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Zoológicos humanos: La exposición de «extranjeros exóticos» …


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Ancient Origins(DHWTY)/L.B.V.(J.Álvarez)/marcianosmx.com/CiperChile(C.Albert)  —  A finales del siglo XIX y principios del XX, la exposición impactante de seres humanos de diversas etnias se puso de moda en Occidente, especialmente en los imperios coloniales de Gran Bretaña, Francia y Alemania.

Uno de los factores que contribuyeron a la popularidad de estos zoológicos humanos fue que exhibieron pueblos «exóticos» de diferentes partes del mundo, que tuvieron un gran atractivo para las masas durante ese período.

Los humanos en exhibición provenían de las antiguas colonias y eran parte de grupos considerados “exóticos” y “salvajes” como los inuit, indios y africanos.

Comúnmente se les exhibía con vestimentas típicas de su cultura o desnudos, en jaulas e instalaciones que imitaban su hábitat.

Conocidas tradicionalmente con el título de “exposiciones coloniales”, los zoológicos humanos (que no guardaban relación con los freak shows, cuya finalidad era exhibir a personas con deficiencias físicas) entraron en auge a finales del siglo XIX y se mantuvieron hasta mediados de la década de 1930 – aunque la última exposición tuvo lugar en 1958.

A partir de esa fecha, esta práctica “cultural” y occidental de los países imperialistas empezó a ser vista como una vergüenza para la humanidad. En Noruega, en el 2014, el gobierno financió un performance que tenía la intención de reproducir una de estas exposiciones de 1914, pero tuvieron que terminar el proyecto debido a las protestas de la población.

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Aunque el zoológico humano es un fenómeno reciente, sus raíces pueden rastrearse mucho más y comenzar con la exhibición artística de pueblos exóticos de otros reinos. En la tumba de la dinastía XIX, el faraón Seti I en Egipto hay un mural que representa a las cuatro razas diferentes del mundo, es decir, egipcio, libio, asiático y nubio.

Esta muestra de extranjeros también se ve en el arte del Imperio Aqueménida. En Persépolis, una de las capitales aqueménidas, todos los pueblos bajo el gobierno del imperio estaban representados en relieves que adornan las Escaleras Norte y Este de Apadana. Los temas del imperio se muestran trayendo tributo al rey aqueménida.

Las exhibiciones artísticas luego se convirtieron en exhibiciones reales cuando los cautivos extranjeros desfilaron ante los victoriosos generales romanos durante su triunfo en Roma.

Esto estaba destinado a mostrar la victoria de Roma sobre sus enemigos y para atraer las curiosidades de las personas que estaban ansiosas por ver a estas personas extrañas de otras tierras.

Algunos de los cautivos más famosos que desfilaron durante un triunfo romano incluyeron a Cleopatra Selene II, Alexander Helios y Ptolemy Philadelphus (los hijos de Mark Antony y Cleopatra), Caractacus (un jefe británico que luchó contra Roma) y Vercingetorix (el galo) líder que fue derrotado por Julio César.

El comienzo de los zoológicos humanos.

En 1874, el neocolonialismo permitía a las metrópolis ricas dominar a sus colonias tanto en el ámbito político como económico. En ese año fue que Carl Hagenbeck, un comerciante de fauna salvaje que solía surtir a los zoológicos con ejemplares de todo tipo, creó la primera exposición colonial en Europa con nativos de Samoa y la Laponia.

Aquel emprendimiento fue un éxito rotundo.

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Los pueblos fueron perseguidos en todos los rincones del mundo, especialmente en las regiones colonizadas, y llevados a las metrópolis.

Con la falsa promesa de aventuras y riqueza, muchos terminaron atrapados por contratos injustos y ganando salarios miserables a cambio de jornadas extenuantes de trabajo.

Muchas de las personas que eran exhibidas vivían en jaulas, en condiciones infrahumanas.

Este maltrato llevó a la muerte de algunos.

Durante la Era de la Exploración, los exploradores españoles y portugueses a menudo traían de vuelta plantas, animales e incluso personas extranjeras para demostrar que sus viajes fueron un éxito. Estas exhibiciones, sin embargo, eran accesibles solo para las élites, ya que solo se exhibían en las cortes reales.

Durante los siglos XVII y XVIII, tener sirvientes de ascendencia no europea era un signo de la riqueza de un aristócrata europeo. Una vez más, solo las elites tuvieron contacto con estos extranjeros «exóticos».

