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La misteriosa muerte de Marilyn Monroe…


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Infobae(M.Funes)/La Vanguardia/El País/El Mundo/Vanitatis(R.R.)  —  La muerte de Marilyn Monroe ha sido uno de los episodios de la historia del cine que más ha estado rodeado de misterio. Aunque la versión oficial es que la actriz se suicidó tras ingerir pastillas, víctima de un inestable estado de ánimo que la arrastró a una profunda depresión, las teorías de un posible asesinato con el fin de acabar con una mujer que sabía demasiados trapos sucios sobre la familia Kennedy, siempre han sonado con fuerza hasta hoy.

El obituario del lunes 6 de agosto de 1962 en Los Angeles Times la describe como “una belleza perturbada que no logró encontrar la felicidad como la estrella más brillante de Hollywood”. Marilyn Monroe había sido encontrada muerta el día anterior en su casa de Brentwood por una aparente sobredosis de pastillas para dormir. Tenía 36 años.

El psiquiatra Ralph Greenson tuvo que romper la ventana del cuarto de la actriz, que se había encerrado con llave y no respondía a los insistentes gritos de su mucama. Eran las 3.30 de la madrugada cuando la vio boca abajo sobre su cama, con el auricular del teléfono en la mano y apenas tapada con una sábana blanca y una manta color champagne.

Encontraron a la famosa actriz tendida sin ropa sobre la cama. En una imagen conmovedora que se transmitió como un rayo por todo el mundo, yacía muerta con un brazo extendido y la mano en el teléfono. El sargento Jack Clemmons, inspector de guardia en la comisaría de Los Ángeles Oeste, registró una llamada del doctor Greenson informando sobre la muerte de Monroe a las 4.25 de la mañana del domingo. «¿Marilyn Monroe?», se preguntó. Debía de ser una broma.

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La habitación donde hallaron muerta a Marilyn

En lugar de dar aviso a una patrulla, como hubiera hecho normalmente, fue en persona a comprobar la veracidad de la llamada. Clemmons comenzó a sospechar de inmediato sobre las circunstancias de aquella muerte. Para empezar, había algo que no cuadraba con el tiempo: la señora Murray (la enfermera-asistenta que cuidaba de Monroe) comentó que habían encontrado el cuerpo poco después de la medianoche y, sin embargo, la policía no fue avisada hasta las 4.25. ¿Qué sucedió mientras tanto?

El doctor Greenson declaró que había telefoneado a los estudios y a colaboradores de Monroe, pero el sargento no se creyó que esas llamadas le hubieran podido ocupar cuatro horas. ¿Alguien se había encargado de destruir las pruebas de un delito?

Estaba desnuda, como si en un último gesto de divismo hubiera querido inmortalizar también su cita más famosa. Una década antes había relatado la anécdota a la revista Life: “Un tipo me preguntó, ‘Marilyn, ¿qué usás para ir a la cama?’ Le dije, ‘Yo solo uso Chanel No. 5’”. La mujer más deseada de la historia acababa de convertirse en mito.

Monroe fue encontrada sin teñir su rubia melena desde hacía semanas, sin depilar, sin dientes -usaba pese a tener solo treinta años una dentadura postiza- y con el cuello amoratado e hinchado, según ha relatado los operarios Alan Abbott y Ron Hast -enterradores de las estrellas de Hollywood-. Según relatan. no pudieron casi reconocer que el cuerpo que yacía maltrecho, desnudo y envejecido era el de la increíble Norma Jeane Mortenson.

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Enfermeros retiran el cuerpo de Marylin Monroe de su casa de Los Ángeles el 5 de agosto de 1962

Aunque el estado de un fallecido siempre depara rasgos y sorpresas desagradables, para estos profesionales lo inquietante del caso era más el estado de dejadez de una mujer guapa, exitosa, con miles de admiradores y muy presumida como ella. Tampoco había rastro -siguiendo detalles de exclusiva que recoge el diario Daily Mail sobre la morbosa publicación- de ese cuerpo curvado y majestuoso que había hecho suspirar a medio Hollywood y medio mundo.

La autopsia descubrió que, en realidad, Norma Jean usaba prótesis mamarias para acrecentar sus senos que, de por sí, eran más bien discretos. Los funerarios que la amortajaron también revelan que estaba sin lavar y que no era tan guapa ni glamurosa.

