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¿Qué hay en los “archivos secretos” del asesinato de JFK? …


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secuencia de la filmación del asesinato de John Kennedy el 22 de noviembre de 1963.

EFE/REUTERS/AP  —  Pocos acontecimientos en el mundo han dado pie a tantas teorías de la conspiración como el asesinato de John F. Kennedy, y más de medio siglo después miles de documentos, hasta entonces secretos, han sido divulgados.

El mayor misterio en el imaginario popular de la historia reciente de Estados Unidos es quién fue el verdadero culpable del asesinato de John F. Kennedy, una incógnita sobre la que hay innumerables teorías que pudieran despejar miles de archivos secretos cuya divulgación.

Los Archivos Nacionales mantienen bajo su custodia unos 3.100 expedientes clasificados sobre el asesinato del que fuera presidente de Estados Unidos entre 1961 y 1963, que los historiadores y expertos en el tema creen que pueden aclarar los entresijos del magnicidio y quizá cambiar la historia oficial.

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La Sra. Jacqueline Kennedy se inclina sobre el presidente mientras Clinton Hill, que también recibió un disparo, viaja en la parte trasera del automóvil.

La divulgación de estos documentos responde a la ‘JFK Records Act’, una ley aprobada en 1992 a raíz del renovado interés despertado por el caso tras el estreno de la película JFK, en la que Oliver Stone daba su visión sobre el asesinato cometido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas (Texas).

En su filme, Stone planteaba una hipótesis defendida por los investigadores Jim Garrison y Jim Marrs en sus respectivos libros On the Trail of the Assassins y Crossfire: The Plot That Killed Kennedy, que alimentaba las viejas teorías conspirativas y descartaba el informe oficial de la famosa Comisión Warren, que apuntó a un solo hombre como responsable: Lee Harvey Oswald.

En un anuncio que publicó el propio Donald Trump allá por octubre del 2017, se notificaba que miles de documentos en posesión de la CIA, la agencia de inteligencia de los Estados Unidos, serían revelados tras cinco décadas de confidencialidad ofreciendo nueva información sobre lo acontecido el 22 de noviembre de 1963 y sus consecuencias.

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Imagen de la autopsia del cuerpo del presidente John F. Kennedy en el Hospital Naval de Bethesda, el mismo día que fue asesinado, el 22 de noviembre de 1963.

Teorías contrarias

Veintiséis años después, otros dos estudiosos del drama de Dallas, Roger Stone and Gerald Posner, ambos de The New York Times, esperan con ansiedad la divulgación de los nuevos documentos con la esperanza de que respalden sus propias teorías. Pese a coincidir en el mismo diario, Stone y Posner defienden teorías totalmente contrapuestas.

En el libro que publicó en 2013, titulado The Man Who Killed Kennedy: The Case Against LBJ, Stone defiende la teoría de que fue el vicepresidente de Kennedy, Lyndon B. Jonhson, quien precisamente le sucedió en el cargo, el cerebro que estuvo detrás del magnicidio.

La hipótesis de Stone, además de a Johnson, incluye a gran parte de los personajes habituales de las teorías conspirativas en torno al asesinato de Kennedy, a saber: la industria petrolífera texana financió la trama, que fue ejecutada por la mafia con la ayuda de elementos de la CIA y luego el FBI de Edgar Hoover la tapó.

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Stone, que fue confidente y asesor de Richard Nixon, considera que el asesinato de Kennedy, la frustrada invasión de Bahía Cochinos para derrocar a Fidel Castro y el escándalo Watergate «están inextricablemente relacionados».

Por su parte, Posner, que en 1993 fue finalista del Pulitzer de Historia con su libro «Case Closed: Lee Harvey Oswald and the Assassination of JFK», considera que las conclusiones de la llamada Comisión Warren son correctas y que no hubo ninguna conspiración.

Tras la tragedia, con el país aún conmocionado, se organizó una comisión de investigación liderada por el entonces presidente del Tribunal Supremo, Earl Warren, que determinó, no sin controversia, que Oswald cometió el crimen por cuenta propia y sin ayuda.

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El presidente joven.