En 1815 se hizo famosa en Londres Saartjie Baartman, alias la Venus hotentote, una esclava khoikhoi a la que se obligaba a desfilar desnuda por una tarima para mostrar -y dejar tocar- su esteatopigia (nalgas gigantes, «de mandril» dijeron en la época).

Por cierto, el esqueleto de Saartjie permaneció expuesto hasta 2002 en el parisino Musée de l’Homme; ese año se enviaron sus restos a Sudáfrica y se inhumaron, tal cual pasó con el célebre Negro de Bañolas, un bosquimano disecado que fue la gran atracción del Museo Darder (Gerona, España) hasta que en el 2000 se devolvió a Botsuana para su entierro.

Esta fue la primera instancia moderna en la que se exhibió un individuo extranjero para el entretenimiento de las masas europeas y sirvió como precursor de los zoológicos humanos, que se denominaron «exposiciones etnológicas».

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Una caricatura de Saartjie Baartman, llamada el Hottentot Venus. Nacida en una familia Khoisan, fue exhibida en Londres a principios del siglo XIX.

Durante la primera mitad del siglo XIX, personas extranjeras como Baartman se expusieron en ferias y carnavales en las que se exhibieron otros «espectáculos anormales».

Durante este período, se hizo hincapié en la diferencia entre los extranjeros y el público europeo. La distinción entre «normal» y «anormal» fue reemplazada por una de «civilizada» y «salvaje» durante la segunda mitad del siglo, como resultado del Nuevo Imperialismo.

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Un grupo de aborígenes capturado en Australia, realizadando una gira por Europa y América en los espectáculos de «curiosidades humanas» de PT Barnum & Bailey en el circo, donde fueron representados como salvajes feroces y caníbales

No obstante, fue a partir de mediados del siglo XIX cuando se generalizaron las exhibiciones humanas.

En algunos casos, también como parte de un mero espectáculo de entretenimiento, caso del circo Barnum, donde se podían ver lo que llamaban freaks (siameses, enanos, etc), o el de los fueguinos que un marino alemán se llevó presos para enseñar por varios países europeos de forma itinerante.

Pero en otros con auténticas pretensiones científicas, como la gira por EEUU y Europa de Máximo y Bartola, conocidos como los Niños aztecas (dos pequeños salvadoreños afectados de microcefalia) o los once indios onas, también de Tierra del Fuego, a los que se raptó y alojó en un poblado artificial construido para la Exposición Universal de París de 1889; calificados de caníbales, se les mantenía en un estado lamentable para parecer más salvajes y cuando se formó cierta presión mediática para acabar con aquel espectáculo fueron transferidos al Musée du Nord de Bruselas hasta su liberación y repatriación definitivas (para entonces habían muerto la mitad de ellos).

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familia Ona familia Ona Tierra del Fuego, embarcados hacia Europa y exhibidos en una jaula durante la Exposición Universal de 1889, como “antropófagos patagónicos”, por el aventurero francés o belga Maurice Maître, quien los alimentaba con carne cruda para mejor horrorizar al público visitante.

En las exposiciones podían verse indios norteamericanos, negros de diversas partes de África, esquimales, pigmeos, nubios de Sudán, entre otras etnias.

Los nativos llevaban a cabo actividades de la vida cotidiana como preparar alimentos, fabricar artesanías, danza y deportes – entre más exótico, mejor. El episodio más lamentable fue cuando se contrató a una tribu canadiense para ejecutar un ritual caníbal (que para esos tiempos ya había sido prohibido incluso en Canadá).

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Les Gallas, Jardin zoologique d’Acclimatation, París (1908)

Además de las Ferias Mundiales, que se llevaban a cabo en las ciudades más importantes de los países con el aval y financiamiento del gobierno, muchos grupos nativos también eran ofertados como atracciones itinerantes; es decir, no se quedaban en un solo sitio.

Esto incluía “presentaciones” en circos, ferias e incluso espectáculos musicales. Su popularización provocó que muchas ciudades pequeñas tuvieran sus propias exposiciones coloniales.

El modelo de negocio fue adoptado en países como Alemania, Bélgica, España, Noruega, Inglaterra, Francia e Italia. En el Nuevo Mundo, los zoológicos humanos fueron bien recibidos en los Estados Unidos. Con su popularidad en ascenso, una exposición típica podía recibir un promedio de 300 mil visitantes al año.

El Jardin d’acclimatation, ubicado en la ciudad de París, llegó a recibir a un millón de personas en 1877. También en esta ciudad francesa, la Exposición Colonial de 1931 exhibió a más de 1,500 africanos en imitaciones de sus villas nativas.