Para el oficial que halló el cuerpo de Marilyn Monroe en su departamento las circunstancias alrededor de la muerte del sex symbol de Hollywood parecían bastante sospechosas y, de acuerdo con la serie documental Scandalous: The Death of Marilyn Monroe, las teorías alrededor del deceso obligaron a la policía a reabrir la investigación dos décadas después.

Greenson fue, de hecho, el último en hablar con Marilyn en la noche del sábado 4 de agosto de 1962. En esa conversación, que duró aproximadamente una hora, la actriz le dijo que no podía dormir y le confió que tenía en su casa Nembutal. Engelberg tenía problemas familiares y había duplicado la prescripción, olvidando además que hacía un tiempo que intentaba que Monroe reemplazara ese medicamento por otro similar, por lo que había bajado su tolerancia habitual a la ingesta, de por sí altísima.

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Y Greenson tenía planeada una comida, y solo atinó a sugerirle a esa rubia frágil al otro lado de la línea que saliera a caminar por la playa para despejarse. Cuando la encontró, varias horas más tarde, Marilyn todavía tenía el teléfono en la mano. Se había aferrado hasta el final a la terapia.

Los forenses confirmarían después que llevaba muerta alrededor de seis horas. Entre la gran cantidad de medicación que guardaba en su mesa de luz, había un frasco vacío de Nembutal. En la etiqueta se leía que las 50 cápsulas habían sido prescriptas por el Dr. Hyman Engelberg. El psiquiatra aseguraría a los investigadores que la receta no tenía más de tres días, y que la dosis indicada era de una pastilla por noche.

Fue él quien declaró el deceso de su paciente a las 3.50 de ese 5 de agosto, y también quien llamó a la policía de Los Angeles media hora más tarde y dio el aviso que daría la vuelta al mundo: «Soy el médico de Marilyn Monroe. Estoy en su residencia. Ella se suicidó»

El oficial Jack Clemmons pensó que la escena de la muerte de Marilyn parecía preparada, pero nunca documentó sus dudas sobre la causa del deceso. Clemmons dijo que le parecía que el cuerpo de Marilyn había sido acomodado en la cama en donde la descubrió, el 5 de agosto de 1952, e hizo énfasis en que no observó vasos en la habitación con los cuales la actriz habría ingerido las pastillas para suicidarse.

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Otro de los detalles sospechosos para Clemmons fue que Eunice Murray, empleada doméstica de la actriz, estaba lavando algo en la lavadora cuando él llegó, por lo que se cree que podría haber estado destruyendo evidencia. Pero, de nuevo cuenta, que reportó ese detalle.

Poco después, el oficial perdió credibilidad cuando tuvo que renunciar al cuerpo de Policía de Los Ángeles por estar implicado, junto a otros tres miembros, en un escándalo relacionado con un senador envuelto en un acto homosexual.

Marilyn como cadáver exquisito

Thomas T. Noguchi, un forense de Los Ángeles, fue quien realizo la autopsia de Marilyn Monroe; en un libro contaba lo siguiente: El informe de la autopsia decía «Examen externo: el cuerpo sin embalsamar pertenece a una mujer caucásica de treinta y seis años y buena constitución, sana, con cincuenta y tres kilos de peso y un metro sesenta y seis de estatura. El cuero cabelludo está cubierto por una melena de color rubio oxigenado. Ojos azules.[…] Se advierte una leve equimosis entre la cadera izquierda y el lado izquierdo de la región lumbar». A continuación, el informe pasaba a detallar el examen interno de los sistemas cardiovascular, respiratorio, hepático y biliar, sanguíneo y linfático, endocrino, urinario, reproductor y digestivo.

Fue la sección que analizaba el sistema digestivo la que más tarde creó la controversia y llevó a decir a los partidarios de la conspiración que «probaba» el asesinato de Monroe, puesto que yo no había detectado ningún rastro del paso de píldoras por el estómago o el intestino delgado. Ningún resto. Ningún cristal refractario, aunque los frascos de píldoras recogidos mostraban que Monroe había ingerido entre cuarenta y cincuenta nembutales y abundantes cápsulas de hidrato de cloral. Por todo ello, los defensores de la teoría del asesinato aducían que alguien le había inyectado a Monroe las drogas que la mataron.

