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Cuatro Historias o sucesos de la 2da Guerra Mundial …


Stella Goldschlag, la judía de la Gestapo.

La judía que entregó a cientos de los suyos a la Gestapo: la traición de Stella, «el veneno rubio»

El Español(D.Barreira)/marcianosmx.com/DW  —  Stella Goldschlag era una mujer talentosa, con una gran ambición y muy bella. Lo tenía todo para ser una estrella del jazz en el Berlín de entreguerras, salvo por una cuestión vital: era judía. La sangre, sin embargo, no comulgaba con su apariencia: el pelo rubio de la joven, sus ojos azules y su tez blanquecina la convertían en prototipo de fémina aria, un disfraz natural que no le serviría para esquivar las persecuciones de los nazis y su maquinaria de exterminio.

Su familia —Stella era hija de un compositor y una cantante de conciertos— había intentado huir de la capital alemana después de la Noche de los Cristales Rotos, un viaje fallido a la salvación al no lograr permiso para salir del país. En 1943, cuando tenía 21 años y la II Guerra Mundial ya se decantaba del lado del bando aliado, la joven fue finalmente arrestada por la policía secreta nazi. La sometieron a infernales torturas para que desvelase el paradero de otros judíos que seguían viviendo de forma clandestina en la ciudad. Ella aceptó con una única condición: que su familia fuese protegida.

Desde ese momento, se convirtió en la espía más terrorífica de la Gestapo. Bajo el paraguas de ser una judía, una resistente más, Goldschlag comenzó a tender trampas a los suyos: se camelaba a algunos hombres, los asaltaba en las esquinas y en las paradas de metro y les prometía comida para luego encañonarlos con una pistola y entregarlos a una muerte segura. Por cada «rata judía», como así les gritaba en algunas ocasiones, que traicionaba le pagaban 300 marcos. Atemorizados, sus hasta entonces colegas la bautizaron como «el veneno rubio».

Se calcula que al menos entregó a 300 judíos, aunque otras fuentes elevan el cómputo hasta el par de miles. Cada vez que cazaba a una mujer, rebuscaba en su bolso y entre sus pertenencias en busca de direcciones y otras pistas que le condujesen al escondite de nuevas presas. Incluso en una ocasión llegó a delatar ante la Gestapo a una antigua compañera del colegio. Y así lo siguió haciendo hasta el último minuto de la contienda, cuando sus padres ya habían sido deportados a Auschwitz en un tren de ganado.

La historia de Stella Goldschlag la ha recuperado el periodista y escritor alemán Takis Würger en una novela, titulada Stella, que se ha convertido en un bestseller en Alemania y que aterriza esta semana en las librerías españolas editada por Salamandra. Allí, en su país de origen, el libro levantó una enorme polvareda al ser tildado por la crítica como un relato «kitsch del Holocausto», frívolo, moralmente reprobable al empujar al protagonismo a un personaje con tantas víctimas a sus espaldas.

Superficial también porque el autor ha decidido incluir en la novela un romance de Stella, que se esconde bajo el seudónimo de la modelo Kristin, con un joven suizo que se muda a Berlín en 1942 para seguir con su carrera artística. La trama transcurre a lo largo de un año y en un Berlín donde, a pesar de la guerra, la vida nocturna en los cabarés y clubs de jazz sigue siendo efervescente.

La condena

En una pirueta a la postre inútil, Stella Goldschlag se arrimó a las víctimas del nazismo al término de la IIGM. Yo soy una más, dijo, pero los que había logrado zafarse de sus tretas la reconocieron rápidamente. Uno de estos fue Ernst Gunter Fontheim, que contaría más tarde: «Para aquellos que vivíamos en Berlín ocultos y conocíamos a Stella de antes, era una fuente de terror constante. Todas nuestras actividades estaban guiadas por la necesidad de evitarla. Habiendo vivido escondidos, sabían exactamente dónde buscarnos. De hecho, fueron mucho más efectivos de lo que cualquier funcionario de la Gestapo podría haber sido».

Portada de ‘Stella’.

Un tribunal soviético la condenó en 1946 a diez años de reclusión y trabajos forzados. Tras ser liberada y asentarse en el Berlín occidental, otro tribunal la condenó a una década más entre rejas por cooperar e incitar a un número indeterminado de asesinatos. Como ya había cumplido una pena similar en la RDA, se le conmutó. Convertida al cristianismo, Stella se erigió en una antisemita notoria a pesar de su pasado judío. Se casaría tres veces más hasta que se suicidó en 1994 tirándose desde el balcón de su casa en Friburgo.

