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¿Existió el Diluvio Universal? Todas las civilizaciones que hablan de él …


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ElConfidencial(A.Nuño)/MuyInteresante  —  Un meteorito, la inundación de lo que hoy es el Mar Negro, tsunamis… religión y ciencia tienen un mínimo punto de encuentro

Todas las civilizaciones de la historia, a lo largo y ancho del mundo, han compartido una característica que, probablemente, es intrínseca y forma parte de nuestro carácter: la capacidad de contar historias para dar explicación a aquello que no podemos entender. Muchas son universales, y tienen que ver con los fenómenos que en el pasado no tenían una explicación lógica. Otras trataban de responder a las cuestiones más fundamentales: cómo llegamos, por qué y qué sucederá cuando nos marchemos. (¿De dónde venimos? ¿Quiénes somos? ¿Adónde vamos? Que diría Paul Gauguin).

No es casualidad que haya tantas similitudes entre unas religiones y otras. Baco (o Dionisio en la mitología griega) y Jesucristo muestran enormes semejanzas, según algunos estudiosos como Martin Hengel o el poeta Friedrich Hölderlin. El dios egipcio Osiris y la importancia que esa civilización le daba a su muerte y resurrección, que se relacionaba con la crecida y retirada de las aguas del Nilo, también nos hace pensar de nuevo e irremediablemente, en la figura de Jesús.

Algunos comparan a diosas como Isis, Astarté o Afrodita con la Virgen María e incluso hay estudios que relacionan la figura de Moisés con el faraón hereje Akenatón (Sigmund Freud señalaba que el hebreo no habría sido nada más y nada menos que un fiel seguidor de la religión monoteísta impuesta por Akenatón durante un breve periodo de tiempo).

Pero la gracia de la fe está, justamente, en que no hay necesidad de pruebas irrefutables para ella. Sea cual sea el origen común de muchas historias conocidas por todos, está claro que beben de un pasado común. Sucede algo parecido con la historia del Diluvio Universal.

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En el Antiguo Testamento se cuenta la historia de cómo Noé tuvo que elegir a dos animales de cada especie para que subieran junto con él y su familia al arca de madera, para poder sobrevivir a la furia de Dios, que inundaba el mundo con una lluvia que parecía no tener fin.

El Génesis, en su capítulo 7, señala: “Porque pasados aun siete días, yo haré llover sobre la tierra cuarenta días y cuarenta noches; y raeré de sobre la faz de la tierra a todo ser viviente que hice”. Continúa el primer libro de la Biblia: “Fue el diluvio cuarenta días sobre la Tierra; y las aguas crecieron, y alzaron el arca, y se elevó sobre la Tierra. Y subieron las aguas y crecieron en gran manera sobre la tierra (…) y todos los montes altos que había debajo de todos los cielos, fueron cubiertos. Quince codos más alto subieron las aguas, después que fueron cubiertos los montes”…

Las diferentes historias del Diluvio Universal

Pero la historia del Diluvio no es exclusiva de la Biblia. Un precedente sumerio es muy similar y es mencionado en el Poema de Gilgamesh: Enil decide destruir la humanidad, que le resulta molesta y ruidosa. El héroe Utanapistim (el Noé del Poema de Gilgamesh) es advertido de que debe construir un barco que llenará de animales y semillas. Cuando llega el día del diluvio y toda la humanidad perece, Utanapistim y sus acompañantes se salvan, y entonces decide hacer una ofrenda a los dioses para que se queden satisfechos por el sacrificio.

Según un artículo publicado en Catholic.net, se han encontrado en todo el mundo un total de 168 leyendas que relatan o mencionan el Diluvio. Son narraciones de distintas tradiciones que descansan sobre una base similar y se refieren a un hecho central: una gran tromba de agua que lo anega todo, aniquila a animales y personas, salvo a un grupo elegido por la divinidad. El más claro antecedente lo aporta la mitología mesopotámica, descifrada a partir de las tablillas encontradas en las ruinas de Ninivé. La que contiene la referencia a un gran diluvio se encuentra expuesta en el Museo Británico de Londres. Mi compañero Luis Alfonso Gámez lo recordaba la pasada semana en una página web americana.