El informe del laboratorio toxicológico aún añadiría más leña al fuego. Llegó a mis manos varias horas después de que finalizara la autopsia y, nada más comenzar a leerlo, disparó mis alarmas. Yo había enviado, junto con el hígado, muestras de sangre para realizar las pruebas de alcohol y barbitúricos. Además, había remitido otros órganos para «un posterior análisis toxicológico», entre ellos el estómago con su contenido y el intestino. De inmediato me percaté de que los técnicos del laboratorio no habían examinado esos órganos: se habían limitado a analizar la sangre y el hígado.

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¿A qué se debía esa omisión en lo que hoy constituye el proceder rutinario del departamento? Los datos arrojados por los análisis de la sangre y el hígado, unidos al frasco vacío de Nembutal y al parcialmente vacío (faltaban 40 cápsulas sobre un total de 50) de hidrato de cloral, apuntaban de forma tan contundente hacia el suicidio que el toxicólogo jefe, Raymond J. Abernathy, no había considerado necesario proseguir con el resto de las pruebas. En concreto, el análisis de sangre mostraba 8,0 mg% de hidrato de cloral, y el hígado, 13,0 mg% de pentobarbital (Nembutal), en ambos casos dosis ciertamente mortales.

Aun así, debí haber insistido en que se analizaran todos los órganos, especialmente el contenido del estómago y algunos segmentos del intestino. Pero no actué con diligencia. Siendo un subalterno, consideré inútil cuestionar las decisiones de los jefes en un asunto de procedimiento. Además, las pruebas me habían persuadido, al igual que a los toxicólogos, de que Marilyn Monroe había ingerido una cantidad de fármacos suficiente para provocarse la muerte.

Cuando al cabo de unos días se hicieron públicas las conclusiones del médico forense, los medios saltaron raudos sobre esa omisión. Yo quería rectificar el error, pero ya era demasiado tarde. Unas semanas después le pregunté a Abernathy si había conservado los órganos de Monroe que le había remitido. En caso afirmativo, aún teníamos una oportunidad de analizarlos. Me contrarió escucharle decir: «Lo siento, pero nos deshicimos de todo tras cerrarse el caso». Sabía que los medios denunciarían un encubrimiento. Acerté. Las más variadas teorías acerca de un hipotético asesinato brotaron de inmediato y han persistido hasta hoy.

Los partidarios de la teoría del crimen, trabajando con la hipótesis de que tanto la fallecida como el «diario» en su poder representaban una amenaza para Robert Kennedy, destacaban el hecho de que Kennedy había volado a San Francisco el 3 de agosto de 1962, víspera de la muerte de Marilyn Monroe. (…) Lo que algunos defendían era que Kennedy había volado a Los Ángeles para supervisar el asesinato de Marilyn Monroe. Según se dijo, Robert Slatzer (amigo y confidente de Marilyn) habló con una mujer que vivía en la misma manzana que Monroe y esta declaró que había visto a Kennedy, acompañado por un hombre que llevaba un maletín de médico, entrando en casa de Monroe la tarde del sábado. De acuerdo con el guión de Slatzer, el hombre del maletín le había inyectado a Monroe las drogas que acabaron con su vida.

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La «prueba» de una participación directa de Kennedy en el asesinato de Monroe era tan estrambótica que incluso otros adalides de la idea conspirativa la rechazaron. Muchos esgrimían una segunda teoría. Creían que el crimen fue perpetrado por agentes corruptos de la CIA inquietos ante la posibilidad de que Monroe guardara en su diario informaciones suministradas por Kennedy. Algunos datos parecían corroborar la existencia de tal diario. En 1962, Lionel Grandison era un ayudante del forense con funciones administrativas; él fue quien firmó el certificado de defunción de Marilyn Monroe y, según declaró más tarde, llegó a ver el diario en la oficina forense, aunque al día siguiente había desaparecido.