En Alemania, la novela de Takis Würger también provocó la reedición de la biografía de la colaboradora de la Gestapo que el periodista Peter Wyden, un judío alemán emigrado en 1937 y que regresó en 1945 formando parte de las tropas estadounidenses, publicó en 1993. Él pudo entrevistar a Stella, a quien definió como «la Marilyn Monroe de nuestra escuela: alta, esbelta, de piernas largas, fresca, con ojos azul claro, dientes como los de los anuncios de pasta dentífrica, y piel pálida y sedosa». El disfraz de una forzada colaboradora del nazismo que no cesó en sus actividades ni a pesar de conocer el destino de sus padres.

Wunderwaffen, las armas secretas de Hitler

La Alemania nazi ha sido el centro de atención y especulación de todo mundo desde hace más de siete décadas. Desde aquel conflicto bélico llamado Segunda Guerra Mundial, las personas no han dejado de cuestionarse cómo un régimen de horror pudo impulsarse a través de una nación avanzada, moderna y comprometida con el progreso. En lo que refiere al desmedido horror de los nazis, existe un tema extrañamente fascinante sobre la mitología oculta, sus significados, secretos y misterios. La combinación del misticismo y el poderío militar alemán en la época dio pie a toda una subcultura de estudios sobre el tema.

Uno de los aspectos más llamativos sobre el nazismo hace referencia a algo que fue llamado Wunderwaffen, armamento sofisticado de tecnología avanzada incluso para los estándares modernos. Las Wunderwaffen van desde simples miras láser hasta motores de propulsión a chorro supersónicos, cosas que en la década de 1940 no existían más que la ficción, pero que ya eran contempladas por los científicos alemanes cómo posibilidades y en algunos casos llegaron a fabricarse prototipos. Otras armas jamás abandonaron el papel, pero no por eso dejan de ser espectaculares.

¿Qué parte de esta historia es verdad y cuánto fue pura invención?

Como cualquier complejo militar industrial, los nazis tenían programas de desarrollo e investigación, así como ingenieros y empleados a su completo servicio. Al interior de estas industrias armamentistas existieron incontables programas y planos para el desarrollo de armas avanzadas. A medida que la mano de obra y los recursos financieros fueron limitándose en el transcurso de la guerra, una menor cantidad de proyectos fueron sacados a flote, y algunos de estos que siguieron hasta el final del conflicto eran simplemente increíbles.

En la actualidad conocemos prácticamente la totalidad de programas militares en desarrollo durante el gobierno de los nazis. Hacia el final de la guerra, los Aliados lograron apoderarse de diversas instalaciones relativamente intactas y de estos lugares se obtuvieron tecnología, planos y documentos. Incluso prototipos de maquinaria. Mucho de este material debió haber sido destruido por los propios nazis, pero cuando vieron la guerra perdida, la prioridad fue ocultar los crímenes cometidos en los Campos de Exterminio.

ZG-1229 Vampir

Los planos confiscados por los Aliados mostraban que los nazis estaban comprometidos con la construcción de aviones caza, como los modernos Messerschmitt Me 262 y el Heinkel He 162, dos aeronaves muy superiores a cualquier aparato de la época. Hacia el final de la guerra, algunas tropas ya iban equipadas con el Zielgerät ZG-1229 Vampir, miras infrarrojas que les proporcionaban visión nocturna, mucho antes que los estadounidenses concibieran la idea. El auge del período militar nazi se dio durante el programa de desarrollo del misil de crucero V-1 y del proyectil balístico suborbital de larga distancia, el V-2. Se probaron 3000 prototipos y más de la mitad logró alcanzar el espacio, 15 años antes que lo hiciera el Sputnik 1.

Diagrama del V-1.

Vehículos aéreos para la guerra.

Pero existieron otros planos mucho más fantásticos. Entre los vehículos aéreos teníamos al Horten Ho-229, un avión de propulsión a chorro el Mach 2.2, Lippisch P13a un caza con alas en formato delta, un avión espía de altitud similar al U-2 estadounidense llamado DFS-228, y hasta un avión con alas en rotación, el Messerschmitt P.1101, que se convirtió en el precursor del Bell X-5. También existían planos para el desarrollo de aviones capaces de realizar despejes y aterrizajes verticales.

