Fabricó el auto más hermoso del mundo, pero algo falló: ¿por qué hoy su creación vale más de un millón de dólares?…
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/4LFWCPJWKFEDFAQHOEKNZXAR6Y.jpg)
Preston Tucker junto a su fallida obra maestra, el Tucker 48 Sedán
Preston Tucker (Michigan, 21 de septiembre de 1903) tenía en su ADN la pasión por inventar.
Pues bien. Preston nació amando los autos. A sus 16 años le echó mano a uno que estaba para el cementerio, lo recicló, y lo vendió.
No tenía vocación de policía, pero lo fue en el departamento de Lincoln Park para estar cerca de los patrulleros de última generación. Y no tardó en sufrir una dura amonestación por instalar en el suyo algunos chiches innovadores. Furioso, renunció.
Pero no se alejó del planeta de las cuatro ruedas. Desafiando la pésima fama de los vendedores de autos –también parte de la mitología automotor–, le fue bastante bien en una agencia de su ciudad, y evolucionó hasta la gerencia de otra –solo autos de lujo– de Memphis, Tennessee.
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/556G3VUBAFCITCK6GJUZISIUXA.jpeg)
Su familia: Vera, su mujer, y sus hijos Shirley, Preston Jr., Mary Lee, Noble y John
Hizo un razonable dinero, y trotamundos al fin, empezó a viajar año tras años para ver los bólidos de las 500 millas de Indianápolis. Y no dio puntada sin hilo: convenció a Harry Miller, creador récord de autos ganadores, de construir otros en sociedad. Y así, en 1935, nació Miller and Tucker Inc.
No les fue mal, pero Miller murió en 1943, y Preston no pudo seguir.
Sin embargo, siguió entre fierros.
Fabricó un vehículo terrestre de combate –¡185 kilómetros por hora!– con torreta para cañón, que rechazó el ejército pero entusiasmó a la marina, y el modelo fue adaptado para naves de asalto, bombarderos B-29, buques de guerra, y el incesante Preston llegó a vicepresidente de Industrias Higgins, de su socio Andrew Higgins.
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/V2VJHBAEW5HMFL45HVLAM6MQGY.jpg)
El Tucker 48 Sedán
Pero esa larga gimnasia mecánica no era más que el boceto, el ensayo de su mayor sueño: proyectar, fabricar y poner en las calles de su patria “el mejor auto jamás fabricado”, como rezaba el slogan que redactó antes de poner el primer tornillo.
Y lo hizo.
Fundó la Tucker Co., y a los largo de días, noches, desvelos, fracasos, éxitos, logró terminar y patentar el Tucker 48 Sedan.
Aerodinámico. Futurista. Innovador: motor trasero, frenos de disco, combustible a inyección, todos los instrumentos en el diámetro del volante, cinturones de seguridad, faros delanteros giratorios, vidrios a prueba de astillarse, guardabarros acolchado, y el Ojo de Cíclope: un tercer farol delantero que giraba en las curvas.
Una joya de líneas y colores nunca vistos.
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/2QQ57FTA5ZG4RDK44NQPTBATNI.jpg)
Preston Tucker celebrando que la Justicia le quitó los cargos por fraude: para recaudar por el fallido sistema en su motor, vendió accesorios antes que los autos salieran a la calle
Pero antes de la presentación en sociedad, problemas casi insolubles. El novedoso motor, un seis cilindros tipo bóxer de 150 hp de potencia máxima y válvulas operadas por aceite a presión en lugar de árbol de levas… ¡se rebeló!
Desesperación: Preston y Alex Tremulis, un diseñador estrella, miraron el almanaque, desolados.
La presentación del Tucker Torpedo 48 (el mayor diamante del collar) estaba prometida y prevista para el 19 de junio de 1947 ante tres mil ávidos invitados: almuerzo, paseo en tren por la planta de construcción, y presentación en el auditorio, con suspenso: el fabuloso Tucker estaba cubierto por tela, como las estatuas de los próceres antes de los solemnes actos de homenaje.
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/Y2JGUQBAUJAFXIVXNGQQTVZDHY.jpg)
El auto maravillaba a la gente por su lujo y diseño
Pero en ese último y maravilloso acto, la transmisión se trabó. El auto no se movía. Mientras se intentaban reparaciones de emergencia,
Preston se mantuvo en escena dos horas, improvisando bromas…, hasta que el auto fue empujado a mano hasta el círculo giratorio, se descorrió el telón, y los tres mil invitados estallaron en un largo y unánime aplauso.
Preston hizo subir a su familia: Vera, su mujer, y sus hijos Shirley, Preston Jr., Mary Lee, Noble y John, y padre y una de sus hijas rompieron una botella de champagne en el Ojo de Cíclope.
En adelante, el motor fue un interminable drama, lo mismo que el cable de transmisión.
Era necesario más dinero para corregir las fallas, de modo que Preston vendió acciones por 17 millones de dólares, y recaudó 2 millones más vendiendo accesorios Tucker: radio, portaequipaje, cubreasientos…, y una grave acusación por fraude: vender accesorios antes que los autos salieran a la calle.
:quality(85)/cloudfront-us-east-1.images.arcpublishing.com/infobae/RYCLU2ITY5CI3HTT6YTD6ZMPDI.jpg)
Preston fabricó 51 (50 y un prototipo), de los cuales sobreviven 47, casi todos en manos de coleccionistas, e impecables
Los cargos fueron rechazados, pero la publicidad negativa fue una bomba de tiempo.
Hasta su muerte, el 26 de diciembre de 1956, a los 53 años, por cáncer de pulmón, Preston sostuvo que todos los problemas que enfrentó fueron una conspiración de Los Tres Grandes (Chrysler, Ford y General Motors), “que sabotearon mis esfuerzos, apoyados por el senador por Detroit” (la súper factoría de los autos) Homer Ferguson, que a partir de entonces fue considerado públicamente responsable por la caída de Tucker Co.
¿Cierto o falso? Nunca se sabrá.
Sin embargo, la leyenda de esa marca no ha muerto.
Si alguno sale a remate, el precio hace temblar. El último, vendido por Sothebys en 2018 California, costó más de 1,5 millones de dólares. Porque los diamantes no sólo son caros: son eternos.
A estas alturas, cualquier Tucker que salga a la venta puede considerarse especial cuando no único, como la rarísima versión decapotable. Y es que tan sólo se fabricaron 51 unidades a lo largo de la corta existencia de la compañía y de ellos 47 son los que han sobrevivido hasta nuestros días. Sin embargo, esta unidad tiene un pedigrí muy especial.
En su día, participó en la película promocional de la marca, ‘The Tucker: The Man and the Car’, y fue el coche personal de Preston Tucker durante siete años, hasta que éste lo vendiese a un miembro de la familia Rockefeller en 1955, el futuro gobernador del estado de Arkansas.
Dueños famosos

