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Angela Merkel, la ‘muchachita’ de Alemania del Este que dominó la política europea…


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El día de la juramentación de Angela Merkel como canciller alemana, el 22 de noviembre de 2005.

“Tengo mucha desconfianza de los movimientos democráticos de base, porque se enredan en discusiones interminables y creo que el trabajo político debe desembocar en lo factible, quizás tengo algo autoritario en mí”, decía Angela Merkel en 1991 en su primer gran entrevista. Recién acababa de ser nominada por el entonces canciller Helmut Kohl, apenas dos años después de iniciar su carrera política, como ministra en la cartera de juventud y mujer.

Merkel viene de la Alemania comunista y desde la caída del muro de Berlín dos años antes, había iniciado un discreto, pero implacable ascenso en la política. “La capacidad de adaptación ha sido siempre parte de mi vida”, comentaba.

La tímida sonrisa, la casi irritante vaguedad de sus respuestas, la amabilidad imperturbable, cierta extraña timidez, todo estaba ya ahí desde sus primeros días de trepidante carrera política. Seguramente el mayor enigma de esta mujer es como un carácter así se ha podido imponer durante casi dos décadas a tiburones y toda clase de alimañas políticas dentro y fuera del país.

“Su infancia en el Este alemán, donde su padre tenía una labor pastoral, transcurrió entre una colonia de discapacitados. Sus vecinos, con los que jugaba, eran discapacitados y ella aprendió a manejarse con gente distinta”, detalla Gemma Casadevall, periodista española que lleva 15 años cubriendo la política alemana. “Tiene una percepción mas tolerante a quien es distinto a ella”, agrega.

“La primera impresión que transmite es poco carismática y funcionarial”, apunta Andreu Jérez, también periodista. “Pero es la fachada externa, especialmente desde que se convirtió en presidenta del partido conservador CDU, donde el hombre tenía más peso. Además, ella era alemana oriental, o sea que lo tenía todo en su contra”. A pesar de eso, logro ganar batallas políticas con altos niveles de popularidad.

Haber sobrevivido dentro de un partido de señores grises, agresivos, arrogantes y no pocas veces despiadados ha sido seguramente la mayor sorpresa y el mayor logro de Merkel. Nadie esperaba que esta mujer, que el excanciller Helmut Kohl, su mayor promotor, llamaba con una apenas disimulada arrogancia “mi muchachita” pudiese sobrevivir demasiado tiempo.

El escándalo de la CDU

Dos años después del último mandato de Kohl, en los años 2000, se descubrió un gran escándalo de cajas negras en el partido demócrata cristiano. Él era el presidente del partido y trató evadirse algo descaradamente de su responsabilidad. Todo el partido apoyó al viejo excanciller, todos menos Merkel.

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“El partido quiere olvidar todo este asunto, pero está el peligro de pasar demasiado rápido por el problema”, declaró Merkel. “Los demócratas cristianos tenemos la estabilidad y la solidez suficiente para avanzar en un nuevo camino”.

De un golpe anunció en una carta abierta en el diario FAZ que había que alejarse de los viejos líderes y, casi sin apoyos dentro del partido, pero sin ninguna historia sucia por esconder, se hizo del control del partido como nueva presidenta de los demócratas cristianos. Dentro de los altos cargos de su partido fue una traición.

Merkel mantuvo casi tanto tiempo el cargo de presidenta del partido como el de canciller, la única forma al parecer de cubrirse la espalda de las decenas de enemigos dentro de su propio partido que no soportaban estar bajo el control de una mujer joven, venida de la antigua Alemania comunista, una protestante en un partido católico, una advenediza que no conocía a nadie y que les estaba quitando todo su poder.

“Es una persona del ámbito científico. Eso significa que antes que nada analiza cada partícula y luego trata de buscar una solución para cada una de esas que lleve a una solución redonda”, dice Gemma Casadevall. “No es rápida en sus decisiones para acaba enlazando todas esas partes”.

Ajustar la tuerca económica

En el año 2005 llegó a su mayor meta: ser canciller de Alemania. Fue la primera mujer en lograrlo en la historia del país, sería reelecta en 2009, en 2013 y en 2017. 16 años en total, el período más largo de un gobernante en Alemania.

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Bajo el gobierno del antecesor de Merkel, el socialdemócrata Gerhard Schröder, se había lanzado un enorme paquete de reformas económicas de largo alcance que buscaban básicamente bajar indirectamente los sueldos en Alemania y bajar el gasto social para hacer más competitiva la economía del país. Fue un paquete de medidas de estilo neoliberal que Angela Merkel simplemente siguió administrando y que hoy es parte de los problemas que los 16 años de su gobierno dejó.