El conocido especialista en pinchazos telefónicos Bernie Spindel aportó otra presunta «prueba» sobre la participación de Kennedy en la muerte de Monroe. La casa de Spindel, que estaba reuniendo datos contra Kennedy por cuenta del líder del sindicato de camioneros Jimmy Hoffa, había sido registrada por la fiscalía de Nueva York. Los partidarios de la teoría del crimen resaltaban que Kennedy era en aquel momento senador por Nueva York y amigo de Frank Hogan, fiscal del distrito. En su opinión, Kennedy estaba detrás de la operación. Las cintas de Spindel, confiscadas durante el registro, nunca fueron devueltas, y este se querelló para recuperar «cintas y otras pruebas relacionadas con la muerte de Marilyn Monroe que refutan con rotundidad la versión oficial sobre las circunstancias de esa muerte».

(…) El 4 de noviembre de 1984 (22 años después de su muerte) tuve ocasión de responder pormenorizadamente a las preguntas que me hicieron los dos ayudantes del fiscal responsables de la investigación oficial sobre la muerte de Marilyn Monroe. (…) Los inspectores estaban interesados en hallar respuestas a tres cuestiones derivadas de mi informe:

1. La autopsia señalaba que el estómago se hallaba «casi totalmente vacío». ¿Cómo podía ocurrir tal cosa cuando Monroe acababa de ingerir una cantidad masiva de píldoras?

2. ¿Por qué no se hallaron comprimidos a medio digerir, polvos o alguna irritación rojiza en las paredes estomacales?

3. Monroe había ingerido una gran cantidad de nembutales amarillos, así que debían aparecer restos de tinte amarillo en las paredes de la garganta, el esófago y el estómago. ¿Por qué no se detectó ninguna coloración amarilla?

La cuarta pregunta se refería al examen externo del cuerpo de Monroe. Se sabía que el doctor Greenson le había puesto a Monroe su inyección habitual la víspera de su muerte, pero en su cuerpo no se había apreciado ninguna marca. ¿Por qué?

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Para contestar a la primera pregunta, la concerniente al estómago vacío, inicié mi explicación recurriendo a un hecho cotidiano.

Cuando pruebas comida exótica que no «se aviene» contigo, en ocasiones sufres una indigestión, lo cual significa que el estómago rechaza la comida y no permite que pase fácilmente a los intestinos.

Sin embargo, cuando ingieres una comida que estás habituado a comer (un filete, por ejemplo), no se produce tal indigestión y la comida pasa fluidamente hasta los intestinos.

Lo mismo sucede con las pastillas cuando las toman consumidores habituales de drogas. Marilyn Monroe había abusado de los somníferos y el hidrato de cloral durante años.

Su estómago se había acostumbrado a las píldoras, así que las digería y las «volcaba» en el tracto intestinal. (…)

Para responder a la segunda pregunta, sobre la previsible presencia de pastillas a medio digerir, polvos o irritaciones en las paredes estomacales, me remití a mi informe, donde decía que «la mucosa presenta […]una difusa hemorragia local». En otras palabras, tras las paredes estomacales (la mucosa) había una mínima aunque extendida hemorragia, la irritación rojiza de la que hablaba el doctor Weinberg.

Les comenté a los inspectores que la tercera cuestión (el supuesto de que el tinte amarillo del Nembutal tenía que haber manchado las paredes internas de la garganta y el estómago) solo podía haber sido planteada por un lego en la materia. En mi carrera me he topado en numerosas ocasiones con el Nembutal. Parece tratarse de una de las drogas favoritas de quienes planean suicidarse. Expliqué a los ayudantes del fiscal que si uno coge una pastilla amarilla de Nembutal, se la pasa por los labios para humedecerla y, por último, se frota el dedo en ella, no se mancha con ningún tinte amarillo. El Nembutal viene en una cápsula especial que no destiñe al ser ingerida.

Respecto a la pregunta de por qué no se habían hallado marcas de pinchazos cuando se tenía constancia de que el doctor Greenson sí había inyectado a Monroe, contesté que las señales dejadas por agujas quirúrgicas muy finas como la usada por el doctor Greenson se cerraban al cabo de pocas horas, borrándose así todo vestigio de ellas. Solo pueden detectarse los pinchazos muy recientes. El doctor Greenson había puesto esa última inyección cuarenta y ocho horas antes de la autopsia. Por tanto, era lógico que yo no hallara ninguna marca reciente

Uno de los libros sobre la muerte de Marilyn Monroe

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Eunice Murray y el jardinero Norman Jeffries abandonan la casa de Brentwood el 9 de agosto de 1962.