Hablamos del Tucker ’48 con chasis número 1029 y fue pintado originalmente en gris. Además de realizar pruebas de alta velocidad para la marca en el circuito de Indianapolis, también participó en la película de Francis Ford Coppola ‘Tucker, un hombre y su sueño’ (1988) con Jeff Bridges.

En 1955, poco tiempo antes de que Preston Tucker falleciera, vendió el coche a Winthrop Rockefeller, el nieto del fundador de la Standard Oil: John D. Rockefeller. Winthrop sería elegido unos años después gobernador de Arkansas de 1967 to 1971.
La lista de ilustres dueños de este Tucker, que estuvo en un colección privada desde 2004, también pasó por las manos de Jack Bart, el manager de James Brown en los años 70 y 80. Fue Jack Bart el que encargó una completa restauración del coche, pero sin los excesos de las restauraciones al estilo estadounidense donde los coches terminan estando mejores que cuando salieron de fábrica.
El Tucker número 48 está considerado un coche intacto y prácticamente original.
6 cilindros y todo atrás

El Tucker Torpedo, para quien no lo conozca, era el coche que debía revolucionar la industria del automóvil estadounidense, pero nunca pudo hacerlo. Se trata de una berlina de 5,3 metros de largo que en 1948 equipa un motor de 6 cilindros opuestos con inyección y refrigerado por agua de 5.5 litros. Desarrolla 168 CV y entrega 504 Nm y va asociado a un cambio manual automatizado de 4 relaciones.

Algunas de las innovaciones que equipaba el Tucker, además del peculiar motor, incluyen una barra de seguridad integrada en caso de vuelco, un bloque motor desmontable en media hora para abaratar los costes de mantenimiento y por supuesto el tercer faro central que gira con las ruedas.



nuestras charlas nocturnas.
Deja un comentario