Narcisismo, perversión y traumas sexuales: por qué Dalí se escondió 80 años tras el personaje del genio loco…

«La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco», dijo Dalí, aunque se dudase de su cordura. ¿Era o se hacía con intención de que su obra lograra más difusión? Esta duda lo persiguió más allá de su muerte…
historiahoy.com/Infobae(M.Funes)/elcorreo.com(U.Izquierdo) — En la revista Revolución Surrealista, de 1924, se publicaron artículos sobre sueños, escritura automática y suicidio. Cuando en 1930, Bretón, Eluard y Aragon adhieren al comunismo, la revista pasó a llamarse, El surrealismo al servicio de la Revolución.
El movimiento proclamó que la forma de expresar la verdadera función del pensamiento debía ser dictado “en ausencia de todo control ejercido por la razón y fuera de toda preocupación estética o moral”. Pretendían emancipar la imaginación de toda atadura para establecer nuevos códigos de conducta.
Estos nuevos códigos, obviamente, incluían a la política. El movimiento surrealista deseaba adquirir una base científico-filosófica tomando la dialéctica marxista y las teorías freudianas como punto de partida.
De estas últimas adoptaron la teoría de los sueños (La teoría de los sueños había sido propuesta por Freud otorgándole a ellos valor diagnóstico, una forma en la que el inconsciente se expresaba sin influencias del “Super Yo”, el estudio biológico del sueño, sus distintos períodos y capacidad evocatoria le han restado a la actividad onírica esta intención diagnóstica) que, entre otras cosas, dieron fundamentos estructurales al simbolismo y la libre asociación, propuestas que convirtieron al surrealismo en el movimiento más integrador del siglo XX.
La pintura (Dalí), la fotografía (Man Ray), el cine (Perro andaluz, de Buñuel), la poesía (Artaud) y hasta novelas le otorgaron una enorme difusión.

Salvador Dalí y Man Ray (1934).
Mientras Joan Miró apoyó a los republicanos durante la Guerra Civil y pintó El segador para la Exposición Internacional de París del 36 y la litografía Aidez l’Espagne, a fin de recaudar fondos para apoyar la causa. Este gesto parece no haber sido un obstáculo para volver a España en 1942.
El franquismo debe haber percibido que sus cuadros, de puntos y estrellas y figuras aparentemente sin nexo, no implicaban un inminente peligro político.
Dalí, en cambio, no era hombre de izquierda; según Bretón era un “Avida Dollar”, un anagrama del apellido del pintor que reflejaba una codicia que no necesitó disfrazar, aunque sí teatralizar a lo largo de su carrera. Dalí usufructuó de este exhibicionismo con la idea de promocionar sus obras, especialmente en el mercado americano.
En 1929 fue expulsado de su casa por su padre quien lo desheredó. En la oportunidad, Dalí le presentó un preservativo lleno de su esperma y le dijo “Tomá, ya no te debo nada”.

Dalí y Gala – Casamiento (1932).
En 1934, Dalí y Gala se casaron y ese año el artista pintó El enigma de Hitler, la imagen de un plato con un auricular de teléfono suspendido de una rama. Si bien el mensaje es críptico, se sabe que antes de la guerra el pintor alabó la figura del canciller alemán, circunstancia que provocó su expulsión del movimiento surrealista.

El enigma de Hitler – Salvador Dalí.
Vale aclarar que entonces la figura del canciller creaba adhesiones en el mundo, la espectacular reconstrucción de Alemania le había otorgado cierto prestigio entre distintas personalidades como Charles Lindbergh, John Kennedy, el mismo Stalin y músicos como Huberman (que después fue condenado por el nazismo), sin mencionar distintos gobernantes sudamericanos que fueron anfitriones de jerarcas y genocidas nazis después de la contienda cuando ya eran conocidos sus excesos.
Hitler fue dos veces tapa de la revista Times y nombrado por esta publicación como “El hombre del año” en 1938.

Revista Time – 1938.
