La maravillosa, trágica y breve vida de Karen Carpenter…
Infobae(C.Balbiani) — Karen Carpenter no sentía hambre. O, si alguna vez la había sentido, ya se había olvidado. Al mirarse al espejo, lo que veía le disgustaba. Se sentía gorda, fea, profundamente infeliz. Todo lo que ella representaba para el resto de los mortales que la escuchábamos cantar, no le resultaba suficiente.
Su dulzura, sus éxitos con The Carpenters, su increíble voz llenando espectáculos, su personal estilo… no podían calmar su alma quebrada. La luz y la felicidad se le fueron escurriendo por esas hendijas y solo le quedó el vacío y la oscuridad.
El exceso de laxantes y purgantes y la autopercepción de su físico (padecía anorexia nerviosa y dismorfia corporal) habían deteriorado hasta un punto sin retorno su salud.
Karen, a los 32 años, se había vuelto etérea, transparente. El 4 de febrero de 1983, su corazón efectuó un último latido y luego se detuvo en seco.
Era muy temprano esa mañana cuando Agnes sintió un golpe seco en el piso de arriba de su casa de dos plantas. Subió corriendo. Desplomada sobre el suelo estaba la mejor voz de los años 70, su hija Karen Carpenter.
Como un pájaro que golpea violentamente contra un cristal, en un día de furiosa tormenta, así había colapsado el ruiseñor de la familia.
Con solo 32 años había caído fulminada. No habrían más trinos ni éxitos. Ni angustias ni alegrías.
Su vulnerabilidad, sus adicciones y sus desórdenes alimenticios la habían secado por dentro y por fuera. Ya era esa mañana un manojo de huesos frágiles, una sombra con sus alas plegadas que se desdibujaba sobre un suelo yermo.
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Karen Carpenter en 1983. Tenía 32 años, pesaba 40 kilos. Murió el 4 de febrero cuando su cuerpo dijo basta
Sus éxitos cosechados con los Carpenters no le habían alcanzado para zurcir su dañado corazón que esa mañana del 4 de febrero de 1983, en la casa de sus padres situada en Downey, California, decidió detenerse para siempre.
Una muerte tan anunciada
Su padre Harold Carpenter (74) y la casera intentaron, en vano, resucitarla. Cuando llegó la ambulancia fue trasladada al Hospital Downey Community. Nada pudo hacerse y 20 minutos después fue declarada muerta y enviada a la morgue para averiguar las causas de su deceso.
El médico forense Ronald Kornblun, fue el responsable de realizar la autopsia. Trascendió que le llamaron la atención las marcas de agujas que presentaba el cadáver. Eran las pruebas de la alimentación intravenosa a la que había sido sometida en los meses anteriores a su muerte.
En el reporte N° 83-1611 el perito certificó que científicamente la causa había sido “irregularidades en los latidos causados por desequilibrios químicos asociados con la anorexia nerviosa”. Llevaba padeciendo desde hacía 8 años la entonces desconocida enfermedad.
New Haven -en el Estado de Connecticut, Estados Unidos- podría traducirse como «nuevo refugio». Allí nació Karen Anne Carpenter el 2 de marzo de 1950. Cuatro años antes lo hizo Richard Carpenter, su hermano mayor.
Fueron los únicos dos hijos de Agnes Tatum y Harold Bertram Carpenter, un matrimonio de clase media del noreste de Estados Unidos.
Era la segunda. Richard Carpenter, su hermano, tenía ya 3 años cuando ella llegó al mundo. Sus padres, Agnes Tatum que tenía entonces 35 años y Harold Bertram Carpenter, 42, eran metodistas. El hogar era un matriarcado detentado por Agnes, que se regía por cánones estrictos y exigentes. Karen pasaría su vida buscando su aprobación.
Su padre Harold, en cambio, compartía con sus hijos su pasión por la música y, aunque no se mostraba demasiado cariñoso, solían pasar muy buenos momentos juntos. Los tres disfrutaban, en el sótano de la casa, de la colección de discos de Harold. Los hermanos eran muy unidos, tímidos e inseparables. Richard demostró a una edad temprana su talento para tocar el piano.
Richard y Karen, The Carpenters arrasaban en los 80
Fue justamente para desarrollar ese talento que Agnes insistió para que la familia se mudara a California. Allí habría más oportunidades en el mundo de los emprendimientos musicales.
Vendieron la casa y, en 1963, se establecieron en Downey, ahí no más de Los Ángeles.
En la secundaria Downey High School, Karen descubrió que odiaba la geometría y la gimnasia y se anotó en la banda del colegio. Ahí sí que emergió su verdadera pasión: la batería. Después de su graduación se unió al coro de Long Beach State. Su extraordinaria voz levantó vuelo.