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A medida que las potencias europeas comenzaron a establecer colonias en todo el mundo, especialmente en África, hubo un creciente apetito entre el público de su país por las exhibiciones de los pueblos conquistados, quienes eran percibidos como menos civilizados que ellos mismos.

Los gobiernos europeos estaban más que listos para saciar esta demanda y los pueblos nativos se presentaron en la mayoría de las ferias y exposiciones internacionales celebradas durante ese período. Sin embargo, la exhibición de extranjeros «salvajes» en zoológicos humanos no se limitaba a Europa solamente.

En los Estados Unidos, por ejemplo, la Feria Mundial de St. Louis celebrada en 1904 contó con una serie de «exhibiciones vivas», entre ellas más de 1000 filipinos de una docena de tribus ubicadas en aldeas recreadas.

En Japón, una exposición de coreanos, que fueron representados como caníbales, se organizó en 1903, siete años antes de la colonización japonesa en Corea.

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Los africanos expuestos en la Exposición de Jubileo de 1914 en Christiania Oslo, Noruega

Desde el punto de vista de los occidentales, las personas exhibidas eran salvajes inferiores. Los visitantes solían arrojarles alimentos o baratijas a estos grupos, comentaban su apariencia y comparaban a los negros con los primates.

Como la idea también era exhibir el hábitat, algunas exposiciones recreaban villas de hasta 400 individuos – que eran separados del público a través de grandes redes.

Todavía hubo más casos, especialmente en ciudades de Alemania y, sobre todo, de Bélgica, donde la Sociedad de Antropología mostraba un interés especial por su estudio, algo que continuaría durante décadas ya en siglo XX; cabe recordar al respecto el lamentable papel que tuvieron antropólogos de ese país en Ruanda, estableciendo artificiosas diferencias raciales entre tutsis y hutus que éstos mismos asumieron como ciertas y que, combinadas con las correspondientes desigualdades económicas y sociales que implicaban, desembocaron en el genocidio de 1994.

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Indios sioux de gira por Alemania con el Circo Sarasani en 1928

Pero desde el último tercio decimonónico lo que se puso de moda fueron los zoos humanos, que tenían un carácter más «científico». Los hubo en París, Hamburgo, Amberes, Barcelona, ​​Londres, Madrid, Oslo, Milán y Nueva York, entre otras muchas ciudades, pasando por ellos una gran variedad de etnias: samis, polinesios, nubios, inuits, indios, beduinos, senegaleses…

Los zoológicos humanos comenzaron a perder su popularidad a medida que avanzaba el siglo XX.  Hacia su final, los zoológicos humanos fueron criticados por degradantes, racistas y no éticos, pero estas críticas no parecían hacer que este fenómeno perdiera su atractivo.

Más bien, fue solo la aparición de imágenes en movimiento lo que alejó a las masas de estos zoológicos y los llevó a los cines.

Las naciones occidentales dejaron de incluir la imagen de los “salvajes” en su propaganda de expansión, pues se empezó a considerar ofensiva. En 1958 se realizó la última presentación de este tipo,donde se presentó una aldea congoleña; fue organizada por los belgas y cerró prematuramente tras recibir fuertes críticas de la prensa y la presión de las naciones vecinas.

En el año 2012 el Musée du Quai Branly de París, una institución dedicada a etnología y antropología, organizó una exposición titulada Exhibitions. L’invention du sauvage, que, a través de fotos, carteles, películas y postales, e impulsada por el exfutbolista de la selección francesa Lilian Thuram, recordó al público la bochornosa existencia hasta muy poco tiempo antes de unos inauditos zoológicos que exhibían seres humanos en vez de animales salvajes.

No se trataba de ninguna perfomance sino de un concepto grotesco de ciencia que, al catalogar a los indígenas africanos de inferiores intelectual y socialmente, consideraba normal mostrarlos en ese tipo de sitios para curiosidad del público.

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Cartel alemán de 1928 anunciando un espectáculo étnico

Casi siempre se les presentaba desnudos o semidesnudos, a veces en jaulas aunque la mayoría en recreaciones más o menos fieles de sus poblados y hábitats para explicar sus modos de vida.

No se sabe con exactitud cuántas personas vivieron aquella experiencia pero se calculan unas treinta y cinco mil, teniendo en cuenta que sólo en la Feria Internacional de París de 1878 se abrió un sitio bautizado como Village Nègre donde vivían cuatrocientos indígenas como atracción.

Asimismo, ante el éxito de público que tenían, el Jardin d’Acclimatation del Bois de Boulogne parisino llegó a organizar una treintena de exposiciones etnológicas entre 1877 y 1912. Y en otros sitios igual.

