2da. guerra mundial: historias, sucesos …

El general Yamashita bajo custodia policial militar al finalizar la guerra
La historia del Tesoro de Yamashita, el botín de guerra japonés en la Segunda Guerra Mundial
Muy Interesante(G.Carvajal) — Al igual que los nazis en Europa, los japoneses no se quedaron cortos en el saqueo de obras de arte, joyas y documentos históricos en todas las zonas que llegaron a controlar en el Sudeste Asiático durante la Segunda Guerra Mundial. Muchos de esos objetos nunca fueron recuperados, lo que dio pie al surgimiento de la teoría del Tesoro de Yamashita.
El Tesoro de Yamashita (también conocido como el Oro de Yamashita) es como se denomina al supuesto botín de guerra escondido por el general Tomoyuki Yamashita (apodado el Tigre de Malasia) en cuevas, túneles y complejos subterráneos de Filipinas. Esta creencia llevó durante más de cincuenta años a innumerables buscadores de tesoros a investigar sin descanso. No obstante, su existencia es negada por la mayoría de historiadores.

Yamashita durante la Segunda Guerra Mundial
Entre los que sí defienden su existencia están Sterling y Peggy Seagrave, que publicaron el libro Los guerreros del oro: el tesoro de Yamashita y la financiación de la Guerra Fría, implicando en la trama de pillaje a la Yakuza y al emperador Hirohito.
Este habría puesto al frente de la operación a su propio hermano, el príncipe Yasuhito Chichibu, jefe de la organización secreta Kin no yuri.
Lamentablemente todos los que supuestamente podían conocer el paradero del tesoro murieron durante la guerra, o fueron posteriormente juzgados por crímenes de guerra y ejecutados.
El propio Yamashita fue ajusticiado el 23 de febrero de 1946 por el ejército norteamericano.
Se cree que el botín se fue concentrando en Singapur mientras duró el conflicto armado, siendo trasladado cerca del final de éste a Filipinas.
El objetivo final era trasladarlo a Japón una vez que la guerra terminase.
Los Seagrave piensan que muchos de los barcos hundidos por los estadounidenses en las cercanías de Filipinas en los últimos momentos de la guerra podían ir cargados con partes del tesoro.
Otros historiadores opinan que no tiene mucha lógica que los japoneses trasladasen el tesoro a Filipinas en una fecha tan tardía como 1943, cuando ya no tenían el control marítimo. Lo más acertado hubiera sido esconderlo en Taiwan o China, por ejemplo.
En marzo de 1988 un buscador de tesoros filipino llamado Rogelio Roxas interpuso una demanda judicial contra el expresidente Ferdinand Marcos y su esposa Imelda, en un juzgado de Hawai. Afirmaba haber encontrado en 1961 al hijo de un soldado japonés que le habría proporcionado un mapa con la localización del tesoro. Incluso habría conseguido contactar con uno de los interpretes de Yamashita durante la guerra, quien le habría confirmado la situación del botín.
Roxas afirmó haber descubierto de ese modo una cámara subterránea cerca de la ciudad de Baguio, donde halló bayonetas, trajes de samurái, radios, y los restos de un soldado japonés. Además había una estatua de oro de Buddha, de casi un metro de altura, y numerosas cajas con lingotes de oro. Se llevó el Buddha y 24 lingotes, sellando la cámara hasta que pudiera regresar a por el resto.
Fue entonces cuando, según él, fue secuestrado por orden del presidente Marcos, quien se habría quedado con el oro, y encarcelado durante un año.
Roxas murió en 1993 sin que hubiera finalizado el juicio. Sin embargo en 2006 la Novena Corte de Apelación de los Estados Unidos terminó por darle la razón en su litigio, ahora contra Imelda Marcos, como heredera de Ferdinand. En la sentencia la corte afirmaba explicitamente que existían pruebas concluyentes de que Roxas había encontrado una parte del tesoro de Yamashita, aunque no podía establecer el valor total de lo hallado.
Extrañamente la localización exacta de las cuevas descubiertas por Roxas nunca trascendió. Sus descendientes crearon una empresa llamada Golden Buddha Corporation.
Actualmente la Oficina del Departamento de Recursos Naturales de Filipinas sigue concendiendo anualmente permisos a los buscadores que continúan persiguiendo el tesoro.
Werner von Janowski, el peor espía de la historia

