socialdemocracia (muy correcto: un capitalismo avanzado), pero fracasó porque en el fondo es un populista no demasiado diferente de los peronistas. Un poco más refinado, pero…

Mito dos: `Los peronistas y los radicales son un desastre, pero por suerte llegan los militares, que son ordenados y honestos´¡Falso! ¡Mire lo que fueron las dictaduras militares! Mito tres: `La economía no es importante. A la larga, todo se arregla´. ¡Falso! De los tres horrores que marcaron para siempre a la sociedad argentina –el terrorismo de ambos lados, la aventura de las Malvinas y la hiperinflación–, el horror económico es el peor: la híper, la gente con rifles en las terrazas, los saqueos, son imágenes que todavía aterrorizan. Una herida brutal».

Ernesto Sábato, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/NJdHGoiwsA9kNw4ab8CvVB3_2Lo=/992x606/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2016/11/22150332/DYN.jpg

«La gente está ávida de encontrar un sentido en medio de la catástrofe que estamos viviendo. Es muy duro soportar la pobreza y la injusticia. El ser humano necesita volver a las verdades más simples que lo saquen del caos y la violencia en que transcurren sus vidas cotidianas.

Cuando se llega a cierta edad, se sabe que ya no queda demasiado tiempo por delante como para desperdiciarlo en cosas menores. Por eso es que mis dos últimos libros, Antes del fin y La resistencia, suenan a testamento. Pero me veo en la obligación de advertir… ¡qué todavía pienso molestar unos años más!»

«Dejé la Física porque simplemente no podía sobrevivir más en ese ámbito. Fue una ruptura que se inició en París. Allí descubrí la amoralidad de la ciencia frente a la guerra, que ya era un hecho. De vuelta en la Argentina me recluí en las sierras de Córdoba para llevar a cabo una decisión que sentí irrevocable.

Son momentos graves, únicos, en los que se juega la vida del hombre: la traición o la fidelidad a lo que uno siente que está llamado a ser. Por lo demás, soy horriblemente ciclotímico. Paso de la mayor euforia a la más tremenda depresión. Y soy mi más implacable crítico. Por eso he quemado tantas páginas…»

Guy Sorman, 1991

https://www.infobae.com/new-resizer/giTZm1W-b7EgekxL8ngUfrjjMqo=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/23181809/Guy-Sorman-sf-1.jpg

«El liberalismo argentino es perverso. Es simplemente una ideología de clase dirigente. Pero eso no significa que todos los liberales argentinos lo sean, desde luego. Hoy, lo más inquietante es la desaparición absoluta de la elite soviética y la ausencia de alternativas. Los dirigentes soviéticos son incapaces alcohólicos. La inteligencia desapareció.

Todo el pueblo ruso está en manos de dirigentes tan inútiles como peligrosos. Se advierte en la calle. Me aterra tomar un avión ruso o recorrer Moscú en taxi. Es el mayor riesgo que corre mi vida de explorador…».

«No creo en la crisis norteamericana. Hay que entender bien su sistema: es muy, muy dinámico. Sí, en cambio, enfrenta un gran problema: la pobreza. Y a esa pobreza hay que darle su verdadero nombre: el problema negro. El 15 por ciento de los negros se integró y progresó, sobre todo en la administración pública.

Pero el 85 restante está en una situación relativa peor que hace medio siglo. Es una subclase. Hay más adolescentes negros en la cárcel que en la escuela. El 80 por ciento de los chicos negros nace sin padre e integra un esquema de vagancia, desocupación y violencia»

Mario Vargas Llosa, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/wmYxbqG-MZxSvmmRNkEuhacRoEY=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/28173359/Mario-Vargas-Llosa-sf.jpg

«Volvamos a Trujillo (Rafael Leónidas) y a mi libro La Fiesta del Chivo. Fue un monstruo. Tan monstruoso, que me costó mucho humanizarlo. Un enano con aire, ropajes y medallas de emperador. Un criminal en el extremo de la degradación. Desmesurado, extravagante, cruel, brutal, teatral, inmensamente huachafo (cursi).