Representando al Partido Demócrata, Kennedy fue electo presidente de los Estados Unidos en 1960. Murió a plena luz del día, ante la mirada de miles de asistentes que seguían su recorrido en el centro de Dallas, Texas.

El entonces presidente se encontraba sentado en el asiento trasero de un auto sin techo, al lado de su esposa Jacqueline Kennedy, cuando fue baleado en la cabeza y en el cuello por Lee Harvey Oswald, de 24 años.

Oswald fue atrapado y murió días después en la delegación de policía a manos de Jack Ruby, el dueño de un club nocturno vinculado a organizaciones criminales. Años después, la investigación concluyó que el asesinato de Kennedy había sido iniciativa solamente de Oswald y que tanto este como Ruby no formaban parte de ninguna conspiración.

Las conspiraciones.

Sin embargo, nunca se explicaron las circunstancias precisas detrás del crimen, convirtiendo así la muerte de Kennedy en un caldo de cultivo para toda clase de conspiraciones y controversias. Y esta polémica quizás se vuelva más atrayente, pues la promesa de Trump había sido divulgar más de 3,000 documentos pero, escudándose en una “amenaza para la seguridad nacional”, retuvo algunos de estos.

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fusil utilizado supuestamente en el asesinato de John F. Kennedy, según los informes de la Comisión Warren.

Todos los informes integran los llamados “Archivos JFK”, una colección compilada por el Archivo Nacional de los Estados Unidos en 1992 y que cuenta con más de 5 millones de páginas de registros.

Desde finales de la década de 1990, una parte se encuentra disponible en línea. Ahora, otro fragmento puede ser consultado por el público en el sitio de esta organización.

La Unión Soviética vio la muerte de JFK como un intento de golpe.

En un memorándum se detalla la reacción de la Unión Soviética sobre la muerte de John F. Kennedy.

De acuerdo con fuentes soviéticas consultadas por el comité de investigación, oficiales del Partido Comunista creían que el asesinato del presidente estadounidense formaba parte de un intento de golpe de estado planeado por la extrema derecha en los Estados Unidos.

Además, negaban cualquier relación con Oswald.

Las reacciones de felicidad con la muerte de JFK.

En un informe con fecha del 27 de noviembre de 1963, la CIA da descripción sobre las reacciones de diversas autoridades cubanas a la noticia sobre la muerte del presidente. De acuerdo con este documento, un embajador de Cuba habría reaccionado con “felicidad”. Después, este hombre y su equipo habrían recibido un jalón de orejas y la solicitud expresa de que “dejaran de mostrarse felices en público” y “adoptaran posturas sobrias”.

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fotos de Lee Harvey Oswald del Departamento de Policía de Dallas después de su arresto por su posible participación en el asesinato de John F. Kennedy y el asesinato del Oficial J.D. Tippit.

Oswald era buscado por el FBI antes de asesinar a JFK.

Una división del FBI se encontraba investigando a Oswald después que fuentes de la agencia relacionadas con Cuba mencionaron el nombre. La agencia intentó localizarlo en octubre de 1963.

El FBI sabía que alguien intentaría asesinar a Oswald.

J. Edgar Hoover, jefe del FBI, informó durante la investigación que la agencia recibió una llamada de un hombre de voz tranquila que afirmaba ser parte de un comité que pretendía asesinar a Oswald. Por eso, habría presionado al jefe de la policía de Dallas para que redoblara la protección al tirador que asesinó a JFK, pero todos los esfuerzos fueron en vano.

Oswald estaba en contacto con la KGB.

Según figura en uno de los documentos, Oswald estuvo en la embajada de la Unión Soviética en los Estados Unidos en septiembre de 1963 y habría tenido contacto con un agente de la KGB, el servicio secreto soviético, que formaba parte de una unidad especializada en asesinato y sabotaje.

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la cámara zoomatic Bell y Howell que filmó el asesinato de John F. Kennedy en los registros de la Comisión Warren.

Los planes para asesinar a Fidel Castro.

En estos documentos también se revelan los planes de la CIA para asesinar a líderes internacionales, como el cubano Fidel Castro.