Messerschmitt P.1101

Los nazis también intentaron desarrollar en forma agresiva el proyecto para su Amerika Bomber, un avión bombardero con una capacidad de vuelo suficiente para desplegar ataques sobre los Estados Unidos. Los nazis creían que desplegando bombarderos sobre las ciudades estadounidenses podrían cambiar el curso de la guerra. Dichos aviones incluían variantes del Arado E 555 e incluso de un vehículo suborbital llamado Silbervogel que llegó a ser probado. Con estos aviones, en teoría, los nazis serían capaces de lanzar bombas sobre Nueva York y Boston, devastando a las dos principales ciudades de Estados Unidos.

Horten Ho-229

Arado E 555

Vehículos terrestres y anfibios.

En tierra los alemanes tenían planos para la construcción de enormes tanques blindados. La tecnología de tanques nazis durante la guerra superaba por mucho a la de los aliados. El Tiger II tenía una capacidad de movilidad, velocidad y blindaje impresionante, casi comparable con las de los tanques actuales. Pero los planes implicaban construir armas aún más grandes y letales. El Landkreuzer P.1000 Ratte y el P.1500 Monster, requerían a una tripulación de 40 y 100 hombres respectivamente. Eran máquinas colosales, equipadas con cañones de largo alcance que recordaban más a trenes que a tanques. Podían disparar las más grandes piezas de artillería diseñadas hasta la fecha, proyectiles de 800 milímetros con un poder de destrucción abominable. Si hubieran sido producidos, esos tanques podrían reducir ciudades enteras a ruinas.

Landkreuzer P.1000 Ratte y P.1500 Monster eran colosales.

En el agua, los nazis planeaban construir un nuevo modelo de submarino capaz de disparar sus misiles V-2 desde alta mar hasta las ciudades estadounidenses. El plan era construir estos dispositivos como plataformas móviles de lanzamiento, capaces de transportar hasta 100 misiles de largo alcance. Tres llegaron a desarrollarse, incluso una quedó lista antes del final de la guerra, pero el atraso en las pruebas de los misiles V-2 respecto al desarrollo del submarino imposibilitaron su despliegue. Posteriormente, el proyecto de la plataforma fue empleado por estadounidenses y soviéticos en los años 50.

Armamento nuclear.

Los nazis también estaban cerca de desarrollar armas atómicas para equipar sus misiles V-2. Documentos secretos obtenidos del alto comando alemán, muestran que un proyecto para la construcción de complejos de enriquecimiento de uranio estaba en proceso. Con dicho material en las manos, no pasaría mucho tiempo antes que lograran fabricar armas de destrucción masiva.

Mientras el Proyecto Manhattan estaba sucediendo en los Estados Unidos, había un hermano gemelo en Alemania: el Uranverein, o Club del Uranio.

El Uranverein tuvo un arranque tan prometedor como el Proyecto Manhattan, y quizá mucho más eficiente; sin embargo, los nazis no tenían recursos para profundizar en las investigaciones y el curso de la guerra frenó cualquier progreso.

La operación con reactores alemanes para crear plutonio requería de agua pesada, proveniente casi exclusivamente de la Estación Hidroeléctrica de Vemork en Noruega, un sitio que producía nitrógeno con fines agrícolas.

El Club del Plutonio fue desmantelado por aquella que quizá fue una de las operaciones de sabotaje más importantes en la historia: la Operación Gunnerside, en la que un pequeño comando noruego fue lanzado tras las líneas enemigas y esquiaron hasta Vemork.

A continuación, escalaron los acantilados dónde se encontraba la planta, ingresaron al complejo a través del ducto de ventilación y plantaron explosivos.

La explosión destruyó todo el suministro alemán de agua pesada y la mayor parte del equipo necesario para su producción.

Tres mil soldados fueron enviados tras los saboteadores, pero el comando noruego se las arregló para escapar.

El comando noruego responsable por el sabotaje.

Meses después el complejo volvió a operar, pero los bombarderos aliados lograron damnificar las instalaciones una vez más. Los alemanes hicieron un último intento de enviar un cargamento de agua pesada a través de buques cargueros en el Mar del Norte. Otro heroico equipo de comandos noruegos, entre los que participaba el legendario guerrillero Knut Haukelid, logró plantar explosivos a bordo. Con la embarcación fuera de juego, los submarinos terminaron el servicio y enviaron la carga a las profundidades del océano. Aquello afectó tanto al programa nazi de armas atómicas que terminaron cancelándolo.

