50 años de Stairway To Heaven de Led Zeppelin: sospechas de plagio, mensajes satánicos y un solo inolvidable…
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Led Zeppelin sobre el escenario durante una gira a mediados de los setenta
Infobae(M.Bauso/D.Bajarlia) — Un año y medio antes, Jimmy Page dijo en una entrevista que estaban trabajando, para el próximo álbum, en algo nuevo, en una canción muy larga, donde jugaran la guitarra y el órgano, y que desde lo acústico se fuera construyendo lo eléctrico. Aclaro que no quería dar más detalles, por si no llegaban a lograrlo. Ese track largo se convirtió en Stairway to Heaven.
La canción, en cada encuesta, es elegida entre las mejores de la historia del rock. Lo mismo sucede con el solo de Jimmy Page. Es, pese a su extensión, la canción que más veces fue emitida en las radios norteamericanas. Cincuenta años después de su aparición mantiene su vigencia, resistió el paso del tiempo. En You Tube hay una categoría de videos singular.
Jóvenes se filman escuchando por primera vez clásicos del rock. En los que la escucha es de Stairway to Heaven las reacciones son contundentes. Hay sorpresa, conmoción, emoción. Es una canción atemporal, invencible pese a que cada tanto le aparezcan detractores, impulsados más por el snobismo de oponerse a lo consagrado, a lo que los demás veneran, que a razones musicales.
En noviembre de 1971, Led Zeppelin editó su cuarto disco. El que hoy la crítica considera el mejor de su obra. Ocho canciones entre las que están Rock and Roll, Black Dog o When The Levee Breaks. Y también, claro, Stairway to Heaven.
El álbum no tiene título. Siguiendo la costumbre la gente lo llamó Led Zeppelin IV, continuando la numeración de los anteriores. También fue nombrado como “Sin título”, “El Cuarto Álbum” o “Cuatro Símbolos”.
Otro nombre relacionado con el último: Zoso porque era una de las cosas que se leía en el arte. Pero en realidad esa palabra no tenía ningún significado en especial. Cada miembro de la banda eligió un símbolo para que lo representara y el de Page parecía decir Zoso.
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El arte de tapa de Led Zeppelin IV con una imagen de una pintura del Siglo XIX sin título y sin mención ni foto de los integrantes de la banda
Esa desnudez fue una especie de desafío a la industria y al periodismo. No se sentían valorados ni reconocidos pese a las ventas y al fervor del público. Un disco sin título y sin la imagen de ellos en la portada. Una pintura del Siglo XIX que Robert Plant encontró en un mercado de viejo durante una caminata de fin de semana.
El arte interno tampoco traía demasiada información. No estaban sus nombres. Sólo los símbolos y la letra de Stairway to Heaven. Como si sólo quisieran poner la música adelante.
La canción tiene varios orígenes. Estructuralmente su mayor influencia, posiblemente, sea Oh Well del Fleetwood Mac, compuesta por Peter Green, un tema complejo con varias partes y cambios de clima. La composición de Zeppelin tiene tres secciones en la que lo acústico va ascendiendo hacia lo eléctrico y alcanza la cima de intensidad al final de esos ocho minutos. Un crescendo que va envolviendo al que lo escucha.
El solo de Jimmy Page está considerado como uno de los grandes solos de la historia (quizá el más famoso). Es una canción dentro de la canción. Lo grabó con la Fender Telecaster del 59 que le regaló Jeff Beck. Page hizo tres tomas diferentes, en las que improvisó.
Se dice que las otras dos tomas sobrevivieron y que están (muy) bien guardadas en la bóveda de Led Zeppelin. Muchos fans matarían por escucharlas. De todas maneras, se hace difícil imaginar que sean mejores que la toma que escuchamos desde hace 50 años.
La letra fue objeto, al mismo tiempo, de devoción y de burla. “Si alguien odia la letra de la canción no puedo culparlo. Debo reconocer que es algo pomposa”, dijo Robert Plant hace poco. Pese a que mucho tiempo se creyó que las novelas de Tolkien habían tenido que ver en estas estrofas, no parece que haya sido así en este caso (sí en otras canciones). Parte de la los textos están inspirados en el libro The Magics Art in Celtic Britain de Lewis Spence.