Sobre este caso polémico de la época, el anterior presidente, Barack Obama, decidió retrasar la publicación de los documentos de la CIA sobre la invasión de Bahía Cochinos, lo que impide aclarar el alcance del compromiso de Kennedy de ayudar al puñado de exiliados cubanos que intentó derrocar en 1961 a Fidel Castro.

De acuerdo con un informe de 1975, la agencia contrató a un intermediario que ofrecería US$ 150,000 a un mafioso para que contratara a un mercenario que fuera a Cuba a asesinar a Castro. Otro plan involucraba la cooperación de mafiosos para que trasladaran píldoras con veneno a Cuba y la pusieran en la bebida del líder revolucionario.

Además de Castro, la CIA tenía intenciones de asesinar al líder de la República Democrática del Congo, Patrice Lumumba, y al entonces presidente de Indonesia, Sukarno.

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El entonces presidente de Estados Unidos permitió en el año 2017 la publicación de más de 2.800 documentos, algunos con partes censuradas, sobre la investigación del magnicidio del 35 presidente de Estados Unidos, el 22 de noviembre de 1963.

“Hoy ordeno que el velo finalmente se levante”, anunció el presidente estadounidense Donald Trump, refiriéndose al último tramo de documentos relativos al asesinato de John F. Kennedy que el Gobierno estadounidense mantiene confidenciales.

Una hora más tarde, los Archivos Nacionales publicaron en su página web las versiones digitales de 2.891 documentos desclasificados, algunos de ellos con partes censuradas.

Trump aseguró que “el pueblo estadounidense espera y merece el mayor acceso posible” a los archivos sobre ese hito histórico, pero que “alguna información de la que poseen los Archivos Nacionales debe seguir censurada por el momento debido a preocupaciones de seguridad nacional.

“No tengo otra opción, hoy, que aceptar esas censuras en lugar de permitir un daño potencialmente irreversible a la seguridad de nuestra nación”, afirmó Trump.

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Según informó de la agencia de noticias Efe, una funcionaria del gobierno afirmó que “la gran mayoría de las solicitudes” de que Trump mantuviera censurados ciertos documentos “provinieron del FBI y la CIA”.

A esas agencias les preocupa que los archivos expongan “la identidad de individuos implicados y su papel como informantes de una investigación de seguridad o inteligencia”, quienes aún pueden seguir vivos hoy, dijo otro alto funcionario.

«A menudo, también hay datos sensibles relacionados con la identificación de actividades que se llevaron a cabo con el apoyo de organizaciones extranjeras aliadas», añadió la fuente.

Entre esas actividades podrían estar los acuerdos de inteligencia que EE.UU. tenía en 1963 con el Gobierno de México, según aseguró este miércoles a Efe el juez federal John R. Tunheim, que entre 1994 y 1998 revisó todos los documentos oficiales del Gobierno estadounidense sobre el asesinato de Kennedy.

Esos acuerdos habrían permitido a Washington, según informes de prensa, vigilar las embajadas en la capital mexicana de Cuba y la Unión Soviética, visitadas por el presunto asesino de Kennedy, Lee Harvey Oswald, seis semanas antes del asesinato.

John F. Kennedy murió el 22 de noviembre de 1963 tras recibir varios disparos mientras se desplazaba en el carro presidencial por la plaza Dealy, en Dallas, estado de Texas. Tres investigaciones oficiales concluyeron que Lee Harvey Oswald, quien trabajaba en el Texas School Book Depository fue el asesino. Una de las investigaciones concluyó que actuó con al menos otra persona.

Kennedy fue el cuarto presidente de Estados Unidos asesinado, luego de Abraham Licoln, James Abram Gardfield y William McKinley.

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Una de las imágenes más icónicas del siglo XX.

El gángster que silenció la verdad sobre el asesinato de Kennedy

Sucedió en una mañana de domingo, el 24 de aquel trágico mes, mientras el cuerpo muerto del joven presidente de los Estados Unidos era trasladado a la capilla ardiente de la Rotonda del Capitolio de Washington.

Un hombre llamado Jack Ruby, abreviación del apellido Rubinstein, se coló entre el medio centenar de periodistas y policías que esperaban en el subsuelo de la comisaría y cuando Oswald era trasladado a la cárcel del condado de Dallas sacó su arma del bolsillo, la acercó al vientre del detenido y le disparó sin vacilar, sabiendo que el tiro sería mortal.