Escrito por el periodista Donald H. Wolfe, esta investigación pretende, si no demostrar fehacientemente, sí aportar datos más que suficientes para concluir que Norma Jean, aquella pobre huérfana que alcanzó la fama mundial a través de sus películas, fue víctima en la noche del 4 de agosto de 1962 de un complot que culminó con su asesinato.

Un asesinato que, según todos los indicios, fue ordenado e incluso presenciado por el fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy.

Marilyn Monroe sabía demasiado. Todo en el libro de Donald H. Wolf apunta hacia esta hipótesis que justificaría el interés de las altas esferas por eliminarla, dado que la actriz, hasta poco antes de su muerte, había mantenido una estrecha relación con Robert Kennedy y su hermano, el presidente John Fitzgerald Kennedy, así como con Frank Sinatra y sus amigos de la Mafia.

Además, sin que ella lo supiera, varias personas de su círculo estaban vinculadas al comunismo, lo que era conocido por los servicios secretos estadounidenses.

Así lo demuestra un documento del FBI, fechado el 6 de marzo, cuyo encabezamiento reza: «MARILYN MONROE-ASUNTO DE SEGURIDAD- C. (COMUNISTA)», y que fue obtenido tras una estancia de Marilyn Monroe en México, desde donde se envió al despacho de J. Edgar Hoover -director del FBI y más tarde de la CIA- en Washington. Así lo relata el autor:

El informe, archivado varios días después de la partida de Marilyn de México, se refiere a las conversaciones que tuvo con Frederick Vanderbilt Field referidas a informaciones confidenciales de las que ella se había enterado hablando con el presidente y el fiscal general. J. Edgar Hoover vivía alarmado por la afición de Jack Kennedy por las mujeres y profundamente molesto porque no se hacía caso de sus advertencias. En esta ocasión le disgustó sobremanera enterarse de que Marilyn Monroe, sin proponérselo, hubiera pasado información confidencial a un comunista que, como sabía el FBI, estaba en contacto con espías extranjeros. Según fuentes allegadas a Hoover, el director se enfadó como nunca lo habían visto sus subordinados.Era increíble, el presidente de los Estados Unidos había pasado a ser un riesgo para la seguridad.

El tal Frederick Vanderbilt Field, en cuya casa se alojó Marilyn durante ese viaje, no era el único comunista que mantenía contactos con la estrella. Según el FBI, a esta ideología pertenecían también José Bolaños -guionista mexicano, ocasional amante y la última persona con la que Marilyn habló por teléfono antes de que se encontrara su cadáver-, y sobre todo Ralph Greenson, su psiquiatra particular, cuya influencia sobre la actriz era tan descomunal que el mismísimo director George Cukor afirmó en cierta ocasión: «Si había que hablar con Marilyn, no era necesario llamar a sus secretaria, ni a su agente, ni a su abogado. ¡Se llamaba a su psiquiatra!».

Buena muestra del peligroso cóctel en que se había convertido Marilyn Monroe es un párrafo que revela el momento en que, tras el fin de una de sus crisis más graves -por la que fue internada en un sanatorio mental, donde llegaron a colocarle una camisa de fuerza-, accedió directamente al teléfono del Despacho Oval bajo el seudónimo de «Nancy Green».

Mientras hacía furor la guerra fría, el hombre iniciaba su carrera a la luna y se empezaban a construir refugios antiatómicos, se había dado instrucciones a la centralita telefónica de que todas las llamadas de «Nancy Green» se pasaran al Despacho Oval. Otros asuntos urgentes del momento eran el plan de matar a Fidel Castro y la invasión de la Bahía de Cochinos.Una de las personas que pueden haber estado enteradas de los planes de invadir Cuba y matar a Castro era Marilyn Monroe. En julio de 1962, Marilyn le enseñó su diario rojo o «libro de secretos» a Robert Slatzer. En el diario había apuntes sobre su conocimiento del complot de la CIA para matar a Castro y una declaración de que Bobby era inflexible en su recomendación de retirar el apoyo militar de los Estados Unidos a las fuerzas invasoras de la Bahía de Cochinos.

Marilyn llevaba un diario con apuntes desde hacía muchos años. El periodista James Bacon recordaba que llevaba un diario en los años cincuenta y le divertía ver que tomaba notas de lo que él acababa de decir. Muchos psicoanalistas exigían que sus pacientes llevaran un diario y según Janice Rule y otros pacientes del doctor Ralph Greenson, era normal esta exigencia. Durante la sesión, el analista revisaba las anotaciones.

