20 – Soldados del Cáucaso a comienzos del siglo XX.

La traición es una de las formas más deshonrosas de entrar en la historia. Ya fuera hacia su patria, compañeros o ideologías los hombres de esta lista terminaron cometiendo actos de traición que difícilmente serán olvidados por la memoria colectiva.

El espía más famoso de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de los Estados Unidos terminó vendiéndose a la KGB, la agencia de inteligencia de la Unión Soviética, durante el periodo conocido como la Guerra Fría. Por varios millones de dólares, el traidor entregó a los soviéticos los nombres de aquellos que servían a los Estados Unidos. Tras más de quince años sirviendo a los propósitos del enemigo, entre 1980 y 1990, Ames fue descubierto y condenado a cadena perpetua.
Los soviéticos contrataron a un traidor para que sirviera como infiltrado en la CIA, pero ellos no perdonaban las traiciones. Todos aquellos delatados por Aldrich Ames no recibieron ningún tipo de piedad, muchos fueron ejecutados incluso antes de poder siquiera defenderse.

Después de participar en el Kuomintang, el movimiento político que buscaba la unificación de China, Jingwei se reveló y se pasó del lado enemigo justo cuando la segunda guerra sino-japonesa (1937-1945), literalmente, ardía en llamas. No solo se hizo de la vista gorda ante los avances de los japoneses, sino que tomó la provincia de Nankín y se las entregó a sus nuevos amigos.
Al cambiar a China por Japón, Wang Jingwei hizo a un lado todos sus ideales comunistas y defendió a una nación que integraba el grupo del Eje, ese mismo que pocos años después sería comandado por la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial.

Buscetta fue uno de los miembros más importantes de la Cosa Nostra, la organización criminal por excelencia en Italia. El enriquecimiento ilícito de este personaje fue posible gracias al tráfico de drogas hacia el continente americano, especialmente a Brasil. La Policía Federal de ese país lo capturó en el año de 1984 y lo deportó a Italia, allá se mostró como un criminal arrepentido y reveló todo el esquema de la mafia.
Por su colaboración con la justicia, Buscetta recibió protección especial y un salario vitalicio, que se le pagó hasta el año 2000, cuando murió a causa del cáncer. Tommaso Buscetta fue el primer hombre en traicionar a la mafia a la que pertenecía y se hizo famoso por violar el famoso juramento de silencio de la organización. Él salió bien parado, pero la Cosa Nostra se vengó asesinando a más de diez miembros de su familia.

Abandonar a los compañeros de guerra y pasar a servir para el enemigo se considera una traición independientemente del bando en que se esté peleando. Por eso Himmler, el jefe de la policía nazi, está en la lista. Después de todo, no fue sino hasta que se dio cuenta que las posibilidades de vencer en la guerra eran prácticamente inexistentes, que decidió abandonar a Hitler y negociar la rendición de Alemania con Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Himmler intentó intercambiar con los Aliados su libertad por Alemania. Pero su treta no le funcionó: lo procesaron como un criminal de guerra, lo enviaron a prisión y terminó suicidándose.

El día 25 de agosto de 1973, el entonces presidente de Chile, Salvador Allende, eligió de entre los militares que consideraba más leales a un hombre para comandar al Ejército nacional. Apenas tres semanas después, Pinochet encabezaba un golpe de estado para derrocar a su jefe e instaurar una dictadura que se extendería durante 17 largos años.
Pinochet incluso llegó a ofrecer un avión para que el presidente huyera, pero una transmisión de radio reveló que su verdadera intención era derribar al presidente en pleno vuelo. Allende tenía tanta confianza en Pinochet, que aquella mañana en que estalló el golpe habría dicho: “llamen a Augusto, es uno de los nuestros”.