En 1937, Dalí pintó Premonición de la Guerra Civil (originalmente llamada Construcción blanda con judías cocidas), una reinterpretación del Saturno devorando a sus hijos, obra que Goya pintó durante la invasión de España por Napoleón. La obra articula sus partes como si fuese una construcción arquitectónica.
La escena se sabe que se desarrolla en Ampurdán, cerca de Cadaqués, porque el personaje retratado era el farmacéutico de ese pueblo. El cuerpo destrozado simboliza la contradicción interna que desgarraba a España. La pintura fue finalizada seis meses antes del comienzo de la Guerra.

Premonición de la Guerra Civil – Salvador Dalí.
En esta y otras obras posteriores, Dalí gráfica la tensión que se vivía en una España segmentada por el odio. En cuanto a las judías que ocupan un segundo plano, en palabras del artista son “una metáfora intestinal”.
Esta visión autodestructiva y digestiva de los acontecimientos, también se puede apreciar en Canibalismo de otoño, obra pintada en 1937. Los dos cuerpos entrelazados con delicadeza y sadismo parecen representar a las facciones en pugna.

Canibalismo de otoño – Salvador Dalí.
Durante la guerra Dalí y su esposa Gala vivieron, como muchos otros artistas, en los Estados Unidos.
Después de haber pasado dos años trabajando en los estudios Disney en la realización de un dibujo animado del tipo de Fantasía, que finalmente no se concluyó, Dalí pasó a la España franquista en 1948 sin ser molestado y gozando de cierta veneración a pesar de su actitud provocativa y polémica, pero que supo evitar los resbaladizos caminos de la política.
Los recursos creativos de Dalí también abordaron el cine, la escultura y la fotografía a través de numerosas colaboraciones con otros artistas audiovisuales. Tuvo la habilidad de forjar un estilo marcadamente personal y reconocible que, en realidad, era muy ecléctico y que “vampirizó” innovaciones ajenas.
Hombre creativo e imaginativo, Dalí manifestó una tendencia al narcisismo y a la megalomanía, que canalizó como autopromoción, con el objeto de llamar la atención. Esta conducta irritaba a quienes apreciaban su arte y justificaba a sus críticos.
Estos últimos rechazaban sus conductas excéntricas ocasionalmente más llamativas que su producción artística.
Dalí atribuía su “amor por todo lo que es dorado y resulta excesivo, su pasión por el lujo y su amor por la moda oriental” a un supuesto linaje arábigo, que remontaba sus raíces a los tiempos de la dominación musulmana de la península ibérica: otra excusa que agregaba brillo y controversia a sus declaraciones que nunca dejaron de conmover a los medios.
En 1980 la salud de Dalí se debilitó. A esto debió agregarse el hecho que Gala comenzó a manifestar signos de senilidad. Finalmente murió el 10 de junio de 1982. Este fue un golpe muy duro para el artista que perdió sus ansias de vivir. De hecho, tuvo un severo episodio de deshidratación que fue interpretado como un intento de suicidio.
El Parkinson que sufría el artista empeoró al igual que su lucidez mental.
Estando en el castillo de Púbol, en su dormitorio, se desató un incendio, que también fue considerado como un intento de suicidio. Probablemente, todo esto se haya debido a la desubicación temporo espacial propia de su demencia.
En este periodo Dalí firmó cientos de lienzos en blanco que dieron lugar a un negocio de sus cuidadores. De hecho, hoy es frecuente ver obras firmadas por Dalí pero de dudosa procedencia.
El 23 de enero de 1989, murió de un paro cardiorrespiratorio, escuchando su obra preferida: Tristán e Isolda.
Fue embalsamado y enterrado bajo la cúpula del Museo Salvador Dalí, en Figueras, donde se atesora su obra.
Por deseo testamentario, el estado español fue declarado su heredero universal.
En el 2017 su cuerpo fue exhumado para tomar una muestra de ADN por un juicio de paternidad. En la oportunidad constataron que sus bigotes permanecían en la misma posición que tuvieron cuando el pintor vivía, como un reloj señalando las 10 y 10.