Ser analista de una amiga íntima del presidente ponía a un apparatchik de la Komintern en una posición única. En el diván del analista había una fuente de secretos comprometedores acerca de la vida privada del presidente de los Estados Unidos así como también informes sobre asuntos mundiales discutidos con el «Presi» y registrados en el diario de la paciente, el mismo «libro de secretos» que pasó a ser una cuestión preocupante para James Jesus Angleton, jefe de contraespionaje de la CIA.

Según Lena Pepitone, Marilyn pasaba largas horas con su amigo infalible, el teléfono, hablando con el doctor Greenson. Pepitone se daba cuenta de que ella empezaba a «depender completamente de él. Era como una adicción.

Como bien dijo el propio Greenson, «Marylin Monroe tendía a relacionarse con personas que le hacían daño», y quizá el propio Greenson fuera una de ellas, pues como él mismo reconoció una vez, «puedo hacer que Marilyn Monroe haga lo que yo quiera». Sin embargo, en los últimos meses de su vida, coincidiendo con el alejamiento de JFK, que tanto daño la causó, Marilyn Monroe quería desembarazarse de Greenson y de Murray, había dicho a varios de sus amigos que tenía en su poder información «muy peligrosa» para los Kennedy y a algunos les había asegurado que estaba dispuesta a utilizarla si sólo la consideraban «un pedazo de carne».

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El diario. Tal vez fue el diario lo que perdió a Marilyn Monroe.

Ese pequeño cuaderno rojo en el que apuntaba hasta lo más nimio y que siempre llevaba consigo, porque, afirmaba, así conseguía una cultura que le permitiría algún día incluso intervenir en las profundas conversaciones de sus amigos y conocidos.

La huérfana número 3.463, la jovencita a la que sus compañeros de desventura conocían como «el ratón» y poco más tarde como «la habichuela humana» deseaba realmente convertirse en una persona con bagaje intelectual.

Un deseo que se acrecentó a medida que en Hollywood le presentaban una y otra vez guiones que reflejaban a la manida «rubia tonta».

Pero el diario desapareció. Hasta hace poco sólo dos personas habían declarado haberlo visto: el periodista Robert Slatzer y el ayudante judicial Lionel Grandison. Sin embargo, otras dos personas afirmaron posteriormente que conocían su existencia; uno de ellos era Mike Rothmiller, quien trabajaba en la Unidad de Información sobre el Crimen Organizado hacia 1978, en cuyo archivo -dentro de la carpeta dedicada a Marilyn Monroe- halló una copia del diario. «Era eso, un diario. La mayoría de las anotaciones eran sobre conversaciones mantenidas con John F. Kennedy y Robert Kennedy.

Los temas iban de Rusia y Cuba a la Mafia y Sinatra. Recuerdo que se refería a Castro como `Fidel C.'». La otra persona que supo de su existencia fue Norman Jefferies, empleado ocasional de la nueva casa que la actriz había comprado en Los Ángeles. Según Jefferies, Marilyn guardaba el diario en su dormitorio o bajo llave en el archivo del bungaló de los huéspedes. Curiosamente, ese archivo fue forzado la noche en que la estrella murió, pero Jefferies vio al día siguiente cómo Eunice Murray -ama de llaves de Marilyn impuesta por el doctor Ralph Greenson- se lo entregaba al chófer del juzgado de instrucción. El diario fue a parar a la caja fuerte del juzgado, donde Grandison lo metió, pero al día siguiente había desaparecido. Sólo otras tres personas tenían la llave: Phil Schwartzberger, auxiliar administrativo; Richard Rathman, encargado de la administración y el juez que se hizo cargo del caso, Theodore Curphey.

El juez Curphey «era un administrador sin experiencia en el campo de la investigación, (…) pero el 6 de agosto anunció a la prensa que interrogaría personalmente a los médicos de la estrella». Era el primer paso de un proceso sumamente irregular. Curphey encargó la autopsia a Thomas Noguchi, quien entonces era patólogo ayudante. Años después, cuando ya se le conocía como «el forense de las estrellas», Noguchi decía: «Lo normal era que la autopsia la hubiera practicado un médico forense más experimentado, pero, no obstante, el doctor Curphey hizo aquella singular llamada y me asignó el trabajo a mí».

