Los Sutras de Jesús y otros testimonios de la llegada del cristianismo a China en el siglo VII…

Representación al fresco del culto cristiano nestoriano en China
L.B.V.(J.Álvarez)/A.O.Carrazco — Uno de los conjuntos documentales más curiosos que se conservan de la antigua China es el que se conoce como Sutras de Jesús.
Se trata de unos manuscritos, datados entre los siglos VII y XI, que se encontraron en una gruta y que tienen un extraordinario valor, no tanto por su edad -los hay más antiguos en la India- como por constituir un testimonio excepcional de la llegada del cristianismo al país.
Antes de pasar a explicar el asunto, conviene aclarar que no se trata de sutras en el sentido estricto del término. Sutra es una palabra sánscrita para referirse a un tipo de aforismo o refrán con el que se contaban la filosofía hindú y, posteriormente, también la budista; de hecho, su traducción exacta sería algo así como «hilo vinculante», dado que las ideas se sucedían cosidas unas a otras mediante los sutras.
Ahora bien, los Sutras de Jesús no son tales sino que así los llamaron erróneamente autores occidentales modernos. El nombre más adecuado sería jing, que es como se denomina a los libros clásicos y religiosos en chino, sean nacionales o extranjeros.

El emperador Gaozong
Pero, dado que el nombre ha perdurado, sigamos con los Sutras de Jesús.
Su origen está estrechamente relacionado con la llegada a Asia del obispo sirio Alopen.
En el año 635, se convirtió en el primer monje cristiano en pisar China, llevando la palabra de Dios.
Bajo el nombre atrayente de Los Sutras de Jesús se engloba una serie de textos religiosos escritos en chino y cuya singularidad viene dada por haber sido la lectura de misioneros, monjes y laicos cristianos durante la China del periodo Tang (618 d.C.-907 d.C.).
Unos cuantos rollos con los mismos fueron descubiertos dentro de cubetas a finales del siglo XIX por la incursión accidental de un monje taoísta en una cueva cercana a la ciudad de Dunhuang.
Lo que más llamó la atención de estos Sutras de Jesús fue su sincretismo sin tapujos entre la doctrina del nazareno y el Taoísmo chino (A ello se podía añadir bastante Budismo Mahayana).
No sería descabellado aventurar que si el azar histórico hubiera discurrido de otra manera, ahora tendríamos el equivalente sinocristiano del Ch’an o Zen (el cual es fruto de la influencia mutua entre Budismo Mayahana y Taoísmo).
El comienzo de esta historia lo podemos situar en el viaje del misionero nestoriano persa Alopen o Alouben a la corte del emperador chino Taizong en el año 635 d.C. La nueva religión captó la simpatia de Taizong (emperador que destacaba por su tolerancia religiosa) e invitó al propio Alopen a traducir los textos cristianos que traía al chino.
Ello se vería refrendado varios años después con la protección oficial del propio emperador y el permiso para construir la primera Iglesia China y la ordenación de monjes. El cristianismo de rostro nestoriano -que había desaparecido en Occidente acusado de herético- fue alcanzando una implantación sólida a medida que se imbuía más y más de la cultura china que le rodeaba.

La Estela Nestoriana de Xi’an
Por entonces gobernaba la dinastía Tang, sucesora de la Sui y considerada la del máximo esplendor de esa civilización en todos los sentidos, desde el político al económico pasando por el cultural. En tal contexto, Alopen llegó a Chang’an, la capital, donde le recibió el emperador Taizong pensando que era un emisario de Da Qin, es decir, el Imperio Romano, llamado así porque los chinos pensaban que la dinastía Qin era la fundadora de Roma.
Puesto que TaiZong era bastante tolerante, permitió a Alopen fundar la llamada Iglesia Oriental, un centro cristiano nestoriano.
El nestorianismo era una doctrina religiosa creada por Nestorio, obispo de Constantinopla en el siglo , apoyándose en la escuela teológica de Antioquía, según la cual Cristo estaba formado por dos naturalezas totalmente diferentes al mismo tiempo, la divina y la humana.
En el año 431, el Concilio de Éfeso determinó dar la razón a su oponente, Cirilo de Alejandría (quien abogaba por la unidad de ambas personas), así que depuso a Nestorio y declaró heréticas sus ideas, destruyendo sus obras.
Aún así, la doctrina se difundió por Oriente Medio y arraigó, especialmente en el Imperio Sasánida y sobre todo entre los Lájmidas, dinastía de los dirigentes mesopotámicos que la adoptaron al convertirse al cristianismo.
Eso sí, en otros lugares de esa región se impuso el monofisismo, que decía que en Jesús sólo había naturaleza divina; o sea, se dio un enfrentamiento de monofisitas frente a difisitas que continuó los ya tradicionales en el seno del cristianismo, facilitando la expansión del Islam.
Así, aunque los musulmanes respetaron a los cristianos y de ellos adoptaron la filosofía clásica, en la primera mitad del siglo VII la iglesia persa estaba en franco retroceso y temiendo que la expansión islámica continuase hacia Asia se decidió enviar misiones para cristianizar el continente antes.
De esta forma llegó Alopen a China, donde empezó a dirigir la traducción de textos sagrados a la lengua local con el beneplácito del emperador, que era un erudito y se convirtió en mecenas de aquella labor.
Tres años después ya estaba lista una primera promoción de veintiún sacerdotes, presumiblemente procedentes también de Siria, para ocuparse de las parroquias fundadas, siendo Alopen su obispo.