Robert Plant se sentó en el piso, contra la pared del estudio, y con un anotador en sus rodillas escribió los versos en unas horas. “Estaba triste y algo enojado”, contó. En los días siguientes sólo los retocó. Su sentido se ha discutido en estas cinco décadas y el mismo Plant ha dado varias versiones. Cuenta con las dosis necesarias de abstracción y de ambigüedad como para no erosionarse con el tiempo, para que el misterio persista. Una canción no necesariamente es un poema.
Más allá de que exista o no algún ripio en esos versos, o de que el sentido se retuerza sobre sí mismo en alguna estrofa, es difícil no reconocer que es la letra perfecta para esa música, que la combinación hace creer que esa canción no pudo haber nacido con una letra distinta que la que tiene.
Mientras Page siempre se ha mostrado muy orgulloso de su tema insignia, dos años atrás, en una entrevista, Plant renegó ligeramente de la letra: “En la actualidad no me siento identificado con la letra. Hoy no escribiría nada parecido a aquella letra abstracta. Ni siquiera me convence vocalmente”, dijo a casi cinco décadas de su composición, con todo el éxito, los récords y la leyenda encima.
Taurus el tema instrumental de Spirit por el que Zeppelin fue acusado de plagio
Apenas salió el disco, la canción pasó desapercibida. En las críticas en los grandes medios no era mencionada (el disco sólo contenía ocho temas), no fue lanzada como simple, nadie lo consideró como una posibilidad cierta: era demasiado larga para los parámetros de difusión.
Según contó el bajista y tecladista John Paul Jones, la primera vez que la tocaron en público, en Belfast, el público se mostró impasible, sólo esperaban que terminara la canción para escuchar una que conocieran, los éxitos de los tres discos anteriores.
“Se aburrieron bastante ese día”, dijo Jones. Pero apenas unos meses después ya era una de las favoritas y la gente enloquecía cuando llegaba su turno en el recital. Tanto fue así que muy pronto debieron rever en qué lugar del set la ponían.
¿Qué tocar después de Stairway to Heaven? Decidieron que fuera la última de la lista, la que cerraría el show. Después de ella, Plant no hablaría más. Saludarían y saldrían del escenario hasta que la ovación de la multitud los hiciera volver para los bises.
Una norma que no conocía excepciones en esa época: las canciones no debían pasar los cuatro minutos de duración si los músicos pretendían que las radios las pasaran. Las largas espantaban a los oyentes y a los anunciantes. Por eso los simples eran efectivos, contundentes.
Cuando estuvo terminado el disco ni siquiera consideraron editar una versión reducida de la canción para que entrara en una cara de un sencillo o para que los DJs la difundieran por la radio. No estaba en los planes de nadie. Sin embargo, Stairway to Heaven rompió con todos los antecedentes.
Se convirtió en la canción que más veces se pasó por la radio en la historia. Las reglas y los preconceptos fueron pulverizados por la guitarra de Page, la voz de Plant, la entrada de Bonham y los climas de Jones.
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El escritor y ocultista Aleister Crowley era admirado por Page. Compró una mansión que había permanecido a él. Los supuestos mensajes satánicos escondidos en la canción se atribuyen a su influencia
Ante la enorme difusión que Stairway to Heaven consiguió, la discográfica le propuso a la banda editarla como simple debido a la permanente difusión radial. Lo hizo un par de años después de su lanzamiento. Pero a través de su manager, Zeppelin se opuso.
Lo mismo hicieron un año después, en 1974. Esta decisión impulsó las ventas millonarias del LP. Led Zeppelin IV lleva vendidas más de 37 millones de copias.
Como tantas otras canciones de Zeppelin, esta también fue acusada de plagio, se puso en duda su originalidad. La banda se inspiró a lo largo de su carrera en obras clásicas del blues y del rock. Muchas veces se escudó en el dominio público o en los autores anónimos pero otras debió responder ante los tribunales.
Stairway to Heaven originó un largo juicio que se resolvió hace poco tiempo, apenas el años pasado. En 1968, Zeppelin giró por Estados Unidos junto a la banda Spirit que en su repertorio tenía el tema Taurus compuesto por Randy California.
