El «apagon» …

Hace ya varias semanas que el tema del que todo el mundo habla es el gran apagón, la crisis de suministros y de las eléctricas. Todo esto está estrechamente relacionado y está generando confusión, dudas, miedos e incertidumbre.
¿Qué ocurriría en Europa si llegara a producirse un gran apagón? ¿Qué necesito tener en mi casa si sucede? ¿Cuándo podría producirse? Son preguntas que rondan en las mentes de miles de ciudadanos de todo el mundo, sobre todo desde que el Ministerio de Defensa de Austria lanzó una campaña para que sus ciudadanos se prepararan ante la situación.
Para la ministra austriaca, Klaudia Tanner, explicó que la duda no era «si habrá o no un apagón, la cuestión es cuándo», algo que ha desatado la psicosis en Europa. Tanner afirmó que no se sabe con exactitud cuando ocurrirá pero que la probabilidad es de 100% en los próximos cinco años, y por ello, para el 2025, el Ejecutivo austriaco espera estar preparado para abastecer a sus ciudadanos sin electricidad y conseguir que algunas instalaciones militares y policiales puedan seguir operativas cuando ocurra.
¿Qué es un gran apagón?
El gran apagón se refiere a la posibilidad de un corte de luz masivo, en toda Europa o incluso en el mundo, de larga duración, que podría ocurrir por varias razones. Algunos mencionan fenómenos naturales como una gran tormenta solar, otros hablan de sobrecargas en la red eléctrica e incluso de ataques informáticos.
En el caso de Austria, se ha lanzado una campaña informativa que incluye carteles y vídeos publicitarios y una web con consejos sobre este fenómeno: «Gran apagón: qué hacer, si nada funciona». Según explica esta página web informativa, una forma de reconocer el corte de suministros es si, además de no tener luz en casa ni en las viviendas vecinas, tampoco funciona el transporte público, internet o la red telefónica.
No es el único país que se ha puesto en marcha y ha tomado acción ante esta posibilidad y es que Suiza también se ha unido y ha lanzado un aviso a sus ciudadanos sobre la posibilidad de sufrir cortes de suministros, aunque en este caso los temores se relacionan con su dependencia del mercado eléctrico europeo, por lo que enfatizan sobre el peligro que pueden suponer las tensiones energéticas. Asimismo, el diario suizo Neue Zürcher Zeitung se hizo eco hace unos días de un documento del Gobierno en el que se alertaba de los posibles apagones. Según este, «un mundo sin electricidad podría tener consecuencias mucho peores que la pandemia» y avisaba de que se consideraba «la peor amenaza para Suiza» en la actualidad.
¿Y qué dice el gobierno de España?
En el caso de España, la vicepresidenta tercera y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, ha descartado rotundamente que haya posibilidades de un gran apagón en España. Así lo aseguró el pasado viernes, en declaraciones a Onda Cero, afirmando que el suministro de electricidad “está garantizado”. La estructura de generación eléctrica en España –añadió- es «muy potente» y prácticamente duplica la demanda en momentos pico. El sistema energético español, detalló la ministra, «es casi una isla, el riesgo de un gran corte de suministros por una caída del sistema en terceros países es muy limitado y hay capacidad poner un cordón sanitario en caso de que eso ocurriera. Es un tema que podemos descartar de nuestro horizonte de preocupaciones con total rotundidad», remarcó.
Por otro lado, Red Eléctrica de España (REE) también ha insistido en que no existe «ningún indicio objetivo» que haga pensar que pueda producirse un apagón eléctrico en Europa, incluida España.