Varios especialistas en tecnología creen que los científicos del Club del Uranio llegaron a realizar pruebas simulando explosiones atómicas. Sin embargo, las armas tenían el «interior hueco», lo que quiere decir que aunque contaban con la tecnología para explotar material radiactivo, no fueron abastecidas con plutonio. Los historiadores defienden que era cuestión de tiempo hasta que los nazis desarrollaran por completo su programa nuclear y estuvieran listos para crear bombas atómicas. Si el Club del Uranio hubiera continuado con sus investigaciones la guerra podría haber finalizado de una forma muy diferente. En el 2006, un grupo de científicos encontró trazos de radiación en estaciones de investigación usadas en los tiempos de guerra, rastros de energía que comprueban la manipulación de compuestos radiactivos. Esto nos muestra que los alemanes poseían la tecnología, aunque el suministro de plutonio fuera escaso.

Platillos voladores y Die Glocke.

Todo esto nos lleva al increíble proyecto de la Wunderwaffen nazi, un dispositivo ultrasecreto apodado Die Glocke, cuyo significado es «La campana». La campana sería un vehículo aéreo con forma de disco, generalmente descrito como un disco volador. Cuando se habla de la Wunderwaffen nazi, muchos investigadores inmediatamente piensan en estos misteriosos discos, sus nombres y denominaciones. En ninguna base o complejo industrial tomado por las fuerzas aliadas se encontró algo remotamente parecido a La campana, al menos no que se sepa.

Sin embargo, hay muchos planos y documentos que sugieren la construcción de estas máquinas aéreas de diseño absurdo.

El origen de los discos voladores nazis es discutido a detalle en un libro escrito a mediados de 1990 por el historiador militar polaco Igor Witkowski titulado «La verdad sobre la Wunderwaffen». En la obra, Witkowski nos relata una historia sensacional: este sujeto habría obtenido acceso a documentos secretos dirigidos a un oficial nazi llamado Jakob Sporrenberg en los últimos días de la guerra. A través de diversas transcripciones, el autor relata la forma en que tuvo conocimiento sobre el Proyecto Campana que implicaba el desarrollo de un vehículo aéreo con motores gravitacionales de flotación.

Pese a esto, se desconoce si el libro de Witkowski tiene algo de verdadero o es pura ficción especulativa. No ofrece evidencias sobre la existencia y nadie parece apoyar sus ideas y conclusiones. El personaje principal del libro, el oficial de la SS Sporrenberg tampoco pudo confirmar los alegatos. Este hombre fue ejecutado por crímenes de guerra en 1952. Se sabe que Sporrenberg fue un oficial severo que enfrentó a los partisanos en Polonia y tuvo poca conexión con la ciencia aérea y grupos de desarrollo de armas en el ejército.

Pero aunque existan pocas pruebas para sustentar la existencia del disco volador alemán, el misticismo que rodea al régimen ayuda a propagar este tipo de creencias. Después de todo, el misticismo y el mundo oculto formaron parte inherente de la legión nazi.

El origen de las teorías.

El régimen siempre resultó un condensador de teorías extrañas y controversiales. El origen de estas teorías parece tener lugar en el trabajo de dos autores franceses en la década de 1960 con un trabajo titulado «El amanecer de Los Hechiceros» (The Moaning of the Magicians), donde se especulaba sobre las múltiples tradiciones místicas y sociedades secretas activas en Alemania. Entre estás oscuras sociedades influyentes en los años que antecedieron a la guerra, una llamaba la atención poderosamente, se hacía llamar la Sociedad Vril.

La Sociedad Vril.

La misteriosa Sociedad Vril estaba integrada por ocultistas, autodenominados hechiceros, supuestos satanistas y personas muy importantes en el medio político que darían origen al Partido Nazi. Según el libro, la Sociedad Vril se ofreció para perfeccionar el ejército alemán y convertirlo en una máquina de guerra eficiente, virtualmente imbatible, cuyo poder estaría sustentado en el conocimiento místico y tecnologías hasta entonces desconocidas.

La base de todo esto sería el Vril. La Sociedad creía en la existencia de esta misteriosa sustancia que ofrecía una fuente de energía inagotable. Empleando el Vril, cuyo origen para la orden es místico, las máquinas de guerra del ejército nazi funcionarían sin parar y sin la necesidad de mantenimiento. La sustancia mágica ayudaría a crear soldados invencibles sirviendo como una fórmula para la salud y la longevidad.