Los músicos de Spirit creen que Page compuso la música inspirándose en su interpretación de Taurus que él escuchaba mientras estaba en el backstage de la gira conjunta, esperando su turno para entrar al escenario. El pleito lo iniciaron sus sucesores, ya en este milenio, unos años después de la muerte del compositor. La acusación se centraba en la parte instrumental inicial del tema de Zeppelin.
Sostenían que la progresión de acordes era similar. Los especialistas no niegan que existe cierta similitud entre las composiciones. El proceso pasó por varias instancias. Además del interés que genera Zeppelin, del morbo de publicar en letras de molde que alguien de enorme celebridad plagió, la cuestión podía involucrar decenas y hasta centenares de millones de dólares.
Algunos calculan que el tema dio beneficios por alrededor de 550 millones de dólares.
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El solo de Jimmy Page en Stairway To Heaven fue elegido en múltiples encustas como uno de los mejores de la historia del rock
Pero los jueces determinaron que no existía violación a la propiedad intelectual, que no hubo plagio. Algunos sostienen que la decisión se basó en un tecnicismo, en un detalle formal que los abogados de Page explotaron a la perfección.
Según la ley inglesa lo que hay que comparar no son las grabaciones de las interpretaciones –muy similares- sino la partitura de cada tema. Y la que estaba inscripta de Taurus se diferenciaba bastante (o lo suficiente) del inicio de Stairway to Heaven.
La canción tiene un ingrediente más. Uno mítico que fue creciendo con el paso de los años. Fue la primera que instauró lo que se convertiría en una tradición en el mundo de la música que involucraría a los más variados artistas: el arco va desde Zeppelin a Xuxa.
Con el suceso del tema comenzaron a circular las versiones que sostenían que escuchada al revés se escuchaban mensajes satánicos. La cinta en reversa diría algo así como: “Oh aquí está mi dulce Satán. Aquel cuyo camino estrecho me puso triste, el poder es de Satán. Él les dará el 666. Había un granero pequeño en el que nos hacía sufrir, triste Satán”.
La obsesión de Page con Aleister Crowley, la compra de su antigua mansión, su inmersión en el ocultismo y las desgracias posteriores que se abatieron sobre las vidas personales de los miembros del grupo alimentaron la leyenda.
Robert Plant se río de las versiones: “A nadie en su sano juicio se le puede ocurrir algo así. Imposible tomarse semejante trabajo. Estábamos muy orgullosos de la canción, de todo el trabajo que pusimos en ella. Es una canción positiva. Además si quisiéramos poner un mensaje subliminal en una canción, sólo pondríamos uno que dijera: ‘Comprá este disco, comprá este disco’”.
Virtuosismo, «plagios» y un sonido aplastante, a 50 años del debut de Led Zeppelin
A veces, un simple acorde puede cambiarlo todo. Hace más 50 años, el mundo recibía la descarga demoledora de la guitarra de Jimmy Page y los golpes de batería de John Bonham, una estampida de búfalos que arrasaba con todo a su paso y que sólo podía ser contenida por el muro infranqueable que levantaba el bajo de John Paul Jones. Luego aparecían los alaridos de Robert Plant y la onda expansiva llegaba hacia límites hasta entonces desconocidos. El primer álbum Led Zeppelin estaba en la calle. La bestia había sido liberada y el rock nunca volvería a ser el mismo.
Era 1968 y Jimmy Page se había quedado sin banda. Los miembros de The Yardbirds, grupo que tuvo en sus filas a Eric Clapton y a Jeff Beck, habían renunciado. Page, que fue guitarrista de sesión durante la primera mitad de los ’60 (participó en grabaciones de Marianne Faithfull, The Kinks y The Rolling Stones, entre otros) había alcanzado notoriedad con The Yardbirds y no estaba dispuesto a volver a las sombras.
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Si bien su primer objetivo era armar un súper grupo que incluyera a Beck y a Keith Moon y John Entwistle, baterista y bajista de The Who respectivamente, el proyecto nunca pudo concretarse. Page y Moon habían grabado juntos en 1966 «Beck’s Bolero», un lado B de Jeff Beck que dos años más tarde sería incluido en Truth, su primer álbum en solitario.