Imagen del gasoducto Magreb-Europa.
“La cuestión no es si habrá un gran apagón, sino cuándo”. Estas palabras, la semana pasada, de la ministra austriaca de Defensa han retumbado con especial fuerza en los últimos días en España, después de que Argelia cerrase uno de los gasoductos que traen gas natural a la península Ibérica desde el país norteafricano. Los especialistas, sin embargo, abogan por la máxima cautela: la situación austriaca, un país sin mar y que depende para su aprovisionamiento, no es extrapolable a España, que cuenta con seis puertos con capacidad de recibir y gasificar el gas natural licuado (GNL) traído por mar, más que muchos vecinos europeos. Aquí, remarcan, el riesgo es “mínimo”.
El gas natural genera algo más de la quinta parte de la electricidad que se consume en España, y el reciente corte de uno de los tubos que le conectaba con su principal proveedor es motivo de preocupación. Más aún a las puertas del invierno, cuando el consumo se dispara. Pero la realidad dista mucho de ser el apocalipsis que algunos creen ver. Argelia se ha comprometido a enviar gas por otras vías —aumentando la capacidad del otro tubo, el Medgaz, o poniéndolo a disposición de buques metaneros que contraten las empresas suministradoras— y España cuenta con alternativas fiables de abastecimiento en terceros países. Puede que sea más caro, pero no faltará gas.
El domingo pasado, el gestor del sistema gasista ibérico, Enagás, recordó que los depósitos españoles de gas natural están al 82% de su capacidad. Unas reservas estratégicas suficientes, según sus cálculos, para cubrir la demanda equivalente a 40 días. En otras palabras: incluso si España dejase hoy de recibir gas por el segundo tubo, el Magreb-Europa, o por barco —una situación que se antoja casi imposible—, podría aguantar hasta mediados de diciembre. España, afirma la empresa participada en un 5% por la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), se encuentra “en una situación mejor que otros de países del entorno”, con unos volúmenes almacenados “superiores” a los de ejercicios anteriores.
“Lo del apagón es un bulo de los finmundistas”, sentencia Francisco Valverde, de la consultora Menta Energía. “Nuestro sistema eléctrico tiene más margen de reserva que prácticamente ningún otro país europeo”, remarca Pedro Mielgo, expresidente de Red Eléctrica de España, que se muestra “nada preocupado” por la probabilidad de un apagón en la Península.
“El riesgo es extremadamente bajo: la posibilidad siempre existe, pero tendría que ser una concatenación de acontecimientos brutal. No hay que exagerar ni hacer tremendismos: tenemos mucha capacidad de abastecernos, tanto en Argelia como fuera”, apunta Gonzalo Escribano, del Real Instituto Elcano. “Los austriacos están preocupados porque dependen de Rusia y no tienen posibilidad de llevar GNL. Pero nosotros no: incluso si las cosas se pusieran mal, España tiene todas las papeletas para ser uno de los países menos afectados de la UE”.

la ministra de Defensa austríaca, Klaudia Tanner, aseguró que existe una alta posibilidad (del «100% en los próximos cinco años») de que se produzca un apagón eléctrico que afecte masivamente no solo a Austria, sino al conjunto de la Unión Europea.
Sin razones para el alarmismo
“No veo por ningún lado el riesgo de crisis de suministro de gas en España”, continúa José María Yusta, especialista en mercados energéticos e infraestructuras críticas de la Universidad de Zaragoza. “Es cierto que el hecho de disponer de un solo tubo en vez de dos reduce la flexibilidad para contar con más en momentos de máxima demanda, pero no hay razones para caer en el alarmismo: se han tomado todas las precauciones para que no pase nada y es difícil que haya un problema grave”.
El GNL emerge como la alternativa más lógica para compensar el gas que llegaba a través del gasoducto Magreb-Europa. Con seis puertos equipados con plantas de regasificación —necesarias para que el gas pase de estado líquido a gaseoso—, España uno de los países de Europa con más infraestructuras de este tipo dado el aislamiento geográfico previo a la construcción de los dos tubos con Argelia. Pero Miguel Lasheras, economista y experto en temas energéticos, recuerda que el segundo tubo que conecta Argelia con España —el Medgaz, el más moderno de los dos, puesto en marcha en 2011— también tiene capacidad para paliar parcialmente el gas que no se puede traer por el Magreb-Europa. “Ese gasoducto se hizo no solo para complementar el otro, sino para sustituirlo [en caso de ser necesario]”.
En los últimos 14 años, recuerda Lasheras, también se ha incrementado la capacidad de importación de Francia y se han ampliado las plantas de GNL situadas en los puertos de Barcelona, Sagunto, Cartagena, Huelva y Bilbao. “La conclusión es que no parece que haya problema alguno de abastecimiento o de restricciones en el uso de infraestructuras por la decisión Argelina de dejar de transitar gas por el gasoducto de Marruecos”, remarca. “Tenemos regasificadoras de sobra para GNL. Esta situación seguramente suponga una subida del precio del gas, pero no debería haber problemas de seguridad física”, zanja Pedro Linares, de la Universidad Pontificia Comillas.
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