La persistencia de la memoria, la obra más popular de Salvador Dalí –cuyo original cuelga hoy en el MOMA de Nueva York pero se reproduce en miles de pósters en bares, oficinas y salas de espera de todo el mundo– es tal vez la mejor evocación del pintor surrealista acerca de cómo el inconsciente se aleja de la realidad. Los recuerdos permanecen, sí, pero se desdibujan, pueden tomar la forma de otra cosa.
Algo parecido ocurre con La Vida Secreta de Salvador Dalí, la autobiografía que el artista catalán, nacido en Figueras el 11 de mayo de 1904, publicó a sus 38 años.
En un célebre ensayo de la época, George Orwell diría sobre quien André Bretón ya había bautizado con el anagrama despectivo de “Avida Dollars” por comercializar su arte: “Dalí es incluso, según su propio diagnóstico, un narcisista, y su autobiografía es simplemente un acto de strip-tease.
Tiene valor como registro de la fantasía y de la perversión del instinto”. No importaba, decía el autor de 1984, si esa perversión de Dalí era real o imaginaria, porque, en definitiva, hablaba de lo que habría deseado ser.
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“Dalí es incluso, según su propio diagnóstico, un narcisista, y su autobiografía es simplemente un acto de strip-tease. Tiene valor como registro de la fantasía y de la perversión del instinto”, dijo George Orwell
En sus memorias, el hombre que hizo una marca de su coqueteo con la locura y de su famoso bigote “a las diez y diez”, aseguraba, sin que nada de eso pudiera probarse, que a los cinco años había empujado a un niño desde lo alto de un puente colgante y a los seis le había dado una “patada terrible” en la cabeza a su hermanita de forma premeditada, “como si fuera una pelota”.
Esa crueldad sin fundamento se sostendría en el tiempo, especialmente contra las mujeres: sus biógrafos coinciden en que le tenía aversión al sexo y a los genitales femeninos y en que, hasta que conoció a Gala, solía cultivar vínculos con quienes lo admiraban, solo para sentirse después asqueado por ellos.
Por ejemplo, jugó durante cinco años con una chica que estaba enamorada de él, y a la que excitaba con besos y caricias, pero con la que se negaba sistemáticamente a consumar la relación.
El mismo admitiría que cuando conoció a Gala –en realidad, Elena Ivánovna Diákonova–, era virgen. El tenía 25 años, ella, diez más, y llevaba 17 de un matrimonio con el poeta Paul Eluard que rompía todas las convenciones del momento y que sería transgresor incluso en nuestros días: libre, creativo, apasionado, poliamoroso y con una hija, Cécile, a la que aquella sofisticada soviética no tenía intenciones de cuidar.
Dalí dijo ver en ella “un efebo femenino” cuando la pareja llegó con Cécile a Cadaqués en el verano de 1929.
En sus largas caminatas por la Bahía de Portlligat, hablaban sobre traumas infantiles, surrealismo y coprofilia. Es que el resto del grupo, en el que se encontraban René Magritte y Georgette Berger y un furioso Luis Buñuel –que planeaba colaborar con el artista en el guión de La edad de oro, pero lo encontró “transformado, no hablando más que de Gala”–, había captado la fascinación de Dalí por la entonces Madame Eluard y le había encargado que le preguntase si era coprófago para burlarse del cuadro que estaba pintando, en el que se veía en primer plano a un hombre manchado de excrementos.
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Salvador Dali and Gala 1959. Cuando la conoció el pintor le confesó que le recordaba a una niña de su pasado y la bautizó “Galushka redivida”. Finalmente conmovida por su sinceridad, Gala le anunciaría, como una promesa: “Niñito, tú y yo no nos separaremos nunca”
Dalí se rindió entre risas ante su enamorada: “Aborrezco conscientemente ese tipo de aberración tanto como pueda aborrecerla usted. Pero considero a la escatología como un elemento de terror, igual que la sangre o mi fobia por las langostas”.