Representación de nestoriano chino en postura de meditación
Gaozong, el hijo de Taizong, continuó la política de su padre en ese sentido y esa tónica siguió con altibajos hasta el final de la dinastía, en el siglo X, cuando las persecuciones contra las religiones extranjeras (incluyendo al maniqueísmo y al Islam) llevaron a su desaparición de territorio chino.
El nestorianismo volvería en el siglo XIII, reintroducido por algunas tribus mongolas, y se quedó un tiempo, tal como acreditó el viajero Rubruquis, si bien terminó chocando radicalmente con la mentalidad conquistadora que se asentó en ese pueblo desde Gengis Khan; la difusión del budismo le dio el golpe de gracia.
El cristianismo quedó ausente de China hasta que en el siglo XVII desembarcaron allí los misioneros jesuitas, sólo que ya no predicaban la versión de Nestorio sino la católica.
De aquella primera etapa feliz de Alopen quedan los Sutras de Jesús, en los que se aprecia cierto eclecticismo entre la fe de Cristo, el budismo y el taoísmo.
Se encontraron en la Cuevas de Mogao, un conjunto de casi medio millar de templos alojados en grutas en pleno desierto de Gobi, pero cerca de la ciudad de Dunhuang, que empezaron a ser excavados en 1907 por el arqueólogo británico Aurel Stein, ayudado por el monje taoísta Wang Yuanlu y el sinólogo francés Paul Pelliot.
Bien pudiera ser que un monje cristiano escondiera la literatura al respecto en cubetas llenas de rollos en la Cueva de Dunhuang (lo que tendría un claro paralelismo con aquel otro monje que pudo esconder los Evangelios Apócrifos y Gnósticos descubiertos en Nag-Hammadi en 1945, y gracias al cual conocemos integramente El Evangelio de Tomás y fragmentos de otros evangelios que se creían perdidos).
El lugar mismo es espléndido y fue declarado por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad en 198, pero además se sacaron miles de documentos; en su mayor parte eran colecciones de sutras -estos sí- y por eso los nestorianos se incluyeron también en esa categoría.
Sin embargo, no se trata del único testimonio de aquella primigenia rama cristiana en China.

La pagoda de Da Qin
Otro igualmente interesante es la Estela Nestoriana de Xi’an, una lápida de caliza de 2,70 metros de altura inscrita epigráficamente en chino y siríaco en el año 781 y que sintetiza siglo y medio de historia de la fe de Cristo en el país oriental, incluyendo la llegada de Alopen y su recibimiento por Tai Zong.
La pieza fue descubierta en 1625 por el jesuita Mateo Ricci y traducida pocos años después; había sido enterrada en el año 845 para ocultarla de alguna persecución. Se conserva en el Museo de Berlín.
Por último, se cree que la Pagoda Daqin, situada en Chang’an, es lo que queda de lo que sería la iglesia cristiana más antigua de China.
Habría formado parte de un monasterio construido por Alopen y los suyos en el año 640, siendo abandonado durante la misma persecución que llevó a enterrar la Estela de Xi’an y reocupado por monjes budistas en el siglo XIV, hasta que un terremoto obligó a dejarlo definitivamente en 1550. Su interior está decorado con frescos de temas bíblicos.
Desafortunadamente, la decadencia de la dinastia Tang en los siglos IX y X vino acompañada de una ola de intolerancia en China hacia las religiones extranjeras, y tanto budismo como cristianismo fueron perseguidos, sus templos destruidos y sus monjes asesinados.
Cien años después del descubrimiento de Dunhuang, el teólogo y experto en cultura china Martin Palmer se lanzó a la aventura de traducir estos textos y de buscar la Iglesia o monasterio mayor de este culto. De todo ello escribió y publicó el libro The Jesus Sutras (2001), que cuenta con una traducción española de Mario Lamberti para Editorial Edaf con el título Los Sutras de Jesús: El Descubrimiento de los Rollos Pérdidos del Cristianismo Taoísta (libro que leí hace cosa de un año y medio si no recuerdo mal).
A través de una narración apasionante para cualquier amante de la arqueología, Palmer consiguió contagiarme su afán, su excitación cuando las pistas eran esperanzadoras y su tristeza cuando creía que su viaje iba a acabar en fracaso. Tras llegar hasta las inmediaciones del templo de Lou Guang Tai (del cual se rumoreaba que era el punto más cercano a un supuesto monasterio cristiano) y divisar una pagoda, Palmer narra el momento que cambiaría el curso de esta historia:
Al lado de la entrada del templo estaba sentada una anciana vendiendo amuletos. Nos volvimos hacia ella y, tras declinar amablemente la compra de un amuleto de plástico de Lao Tse, le preguntamos a quién pertenecía aquella pagoda.
– Es budista -dijo, ofreciéndonos ahora un barato amuleto de plástico de Buda. Mi corazón volvió a desfallecer. Le dí las gracias y me volví .
– Pero no siempre fue budista -añadió la anciana. De nuevo me dí la vuelta y le pregunté que quería decir.
– No, no; antes era taoísta.
La desilusión me golpeo como una piedra. Volví a darle las gracias y, una vez más, empecé a alejarme.
– Pero en realidad no pertenece a ninguno de los dos -continuó diciendo la enigmática anciana. Otra vez me dí la vuelta y le dije que se explicara.
– Antes de que llegaran ellos la habían fundado unos monjes que venían de Occidente y que creían en un solo Dios.