Es un poco extraño creer que los nazis realmente creyeron estos conceptos que parecen retirados de historias de ciencia ficción, pero según parece muchas personas importantes en la cúpula del partido nazi creían en la existencia del Vril y en sus increíbles propiedades. Esto es tan cierto que invirtieron millones de marcos antes de la guerra en expediciones infructíferas buscando a la civilización ancestral que ocultaba el secreto del Vril.

¿Pero, cuál es la relación entre el proyecto Die Glocke y el Vril?

Los teóricos creen que el disco volador nazi sería una máquina abastecida por el místico combustible y que era base para el funcionamiento de sus motores antigravitacionales. La gran ventaja del Vril sobre los demás combustibles era el hecho de que el fluido garantizaba una autonomía de vuelo indefinida. Una vez adaptados, los motores permitirían vuelos largos y estables, las distancias simplemente dejarían de importar.

                                          Viktor Schauberger

Pero existieron otros proyectos de discos voladores en desarrollo por el ejército alemán.

El más popular quizás sea un dispositivo aéreo conceptualizado por Viktor Schauberger, un científico austriaco que encabezó un proyecto que tenía como objetivo construir un vehículo aéreo con un formato innovador. Los planos de estos proyectos secretos dejan bien en claro que Schauberger buscaba una especie de disco volador. El científico concibió un sistema de propulsión llamado «Vortex líquido» que para algunos, al menos en la teoría, podría funcionar.

Schauberger trabajó en un complejo militar relacionado a la Luftwaffe en Leolstein entre 1938 y 1945. En el lugar tenía autoridad para construir prototipos y realizar pruebas. Su mayor éxito habría sido un prototipo de metro y medio con 135 kilogramos de peso, equipado con un motor eléctrico que generaba un campo antigravitacional que permitía que el aparato flotara.

Según Schauberger: «si el agua o el aire rotan en una fuerza giratoria de oscilación llamada coloidal, puede generarse energía suficiente que permita la capacidad de levitación».

En otra prueba que tuvo lugar en 1942, otro prototipo habría levitado a 2 metros de altura para desplazarse mediante la ayuda de motores horizontales. Esta máquina habría cargado a dos pasajeros, pero no funcionó durante mucho tiempo. Algunos creen que el programa tenía la intención de construir una tabla voladora primitiva y no un vehículo de altitud.

Al final de la guerra, el complejo de investigaciones de Schauberger fue destruido por las bombas soviéticas. El científico y su equipo recibieron órdenes de destruir los prototipos e incinerar las plantas y documentos para que nada cayera en manos de los enemigos. Schauberger afirmó hasta el final de su vida que cumplió esa orden sólo en parte. Para librarse de una condena, aceptó destruir los prototipos, pero mantuvo los planos de su investigación en un intento de negociar con los estadounidenses la tecnología en la cual venía trabajando. No se sabe si dicha historia es verdadera, pero Schauberger migró a Estados Unidos en 1945 y se estableció en Houston donde alegaba haber trabajado en una división secreta relacionada con la fuerza aérea estadounidense.

Schauberger no vivió mucho para contarlo a causa de una enfermedad degenerativa. En su lecho de muerte habría declarado «me quitaron todo. Ya no tengo nada. No tengo nada, ni siquiera a mí mismo». El científico murió en 1947.

Durante la década de 1950 los estadounidenses intentaron desarrollar dispositivos aéreos con aerodinámica arriesgada como el Avro-Car y el Neg-G que asemejaba mucho a discos voladores típicos del proyecto Glocke. Desafortunadamente, estos emprendimientos terminaron siendo abandonados a comienzos de los años 1960 cuando los aviones de propulsión a chorro se convirtieron en las armas más eficientes del arsenal aéreo alrededor del mundo.

Las súper armas de Hitler quizá jamás llegaron a salir del papel, pero siguen fascinándonos y aterrorizándonos como todo aquello que tiene que ver con el régimen nazi.

El trágico destino de la familia olvidada por Benito Mussolini

Corría el año de 1912 y un joven activista político llamado Benito Mussolini se integraba a las filas editoriales del Avanti!, el periódico del Partido Socialista Italiano. Se mantuvo publicando hasta comienzos de la Gran Guerra en 1914, cuando se separó del partido debido a la discusión sobre si Italia, entonces neutral, debía ingresar al conflicto.