El arqueólogo sir Austen Henry Layard encontró la Tablilla de Diluvio en Ninivé, el actual Irak, a mediados del siglo XIX. La pieza permaneció durante años en los almacenes del Museo Británico a la espera de estudio y clasificación. «Allí, en 1872, el asiriólogo aficionado George Smith, de profesión impresor de billetes, identificó sus inscripciones cuneiformes como una narración del Diluvio anterior a la bíblica. Pronto encontré la mitad de una curiosa tablilla que había contenido, evidentemente, seis columnas de texto: dos de ellas (la tercera y cuarta) estaban casi intactas; otras dos (la segunda y quinta) estaban incompletas, quedaba alrededor de la mitad; y las dos restantes (la primera y la sexta) se habían perdido por completo. Al mirar hacia abajo en la tercera columna, mis ojos captaron la afirmación de que el barco descansó sobre los montes de Nizir, seguida de la narración del envío de una paloma que, al no encontrar un lugar donde posarse, regresó. Vi enseguida que había descubierto al menos una parte de la historia caldea del Diluvio, cuenta en su libro ‘The Chaldean Account of Genesis’ (1876)».

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leyenda de Gigalmesh

Nada más dar con la Tablilla del Diluvio, Smith se puso a buscar más fragmentos en los almacenes del museo y así descubrió que el texto correspondía a la undécima parte de un poema épico. «Presentó su hallazgo el 3 de diciembre de 1872 en la Sociedad Británica de Arqueología Bíblica, donde aventuró que tenía que haber más fragmentos de episodios bíblicos enterrados en las arenas de Ninivé. Así fue, y no sólo en Ninivé. Ahora sabemos que la Tablilla del Diluvio estuvo en la biblioteca del rey Asurbanipal y que es la versión babilónica de una narración sumeria conocida como el Poema de Atrahasis. En esa historia, cuyos restos más antiguos se remontan a la primera mitad del II milenio aC, el dios Enki avisa a Atrahasis de Shuruppak de que el dios Enlil va a destruir el mundo con un diluvio y le da instrucciones para que construya un arca en la que salvar a su familia y a todos los animales».

El héroe de esta epopeya es Gilgamesh, que da nombre a la narración, pero el protagonista es Utnapishtim, que sobrevivió con toda su familia a bordo de un arca. La búsqueda del arca ha movilizado numerosas expediciones. Algunas han centrado sus hallazgos en Turquía otras se han fijado en Armenia y en Kurdistán, en la creencia de que estaría sepultada bajo el hielo glacial del monte Ararat. El teólogo y biblista Rafael Aguirre asegura que buscar el arca en el monte Ararat «no tiene ningín sentido. Claro que van a encontrar restos arqueológicos, pero decir que son del arca de Noé… Es como si van a buscar la manzana de Eva», zanja. Carles Salazar, antropólogo cultural y de las religiones, asegura que la Biblia debe ser leída como los mitos: «no de forma literal, ni racional sino como una cierta dimensión simbólica». Claro que mitológico no tiene por qué ser sinónimo de falso.

También en la antigua ciudad de Nippur se encontraron unas tablillas sumerias que contaban un relato muy parecido, aunque en esa ocasión el protagonista es Ziusudra. «Después de que el diluvio hubo barrido la Tierra durante siete días y siete noches/ y la enorme barca hubo sido bamboleada sobre las vastas aguas por las tempestades/ Utu salió, iluminando el cielo y la tierra», dice la tablilla. Incluso los arcadios tenían un relato muy similar.

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Ilustración de 1864.

Pero no solo ellos. En la india, Visnú se reencarnó en forma de gigantesco pez para alertar al rey llamado Svayambhuva Manu del mismo problema. Según las fuentes mitológicas, los chinos tampoco se salvaron: la Gran Inundación de Gun-Yu cuenta que se produjo una gran inundación que duró generaciones y la gente abandonó sus hogares para vivir en lo alto de las montañas. Para los mapuches, el diluvio se produjo cuando lucharon las serpientes Tren tren vilu y Caicai Vilu. Incluso Zeus se enfadó con Prometeo por robar el fuego del Monte Olimpo y decidió inundar el planeta como castigo.