Después le contó que su padre, respetado escribano de Figueres, había llegado un día a su casa diciendo que “se había hecho encima”, y que tal vez la referencia en su obra provenía de ahí. Le confesó que le recordaba a una niña de su pasado y la bautizó “Galushka redivida”.
Finalmente conmovida por su sinceridad, Gala le anunciaría, como una promesa: “Niñito, tú y yo no nos separaremos nunca”.
En Dali Parlat (Dalí Hablado), el libro que recoge las entrevistas que el periodista barcelonés Lluís Permanyer mantuvo con el pintor en 1962, 1972 y 1978, dice que, sin embargo, en aquellas primeras semanas, no tuvieron relaciones sexuales: “Besé sus labios que se entreabrieron.
No había besado así, profundamente, e ignoraba que pudiera hacerse. De un solo impulso, todos mis parsifales eróticos despertaron bajo las sacudidas del deseo en mi carne durante tanto tiempo tiranizada”.
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Salvador Dalí y Federico García Lorca in Cadaqués. Entre ellos, la amistad fue más allá: la suya fue una historia de amor atormentada a la que solo puso fin el asesinato del poeta en 1936
La sexualidad de Dalí, tratándose de un admirador de Freud como era, da para un tratado en sí mismo. Según declaró en una entrevista con Playboy en los años sesenta: “Le tenía un miedo fantástico al sexo.
Tenía miedo de ser impotente, porque leí un libro erótico que hablaba de la costumbre española tan brutal de hacer el amor, no por delante sino por detrás, y dice que la mujer produce un ruido como si rompieras una sandía. Sentí que era imposible que yo pudiera provocar ese ruido y esto me creó un complejo de impotencia.
Pero después descubro que no soy impotente”. A Permanyer le contó, además de lo de la sandía, que había descubierto que su pene era bastante más pequeño que el de los demás, a lo que se sumaba un atroz temor a contraer enfermedades venéreas y, por lo tanto, al contacto físico.
En su primera visita a París, contaba, había recorrido burdeles limitándose a masturbarse mientras miraba a las prostitutas a distancia, para evitar cualquier hipotético contagio.
Lo perturbaba también otro tema que mencionó en varias ocasiones: su latente homosexualidad. Junto a Buñuel, y en un hecho extraordinario, eran grandes amigos de Federico García Lorca: eran quizá los tres artistas más importantes de la España del siglo XX y compartían la intimidad.
Pero, entre Dalí y Lorca, la amistad fue más allá: la suya fue una historia de amor atormentada a la que solo puso fin el asesinato del poeta en 1936.
“Fue un amor erótico y trágico”, le dijo el pintor al hispanista Ian Gibson que lo retrató en La vida desaforada de Salvador Dalí. Ya había contado que en el 26 Lorca había intentado penetrarlo analmente en dos ocasiones pero él no fue capaz porque “no era pederasta y le dolía” (sic).
Para Gibson, el autor de Bodas de sangre fue el ver dadero gran amor del genio del surrealismo, un amor que no se permitió porque “a lo que más le temía en la vida era a ser homosexual”.
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En los sesenta, su casa de Portlligat pasó a ser un centro de peregrinaje de la bohemia hippie del momento. Por esos años, la artista y modelo trans Amanda Lear se convirtió en su nueva musa y compañera y llegó a vivir en Cadaqués con el visto bueno de Gala
Los traumas de los que hablaría con Gala se completaban con los miedos y la represión propia de haber sido educado en una típica familia burguesa catalana de principios del siglo XX.
Permanyer también llegaría a preguntarle en sus entrevistas, “¿Por qué siempre habla de sodomizar a Gala?”, a lo que Dalí respondería: “Es lo que más me seduce. He de manifestarle que a mí los pechos y el sexo femenino no me interesan. Me interesa el culo. Porque el culo es un agujero claro, limpio y sé lo que allí hay.