“Ha mantenido un tono bastante neoliberal. En términos de vivienda, los alemanes tienen cada vez mayores problemas para acceder a viviendo accesible. El estado no interviene lo suficiente en el mercado. El sistema de salud es público, pero en gran parte en manos privadas”, apunta Jérez.

Merkel siguió en su carrera política el camino del medio, a media distancia entre conservadores y progresistas con su extraordinaria habilidad para lograr acuerdos aún en las circunstancias más difíciles, lo que también le valió un estigma que la sigue hasta hoy:  Merkel, se dice, no tiene ideas propias.

Alemania se elevó en las últimas décadas a la posición de un gigante económico, pero en el terreno internacional se limitó a ocupar el lugar de un enano político. Las grandes decisiones europeas se las cedía siempre a Francia, hasta las crisis de la eurozona, cuyo ejemplo eminente fue la casi bancarrota de Grecia en el año 2010.

Ahí Merkel capitaneó el barco europeo y condicionó la ayuda alemana a una durísima receta de austeridad, su propio carácter espartano expandido a la nación y al mundo, comenta Gemma Casadevall. “La línea de la austeridad fue el gran déficit que sigue arrastrando a Alemania. Se cebó en los países del sur, pero también castigó a Alemania”, comenta.

«Cerrar las fronteras, era ir en contra de la ley»

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La política, junto a Benedicto XVI.

Pocos años después llegó su redención. Abrió en 2015 las puertas a más de un millón de refugiados sirios, una decisión que le ganó el respeto internacional y un grave conflicto interno. “Alemania es un país fuerte, hemos logrado tantas cosas, por eso nuestro lema debe ser: lo lograremos”, pronunció en agosto de ese año.

La crisis de refugiados dice Casadevall, fue su segunda metamorfosis. “Después de haber tenido esa imagen tan dura de la mujer que aplicó la tenaza de la austeridad a todos los europeos y a su propio país, asistimos a la Merkel que no cerraba las fronteras mientras otros países sí lo hacían”, recuerda. La canciller nunca haría nada que pueda transgredir las leyes. “O sea, está la ley del asilo que es un derecho fundamental y a ella no le pareció posible hacer algo que estaba contra esa ley, es decir cerrar fronteras a personas en situación de crisis humanitaria”, apunta Casadevall.

Merkel se transformó sí misma en estos 16 años, desde una posición conservadora y bastante intransigente a otra conciliadora, abierta, amable y casi liberal que será seguramente su principal herencia para la política nacional e internacional: que los consensos son siempre posibles

Merkel deja un país con una sorprendente estabilidad económica y con una noble posición de conciliación en la esfera internacional. Vivir sin la “Mutti”, “la madrecita” como le llamaban últimamente el Alemania, no será fácil para sus huérfanos.

10 datos y curiosidades que no conocías de Angela Merkel

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La que ha sido la primera mujer canciller se retira de la política.

La era Merkel ha sido para su país un periodo de crecimiento, creación de empleo, exportaciones y reducción de la deuda, pero su legado económico también deja algunas sombras según los expertos en geopolítica.

Pragmática y camaleónica, la que fuera considerada como la mujer más poderosa del mundo por la revista ‘Forbes’ en 2015, ha asegurado que tras ceder el testigo político quiere por encima de todo descansar, tras seguir en el cargo hasta que se haya formado un nuevo gobierno.

«Después trataré tal vez de leer, y se me cerrarán los ojos, porque estaré cansada. Entonces trataré de dormir un poco y luego veremos dónde aparezco», decía con buen humor a los reporteros en una reciente entrevista en Washington.

Merkel, que el 17 de julio cumplió 67 años, disfrutará de su retiro sin preocupaciones económicas, ya que, según informa el diario alemán ‘DW’, recibirá una pensión mensual aproximada de 15.000 euros, como estipula la legislación germánica en estos casos. Además de tener derecho a escolta, una oficina en el Parlamento y a un vehículo oficial con chófer. Hasta que llegue el momento de su dorada jubilación, vamos a conocer una decena de curiosidades sobre esta gran dama de la política europea.