Ciertamente Bruto Cepión no fue el primer hombre traidor en la historia, pero sí el primer traidor en hacerse famoso. Tras pelear por la causa del Imperio Romano, comandado por Julio César (algunas versiones de la historia mencionan que el emperador era su padre adoptivo), se unió a otro traidor, el general Casio Longino, para hacerse con el poder en Roma. No suficiente con la traición, Bruto aceptó poner en práctica el plan para asesinar a Julio César en el 44 a.C. Al ser atacado, Julio César exclamó la famosa frase: “¿Tú también, Bruto (hijo mío)?”.
Tras la traición, Bruto llegó a organizar un ejército para dominar al Imperio Romano, pero Marco Antonio lo derrotó. Ahí finalmente la conciencia le pesó y terminó suicidándose.

Para el ministro de relaciones exteriores de Napoleón Bonaparte, “la traición era cuestión de tiempo”. Quizá por eso, Talleyrand no solo abandonó al emperador, sino que cambió radicalmente de bando. En una época en que Francia diseminaba por Europa los principios de la revolución, este sujeto organizó la deposición de Napoleón y el regreso de los Borbones para restaurar la monarquía.
Tras sus vergonzosos actos, Talleyrand fungió como embajador de Luis XVIII, que terminó sucediendo a Napoleón, y representó a Francia en el Congreso de Viena.

Judas pasó a la historia no “simplemente” por traicionar a su patria, a un partido o ideología. El traidor más famoso de la historia es recordado hasta nuestros días como el hombre que entregó al único hijo del Todopoderoso. Peor aún: según la Biblia, Judas entregó a Jesucristo a los soldados romanos a cambio de 30 miserables monedas de plata.
Arrepentido, el apóstol intentó devolver el dinero y echar todo para atrás, pero ya era demasiado tarde. Cristo fue crucificado y Judas, con toda la culpa encima, se suicidó.
En algunos lugares del mundo con tradición católica existe la costumbre de “quemar” a Judas los sábados de gloria.
La humanidad ha sido testigo (y causante) de múltiples eventos que causaron una infinidad de muertes horribles y devastación generalizada. En la lista que sigue a continuación se excluyeron las catástrofes naturales y se dejaron únicamente los eventos provocados por los hombres – eventos que no tenían ni los más mínimos motivos para ocurrir.

Al periodo comprendido entre 1958 y 1961 se le conoce como “El Gran Salto Adelante” – una lección sombría de lo que puede suceder cuando un gobierno intenta cambiar a un país de una forma acelerada.
Aunque las condiciones climáticas llevaron hambre a los chinos, este desastre en el que murieron 43 millones de personas también puede verse como una consecuencia de los intentos del gobierno por llevar rápidamente al país de una economía basada en la agricultura a una sociedad comunista moderna.
Los campesinos chinos describieron este lapso como los tres años más amargos en la historia de China. Varias décadas después, la economía china se convirtió en la más grande del mundo, pero pagaron un precio muy alto para llegar hasta allí.

Este es otro ejemplo de la catástrofe que se desata en un país cuando una enorme población intenta cambiar su condición económica y social en un corto periodo de tiempo. Bajo la Unión Soviética, de 1917 a 1953, millones de ciudadanos rusos murieron a causa de las guerras, el hambre, los reasentamientos forzados y otros crimines. La estimación más optimista es de impresionantes 49 millones de muertes.
Con Joseph Stalin al mando, la Unión Soviética jugó un papel primordial en la derrota de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial y pasó a alcanzar un estatus de superpotencia, tras una acelerada industrialización y mejorías en las condiciones sociales del pueblo soviético. Pese a este progreso, el régimen de Stalin también se vio marcado por las constantes violaciones a los derechos humanos, las masacres, las purgas y ejecuciones extrajudiciales de miles de personas.