Mussolini estaba a favor de la intervención, pero el Partido quería al país fuera de la guerra. Mussolini renunció al Avanti! y puso en marcha los planes para crear su propio periódico, Il Popolo d’Italia.

Sin embargo, el proyecto requería dinero y Mussolini no lo tenía. Para su fortuna, se involucró con una mujer que podía financiarle el capricho – Ida Irene Dalser, dueña de un salón de belleza en Milán. La pareja pronto llegó al altar; Dalser vendió el salón y empeñó sus joyas para obtener el dinero que Mussolini necesitaba para lanzar su periódico. En 1915, la mujer dio a luz a su primogénito, Benito Albino Mussolini.

Esta fotografía es de 1903, año en que la policía suiza atrapó a Benito Mussolini por no presentar documentación que acreditara su estancia legal en el país. 

Benito Jr. tenía sólo un mes de edad cuando Mussolini abandonó a la familia. Se casó con otra mujer llamada Rachele Guidi, aparentemente sin divorciarse de Ida.

El ascenso del dictador.

Cuando Italia se involucró en la guerra en 1915, Benito Mussolini se unió al ejército, y tras el conflicto regresó a la política, fundando el Partido Nacional Fascista en 1921. Fue electo para el parlamento italiano ese mismo año, y en 1922 lideró a 25,000 paramilitares fascistas (la mayoría criminales conocidos como Camisas Negras) en una marcha por Roma para obligar al rey a que lo nombrara Primer Ministro. En los años que siguieron, utilizó su posición para desmantelar las instituciones democráticas de Italia y convertir al país en un estado policial donde él era Il Duce (El líder).

A medida que extendía sus raíces de poder, Mussolini creaba una personalidad de culto que rivalizaba con la de Joseph Stalin en Rusia y Adolf Hitler, que llegó al poder en Alemania en 1933. Il Duce, la segunda esposa, Rachele, y sus hijos fueron presentados ante la nación como la familia fascista ideal, una tarea que resultó algo complicada por el hecho de que Ida Dalser estaba en disposición de proclamar a los cuatro vientos, a cualquiera que quisiera escucharla, que ella era la esposa de Mussolini y madre de su hijo mayor, un joven sobre el que nadie había escuchado hablar.

Un padre irresponsable y cruel.

Las noticias sobre la bigamia de Mussolini y su irresponsabilidad como padre hubieran sido suficientes para derrocarlo en las primeras etapas de su mandato, cuando sus enemigos todavía tenían poder suficiente para removerlo del poder si actuaban en conjunto. Pero Ida Dalser tenía una acusación mucho más seria que hacer: la mujer aseguraba que la única razón por la Mussolini alcahueteó la entrada de Italia a la Primera Guerra Mundial fue porque el gobierno francés lo había sobornado. De ser cierta, aquella acusación significaba que el hombre era culpable de traición.

                         Ida Dalser

Como era de esperarse, Mussolini puso a Dalser y Benito Jr. bajo vigilancia y envió agentes del Partido Fascista para que destruyeran los registros sobre el matrimonio, certificado de nacimiento y todo aquello que pudiera relacionarlo con Dalser y su hijo.

Pero olvidó algunos documentos oscuros, entre estos dos declaraciones juradas de 1915 firmadas por Mussolini donde reconocía a Dalser como su esposa y a Benito Jr. como su hijo, así como la promesa de ofrecerles manutención a ambos. Otro documento de 1916 le solicita a Mussolini que honre su promesa de manutención, cosa que jamás hizo.

El destino de Ida Dalser y Benito Mussolini hijo.

Incluso ya en 1926, Ida Dalser continuó ejerciendo presión sobre su caso a través de varios oficiales del gobierno fascista. Ese año fue arrestada y encerrada en el primero de varios manicomios hasta 1937, cuando murió aparentemente de un derrame cerebral.

A Benito Jr. le fue marginalmente un poco mejor. Apenas tenía 11 años cuando su madre fue apresada. Le mintieron diciéndole que había muerto y lo enviaron a vivir en un asilo para discapacitados. Cuando cumplió 15 años, un oficial del Partido Fascista lo adoptó y le dio un nuevo apellido. Cuando el muchacho cumplió la edad requerida, asistió a la universidad, y cuando la Segunda Guerra Mundial estalló, se unió a la Armada de Italia.

Pese a que le advirtieron durante años que dejara de decir que era hijo de Mussolini, como lo había hecho su madre antes que él, jamás obedeció.