Martín Palmer
Como podemos suponer, Palmer y su equipo espoleados por la noticia subieron colina arriba hasta aquella presunta pagoda de origen cristiano.
Allí encontraron a una pequeña monja budista de edad avanzada que les trató con total amabilidad y que confirmó la historia de esa pagoda: «Bueno, eso es algo que ya sabíamos todos.
Este fue el monasterio cristiano más famoso de toda China, durante la dinastía Tang».
La pagoda era conocida como Da Qin (el nombre que los antiguos chinos daban al también antiguo Imperio Romano).
La monja también les habló de la Estela del Sutra de la Piedra, obra escultórica con el texto homónimo que constituye un complemento perfecto para los Sutras de Jesús propiamente dichos.
El descubrimiento de la pagoda de Da Qin causó un gran revuelo en el mundo de la arqueología. El gobierno comunista chino no tardó en meter cartas en el asunto y comenzó una labor de restauración de la pagoda por su peculiaridad histórica. Las entrañas de la pagoda fueron investigadas, haciéndose descubrimientos que confirmaban el sincretismo del culto que se realizaba entre aquellas cuatro paredes.
En resúmen Los Sutras de Jesús como tal son cuatro textos que llevan los nombres Sutra de las Enseñanzas del Venerado, Sutra de la Causa, Efecto y Salvación, El Sutra de los Origenes y El Sutra de Jesucristo más el agregado de unos cuantos sutras de cantos litúrgicos y El Sutra de la Piedra antes mencionado.
Se supone que fueron escritos entre los siglos VII y X. Si el primero de estos sutras es una enseñanza tal cual del cristianismo venido del Oeste, los siguientes van demostrando cada vez más permeabilidad hacia las costumbres culturales chinas y van acogiendo dentro de su seno conceptos taoístas y budistas como el Dharma, la Reencarnación, el Karma, el Wu-Wei, el ídeal del bodhisattva (extrapolable al santo cristiano), etc…

Pero lo que más me llamó la atención durante mi lectura fue la sustitución del concepto de Pecado Original por el oriental de Naturaleza Original, lo que diferencia drasticamente este cristianismo taoísta del que se realizaba en Occidente (ya que el Pecado Original implica una mácula intrínseca en el ser humano, mientras que el concepto de Naturaleza Original cree en la bondad innata de este).
A continuación dos extractos de algunos de estos sutras, en las que se podrán ver acentos taoístas y budistas característicos de la Iglesia de Oriente:
«Rey Supremo, Voluntad de las Épocas
Cordero Compasivo y Jubiloso,
Amando a todos los que sufren,
Intrépido en luchar por nosotros,
Libéranos del karma de nuestras vidas.
Devuélvenos a nuestra naturaleza original,
Salvados de todo peligro»
(Cuarto Sutra litúrgico)
«El Mesías tenía en su orbita a los Budas y Arhats. Mirando hacia abajo, él vio el sufrimiento de todo lo nacido, y empezó a enseñar. Nadie ha visto a Dios. Nadie tiene la capacidad de ver a Dios. Verdaderamente, Dios es como el viento… Todos los grandes maestros, como los Budas, se sienten movidos por este viento, y no éxiste ningún lugar en el mundo a donde no llegue ni se mueva este Viento»
(Sutra de Jesucristo)
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