De esas sesiones participó el bajista y tecladista John Paul Jones que, al igual que Page, se ganaba la vida grabando para otros artistas (entre ellos Donovan, The Rolling Stones, Herman’s Hermits y Rod Stewart). Jones había colaborado en el último álbum de The Yardbirds, Little Games (1967), y el guitarrista no dudó un segundo en convocarlo para formar parte de la nueva formación de la banda.
Para el rol de vocalista, Page invitó inicialmente a Terry Reid, que rechazó la oferta porque había asumido otros compromisos, pero recomendó a Robert Plant, en ese momento un cantante desconocido que integraba el grupo Band Of Joy. El último en sumarse fue el baterista John Bonham, antiguo compañero de Plant.
En menos de un mes, entre agosto y septiembre de 1968, el cuarteto hizo una pequeña gira por Escandinavia como The New Yardbirds y tuvo la oportunidad de probarse en un estudio de grabación como apoyo del cantante P.J. Proby para su disco Three Week Hero.
Jimmy Page se dio cuenta de que no estaba ante una nueva encarnación de The Yardbirds sino ante una banda diferente a la que llamaría Led Zeppelin. «Había una alquimia entre nosotros cuatro que era completamente única», admitió el guitarrista al biógrafo Paul Rees.
El nombre está inspirado en un chiste que hizo Keith Moon cuando surgió la idea de armar el supergrupo, que para él «caería en picada como un globo de plomo» («lead balloon«).
Así es cómo, con un puñado de conciertos y pocas horas de ensayos, el 25 de septiembre de ese año los rebautizados Led Zeppelin entraron al estudio Olympic de Londres para registrar en tan sólo 36 horas su álbum debut. Como aún no habían firmado con ningún sello discográfico, las sesiones fueron financiadas por Page y el manager del grupo, Peter Grant, por un total de 1.782 libras.
De ahí la imposibilidad de contar con más horas de grabación. Sin embargo, esa libertad le permitió al guitarrista, que también ofició de productor, tener el control total sobre las canciones. «Sabía exactamente qué quería hacer con la banda», le confesó al periodista Brad Tolinski.

Con la asistencia del ingeniero Glyn Jones, casi todo el álbum fue grabado en vivo utilizando el sonido ambiente del estudio y el eco para generar texturas («luces y sombras», como las llama Page) y, de esta forma, tratar de plasmar la potencia de la banda en vivo, con la estridente batería de Bonham al frente.
De hecho, fue posible hacer todo en tan poco tiempo porque Led Zeppelin tenía bien ensayado el material gracias a los recitales que habían dado poco tiempo antes. Algunas composiciones originales, como «Communication Breakdown», habían surgido en los primeros ensayos y fueron estrenadas durante esa gira.
Durante la década del ’60, los ingleses se acercaron al blues norteamericano y, de la mano de bandas como The Rolling Stones, The Faces, Blues Mayall And The Bluesbreakers, Cream y los mismos Yardbirds, lo dotaron de una identidad propia. Led Zeppelin, adelantándose al rock progresivo, fue más allá e incorporó elementos de la psicodelia y el folk tradicional británico con una crudeza que sentaría las bases del hard rock y el heavy metal.
Curiosamente, en el Reino Unido el novel grupo no despertaba entusiasmo. Pero en los Estados Unidos, donde las cenizas del éxito de The Yardbirds todavía ardían, Atlantic Records se interesó al instante por el nuevo proyecto de Jimmy Page y firmó un acuerdo por 200.000 dólares sin siquiera haber escuchado una canción.
En ese momento fue uno de los contratos más caros que se habían hecho con una banda de rock, pero fue una inversión muy rentable: el álbum homónimo de Led Zeppelin, también conocido como Led Zeppelin I, salió a la venta el 12 de enero de 1969 y fue un éxito comercial rotundo.
Sin embargo, la crítica especializada en ese momento lo destruyó. La revista Rolling Stone lo consideró un hermano menor de Truth de Jeff Beck, que había salido tan sólo unos meses antes. Aunque maliciosa, había algo de verdad en esa reseña.
Ambos trabajos tienen mucho en común: no sólo fueron los artífices de la fusión más visceral entre el rock y el blues sino que también incursionaron en el folk y reinterpretaron material que habían tocado con The Yardbirds (en el caso de Zeppelin, «Dazed And Confused»).