Habla ruso con fluidez

El padre de Angela Merkel se trasladó junto a su familia desde Hamburgo a la Alemania Oriental controlada por los soviéticos seis semanas después de que Angela naciera en 1954, justo cuando muchos miles de alemanes huían en dirección contraria. Como otros niños que crecieron en la RDA, Merkel aprendió ruso en la escuela. Llegó a ser tres veces campeona del concurso de lengua rusa de Alemania Oriental. Como le ocurriera a José María Aznar con el catalán, rara vez habla el idioma en público.

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Fue camarera en la universidad

Mientras estudiaba Física en la Universidad Karl Marx de Leipzig, Merkel trabajaba como camarera en discotecas de estudiantes. Con el dinero que recibía llegaba a pagarse casi todo el alquiler, según confesó en una entrevista. La política llegó a doctorarse en Berlín Oriental en 1986.

Es una científica consumada

Con Marie Curie como referencia, la primera mujer en ganar un Premio Nobel, Merkel se licenció en Química y Física Cuántica, y en su día fue la única mujer que ocupaba un puesto en la sección de Química Teórica de la Academia de Ciencias de Alemania Oriental.

Le ofrecieron un trabajo en la Stasi

A finales de la década de 1970, Merkel solicitó un puesto de profesora adjunta en una escuela de ingeniería. Como condición para conseguir el trabajo, le dijeron que tendría que informar sobre sus colegas a la Stasi, la temida policía secreta de Alemania Oriental. Merkel ha asegurado que se negó porque era demasiado parlanchina para ser una buena espía. Si hubiera llegado a acceder a la proposición, su futura carrera política podría haber sido imposible, ya que en la Alemania posterior a la reunificación cualquier asociación pasada con la Stasi era poco menos que un suicidio político.

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Gorbachov y Merkel, en el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Celebró la caída del Muro de Berlín en una sauna

El 9 de noviembre de 1989, la noche en que cayó el Muro de Berlín poniendo fin a cuatro décadas de gobierno comunista en Alemania del Este, una Merkel de 35 años visitaba una sauna. Luego cruzó la frontera para celebrarlo con una sola cerveza, antes de volver rápidamente a casa, porque tenía trabajo al día siguiente.

Le gusta imitar a otros líderes mundiales

No es una afición que encaje con la imagen seria que tenemos de ella, pero, según un perfil del ‘New Yorker’, es una gran aficionada a las imitaciones. En las conversaciones extraoficiales con periodistas alemanes, repite conversaciones enteras con otros líderes mundiales. Entre sus favoritos están Vladimir Putin, el rey Abdalá de Arabia Saudí o el papa Benedicto XVI.

Utiliza el apellido de su primer marido

Nacida Angela Dorothea Kasner, se convirtió en Angela Merkel cuando se casó con el físico Ulrich Merkel en 1977. El matrimonio duró tan solo cinco años. Después, en lugar de volver a su nombre de soltera tras el divorcio, Merkel decidió mantener el apellido de su primer marido desde entonces. El segundo esposo de Merkel, Joachim Sauer, es profesor de la Universidad Humboldt de Berlín y no le gusta demasiado estar en primer plano. Evita tanto las apariciones públicas que ni siquiera asistió a la toma de posesión de su mujer como canciller en 2005. Los medios alemanes le han apodado el Fantasma de la Ópera.

Ella también tiene su apodo

A pesar de que Angela Merkel no tiene hijos propios, los alemanes le han puesto el cariñoso apodo de Mutti, la palabra alemana para ‘mami’, ya que para sus compatriotas es la que los protege y hace desaparecer los problemas.

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Putin y Merkel, en el G8 de 2006.

Le dan miedo los perros

Tras ser mordida por uno en 1995, Merkel desarrolló un miedo mortal a los canes. Se rumorea que el presidente ruso Vladimir Putin llevó en una ocasión a su enorme mascota perruna a una reunión conjunta en 2007 en un intento de intimidar a la canciller. Merkel dijo más tarde sobre el incidente que «entiendo que tiene que hacer esto para demostrar que es un hombre… Tiene miedo de su propia debilidad«.

Es muy buena cocinera

Se dice que Merkel está muy orgullosa de sus habilidades culinarias y es especialmente famosa por su pastel de ciruelas. Es habitual verla comprando en los supermercados de Berlín, donde siempre paga sus compras en efectivo. Una vez dijo al expresidente nigeriano Goodluck Jonathan que todas las mañanas le prepara el desayuno a su marido.

Unas habilidades gastronómicas a las que seguro, al igual que al resto de sus hobbies, la canciller alemana puede dedicar más tiempo ahora que se retira de la política tras años de total dedicación.

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