En cambio en el sexo femenino hay labios, clítoris… confusión. Uno se extravía… Además por ahí nacen los niños. Jamás ha salido nadie por el ojo del culo”. (sic)
¿Quién fue Gala entonces en la vida de Dalí? “La mujer que le permitió ir por la vida como si fuera heterosexual”, dice Gibson. Alguien de quien “dependía como un niño y lo cuidaba a su vez como una madre”, dice la escritora Monika Zgustova, autora de La intrusa: Retrato íntimo de Gala Dalí.
Pronto comenzó a ejercer como intermediaria de su obra, casi como una marchand que se ocupaba del dinero (de la misma manera que había impulsado antes la carrera de Eluard), pero su papel iba mucho más allá. “Ella no era sólo una modelo pasiva, una musa: decidía cómo quería salir en el cuadro, se disfrazaba de lo que quería –dice su biógrafa, Estrella de Diego–.
Aquello fue un proyecto común. Ella era su propia obra y construía la mirada de Dalí, cosa que él reconoció firmando como ‘Gala Salvador Dalí’. Más que coautores, eran el personaje a dos que se inventaron”.
Sobre todas las cosas, Gala estaba ahí para cubrir la incapacidad social de Salvador, sus ataques de ansiedad, su tener que sentarse en la última fila del cine por si tenía que salir corriendo, todo aquello que hacía que solo pudiera salvarse si aparecía en público detrás de un personaje: el del loco pintor surrealista.
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¿Quién fue Gala entonces en la vida de Dalí? “La mujer que le permitió ir por la vida como si fuera heterosexual”, dice Gibson. Alguien de quien “dependía como un niño y lo cuidaba a su vez como una madre”, dice la escritora Monika Zgustova
Se casaron en el consulado de España en París a fines del 34, cuando ella se divorció de Paul. Aunque el poeta volvió a casarse a su vez con la famosa modelo de Man Ray Nusch, nunca dejó de escribirle cartas de amor a Gala ni de acostarse con ella, incluso cuando ya estaba con Salvador.
Habían pasado en Francia la guerra civil. Y cuando sobrevino la Segunda Guerra Mundial, se exiliaron en los Estados Unidos. Antes de embarcar desde Lisboa, en 1940, Dalí quiso volver a Figueres a despedirse de su padre y de su hermana Anna María.
Encontró a su padre convertido en franquista y a su hermana traumatizada después de haber sido torturada y violada por los republicanos.
“El ensayo revolucionario ha sido tan desastroso que todo el mundo prefiere a Franco”, escribió entonces. Breton ya lo había acusado de defender a Hitler, algo que Dalí refutó, aunque insistía en que el surrealismo podía existir en un contexto apolítico, y se negaba a denunciar públicamente el régimen fascista alemán.
Fue por eso que lo expulsaron del movimiento tras someterlo a un “juicio surrealista”. La réplica del catalán pasaría a la historia: “Yo soy el surrealismo”, respondió.
Tras un exilio dorado en América, la pareja regresó a la España franquista en el 48. Diez años más tarde, tras la muerte de Eluard, se casarían por Iglesia en secreto en el Santuario dels Àngels, en Sant Martí Vell, de Girona. Llevaban tres décadas juntos y los únicos testigos fueron cuatro curas y un secretario del juzgado.
Ni siquiera hay fotos del evento: el secretario tomó unas instantáneas, pero al revelarlas descubrió que estaban veladas. “Me gustaría que toda mi vida se convirtiera en un ritual. Dalí es lo contrario de todos, porque todos se divorcian continuamente, mientras que yo me caso con mi mujer una y otra vez”, diría el pintor sobre sí mismo, asegurando que volvería a casarse, aunque jamás llegó a hacerlo.