Pero… ¿Hubo algo parecido a un diluvio?

¿Casualidad? Es poco probable. Parece bastante claro que todos proceden de un pasado común. La cuestión es: ¿hubo algo parecido a un diluvio universal?

  • La frase «eso es antidiluviano» no la hemos inventado nosotros. Los arcadios ya la usaban. Al parecer, según la datación por radiocarbono, se produjo una gran inundación fluvial en la ciudad de Shurupak casi 3.000 años antes de Cristo. ¿Podría ser una explicación?
  • Otra teoría apunta que en realidad el famoso Diluvio pudo ser un tsunami mediterráneo producido por el volcán Etna.
  • El hallazgo de fósiles marinos en zonas donde anteriormente habría existido agua también podría haber llevado a nuestros antepasados a inventar la historia.
  • Las catastróficas crecidas del Tigris y el Éufrates también podrían haber llevado a las primeras comunidades a crear un origen común.
  • Los geólogos William Ryan y Walter Pitman hablan de la inundación del Mar Negro.

¿Podrían ser todas esas las causas, que habrían formado un relato que se habría transmitido de boca en boca? Lo cierto es que la teoría más compartida y creída por la comunidad científica es la del Mar Negro. De algún modo, el Mediterráneo se abrió paso a través del Estrecho del Bósforo, haciendo crecer el caudal del Mar Negro. Si bien es cierto que los expertos no dan validez a la historia de Noé, creen que esta es la explicación más clara. Hay teorías que incluso vinculan la mismísima Atlántida con el Diluvio Universal.

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El mito del Diluvio Universal, originario de la civilización Sumeria, ha sido común a casi todas las creencias de la historia. Egipcios, judíos, musulmanes, hindúes, mayas… Incluso hay quienes señalan que el Arca de Noé se encontraría bajo el hielo (a 7 metros de profundidad en el interior de un glaciar de más de 90 metros de espesor) del Monte Ararat, a 5,059 metros de altura, en Turquía, una pieza de madera de unos 7.5 metros de ancho y 37.5 de longitud…. Pero, ¿qué opina la ciencia de este suceso?

Los científicos nunca han dado por verídica la hazaña de Noé ni tampoco que se produjera una lluvia de tales proporciones. En todo caso, lo que sí se considera probable es que una gran inundación en la Antigüedad haya motivado la leyenda. Para la NASA, el fenómeno pudo tener su origen en un meteorito que habría estallado sobre la capa de hielo que cubría el norte de Canadá, derritiéndolo y causando una serie de tsunamis que habrían afectado ciertas partes del globo.

La teoría más cercana con la religión ha sido formulada por los geólogos marinos William Ryan y Walter Pitman, en su libro El diluvio de Noé. Ellos señalan que la inundación se habría producido hace 7,500 años en lo que hoy conocemos como Mar Negro, en aquel tiempo un lago de agua dulce de mucho menor tamaño y habitado en sus orillas. De algún modo, el Mediterráneo se habría abierto paso a través del Estrecho del Bósforo, haciendo crecer el caudal del Mar Negro a un ritmo de entre 15 y 30 centímetros por día.

Esta teoría la basan en el hallazgo tanto de fósiles de moluscos de agua dulce como salada contemporáneos en un mismo espacio, difícil de explicar. “La temible inundación se convirtió en una historia fundamental para advertir y aterrorizar a las generaciones jóvenes, en un acontecimiento tan profundamente traumático que su recuerdo duró por más de mil años, transmitido por la tradición oral, antes de que fuera inscrito en cerámica”, afirman Ryan y Pitman.

Otras hipótesis apuntan como causa probable una intensa actividad sísmica en la zona del Mediterráneo, que hubiera originado igualmente una serie de tsunamis que golpearon la costa con violencia.

En cualquier caso, la ciencia, a diferencia de la religión, circunscribe el diluvio a determinadas zonas concretas. Nunca le da el carácter de ‘universal’.

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