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Anécdotas y curiosidades de la 2da Guerra Mundial (16) …


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Conferencia de Teherán, 1943

Operación Salto de Longitud: el plan de Hitler para matar a Roosevelt, Churchill y Stalin

L.B.V.  —  ¿Qué hubiera ocurrido si espías nazis hubieran acabado con la vida de los tres presidentes aliados, Roosevelt, Churchill y Stalin, en la Conferencia de Teherán a finales de noviembre de 1943?

El encuentro de los tres, que tuvo lugar en la embajada británica de la capital iraní tenía un solo propósito: librar al mundo de Adolf Hitler. Por supuesto los tres salieron con vida de aquel encuentro. Pero no fue porque los nazis no lo intentaran.

Un nuevo libro del historiador Bill Yenne analiza la Operación Salto de Longitud, concebida por Hitler para descabezar a los alíados en Teherán, y que fracasó gracias a que un agente doble suizo se encontró con toda la trama, casi por accidente.

Durante toda la guerra los jefes de estados tuvieron que estar alerta ante posibles intentos de asesinato. Churchill pensaba, con razón, que Hitler quería matarle. Stalin tenía enemigos dentro y fuera de su país. Y Hitler, bueno, todo el mundo quería matar a Hitler, incluso el Papa.

Por eso cuando se planteó la reunión de presidentes aliados hubo que elegir un lugar neutral, que estuviera lo suficientemente alejado de los escenarios bélicos y más o menos cerca de Rusia, ya que Stalin odiaba viajar e incluso parece que tenía pánico a volar. La elección de Teherán fue casi un todo o nada en este sentido.

Y sin embargo Teherán por aquellos tiempos era un nido de espías de todas las nacionalidades, como lo eran también otras ciudades como Lisboa o Madrid.

La Operación Salto de Longitud fue concebida por los nazis después de la reunión de Churchill y Roosevelt en Casablanca en 1943. Si se volvían a reunir en otra ciudad había una oportunidad de acabar con ellos. Pero necesitaban un espía que no despertara sospechas, que fuera ciudadano de un país neutral, que pudiese viajar sin levantar sospechas y que hablase varios idiomas.

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Lo encontraron en Ernst Merser, un hombre de negocios suizo al que reclutaron convencidos de haberse adelantado a los británicos. Por desgracia para ellos los ingleses ya le habían reclutado antes y pudieron disponer de un agente doble a su servicio.

La oportunidad llegó cuando la inteligencia alemana se enteró de que los tres presidentes iban a reunirse en algún lugar de Oriente Medio. En cuanto estuvieron seguros de que sería en Teherán, el complot se puso en marcha. Pusieron a Otto Skorzeny al frente de la operación, que había demostrado su eficacia rescatando a Mussolini en Italia.

El plan consistía en lanzar un comando de paracaidistas en Irán, que luego se dirigirían a Teherán para esconderse en casas francas controladas por alemanes. Entre estos paracaidistas habría algunos desertores soviéticos que vestirían uniformes del Ejército Rojo.

Los alemanes incluso conocían al detalle las disposiciones de la cumbre, pues habían conseguido copias de la correspondencia entre Londres, Washington y Moscú de un ayuda de cámara en la embajada británica en Ankara.

Pero a medida que la fecha de la cumbre se acercaba el plan comenzó a desmoronarse. Antes de nada los alemanes tenían que trasladar a Teherán los suministros para los paracaidistas. Y aquí cometieron un error crucial, pues para conseguir introducirlos en la capital iraní recurrieron a Ernst Merser.

Éste avisó inmediatamente a los británicos en cuanto abrió las cajas y vio que en ellas había armas.

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Los rusos también habían infiltrado a un par de agentes en el grupo de desertores que iba a acompañar a los nazis a Teherán. Finalmente fueron estos quienes se encargaron de liquidar a los paracaidistas nazis, con lo cual el plan quedó inutilizado por completo y nunca llegaría a realizarse.

