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De viaje por la España judía…


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revistadiners.com(D.Santacruz)/elhistoriador.es  —  La España judía nuevamente está siendo acorralada en varias ciudades ibéricas. Hace 500 años, el 31 de marzo de 1492, en el palacio de la Alhambra en Granada, los Reyes Católicos firmaron un decreto que ordenaba la expulsión de los judíos de España.

Unos 150.000 partieron, pero unos 50.000 prefirieron convertirse al cristianismo y permanecer en el país. Al momento de la expulsión, la comunidad judía era la más influyente del mundo.

Actualmente los judíos en España sufren de persecución debido al perdón haberlos expulsado. Ahora vuelven a España a continuar con su antigua vida. Algunos rinden homenaje a esta historia y otros simplemente no lo aceptan.

La España judía de antes

La expulsión de los judíos de Sefarad, nombre hebreo de España, le asestó un golpe casi mortal al judaísmo del país.

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Con el paso del tiempo la comunidad se repuso, pero jamás has recuperado el lustre de su época dorada. La expulsión y el Santo Oficio de la Inquisición, establecido en 1481 por los Reyes Católicos para castigar a los herejes, incluyendo a los «conversos” (judíos convertidos al cristianismo que seguían practicando judaísmo en secreto), empañaron por siglos la imagen de España.

La Inquisición llevó a miles de “conversos» a la hoguera y persiguió con celo la más mínima manifestación de judaísmo en el reino y sus colonias. Se cree que de origen «converso» fueron, entre otros, el inquisidor Tomás de Torquemada, el poeta Luis de Góngora, Santa Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz.

Las locuras que se inventaron

Lo judío fue anatema por siglos. Por mucho tiempo circularon varias leyendas en España que decían que los judíos mataban niños para beber su sangre en sus ceremonias religiosas. A partir del siglo XVI se popularizaron los «estatutos de limpieza de sangre», por medio de los cuales la persona probaba que en su familia no había sangre de judíos o de «conversos».

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Hoy se respira un nuevo aire en ese país. A partir del Concilio Vaticano II en 1964, la Iglesia española revisó su enfoque del Nuevo Testamento, que mostraba a los judíos como deicidas y eliminó los estereotipos de judíos de los libros de texto. La Iglesia se ha mostrado más tolerante desde entonces hacia los credos judío, musulmán y protestante. La Constitución de 1978 garantizó los derechos de libertad e igualdad religiosa.

En 1990 el gobierno y la Iglesia firmaron un acuerdo con representantes de la comunidad judía dándole al judaísmo los mismos derechos y privilegios del cristianismo. Por medio del acuerdo, el Estado reconoce los efectos civiles del matrimonio judío y les da garantías a estudiantes judíos para recibir educación en su religión en escuelas públicas y privadas.

En la tranquilidad de la España judía

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Los judíos empezaron a volver a España a fines del siglo pasado, estimulados por el rey Alfonso XIII. Hoy llevan una existencia relativamente tranquila, libre de los acosos y presiones del pasado.

En España viven unos 40.000, concentrados, mayormente, en Barcelona, Madrid, Málaga y Córdoba. Un gran porcentaje proviene de Marruecos. Muchos son descendientes de los expulsados en 1492.

Los judíos españoles de hoy descuellan en el comercio, la banca, la medicina, la ingeniería y el derecho. Irónicamente, los profesores de hebreo en las universidades de Madrid y Barcelona son cristianos, como lo son los integrantes de grupos musicales que han recogido e interpretan el folclor judeo-español de antaño.

Un viaje por cuatro ciudades españolas – Madrid, Toledo, Barcelona y Girona – me reveló muchas sorpresas del pasado y del presente judío del país.

Si Madrid es el corazón de España, la Plaza Mayor es el corazón del viejo Madrid. Construida por Felipe IIl en 1619, esta inmensa plaza fue escenario de espectáculos públicos, torneos y «autos de fe». Un «auto de fe» era una ceremonia en la cual la Inquisición quemaba a «judíos secretos”.

Hay unos 3,000 judíos en la ciudad. La única sinagoga, Bet Yakov, fue construida en 1968 y autorizada por el gobierno del general Francisco Franco. Todo visitante nuevo es requisado a la entrada de la sinagoga, lo que pone en evidencia el constante temor que la comunidad tiene de ataques terroristas.