Curiosamente casi siempre se les pagaba por ello, con lo que la cosa no estaba tan cerca de la ciencia como se pretendía; máxime teniendo en cuenta que el número de espectadores que debió contemplarlos rozó los mil millones de personas.

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Los indios kalinas de Guayana que se exhibieron en el Jardin d’Aclimattattion en 1892

Estados Unidos no fue ajeno a todo esto y en 1896 el Zoo de Cincinatti abrió un poblado sioux con cien indios durante tres meses, al igual que en 1904 la Feria Internacional de San Luis exhibió nativos de los nuevos territorios arrebatados a España: Guam, Filipinas, Puerto Rico…

El objetivo era refrendar la labor civilizadora estadounidense y legitimar el expolio de 1898. Dos años después el Zoo del Bronx neoyorquino mostraba a un pigmeo del Congo llamado Ota Benga conviviendo con chimpancés y orangutanes en una jaula, sugiriendo así su proximidad taxonómica; hubo fuertes protestas, especialmente de religiosos, pero el alcalde hizo oídos sordos ante el éxito de público.

En fin, a raíz de la citada exposición de 2012 no faltaron críticas con su planteamiento -muchas incluso desde posiciones progresistas-, al que tildaron de maniqueo y moralista.

Consideraban que la costumbre de los zoos humanos iba más allá de la mera autopropaganda colonial y el evento del Musée du Quai Branly no hacía sino subrayar cierto victimismo muy al uso en los últimos tiempos; según dijeron, el mensaje era sesgado y dejaba fuera lo que no interesaba -por ejemplo que desde mediados del siglo XIX todos esos especímenes eran voluntarios-, dando por hecho que todo el mundo es manipulable e incapaz de discernir… Paradójicamente, la misma acusación que se aplicaba antaño a los pueblos primitivos.

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Ota Benga en el Zoo del Bronx

Un espectáculo de ese tipo ofreció a los chilenos el intendente de Santiago, Benjamín Vicuña Mackenna, durante las Fiestas Patrias de 1873.

El intendente montó la Exposición del Coloniaje “uno de los primeros esfuerzos institucionalizados por recolectar, clasificar y exhibir objetos estimados como representativos de lo nacional”.

En la exposición, junto con obras de arte, muebles, tapicería y objetos religiosos, se exhibió a dos hombres y una mujer fueguinos que El Mercurio de Valparaíso presentó como “caníbales” capturados por el gobernador de Punta Arenas, Óscar Viel.

La nota afirmaba que uno de los cautivos se había comido a “un contramaestre y tres marineros de una goleta que encalló y naufragó” y que, estando en Santiago, comenzó a sentirse mal y pidió un “niño crudo o asado”.

En los días siguientes se informó que el hombre empeoró y que cuando las autoridades lo iban a llevar al hospital “sus compañeros se resistieron llorando a que los separasen de él”. Los otros dos cautivos también enfermaron gravemente. No hay ninguna gota de empatía en ese artículo.

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La exhibición de los fueguinos y patagones fue parte del intento de exterminio, llevado a la dimensión cultural. La persecución y exposición de lo “distinto” no afectó solo a los pueblos originarios y tampoco se ha detenido: «Seguimos exhibiendo como ‘rarezas’ lo que no entendemos ni nos interesa entender.

Solo que hoy se lo denomina freak y no se muestra en París ni en la Plaza de Armas, sino que en Morandé con Compañía

Otro caso documentado es el de la congregación salesiana que estaba a cargo de la misión de Isla Dawson y también exhibió a los fueguinos y patagones. En su caso el motivo fue mostrar los resultados de la evangelización del sur austral, en la exposición de Génova de 1892, que celebraba los 400 años de la llegada de Colón a América.

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Cautivos: fueguinos y patagones en zoológicos humanos

Para el evento llevaron a nueve personas de origen tehuelche y kawésqar (una familia, dos niños huérfanos y tres jóvenes) en un barco, acarreando con ellos sus cosas y animales. Una de las mujeres enfermó en el viaje y, en escala en Montevideo (Uruguay), murió.

A su hija, que entonces era un bebé de meses, la llamaron Lucía y la adoptó una familia uruguaya. El resto del grupo siguió su viaje camino a Génova, donde los recibió –según el libro de Báez- “una gran cantidad de personas que esperaban con ansias y no menos curiosidad, a los extraños visitantes, cuya fama radicaba más en su supuesta predilección por el consumo de carne humana que en la lejanía de su procedencia”.