Con su hermano y un amigo llamado Wes Jacobs formaron el Richard Carpenter Trio, en 1965, y empezaron a tocar en distintos lugares de Hollywood. Hacía, sobre todo, jazz.
En 1966 ganaron un importante concurso musical entre adolescentes, en el Hollywood Bowl, que les permitió firmar un contrato con la discográfica RCA. Pero, lamentablemente, esto no condujo a ningún disco, por lo que decepcionado Wes Jacobs abandonó el trío.
Pero Richard era sagaz y percibió enseguida el potencial económico de Karen. Su hermana era un diamante en bruto: era contralto, poseía una voz angelical perfecta con registros bajos. Richard se esmeró e hizo arreglos musicales que explotaran al máximo esas virtudes de Karen.
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Los hermanos Karen y Richard Carpenter. Él era sagaz y sabía que su hermana era un diamante en bruto: era contralto, poseía una voz angelical perfecta con registros bajos
Al principio parecía que sus canciones estaban fuera de todo catálogo, porque hacia fines de los años 60 y principios de los 70 la sociedad estaba comprometida con los reclamos sobre la guerra de Vietnam.
Se unieron a otro amigo de Richard, John Bettis, y armaron Spectrum. Otra vez fracasaron y Bettis dejó el grupo. No bajaron los brazos y Richard, por medio de su madre, consiguió que sus demos circularan por las discográficas hasta llegar a las manos de alguien que sí les prestaría atención: Herb Alpert, fundador de A&M Records.
Firmaron contratos y empezó el éxito. Era abril de 1969.
En A&M Records le dieron libertad absoluta para hacer lo que quisieran. Ese mismo año salió Offering, su primer álbum que no resultó muy popular. Alpert les sugirió entonces que grabaran la canción They long to be close to you. Richard y Karen eran obedientes: lo hicieron.
Alpert no se había equivocado, el tema llegó al puesto número 1 en el año 1970. La voz era de Karen. Luego, llegaron a los Grammy. El boom del dúo fue inmediato y entraron en la gran escena del mundo de la música.
A ese exitazo siguieron más canciones super pegadizas y taquilleras: Top of the World, Please Mr. Postman, We’ve only just begun, Rainy days and mondays, There’s a kind of hush (All over the world), entre otras, que hoy cualquier persona de edad recuerda como un clásico.
Vendían y vendían a más no poder. El dinero entraba a raudales. Mientras Richard era el líder musical de la banda; Agnes, su madre, era la regente de la moral familiar y musical. Karen era millonaria, pretendía vivir sola. Pero el extremo conservadurismo de su madre le puso el límite.
La familia no era perfecta. Lejos estaba de serlo.
Los excesos ocurrían puertas adentro a pesar de los límites que Agenes creía poner. Los padres no registraban la seriedad del asunto. Richard se la pasaba tomando metacualona (un sedante hipnótico para combatir el insomnio) y la angustia de Karen era creciente e incontrolable.
Brillaba desde las portadas de sus discos, vendían millones, eran aplaudidos y buscados. Pero el mundo de Karen se desmoronaba sin pausa.
Los medios de comunicación habían empezado a tratarla de “rellenita” y “gordita”. Nada podía ser peor para la insegura Karen. Comenzó a verse como no era. Sus síntomas de anorexia ya eran evidentes en 1973. Sus desórdenes alimenticios se volvieron cotidianos.
Pero esas enfermedades que padecía no eran tomadas en cuenta como hoy. Es más: la enfermedad de Karen Carpenter fue de alguna manera un toque de atención para las jóvenes y familias de la época.
Karen se volcó a las dietas y se volvió una fan del ejercicio físico. Hacía sus giras con un equipo de gimnasia y un entrenador personal. Karen no quería ser llamada gordita nunca más. Haría lo imposible para que eso no le volviera a ocurrir.
Para eso llegó a tomar hasta noventa pastillas diarias entre laxantes y grageas para adelgazar. Y, claro, seguía abusando del jarabe de ipecacuana para provocarse los vómitos que le permitían restar combustible a su cuerpo.
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Los medios habían empezado a tratarla de “rellenita” y “gordita”. Insegura, comenzó a verse como no era. Ya por el año 1973 presentaba síntomas de graves desórdenes alimenticios
Poniendo la máquina a todo trapo y dándole lo menos posible, no había manera de que nadie volviera a llamarla “rellenita”. Piel y huesos. Aun así, no estaba contenta.
En el año 1975 los lectores de la revista Playboy la eligieron como la mejor baterista del año. Ese mismo año llegó a pesar 41 kilos. Era un espectro vestido.
En 1979 Richard su hermano fue internado en una clínica para recuperarse de la adicción a los somníferos. El manager de Karen, Jerry Weintraub, la animó a que hiciera un disco como solista. El productor contratado para ese disco fue Phil Ramone, un famoso productor neoyorquino.