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También resulta interesante que para que Noguchi pudiera hacérsela, Grandison tuviera que rescatar el cadáver de una funeraria privada, donde ya lo estaban embalsamando.

Los análisis que se le hicieron al cuerpo de Marilyn Monroe arrojaron datos que descartaban la hipótesis del suicidio.

Por una parte, se encontraron diversos moratones que indicaban signos de violencia, por otra había indicios de que el cuerpo había sido movido y, por último, no se hallaron rastros de barbitúricos en el estómago de la víctima.

«La denominación callejera de las cápsulas de Nembutal es `forros amarillos’, debido al color típico de las cápsulas de gelatina.

Si Monroe ingirió alrededor de 40 cápsulas de Nembutal, como se ha estimado, deberían haberse encontrado indicios de tintura amarilla en el sistema digestivo, sobre todo en un estómago vacío. Y Noguchi no encontró tales indicios».

Noguchi también encargó un examen toxicológico, pero éste le fue entregado sin análisis de riñones, intestinos, estómago y orina, lo que imposibilitaba conocer el modo en que el Nembutal había entrado en su cuerpo.

Cuando Noguchi requirió de nuevo los análisis, la respuesta que obtuvo fue que las muestras que él había recogido, y que obraban en poder del juez Curphey, habían desaparecido. Todos estos descuidos condujeron años después al forense a hacerse en un libro la siguiente pregunta: «¿Se suicidó Marilyn o le inyectaron los fármacos que le causaron la muerte?».

Más sorpresa causa aún el hecho de que durante la investigación sólo se interrogara, y no bajo juramento, a una persona: al psiquiatra Ralph Greenson. Cierto es que Marilyn Monroe había tenido anteriormente al menos cuatro tentativas de suicidio, pero eso no justificaba tanta desidia. Incluso, con la anuencia del juez Curphey, el abogado y amigo de Greenson, John Miner, hizo el 12 de agosto de 1962 una entrevista a éste con la promesa de no revelar jamás su contenido.

Tras esta charla y la audición de una cinta de Marilyn que Greenson tenía en su poder, Miner llegó a la conclusión, en contra de lo que pensaba inicialmente, de que la actriz no se había suicidado. Es más, el propio Greenson cambió su primera opinión y sostuvo ante Miner esta hipótesis. Sin embargo, el memorando con sus conclusiones que Miner envió a Curphey, no consiguió que se ampliaran las investigaciones ni, que se alterara la calificación de la muerte. Norma Jean, oficialmente, se había suicidado.

Si Curphey hubiera hecho su trabajo a conciencia, las declaraciones de ciertos testigos hubieran arrojado más luz sobre el caso. Pero no lo hizo. De este modo, la teoría de que Robert Kennedy no estuvo en Los Ángeles ese fatídico 4 de agosto se hubiera desvanecido como humo, pues hay numerosas pruebas y declaraciones que afirman lo contrario. Asimismo, debería haber tenido en cuenta lo que vieron y oyeron los vecinos de Marilyn, el matrimonio Landau, aquella noche.

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Concretamente, vieron una ambulancia y un coche patrulla antes de las diez y media de la noche, hora en que murió aproximadamente la actriz, y escucharon tantoun helicóptero como a una mujer -¿Quizás Eunice Murray?-, que lanzaba histérica las siguientes palabras desde la casa de Marilyn: «¡Asesinos! ¡Asesinos! ¿Estáis satisfechos ahora que ella ha muerto?». Asimismo, tampoco se tuvieron en consideración otros datos. Por ejemplo, que Norman Jefferies había visto a Robert Kennedy y a otros dos hombres para él desconocidos entrar en casa de la estrella a eso de las nueve y media o diez de la noche, tras lo cual les ordenaron tanto a él como a Eunice Murray que se fueran. Así lo declaraba:

Nos dijeron que nos fuéramos. Quiero decir que dejaron muy claro que debíamos irnos. Pero esta vez Eunice y yo no nos apartamos del barrio. Fuimos a la casa de un vecino. Yo no tenía idea de qué estaba pasando. Era el fiscal general de los Estados Unidos, quiero decir. Yo no sabía quiénes eran los otros dos hombres que estaban con él. Supuse que eran del gobierno.