Por si fuera poco, en «How Many More Times», la canción que cierra álbum, Page incluyó el riff de «Beck’s Bolero» que, aunque es de su autoría, ya la había grabado con su ex compañero para Truth.
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La banda también fue muy cuestionada por haberse apropiado de composiciones de otros músicos. Esta práctica sería el modus operandi durante toda la carrera de Led Zeppelin y algunos casos llegaron a juicio.
La recreación y transformación de la música popular fue una tradición arraigada en el folk y el blues hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando la propiedad intelectual se convirtió en el activo más importante de la industria musical. De ahí que muchos hayan considerado a Page y compañía los mayores ladrones de la historia del rock.
De las nueve canciones de su debut, dos son covers de Willie Dixon («You Shook Me» y «I Can’t Quit You Baby») y otra es una relectura de una composición centenaria de Irlanda (la instrumental «Black Mountain Side»), de la cual Page se atribuyó la autoría a pesar de tratarse de un simple arreglo, que tampoco es propio sino de un músico escocés llamado Bert Jansch.
La mencionada «How Many More Times» no es más que una versión levemente modificada de «How Many More Years» de Howlin’ Wolf, que además del riff del «Beck’s Bolero» interpola un fragmento de «The Hunter», interpretada por Albert King y escrita por Booker T. & The M.G.’s. Ninguno de ellos es reconocido en los créditos de la canción.
«Babe I’m Gonna Leave You», una balada en la que Robert Plant despliega todo su potencial, fue descubierta por Jimmy Page en un álbum de Joan Baez, pero fue compuesta por una ignota cantante folk llamada Anne Bredon, que en los ’80 le exigió a la banda que reconociera su autoría.
Un caso más extremo es el de «Dazed And Confused», el momento cumbre del álbum y también de sus conciertos. En vivo podía durar hasta 45 minutos y era el momento en el que Page mostraba su virtuosismo con la guitarra.
La canción pertenece a un cantante folk norteamericano llamado Jake Holmes, que en 1967 teloneó a The Yardbirds en Nueva York. Page la escuchó y le gustó tanto que la quiso tocar con su grupo. De hecho, hay algunas grabaciones en vivo de The Yardbirds interpretando su propia versión de «Dazed And Confused».
Cuando se formó Zeppelin, propuso reformularla e incorporarla al disco debut. Sin embargo, Page se llevó todo el crédito compositivo e ignoró completamente a su verdadero creador. Recién en 2010 Holmes lo demandó y, tras un acuerdo extrajudicial, logró que en las reediciones del catálogo del grupo su nombre figure al lado del de Page
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Hay muchos discos clásicos en la historia del rock, pero son pocos los que marcaron un quiebre, un punto en el cual nada volvería a ser como antes. Sucedió con los primeros simples de Elvis Presley y de The Beatles, con Pet Sounds de The Beach Boys y The Freewheelin’ Bob Dylan. Led Zeppelin I entra en ese bastión.
Para el crítico musical Joe S. Harrington, Led Zeppelin encabezó la transformación definitiva del rock ‘n’ roll al rock en su forma más acabada. La fuerza que sus miembros desplegaron en su primer álbum dio paso a una nueva generación de bandas que finalmente encontraron la manera de sonar a la vez potentes, crudas y sofisticadas. Nadie había logrado eso hasta ese momento, ni siquiera The Who y Jimi Hendrix.
Luego de las excursiones psicodélicas que experimentó entre 1966 y 1967, para fines de los ’60 el pop se retrotrajo a sus raíces y muchos artistas volvieron a enarbolar la bandera del purismo. Sin embargo, como bien señala Luis Sagasti en su libro Por qué escuchamos a Led Zeppelin, con su álbum homónimo Jimmy Page, Robert Plant, John Paul Jones y John Bonham demostraron que todavía era posible llevar los géneros preexistentes a otro nivel, a una dimensión en la que, a fuerza de pura tracción a sangre, un hipnótico riff de guitarra podía disparar a la banda hacia cualquier dirección.
Ya pasaron más de 50 años desde que Led Zeppelin I conquistó el mundo, muy a pesar de sus detractores, y hoy suena tan demoledor como en ese entonces. Las canciones siguen siendo las mismas, y eso es, justamente, un motivo de celebración.
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