Lo terminaron a principios de 1980, pero los ejecutivos del sello dijeron que la selección de los temas era pobre. La aventura implicó perder medio millón de dólares. Detrás de ese veto estaban los celos enfermizos de su hermano Richard que se oponía a que ella lanzara un disco como solista.
Él, el preferido de mamá, el líder de la banda, no quería relegar su primer plano. Lo enloquecía pensar que su hermana pasara al frente y lo opacara.
Después de la muerte de Karen, los celos de Richard cedieron y levantó ese veto que había impuesto y decidió lanzarlo.

Lo que no se dice
Madre controladora, padre desinteresado y hermano egocéntrico… Karen no podía escapar a su destino difícil. Con hábitos destructivos, abusos generalizados, su organismo se resintió. Malnutrida, su músculo cardíaco sufría irremediablemente.
Subía al escenario como un esqueleto de 40 kilos. Todos los veían, pero nadie hacía demasiado.
A pesar de que su salud se deterioraba, su trabajo continuó siendo elogiado y fue nominada en la lista de la revista Rolling Stone entre las 100 más grandes cantantes de todos los tiempos.
Karen ocultaba sus huesos pelados con capas de ropa. Aprendió a mentir y a fingir que comía. Le escapaba a las playas para no suscitar comentarios. Ya no veían a aquella que los medios se habían animado a llamar rellenita alguna vez. Los pocos que vislumbraban lo que había bajo esa ropa se espantaban.
En 1981, durante una gira por Europa, sus adicciones quedaron expuestas. En una farmacia de París se armó un escándalo cuando pretendió comprar cantidades industriales de laxantes. A su retorno fue enviada a Nueva York, donde consultaron a Steven Levenkron, uno de los pocos expertos en desórdenes alimenticios.
Levenkron forzó una reunión familiar que resultó un bochorno: su familia no comprendía la enfermedad, le negaban y la minimizaban. Decían que Karen solo quería llevarles la contraria.
Agnes le recriminaba sus comportamientos y jamás intuyó que lo que le faltaba a Karen era contención y afecto. Las reglas, todo eran las reglas. Pero la joven tenía frecuentes desmayos y ya no tenía fuerzas para cantar. Era un pájaro triste sin voz.

En eso estaba cuando se enamoró de Tom Burris. Se casaron el 31 de agosto de 1981. Él tenía varios años más, había dejado a su mujer por Karen y se dedicaba a bienes raíces.
Una semana antes del casamiento Tom le confesó que se había realizado una vasectomía y que por ende no podría tener hijos. Karen se sintió engañada y traicionada y quiso suspender la boda. Ella sí quería hijos.
Otra vez apareció Agnes, la madre inflexible que le exigió seguir adelante porque las invitaciones ya estaban enviadas y los medios habían sido convocados. Agnes no querían un escándalo.
Se casaron, pero Tom Burris que estaba tapado de deudas solo quería salvarse gracias a la fortuna de Karen.
El amor a Karen se le hacía esquivo. Burris, además, horadó todo lo que pudo la poquísima autoestima de su mujer. Despectivamente se burlaba: “Se te notan todos los huesos”.
Entre que Karen siempre había odiado su cuerpo, su marido la hundía más y más. Un año después se separaron.
El 20 de septiembre de 1982 fue internada en un hospital de Nueva York para hidratarla y alimentarla por la fuerza. El tratamiento logró que ella volviera a consumir alimentos sólidos, subiera de peso y tuviera nuevamente la menstruación que se le había retirado.

El 16 de noviembre volvió a Los Ángeles, pero la grieta con su familia era insostenible. Todos aparentaban normalidad, pero Karen estaba profundamente desconsolada. Necesitaba ser abrazada.
Se enfrascó en su trabajo y el dúo resucitó. Grabaron Made in America. Para promocionarlo dieron una entrevista a la BBC donde la periodista le preguntó sin titubear si ella “sufría la enfermedad del adelgazamiento”. Ella mintió y lo negó. Los rumores que corrían eran insoportables para los Carpenters.
Karen se sometió a varias terapias para superar su enfrentamiento con la comida, pero no ganó la batalla.
La última noche de su vida, Karen fue a dormir a casa de sus padres. Estaba angustiada, al día siguiente firmaría sus papeles de divorcio.
Su corazón vacío de todo, no pudo más.
Todo en la vida de Karen Carpenter fue extremo y doble. Su nombre -el nombre de su banda, The Carpenters– dispara al instante un recuerdo meloso: «Why do birds, suddenly appear…». Su voz es recordada entre grave y dulce, única para muchos, angelical. Sin embargo, su paso por este mundo duró apenas 32 años y fue más bien agudo y triste. La encontró su madre tirada en el suelo de la habitación, ya demasiado flaca. La llevaron al hospital pero fue inútil.
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