En la exposición, la zona dedicada a las misiones religiosas era amplia y tenía un lugar protagónico. En un extenso jardín que simulaba montes, valles, lagos y bosques estaban los hogares de los fueguinos y patagones: cabañas cubiertas con cañas y pieles, y un lago con peces.

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Cautivos: fueguinos y patagones en zoológicos humanos

También había una residencia sacerdotal y una capilla, que completaban la “aldea patagónica” de los salesianos.

Ahí, de siete de la mañana a siete de la tarde, los indígenas eran expuestos.

Casi un millón de personas fue a ver la exhibición de estos hombres, mujeres y niños.

Entre ellos, el ministro plenipotenciario de Chile en Europa, parlamentarios italianos, y los reyes Humberto I y Margarita de Saboya.

El rey, alabando a los salesianos, exclamó: “Estos misioneros hacen un gran honor al nombre italiano en aquellas lejanas regiones”.

Después de Génova, los fueguinos y patagones continuaron su periplo visitando otras misiones en “Turín, Valsalice, San Benigno, Foglizzo e Ivrea, además de una reunión con el papa León XIII en Roma”.

Luego de conocer al Papa (que los impresionó poco porque “parecía un pingüino”), los fueguinos y patagones se embarcaron de vuelta a Chile junto con los salesianos.

-Era la iglesia promoviendo su empresa–

EL REY DE LOS ZOOLÓGICOS HUMANOS

El alemán Carl Hagenbeck fue el más exitoso representante de la industria de los zoológicos humanos cuando esta llegó a su apogeo, entre 1870 y 1930, y se extendía por Europa y Estados Unidos (donde destacó Búfalo Bill). Solo para tener una referencia del atractivo que esta industria producía, la exposición de seres humanos de París de 1883 tuvo casi un millón de visitas en un año.

Hagenbeck organizó una red de agentes en los cinco continentes que lo ayudó a secuestrar indígenas para sus exhibiciones. “Hubo una cantidad impresionante de instituciones y personas ligadas a esta industria”. No solo marineros que cazaban, los empresarios que trasladaban, escenógrafos y fotógrafos.

También participaban las sociedades científicas, los Estados y la iglesia: “Todos los poderes se ponían al servicio de este mercado”.

Ejemplo claro de esa influencia es un episodio ocurrido en 1878, cuando la Sociedad de Antropología, Etnología y Prehistoria de Berlín encargó a Hagenbeck un grupo de indígenas. El empresario debía llevar a una familia de kawésqar (que ya había capturado) a Alemania.

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El entonces gobernador de Punta Arenas, Carlos Wood Arellano, se opuso porque los indígenas “serían arrancados de su hogar sin que fuera posible hacerles comprender ni el objetivo ni la duración de su viaje” y para, además, no avalar el negocio de “empresas que, a mi juicio, no son otra cosa que especulaciones interesadas, en las cuales se juega la vida de estos desgraciados”.

Hagenbeck devolvió a los kawésqar, pero la Sociedad de Antropología alemana insistió. Le pidieron a Federico von Gülich, representante del Imperio Germano en nuestro país, que intercediera a favor de la empresa y avalaron el servicio de Hagenbeck para la ciencia, explicando que de ninguna manera era como los “codiciosos comerciantes de esclavos”.

Como aparece detallado en el libro de Báez y Mason, Zoológicos Humanos…, los alemanes le aseguraron al Estado chileno que los “habitantes de Tierra del Fuego, araucanos, etcétera” llevados a Europa serían tratados “de un modo que no ofenda el decoro ni la dignidad”, y el ministro de Relaciones Exteriores, José Alfonso, accedió, poniendo como condición que, de exigirse, debían pagar un “tributo” al fisco.

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Al año siguiente, una familia de tres tehuelche o aonikenk (un hombre, una mujer y un niño) era exhibida en zoológicos en Hamburgo y Dresde, llevados por Hagenbeck.

Para entonces, la idea de los indígenas como objeto de exhibición ya se había extendido en Chile.

La muestra de los “caníbales” organizada por el intendente Vicuña Mackenna fue la primera de varias exhibiciones.

Tanto en la investigación para Zoológicos Humanos… como para Cautivos… encontraron hitos que hablan de una incipiente industria nacional.

En Cañete, por ejemplo, encontraron un contrato en que se pagaba por los servicios de un grupo de mapuche para hacer una representación del nguillatun a un empresario de apellido europeo.

Aunque no profundizaron en el documento (“tema para otra investigación”), a los historiadores les pareció evidente que lo que estaba ocurriendo en Europa también había pasado en nuestro país. “Y no solo fue a nivel metropolitano sino que también a provincial”.

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