¿Pero que hubiera ocurrido si hubiera tenido éxito? Yenne afirma que habría supuesto el caos, porque ni los británicos ni los soviéticos tenían un mecanismo de sucesión establecido. También cree que la guerra habría terminado mucho antes de lo que lo hizo, eso sí, con una Alemania invicta y controlando todavía buena parte de Europa, aunque obligada a negociar la paz.

10 heroínas de la Segunda Guerra Mundial

La historia de la Segunda Guerra Mundial está llena de acciones heroícas realizadas por hombres y mujeres, en muchas ocasiones poco conocidos pero cuya labor fue imprescindible en el discurso de la guerra.

Las mujeres participaron activamente en prácticamente todos los aspectos del conflicto, tanto militares como civiles. Por ejemplo, el servicio de inteligencia británico (SOE) contaba con 55 miembros femeninos, de los cuales 13 murieron en acción.

Hubo también mujeres soldado y pilotos que participaron en acciones bélicas y bombardeos. Y más de 59.000 enfermeras participaron en la Segunda Guerra Mundial, de las que más de 200 murieron. Solo en el Pacífico 70 fueron capturadas por los japoneses en 1942 y permanecieron prisioneras durante 3 años y medio.

Para la Operación Overlord las enfermeras recibieron entrenamiento militar. Se les enseño a subir a un barco mediante una soga, a saltar a los botes, a desfilar, atravesar alambradas y barricadas, y autodefensa. El dia D se desprendieron de sus tocados tradicionales y vistieron uniformes militares y botas.

No parece que ninguna enfermera participase en la operación el mismo día D, pero llegarían cuatro días después, desembarcando bajo el fuego de los francotiradores alemanes.

Estas son algunas de aquellas mujeres que se convirtieron en heroínas.

1. Virginia Hall

Virginia Hall era, según la propia Gestapo, la más peligrosa de las espías aliadas. Norteamericana, trabajaba para el SOE (Special Operations Executive) británico, convirtiéndose en la primera espía aliada operativa en la Francia ocupada. Se ocultó en Lyon durante dos años como corresponsal del New York Post.

Una vez que los aliados desembarcaron en el Norte de África atravesó los Pirineos a pie cruzando a España, donde fue encarcelada en Figueres. Una vez liberada se traslada a Madrid, donde continúa su labor.

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Virginia Hall condecorada

Una vez que los Estados Unidos entran en la guerra, ingresa en el OSS (Office of Strategic Services), el predecesor de la CIA, y es enviada de nuevo a Francia a bordo de un submarino. Allí arma y entrena a tres batallones de la resistencia, que consiguen destruir cuatro puentes, sabotear lineas férreas y telefónicas y capturar a más de 500 soldados alemanes.

Nunca fue capturada por los nazis. Oh, y varios años antes de convertirse en espía había perdido una pierna en un accidente de circulación, por lo que llevaba una pierna artificial.

2. Lillian Gutteridge

Lillian Gutteridge fue una enfermera británica que participó en la evacuación de los ejércitos alíados en Dunkerque. Fue una de las últimas enfermeras en abandonar Francia. Su ambulancia fue detenida por un oficial de las SS que le ordenó entregar a los heridos que transportaba.

Lillian abofeteó al oficial, que respondió clavándole un cuchillo en el muslo. Antes de que la cosa se pusiera peor el oficial fue abatido por soldados del regimiento escocés Black Watch en retirada. A pesar de su herida Lillian condujo la ambulancia hasta llegar al ferrocarril francés que se dirigía a Cherburgo.

Durante el trayecto recogió otros 600 soldados franceses y británicos heridos. Días más tarde consiguió llegar a Inglaterra con sus pacientes.

3. Susan Travers

La única mujer en la Legión Extranjera Francesa en el momento de estallar la guerra, Travers estaba en Bir Hakeim, Libia, cuando las fuerzas de la Francia Libre fueron rodeadas por los alemanes.