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La sangre no se niega

Baruj Garzón, antiguo rabino de Bet Yakov y director de la Fundación Amigos de Sefarad, dijo que las conmemoraciones del quinto centenario han encendido el interés de los españoles cristianos por la historia judía del país y han despertado «viejas ilusiones y viejos fantasmas. Es bueno que un pueblo confronte su pasado y vea las luces y las sombras de éste».

Mucha sangre judía corre en los españoles, agregó, y ellos no han perdido contacto con sus raíces, aunque las han negado.

La comunidad cuenta con un colegio de primaria y bachillerato, Colegio Estrella Toledano, inaugurado en 1977 fue la primera escuela judía en construirse en España en 500 años. En Madrid tiene sede el Instituto Arias Montano, establecido por Franco, uno de los más importantes del mundo en el estudio de historia, folclor y literatura judías.

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En la antigua Toledo

Situado a 69 kilómetros al sur de Madrid, Toledo parece no haber sido tocado por el paso de los siglos. Incluso la luz que baña sus centenarias paredes de piedra parece venir de otra época. La ciudad, de calles estrechas y sinuosas, se extiende sobre una colina rodeada por el río Tajo.

Ciudad de leyendas, reyes y rabinos, Toledo fue la capital de España hasta 1561. En la Edad Media, durante su apogeo, tuvo una población de 12.000 judíos y diez sinagogas, y fue un importante centro de traducción de obras científicas.

Hoy no quedan judíos en la ciudad. Toledo fue llamado la «Jerusalén de España» por el paisaje, el tipo de piedras usadas en la construcción de sus viviendas, y su rica vida espiritual. Infortunadamente, la comercialización del turismo es excesiva y desalienta a muchos visitantes.

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Los vestigios de un pasado sin fin

Dignas de verse son dos imponentes edificaciones, otrora sinagogas: Santa María la Blanca y El Tránsito. La primera sirvió de sinagoga hasta el siglo XV y fue convertida en iglesia cuando la comunidad declinó. Su interior es una magnífica mezcla de arquitectura hebrea y árabe. El Tránsito fue construida en el siglo XII por el acaudalado judío Samuel Leví. La Casa-Museo de El Greco, situada junto a ésta, perteneció a Leví. El reposado interior de El Tránsito invita a la meditación.

“Quien no ha visto a Toledo no ha visto a España», dicen los españoles. Y la mejor forma de verlo es paseando por sus callejuelas oscuras o desde las colinas que lo rodean.

Barcelona es de judíos

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La comunidad judía más grande del país-5.000 personas- está en Barcelona, capital de la región de Cataluña.

La ciudad es un activo puerto enmarcado por dos colinas: Montjuich y Tibidabo. Montjuich, que en catalán significa montaña de los judíos», ofrece una dramática panorámica de la urbe y del Mediterráneo.

En la falda de la colina se encuentran varias de las instalaciones de la Villa Olímpica.

En el siglo XII muchos judíos vivían en Montjuich, el cementerio de la comunidad fue abandonado después de 1391, año en que se desato una ola de masacres contra los judíos en toda España.

Varías de las tumbas del cementerio pueden ser vistas en el Museo Arqueológico, situado en el Barrio Gotico de la ciudad.

En 1391 turbas cristianas saquearon los barrios judíos de muchos pueblos de Cataluña, mataron a cientos de hebreos y forzaron a muchos a convertirse al cristianismo. Con las masacres, casi 60 comunidades de la provincia desaparecieron para siempre.

En las estrechas y oscuras calles del Barrio Gótico Vivian miles de judíos. Lo poco que queda hoy del barrio judío son las paredes de dos sinagogas y una inscripción en hebreo en la Calle Marlet, en la pared de lo que fue una escuela religiosa.

En las entrañas del barrio Gótico

En el Barrio Gótico se encuentra también la Plaza del Rey, donde tuvo lugar el primer «auto de fe» en Barcelona en 1488. En un costado están los Archivos de la Corona de Aragón, uno de los más importantes de Europa, y que contienen valiosos documentos sobre las comunidades judías medievales de Cataluña.