El atestado del sargento Jack Clemmons, primer policía que acudió a la casa de Marilyn Monroe tras el aviso de su muerte, no sirvió para nada, cuando en él se observaban numerosas contradicciones de Eunice Murray, Ralph Greenson y el doctor Hyman Engelberg, al que habían llamado para recuperar a la actriz. Tampoco se investigaron otros detalles sospechosos, como la posterior aparición de un vaso de cristal, la desaparición de los registros de las llamadas telefónicas, una misteriosa llamada a la Casa Blanca o la destrucción de papeles y notas.

Y de la misma manera, tampoco se consideró que poco antes de la medianoche del 4 de agosto, el policía Lynn Franklin detuvo un Mercedes oscuro que circulaba a más velocidad de la permitida por las calles de Beverly Hills, dentro del cual se encontraban tanto el actor Peter Lawford -con quien Marilyn había mantenido una estrecha amistad-, como el doctor Greenson y el fiscal general de los Estados Unidos, Robert Kennedy.

Tal como culmina Donald H. Wolfe, «¿Intentaban matar a Marilyn Monroe? ¿O sólo someterla con un `pinchazo crítico’, es decir, suministrarle una dosis mayor de aquella a la que estaba acostumbrada, para poder abrir por la fuerza su archivador, tomar notas, cartas y documentos legales y buscar el libro de secretos? Los indicios señalan homicidio premeditado. En presencia de Bobby Kennedy, le inyectaron una cantidad de barbitúricos suficiente para matar a 15 personas».

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Peter Lawford, Patricia Kennedy, Frank Sinatra y Marilyn compartieron mucho tiempo juntos a finales de los 50.

Según ha desvelado ahora Daily Mail, el expolicía de Los Ángeles, Mike Rothmiller, ha asegurado haber tenido acceso a los documentos secretos del Departamento de Policía de Los Ángeles que encontró en los archivos y que muestran que Marilyn Monroe fue asesinada.

Rothmiller asegura que hace cuatro décadas descubrió las pruebas de la auténtica verdad en torno a la muerte de la actriz. ¿Qué revelaban esos documentos, según él? Asegura que fue el propio Bobby Kennedy quien obligó a Marilyn a ingerir un veneno que acabó con su vida, mientras el actor Peter Lawford estaba de pie y observaba cómo sucedía todo.

Rothmiller afirma que 20 años después le contó este descubrimiento a Lawford y que el actor se derrumbó y le confesó que era cierto.

El hoy expolicía permaneció tantos años en silencio porque mientras los oficiales de policía de alto rango de la época aún estuvieran vivos, podrían haberlo amenazado, tanto a él como a su familia. Temía por su vida y hoy asegura que aún siente miedo, pero cree que es el momento de que el mundo sepa la verdad. De hecho, cuenta que en agosto de 1982, solo unas semanas después de que Lawford le confesara lo que realmente sucedió, fue objetivo de un intento de asesinato. Según su versión, un hombre armado en una motocicleta se detuvo junto a su automóvil y abrió fuego contra él con una pistola semiautomática.

Rothmiller cuenta que hoy desconoce dónde se encuentran esos documentos que halló en el centro de archivos de la División de Inteligencia contra el Crimen Organizado de la ciudad. En el momento que los descubrió, no pudo realizar copias de los mismos, pero afirma que, impactado, tomaba rápidas notas de todo lo que leía. Pasados los años, la División de Inteligencia contra el Crimen Organizado se fusionó con la división antivicio de la policía de Los Ángeles en 1997. El centro de archivos donde Rothmiller hizo el descubrimiento, desapareció y los documentos que albergaba el centro también. nunca supo si fueron destruidos o si fueron trasladados a un lugar secreto.

La muerte de Marilyn Monroe ha sido uno de los episodios de la historia del cine que más ha estado rodeado de misterio. Aunque la versión oficial es que la actriz se suicidó tras ingerir pastillas, víctima de un inestable estado de ánimo que la arrastró a una profunda depresión, las teorías de un posible asesinato con el fin de acabar con una mujer que sabía demasiados trapos sucios sobre la familia Kennedy, siempre han sonado con fuerza hasta hoy.

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