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Susan Travers

Se negó a ser evacuada con el resto de mujeres y permaneció bajo asedio durante 15 días, hasta que la situación se hizo insostenible. Poniéndose al volante de un camión logró atravesar el cerco alemán y conducir a los 2.500 soldados franceses cercados hasta las líneas aliadas, haciendo de escudo.

4. La enfermera checa que envenenaba a los nazis

Hace un par de años la localidad checa de Trebon inauguró una placa conmemorativa de una enfermera (cuyo nombre se desconoce), que tras la anexión alemana de Checoslovaquia envenenó a varios soldados alemanes.

Para ello se convertía en su amante, y según las historias que se han transmitido de manera oral, tras estar con ella solían morir o desaparecer. Al final fue ejecutada por un agente de la Gestapo enviado para investigar el asunto.

5. Violette Szabo

Cuando su marido Etienne Szabo, oficial de la Legión Extranjera Francesa murió en combate, Violette fue reclutada por el SOE británico y enviada a Francia como espía en abril de 1944. Allí organizó una unidad de la resistencia, realizó sabotajes de puentes y carreteras y envíaba reportes a Londres.

Fue arrestada dos veces, pero en ambas ocasiones se las apañó para escapar.

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Violette Szabo

Enviada de nuevo a Francia pocos días después del desembarco de Normandía fue interceptada en un control de carretera junto a su acompañante partisano. Saliendo del coche Violette abrió fuego contra los soldados alemanes, y siguió disparando hasta que su compañero logró huir.

Interrogada y torturada, no lograron hacerla hablar. Se la trasladó al campo de concentración de Ravensbrück en agosto de 1944, donde realizó varios intentos de fuga sin éxito. En Enero de 1945 fue ejecutada por un oficial de las SS. Su historia se cuenta en la película de 1958 Agente Secreto SZ.

6. Augusta Chiwy

Augusta Chiwy fue una enfermera belgo-congoleña que se ofreció voluntaria para servir en el hospital de campaña de Bastoña durante la Batalla de las Ardenas. En aquel momento solo había un médico atendiendo a los heridos norteamericanos.

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Augusta Chiwy

Augusta recorría el campo de batalla recogiendo a los heridos, bajo fuego enemigo. En 2011, a la edad de 93 años el ejército norteamericano le tributó un homenaje.

7. Felice Schragenheim

A pesar de que Felice Schragenheim intentó huir de Alemania en varias ocasiones antes de la guerra, el caso es que se quedó trabajando para un periódico nazi, ocultando su condición de judia. Allí tenía acceso a información secreta y al mismo tiempo podía ocultarse a plena vista, ayudando a otros judíos a salir del país.

En 1942 se enamora de Lilly Wust, la esposa de un oficial alemán, con cuya familia vive hasta que el 21 de agosto de 1943 es arrestada y enviada al campo de concentración de Theresienstadt.

Wust intenta visitarla en el campo, pero se le deniega. Felice muere el 1 de enero de 1944, probablemente de tuberculosis. Wust abandona entonces a su marido y se dedica a proteger a judios el resto de la guerra.

Todo esto no se supo hasta que fue revelado por Lilly Wust en 1995. La película de 1999 Aimée y Jaguar cuenta la historia.

8. Elsie Ott

Elsie Ott era enfermera y teniente del ejército norteamericano. En 1943 fue enviada a India a bordo de un avión con la misión de evacuar a los soldados heridos, sin haber recibido entrenamiento ni haber volado jamás.

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Elsie Ott condecorada

El aparato no contaba con equipo médico, tan solo un pequeño botiquín de primeros auxilios y un doctor. Pocos meses más tarde volvió a India con una nueva unidad de evacuación y fue ascendida a capitán.

9. Lise Borsum

Lise Borsum era un ama de casa, miembro de la resistencia noruega, que durante toda la guerra ayudo a judíos a escapar de los países ocupados por los nazis, conduciéndolos hasta Suecia. Su casa era utilizada como refugio de paso. En 1943 es detenida junto con su marido.