Los barceloneses están orgullosos del pasado judío de su ciudad y de Cataluña. La provincia produjo talmudistas, místicos, exégetas bíblicos, geógrafos y cabalistas de renombre mundial, al igual que artesanos, médicos y textileros. Debido a su industriosidad y empuje, los catalanes son llamados “los judíos de España”.

Las ceremonias del quinto centenario de la expulsión también han despertado el interés de los barceloneses por su legado judío. Según León Sorenssen, director de la comunidad judía de Barcelona, el quinto centenario ha motivado a muchos cristianos a investigar sus posibles raíces judías».

«Aquí en la oficina (de la comunidad) recibimos por lo menos cuarenta llamadas telefónicas al mes, de gente pidiendo información sobre el origen de sus apellidos y de sus familias», dijo Sorenssen.

La sinagoga de Barcelona, construida en 1954, fue la primera en erigirse en España desde 1492. La ciudad cuenta con un solo colegio judío, el “Liceo Sefardi», famoso en Europa por su alta categoría académica.

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Entre los callejones de Girona

Seiscientos años de herencia judía están encerrados en los callejones y caserones de esta fascinante ciudad, situada casi a mitad de camino entre Barcelona y la frontera con Francia. La comunidad judía dejó profundas huellas en la cultura y economía de Girona.

La ciudad y su barrio judío, foco religioso en la Edad Media, alcanzaron fama mundial gracias al rabino Moisés ben Nachman, precursor del misticismo judío, y a docenas de eruditos. El barrio fue abandonado después de la expulsión y decayó con el paso del tiempo.

Una restauración que no termina

En 1983 el Ayuntamiento emprendió su restauración. El presupuesto para el proyecto es de 266 millones de pesetas. Parte de ese plan es la habilitación del Centro Isaac el Ciego, situado en lo que fuera la última sinagoga de la ciudad, que servirá como museo, centro de estudios y deposita- rio de documentos medievales judíos. Isaac el Ciego fue un famoso rabino y místico.

«La restauración del barrio es de gran importancia porque los judíos contribuyeron mucho a Cataluña y es nuestro deber preservar esa joya histórica», dijo Joaquín Nadal, alcalde de Girona. Una visita al barrio es un viaje a un pasado glorioso y una obligación para los interesados en la historia judía.

Al igual que en Toledo, en Girona no quedan judíos. Los pocos «judíos secretos» que había después de 1492 fueron quemados en las piras de la Inquisición.

Las huellas del Madrid judío, un legado oculto

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El Madrid judío -casi desaparecido por el implacable peso de la Historia-, se ubica entre el desconocimiento generalizado como una suerte de patrimonio oculto, relativo a dos épocas concretas.

Una, primigenia y medieval, escenario de persecuciones y sustento de leyendas en torno a su configuración.

Otra, contemporánea, referente a la refundación de la comunidad hebrea en Madrid.

La ausencia de evidencias arquitectónicas, en otros supuestos fieles cronistas en piedra, supedita cualquier justificación al archivo documental. Si bien no existen edificaciones o restos de la primera judería de la capital, sí figuran escritos que la ubican en lo que actualmente es la catedral de La Almudena.

A su espalda, intramuros de la muralla árabe, permanecieron los judíos incluso tras la conquista cristiana de Madrid, entonces Mayrit, en el año 1083 por el rey Alfonso VI.

Los edictos de ejecución, multiplicados tras la concepción del tribunal de la Santa Inquisición, en 1478, y la transmisión popular juegan un papel capital en las endebles certezas sobre el pasado de la comunidad judía. Según fuentes documentales, trabajo de Alejandra Abulafia, directora de Destino Sefarad, ya en el año 1053 un vecino judío mandó una misiva a su hermana contando su pena por la muerte de dos correligionarios.

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A apenas unos metros de aquella judería vieja, subiendo por lo que ahora es la calle Mayor, en la plaza homónima, se asentaron muchos comerciantes, especialmente en el espacio que hoy acoge al Mercado de San Miguel y en los alrededores de la plaza de la Villa.

Precisamente en la Plaza Mayor, en los faroles situados en el centro, existe un grabado que pasa prácticamente desapercibido. El relieve muestra un juicio con sambenito a un judío, que no era otra cosa que colocar un sayal al reo, muchas veces sin juicio previo, para humillarlo y estigmatizarlo.