Si hay un hombre que pudo haber tenido más sangre en sus manos que cualquier otro personaje en la historia, ese hombre es Gengis Kan. Bajo el liderazgo de Kan (y sus sucesores tras su muerte), el Imperio Mongol se convirtió en el más grande imperio terrestre que el mundo ha visto. En su máximo esplendor llegó a dominar el 16% del planeta Tierra.
El ejército mongol devastó Asia, eliminando a sus rivales con gran ferocidad durante casi dos siglos. Se estima que unas 60 millones de personas murieron en este episodio, un número que pudo haber sido mucho más grande si los mongoles hubieran continuado con su avance al oeste, sobre Europa.
Pese a toda esa matanza, el dominio Mongol no fue del todo malo. El régimen estuvo marcado por la tolerancia religiosa, así como por los incentivos fiscales destinados a los pobres.

Aunque muchas guerras se hayan aproximado bastante, la Gran Guerra se considera la primera guerra verdaderamente global. Las causas de este conflicto son muy variadas y hasta complicadas, pero basta con decir que, en 1914, cuando los diversos imperios de Europa comenzaron a parecer demasiado grandes unos frente a otros, decidieron formar dos grandes alianzas y luchar a muerte por el dominio total.
Así, Europa quedó dividida y arrastró al resto del mundo a esta cloaca de codicia, muerte y destrucción. Las tácticas de guerra empleadas fueron, por así decirlo, absurdamente obsoletas. Muchas veces se condenaba a los jóvenes soldados a caminar muy lentamente en dirección a los disparos de ametralladora del adversario.
Cuando la guerra terminó, en 1918, Europa y el mundo comenzaron el recuento de muchas vidas perdidas, el número de muertos se estimó en 65 millones. La mayoría estuvo de acuerdo en que esto no podía volver a suceder. Hasta que…

Tras darnos un merecido descanso después de luchar durante algunos años, la “guerra total” estalló nuevamente en el año de 1939. Dos frentes se habían dividido nuevamente en vastas fuerzas, y se hacían llamar “Aliados” y el “Eje”. Durante una corta pausa antes de la guerra, cada país decidió construir algunas nuevas máquinas para matar personas que arrojaron sobre el cielo y el mar.
También se vio el desarrollo de vehículos más eficientes sobre tierra, así como el reinado de las armas automáticas. Y como si esto no fuera ya lo suficientemente loco, cierto país (llamado Estados Unidos) decidió construir una gran bomba atómica.
Eventualmente los “Aliados” se levantaron con la victoria, pese a que el 85% de las muertes haya sido de su lado, con la Unión Soviética y China contando el mayor número de víctimas. Un devastador número de muertes también se produjo fuera de la zona de combate, mismo que puede ser atribuido a los crímenes de guerra. El número estimado es de 72 millones de muertos.

Cuando Cristóbal Colón, John Cabot y otros exploradores descubrieron un nuevo continente en el siglo XV, estas tierras nuevas les sonreían en lo que parecía ser la aurora de una nueva era. Los europeos aventureros habían descubierto un paraíso al que podían llamar hogar. Sin embargo, había un problema: estas tierras ya estaban pobladas.
Los indios, que eran legítimos dueños de estas tierras, fueron víctimas de masacres a lo largo de los siglos posteriores. Los exploradores europeos desembarcaron, además de enfermedades y plagas, sus ejércitos bien armados para aniquilar a nuestros ancestros.
Aunque la guerra y el proceso de invasión fueron responsables por una buena parte de las víctimas, la falta de inmunidad a enfermedades desconocidas terminó cobrándose el mayor número de muertes.
Algunas estimaciones sugieren que un 80% de la población nativa de las Américas pereció como resultado del contacto con los europeos. Ese porcentaje equivale a increíbles 100 millones de personas.

Las fotografías son las encargadas de guardar registros exactos de diversos momentos de nuestras vidas, ya sean buenos o malos, pero también guardan momentos únicos para la historia de la humanidad.
Las fotografías históricas a continuación revelan la forma en que algunas personas, famosas o desconocidas, vivían en el pasado así como momentos comunes de su día a día que guardan grandes significados y nos muestran lo mucho que las cosas han cambiado con el paso del tiempo.




















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