Éste fue liberado, pero ella es enviada al campo de concentración de Ravensbrück, donde permanece hasta ser liberada por la Cruz Roja Sueca en 1945.

10. Reba Whittle

Reba Whittle, enfermera aérea de los Estados Unidos, se convirtió en la primera mujer prisionera de guerra en el frente occidental durante la Segunda Guerra Mundial. El avión en que viajaba fue derribado sobre Aquisgrán y los supervivientes hechos prisioneros.

Se la trasladó a un hospital cercano a Frankfurt para atender a los prisioneros de guerra británicos. Finalmente fue liberada junto a 109 de sus compañeros gracias a la intercesión de Suiza, el 25 de enero de 1945.

Los soldados británicos que se lanzaron en paracaídas con bicicletas el día D

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A lo largo de la historia moderna los ejércitos han utilizado las tecnologías más avanzadas del momento. En ocasiones son precisamente las guerras las que provocan su desarrollo, y otras veces se han adaptado herramientas ya existentes a los nuevos usos militares.

Las bicicletas son un buen ejemplo, empleadas ya por el 25 Cuerpo de Infanteria Ciclista norteamericano en 1890, y más recientemente por el el Regimiento Ciclista Suizo, que lo hizo por lo menos hasta 2001.

Uno de los usos más curiosos de las bicicletas en la guerra se produjo durante la Segunda Guerra Mundial. El día D durante la operación Overlord paracaidistas británicos fueron lanzados tras las líneas alemanas llevando consigo bicicletas plegables. Y no eran precisamente ligeras, ya que pesaban alrededero de diez kilos y medio cada una.

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De aquel modelo, llamado Airborne Folding Paratrooper Bicycle, se fabricaron unas 60 mil unidades entre 1942 y 1945 que fueron utilizadas por británicos y canadienses durante todo el conflicto, incluyendo el mencionado día D y también la batalla de Arnhem.

El motivo de dotar a los paracaidistas con bicicletas se debía a que de ese modo podían cubrir largas distancias tras tocar tierra, al mismo tiempo que les permitía permanecer indetectados y desplazarse silenciosamente.

En ocasiones las bicicletas eran abandonadas cuando resultaban más una molestia que una utilidad, pero existen fotos que muestran algunas de estas bicicletas cargadas en tanques y jeeps, por si se daba el caso de tener que usarlas de nuevo.

Una vez en tierra los paracaidistas tenían que desplegar la bicicleta y podían sujetar sus armas a los soportes unidos a la estructura para tal fin, e incluso disparar sin desamarrarlas.

Pero no solo los paracaidistas portaban bicicletas el día D. Algunos soldados, como la 9ª Brigada de Infanteria Canadiense desembarcaron directamente montados en ellas. Ya lo habían hecho anteriormente en la invasión de Sicilia en 1943.

En 1942 las tropas japonesas conseguían avanzar grandes distancias en Malasia transportando además pesadas cargas, gracias a las bicicletas. Y ya los alemanes las habían utilizado en la conquista de Polonia en 1939. Eso sí, muchos soldados alemanes ataban sus bicicletas con cuerdas a vehículos de motor, para que les remolcasen sin esfuerzo.

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Con todo, la invasión de Normandia fue la operación en que las bicicletas se usaron a una escala masiva y determinante.

Muchas de estas bicicletas, que fueron abandonadas en los campos de batalla de Francia y Noruega, donde se usaron principalmente, están ahora en museos o en colecciones privadas.

El soldado británico que pudo matar a Hitler en la Primera Guerra Mundial

Hay una curiosa historia acerca de un soldado británico y su encuentro con Adolf Hitler en el campo de batalla durante la Primera Guerra Mundial. Es curiosa porque, de la documentación disponible (principalmente artículos de prensa y correspondencia) se deducen dos cosas: que ambos estaban convencidos de haber tenido aquel encuentro; y que el encuentro realmente se produjo.