Werner von Janowski, ‘Bobbi’
Para ser espía hacen falta una serie de aptitudes y destrezas, mucha sangre fría y un cierto instinto de supervivencia. Cosas todas ellas de las que carecía Werner von Janowski, unos de los peores espías de la historia, por no decir el peor.
Janowski habia nacido en 1903 en Prusia Oriental, y muy poco se sabe de su vida hasta que, durante la Segunda Guerra Mundial, lo encontramos enrolado en la Abwehr, el servicio de inteligencia alemán donde su nombre en clave es Bobbi.
El 9 de noviembre de 1942, el mismo día en que Canadá rompió relaciones con el régimen de Vichy, Janowski llegaba a las costas de la bahía de Chaleur en Quebec a bordo del submarino U-518. Lo hacía vestido con el uniforme de oficial de la marina alemana, porque si era capturado podría alegar haber desertado en lugar de afrontar una condena de ejecución por espionaje.
Pero antes de dirigirse a su destino, la localidad canadiense de Nuevo Carlisle, cambió el uniforme por ropas civiles, adoptando la identidad de un hombre de negocios parisino emigrado a Canadá en 1921. Su objetivo final era tomar contacto en Montreal con simpatizantes del partido Nazi.

Camp 020, el campo de prisioneros inglés donde fue encarcelado Janowski
Ya en Nuevo Carlisle comenzó una sucesión de fallos que serían el principio de su desgracia. Para empezar afirmó haber llegado en autobús, cuando aquella mañana ningún autobús había entrado en la ciudad. Luego pagó su estancia en el hotel con billetes que llevaban fuera de curso legal desde la Primera Guerra Mundial. Allí se percataron también de que encendía sus cigarrillos con cerillas fabricadas en Bélgica. Algo extraño considerando que Bélgica llevaba tres años bajo la ocupación alemana. Y en cuanto a su traje, tenía un corte poco habitual por aquellos lares.
Los dueños del hotel no dudaron en avisar inmediatamente a las autoridades en cuanto Janowski abandonó el local para tomar el tren en dirección a Montreal. Ya a bordo del ferrocarril fue interceptado por un agente de policía local que le requirió la documentación. Cuando el policía se dispuso a revisar su equipaje Janowski se identificó como oficial alemán. Habían pasado tan solo doce horas desde su desembarco.
Sin embargo su captura no fue hecha pública. Los canadienses decidieron utilizarlo como agente doble dando inicio a la Operación Watchdog. Durante todo un año Janowski cooperó con la inteligencia canadiense. Sin embargo, una vez más, su incompetencia no produjo ningún resultado. Ningún otro espía alemán fue arrestado, y ningún submarino fue capturado, a pesar de que aparentemente colaboraba. Cansados de él, en agosto de 1943 lo enviaron al Reino Unido para ser encarcelado en un campo de prisioneros, donde permaneció durante toda la guerra.
En julio de 1945 fue trasladado a un campo de prisioneros británico en Alemania. Liberado en 1947, ya no tenía hogar al que regresar, pues Prusia Oriental había sido entregada a Polonia. Trabajó un tiempo como traductor, y en los años 60 se le encuentra de nuevo en la Armada Alemana. Curiosamente Werner von Janowski murió en 1978 mientras estaba de vacaciones en Alicante. Su historia se cuenta en el libro Cargo of Lies: The True Story of a Nazi Double Agent in Canada.
Koch, el espía judío de los nazis en Palestina