                           Benito Albino Mussolini

De la misma forma que su madre, el joven fue arrestado y encerrado en un hospital mental, donde murió en Julio de 1942 a los 27 años. Las versiones sobre la causa de muerte son variadas: algunos dicen que fue asesinado con “inyecciones que le indujeron un coma”, otros que murió en un tratamiento de choques eléctricos. De cualquier forma, a la familia se le dijo que había muerto en guerra. En un intento final por borrarlo definitivamente de la historia, se le dio un funeral paupérrimo y fue sepultado en una tumba sin nombre.

La caída de Mussolini.

Il Duce se encontraría con su hijo en el otro mundo demasiado pronto. Dos semanas después que los Aliados invadieron Sicilia en julio de 1943, Mussolini fue depuesto y arrestado, momento en que el gobierno italiano inició las negociaciones sobre los términos de rendición con los Aliados.

Dos meses después, un comando nazi rescató a Mussolini de su confinamiento y lo puso como líder de un estado títere en la región norte de Italia ocupada por Alemania. Allí se mantuvo hasta abril de 1945, cuando los Aliados expulsaron a los últimos alemanes de Italia y el estado títere colapsó.

Tumba de Benito Mussolini.

Mussolini y su amante, una mujer llamada Clara Petacci, fueron capturados por guerrilleros italianos mientras intentaban huir a Suiza. Al día siguiente un pelotón de fusilamiento los ejecutó. Dos días después, Hitler se suicidaba en el búnker de Berlín. A la semana, la guerra en Europa había terminado.

Otros datos de interés.

Antes que Ida Dalser fuera arrestada en 1926, entregó a su hermana unas cartas de amor y otros documentos de su relación con Mussolini, la hermana las ocultó al interior de un pájaro disecado. Los documentos fueron pasando de un familiar a otro durante 75 años, hasta que un periodista llamado Marco Zeni fue contactado en 2001 por una sobrina de 88 años de Dalser para entregarle los documentos, algunos todavía ocultos dentro del pájaro.

Las pistas contenidas en estos papeles ayudaron a Zeni a desenterrar los únicos documentos restantes que no habían sido destruidos por los agentes de Mussolini. Desde entonces, Ida Dalser y Benito Jr. fueron material para numerosos artículos, libros, documentales de televisión y una película.

Rachele, la segunda esposa de Mussolini, logró sobrevivir a la guerra. En la década de 1960 abrió un restaurante de pasta en su ciudad natal de Predappio que fue popular tanto entre turistas como en neofascistas. Lo administró hasta poco antes de su muerte en 1979.

Las modistas de Auschwitz

Marta Fuchs, la costurera jefa de la «Obere Nähstube».

Me comunico con Lucy Adlington en Londres. En la conversación telefónica, describe cómo estaba hojeando documentos de archivo de los años 30 y 40 para saber cómo eran las mujeres durante la guerra. «Me encontré con una referencia a un salón de costura en Auschwitz, pero había muy poca información», dice.

Adlington se puso a buscar pistas, para saber más sobre las modistas. En el proceso, descubrió inspiradoras historias de resistencia y supervivencia. Los hallazgos de la autora e historiadora se publican ahora en un nuevo libro titulado «La modistas de Auschwitz».

El «estudio superior de sastrería»

A finales de la década de 1930 y principios de la de 1940, Hedwig Höss, la esposa del comandante nazi del campo de concentración y exterminio de Auschwitz, dirigía allí un salón de moda que empleaba a prisioneras. Conocido como «Obere Nähstube», o «estudio superior de sastrería», el salón diseñaba y confeccionaba trajes de alta gama para la élite nazi.

Hunya Volkmann, una costurera de Auschwitz que sobrevivió y se instaló posteriormente en Berlín.

La historiadora Lucy Adlington lo califica de «horrible anomalía», que contrasta con las atrocidades cometidas por los nazis contra los 1,3 millones de prisioneros del campo de exterminio.

Los nazis siempre entendieron el poder de la ropa, desde los uniformes hasta la alta costura, señala Adlington. Magda Goebbels, la esposa del ministro de propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, no se privaba de vestir creaciones judías.

«Qué desconexión tan completa. Estás vestida con trapos sucios y estas esposas de las SS vienen diciendo: ‘Cariño, hazme un vestido nuevo'», cuenta Adlington a DW.