Llegó a ser dueño de cada metro de su país y del alma y la voluntad de cada habitante. Su mujer no escribió una línea, salvo dos horribles libros que perpetró un periodista español y firmó ella, y sin embargo un grupo de intelectuales dominicanos… ¡pidió para ella el premio Nobel de literatura! Un dictador en estado puro, y una perfecta y espantosa síntesis de la historia de América Latina»

«Mi paso por la política fue una etapa muy negativa, pero muy instructiva. Porque aprendí cosas sobre mí que ignoraba. Aunque, a la hora de las sumas y las restas, el resultado fue muy traumático. Pérdida de ilusiones. Certeza de que la mayoría de los políticos, en la lucha por el poder, sacan a la luz lo peor de los seres humanos.

Certeza de que echan todo por la borda con tal de conquistar el poder… o de conservarlo. Conocimiento directo del terrorismo, la sangre, la muerte. Viví mi campaña entre atentados, asesinatos, terror perpetuo, y supe entonces que mi idea previa de la violencia era distante, intelectual si quieres…»

Álvaro Vargas Llosa, 2000

https://www.infobae.com/new-resizer/V8gP1drw5IReiQoul90dlWUIPxI=/768x1024/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/28173407/Alvaro-Vargas-Llosa-sf.jpg

«Para escribir este libro, En el reino del espanto, fui un clandestino en mi propio país. Sí… Entrando de incógnito, protegido por agentes secretos del régimen… que sin embargo no responden al régimen. Disfrazándome con gorras, pelucas, anteojos, barbas. Y corriendo peligro. No había otro modo, porque la dictadura de Alberto Fujimori es, como dictadura, perfecta.

Todos desconfían de todos. El clima de espionaje y delación es continuo… Y mis informantes también corrieron riesgos inmensos. De muerte… Sobre todo el agente de Inteligencia que en la novela llamo Besitos… En definitiva, me convertí en un personaje de mi propio libro».

«Es cierto, las noticia que llegan desde Perú nunca hablan de horrores. La pregunta toca el nervio. Sucede que Fujimori representa al nuevo dictador. No el viejo gorila con uniforme y entorchados de los años 50 sino un hombre con una máscara civil y un sistema de formalidad democrática. Es un dictador tapado, velado por un sistema perverso.

Pero ese velo empieza a desgarrarse. Su régimen va a caer, porque entró en una etapa de ilegitimidad muy, demasiado grande. Mantuvo su máscara contra viento y marea, pero en la última y escandalosa elección se la quitó. La mentira quedó expuesta en carne viva».

(N. de la R.: Mario y Álvaro, padre e hijo, empezaron al mismo tiempo sus novelas sobre dos dictadores, siguiendo los ejemplos literarios de Miguel Ángel Asturias (El Señor Presidente), Augusto Roa Bastos (Yo, el Supremo), Gabriel García Márquez (El Otoño del Patriarca), y hasta José Mármol (Amalia, contra Juan Manuel de Rosas). Pactaron no leerse uno al otro hasta el final. Terminaron casi al mismo tiempo, y descubrieron que en ambas novelas había «coincidencias milimétricas).

Manuel Vázquez Montalbán, 1998

https://www.infobae.com/new-resizer/VPBaQzMtkJvJ5RP7AdHIcvXm-ng=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/02/03174929/Manuel-Vazquez-Montalban-sf.jpg

«Soy hijo de un Vázquez gallego y de una Montalbán murciana. Padres que emigraron a Cataluña porque perdieron la Guerra Civil, que conocieron la desocupación y la miseria de vivir en el barrio chino de Barcelona, pero que vieron mi extraño privilegio: en ese barrio fui el único que llegó a la universidad. Título: doctor en Filosofía y Letras y en Periodismo.

Y después, por ser de izquierda bajo Franco, la cárcel. Donde aprendí a cocinar para mis compañeros (presos políticos y delincuentes comunes) en un mechero hecho con latas de melocotones en almíbar. Y después de la cárcel, a buscar trabajo en el periodismo, pero siempre con el estigma del perseguido. Por eso tuve que escribir en revistas de decoración, de cocina, de ropa interior de señora, de cuanto te imagines…».