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«Me gustaría que toda mi vida se convirtiera en un ritual. Dalí es lo contrario de todos, porque todos se divorcian continuamente, mientras que yo me caso con mi mujer una y otra vez”, diría el pintor sobre sí mismo, asegurando que volvería a casarse
En los sesenta, su casa de Portlligat pasó a ser un centro de peregrinaje de la bohemia hippie del momento, incluyendo a John Lennon y Yoko Ono. Por esos años, la artista y modelo trans Amanda Lear se convirtió en su nueva musa y compañera y llegó a vivir en Cadaqués con el visto bueno de Gala.
“Ella me dio mi propia habitación en Portlligat y me pagaba los tickets de avión para reunirme con ellos en Nueva York o Barcelona –escribe en su libro Mi vida con Dalí–. Salvador nunca me dio dinero: eso me hubiese convertido en su amante, un concepto burgués que siempre rechazó, aunque todos saben que lo fuimos”.
En 1969, Dalí conoció en París al pintor colombiano Carlos Lozano, que contó su experiencia con el pintor y su mujer en Sexo, surrealismo, Dalí y yo, de Clifford Thurlow. El primer encuentro fue en una de las soirées de “príncipes y mendigos” que organizaba el artista en el hotel Meurice, donde personajes del jet set se mezclaban con ignotos cuyo único requisito para entrar era su belleza.
Dalí lo bautizó como la “Violetera” y lo invitó a Cadaqués, donde lo apoyó para que abriera varias galerías de arte. “Me sentía más que encantado: embelesado –cuenta–. Dalí era un voyeur, ‘el gran masturbador’, pero lo que lo impulsaba era un deseo decididamente pederasta.
Lo atraían los jovencitos inexpertos, en particular los andróginos y, explícitamente, los transexuales. Se deleitaba con lo bizarro, lo antinatural, lo surrealista. Sus orgasmos provenían de lo escandaloso, lo lujurioso y lo lascivo…”.
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Salvador Dali en el techo de su casa de Cadaques en la Costa Brava española
La misión de Lozano era buscarle amantes jóvenes a Gala y material masturbatorio a Dalí: “Gala participaba, con sus jóvenes amigos, a los que podía cuadriplicar la edad. La masturbación, el voyeurismo, o cualquier forma de autosatisfacción sexual sin coito eran, para Dalí, el súmmum”.
También lo eran las vírgenes a quienes –describe sin pudores Lozano–, “Dalí santiguaba con su propio semen tras excitarse mientras éstas despedían su pureza”.
El propio artista hablaba abiertamente de sus preferencias en entrevistas de la época, en las que declaraba: “Nunca hago el amor con nadie que no sea Madame Dalí. Evito siempre los contactos. Un poco de voyeurismo, acompañado de masturbación, me es suficiente. Con eso ya disfruto y de sobras”.
La apertura sexual no se daba sin celos: Gala tenía amantes y Dalí era mucho más demandante de lo que había sido Eluard; sufría cuando ella se obsesionaba por jóvenes actores. Además los dos necesitaban que “Avida Dollars” siguiera siendo una máquina de hacer dinero.
“Todo estaba muy controlado por Gala; ella dirigía el programa –relata también Lozano– Dalí estaba loco, pero no se le permitía estar loco todo el día: trabajaba a menudo 14 horas diarias”.
En los años setenta, la decadencia de la vejez los encontró dependiendo tanto uno del otro como detestándose. Cansada de vivir en un happening permanente, Gala se había retirado al Castillo de Púbol, un regalo de su marido al que no tenía acceso sin previa invitación de ella.
Mientras crecía el injusto mito de que si Dalí se había distanciado de muchos de sus amigos del arte o se había vuelto comercial o incluso loco, era culpa de “la vieja bruja Gala” a la que solo le había importado ser rica y famosa, el bloque infranqueable que habían sido durante cincuenta años parecía quebrarse hasta el límite de la violencia más cruel.
Según Gibson, ella le daba anfetaminas y sedantes que le crearon una dependencia y acrecentaron su personalidad paranoica.