Sin embargo no existen evidencias que prueben que ocurrió, por lo que hoy se tiende a considerar una leyenda urbana. Veamos lo que se cree que sucedió, o lo que ellos pensaban que había sucedido.

Henry Tandey era el nombre del soldado británico, significativamente el más condecorado en su país durante la Gran Guerra. Fue herido varias veces en el frente, pero siempre regresó y se distinguió por liderar la captura de varias trincheras alemanas, evitando además ser capturado utilizando solo una bayoneta.

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Hitler, primero sentado por la derecha, durante la Gran Guerra

El 28 de septiembre de 1918 es el día en que ocurrió nuestra historia. Tandey, que entonces tenía 27 años, y Hitler estaban ambos atrincherados en las cercanías de la localidad francesa de Marcoing, cuando se desató la batalla. Los hombres salieron de sus trincheras e iniciaron el avance unos contra otros.

La suerte se decantó del lado británico, que pronto logró poner en fuga a los alemanes de regreso a sus trincheras.

En un momento dado, contó más tarde Tandey, pudo ver como un soldado aleman se interponía en su línea de tiro. Estaban tan cerca que incluso pudieron mirarse a los ojos. El alemán estaba herido y ni siquiera era capaz de alzar su rifle para defenderse. Tandey se lo pensó un momento y, finalmente, bajó su rifle.

El otro le hizo un gesto de agradecimiento con la cabeza y emprendió la retirada.

Veinte años más tarde Neville Chamberlain, el primer ministro británico, visitó a Hitler en Munich para firmar los infames acuerdos que aprobaban la incorporación de los Sudetes a Alemania, intentando evitar otra guerra. Invitado a su residencia privada de Berchtesgaden, Chamberlain contaría como quedó asombrado al ver en una de las paredes un cuadro que representaba una escena de la batalla de Ypres en 1914.

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Henry Tandey

El cuadro en cuestión era obra de Fortunino Matania, un pintor italiano famoso por sus representaciones realistas de la Primera Guerra Mundial. Mostraba al regimiento británico de los Green Howards y, en primer plano, aparecia Henry Tandey cargando a hombros a un compañero herido. Había sido encargado a Matania en 1925 por los oficiales del regimiento.

Hitler le contó entonces al intrigado Chamberlein la historia de su encuentro en Marcoing, y como tras reconocer a Tandey por la publicación del cuadro en la prensa, solicitó en 1937 una copia del mismo al cuartel general de los Green Howards, que le fue amablemente enviada.

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Fortunino Matania en 1915

Este punto está reflejado en la correspondencia que se conserva del ayudante de Hitler en aquel momento, el capitán Weidmann.

Hitler le pidió a Chamberlain que le trasladase personalmente su agradecimiento a Tandey, algo que hizo a su regreso al Reino Unido mediante una llamada telefónica, según recuerda William Whateley, sobrino de Tandey, que habría estado presente en el momento de la conversación.

En 1940, Tandey, que vivía en la bombardeada y castigada Coventry, se arrepentía en la prensa de haber dejado vivo a aquel soldado hacía más de dos décadas.

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El famoso cuadro de Fortunino Matania que muestra a Tandey

Ojo, es posible que Tandey le perdonase la vida a un alemán en Marcoing. También es posible que a Hitler le perdonase la vida un británico en Marcoing. Pero de lo que no hay pruebas ni evidencias es de que ambas historias sean la misma.

En primer lugar Tandey nunca mencionó el asunto hasta que la historia empezó a tomar forma en 1938. ¿Y cómo es posible que Hitler reconociese a Tandey después de 20 años, a quien seguramente solo había visto un instante entre el humo y la confusión de la batalla? Algunos autores le atribuyen al propio Hitler la creación de la leyenda, pero ¿con que fin?.

Seguramente nunca tendremos la respuesta a todas estas preguntas. Tandey murió el 20 de diciembre de 1977, sobreviviendo a Hitler más de tres décadas.

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