«¿Cómo nació Pepe Carvalho, el único detective célebre en lengua española? Más que nacer, fue armado. Es una especie de muñeco del doctor Frankestein, hecho con pedazos de otros. No me explico cómo pude escribir más de veinte novelas con él de protagonista en un cuarto de siglo, traducidas hasta al coreano, y ganar millones, cifras galácticas…

Recién a los 32 años tuve mi primer pasaporte. Pero algo me enseñó la dictadura, aunque lo recuerde con tristeza: me obligó a inventar un lenguaje capaz de filtrarse por la coraza de la censura. Me enseñó esa forma de astucia que al final conduce a un estilo».

«Pues sí, un día me mudé a Buenos Aires. ¿Por qué? Porque la conocí en el 84 y quedé fascinado. Sólo tenía una idea de ella a través de las películas de Sandrini y Mirtha Legrand. A pesar de que llegué en plena hiperinflación –cualquier argentino era un experto en dólares, plazos fijos, mesas de dinero: ¡increíble!–, me deslumbraron las librerías abiertas hasta la madrugada, la capacidad de debate de la gente, y hasta la existencia de un guerrillero de terrible leyenda, Firmenich… ¡que cree en la Virgen María!

Si con todo eso no escribes una novela, es porque no eres escritor… Amo a Baroja, a Valle Inclán, a Cernuda, a Vallejo, a Cortázar, a Gabo, al Vargas Llosa de sus primeras novelas, a Camus, a Sartre, a Pratolini, a Whitman, a Faulkner –¡ese encantador de serpientes!–, a Cervantes, a Shakespeare, y a tu Borges, que es la escritura. La Biblioteca Universal puesta encima. Lo que más me gusta de él es que siempre está mintiendo. Es, con la palabra, una especie de relojero invencible».

Oscar Hermes Villordo, 1993

https://www.infobae.com/new-resizer/98LTZsZo8MsL_crYU9D4uqm0S_o=/768x512/filters:format(webp):quality(85)/s3.amazonaws.com/arc-wordpress-client-uploads/infobae-wp/wp-content/uploads/2017/07/28173403/Oscar-Hermes-Villordo-sf.jpg

«Mirá, tocáme el dedo mayor de la mano derecha. Tengo un callo viejo… Es que siempre escribí con tinta escolar y pluma cucharita. Eso te deja el dedo marcado y teñido de azul. En el hospital también escribía así… y usaba como pupitre un libro de actas. Ahora estoy escribiendo una novela por encargo: Ser gay no es pecado. Mezcla ficción con realidad, hechos autobiográficos con hechos ajenos. Pero los temas centrales son la homosexualidad y la marginalidad.

No es una redención de mi propia vida: jamás oculté lo que fui. Soy homosexual, fui promiscuo, y jamás lo negué. Hablo en pasado (fui), porque a los enfermos de sida nos sucede algo extraño: una vez que conocemos el diagnóstico se nos muere el sexo. No me refiero a erecciones y esas cosas. Es algo mucho más profundo. Es como si un telón negro y pesado cayera sobre el sexo, sus órganos, sus recuerdos, sus fantasías. Es… tabla rasa sobre la parte de debajo de nuestro cuerpo».

«Nunca quise disfrazar el sexo, nunca quise ponerle careta. Sabés a qué me refiero: jamás tomé precauciones. La culpa que me tiraba encima me impulsaba a dar placer. Ni siquiera a recibirlo. Dar, dar, dar: eso quería. Ponerle una careta a ese acto era mitigar el placer. Nunca fui feliz, no. Porque el homosexual arrastra una tragedia básica: quiere el amor de un hombre heterosexual, y lo quiere para siempre.

Quiere reemplazar a la mujer, y eso es algo absolutamente imposible. Ese hombre puede darle momentos, unos meses, hasta unos años, pero más tarde o más temprano se irá. Y entonces llegarán la soledad y la desesperación. Porque en definitiva el drama no es el sexo: es la soledad. Entonces llega el andar de noche, la lujuria, la promiscuidad… Pero nunca fui un marica con plumas ni manoteé braguetas. Perdoná la crudeza del lenguaje…».

(N. de la R.: esta entrevista sucedió en octubre de 1993. Villordo murió el primer día de enero de 1994)

nuestras charlas nocturnas.

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.