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En los años setenta, la decadencia de la vejez los encontró dependiendo tanto uno del otro como detestándose. Cansada de vivir en un happening permanente, Gala se había retirado al Castillo de Púbol, Según Gibson, ella le daba anfetaminas y sedantes que le crearon una dependencia y acrecentaron su personalidad paranoica
Los relatos sobre sus años finales son dramáticos. Gala también tomaba pastillas y Dalí temía morir intoxicado. En una de sus últimas salidas públicas se enfrentaron en un restaurante porque el pintor se negaba a comer una langosta por miedo a que estuviese envenenada.
Entonces, Gala le arrancó el bastón y lo sacó a golpes a la calle. En otro incidente que nunca terminó de esclarecerse, Gala cayó por las escaleras mientras peleaban y se rompió dos costillas. Dos días después, resbaló en la bañera y se quebró el fémur. Pero ante la consciencia de la cercanía de la muerte, hizo un testamento en el que dejó todos sus bienes a Salvador y nada a su hija.
También habría llamado por teléfono a Amanda Lear, a quien le suplicó: “¡Júrame que si me muero te casarás con Dalí!”.
Si bien no lo hizo, la modelo fue una de las pocas que siguió visitando al artista en el Castillo de Púbol y luego en la Torre Galatea, a donde se mudó tras la muerte de Gala en junio del 82. Solo, enfermo y recluido, se negaba a tomar la medicación y a comer, era alimentado por sonda y arañaba a las enfermeras.
“Lo vi por última vez en 1983 y me dejó una imagen patética y trágica: rodeado de manos rapaces que, con la excusa de protegerlo, lo habían aislado del mundo y de sus amigos”, cuenta Lear en sus memorias. El pintor la recibió a oscuras; aquella mente brillante ya estaba en otro mundo.
Murió el 23 de enero de 1989. Por 84 años había llevado una máscara: hasta pidió ser enterrado con su bigote característico perfectamente peinado.
Si Orwell decía que el valor de su autobiografía era mostrar cuán perverso había deseado ser, más allá de cualquier fantasía, su obra permanece como legado tangible de la búsqueda de huir de la realidad que lo convirtió en uno de los grandes genios de la historia del siglo XX.
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Abril 1971. Salvador Dalí, durante una presentación de su retrato realizado en cera en el Gustave Moreau Museum de París
Un vistazo a las locuras más absurdas de Dalí
Sus amigos dicen que previamente ya vivió su muerte con la de su esposa, Gala. Entonces fue ingresado con síntomas severos de desnutrición. Porque sin Gala, Dalí se abandonó, no quería ni comer ni beber. Quizá sean estos datos los más veraces en su biografía, porque lo atestiguan los partes médicos.
– Dalí y su infancia De nombre profético según él, sus padres le pusieron el mismo nombre que llevaba su hermano, difunto a los pocos años de edad. ¿Por qué la elección de Salvador? El artista aseguraba que había llegado al mundo para salvar la pintura del arte abstracto, del surrealismo que enseñaban en las escuelas y de todos los ismos restantes, que él desdeñaba.
Cuando tenía seis años quiso ser cocinera, como si cocinero de género masculino no fuera suficiente ambición. Aprendió a mezclar los colores con ayuda de un amigo de su padre y vivió una infancia de luces y sombras influido por el viento de la tramontana.
– Dalí, Lorca y Buñuel: En la búsqueda de su retrato, hizo las maletas y puso pies en Madrid para aprender el oficio en contra de la opinión de su progenitor. Allí encontró dos amigos que harían el guión perfecto: Lorca y Buñuel, que si se cruzaron en su camino es porque estaba de Dios para que la literatura sobre el personaje pudiera tener capítulos.
En la Residencia de Estudiantes le llamaban el músico o el polaco por su manera extravagante de vestir. Y a su estilo de dandi le añadió el bigote. Además de transferirle una personalidad única, le permitía ejecutar una ceremonia de diminutos movimientos para calmar su ansiedad. Ese era uno de sus rasgos principales. Otro, la falta de humildad.