Este pequeño rastro, aunque anecdótico, sintetiza en parte cómo fue la época medieval. De hecho, otro de los puntos recogidos en el mapa anexo, la puerta de Valnadú, es recordada por ser el punto de acceso en uno de los mayores ataques sufridos en la judería.

Persecuciones y expulsión

La prueba principal de su ubicación, en cualquier caso, remite a los episodios más trágicos de su historia en la zona. Narrados a veces en código literario, destaca un documento de 1391, cuando muchos judíos fueron asesinados en la calle de las Damas, en la judería, según cita Jacobo Israel Garzón en su prólogo a la obra Avapiés: Teatro en dos actos (Solly Wolodarsky. 2009).

Este y otros pasajes son incluidos en el escrito, como la solicitud de la Villa de Madrid a la reina para ejecutar las penas previstas a los judíos que no llevaran señales distintivas en el ropaje, en 1478, o un muro que aislara a la judería, dos años después.

Todo desemboca, como parte y resultado, en una fecha clave para la comunidad judía en toda España. El 31 de julio de 1492, los Reyes Católicos firman su expulsión, condenados desde entonces, y hasta bien entrado el siglo XIX, a una presencia críptica. Perseguidos y en el más estricto secretismo, avanza el autor que, pasado un siglo, Madrid acogió a numerosos criptojudíos portugueses, descendientes de los que habían marchado el mismo año del descubrimiento de América.

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En esta época y en los años siguientes, diferentes documentos acreditan esta situación; como un auto de fe -uno entre miles- de 1632, donde salieron «hasta cuarenta y cuatro reos, de los que cuatro fueron quemados en estatua y siete en persona» por, presuntamente, reunirse para azotar y ultrajar a un Cristo y una Virgen.

Otro de los pilares sobre este legado tiene mucho que ver con especulaciones, justificadas en la transmisión popular. Quizá llame la atención que en la ruta ilustrada no figure el barrio de Lavapiés, supuestamente denominado como Avapiés en la fecha, pero lo cierto es que, contradicción entre historiadores, no existe base documental al respecto.

Se trata, por tanto, de un mito; similar al que asegura que la actual iglesia de San Lorenzo fue otrora una sinagoga. Igualmente, se dice que el castizo nombre de Manolo tiene su origen en la comunidad judía, pues deriva de Immanuel, que en hebreo significa «Dios esté con nosotros».

Refundación

No existe una refundación efectiva hasta bien entrado el siglo XIX, aunque en los primeros años se atisba el final de este paréntesis. En 1917 se funda la primera sinagoga de Madrid, Midras Ababarnel, antecedente de la constitución de la Comunidad Judía en la región, en 1920. Se consigue, además, un recinto propio en el cementerio civil de La Almudena, aunque este crecimiento no es definitivo.

La sinagoga es cerrada en 1938 y, tras el final de la Guerra Civil ,se interrumpe toda actividad pública.

Así, la Comunidad Judía no se restituye hasta 1947, y dos años después se inaugura una nueva sinagoga, el Oratorio Lawenda, que años más tarde se traslada a la calle Pizarro para albergar una mayor, Betzión. El despegue y asentamiento definitivo, pacífico a excepción del ataque sufrido en la Nochebuena de 1976, cuando explotó una bomba junto a la sinagoga de la calle Balmes, fue en la década de los 60; desarrollada con la construcción del cementerio judío de Hoyo de Manzanares, a principios de los 90.

Madrid cuenta además con un colegio judío, el Ibn Gabirol, levantado en 1965.

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La comunidad judía, en el presente

Se estima que actualmente viven la Comunidad de Madrid en torno a 10.000 judíos, con la sede de la Comunidad Judía (a la izquierda, su inauguración) como punto de encuentro principal; tanto religioso como social.

Su crecimiento en los últimos años remite en gran parte a Argentina, pues muchos judíos emigraron a España tras el golpe militar de Videla, en 1976, y tras las recientes crisis económicas. La Segunda Guerra Mundial provoca igualmente la llegada de numerosos refugiados judíos. En aquellos años, Madrid se configuró como un escenario alternativo de espías y diplomacia encubierta.

Como apunte, cabe en esta ruta la confitería Embassy, que actuó como tapadera para salvar a 30.000 judíos del despliegue nazi en la capital, con destino a Portugal


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