Vista aérea de Jerusalén
Paul Fackenheim, alias Koch, fue un judio alemán que se convirtió en espía de los nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Si bien no lo hizo por voluntad propia sino para librarse de un destino peor e intentar salvar a su familia.
Fackenheim era un veterano de la Primera Guerra Mundial condecorado por su valor en el combate, y acérrimo patriota alemán, además de amigo de Hermann Göring. Eso no le sirvió de mucho cuando los nazis le metieron en el campo de concentración de Dachau en 1939.
En aquellas circunstancias y habiéndosele infectado una herida en la espalda, acudió a la enfermería, aun sabiendo que podía ser su último día, ya que lo normal era que a los prisioneros no se los tratase de infecciones, más bien se deshacían de ellos. Para su sorpresa no solo fue tratado de sus heridas, sino que permaneció allí hasta que estuvo recuperado.
Luego fue conducido a una habitación donde dos hombres vestidos de paisano le recibieron amablemente. Eran de la Abwehr, el servicio de inteligencia alemán. Sabían de su participación en la anterior guerra mundial, y le preguntaron si quería volver a hacer algo por su país y de paso obtener la libertad. A cambio le prometieron que a su mujer y a su hijo, que vivían en Frankfurt, no les pasaría nada. Sin poder hacer otra cosa, Fackenheim aceptó.
Los nazis necesitaban un espía judío porqe estaban convencidos de que Rommel se abriría paso a través de Egipto hasta Palestina en cualquier momento. Y era imprescindible crear una red de espías y saboteadores en el territorio administrado por los británicos que, imaginaban, se convertiría en el próximo campo de batalla. Alguien que pudiera pasar por local. Fackenheim tenía familia en Palestina, hablaba hebreo, había sido militar y era leal a Alemania, así que encajaba en el perfil.
Durante los meses siguientes, con la oposición de las SS y la Gestapo, que no se llevaban demasiado bien con la Abwehr (la mayoría de mandos de inteligencia eran antinazis, incluyendo a su director Wilhelm Canaris), lo entrenaron, le enseñaron a usar la radio y a cifrar y descifrar mensajes usando códigos de encriptación.
En la noche del 10 de octubre de 1941 fue lanzado en paracaídas desde un bombardero Heinkel 111 sobre Palestina. Tenía que hacerse pasar por refugiado, alegando haber escapado de Alemania a través de Grecia en un pequeño bote. Su primer objetivo era conseguir documentación falsa y un trabajo que le permitiera moverse por la zona y espiar los movimientos de tropas y la base naval de Haifa.

Pero no tuvo suerte y su lanzamiento en paracaídas había sido filtrado a los británicos por agentes de Himmler para desacreditar a Canaris y conseguir el cierre de la Abwehr. Perseguido durante varios días, al final se entregó y confesó que había aceptado la misión solo para salvar a su familia, y sugirió a las autoridades británicas que le convirtieran en agente doble. Pero al comprobar los documentos falsos que llevaba a nombre de Paul Koch le confundieron con Erich Koch, un general de las SS, y le llevaron a El Cairo para ser juzgado por espionaje. Allí, la abogada que le defendió consiguió encontrar a una mujer judía local que le había conocido antes de la guerra en Alemania y pudo identificarle correctamente.
No obstante se pasó el resto de la guerra en un campo de prisioneros. Al finalizar el conflicto fue liberado y devuelto a Frankfurt, donde se encontró con que su esposa e hijo habían sido asesinados.
No fue el único caso en que un judío espió para los nazis. Al tiempo que Fackenheim también fueron enviados varios judios armenios y un polaco, con la misma misión. Pero sí fue uno de los pocos casos de judíos liberados por los nazis de un campo de concentración.
Michael Bar Zohar contó su historia en su libro de 1971 Koch, el espía judío de Hitler. El registro de Ernst Paul Fackenheim puede consultarse en los Archivos Nacionales Británicos.
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