Encontrar a las modistas

Al principio, la historiadora solo tenía una lista con los nombres de las costureras: Irene, Renee, Bracha, Hunya, Mimi, etc. Tratar de encontrar los nombres y apellidos de las mujeres en los registros es complicado, explica Adlington. Muchas mujeres usaban apodos o cambiaban sus nombres cuando se casaban. Algunas mujeres judías también adoptaron nombres hebreos después de la guerra. En 2017, Adlington revivió a estas mujeres en una novela titulada «La cinta roja».

Su relato de ficción sobre las modistas cuenta la historia de cuatro jóvenes, Rose, Ella, Marta y Carla, que cosen ropa en el taller de confección del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau, como medio de supervivencia en un entorno hostil.

«No tenía suficiente información, así que me imaginé cómo sería una joven que cosía, en Auschwitz, para la esposa del comandante», relata la autora. «Y cuando salió esta novela, la gente empezó a ponerse en contacto conmigo para decirme: ‘Bueno, en realidad, esa era mi tía, esa era mi madre, esa era mi abuela'».

Adlington pronto tuvo la «fuerte sensación de que la historia no está enterrada; es la vida de la gente», dice. La investigadora comenzó a ponerse en contacto con familiares de las costureras de Auschwitz y, en 2019, conoció a una costurera superviviente en San Francisco, Bracha Kohut, de 98 años.

Lucy Adlington (izquierda) con Bracha Kohut, de 98 años, una modista superviviente de Auschwitz.

«Fue un gran encuentro», recuerda Adlington. «La miré pensando, esta es la misma mujer sobre cuyas experiencias has estado leyendo. Aquí está ella. Intenté entender cómo ella, a una edad tan temprana, pudo soportar ese trauma».

La resistencia clandestina de las modistas 

Para muchas presas, trabajar en el taller de sastrería era una forma de sobrevivir. La costurera jefa era una mujer llamada Marta, que creó deliberadamente el salón de moda como un refugio. «Quería salvar a todas las mujeres que pudiera. Así que sí, tenían ropa limpia. Tenían la oportunidad de lavarse. Y como dijo una mujer, tenían un trabajo significativo», la cita Adlington.

«Así que en lugar de ser tratados peor que los animales…, como esclavos que estaban traumatizados, construyendo las cámaras de gas que los asesinarían a ellos y a sus familias, realmente tenían algo hermoso que hacer. Creo que eso debió ser increíble para su autoestima», supone.

Pero las mujeres del taller de sastrería no se limitaban a hacer hermosos vestidos. Muchas ayudaban en secreto a los movimientos de resistencia clandestinos, utilizando sus posiciones relativamente privilegiadas para comunicarse con la gente de fuera del campo. «Recogían medicamentos y los distribuían. Robaron todo lo que pudieron… y creo que lo más importante es que mantuvieron la moral alta», cuenta la autora.

«Podían acceder a los periódicos y escuchar secretamente las radios para poder decir: ‘mira, los aliados han invadido Francia. Llegó el Día D, aguanta.» La costurera jefa, Marta, también se preparaba para escapar de Auschwitz y contar al mundo exterior las atrocidades de los nazis, añade Adlington.

Un trabajo de amor

Aunque la autora pudo hablar con Bracha Kuhot y las familias de las demás modistas para su libro, no ha podido encontrar rastros de los vestidos que confeccionaron estas mujeres.

El vestido de seda hecho por Hunya Volkmann para su sobrina.

«Que yo sepa, no se sabe que haya perdurado ninguna ropa de ese salón de moda. Había un libro de pedidos en el salón que, según un testigo, tenía los nombres de los más altos nazis de Berlín, así que los clientes de Berlín pedían su ropa a Auschwitz. Pero esos registros no han sobrevivido», lamenta Lucy Adlington en la entrevista con DW.

Sin embargo, Adlington, también coleccionista de ropa antigua, cuenta que una de las modistas que sobrevivió a Auschwitz cosió más tarde un vestido de seda para su sobrina.

«La sobrina me envió el vestido. Así que tengo un vestido hecho por una de las modistas, y me hace llorar cada vez que lo veo. Es tan hermoso pensar en lo que tuvo que hacer en los campos para sobrevivir esta mujer llamada Hunya», confiesa Adlington, quien reiteró que el trabajo de esas mujeres era esencialmente un trabajo de esclavas. Sin embargo, «este vestido que hizo para su sobrina fue cosido con amor.»

nuestras charlas nocturnas.

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