Le echaron de la Academia de San Fernando, donde fue a estudiar, por esta intervención en una prueba: Yo sé tanto de Rafael, mucho más que estos tres profesores juntos, que no puedo examinarme. Así lo demuestra en su versión de lo acontecido, otras lenguas aseguran que inició revueltas entre el resto de los alumnos.

Nadie sabe lo que pasó allí entre él y el poeta de Granada. Lorca se había enamorado y Dalí se dejó querer.
Leía divinamente, recordaba el pintor de Figueras.
Me decía que era un maravilloso poeta y que le debía un poco del ojo del culo del Divino Dalí.
Yo quería complacerle (…) e incluso lo intenté.
Pero fui incapaz de satisfacerle.
Ambos discurrieron sobre un proyecto de libro ilustrado que nunca se materializó.
A Dalí, su ‘Romancero gitano’ le pareció una concesión de arte putrefacto y a Lorca no le gustó su evolución pictórica. Y encima, con una guerra civil de por medio, el abrazo de la reconciliación nunca llegó a firmarse.
– Dalí y sus creaciones: Pero Dalí, además de ser un gran creador artístico fue el inventor del marketing. Creó el logo que conocemos de Chupa chups, fue la imagen en televisión de los chocolates Lanvin y el protagonista de un spot de las pastillas Alka-Seltzer; pero sus verdaderas campañas las basó en fundamentos de la performance: subió un caballo blanco a su habitación de un hotel en París y arrojó una bañera de una exposición que diseñó contra el escaparate de unos grandes almacenes de Manhattan porque habían cambiado parte de su montaje. Le costó una noche en el calabozo.
Un día de Navidad también salió a las calles de Nueva York con una campana, agitándola siempre que consideraba que los viandantes no le prestaban la suficiente atención. El surrealismo soy yo, pregonaba allí donde fuera invitado. Para fabricar a su medida los elementos de esta corriente, el pintor dormía con una cuchara en la mano para despertar en el mismo instante en que ésta cayera al suelo.
Así, podría plasmar en sus cuadros lo que acaba de imaginar en sus sueños. De estos momentos surgieron muchos en sus lienzos, como Los relojes blandos que asemeja con el queso camembert fundido. Dice que ambos sufren la angustia del paso del tiempo.
– Dalí y Gala: Gala no soportaba envejecer y Dalí que el día de su muerte llegara. Poco antes de fallecer, él mismo decía que los genios no deberían morir nunca. Pero lo hacen.
Profesaba un gran miedo a la soledad, a la muerte. Si Gala, la mujer que adoro, se me muriera y se volviera pequeña como una aceituna, evidentemente me la tragaría, nunca le haría una pequeña caja de muertos para ponerla y enterrarla.

¿Era correspondida su devoción? Me importa poco si Dalí me ama o no. Personalmente yo no amo a nadie, dejó escrito ella, que tuvo amantes mientras estuvo con Dalí, en un diario íntimo.
El pintor practicó el onanismo durante décadas, incluso relacionándose con su esposa. Dice que Gala fue la única mujer con la que hizo el amor, aunque también afirmó que siempre fue virgen. Ahí está su natural idiosincrasia. Le acusaron de franquista, de fascista, de anarquista, revolucionario, incluso de monárquico. Todo lo niega.
Los pocos que se han atrevido a descifrarle (la mayoría de libros que cuentan su vida son autobiográficos) advierten al lector desde el prólogo que para la investigación han sudado la gota gorda. ¿Dónde empieza Dalí y dónde acaba Salvador? ¿Cuáles son los límites entre el genio y el loco? La fórmula es la misma aunque se inviertan los factores.
Este era Salvador Dalí: polimorfo, surrealista, ávido de dólares (Avida Dollars fue un sobrenombre despectivo que le colocó André Breton), excelso, déspota y profundamente inseguro.La gente no entiende nada. Y a Dalí, casi nadie. La prueba es que hace muchos años que me estoy describiendo para ver quién soy. Y el enigma seguirá siempre que miremos a sus pinturas.
nuestras charlas nocturnas.
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