Oswald se desplomó, encogido, dejando escapar un estertor, mientras varios policías se precipitaban sobre Ruby. «Alguien tenía que hacerlo», les dijo a los agentes que se lo llevaron preso, «vosotros no podíais…».

El asesino de Kennedy moriría una hora después en la mesa de operaciones del Hospital Parkland, a apenas unos metros de aquel donde falleció Kennedy casi cuarenta y ocho horas antes.

«Oswald murió sin decir una sola palabra», dijo entonces el fiscal del distrito de Dallas, Henry Wade. No hubo oportunidad de obtener una confesión en el lecho de muerte. «Ante mí Oswald se negó rotundamente a confesar su participación en el asesinato de Kennedy», señaló Wade.

Sin embargo, añadió, «todas las pruebas acumuladas eran suficientes para enviar a Oswald a la silla eléctrica». Tampoco el fiscal llegó a saber los motivos que tuvo Oswald para asesinar a Kennedy. «Ellos han muerto con él».

«Es indudable que el atentado contra Oswald había sido premeditado por el asesino», subrayaba al día siguiente ABC, porque desde el principio de la investigación este turbio individuo, propietario del cabaret «Carroussel» de Dallas, se mezclaba frecuentemente con policías y periodistas distribuyendo generosamente invitaciones para que se tomaran una copa.

Así logró colocarse a un paso del asesino de Kennedy en los pasillos del sótano de la comisaría, sin que nadie le pidiera un mal papel.

«Sabía que iban a sacar a ese hombre. Fui allí, paré el coche, bajé por la rampa que da al sótano, nadie me preguntó nada, me situé entre los periodistas que esperaban, llevaba mi pistola, y eso fue todo», dijo después.

Las cámaras de televisión captaron toda la escena «hasta el punto que parecía como si Rubinstein hubiera escogido el lugar conveniente para hacer su acto más espectacular todavía», añadía el periódico.

La hora del traslado de Oswald eran conocida por todos cuando «no tenía ni que haberse anunciado con horas de antelación ni que haber sido un tema para los fotógrafos de la Prensa y la Televisión», a juicio del corresponsal José María Massip, porque «la situación era demasiado seria, el trastorno del país demasiado trágico, para esta clase de frivolidades».

Se suponía, por lo menos, que la presencia de los informadores iba a ser rigurosamente controlada y policías armados con fusiles vigilaban apostados desde las esquinas. Sin embargo, a Ruby se le dejó pasar.

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En su primera audiencia ante el Juzgado tras el atentado, Ruby habló de su entusiasta amor por Kennedy y lloró por su patriotismo, pero no logró convencer al fiscal que le cortó la palabra diciéndole: «Señor Ruby, ¿cómo no se pone usted una banda de luto en el brazo izquierdo?…¿Por qué no llora usted un poco más, hasta que nos emocionemos todos ante su dolor?».

Fue juzgado y condenado a la silla eléctrica en marzo de 1964, pero el veredicto fue anulado por el Supremo de Texas, que ordenó un nuevo juicio en otra población al norte de Dallas, Wichita Falls.

Días antes de que comenzara la vista de este segundo proceso, se conoció que Ruby padecía un cáncer de pulmón muy extendido, del que nadie sabía nada hasta entonces.

Apenas unas semanas más tarde, el asesino de Oswald fallecía repentinamente a consecuencia «de un coágulo de sangre en sus pulmones», aunque los forenses no pudieron afirmar si el cáncer le produjo el coágulo.

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Comisión Warren

Las extrañas circunstancias de su muerte multiplicaron aún más las sospechas sobre el asesinato de Kennedy. Se decía que Ruby mató a Oswald para que no se supiera quién había sido el autor intelectual del magnicidio.

Tras examinar más de 3.000 pruebas y estudiar las declaraciones de más de 500 testigos seleccionados entre los 26.550 entrevistados por el FBI, la Comisión Warren concluyó que Oswald había actuado solo. Sin embargo, en 1979 el Comité Selecto de la Cámara sobre Asesinatos estimó la hipótesis de la conspiración.

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